Continuación
Raramente la coexistencia de lo viejo y lo nuevo se hace en
ocasión alguna tan patente como en el viaje desde la costa al
interior de Colombia y hasta la altiplanicie de Bogotá . En tanto
que, arriba, el avión cruza rápido sobre los caliginosos bosques,
cubriendo en pocas horas el recorrido, abajo, el vapor sigue
dibujando, pausado yjadeante, las innumerables vueltas y revueltas
del río. Y hoy día, al igual que hace cuarenta años, puede suceder
que un traicionero banco de arena interrumpa el viaje por varios
días. Según los medios del viajero, son, pues, diferentes la
especie y duración del desplazamiento al interior del país. Por
ello se justifica presentar por separado las diversas posibilidades
de viaje, porque, en efecto, apenas hay persona que
llegue a Bogotá en igual tiempo o de la misma forma que otro
cualquier viajero.
El viaje por el río. —La navegación por el Magdalena sigue
efectuándose todavía por una considerable flota de vapores de
escaso calado, provistos de una gran rueda depalasy que sólo en las
proporciones d!fieren del tipo tradicional. Vapores mayores, con
una capacidad de hasta 400 toneladas, navegan por el bajo Magdalena
desde Barranquilla a la Dorada (783 kilómetros), lugar de embarque
más abajo de los Chorros. Los barcos más pequeños, que, aparte
ciertos detalles, se parecen todavía al viejo “Antioquia
“, suben por el alto Magdalena desde Arrancaplumas, más arriba
de Honda, o desde Beltrán, hasta Girardot (unos 100 kilómetros), y
pueden transportar hasta 120 toneladas de carga. Los vapores para
el tráfico de pasajeros pertenecen a varias sociedades privadas,
entre las que citaremos la Colombia Railways & Navigation
Co. Ltd., así como la Compañía Antioqueña de Transportes y la
Naviera. El Gobierno tiene por el bajo Magdalena líneas de vapores
correo especiales, y también algunas lanchas cañoneras para el
mantenimiento del orden público. Los vapores correo, que se hallan
liberados del transporte de mercancías y que, por lo tanto, pueden
efectuar la travesía en el tiempo más breve, están considerados en
la actualidad como el mejor medio de comunicación para el viaje
fluvial, por razón de su rapidez y limpieza y pese al superior
precio del pasaje. Todavía, en su mayor parte, utilizan los
vapores la combustión por leña, que, recogida por los habitantes
ribereños, se apila en determinados puntos de embarque. Pero
después de que la Tropical Oil Co. ha instalado tanques a lo largo
del río, todos los vapores modernos están acondicionados para la
combustión por petróleo, lo que para el viajero se refleja en una
mayor comodidad y en un nuevo ahorro de tiempo.
Hoy día existe aún la diferencia entre el buque que se detiene
en todos los habituales puntos de parada, y el buque rápido, que
hace menos escalas y se mueve sin servirse de las dos lanchas
remolcadoras laterales, así que es ventajoso esperar en
Barranquilla la partida del “expreso” en vez de confiarse
al primer “ordinario” que salga. La instalación de los
vapores, naturalmente, ha hecho ciertos progresos: luz eléctrica,
baños, dispositivos de ventilación, camarotes con ventanas
protegidas contra los mosquitos por medio de tela metálica. En
cambio, persiste el uso de que el viajero aporte su propia ropa de
cama; y en lo tocante a la limpieza del servicio y a la calidad de
los alimentos, las opiniones, con razón, se hallan divididas.
El que desee contemplar de cerca la vida y movimiento del
Magdalena, debería preferir el pintoresco viaje fluvial. El
observador se dará cuenta, con asombro, de lo poco que han variado
en general las circunstancias. Ciertamente, los puntos de embarque
de Calamar, Mompós y El Banco deben depresentar ahora un tráfico
mas intenso, pero mayor interés reclama Gamarra (Puerto Nacional),
desde donde partirá un funicular aéreo, ahora en construcción,
hasta Ocaña, en la Cordillera Oriental. Elfunicular servirá para el
transporte de pasajeros y carga. Y hay el proyecto de prolongar
pronto la instalación sobre la cordillera hasta Cúcuta, con elfin
de que el Departamento de Santander del Norte, que ahora debe
enviar sus productos a través de territorio Venezolano por el Golfo
de Maracaibo, pueda establecer contacto con la red colombiana de
comunicaciones. El Gobierno impulsa esta empresa, también por
razones de índole militar, para garantizar el enlace entre las
diferentes regiones del país.
Lo mismo que el Departamento de Santander del Norte, Santander
del Sur, con su capital, Bucaramanga (1.020 metros),
reclama imperiosamente una mejor comunicación con el Magdalena. Por
eso se reanudaron en 1922 los trabajos, comenzados hace cuarenta
años y paralizados luego en la selva virgen, delferrocarril de
Puerto Wilches hacia el interior. Pero esteplanparece hallarse en
desgracia, pues, pese a la inversión de más de 10 millones de pesos
oro, la línea sólo ha progresado unos 60 kilómetros por el valle
del Magdalena, bastante llano, hasta el río Lebrija por Puerto
Santos, habiéndose comenzado sólo ahora la subida hacia el macizo
montañoso de Bucaramanga. El dinero gastado no está, de ningún
modo, en relación con el trabajo realizado hasta la fecha.
Al tercero o cuarto día, el viajero queda prendado de la
factoría norteamericana de Barranca—Bermeja, donde formidables
instalaciones de depósito reciben el petróleo obtenido más hacia el
interior. En Barranca-Bermeja se han explotado por primera vez en
gran escala las riquezas petroliferas de Colombia, al parecer muy
importantes, y de aquí parte también un conducto (pipe-line) de más
de 600 kilómetros hasta el puerto de Cartagena, lo que permite
proveer directamente de petróleo crudo a los vapores de altura.
Barranca-Bermeja, sin embargo, proporciona también la convicción de
que no son sólo beneficios lo que la posesión de petróleo acarrea a
un país. Apenas si en Colombia existe otra región en que las luchas
económicas revistan caracteres tan agudos y amenazadores como alli
donde, por lo demás, hace sus primeros ensayos de poder el partido
socialista-comunista, que acaba de surgir en el país. Por otra
parte hay que admitir que en Barranca-Bermeja, de modo parecido a
la Zona del Canal de Panamá, los norteamericanos han establecido
colonias ejemplares por su construcción y su limpieza. Los
funcionarios habitan en lindos bungalows, y también los obreros
auxiliares indígenas disfrutan de satisfactorias condiciones en
cuanto a viviendas y hospitales.
A un día de viaje aguas arriba se halla Puerto Berrío, donde
conecta con el río Magdalena todo el tráfico procedente de la
activa provincia de Antioquia. DePueto Berrío parte el Ferrocarril
de Antioquia, que, pasando por Cisneros y la Quiebra, lleva a
Medellín, en importancia la segunda ciudad de Colombia. La Quiebra
es una alta y abrupta cresta montañosa, que, levantándose en rápida
subida, interrumpe la vía a mitad de su recorrido y determina que
mercancías y viajeros hayan de ser transportados por la carretera
de montaña a ese efecto construida y que se caracteriza por sus muy
numerosas curvas. El transporte se hace con mulas, caballos o
automóviles. Una compañía constructora canadiense trabaja ahora en
la excavación de un túnel a través de la Quiebra, empresa cuyas
dificultades técnicas fueron presentadas durante años —con
determinada intención, por supuesto- como extraordinariamente
grandes. Cuando toda una comarca vive del tráfico por un paso de
montaña, no puede esperarse allí un gran entusiasmo por la
construcción del túnel. Puerto Berrío fue arrasado totalmente por
un incendio el año 1927, y al reconstruirlo se ha convertido en una
población limpia y sana; nadie reconocería hoy el célebre foco de
fiebres que constituyó antaño. Un buen hotel edificado sobre una
pequeña altura da aquí testimonio del conocido espíritu emprendedor
de los antioqueños.
Después de Puerto Berrío siguen horas y días, de navegación sin
que apenas una plantación o un poblado interrumpa la zona de selva
virgen que bordea el río. Allí donde finalmente las montañas se van
aproximando, y donde las peñas comprimen el curso de las aguas,
termina ante los saltos de Honda la travesía por el bajo Magdalena.
Una línea férrea ha esquivado los anteriores riesgos de los bancos
de rocas, pues el tren lleva ahora desde la Dorada, a lo largo de
los altos y por delante de Honda, hasta Beltrán, donde comienza la
navegación por el alto Magdalena. El viaje de vanas horas en tren,
en medio del calor abrasador del valle de Honda, es temido por
todos, pero no lo es menos la travesía en vapor, peligrosa aunque
romántica, que constituyen los 100 kilómetros de Beltrán a Gira
rdot. Nadie comprende tampoco por qué el ferrocarril de Bogotá al
Magdalena, al fin ya construido, no tuvo como terminal a Honda o
algún otro lugar más al Norte. Por supuesto, Gira rdot es un
importante mercado y punto central de una de las grandes zonas
cafeteras, más, para enlace entre la costa y Bogotá, se encuentra
demasiado al Sur. Las razones de habérsele elegido como punto de
transbordo para el tráfico hacia la Sabana apenas sí podrían
explicarse del todo.
El alto Magdalena, con su impetuosa corriente y su variable
nivel, se encuentra tan lleno de dificultades que la navegación
separaliza, a menudo, durante semanas enteras, con lo que se
originan enormes pérdidas al comercio, y se acaba por maldecirla
elección de esa vía de tráfico. Verdadero remedio sería solamente
una carretera o un ferrocarril que hiciera innecesaria la
navegación por el alto Magdalena. Estas esperanzas no las colma
todavía, desgraciadamente, una carretera que se ha construido desde
Facatativá, en el límite de la Sabana hasta Cambao, en el alto
Magdalena, toda vez que esa vía se acába de pronto al llegar al
río, y sin puente alguno. Pero pronto se la piensa prolongar hasta
Honda a lo largo de la orilla derecha.
De un tiempo a esta parte se ha ido creando la costumbre de
evitar el viaje en vapor por el alto Magdalena, y así se toma un
coche de alquiler que le lleva a uno desde Beltrán hasta la pequeña
ciudad de Ibagué (1.250 m.), en la falda de la Cordillera
Central. Si se llega en tren a Beltrán hacia el mediodía, a la
noche se debería de estar ya en Ibagué. Desde aquí se va a Girardot
en el ferrocarril del Tolima; el viaje dura medio díayse
tiene ocasión de contemplar muy bellos paisajes.
El viejo camino que sube de Honda a la Sabana pasando por
Guaduas y Villeta, adquiere excepcionalmente una redoblada
importancia cuando se trata de llevar rápidamente a Bogotá, sin
reparar en costos, artículos valiosos e imprescindibles, y al no
poder realizarse el transporte por Girardot a causa de la
acumulación de mercancías, dificultad que allí es crónica, o por
motivo del inconveniente nivel de las aguas en el alto
Magdalena.
El viaje en avión. Lo que hoy nos parece algo casi obvio, era
cosa que hace todavía pocos años resultaba una
temeridad: la utilización del aeroplano para superar
todas las dificultades y molestias en un viaje fluvial desde la
costa al interior. La magnitud de esas d!ficultades, que se estaba
acostumbrando a aceptar como cosa inmodificable, puede explicar,
sin duda, por qué el tráfico aéreo tropezó al principio con serios
reparos. Y sin embargo, hubo de reconocerse que el avión era
superior a los demás medios de comunicación precisamente allí donde
faltan carreteras y ferrocarriles, siendo necesario además salvar
largas distancias. Tanto más es, pues, de valorar como un alto
hecho cultural el que algunas destacadas personalidades de la
colonia alemana en Colombia, y en primer lugar el explorador y
geógrafo austriaco doctor P. von Bauer, hicieran suya en Bogotá, y
en fecha muy temprana, la idea de poner el avión, con carácter
regular, al servicio del desarrollo económico de Colombia. Así fue
fundada en 1920 la “Sociedad Colombo-Alemana de Transportes
Aéreos” (en abreviatura, según las iniciales,
“Scadta") que quiso realizar como sociedad privada lo
que ahora los colombianos reivindican como un logro nacional.
La audacia de tal empresa es tanto más notable cuanto que
entonces no se contaba con experiencia sobre las condiciones
atmosféricas en las regiones tropicales, teniendo que adaptarse los
aviones poco a poco a las especiales circunstancias de Colombia.
Desde un principio, los fundadores entendieron que ante todo habían
de crear confianza en el nuevo medio de transporte y ganar de este
modo al público. Por ello establecieron como directiva máxima la
seguridad y garantía en el servicio de vuelos, listos principios,
sin duda, eran decisivos desde el momento mismo de elegir el tipo
de los aparatos, pues en una zona fluvial apenas habitada, y
cubierta en su mayor parte por selva virgen, sólo los hidroplanos
podrían descender con seguridad en todos los casos sobre el
Magdalena. Sin embargo, la “Scadta” hubo de renunciar a
la comunicación aérea directa entre la costa y Bogotá, debido a que
en la Sabana faltan las adecuadas extensiones de agua. Pero los
pasajeros, en cambio, se libran así de las imprevisibles corrientes
de aire que se soportan al subir de la depresión tropical a la fría
altiplanicie. Por razones de seguridad, la compañía ha elegido,
pues, el Magdalena como eje de su red de tráfico, estableciendo en
principio una línea que sigue el curso del río desde Barranquilla a
Girardot, y más al Sur hasta Neiva. Partiendo de esta línea
central, se enlaza en la costa con líneas secundarias de
hidroaviones a Cartagena y Santa Marta. Más arriba, una sociedad
aparte, “Cosada “, establece la comunicación entre Puerto
Wilchesy la región montañosa de Bucaramanga, mientras que Medellín
y Bogotá se alcanzan desde Puerto Berrío y desde Girardot,
respectivamente, con el ordinario y breve viaje en ferrocarril.
Esta red de tráfico de la “Scadta” se mantuvo invariable
durante los primeros años,
pero pronto empezó a producirse un inesperado desarrollo en
cuanto a la frecuencia del servicio. En seis años se ha
centuplicado el número de los kilómetros de vuelo (en 1920, 4.325
kilómetros, y en 1926, 486.337) y desde entonces ha seguido
aumentando. En lugar de los vuelos semanales, lo usual al
principio, hoy apenas se da abasto con un vuelo diario. Pero
todavía más asombroso es el desarrollo del servicio postal aéreo.
Por medio de la “Scadta”el correo es llevado en brevísimo
tiempo desde la costa al interior, de modo que el tiempo de
recorrido de las cartas de Europa con destino a Bogotá se ha
reducido ya a tres semanas. Las ventajas de este ahorro de tiempo
son tan evidentes, que el mundo de los negocios se sirve de
continuo de las comunicaciones aeropostales. Al lado de esto hay
que anotar que existe un departamento científico de la
“Scadta” para la medición topográfica, proporcionando
tomasfotogramétricas para trabajos cartográficos sobre zonas
fronterizas inaccesibles, concesiones petroleras,
etc.
Ultimamente, la “Sociedad Colombo-Alemana de Transportes
Aéreos” ha ampliado mucho su campo de acción, y aún así no se
han agotado las posibilidades de su tarea de avanzada. Tras audaces
vuelos de pruebas sobre la Cordillera Central, se estudió un
posible enlace del Atlántico y el Pacífico, y en 1927se inauguró,
con el nombre de “Servicio interoceánico"; la línea
regular entre Barranquilla y el puerto de Buenaventura. Con ello,
en este último punto obtuvo conexión con el tráfico aéreo el fértil
y pujante Valle del Cauca (con su capital comercial, Cali). Después
de breve pausa, se produjo otro avance hacia el Sur: la ampliación
de la línea citada, a través de Tumaco y algunas etapas
intermedias, hasta Guayaquil puerto de acceso al Ecuador; como
consecuencia natural, ahora se ha convertido ya en un hecho la
comunicación aérea con el Perú . Hace poco, los norteamericanos
hanconcedido permiso para el aterrizaje de aviones en la Zona del
Canal, concretamente en Cristóbal-Colón, de modo que en la
actualidad la “Scadta “sirve ya a las cuatro repúblicas,
Colombia, Ecuador, Panamá y Perú. Esta ampliación del radio de
actividades hizo parecer oportuno, por lo tocante al exterior, una
modificación del nombre de la compañía. En homenaje al común héroe
nacional de estas repúblicas, el Libertador Simón Bolívar, el nuevo
servicio fue bautizado como “Servicio Bolivariano de
Transportes Aéreos” e inaugurado solemnemente a principios
del año de 1929.
La compañía, declarada por el Gobierno empresa para el fomento
del bienestar público, ha dotado al país, realmente, del medio de
comunicación que inicialmente ayudara a superar las grandes
distancias y a olvidar por algún tiempo la escasez de carreteras
yferrocarriles. El avión, con sus amplias posibilidades de
desarrollo, sabrá conservar, sin duda, la ventaja que ya lleva por
delante, aunque en Colombia, con la progresiva mejora del país, se
lleguen a difundir más tarde los medios tradicionales de
transporte.
Cuando, viajando de la costa al interior, queda al fin cubierto
el largo recorrido fluvial o se acaba la travesía aérea y hemos
llegado ya a Gira rdot, cabe acariciar la grata esperanza de
arribar a Bogotá porferroca rril en viaje directo. La línea de
Girardot a la capital pasando por Facatativá, construida en
prindpio por una compañía inglesa, fue comprada luego por Colombia
y ahora funciona como servicio del Estado. El tren, en
recorridopintorescopor dilatados valles, nos conduce primero hasta
la estación climática de Juntas de Apulo, donde el Gobierno
mantiene un buen hotel. La línea sigue luego el curso del río
Apulo, monte arriba, para alcanzar después de unas horas, a 1.800
metros de altitud, La Esperanza, lugar de cura de aires. En la
temperatura de tierra templada buscan preferentemente su descanso
los bogotanos, ya sea en el buen hotel de La Esperanza o en sus
lindas y agradables casas de campo. Se recomienda intercalar en el
viaje un día de reposo en La Esperanza para adaptar paulatinamente
la actividad del corazón a la distinta presión atmosférica y tomar
nuevos alientos con la limpieza y excelentes atenciones de aquel
sitio. Aquí también convendría sustituir los vestidos tropicales
por la ropa de lana, para al día siguiente no llegar desprevenido a
Bogotá, que es lugar fresco, y, a menudo, frío.
El tren, después de un trayecto articulado en numerosas curvas
corona ya la altura de los montes que bordean la Sabana, a más de
2.700 metros; luego seprecipita hacia Facatativá y recorre los
últimos 40 kilómetros que median hasta la capital, atravesando en
línea recta la altiplanicie.
La impresión que, con su marcada unidad, produce hoy todavía
esta verde llanura en el viajero que asciende de la profundidad
tropical, no ha perdido nada de su original grandeza, y se
comprende bien al bogotano que no sabe encontrar en el mundo entero
nada comparable a la visión de su Sabana.