INTRODUCCIÓN
«La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la
encarnación y muerte del que lo crió, es el descubrimiento de
Indias». Estas expresivas y enérgicas palabras de Francisco López
de Gómara, dirigidas en 1522 al emperador Carlos V, pueden dar
principio a esta Introducción. En efecto, es conocido de todos el
interés que despertó en la Europa del Renacimiento y especialmente
en la del siglo XVIII la literatura americanista. El erudito
académico de la historia e investigador muy sagaz doctor Gabriel
Giraldo Jaramillo, en su interesante estudio sobre la «Presencia de
América en el pensamiento europeo», hace ver la influencia del
Nuevo Mundo en la transformación de Europa que llegó, según él,
hasta el punto de cambiar la mentalidad, orientar las costumbres y
modificar las instituciones del Viejo Mundo. Y si fué clara esa
influencia en Francia, no lo fue menos en los demás países
europeos, gracias sobre todo a los relatos de los cronistas,
viajeros y misioneros que se propusieron mostrar a Europa las
maravillas de América.
En Italia, las circunstancias fueron especialmente favorables: allí
buscaron refugio los millares de jesuitas expulsos de los dominios
de José I de Portugal y Carlos III de España. Sin embargo, hay que
confesar que no fueron ellos los primeros en despertar el interés
por las cosas del Nuevo Mundo. Antes de que llegaran los expulsos a
Italia, el erudito conservador de la Biblioteca Ambrosiana de
Milán, abate Ludovico Antonio Muratori (1762 - 1750) aunque alejado
un tanto de los hechos, escribió su obra II Cristianesimo felice
nelle Mlissione de' Padri del Compagnia di Gesú nell Paraguay (1743
- 1749), inspirado en los relatos de los Padres Contucci.
Lagomarsini y Orosz; ya se habían divulgado las obras americanistas
de la Ilustración: la Historia Natural de Buffon, el Ensayo sobre
las costumbres de Voltaire, y claro está, las dos obras centrales
de las controversias europeas sobre América: las de Pauw y Raynal.
Pero la presencia en Italia de los ex-jesuitas del Brasil y de la
América española, va a dar comienzo a una rica literatura
americanista, ya que fuera de ellos no puede ofrecer sino un nombre
interesante pero secundario, el de Cian Rinaldo Carli con sus
Cartas Americanas.
La circunstancia de que fueran tan conocidas las obras de Pauw,
Raynal y la Historia de América de Robertson, movió a los antiguos
misioneros a vindicar la obra colonizadora de España y Portugal, El
Padre Juan de Velasco en su Historia del Reino de Quito advierte
expresamente que él no se propone «notar las equivocaciones y
errores de algunos escritores modernos, especialmente extranjeros»,
porque ese trabajo lo han tomado otros: Rinaldi, Clavigero, de
Nuix, Molina y otros cuyas obras las verá tarde o temprano la luz
pública con gusto. «Confiesan ya los imparciales literatos de
Europa que las citadas plumas, continúa el Padre Velasco,
convertidas en cañones de grueso calibre, han abatido los
quiméricos sistemas de los señores Pauw, Raynal, Marmontel, Buffon
y Robertson, que sin moverse del mundo antiguo han querido hacer la
más triste anatomía del Nuevo»
|
(1)
.
Y es interesante notar que esa pléyade de escritores jesuitas
parece responder al llamamiento que hiciera San Ignacio de Loyola
al Padre Gaspar Berze (Berceo) en carta de 24 de febrero de 1554,
con estas palabras: «Algunas personas principales, que en esta
ciudad (Roma) leen con mucha edificación suya las letras de las
Indias, suelen desear, y o piden diversas veces, que se escribiese
algo de la cosmografía de las regiones donde andan los nuestros,
como sería, cuán luengos son los días de verano y de invierno,
cuándo comienza el verano, si las sombras van siniestras, o a la
mano diestra. Finalmente, si otras cosas hay que parezcan
extraordinarias, o no in tal grandeza. etc. Y esta salsa, para el
gusto de alguna curiosidad que suele haber en los hombres, no mala,
puede venir, o en las mesmas letras, o en otras de aparte»
|
(2)
. El mismo fundador les
había mostrado el camino.
El Padre Miquel Batilori S. J. en su estudio sobre L'interesse
americanista nell' Italia del Settecento. II contribulo spagnólo e
portoghese,
|
(3)
a
quien seguiremos fielmente en esta parte de la Introducción, divide
en cuatro grupos la literatura americanista de los expulsos: el
primero lo componen las obras destinadas a vindicar la obra
colonizadora de España y Portugal; el segundo, las que tratan de
los trabajos apostólicos de los jesuitas; el tercero, las que
estudian la naturaleza del Nuevo Continente, y el cuarto las que
tratan de las cualidades humanas de las razas indígenas.
|
|I- Obras destinadas a vindicar la obra colonizadora.
Contra algunas expresiones de Clavígero y otros, Raimundo
Diosdado Caballero publicó su defensa del Heroísmo de Hernán Cortés
contra las censuras enemigas, (Roma 1806) y escribió otras obras
aún inéditas, como los Medios para estrechar más la unión entre los
españoles americanos o criollos y los españoles europeos, las
Observaciones americanas sobre Clavigero, y las Consideraciones
Americanas: excelencias de América española sobre las extranjeras,
y una Refutación de las Casas.
El catalán Juan Nuix de Perpiñá escribió contra Raynal y Robertson
sus no muy imparciales Reflexiones imparciales sobre la humanidad
de los españoles en las Indias (Venecia 1780). El valenciano
Llorente desarrolló el mismo tema en su Ensayo apologético de los
historiadores y conquistadores españoles, y Montengon en un
prosaico poema épico sobre La Conquista de Méjico por Hernán
Cortes.
|
|II- Trabajos apostólicos de los antiguos misioneros.
Este segundo grupo lo forman las crónicas del destierro y
la literatura edificante sobre la vida y virtudes de los religiosos
que predicaron el Evangelio en América. Hay que recordar aquí
ciertas obras de interés histórico general, como la Vida del
sacerdote don Bernardo Recio publicada por Gaspar Janer; la Vita
venerabilis Patris Gabrielis Malagridae del portugués Matías
Rodríguez, inédita pero utilizada por historiadores posteriores;
las obras biográficas de Juan Luis Maneiro y Félix de Sebastián
para Méjico, Onofre Pratdesaba para el Perú y José Manuel Peramás
para el Paraguay. La introducción general de esta última obra,
traducida al español con el título de «La República de Platón y los
Guaraníes» (Emecé Editores, S, A. Buenos Aires. 1946) entra de
lleno en la polémica suscitada en aquellos tiempos por Pauw y
Raynal: «Si alguna vez fue oportuno llevar a la práctica aquella
forma de gobierno que propone Platón en su célebre libro La
República, lo es en estos tiempos en que un rebaño epicúreo de
filósofos dementes, en su odio contra las santas instituciones de
nuestros mayores y de toda forma recta de gobierno, subvierte todo
lo existente y excogita algo nuevo cada día para lograr (si
pluguiera a los dioses) la plena felicidad de los pueblos». De más
largo alcance, y de necesaria consulta en nuestros días son las
varias historias de la Compañía de Jesús en las diversas regiones
americanas: Francisco Javier Alegre con su Historia de la Compañía
de Jesús en Nueva España; la Historia de las Misiones de la
Compañía de Jesús en el Marañón español de José Chantre y Herrera;
la Historia moderna del reino de Quito y Crónica de la Provincia de
la Compañía de Jesús del mismo reino de Juan Velasco y la Historia
de la Compañía de Jesús en Chile de Miguel de Olivares.
|
|III- Obras geográficas.
A este grupo pertenecen las obras que estudian la
naturaleza misma del Nuevo Continente y son de dos clases: en verso
y en prosa. Entre las poéticas escritas en latín, italiano, español
y portugués, tenemos el libro De rusticis Brasiliae rebus carminum
libri IV del portugués José Rodríguez de Mello, el De sachari
opificio carmen de Prudencio Amaral, el poema O Uruguay del
brasileño José Basilio de Gama, el inédito Poema das minás de oiro
de Francisco de Silveira y la Rusticatio mexicana del guatemalteco
Rafael Landivar. Al lado de estas obras podemos mencionar la
colección manuscrita de El ocioso de Faenza, los poemas latinos de
argumento americano como los de Peramás y otros, que no merecen
mención especial.
Volviendo al tema de la naturaleza de América, las obras
geográficas y de historia natural publicadas por los expulsos,
sirvieron a los geógrafos posteriores y principalmente a de
Humboldt. Fuera de las cartas geográficas de Clavigero, Camaño y
Beza, la Cosmografía de Ignacio Campserver y la disertación sobre
la Atlántida de Aymerich, hay que anotar las descripciones de Beza
y Francisco de Lima sobre el Brasil, las de California por Lucas
Ventura, las de Méjico por Hidalgo y Frías y las de Guatemala por
Gamero.
Pero entre todas estas obras sobresale una, por el interés que
tiene para nosotros, el Saggio di Storla Americana, principalmente
del Nuevo Reino de Granada por el P. Felipe Salvador Gilij, y cuya
traducción del cuarto volumen presentamos hoy a nuestros
lectores.
A este mismo género pertenece el Dizionario storicogeografico dell
'America Meridionale del Padre Juan Domingo Coleti, La Perla de
América Provincia de Santa Maria del catalán Antonio Julián. Del
mismo autor son las obras El paraíso terrestre en la América
meridional y Nuevo Reino de Granada y la Historia del río Grande,
por otro nombre Magdalena y río de Santa Maria, no publicadas. En
Roma editó en 1790 el Padre Julián un curioso libro Trasformazione
dell 'Americá o sia Trionfo della S. Chiesa, al cual añadió una
disertación crítico-expositiva sobre las palabras de San Pedro en
su primera Epístola, cap. III, vers. 18-20. El erudito investigador
doctor J. M. Rivas Sacconi acaba de encontrar el manuscrito español
de este libro que se dispone a editar próximamente. El Padre José
Yarza escribió la inédita Historia Natural, civil y eclesiástica
del reino de Sanlafé, citada por el P. Hervás y Panduro, Francisco
Iturri escribió otra inédita también sobre el virreinato de Buenos
Aires, José Sánchez Labrador el Paraguay ilustrado, José Solis el
Saggio sulla storia naturale della provincia del Gran Cháco y Juan
Ignacio Molina el Saggio Sulla Stora Naturale del Chili. Entre las
obras más bien históricas que etnográficas, es bueno recordar los
escritos menores de Clavigero, la Historia de Méjico de Andrés
Cavo, la Historia política, militar y sagrada del reino dé Chile de
Miguel Olivares, y toda una serie de opúsculos sobre historia
religiosa. Dos españoles europeos, Roque Menchaca y especialmente
Domingo Muriel con sus Fasti Novi Orbis (Venecia 1776) pusieron en
Italia los fundamentos de la historia crítica de la Iglesia en el
nuevo continente.
|
|IV- Cualidades humanas de las razas indígenas.
Un último grupo lo constituyen las obras polémicas sobre
los indios americanos, entre ellas merecen citarse el Discurso
sobre la población de América e Islas Filipinas de Manuel Ignacio
de Arenas, la Historia Antigua de Méjico de Clavigero, la Historia
del Reino de Quito de Velasco. Al lado de la etnología, floreció
también en Italia el estudio de la lingüística americana, que tuvo
como figura central a Lorenzo Berras y Panduro. Para su Archivo
lingüístico contó con la colaboración de Clavigero, Camaño y
particularmente del Padre Gilij. Larga sería la lista de los
misioneros que se ocuparon de las lenguas indígenas, pero ya la
enumeración que hemos hecho nos prueba sobradamente que los
misioneros hispano-lusitanos fueron en Italia el foco más poderoso
del americanismo europeo en el último cuarto siglo XVIIII, como
afirma el P. Batllori en su estudio ya citado.
EL PADRE GILIJ Y SU ENSAYO DE
HISTORIA AMERICANA
Nació el Padre Felipe Salvador Gilij en Legogne, especie de
corregimiento de Norcia, en la diócesis de Espoleto, el 26 de julio
de 1721. Ingresó a la Compañía de Jesús el 28 de agosto de 1740.
Estudió en el Colegio Romano, donde hizo sus estudios de filosofía
bajo la dirección del Padre Juan Bautista Faure. Fue destinado a
las misiones del Orinoco el 25 de abril de 1741, y en febrero de
1743 se embarcó en Cádiz con Gumilla y siete compañeros más,
vanguardia de los treinta y cuatro que el Rey concedió a las
misiones del Nuevo Reino. Cuarenta días duró el viaje hasta
Cartagena, luego tomaron la vía del Magdalena para seguir a la
capital, a donde llegó en junio del citado año. Cursó estudios de
teología en la Universidad Javeriana de esta ciudad y allí mismo
enseñó retórica. Recibió la ordenación sacerdotal de manos del
Ilustrísimo Señor Arzobispo Don Pedro de Azúa e Iturgoyen
(1748-1753) en 1748, habiendo permanecido en Santafé.
Recién ordenado parió para el Orinoco, en donde vivió por espacio
de dieciocho años y medio, y allí adoctrinó a los Pareques,
Maipures y Tamanacos. Fundó La Encaramada, entre éstos últimos que
la llamaban Guaya, por su vecindad al río del mismo nombre, y a la
cual dió el nombre de Reducción de San Luis, en honor de San Luis
Gonzaga, el primero de marzo de 1749.
En el «Informe reservado sobre el manejo y conducta que tuvieron
los Padres Jesuitas con la expedición de la Línea Divisoria entre
España y Portugal en la Península Austral y orillas del Orinoco»,
rendido por el Mariscal de Campo D. Eugenio de Alvarado, de órden
del Excmo. Señor Conde de Aranda, se lee al hablar de La
Encaramada: «El cuidado del pueblo está a la del propio fundador el
Padre Felipe Gily, de nación Ytaliano Romagnato, cuyas cualidades
le pueden distinguir entre los virtuosos, pues con elevada
capacidad e instrucción de bellas letras de la educación italiana
enseña bien a los Yndios. Es dotado de espíritu de lenguas del
País, y de la Jamanaca y Maypure ha compuesto un bello diccionario
para el mejor gobierno de las dos naciones».
Sabemos también que el padre Gilij fundó la Encarnación de
Tamanacos. Pero el ambicioso señor de Alvarado que esperaba que el
Rey no se olvidara de su persona, no ocultaba su mala voluntad
contra la Compañía. En el citado informe dice: «En Encaramada era
misionero el Padre José (sic) Gily, que distaba de Cabruta medio
día de navegación. Llegó el obispo (el de Puerto Rico) a tal pueblo
y encontró cerrada la Yglesia y el Padre a caballo por los campos.
Sentose el Obispo a la puerta y tuvo que esperarle mas de dos horas
mientras le buscaban. Vino y abrió su Yglesia, como para un
particular, y el Santo Obispo se explicó con mucha modestia pero
con energía. Este es un caso que pudo ser causal, pero prueba el
poco cuidado que tomó el misionero a la visita del Obispo,
mayormente cuando era el primer Prelado que hacía tal visita, de
cuya resulta y trabajos que padeció en ella murió a la vuelta a su
Obispado, pero yo (confieso con malicia) lo tuve a caso muy pensado
porque traté mucho al dicho Padre Gili y conocí su talento unido a
las máximas de su religión». No era poca la malicia del Mariscal de
Campo: es seguro que la ausencia del misionero se debía a los
quehaceres de su ministerio pastoral.
Pero sigamos adelante. En carta al Mariscal, el Padre Lubián se
queja de las exigencias que le hacía al solicitar nuevos recursos
de la Misión, y agrega: «nos vemos ultrajados de quien esperamos el
alivio en los trabajos de estos desiertos; como se vió el Padre
Felipe Gily, cubierto de oprobios al entrar el señor Yturriaga en
estas misiones, y con él todos nosotros comprendidos, que no sé qué
ocasión tan grave se le haya dado, después de haber servido a la
Expedición en todo lo que se pudo». Los oprobios de que fué víctima
el Padre Gilij, los explica así el Mariscal en carta a don José de
Iturriaga: «Que habiendo V. S. seguido al otro pueblo de La
Encaramada y pedido igual número de bogas, fue a V. S. visible el
esmero y atención con que el misionero, el P. Felipe Gily, recibió
a V. S. y demostró la misma imposibilidad, así por ser pueblo muy
nuevo, como porque varios de los indios estaban en la dicha
entrada, y que no obstante lo ultrajó V. S. de palabras ofensiva, y
en él a toda la religión de la Compañía, pues dijo V. S. que los
Padres jesuitas eran Reyes del Orinoco, que daban y quitaban leyes,
que eran unos avaros, y que V. S. con las reales facultades sabría
ponerles a razón, y que haría correspondientes ejemplares; añaden
los Padres que si V. S. hubiera querido seguir la marcha a los
pueblos de arriba, le hubieran enviado de los Pueblos de Uruana y
Carichana, con diferencia de pocos días lo bogas que pidiese, y que
si V. S. no subió, no fue por falta de indios, sino que no le
convendría a sus ideas».
|
(4)
Dejando a un lado este penoso incidente, a lo largo de la obra del
Padre Gilij podemos seguir su itinerario misionero. Van desfilando
por su relato ríos y poblaciones, siempre con la mira de llevar a
todos la buena nueva del Evangelio y observando con una rara
curiosidad las maravillas del Nuevo Mundo, que luego habría de
cantar en su «Ensayo de Historia Americana». Confiesa que era ante
todo un misionero, no un naturalista; pero con el deseo de mostrar
a Italia el fruto de sus observaciones, cuenta lo que vió como
testigo ocular; recurre a sus ojos, a sus oídos y a las relaciones
fidedignas de terceros; aprovecha con toda libertad lo que otros
escribieron antes que él y los sigue cuando no se apartan de la
verdad.
En pleno Orinoco le sorprende la supresión de los jesuitas de los
dominios del Rey de España en 1767. Se dirigió a la Guaira y fue
huésped de los padres franciscanos desde el 4 de agosto hasta el 5
de marzo del 68 en que retornó a España. De allí volvió a su
patria, a la provincia romana, y fue director espiritual en
Macerata, en 1779 rector de Monte Santo hoy Potenza Picina- y más
tarde en 1773 era rector y prefecto de estudios de Orvieto cuando
fue suprimida la Compañía por Clemente XIV. Se trasladó a Roma, y
pensionado por el Rey de España, se dedicó a escribir su Historia.
Cuatro años duró la publicación de la obra: 1780-1784.
Su título general es el siguiente: Sággio / di Storia Americana / o
sia / Storia Naturale, Civile e Sacra / De regni, e delle Provincie
Spagnuole di Terra Ferma / nell' America Meridionale / descrita
dall' Abate Filippo Salvadore Gilij / E consecrata alla Santitá di
N. S. / Papa Pio Sesto / felicemente regnante. Al anterior
encabezamiento, común a los cuatro tomos, sigue lo propio de cada
uno de ellos:
Tomo I / Della Storia geografica e naturale de la Provincia dell
'Orinoco / Roma. MDCCLXXX / Per Luigi Perego. Erede Salvioni /
Stampator Vaticano nella Sapienza / Con Licenza de 'Superiori.-
XLIV - 356 páginas y 4 láminas fuera del texto.
Tomo II / De 'costumi degli Orinochesi / Roma. MDCCLXXXI / Per
Luigi Perego Erede Salvioni / Stampator
Vaticano nella Sapienza / Con Licenza de 'Superiori / XVI - 400
págs. y 5 láminas f. t.
Tomo III / Della Religione, e delle lingue degli Orinochesi / e di
altri Americani / Roma MDCCLXXXII. Per Luigi Perego XVI, 430
pgs.
Tomo IV / Stato presente di Terra Ferma / Roma MDCCLXXXIV / Per
Luig Perego..... XX, 490 pgs. y un mapa de Tierra Firme.
Los tres primeros tomos están pues dedicados al Orinoco: geografía,
botánica, zoología y meteorología. Estudia al indio con sagacidad
sicológica, describe su fisonomía física y moral. Da preciosos
datos sobre la misión evangelizadora y se nos presenta como un
notable filólogo. En este último campo, merece las alabanzas del
doctor Ludovico Schlozer, profesor de filología en Cotinga y del
Padre Hervás y Panduro quien lo sigue fielmente en su Catálogo de
las Lenguas.
El tomo cuarto está dedicado a la Tierra Firme, es por consiguiente
el más interesante para nosotros y de ahí que hayamos empezado por
él la traducción del Padre Gilij. En él estudia la historia
natural, eli estado civil y eclesiástico de la Tierra Firme, sin
olvidar su estado cultural, y termina con un apéndice en que se
tratan cuidadosamente la historia y geografía de las provincias de
Cumaná, Caracas, Maracaibo, Santa Marta, Cartagena, Chocó,
Mariquita, Neiva, Antioquia. Popayán, Girón, Tunja, Santafé, los
Llanos de San Juan y Santiago de las Atalayas.
El Padre Gilij murió en Roma el 10 de marzo de 1789. Era de salud
delicada, corto de vista, de un celo infatigable, de un gran
talento metódico, observador perspicaz, ponderado en sus juicios,
tenaz en el estudio de las lenguas indígenas, de gran penetración
sicológica y sociológica.
En su Historia anuncia dos obras que quizás nunca fueron
publicadas: las «Anécdotas Americanas» y la «Antigua religión de
los americanos». Sabemos que tradujo al italiano y publicó sin
nombre la Novena de San Francisco Javier del Padre Francisco García
S. J., y que dejó gramáticas y diccionarios de las lenguas de los
Maipures y Tamanacos.
La obra del Padre Gilij fué recibida con elogios por los
científicos europeos. El Nuovo Giornale de 'Letterati d' Italia
publicado en Módena en 1786, le dedica varias páginas de
comentario. Comienza diciendo: «Las historias y descripciones de
América que hemos tenido hasta ahora, son en su mayor parte obras o
de viajeros que tocando las costas y bajando a descansar por un
tiempo en algunas de las más populosas ciudades, se jactan con esto
de haber conocido suficientemente la América, o de escritores que
permaneciendo en Europa muy tranquilos en su escritorio, investigan
las cuestiones de América en los relatos de aquellos viajeros».
Luégo dice cómo por las revoluciones de América, tanto los
naturales como los extranjeros, han venido a Italia y allí, sin
otra ocupación, se han dedicado a escribir. Así Clavigero, Molina y
el autor que nos ocupa. Después de anotar la larga permanencia del
Padre Gilij en el Orinoco, su espíritu misionero, su atentísima
observación del estado físico, moral y político de aquellos
pueblos, el conocimiento de las lenguas indígenas, añade que los
que escriben sobre América, o son panegiristas que exaltan la idea
de la felicidad humana en el estado salvaje, o detractores de la
«brutalidad y estupidez» de esos infelices pueblos. En cambio Gilij
habla sinceramente de lo bueno y de lo malo con imparcialidad que
le da pleno crédito. «Nos parece, dice el comentario, que resume en
sí todas aquellas cualidades que se requieren. en un historiador».
Alaba su estilo fácil y culto y la manera agradable de tratar los
temas sin fastidio para el lector. Hace en seguida un resumen muy
completo de la obra, y de paso se maravilla de que en la zona
tórrida haya regiones no solamente templadas sino frías. Termina
diciendo: «Estamos seguros de que cualquiera que la lea
atentamente, estará de acuerdo con el juicio favorable que de ella
hemos dado, y confesará que la geografía y la historia deben mucho
a los trabajos, diligencia y exactitud del P. Gilij, que nos ha
dado a conocer tan bien una parte tan considerable de América, que
era quizás la menos conocida».
Las Efemeridi Letterarie di Roma de aquella misma época, no fueron
menos elogiosas para con nuestro autor. Empiezan por anotar la
oportunidad del libro, ya que las guerras actuales hacen hablar
mucho de América. Alaban el celo del autor, que después de sus
fatigas apostólicas en la siembra del Evangelio, no pudo emplear
mejor sus ocios que en escribir para Italia aquello que es más
digno de saberse sobre los pueblos que el autor visitó tan
diligentemente. Hace también un resumen muy completo de la obra,
capítulo por capítulo, y termina con estas palabras: «Deseamos que
esta obra instructiva por su argumento, y cosa rara en las
relaciones de viajes, escrita con primores de estilo y abundancia
de erudición, llegue pronto a su término». En forma semejante fue
presentando los otros volúmenes.
L'Esprit des Journaux de Paris en 1781, se ocupó también
extensamente del «Ensayo de Historia Americana».
«Solo un año había transcurrido desde la publicación de la obra,
dice el doctor Gabriel Giraldo Jaramillo en su, estudio sobre el
Padre Gilij, cuando ya otro ex-jesuita y ex-misionero, el Padre
Francisco Javier Veigl (1723-1798) debía darle universalidad al
trabajo de su colega con la traducción al alemán de toda la parte
lingüística contenida en el tomo III; esta traducción fue publicada
con el título Noticias sobre las lenguas de los pueblos del Orinoco
. . . En el mismo año de 1785 aparece un extracto del Saggo en la
obra de Matías Cristian Sprengel sobre la Guayana y el río Orinoco
publicada en Hamburgo. El Padre Blaise Miner, jesuita y misionero
que vivió largos años en Méjico, contemporáneo del Padre Gilij,
dejó entre sus numerosos escritos inéditos un «Extracto de la
historia del Orinoco por el P. Fel. Salv. Gilij».
|
(5)
Numerosos diccionarios recogen los datos biográficos de nuestro
autor. En la «Biografia universale antica e moderna», impresa en
Venecia en 1825, se encuentra una corta biografía del P. Gilij y un
extenso resumen del contenido de cada uno de los volúmenes de su
Historia. Se refiere especialmente al nacimiento del río Orinoco y
a los puntos en que difiere de su compañero Gumilla. Luego dice:
«Es una lástima que Gilij no hubiera tenido suficientes
conocimientos de historia natural para haber sacado partido de la
abundante cosecha que se le ofrecía, y que frecuentemente su
excesiva credulidad le haya hecho decir cosas poco sensatas. Sería
de desear que hubiera mostrado más espíritu crítico en cuanto a las
lenguas de los indígenas . . . A pesar de estos defectos, la obra
de Gilij tuvo gran importancia, pues era la única que se podía
consultar antes de que Humboldt publicara el fruto de sus
observaciones sobre esas mismas regiones. Es raro que autores, que
han escrito sobre esos países no la hayan citado; Sprengel publicó
un resumen de ella en alemán. Todo el tercer libro del tomo III fue
traducido al alemán y anotado por el P. Francisco Javier Veigl, ex-
Jesuita que había viajado también por aquellas regiones».
Como lo anota la «Biografia Universale», es curioso que la obra del
Padre Gilij, que tuvo gran resonancia en su época, hubiera sido tan
poco utilizada después y no hubiera sido traducida al español como
la del P. Molina, y aún más, que ya en el siglo pasado fuera una
verdadera curiosidad bibliográfica. Corresponde al Padre José Abel
Salazar, agustino recoleto, el mérito de haber despertado el
interés en nuestros días por el desconocido autor que viene a
colmar un Vacío en nuestros Cronistas del siglo XVIII,
|
(6)
Posteriormente, el
doctor Gabriel Giraldo Jaramillo publicó en el Boletín de Historia
y antigüedades un interesante trabajo con el título de «Notas
bio-biblográficas sobre el Padre F. S. Gilij y su Saggio di Storia
Americana», al que nos referimos anteriormente.
Habiendo llegado a mis manos, por una feliz casualidad, un ejemplar
de esta rara obra, concebí desde el principio la idea de traducirla
al español. La índole misma de la obra, el estilo peculiar del
autor y la dificultad de todos conocida de verter a otro idioma el
pensamiento de un autor extranjero, me movió a buscar, la
colaboración de un experto en esta materia. Y quiso mi buena suerte
que la encontrara en el Profesor Carlo Bruscantini, director
entonces del Instituto Colombo-Italiano de Bogotá, quien con amor y
constancia colaboró asiduamente en esta traducción que hoy presento
como un homenaje de gratitud a la Academia Colombiana de
Historia.
Antes de terminar, unas pocas palabras sobre las cualidades del
«Ensayo de Historia Americana». El Padre Salazar, en el estudio ya
citado, las resume en cuatro: veracidad, seriedad, justicia y
método.
En repetidas ocasiones afirma el autor que se ha propuesto decir la
verdad, que no escribe por espíritu de partido, ni con envidia u
ojeriza contra nadie. «Yo siento las cosas como las escribo, no
quemándome en Europa las pestañas sobre una mesilla, sino después
de haber visto a los americanos con mis propios ojos y de haberlos
escuchado con mis propios oídos durante casi veinticinco años».
(Tomo II, pg. XI)
Diligente y serio en la investigación, confiesa que ha observado
todo con el mayor cuidado, que ha sido testigo ocular y verdadero,
y que ha recurrido a sus ojos, a sus oídos y a las relaciones
fidedignas de terceros. (Tomo IV. pg. IV)
No se deja llevar por las pasiones y prejuicios tan comunes en
otros historiadores, como lo afirma en el Prefacio que vamos a
leer.
Acostumbrado a la disciplina de las aulas, expone la materia con
método y amenidad. En muchas ocasiones nos da la sensación del
maestro que discurre delante de un atento auditorio. Para hacer más
viva la exposición, intercala episodios graciosísimos, que tienen
todo el sabor de la más fina picaresca española, como aquel del mal
de corazón que nos relata al hablar de las enfermedades peculiares
de Tierra Firme. Es de lamentar que haya desaparecido su anunciado
libro «Anécdotas Americanas», pues hubiera sido realmente una
lectura deliciosa, que nos hubiera puesto delante una nueva
cualidad del insigne historiador.
En general, la obra no tiene un carácter polémico. Sin embargo,
cuando es necesario rectifica a los autores que escribieron antes
que él, si se apartan de la verdad. No oculta muchas veces su
inconformidad con ciertas afirmaciones de Gumilla, de quien habla
siempre con grande estima. «En varios puntos en que somos de
contrario parecer, ni siquiera le nombro; en otras ocasiones lo
cito, pero con aquella estima a que es altamente acreedor. No me
ajusto de manera servil a sus apreciaciones, sino que las pondero e
ilustro, como fue su querer y en repetidas ocasiones me lo
encargó». (Tomo I, pg. XXVI)
En cambio, arremete con todas las fuerzas de su poderosa dialéctica
contra el Padre Molina, por sentirse aludido en su Sággio sulla
Storia Naturale del Chili, al tratar del tamaño de los animales
americanos. Se queja de que no lo hubiera citado con su nombre,
sino simplemente «un moderno rispettabile autore», privando así a
los lectores de poder juzgar con pleno conocimiento de causa. (Tomo
IV, parte IV, cap. I.) Es de advertir que en la segunda edición
impresa en Bolonia en 1810, el Padre Molina suprimió el párrafo que
tanto mortificó al Padre Gilij.
Antonello Gerbi en su libro «Viejas Polémicas sobre el Nuevo
Mundo», juzga sin razón que el mencionado pasaje de Molina se
refiere a Buffon.
|
(7)
Procuramos hacer una traducción literal, dejándole cierto sabor
arcaico en los giros que cuadra mejor en nuestro concepto con el
género de la obra, el idioma y la época en que fue escrita. La
circunstancia de que el P. Gilij hubiera vivido tan largo tiempo
entre nosotros hace que muchas veces la frase italiana se resienta
de españolismo, cuando no la construye con las modalidades propias
de los clásicos latinos, que conocía muy bien el autor.
Para esta Introducción, fuera de las obras citadas, me han prestado
un valioso servicio las investigaciones del joven presbítero
Gustavo Pérez Ramírez, en la actualidad residente en Roma. Para las
notas biográficas que he puesto al Prefacio del autor, ha utilizado
el interesante trabajo del Padre Juan Manuel Pacheco S. J. «Los
Jesuitas en el Nuevo Reino de Granada, expulsados en 1767»,
publicado en el tomo tercero de «Ecleslastica Xaveriana».
MARIO GERMAN ROMERO
NOTAS
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(1)
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Historia del Reino de Quito en la América Meridional. Tomo I.
pg. 7 (Empresa Editora El Comercios, Quito. 1946)
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(2)
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Obras completas de San Ignacio de Loyola. (Biblioteca de
Autores Cristianos Pg. 855)
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(3)
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Publicazioni del Civico Istituto Colombiano. Genova. Estratto
dal Volume 2 di «Studi Colombiani».
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(4)
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Cuervo, Documentos Ineditos. III
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(5)
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Notas bio-bibliogréficas sobre el Padre F. S. Gilij y su Saggio
di Storia Americana (B. H. A. Vol. XXXVIII, pgs. 696 s s.)
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(6)
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El Padre Gilij y su Ensayo de Historia Americanas. Madrid.
1947
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(7)
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Tercera Edición. Banco de Crédito del Perú. Lima. 1946, pg.
135.
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