PARTE II
DE LOS NEGROS
CAPITULO I
Su introducción en Tierra Firme y su multiplicación
De los indios, de los cuales hemos tratado hasta aquí, pasamos a
aquellas naciones que posteriormente fueron llevadas a Tierra Firme
para servicio de los españoles: los negros, o sean los habitantes
de Africa meridional. Los indios no podían continuar solos, sin
daño para su salud, en el cultivo de los campos en favor de sus
conquistadores y en el laboreo de las minas. Cada día se veía más
que su débil naturaleza no era muy proporcionada para tan fatigosos
trabajos. Y parte por compasión para con ellos y por conservar la
potencialidad de la estirpe, parte también para tener trabajadores
mejores que ellos, se pensó en otra gente más fuerte que pudiera
ayudar a los indios y aliviarlos en sus trabajos.
Era en aquel entonces muy común, y lo es también en la actualidad,
el reclutamiento de negros para las colonias establecidas en
ultramar por los europeos. Acerca de esto,
yo no debo decir sino lo que conviene a la inteligencia de mi
Historia, sin entrar en un intrincado laberinto aprobando o
desaprobando esa costumbre. Quien quiera, puede leer a los
teólogos.
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(1)
Es
cierto que algunos pueblos europeos venden a los negros, y que para
acapararlos van hasta las costas de Africa. A los españoles no se
les permite ir en su búsqueda, pero no les está prohibido adquirir
los que dichos mercaderes llevan a sus puertos de América. Cada
cual, pagando su precio, se provee a voluntad.
Hay muchos de ellos en Cartagena, los hay en Santa Marta y en
Caracas y en toda la costa de Tierra Firme, faltando un número
igual en el interior.
Es natural pensar qué diversidad de colores produce esta nueva
gente, ya entre los antiguos habitantes, ya entre los mismos
españoles, al mezclarse con ellos en matrimonio, yo lo diré en su
lugar, creo que con agrado de mi lectores. Con igual facilidad se
enciende el deseo de saber si los negros penetraron a América antes
que los españoles. Y de este punto, que me parece interesante,
debemos salir desde ahora, para volver después al hilo de nuestra
historia. Quién habría podido creer que algunos habitantes de
Africa, o de propósito lo que no creo, o casualmente como me parece
más verosímil, antes de la gran época del descubrimiento hubiera
ido a América y se hubieran radicado allá, separados de los indios?
Ninguno ciertamente lo hubiera creído, sin embargo encuentro no en
un autor moderno, sino en uno contemporáneo a la conquista
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(2)
, que ciertos negros, a
pesar de los indios, se habían establecido en aquella parte del
Darién que se llama Escuaragua, del nombre del cacique que la
dominó. Es útil oirlo, según Ramusio
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(3)
.
"Se vieron, dice él, en ese lugar (Escuaragua) algunos esclavos del
todo negros, como los sarracenos. Y habiéndoseles preguntado de
dónde habían sido tomados, dijeron que a dos jornadas de distancia
habitaba una generación de negros que son muy feroces y terribles y
con los cuales tienen continuamente gran enemistad y guerra, y que
todo el día se toman prisioneros los unos a los otros o se matan, y
que habían oído de sus antepasados que esos negros no eran
naturales de aquel lugar, sino que habían venido de otra parte".
Así él, pero después no encuentro otro escritor que haga mención de
haber encontrado negros. Por lo tanto, se debe creer que esos
hombres negros, cuya existencia no pude razonablemente ponerse en
duda, o perecieron todos por manos de los indios con el pasar del
tiempo, o que contrajeron matrimonio con ellos, y poco a poco se
cambiaron las facciones hasta que sus hijos se volvieron indios,
aunque un poco más bronceados que los otros.
De esta suerte cambian también las facciones en la actualidad
algunos negros que han huído de sus dueños y se retiran a vivir con
los salvajes. Pero que sus actuales dueños los maltraten de manera
que hasta la misma vida se les haga invivible, puede creerlo quien
cree todas las exageraciones de escritores no bien informados.
Estoy en la obligación de justificar a los españoles de una muy
injusta acusación que les hace un autor insolente que dice que el
comportamiento de los españoles para con los negros es tan cruel,
que por pequeñas faltas les cortan a veces un dedo, a veces otro de
sus manos, hasta que les cortan por faltas graves las orejas. Dónde
pudo encontrar anécdota más tonta quien escribió eso? Según la
costumbre no sucedería que un caso raro y particular de algún
desalmado patrón se haya interpretado como un hecho universal,
ordinario y aprobado por toda la nación? Estoy cierto de eso, así
pasa para confusión de los que escriben sin espíritu crítico sobre
los acontecimientos de las naciones. Es un hecho incontrovertible
que los negros de los españoles en América no on tratados por sus
dueños tan oprobiosamente como él da a entender. Por el contrario,
se les mira con buenos ojos, se les ayuda en sus necesidades y se
tienen no como verdaderos esclavos sino casi como servidores
libres.
Y ésto es lo común, pero en países tan lejanos de los gobernantes
españoles no suscita maravilla que de vez en cuando surjan
conflictos de los cuales no está libre ninguna nación. Por lo
demás, yo vi en Tierra Firme muchísimos esclavos negros y traté a
algunos de ellos, y no sé que se quejen de sus amos por el trato
oprobioso que les den. Pero de qué se pueden quejar? toman mujer
entre las esclavas, como mejor les parece; cada semana, fuera de
las fiestas de costumbre en que descansan de los trabajos de sus
dueños, tienen un día libre para ellos, para que cada familia, si
así le parece, pueda hacer algo ventajoso para si sembrando algún
campito; es natural que siendo todos cristianos como lo son, se les
conceda toda facilidad para oír la santa Misa, frecuentar lo
sacramentos, asistir a los oficios divinos y rezar todos juntos el
rosario.
Esta conducta humana de los españoles para con sus negros, debe
favorecer mucho su multiplicación. En efecto, los negros son tantos
en América española que si yo dijera que constituyen por lo menos
más de una tercera parte de sus habitantes, no me alejaría mucho de
la verdad. En Tierra Firme hay posesiones con trescientos,
quinientos, mil y más negros. Ellos sirven en el campo, en las
ciudades, en las casas particulares, en las comunidades religiosas,
en los palacios de los gobernantes, y para decirlo brevemente, en
todo lugar, siendo allá muy miserable el español que no tiene a su
servicio al menos un negro, o dos de diferente sexo. Y así se
comienza, después algunos logran muchísimos casándolos
oportunamente entre ellos.
A esta multiplicación, que por ser de negros nacidos en América
llamaremos interna, sea para servicio de los pudientes, sea por la
necesidad de los trabajos agrícolas el laboreo de las minas, se
agrega también la externa, de los que cada año se compran en los
puertos a lo cuales arriban los navíos cargados de esa mercancía.
En el interior de esas naves, las bodegas están atiborradas de
jovencitos y doncellas, hombres y mujeres de toda suerte, cuyo
precio varía según sus fuerzas o la utilidad que espera de ellos el
comprador. Esos negros, a diferencia de los que han nacido en
América, se llaman chontales, mientras que los negros americanos se
llaman criollos. Todo el mundo tiene curiosidad de conocer sus
costumbres, y de eso voy a decir alguna cosa.
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(1)
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Avendaño, Thesauri Indici tit. IX, cap. XII, parág. XIII.
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(2)
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Pietro Martire. Somm. dell'Indie Occid, p&g. 24. Ediz.
del Giunti. 1706.
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(3)
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Lugar citado.
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