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INDICE
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CAPITULO III
REFLEXIONES ACERCA DE LOS ANIMALES DE LOS CLIMAS FRIOS
El fiel relato de los animales de los climas fríos que hemos
hecho cuidadosamente, debe aclararnos algunas verdades que parece
que los naturalistas no han tenido en cuenta. I-Los naturalistas
hablan de los productos defectuosos de América indistintamente, sin
nombrar los lugares, sin distinguir oportunamente los climas. Sé
muy bien que semejante defecto es excusable en cierta manera y ya
lo dije en otra parte.
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(1)
Pero siempre será verdad que esta falta no
se le puede perdonar a un cuidadoso naturalista que al penetrar en
las reconditeces de la naturaleza, debe observar todo lo raro para
ponerlo en claro, II-Las diferencias que se encuentran entre las
tierras americanas y la nuestra, ya en el reino animal ya en el
vegetal, según mi opinión provienen todas de la diferencia de
clima. En un clima diferente al nuestro, es forzoso que nuestras
plantas y nuestros animales se debiliten y degeneren, de lo cual
tenemos pruebas ciertas en toda mi Historia.
III-Pero un clima americano que sea en todo o en mucho semejante al
nuestro, qué productos nos hará ver sino semejantes o casi iguales
a los nuestros? En mis relatos hay varios ejemplos que pueden
probarlo. Pero prescíndase de todo y reflexiónese sólo en lo que
hemos dicho en el capítulo anterior. Los ciervos de los climas
fríos según dicen las personas a quienes he preguntado, son más
grandes que los de los climas cálidos; no los comparan con los
ciervos de Italia, ni los ponen en el mismo plano ni tampoco en uno
más alto para presentárnoslos maravillosos. Pero con decir que
ellos son más grandes que los de los climas cálidos, nos dicen ya
demasiado, porque podemos entender que toda la diferencia entre los
unos y los otros proviene de la diferencia de clima.
Una prueba más clara la tenemos en los osos, que son ni más ni
menos como los nuestros. Y nos lo dice persona que el refutarla
sería no solo descortés sino maligno. Sin embargo, el oso cruzado
es más pequeño y queda por ver si los naturalistas deben hacer al
menos de éste una nueva especie o agregarlo a alguna de las muchas
de de que habla Bomare.
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(2)
IV-No se debe leer con maravilla, para no
decir con desconfianza, lo que otros escritores americanos nos
cuentan del tamaño de algún animal que yo puse entre los pequeños o
al menos entre los que no tienen un gran tamaño. El anta por
ejemplo, o la danta, en cuántas formas aparece en las historias del
Nuevo Mundo! Algunos dicen que es el cuadrúpedo más corpulento del
reino de México
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(3)
;
otros que la laman Orinac o alce americano dicen que es tan grande
como un caballo
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(4)
,
yo la asemejo a un asno
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(5)
y me parecería excesivo decir a un asno
grande.
¿Qué diremos al respecto? Absuelvo la cuestión en pocas palabras
diciendo que si los animales indicados bajo estos nombres son
verdaderamente de la misma especie, lo que dudo mucho, toda su
diferencia se debe atribuír al clima en que viven. En los climas
semejantes al nuestro son grandes, en los ardientes como el Orinoco
son pequeños Y si en alguna parte caliente se encuentran oriñaques
y dantas más grandes de lo común en esos climas, diré que se han
trasladado allá o de la zona templada septentrional o de lugares
muy cercanos a ella, para no adquirir los defectos de sus
semejantes que se han internado en el corazón de la zona tórrida.
V-Los efectos de la analogía de los climas quizás no se ven mejor
en ninguna otra cosa que en el canto de las aves. Parece que éstas
esquivan los climas muy calientes. Por lo tanto, la casi mudez o el
grito sin gracia de las que se han radicado en las tierras cálidas
es tal, que fuéra de las dos que hemos indicado en otra parte
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(6)
, los cardenales
y gonzalitos, de los que ahora me acuerdo, quizás no hay otra que
cante bien.
Todo lo contrario vemos en aquellos climas que se acercan más a los
de nuestras tierras. De las aves canoras del clima llamado frío,
pero en realidad benigno de Santafé, hemos nombrado muchas, y todas
cual más cual menos de buena voz. VI-Un clima semejante al nuestro
exigía fuera de otras aves nativas, también las que son propias de
nuestra tierra. Y en efecto, como hemos dicho, allá se encuentran
mirlos, palomas, tortolillas, becadas (chochas) y Dios sabe cuántas
otras que no conocemos ni nosotros ni quizás los mismos americanos,
por falta de quien se haya ocupado de observarlas.
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(1)
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Parte IV, cap. III.
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(2)
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En la palabra Ours,
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(3)
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Clavigero, Storia del Mess. tomo I, parágr. X, pág. 75.
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(4)
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Bomare, en la palabra Orignac.
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(5)
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Tomo I, lib. V, cap. VIII.
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(6)
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Parte IV, cap. III.
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