PARTE IX
DE LOS ANIMALES HISPANOAMERICANOS DE LOS CLIMAS FRIOS
CAPITULO UNICO
DE LAS OVEJAS
Para evitar la molestia de la repetición de las mismas cosas, me
he propuesto callar todos los volátiles de clima frío, como
gallinas, gallos de Indias, palomas, etc. y me contento con decir
que los hay buenos. No hablo tampoco de los caballos, bueyes,
perros, etc. Pero quién no me acusaría de negligencia, si hiciera
lo mismo con las ovejas, uno de los buenos capitales de tierra
fría? Sino que después de haber aclarado tantas cosas, como mis
lectores ya están al tanto del estado de Tierra Firme, y no me
rodean ya con mente casi confusa en una región, no menos lejana de
la nuestra por su posición como diferente por sus usos, trataré de
ésto sí, pero más brevemente que de costumbre.
Y sea lo primero, el número de las ovejas. A este respecto no tengo
otras noticias impresas sino las que leo en la obra del P. Zamora
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(1)
Sigámoslo un
poco a fin de asegurarnos de la verdad. "En toda la tierra fría
(son sus palabras textuales) no tiene número el ganado ovejuno",
pero cuánto será más o menos? Háganos el favor de decirnos los
millares a que piensa que llega. Allá tal vez, como en el ganado
vacuno, hay rebaños como alguien dijo de diez, de veinte, de
treinta, de cuarenta mil ovejas? Nadie podría esperar menos,
después de una afirmación magnífica como la anterior. Pero no, el
P. Zamora aunque acostumbrado también a lo maravilloso, es hombre
tan discreto que del altísimo monte "no tiene número", no, hace dar
a luz sino tres millares de ovejas, incluyendo bajo este nombre
padres e hijos, y todo el rebaño junto. Volvamos a tomar sus
palabras, y ésto se nos aclarará. "En toda la tierra fría no tiene
número el ganado ovejuno, porque hay haciendas de campo, en que
pasan de dos y tres mil cabezas". No dos mil trescientas cabezas,
no dos mil quinientas, sino de un tirón dos o tres mil, paso un
poco duro para nosotros, pero que es muy común en las historias del
Nuevo Mundo y que se ha introducido en ellas desde el principio del
descubrimiento.
Después del relato del P. Zamora, que escribió a principio de este
siglo, parecería que yo tuviera que contentarme con sus
informaciones, y suponer que en el ganado ovino de Tierra Firme no
se ha realizado después ni aumento ni disminución notable. Sin
embargo el amor a la verdad me movió a pedir informes no sólo a los
muertos sino también a los vivos, y en verdad yo encuentro que es
tan considerable el número de dicho ganado, que si el P. Zamora lo
hubiera visto o conocido, lo habría llamado no innumerable sino
infinito. Pues dos sujetos muy dignos afirman que en el territorio
de Tunja hay algunas fincas que tienen catorce y más millares de
ovejas, después de haber contado todas las cabezas. Este número es
verdaderamente maravilloso tratándose de Tierra Firme.
A uno de ellos que tuvo mayor experiencia, pedí otros datos con
respecto a las ovejas, y por haberme parecido singulares sus
noticias, he resuelto ponerlas aquí para ilustrar mejor a mis
lectores. I-No hay tiempo alguno destinado a la monta de las ovejas
que están siempre mezcladas con los carneros, y por consiguiente
durante todo el año las hay preñadas, otras recién paridas y otras
que paren en el día. Con todo esto, los partos son más abundantes
dos veces por año. II-Las ovejas de lana blanca o negra, pastan y
duermen todas juntas, no están separadas las unas de la otras, ni
están en fincas diferentes como se usa aquí en la campiña
romana.
III-La gente acomodada saca de las ovejas dos clases de lana, la
delgada y la gruesa, la primera para los sombreros, la segunda para
las ruanas y frazadas, de las que hablaremos en otra parte. IV-Es
rara la oveja que pare dos hijos. La cabras lo hacen alguna vez.
V-No se acostumbra ordeñar las ovejas, ni los mismos indios Cuyos
rebaños no pasan de ocho o diez ovejas, las ordeñan. VI-Las ovejas
se trasquilan dos veces por año, es decir, algunas en el primer
verano, otras en el segundo, estaciones de las que hemos hablado en
la primera parte de este libro. VII-Las ovejas están sujetas a
pocas enfermedades, a no ser que haya alguna epidemia. VIII-Valen
un escudo cada una, los corderos medio. IX-Bajo el nombre de
corderos llaman en Santafé no a los recién nacidos, sino a los de
dos o tres años, que los guardan aparte con los castrados y son muy
sabrosos al paladar.
Después de haber hablado en general de las ovejas, nos queda por
decir más pormenorizadamente algo de su bondad. Y en primer lugar,
siendo aquel clima frío muy apropiado para su naturaleza, por no
ser riguroso como el nuestro ni variado, en todo el año pueden
gozar de los pastos frescos de que se alimentan abundantemente, de
tal manera que sus carnes son gordas, y a la medida de los deseos
de los que allá se dedican a ellas, dan buenas y numerosas crías y
lanas muy apreciadas. No tengo noticia de que en Santafé y otros
lugares se coman muchos corderos de tres o cuatro meses, como se
acostumbra aquí entre nosotros, pero de dos o tres años yo mismo
los comí en las montañas de Tunja cuando viajaba hacia el Orinoco,
y en verdad no hay ningún reparo que hacerles; son buenos y
baratos.
Lo mismo digo de los castrados, de cuyas carnes junto con las del
becerro, los santafereños y otros hacen ordinariamente cocidos. Yo
no me atrevería a preferirlas a las de nuestros capones que viven
en las montañas. Pero sea cual fuere la preferencia con respecto a
la cual puede úno fácilmente equivocarse, es indudable que los
capones santafereños son buenos. Pero mejores todavía y con razón,
los de Tunja, lo que se cree que proviene ya de la calidad de los
pastos más selectos de que se apacientan, ya del clima mucho menos
húmedo que el de Santafé. El mismo creo que sea el motivo por el
cual el queso de Tunja que es de leche de vaca, aventaja en sabor a
todos los demás de Tierra Firme. Los quesos son pequeños y bajos,
pero de un color y un sabor que se acerca mucho a los del queso de
Holanda. No se puede decir lo mismo del queso de Santafé, donde
queso y cuajada, quizás por defecto en la manipulación, son de
escaso valor.
Entre las ovejas, tenemos también las cabras, cuyas tiernas crías
alimentadas con leche, entre nosotros son exquisitas. No sé si los
americanos se preocupan de ellas, pero de las otras que andan
libremente con sus madres, beben leche y comen pasto, se estiman
mucho en Trujillo, que como hemos dicho, es uno de los lugares
fríos de la provincia de Caracas, y según me escribe un gentil
corresponsal, son de óptima calidad, lo que debe decirse igualmente
de los cabritos de Carora, lugar de la misma provincia, en donde se
puede afirmar con verdad que las cabras viven muy bien.
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(1)
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Hist. del Nuevo Reino, Lib. I, cap. Xl.
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