INDICE




Introducción
Prefacio
Copia carta escrita al Padre Felipe Salvador Gilij
Descubrimiento de Tierra Firme y variedad de sus climas.
De las plantas propias de los climas calientes
De las plantas forasteras de los climas calientes.
De los animales de los climas cálidos.
De los animales hispanoamericanos de los climas cálidos.
De las plantas propias de los climas fríos y templados
De las plantas hispanoamericanas de los climas fríos y templados de Tierra Firme.
De los animales nativos de los climas fríos y templados
De los animales hispanoamericanos de los climas fríos
De las cosas comunes a los varios climas de Tierra Firme
De los primeros habitantes de Tierra Firme
De los Negros
De los Hispanoamericanos
De las razas mixtas de Tierra Firme
Embellecimiento de Tierra Firme
Del comercio
Notas y aclaraciones
Apéndice - Breves noticias de las provincias de Tierra Firme
PARTE III
De las plantas forasteras de los climas calientes.
 

 

CAPITULO I
De las frutas agrias y de la caña de azúcar.
 

 

Después de la planta del tabaco, que aunque nace también en los climas fríos y en los templados, crece más fuerte y bella en los calientes, en estos últimos climas debemos observar algunas plantas nuestras, y ver juntamente cómo crecen allá, si vivas y bellas como aquí o si por el contrario como secas y marchitas como en terreno extraño. En este capítulo hablaremos de algunas frutas y de la caña de azúcar, en el siguiente de las hierbas. Y ante que todo, de las frutas que como dice Oviedo | (1) fueron llevadas de España a Santo Domingo, de donde se propagaron después por todo el continente. No hay duda de que algunas frutas están muy bien en las tierras calientes de Tierra Firme y que constituyen también un artículo de comercio con los forasteros, dándoselas en gran cantidad a holandeses e ingleses que van allá a comprarlas.
Me aseguraron que en el Esequibo (no sé de qué manera) hacen un vino agradable de naranjas exprimidas. Pero cualquiera que sea el uso que de las frutas hacen los comerciantes, a mí no me toca decir sino lo que me parece digno de mención. La facilidad con que todo tipo de frutas agrias se da en las tierras calientes es portentosa. No digo que dondequiera haya muchas, porque no en todas partes es igual el trabajo y la actividad de los habitantes. Pero la tierra por ser de clima húmedo y cálido es más apta que la nuestra para tales plantas. Además, si se exceptúan los insectos, no hay ningún viento contrario, no hay vientos del norte y del sur que las molesten, pues llegan allá sin fuerza y débiles. Por consiguiente no es de extrañar que allá se produzcan frutas tan abundantes y bellas.
Al pie del monte Tena vi cedros de extraño tamaño y tales como aquí no los vemos sino por rara casualidad. Lo mismo dígase de cierta especie de naranjas que en la provincia de Caracas son del tamaño de la cabeza de un niño. Esto, y con estas mismas palabras, me lo dijo mulas veces el muy estimado señor don Juan Ignacio Sánchez. Hay naranjas llamadas de Portugal, hay otras que producen un fruto agrio. Hay limones de toda especie; los que se llaman franceses, aunque más grandes son semejantes a nuestras cidras y de un jugo muy suave; los chiquitos, que algunos juzgan naturales del lugar, por su condición parecen casi venenosos. Con todo esto, si se usan parcamente son buenos para limonada, y para tratar la enfermedad del bicho son ciertamente los mejores.
Pasamos a la caña de azúcar, pero sin decir de ella lo que se encuentra fácilmente en los naturalistas modernos. Esta caña, cuyo jugo después de haberlo cocido y purificado por medio de un complicado procedimiento, se solidifica finalmente en azúcar, fue llevada a Santo Domingo y luego al continente americano de las Islas Canarias. Nos lo dice Oviedo | (2) en cuyo libro se puede ver también cómo se daba de bien en Santo Domingo en los primeros tiempos, y qué abundancia de ingenios había entonces. El argumento de mi historia nos llama a Tierra Firme en la que hay innumerables cañaduzales e ingenios de azúcar. Y ésto no nos debe extrañar; la Tierra Firme además de ser muy extensa es también más feraz que las Antillas, más exhuberente y quizás también más húmeda, lo que favorece mucho el cultivo de la caña de azúcar. Pero entre tantos buenos terrenos, los españoles escogieron aquellos en que la caña de azúcar crece más vigorosa y más bonita, es decir las tierras calientes, en las que las cañas después de un año, y quizás en menos tiempo maduran y están listas para molerlas. Pero ésto no pasa en todas partes pues en los climas fríos para madurar se demoran dos años, y en los templados año y medio.
Después de haber indicado el lugar más propio para las plantaciones de caña de azúcar, quizás el lector espere que yo me tome el trabajo de tratar extensamente de su cultivo y explicar el modo cómo se muele y en fin la manera cómo los hispanoamericanos hacen el azúcar, pero con qué objeto tan tediosa repetición, habiendo tantos libros que tratan de eso, tal vez más de lo debido? Se quiere además de los muchos prosistas, un moderno que trate el tema gentilmente en verso? Léase el delicioso libro del Padre José Rodríguez de Mello | (3) al fin del cual se encuentra la descripción de lo que se puede desear a este respecto, expuesta en elegante didascálico por Prudencio Amaral, y publicada aquí por segunda vez. Nosotros nos detendremos en otras cosas que no son conocidas en Italia.
En líneas generales, no vemos aquí otras clases de azúcar sino las que nos traen de las colonias francesas o portuguesas de América. Y para decir verdad, son muy estimables. Pero los azúcares de la Tierra Firme estarían ciertamente al mismo nivel y quizás los aventajarían. A Santafé se llevan de los molinos de Tena, del Espinal y de otros muchos lugares semejantes, muchos panes de azúcar de 25 libras españolas cada uno, y son tan blancos y hermosos que no se puede pedir más. Los usa la gente para el chocolate y para las limonadas, y todavía mucho más para las confituras; pero todo el consumo de azúcar blanco, más propio de los señores que del pueblo común, es nada en comparación del que se hace del azúcar rojo, que por ser menos costoso, lo comen o mejor dicho, lo devoran todos.
Lo hay de dos clases: el uno, como el de los santafereños y otros, se echa en moldes cuadrados y se llama panela, es demasiado viscoso, pero gusta generalmente a aquella gente. El otro, lo llaman los caraqueños papelón, y se cuaja en moldes de figura cónica con peso de una o más libras, granuloso y de sabor no desagradable, es el mismo que se usa para endulzar el chorote, aunque este uso es el menos que se hace de él. Los desayunos y las meriendas de muchos qué son sino un pedazo de arepa, de casabe o de pan | (4) y otro semejante de papelón? Nuestra Italia se extraña con estos cuentos, pero se asombrará al oír otros todavía más curiosos. El jugo exprimido de la caña de azúcar si se cuece bastante y se le quitan todas las heces, por fin se solidifica y se vuelve blanco como la nieve. Si se tiene menos tiempo al fuego, y no se le quita muy bien la espuma, después de un tiempo se tiene una pasta apta para hacer papelones y panelas. Pero si después de un cocimiento no muy largo se quita de la caldera, el jugo de la caña de azúcar se vuelve miel.
Es increíble cómo se usa en toda la Tierra Firme esta miel que los españoles llaman miel de caña, y los franceses de las Antillas melaza. No hay comercio más lucrativo que éste. La miel se lleva a todas partes en zurrones y todos pelean por ella. Con qué fin? para mojar el pan al final de las comidas, para comerla en la merienda y cuando les da la gana. Si no hay miel en casa es como si no hubiera sal. Por consiguiente no es de extrañar que muchos dueños de cañaduzales, dejando de fabricar azúcar se entreguen únicamente a la fabricación de miel. Grande la ganancia y poco el trabajo. Y no menor utilidad obtienen de la destilación de dicha miel por medio de un aparato especial para hacer aguardiente. Pequeña ventaja, pero no indiferente, es la que se consigue con la venta del jugo crudo de la caña de azúcar fermentado y reducido a una bebida refrigerante que se llama guarapo; pero es mejor hablar de ésto en el libro segundo.
Entre tanto, no dejaré de notar que si los cacaotales de Tierra Firme, aunque no muy numerosos son de tanto provecho para los españoles, los cañaduzales que como dije son mucho menos abundantes, podrían rendir mucho más si el uso exorbitante de hacer miel no lo impidiera. Al presente, o por lo menos cuando yo estuve allá, la venta del azúcar se limitaba toda a los lugares cercanos o lejanos de Tierra Firme sin exportarla nunca a Europa, sino quizás para regalarla a quienes la desean como cosa rara.
Qué ventaja resultaría de la exportación de este producto! Con todo esto, si se quisiera ampliar el comercio, aun siendo tantos los cañaduzales, habría que aumentarlos, por el excesivo consumo que del dulce hacen los americanos. Me consta que en la sola ciudad de Caracas que no pasa de treinta mil habitantes, se consumen cada año hasta treinta mil escudos de azúcar. Cantidad ciertamente muy grande si se piensa que el azúcar no se usa sino muy poco o nada por la gente del pueblo que se contenta con los papelones, usándola únicamente los señores y las personas cultas. Sin embargo en Caracas se consume una cantidad tan grande. Qué diríamos de Santafé, de Cartagena y de otros lugares grandes y pequeños de Tierra Firme?

(1) Lib. 8. cap.I .
(2) Lib. 8. cap. 5.
(3) De rusticis Brasiliae rebus.
(4) De la arepa y del casabe se trata en el Tomo 2. Lib. 4, cap. 22.

 

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