INDICE




Introducción
Prefacio
Copia carta escrita al Padre Felipe Salvador Gilij
Descubrimiento de Tierra Firme y variedad de sus climas.
De las plantas propias de los climas calientes
De las plantas forasteras de los climas calientes.
De los animales de los climas cálidos.
De los animales hispanoamericanos de los climas cálidos.
De las plantas propias de los climas fríos y templados
De las plantas hispanoamericanas de los climas fríos y templados de Tierra Firme.
De los animales nativos de los climas fríos y templados
De los animales hispanoamericanos de los climas fríos
De las cosas comunes a los varios climas de Tierra Firme
De los primeros habitantes de Tierra Firme
De los Negros
De los Hispanoamericanos
De las razas mixtas de Tierra Firme
Embellecimiento de Tierra Firme
Del comercio
Notas y aclaraciones
Apéndice - Breves noticias de las provincias de Tierra Firme
PARTE II
DE LOS NEGROS
 

CAPITULO I
Su introducción en Tierra Firme y su multiplicación
 

 

De los indios, de los cuales hemos tratado hasta aquí, pasamos a aquellas naciones que posteriormente fueron llevadas a Tierra Firme para servicio de los españoles: los negros, o sean los habitantes de Africa meridional. Los indios no podían continuar solos, sin daño para su salud, en el cultivo de los campos en favor de sus conquistadores y en el laboreo de las minas. Cada día se veía más que su débil naturaleza no era muy proporcionada para tan fatigosos trabajos. Y parte por compasión para con ellos y por conservar la potencialidad de la estirpe, parte también para tener trabajadores mejores que ellos, se pensó en otra gente más fuerte que pudiera ayudar a los indios y aliviarlos en sus trabajos.
Era en aquel entonces muy común, y lo es también en la actualidad, el reclutamiento de negros para las colonias establecidas en ultramar por los europeos. Acerca de esto,
yo no debo decir sino lo que conviene a la inteligencia de mi Historia, sin entrar en un intrincado laberinto aprobando o desaprobando esa costumbre. Quien quiera, puede leer a los teólogos. | (1) Es cierto que algunos pueblos europeos venden a los negros, y que para acapararlos van hasta las costas de Africa. A los españoles no se les permite ir en su búsqueda, pero no les está prohibido adquirir los que dichos mercaderes llevan a sus puertos de América. Cada cual, pagando su precio, se provee a voluntad.
Hay muchos de ellos en Cartagena, los hay en Santa Marta y en Caracas y en toda la costa de Tierra Firme, faltando un número igual en el interior.
Es natural pensar qué diversidad de colores produce esta nueva gente, ya entre los antiguos habitantes, ya entre los mismos españoles, al mezclarse con ellos en matrimonio, yo lo diré en su lugar, creo que con agrado de mi lectores. Con igual facilidad se enciende el deseo de saber si los negros penetraron a América antes que los españoles. Y de este punto, que me parece interesante, debemos salir desde ahora, para volver después al hilo de nuestra historia. Quién habría podido creer que algunos habitantes de Africa, o de propósito lo que no creo, o casualmente como me parece más verosímil, antes de la gran época del descubrimiento hubiera ido a América y se hubieran radicado allá, separados de los indios? Ninguno ciertamente lo hubiera creído, sin embargo encuentro no en un autor moderno, sino en uno contemporáneo a la conquista | (2) , que ciertos negros, a pesar de los indios, se habían establecido en aquella parte del Darién que se llama Escuaragua, del nombre del cacique que la dominó. Es útil oirlo, según Ramusio | (3) .
"Se vieron, dice él, en ese lugar (Escuaragua) algunos esclavos del todo negros, como los sarracenos. Y habiéndoseles preguntado de dónde habían sido tomados, dijeron que a dos jornadas de distancia habitaba una generación de negros que son muy feroces y terribles y con los cuales tienen continuamente gran enemistad y guerra, y que todo el día se toman prisioneros los unos a los otros o se matan, y que habían oído de sus antepasados que esos negros no eran naturales de aquel lugar, sino que habían venido de otra parte". Así él, pero después no encuentro otro escritor que haga mención de haber encontrado negros. Por lo tanto, se debe creer que esos hombres negros, cuya existencia no pude razonablemente ponerse en duda, o perecieron todos por manos de los indios con el pasar del tiempo, o que contrajeron matrimonio con ellos, y poco a poco se cambiaron las facciones hasta que sus hijos se volvieron indios, aunque un poco más bronceados que los otros.
De esta suerte cambian también las facciones en la actualidad algunos negros que han huído de sus dueños y se retiran a vivir con los salvajes. Pero que sus actuales dueños los maltraten de manera que hasta la misma vida se les haga invivible, puede creerlo quien cree todas las exageraciones de escritores no bien informados. Estoy en la obligación de justificar a los españoles de una muy injusta acusación que les hace un autor insolente que dice que el comportamiento de los españoles para con los negros es tan cruel, que por pequeñas faltas les cortan a veces un dedo, a veces otro de sus manos, hasta que les cortan por faltas graves las orejas. Dónde pudo encontrar anécdota más tonta quien escribió eso? Según la costumbre no sucedería que un caso raro y particular de algún desalmado patrón se haya interpretado como un hecho universal, ordinario y aprobado por toda la nación? Estoy cierto de eso, así pasa para confusión de los que escriben sin espíritu crítico sobre los acontecimientos de las naciones. Es un hecho incontrovertible que los negros de los españoles en América no on tratados por sus dueños tan oprobiosamente como él da a entender. Por el contrario, se les mira con buenos ojos, se les ayuda en sus necesidades y se tienen no como verdaderos esclavos sino casi como servidores libres.
Y ésto es lo común, pero en países tan lejanos de los gobernantes españoles no suscita maravilla que de vez en cuando surjan conflictos de los cuales no está libre ninguna nación. Por lo demás, yo vi en Tierra Firme muchísimos esclavos negros y traté a algunos de ellos, y no sé que se quejen de sus amos por el trato oprobioso que les den. Pero de qué se pueden quejar? toman mujer entre las esclavas, como mejor les parece; cada semana, fuera de las fiestas de costumbre en que descansan de los trabajos de sus dueños, tienen un día libre para ellos, para que cada familia, si así le parece, pueda hacer algo ventajoso para si sembrando algún campito; es natural que siendo todos cristianos como lo son, se les conceda toda facilidad para oír la santa Misa, frecuentar lo sacramentos, asistir a los oficios divinos y rezar todos juntos el rosario.
Esta conducta humana de los españoles para con sus negros, debe favorecer mucho su multiplicación. En efecto, los negros son tantos en América española que si yo dijera que constituyen por lo menos más de una tercera parte de sus habitantes, no me alejaría mucho de la verdad. En Tierra Firme hay posesiones con trescientos, quinientos, mil y más negros. Ellos sirven en el campo, en las ciudades, en las casas particulares, en las comunidades religiosas, en los palacios de los gobernantes, y para decirlo brevemente, en todo lugar, siendo allá muy miserable el español que no tiene a su servicio al menos un negro, o dos de diferente sexo. Y así se comienza, después algunos logran muchísimos casándolos oportunamente entre ellos.
A esta multiplicación, que por ser de negros nacidos en América llamaremos interna, sea para servicio de los pudientes, sea por la necesidad de los trabajos agrícolas el laboreo de las minas, se agrega también la externa, de los que cada año se compran en los puertos a lo cuales arriban los navíos cargados de esa mercancía. En el interior de esas naves, las bodegas están atiborradas de jovencitos y doncellas, hombres y mujeres de toda suerte, cuyo precio varía según sus fuerzas o la utilidad que espera de ellos el comprador. Esos negros, a diferencia de los que han nacido en América, se llaman chontales, mientras que los negros americanos se llaman criollos. Todo el mundo tiene curiosidad de conocer sus costumbres, y de eso voy a decir alguna cosa.

(1) Avendaño, Thesauri Indici tit. IX, cap. XII, parág. XIII.
(2) Pietro Martire. Somm. dell'Indie Occid, p&g. 24. Ediz. del Giunti. 1706.
(3) Lugar citado.

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