PARTE II
De las plantas propias de los climas calientes.
CAPITULO I
De algunos árboles apreciables
No tengo la intención de repetir otra vez el no pequeño catálogo
de la plantas que Dios Nuestro Señor puso en los climas cá1idos.
Hablé de ello suficientemente en la historia natural del Orinoco,
región que siendo de clima caliente, es por consiguiente semejante
en sus productos a las demás de este género. Pero como por pereza o
descuido de los habitantes en ningún lugar se encuentran juntas
todas las plantas propias de su naturaleza, he decidido recoger
aquí las más célebres, a fin de completar lo que ya dije de los
vegetales del Orinoco.
Para ser breve, reduzco las plantas de que voy a hablar a tres
géneros. Algunas son útiles a la medicina, otras buenas para los
carpinteros, otras en fin si no son útiles para una cosa u otra,
por lo menos producen frutos que son agradables en la mesa. En este
capítulo hablaremos de las primeras, dejando las otras para el
siguiente. Del primer género es el árbol que se llama Palo de Cruz
y se encuentra en la región de Villavieja en la Vega, a orillas del
río de la Magdalena y quizás también en el Orinoco. Me acuerdo que
al principio vi un ramito que cortado horizontalmente representaba
en la superficie una crucecita bien formada, lo que me pareció cosa
maravillosa, pero no volví a verlo, o porque los indios quizás no
lo cuidan o porque los españoles de aquella región ignoran sus
virtudes.
Por lo demás, si América nos participara de este árbol entre tantos
otros medicinales, estoy seguro de que nuestra Italia se lo
agradecería mucho. Con respecto al Palo de Cruz, he aquí lo que me
comunica una persona muy entendida y de mucha experiencia en las
curiosidades de Tierra Firme: "El Palo de Cruz es alto y frondoso,
sus hojas son semejantes a las del árbol del Cacao, su flor es
grande en forma de rosetón y compuesta de muchos pétalos rojos; si
se cortan las ramas o el tronco se ve una cruz perfectísima, lo que
he observado centenares de veces. La madera de este árbol reducida
a pedacitos y hervida en agua, corta la abundante hemorragia nasal
si se aplica su cocimiento embebido en una tela. La misma virtud
tiene también el cocimiento de la flor, que corta el vómito de
sangre y restaña inmediatamente la más fuerte hemorragia". Tengo en
mi poder el manuscrito español que yo traduje al sentido.
Si lo que voy a decir es demasiada escrupulosidad en cuidar la
salud o un verdadero efecto del Palo de Cruz llevado en la mano, lo
dirán con más propiedad los expertos.
El ya citado autor del manuscrito había fabricado un bastón de tal
madera del cual se servía para salir de casa. Como él dice, lo vio
bastón en mano un famoso médico y se lo hizo abandonar, diciéndole
que si lo usaba demasiado podía retardarle la circulación de la
sangre. Tan grande se cree que es su virtud sobre este humor del
cuerpo.
En la región de Cartagena, y quizás en las demás que se dicen
calientes, existe un árbol llamado Bomba. Busquen los botánicos sus
otras cualidades, en cuanto a mí, le conozco una a través del
precioso manuscrito: su decocción es un remedio muy eficaz para
disolver los cálculos o piedras, si se bebe en lugar de agua común
dos o tres meses seguidos hasta acabar con la raíz más obstinada de
esta enfermedad.
Viniendo al segundo género de plantas de los climas cálidos, no voy
a repetir lo que escribí en el primer tomo sobre algunas maderas
del Orinoco aptas para uso de los carpinteros. Pero el cedro allá
tan raro y llevado por las aguas de sus afluentes, es muy común en
otros lugares de tierra caliente y apenas se ven joyeros, cajas,
mesitas, sillas y otras cosas que no sean hechas de esta madera tan
estimada. No es tan frecuente, pero se encuentra en muchas partes
la madera Caoba que justamente es muy apreciada entre los
americanos. 'En el distrito de Cartagena (así me lo dice persona
digna de fe) existen unos árboles de este género tan grandes que yo
pude obtener una barca hecha toda de un pedazo, en la cual podían
caber hasta quinientas minas de trigo". El Granadillo muy abundante
en las regiones ya indicadas, tiene una madera graciosamente
manchada, también es manchado otro que en la jurisdicción de
Guayabal y Tena llaman Gateado. En estos lugares se encuentran
también la nuez silvestre, el cedro blanco y otros que nuestros
ebanistas apreciarían mucho.
En la provincia de Santa Marta, quizás una de las más fértiles y
bonitas de los climas calientes, nace el ébano el palo del Brasil
(N. V.) y otros árboles preciosísimos cuya descripción haría con
gusto si alguno de los que los vieron me hubiera dado informes.
Entre tanto, para no engañar a mis lectores en lo que puede serles
útil, me tomo la libertad de retocar un poco lo que ya dije del
árbol Ceiba, que aunque despreciado por los hispano orinoquenses,
me pareció siempre muy apreciable.
En muchos de los lugares de tierra caliente se hacen con ese árbol
mesas que son de una duración maravillosa. Su savia interior les es
perjudicial cuando tienen que estar en el agua porque las daña
rápidamente; fuera del agua, a pesar de los grandes calores de la
Zona Tórrida las hace incorruptibles. Esto se comprueba claramente
en los manuscritos de dos autores muy autorizados. El uno dice así:
"Con ocasión de reconstruír el techo del colegio de Cartagena,
mandé quitar unos tablones que se conservaban tan frescos como si
hubieran sido cortados en aquel momento. Sin embargo, conforme a la
antiguedad de aquel techo habían sido puestos allí hacía más de
cien años". He aquí las palabras del otro: "El árbol ceiba es muy
fácil para trabajarlo y tiene mucha madera. Después de muchos años
de haber sido cortado, si se perfora con un taladro, sale agua. De
lo cual yo mismo hice el ensayo, haciendo un hueco en una puerta
vieja de la residencia de Maracaibo y salió agua".