PARTE X
DE LAS COSAS COMUNES A LOS VARIOS CLIMAS DE TIERRA FIRME
CAPITULO I
DE LOS PECES
La misma causa por la cual acabamos de hablar en un solo
capítulo de los diferentes animales importados a los climas fríos
por los españoles, a saber, la pobreza de la materia y el haber
tratado el tema suficientemente en otros lugares, la misma causa
digo, me da la oportunidad de ser breve al tratar de los peces de
Tierra Firme. Y qué, tendremos que repetir aquí todos los animales
acuáticos de que hablamos en el primer tomo? No, no lo permite el
respeto que tengo a mis lectores. Mas bien yo me quedaré mudo en
este capítulo y solamente diré algo cuando me interroguen los
lectores. Pero veo muy bien que mi mutismo será corto. En efecto,
he aquí uno que me pregunta ansiosamente si la gran riqueza de
peces de que se gloría el Orinoco, se encuentra también en otros
ríos de Tierra Firme. Absolutamente no, no son tantos, ni tan
exquisitos, ni de tantas singulares especies como dijimos que hay
en aquel inmenso río.
Quién lo creería? el manatí, ese corpulento y sabroso pez que todos
desean, lo mismo los españoles que los extranjeros, no se complace
en vivir en el río de la Magdalena, inferior al Orinoco, en cuya
comparación es como una hormiga con respecto a un tigre, pero que
con todo eso, por la cantidad no común de sus aguas, se llama por
antonomasia el Río Grande. Y sin embargo, el manatí, no sé por qué
secreto y natural instinto, repudiando el Río Grande, se encuentra
en abundancia en uno pequeño que le es tributario por la orilla
izquierda, y que se llama de la Miel. Según yo creo, lo convidó la
belleza del pasto de que se apacienta este animal, y de la cual se
dice que abunda aquel río en su desembocadura en el de la
Magdalena. Debe ser la misma razón la que lo llamó al río Darién y
tal vez a alguna otra parte que yo no sé de Tierra Firme.
Pero sea lo que fuere de la rareza del manatí, la bondad de este
animal parece igual en todos los lugares. En el sitio ya indicado,
los españoles van a pescarlo con sus esclavos, y además de la carne
de que se alimentan, aprecian mucho sus pieles, no sólo para
fabricar cuerdas con que reemplazan el cáñamo, sino para aprovechar
su rigidez y hacer bastoncitos, que sin ser retorcidos como la
cuerdas, a veces son tan gruesas como el dedo pulgar. Así me
informa persona veraz de un bastoncito de que ella misma se sirvió.
Lo cual debe atribuírse a la calidad de algunas pieles de manatí,
aunque todas no son así.
Me habla también del estupendo tamaño de los dientes de los
caimanes del Darién, y de la multitud de esos feroces animales en
aquellos lugares. De los caimanes, no se busque el número ni se
pregunte por las lugares en que se encuentran. Toda la Tierra Firme
está llena de ellos en los ríos de los climas cálidos, en los fríos
no se encuentran. Por lo demás, ningún otro río de Tierra Firme
puede competir con el Orinoco, si se exceptúan estos portentosos
animales. En el río de la Magdalena se encuentran tortugas, ni más
ni menos que como los tarecayas.
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La Orinucna o tonina no se ve por allá.
Hay peces, pero fuera del llamado doncella que por su delicado
sabor es muy singular, todos los demás son muy inferiores a los del
Orinoco. Y lo que digo del río de la Magdalena, dígase también de
todo otro río de Tierra Firme.
Pero he aquí que otro me interrumpe para preguntarme si son ricos
en pesca los ríos de clima frío. No, en comparación con los de
clima caliente, y sus peces son pequeños. En el Bogotá, río que
corre por la gran sabana de Santafé, se pescan algunos de esos
peces, pero son poco apreciados. El llamado, capitán es muy sabroso
y no lo desdeñan las mesas más señoriales, no hay convite en que no
se preparen capitanes de diferentes maneras americanas. Por qué en
tales climas no existen truchas, que prefieren los lugares
montañosos y fríos? y sin embargo no las hay, pero yo no dudo de
que si se importaran y llevaran al Fucha, río pedregoso y lleno de
escondites, estarían allí muy bien junto con los cangrejos que son
sus compañeros. Y no sería necesario importarlas de España, me
aseguran que las hay en el Quendío, en los ríos que allí corren en
beneficio de los habitantes de la tierra que se llama Ibagué, y que
hay muchas junto con otros peces que llaman pataloes.
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Tomo I. lib. II, c. V
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