INDICE




Introducción
Prefacio
Copia carta escrita al Padre Felipe Salvador Gilij
Descubrimiento de Tierra Firme y variedad de sus climas.
De las plantas propias de los climas calientes
De las plantas forasteras de los climas calientes.
De los animales de los climas cálidos.
De los animales hispanoamericanos de los climas cálidos.
De las plantas propias de los climas fríos y templados
De las plantas hispanoamericanas de los climas fríos y templados de Tierra Firme.
De los animales nativos de los climas fríos y templados
De los animales hispanoamericanos de los climas fríos
De las cosas comunes a los varios climas de Tierra Firme
De los primeros habitantes de Tierra Firme
De los Negros
De los Hispanoamericanos
De las razas mixtas de Tierra Firme
Embellecimiento de Tierra Firme
Del comercio
Notas y aclaraciones
Apéndice - Breves noticias de las provincias de Tierra Firme
PARTE V
De los animales hispanoamericanos de los climas cálidos.
 

 

CAPITULO I
De los animales pequeños y de las aves de los climas cálidos
 

 

Desde el principio del descubrimiento de América, nada procuraron los españoles con mayor solicitud, y diré también con mayor afán, que introducir en ella animales domésticos. Y en esto, si se piensa, actuaron muy sabiamente. Pues si debían servirse siempre de alimentos encontrados allá, y en cambio de gallinas comer siempre las guacharacas y otras aves semejantes, en lugar de gordos cerdos las báquiras, en lugar de nuestros bueyes los ciervos de los indios y las dantas, qué mataderos hubieran sido suficientes para proveer en abundancia sus ciudades? Es cierto que en algunas partes hay muchos animales cuadrúpedos y volátiles de buen sabor. Pero no serán nunca muchos si se comen exclusivamente o se comen por largo tiempo. Los alrededores de la Encaramada que yo ví llenos de tortugas llamadas morrocoyes, después de muchos años los vi casi vacíos por el continuo consumo, de manera que para obtenerlos, era necesario buscarlos en lejanas tierras.
Qué diremos si a esta razón conocida por todos, agregamos también la de la pereza de los indios que trabajan siempre para sí con negligencia, y para los otros especialmente si son extranjeros, por la fuerza? A todos estos inconvenientes puso oportuno remedio la laboriosidad de los nuevos habitantes, y en el principio del descubrimiento cada navío que salía de España llevaba a América unas veces alguna especie de nuestros animales domésticos, otras otra, y a veces todas juntas. Yo debo decir de cada especie que actualmente se encuentra en Tierra Firme, cuál es su número, cuál su sabor, y si en lo nuevos países donde antes no existían, nuestros animales están tan bien como en nuestra Italia o España de donde fueron llevados. Pero siendo tantas las especies de los animales domésticos, para evitar toda confusión al lector, debemos hablar de ellas ordenadamente.
Y para empezar por un animal que aunque sucio es sin embargo muy agradable a muchos, diré que existen nuestros cerdos en los climas cálidos, fríos y templados; yo ví allá dos especies, unos negros y otros blancos. Y sin entrar a hablar de su tamaño, del que trataremos después por separado, su sabor es muy bueno, aunque en el Orinoco y quizás en todas las tierras cálidas, sus carnes son flojas y no tan sustanciosas como las de nuestros puercos. Yo creo que esto es muy útil para que no sean dañosos, y para que nadie se burle de mí, como de un vendedor de mentiras, yo para confirmarlo si es necesario, traeré en testimonio a toda América. Acosta, hombre de finísima sagacidad y que vió tantas regiones de América, alaba mucho al puerco por la susodicha propiedad. Y están de acuerdo con este antiguo escritor los modernos. En muchas cartas me aseguran que su salubridad en todos los lugares es la misma, por lo menos en los climas cálidos. Y debe ser en efecto la misma, porque las carnes de cerdo se dan hasta a los enfermos. Para no hablar de otros lugares, así pasa en Cartagena del Nuevo Reino. "En la región de Cartagena, dice un amigo mío, los puercos sustituyen a los capones. En dicha ciudad se matan doce o trece bueyes y sesenta marranos, los que son de una carne tan delicada, que se da a comer a los enfermos".
No puedo alabar igualmente los pollos de los climas cálidos, de los cuales hablaré aquí anticipadamente a fin de evitar confusión. Esos animales serán tan numerosos como uno quiera, maíz para alimentarlos no falta nunca en los países donde viven los españoles, pero ya sea por esa alimentación o por otra razón que no conozco, su sabor no es tan grato como en Europa. Esto lo oí muchas veces no solo de los españoles sino también de un viajero francés. No tengo una larga experiencia de las palomas, de las cuales también allá hay una existencia, junto con los gallos de Indias, o mejor de México de donde se han propagado hasta nosotros y a toda la América meridional. Pero tanto los unos como los otros no parecen suficientemente fuertes para soportar los males de los climas cálidos como las diferentes especies de gallinas, y cuesta mucho trabajo conservar la especie.
En mis tiempos, un negro tuvo en la Encaramada dos gallos de Indias que había comprado a un extranjero con el fin de introducir la raza en aquella nueva aldea. Una señora caraqueña me regaló con el mismo fin.
Pero tanto él como yo, considerando la suma dificultad para criar los polluelos, nos vimos obligados a salir de ellos en breve, él se aburrió por no encontrar un alimento apropiado a la delicadeza de los polluelos, yo por verlos continuamente chupados por los murciélagos y sin poderlos comer sino rarísima vez. Por lo demás, el sabor de mis pichones me pareció semejante al de los nuestros. De los gallos de Indias no recuerdo haberlos comido nunca. Yo digo ésto del Orinoco, pues puede haber en lo climas calientes de Tierra Firme otro país más afortunado en el que se puedan criar bien y desarrollarse felizmente dichas aves.
Vuelvo nuevamente a los animales pequeños, las cabras viven bien en los climas calientes, y si no fuera por los tigres que les hacen mucho daño, en los lugares alpestres y pedregosos se multiplicarían muy bien, aunque no tanto como en las zonas frías y templadas, por el excesivo calor. Ya hablé | (1) de las cabras introducidas en el Orinoco por los señores de la Real Expedición de Límites, y dije cuán gratas y saludables son sus carnes. Un clima abrasador no es apto para tener allá ovejas, sin embargo la hay en algún lugar, y no sé con qué fin, si no es para comerlas. Pues a estas ovejas no las trasquilan nunca, y los dueños no se sirven de su lana, que crecida más de lo acostumbrado, queda colgada en las espinas donde se frotan de vez en cuando las ovejas.

(1) Tomo III.  lib. II. cap. V.

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