INDICE




Introducción
Prefacio
Copia carta escrita al Padre Felipe Salvador Gilij
Descubrimiento de Tierra Firme y variedad de sus climas.
De las plantas propias de los climas calientes
De las plantas forasteras de los climas calientes.
De los animales de los climas cálidos.
De los animales hispanoamericanos de los climas cálidos.
De las plantas propias de los climas fríos y templados
De las plantas hispanoamericanas de los climas fríos y templados de Tierra Firme.
De los animales nativos de los climas fríos y templados
De los animales hispanoamericanos de los climas fríos
De las cosas comunes a los varios climas de Tierra Firme
De los primeros habitantes de Tierra Firme
De los Negros
De los Hispanoamericanos
De las razas mixtas de Tierra Firme
Embellecimiento de Tierra Firme
Del comercio
Notas y aclaraciones
Apéndice - Breves noticias de las provincias de Tierra Firme
PARTE IX
DE LOS ANIMALES HISPANOAMERICANOS DE LOS CLIMAS FRIOS
 

 

CAPITULO UNICO
DE LAS OVEJAS
 

 

Para evitar la molestia de la repetición de las mismas cosas, me he propuesto callar todos los volátiles de clima frío, como gallinas, gallos de Indias, palomas, etc. y me contento con decir que los hay buenos. No hablo tampoco de los caballos, bueyes, perros, etc. Pero quién no me acusaría de negligencia, si hiciera lo mismo con las ovejas, uno de los buenos capitales de tierra fría? Sino que después de haber aclarado tantas cosas, como mis lectores ya están al tanto del estado de Tierra Firme, y no me rodean ya con mente casi confusa en una región, no menos lejana de la nuestra por su posición como diferente por sus usos, trataré de ésto sí, pero más brevemente que de costumbre.
Y sea lo primero, el número de las ovejas. A este respecto no tengo otras noticias impresas sino las que leo en la obra del P. Zamora | (1) Sigámoslo un poco a fin de asegurarnos de la verdad. "En toda la tierra fría (son sus palabras textuales) no tiene número el ganado ovejuno", pero cuánto será más o menos? Háganos el favor de decirnos los millares a que piensa que llega. Allá tal vez, como en el ganado vacuno, hay rebaños como alguien dijo de diez, de veinte, de treinta, de cuarenta mil ovejas? Nadie podría esperar menos, después de una afirmación magnífica como la anterior. Pero no, el P. Zamora aunque acostumbrado también a lo maravilloso, es hombre tan discreto que del altísimo monte "no tiene número", no, hace dar a luz sino tres millares de ovejas, incluyendo bajo este nombre padres e hijos, y todo el rebaño junto. Volvamos a tomar sus palabras, y ésto se nos aclarará. "En toda la tierra fría no tiene número el ganado ovejuno, porque hay haciendas de campo, en que pasan de dos y tres mil cabezas". No dos mil trescientas cabezas, no dos mil quinientas, sino de un tirón dos o tres mil, paso un poco duro para nosotros, pero que es muy común en las historias del Nuevo Mundo y que se ha introducido en ellas desde el principio del descubrimiento.
Después del relato del P. Zamora, que escribió a principio de este siglo, parecería que yo tuviera que contentarme con sus informaciones, y suponer que en el ganado ovino de Tierra Firme no se ha realizado después ni aumento ni disminución notable. Sin embargo el amor a la verdad me movió a pedir informes no sólo a los muertos sino también a los vivos, y en verdad yo encuentro que es tan considerable el número de dicho ganado, que si el P. Zamora lo hubiera visto o conocido, lo habría llamado no innumerable sino infinito. Pues dos sujetos muy dignos afirman que en el territorio de Tunja hay algunas fincas que tienen catorce y más millares de ovejas, después de haber contado todas las cabezas. Este número es verdaderamente maravilloso tratándose de Tierra Firme.
A uno de ellos que tuvo mayor experiencia, pedí otros datos con respecto a las ovejas, y por haberme parecido singulares sus noticias, he resuelto ponerlas aquí para ilustrar mejor a mis lectores. I-No hay tiempo alguno destinado a la monta de las ovejas que están siempre mezcladas con los carneros, y por consiguiente durante todo el año las hay preñadas, otras recién paridas y otras que paren en el día. Con todo esto, los partos son más abundantes dos veces por año. II-Las ovejas de lana blanca o negra, pastan y duermen todas juntas, no están separadas las unas de la otras, ni están en fincas diferentes como se usa aquí en la campiña romana.
III-La gente acomodada saca de las ovejas dos clases de lana, la delgada y la gruesa, la primera para los sombreros, la segunda para las ruanas y frazadas, de las que hablaremos en otra parte. IV-Es rara la oveja que pare dos hijos. La cabras lo hacen alguna vez. V-No se acostumbra ordeñar las ovejas, ni los mismos indios Cuyos rebaños no pasan de ocho o diez ovejas, las ordeñan. VI-Las ovejas se trasquilan dos veces por año, es decir, algunas en el primer verano, otras en el segundo, estaciones de las que hemos hablado en la primera parte de este libro. VII-Las ovejas están sujetas a pocas enfermedades, a no ser que haya alguna epidemia. VIII-Valen un escudo cada una, los corderos medio. IX-Bajo el nombre de corderos llaman en Santafé no a los recién nacidos, sino a los de dos o tres años, que los guardan aparte con los castrados y son muy sabrosos al paladar.
Después de haber hablado en general de las ovejas, nos queda por decir más pormenorizadamente algo de su bondad. Y en primer lugar, siendo aquel clima frío muy apropiado para su naturaleza, por no ser riguroso como el nuestro ni variado, en todo el año pueden gozar de los pastos frescos de que se alimentan abundantemente, de tal manera que sus carnes son gordas, y a la medida de los deseos de los que allá se dedican a ellas, dan buenas y numerosas crías y lanas muy apreciadas. No tengo noticia de que en Santafé y otros lugares se coman muchos corderos de tres o cuatro meses, como se acostumbra aquí entre nosotros, pero de dos o tres años yo mismo los comí en las montañas de Tunja cuando viajaba hacia el Orinoco, y en verdad no hay ningún reparo que hacerles; son buenos y baratos.
Lo mismo digo de los castrados, de cuyas carnes junto con las del becerro, los santafereños y otros hacen ordinariamente cocidos. Yo no me atrevería a preferirlas a las de nuestros capones que viven en las montañas. Pero sea cual fuere la preferencia con respecto a la cual puede úno fácilmente equivocarse, es indudable que los capones santafereños son buenos. Pero mejores todavía y con razón, los de Tunja, lo que se cree que proviene ya de la calidad de los pastos más selectos de que se apacientan, ya del clima mucho menos húmedo que el de Santafé. El mismo creo que sea el motivo por el cual el queso de Tunja que es de leche de vaca, aventaja en sabor a todos los demás de Tierra Firme. Los quesos son pequeños y bajos, pero de un color y un sabor que se acerca mucho a los del queso de Holanda. No se puede decir lo mismo del queso de Santafé, donde queso y cuajada, quizás por defecto en la manipulación, son de escaso valor.
Entre las ovejas, tenemos también las cabras, cuyas tiernas crías alimentadas con leche, entre nosotros son exquisitas. No sé si los americanos se preocupan de ellas, pero de las otras que andan libremente con sus madres, beben leche y comen pasto, se estiman mucho en Trujillo, que como hemos dicho, es uno de los lugares fríos de la provincia de Caracas, y según me escribe un gentil corresponsal, son de óptima calidad, lo que debe decirse igualmente de los cabritos de Carora, lugar de la misma provincia, en donde se puede afirmar con verdad que las cabras viven muy bien.

(1) Hist. del Nuevo Reino, Lib. I, cap. Xl.

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