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Selección de
Escolios a un Texto Implícito
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Nicolás Gómez Dávila
D
isciplina,
orden, jerarquía, son valores estéticos.
El pensamiento moderno surge en
los escombros de la noción escolástica de ordo.
La escolástica misma causó el
desastre, aplicando una noción originaria del cielo platónico al mundo sub-lunar del
aristotelismo.
La noción fracasa en un universo que
la noción antagónica de desorden explica mejor.
Bastaba, sin embargo, el dogma del
pecado original para que el pensamiento cristiano sólo buscara el orden tras las cosas,
así como buscamos las estructuras lógicas detrás de la materia empírica de la
psicología.
Ordo es lo que se transparenta en el
mundo sin hacer parte de él, como las normas, las estructuras, los valores.
En tiempos aristocráticos lo
que tiene valor no tiene precio; en tiempos democráticos lo que no tiene precio no tiene
valor.
Habiendo resuelto previamente
que las formas religiosas no son más que etapas de un progreso, la filosofía de la
religión, desde Lessing, limita la religión auténtica al respeto que se tenga por la
dirección atribuida a ese supuesto progreso.
A esta solución desabrida se opone el
catolicismo, que integra tanto el rito mágico como la contemplación mística, tanto el
comportamiento ético como el raciocinio teológico.
El catolicismo es la estructura
jerárquica de la historia de las religiones.
La relatividad de todo valor a
una época no implica un relativismo axiológico. El valor es relativo a una época porque
sólo esa época lo descubre, pero no porque sólo para ella valga.
Cuando decimos que un valor ha muerto,
indicamos meramente que las estructuras históricas que lo hicieron perceptible han
perecido. Pero basta que aparezca un historiador afín, para que divise el astro intacto.
La separación de los poderes es
la condición de la libertad.
No la separación formal y frágil de
poder ejecutivo, poder legislativo y poder judicial; sino la separación de tres poderes
estructurados, concretos y fuertes: el poder monárquico, el poder aristocrático y el
poder popular.
A Homero, poeta de la
aristocracia jónica, y a Dante, poeta del ordo medieval, hay que agregar a Shakespeare,
"poeta del feudalismo" (según Morley).
La reacción no anda mal de poetas.
El esteticismo auténtico es una
disciplina austera, no un hedonismo vulgar.
Hoffmansthal aprecia bien la distancia
que separa a Pater de Wilde.
Los cánones estéticos nunca
fueron más rígidos que en nuestra época.
Recordemos tanto género literario
muerto y tanto tema sepultado.
Sentirnos capaces de leer textos
literarios con imparcialidad de profesor es confesar que la literatura dejó de gustarnos.
La literatura se venga del
profano que la frecuenta facilitándole metáforas.
La historia de los géneros
literarios admite explicaciones sociológicas.
La historia de las obras no las admite.
El escritor nunca sabe qué
rango tiene.
Llega cuando mucho a sentir que
pertenece al gremio.
El hombre no se comunica con
otro hombre sino cuando el uno escribe en su soledad y el otro lo lee en la suya.
Las conversaciones son o diversión, o
estafa, o esgrima.
Ciertos poetas creen inventar
símbolos, cuando sólo manejan un repertorio personal de equivalencias alegóricas.
La originalidad no es algo que
se busque, sino algo que se encuentra.
La mera novedad se inventa.
La originalidad se elabora
espontáneamente a través de la reminiscencia y de la copia.
El cristianismo nunca enseñó
que la historia tuviera finalidad.
Sino fin.
Lo importante no es creer en
Dios, sino que Dios exista.
El "sentido de la
historia" sería insignificante, si nuestra inteligencia lograra entenderlo.
La historia no tiene el
propósito de relatarnos lo que el hombre hace, sino lo que es. La historia no cataloga
sus actos, revela sus modos.
La historia no redacta el repertorio de
las aventuras humanas, la historia exhibe la esencia de humanidades sucesivas.
Nada más aventurado que
figurarnos saber en qué momento de la historia nos hallamos.
El que presume saberlo se arroga con
dogmática insolencia la misión de imponer a los hombres el cumplimiento de su destino.
El historicismo necesitario corona su
petulancia con crímenes inútiles.
La historia carece de estructura. El
hombre sólo tiene la obligación de acatar ciertas normas, cualquiera que sea el
problemático momento de la historia en que se halle.
Todo hombre conoce su deber. Nadie
conoce la supuesta tarea de su tiempo.
La burguesía, en el marco
feudal, se localiza en pequeños centros urbanos donde se estructura y se civiliza.
Al romperse el marco, la burguesía se
expande sobre la sociedad entera, inventa el estado nacional, la técnica racionalista, la
urbe multitudinaria y anónima, la sociedad industrial, la masificación del hombre y, en
fin, el proceso oscilatorio entre el despotismo de la plebe y el despotismo del experto.
Los partidos liberales
(girondinos propietarios franceses del 30 manufactureros ingleses del
32 demócratas jacksonianos próceres criollos etc.) se han
distinguido por la bella retórica con que adornan sus propósitos mercantiles.
El marxismo nace, en parte, de una
meditación sobre la elocuencia liberal.
Llámase comunista al que lucha
para que el Estado le asegure una existencia burguesa.
El comunista odia al capitalismo
con el complejo de Edipo.
El reaccionario lo mira tan sólo con
xenofobia.
Después de desacreditar la
virtud, este siglo logró desacreditar los vicios.
Las perversiones se han vuelto parques
suburbanos que frecuentan en familia las muchedumbres domingueras.
A ricos y a pobres hoy sólo los
diferencia el dinero.
No es la riqueza lo que
escandaliza al pobre, sino el enriquecimiento.
Se puede detestar impunemente a
un gran hombre, siempre que no se admire a un mediocre.
No hay que desesperar del ateo
mientras no adore al hombre.
La erudición no consiste en
aducir infinitud de referencias, sino en obligar al lector a sentir que podríamos
hacerlo.
La erudición tiene tres grados:
erudición del que sabe lo que dice una enciclopedia, erudición del que la redacta,
erudición del que sabe lo que una enciclopedia no sabe decir.
El filósofo ambiciona uncir
bajo el mismo yugo dos tendencias divergentes del espíritu: su fuga hacia el concepto, su
avidez de lo concreto.
El grado en que lo logra mide el rango
de una filosofía.
La idea desarrollada en sistema
se suicida.
Lo único que el Yo puede probar
es que exista; lo único que puede refutar es que sea Dios.
Cogito ergo sum.
Cogito, ergo non sum Deus.
Sé que soy, y si no sé qué soy, sé
qué no soy.
En la segunda de las únicas verdades
irrefutables el mundo moderno tropieza contra una refutación letal.
Para ridiculizar basta citar
fuera de contexto.
El cruce de la relación
horizontal amigo-enemigo con la relación vertical superior-inferior configura la
estructura política elemental.
Esperar abolir cualquiera de las dos,
no solamente es utópico sino además contradictorio.
El problema de la educación de
los educadores es problema que el demócrata olvida en su entusiasmo por la educación de
los educandos.
Las categorías sociológicas
facultan para circular por la sociedad sin atender a la individualidad irremplazable de
cada hombre.
La sociología es la ideología de
nuestra indiferencia con el prójimo.
El político nunca dice lo que
cree cierto, sino lo que juzga eficaz.
La vulgaridad no es producto
popular sino subproducto de prosperidad burguesa.
El amor es el órgano con que
percibimos la inconfundible individualidad de los seres.
El periodismo fue la cuna de la
crítica literaria.
La universidad es su tumba.
Olvida tus demostraciones.
No escucho tu prédica, sino tu voz.
Toda proposición universal es
falsa.
Menos ésta.