|
INDICE
|
|
LA SITUACIÓN ECONÓMICA DE COLOMBIA
|
Como se expone en los capítulos históricos de este libro, las
colonias de Suramérica no tuvieron bajo la dominación española
libertad política ni económica. Y después de alcanzada la
independencia, todas las fuerzas se concentraron durante decenios,
también en Colombia en la forma y perfeccionamiento del poder
público, en tanto que los problemas económicos quedaron las más de
las veces a merced del azar o de la eficacia de empresas
extranjeras. La falta de compresión existente en Colombia para las
tareas yfines económicos del país se hizo manifiesta no en ehúltimo
término en cuanto a su posición frente al exterior. Puede muy bien
afirmarse que hasta principios de nuestro siglo, e incluso hasta la
guerra mundial; Colombia vivió encerrada en sí misma —en
medida más o menos notoria- y no fue afectada por los acaecimientos
internacionales. De hecho, ninguno de los productos de este país
era tan imprescindible que el mundo necesitaraproveerse de ellos a
toda costa. Las altas finanzas, por su parte, tuvieron suficientes
zonas donde invertir su dinero, y ello con riesgos probablemente
menores y con las mismas perspectivas de beneficio. Todo esto,
favorecido ahora por diversas circunstancias, se ha cambiado
enormemente en los últimos años. De un lado, no dejó de producir
impresión el hecho de que Colombia no hubiera sufrido revolución
alguna desde 1903 y que desde esa fecha se hubiera ido amortizando
con la más pulcra exactitud la deuda pública. La general convicción
de la necesidad de la paz para alcanzar el bienestar propio, creó
en el país mismo la mejor base para elflorecimiento económico. Más
tarde, además, el afán de los Estados Unidos de desplegar una
actividad capitalista en Suramérica coincidió con la necesidad
colombiana de ampliar sus carreteras yferrocamies, y con el
descubrimiento de su riqueza petrolífera. Colombia, que además supo
conservar las antiguas relaciones con Europa, se destacó
súbitamente y de modo notable con los esfuerzos de las grandes
potencias dirigidos a Suramérica.
La siguiente ojeada a las cuestiones económicas de índole
interior y exterior que han de ser afrontadas por Colombia
pretende, no en último lugar, llevar a la convicción de la persona
que se halla al margen de estos problemas lo d!fícil que para un
país, valga la expresión, soiprendidoporeldesarrollo económico,
resulta dirigir debidamente la explotación de los tesoros de su
suelo y no ser víctima de la propia riqueza.
La exposición de la enmarañada historia económica de Colombia
entre los años 1884 y 1903 puede ser dejada aquí de lado, sin mayor
perjuicio, pues las incesantes luchas políticas paraliza ron toda
especie deprogresoy obstaculizaron en particular, la conversión en
suelo cultivable de grandes extensiones de terreno adecuadas para
la colonización. El acontecimiento de máxima importancia económica
sobreviene el año 1903, en que el general Reyes, terminada la
última revolución, puso fin a la economía del papel moneda
introducida como consecuencia de todo aquel desorden. Por cada 100
millones de pesos papel que se retiraron de la circulación,
invirtió Reyes tan sólo un millón de pesos oro. Esta medida era de
una dureza inexorable; hoy día no nos pareceya cosa fuera de lo
común, porque el apoyo a los valores monetarios en Europa después
de la guerra de 1914 a 1918 reclamó sacrificios de muy superior
cuantía. Pero entonces se tenía la impresión de que Colombia,
enteramente empobrecida y casi sin rentas públicas, no podría
restablecerse tan pronto de aquella forzada reforma monetaria. En
realidad, casi ningún estado comercial de Europa tomaba entonces en
serio la exportación a país tan poco conocido, cuya escasa
capacidad adquisitiva apenas permitía hacer compras y que sólo
lentamente se iba reponiendo de las heridas de las interminables
guerras civiles. Pero dentro de la misma Colombia se estaba
gestando entretanto una profunda transformación cuya importancia y
consecuencias económicas, al principio, no eran ni siquiera
calculables. Listos y emprendedores propietarios habían hecho
intentos de plantar café en los repliegues de la cordillera,
alcanzando en aquella tierra virgen rotundos éxitos. Colombia
empezó entonces con el cultivo de café en gran escala y puso así
las bases para un definitivo crecimiento económico. ¿Quién hubiera
sospechado entonces que Colombia iba a ocupar hoy después del
Brasil el primer puesto en la exportación cafetera y que llegaría a
ser el mayor productor del llamado café suave? El espléndido clima
propio de las faldas de las cordilleras, entre los 1.000 y 1.800
metros de altitud y con la rotación de las dos estaciones lluviosa
y seca, permite la obtención de dos cosechas al año. Bajo los
frondosos árboles que no pierden su follaje jamás, madura
lentamente un fruto de máxima finura, pues no tiene la aspereza del
café brasileño, que se cría en inmensos campos de superficie
ligeramente ondulada y sin arbolado ninguno. Por último la baratura
de la mano de obra permite aplicar al fruto, también durante la
cosecha un cuidadoso tratamiento. De este modo el café colombiano
ha logrado un buen nombre en el mercado mundial y está justamente
reconocido como uno de los mejores productos de este ubérrimo país.
Más dedos millones y medio de sacos, de 62 kilogramos y
medio,fueron exportados por Colombia el año 1928, y como las
plantas ya viejas no disminuyen en su rendimiento al tiempo que
surgen de continuo nuevas plantaciones, apenas es controlable toda
esta riqueza. Si el café puede mantener sus precios como en los
últimos años, las perspectivas siguen siendofavora bies. Pero si,
de modo semejante a lo acontecido con el azúcar empezara
súbitamente a perder valor, ello acarrearía mucha miseria a
Colombia. Por ello la preferencia de un producto de exportación
constituye siempre gran peligro para el desarrollo de todo un
país.
La situación económica de Colombia se había ido mejorando
paulatinamente en el curso de los años, pero al estallar la guerra
mundial, este país quedó también, de un golpe, aislado de toda
comunicación con las naciones de allende los mares. Las potencias
beligerantes necesitaban todos los buques disponibles para las
travesías de mayor importancia, de manera que Colombia, que no
tiene flota mercante propia, apenas recibía del exterior las
mercancías más imprescindibles, yya no podía exportar su café. Las
cosechas fueron almacenándose en el país, hasta que este riesgo fue
a convertirsefinalmente en una ventaja, pues, acabada la guerra,
todo el café alcanzó una demanda vertiginosa; el año 1919 señaló
ventas gigantescas a precios nunca vistos. La libre exportación dio
por resultado una balanza de pagos extraordinariamentefavorable, y
el dólar US.A., cuya cotización era de 1023/4 por ciento en
relación con el peso oro, descendió en enero de 1919 hasta e184.
Pero pronto habría de cambiarla situación. Los viajantes de
comercio llegados por entonces del exterior encontraron el pa ís
desprovisto de toda clase de mercancías, y, a pesar de los elevados
precios de la posguerra, no daban abasto con los pedidos. Se
evidenció que la industria colombiana se hallaba todavía en sus
comienzos, faltando allí las bases que permitieron a Argentina,
Brasily Chile lograr su independencia económica durante una guerra
que para Europa resultaba suicida. Los artículos comprados por
Colombia con afán verdaderamente insaciable, empezaron a afluir al
país y a ser rápidamente distribuidos por los diversos mercados,
donde se vendían con altos beneficios. Pero aquella enorme
abundancia de mercancías encontró tan desprevenidas a las
comunicaciones, que la época de sequía de principios del año 1920 y
el consecuente descenso de nivel en el Magdalena produjeron en los
puertos del litoral congestiones de tráfico imposibles de imaginar
por un comerciante europeo. Atestados muy pronto todos los
almacenes y depósitos, hasta las más valiosas mercancías hubieron
de quedar a la intemperie sin protección alguna, perdiéndose sumas
de millones. Al no recibir sus pedidos los respectivos compradores,
empezaron a incumplirse los pagos. Las cotizaciones de cambio
ascendían sin cesar y el dólar llegó a estar a 127 en octubre de
1920; había subido, pues, cuarenta y tres puntos en dieciocho
meses. En esos momentos estalló la crisis económica en todo el
mundo, arrastrando también a Colombia. Los precios del café bajaban
de forma continua. El comercio y el tráfico se hallaban enteramente
paralizadós y cundía por todas partes profunda desesperación. Mas
el comercio colombiano supo mantener en alto su honor y, en medio
de los mayores sacrificios, saldó los compromisos con el
extranjero. En aquellos años difíciles, las naciones exportadoras
de Europa tuvieron, de cierto, con Colombia pérdidas relativamente
muy escasas. Esa noble actitud dio, de otro lado, sus frutos,
sirviendo de base al actual crédito del país.
Cuando enjulio de 1923 hubo de suspender pagos uno de los bancos
más conocidos de Bogotá, el enérgico presidente Ospina dispuso una
moratoria general de cuatro días, con lo que ganó el tiempo
necesario para que la comisión de expertos norteamericanos en
finanzas, poco antes llamada por él, pudiera fundar el banco
nacional colombiano, Banco de la República. Esta nueva institución,
a la que se otorgó el derecho exclusivo a la emisión de billetes y
cuya primera reserva de oro fue traída en avión a Bogotá, intervino
sin demora en la situación. Ya a los seis meses el peso se hallaba
nuevamente a la par con el dólar; el país estaba salvado.
Al propio tiempo comenzaron a subir en el mercado mundial los
precios de los productos del suelo, y a la cabeza de todos ellos el
café. Esta posición de preferencia se explica principalmenteporel
hecho de que los Estados Unidos, a causa de la
‘prohibición”, pedían mucho más café que antes. Por ello
Colombia se rehizo con rapidez sotprendente de su conmoción
económica. La trascendente y grave consecuencia de ello fue, sin
embargo, que la suerte del país esté hoy indisolublemente ligada a
los precios del mercado mundial y que ya no sea posible a Colombia
dirigirporseparado su vida económica. Esta cuestión debería ser
mejor considerada por los políticos y economistas colombianos.
Pero, hasta ahora, los círculos influyentes de Colombia prestaron
su atención sobre todo a los aspectos gratos de estas relaciones
internacionales y trataron de obtenerde ello la posible utilidad.
En este sentido, y después de haber disminuido considerablemente
las antiguas deudas anteriores a la guerra, el Estado ha
comparecido recientemente como prestatario en el mercado de dinero
y—en el fondo, con íntima sorpresa de su parte- ha recibido,
solícitamente y no muy caros préstamos de Nueva York. En los
últimos tiempos se acudió de continuo a este sencillo medio de los
empréstitos del exterior al objeto de encarrilar debidamente un
desarrollo económico que, tomando al país con desenfrenado brío,
sacudía de su largo sueño a todas las fuerzas inactivas y exigía
abundantes cantidades de dinero. Si esta transfusión de sangre
efectuada desde el exterior servirá para robustecer suficientemente
a la economía de Colombia dándole fuerza para vivirporsí misma, es
cosa que se verá en años venideros. Démonos hoy por conformes con
describir este súbito proceso, al tiempo que indicamos sus
consecuencias.
Hace unos cinco años sonó en Colombia esta consigna. “Cread
para el país medios de comunicación y se abrirán posibilidades
ilimitadas”. Esta llamada sacó de su letargo a las fuerzas
latentes, pues hasta el indio analfabeto podía entender la
trascendencia del propósito. Lo que para un país como Colombia
había de significar semejante convicción, cuyo entusiasmo llegó al
pueblo todo, sólo pueden juzgarlo exactamente los que han conocido
la situación en los años de la anteguerra. Todavía en 1920 las
cosas se encontraban en condiciones bastante parecidas a las
descritas por el autor de El Dorado. En cuanto a vías férreas, sólo
se habían construido unos 700 kilómetros, repartidos en distintos
trechos no relacionados entre sí, y esto en un país treinta veces
mayor que Suiza. Un tercio de estas vías se hallaban en manos
inglesas, y sus ganancias limpias no constituían otra cosa que una
contribución pagada al extranjero. No había, por así decirlo,
ninguna ca rretera practicable para autos o camiones. De las
ciudades arrancaban en d(ferentes direcciones no más que principios
de caminos de, acaso, 5010 kilómetros de longitud; eso era todo. La
única excepción era la carretera del Norte, construida por el
eficaz y previsor general Reyes; esta vía arrancaba de Bogotá en
dirección norte y llevaba a Belén de Cerinza, pasando por Tunja; su
recorrido comprendía unos 250 kilómetros. La navegación por el
Magdalena constituía la única arteria de comunicación relativamente
organizada. Con un buen vapor y siendo alto el nivel del río, era
posible llegar en diez días desde la costa Atlántica hasta
Girardot.
Pero también ocurría a veces que, siendo malas las
circunstancias, durase el viaje treinta y aún más días. Acerca del
actual estado de la navegación fluvial proporciona más referencias
el capítulo “Por el Magdalena “.
Hasta hace diez años, el viajar era, pues, en Colombia, cosa
extremadamente molesta y pesada. Sendero y mula lo eran todo en la
mayor parte de los itinerarios. En tal situación vino a ocupar el
sillón presidencial, el 7 de agosto de 1922, Pedro Nel Ospina,
hombre que dedicaría toda su capacidad de trabajo al progreso
económico del país y a la ampliación de las comunicaciones. Había
conocido los Estados Unidos en calidad de joven ingeniero, y era el
primer Presidente de Colombia que después de la separación de
Panamá experimentaba una cierta simpatía hacia aquella nación. Hg/o
del presidente anterior Mariano Ospina, siguió siendo un fiel
secuaz del partido conservador, pero su ideas eran menos rígidas
que las defendidas por su padre. En breve tiempo se ganó Pedro Nel
la confianza del pa ís y la oposición liberal le dejó actuar sin
ofrecerle especial resistencia. Los cuatro años de su presidencia
pueden ya calificarse como los más afortunados que ha vivido
Colombia desde fines del pasado siglo. Con razón, Ospina quiso en
primer lugar poner orden en el presupuesto del Estado antes de
entrar a resolver los problemas de las comunicaciones. Y así hizo
venir a Colombia una comisión financiera norteamericana bajo la
dirección del profesor Kemmerer. Estos técnicos pudieron trabajar,
de un lado, sobre la firme base de los 25 millones de dólares que a
la sazón hacían efectivos los Estados Unidos en concepto de
indemnización por la anterior ocupación de la zona del Canal de
Panamá. De otro lado, las cámaras, bajo la impresión de haberse
superado la crisis, se inclinaron a aprobar las
innovacionesproyectadaspor la citada comisión ypor Ospina.
Se contaba, pues, con las condiciones previas para
realizar un trabajo provechoso, y la comisión se anotó un gran
éxito. Otras varias comisiones extranjeras llamadas más tarde por
Ospina en relación con asuntos de instrucción, aduanas, ejército,
teléfonos, policía y régimen penitenciario fueron,
desgraciadamente, menos afortunadas en su cometido, pues los
proyectos aportados no eran de la misma urgencia. Las más
trascendentes reformas de la Misión Kemmerer consisten, aparte de
otros proyectos, en la fundación del banco nacional emisor (Banco
de la República) y en la creación de un centro del tesoro con
carácter independiente (Controlaría de la Nación). A estas dos
instituciones hay que agradecer en gran parte el ingente desarrollo
de los últimos años.
Sería prolijo detallar aquí la ley sobre creación y fines del
banco nacional. Citemos únicamente que el banco se halla organizado
como sociedad privada y que sus acciones son de tres clases. A).
Acciones del Estado; B). Acciones suscritas por otros bancos, a
causa de lo cual hubieron de participar también las sucursales de
bancos extranjeros en Colombia, pues de lo contrario su esfera de
negocios habría resultado legalmente reducida; C). Acciones
adquiridas porpersonas privadas. De este modo se creó una gran
reserva de oro, garantizándose en forma legal el cobro de los
billetes de banco. La estabilidad de la moneda colombiana,
estabilidad conseguida por ese medio, manifiestó en plazo brevísimo
sus benéficos resultados, según indicamos anteriormente. Además la
Dirección del Banco de la República ha realizado desde entonces en
forma tan feliz el control del cambio extranjero, que en los
últimos años el peso oro se ha mantenido a la par con el dólar,
salvo insignificantes oscilaciones.
En estrecho contacto con el Banco de la República trabaja la
Contraloría, por cuando ésta se ocupa de conservar el equilibrio
entre los ingresos y los gastos. Sobre la base de los anteriores
estados de cuentas, se formula en cada caso el presupuesto,
contándose a lo sumo con el 10 por ciento de ingresos
suplementarios y no pudiendo superar el total de los gastos al de
los ingresos. Cuando e/presupuesto es aprobado por las cámaras, la
Controlaría tiene el deber de vigilar el cumplimiento y, en
especial, denegar todos los gastos que pasen de las sumas
previstas. En los últimos cinco años, gracias al favorable
desarrollo ecoflómico, los ingresos fueron regularmente mayores de
lo presupuestado, de manera que las cuentas públicas cerraron
siempre con superávit. Las provechosas consecuencias de estas
reformas son, sin duda, claras para quien conoce las peculiares
circunstancias de Suramérica. Los d!ferentes ministerios y otros
organismos oficiales son objeto de limitación en su libre
disponibilidad, con lo que el ciudadano contribuyente puede
otorgarsu confianza a la administración pública.
Junto a estas medidas para el saneamiento del presupuesto
nacional, se intervino también en la economía privada mediante la
promulgación de una ley bancaria extremamente severa, que podría
servir de ejemplo a algunos estados de Europa. La propia
Controlaría está facultada y obligada a efectuar regularmente un
control de la gestión de todos los bancos establecidos en el país.
Los bancos, porsu parte, deben presentar semestralmente para su
examen los correspondientes balances de negocios y publicarlos
seguidamente en los diarios. Asi la parte inculta de la población
comienza lentamente a tener confianza en los bancos y, porfin, usar
de la posibilidad que se le ofrece de hacer imposiciones de ahorro
con los correspondientes intereses a su favor. Hoy día la
estructura económica del país es ya sana, y ello se debe no en
último término a los proyectos de Kemmerer, cuyas reformas,
después de algunas mínimas mod!ficaciones, han dado
espléndidos resultados.
De los 25 millones de dólares que recibió Colombia de los
Estados Unidos como reparación por la pérdida de Panamá, el
Gobierno ingresó 5 millones en el Banco de la República,
obteniendo, como indicamos antes, un gran resultado. La mayor parte
de la indemnización, de acuerdo con las directivas del Presidente,
fue adjudicada al Ministerio de Obras Públicas. Pero, según
criterio general, los órganos legislativos cometieron en este punto
un lamentable error, pues en el ministerio tan
generosamentefavorecido faltaba un plan de envergadura para la
debida inversión de los fondos. En vez de aplicar sistemáticamente
aquellos millones en obras de pública utilidad, sin tener en cuenta
intereses personales o de partido ni tampoco aspiraciones demasiado
locales, se desparramó toda la riqueza; en vez de emprender uno
tras otro los diversos proyectos, se empezó a trabajar
simultáneamente en los lugares más distintos. Con casi pueril
impaciencia, cada departamento se apresuraba a reclamar su propio
ferrocarril, hasta que las autoridades, mareadasporta ntas
peticiones, terminaban por decir que sí a todos. Así se dilapidaron
dineros y energías, y al cabo de algunos años de enormes
dispendios, los resultados positivos son más bien escasos. Además,
eso poco que se hizo sirve por hoy tan sólo a necesidades
localmente limitadasi, y las diferentes partes del país se ven,
como antes, abandonadas a sus propios medios. Bogotá sigue sin
poder prolongar su ramal férreo hasta el caudaloso tramo inferior
del Magdalena. Cartagena está construyendo el Ferrocarril Central a
través de las fértiles llanuras del departamento de Bolívar, pero
todavía no ha podido establecer el enlace con el departamento de
Antioquia. Medellín quería extender su vía férrea en dirección
Oeste hasta el río Cauca, empalmar allí con el
ferrocarril del Pacifico; mas para eso habrán de transcurrir aún
muchos años de esforzados trabajos. Sólo Manizales concluyó
tenazmente su vía férrea, y en Cartago estableció el enlace con el
citado Ferrocarril del Pacífico, de modo que en determinados días
puede viajarse desde Manizales hasta Buenaventura, o sea hasta el
mar.
Las dificultades que se oponen en Colombia a la realización de
los proyectos de vías de comunicación, son de magnitud
extraordinaria. Contribuye a esto que el arrollador progreso
experimentado por el tráfico moderno en todo el mundo, ha
encontrado a Colombia en un estado que corresponde al Europa a
mediados del siglo XIX. El observador imparcial reconoce que el
clima y las condiciones del suelo dificultan, sin duda, en Colombia
al desarrollo del tráfico, pero que no por eso constituyen
obstáculos insuperables. Al colombiano, en cambio, le cuesta
liberarse de las realidades actuales, aunque también élse halla
convencido de la formidable capacidad de desarrollo y del gran
futuro de su país. Así ocurre, desgraciadamente, que los
ingenieros, al establecer el trazado de una línea férrea, no
siempre escojan el recorrido que técnica y económicamente sea el
mejor, debiendo atenerse a toda clase de circunstancias políticas y
llevar la vía de población en población, cosa que a menudo resulta
suma»wnte inadecuada. Muchas ciudades pequeñas y pueblos situados
en el campo podrían muy bien progresary crecersin necesidad de
hallarse precisamente enlazados a las principales vías de
comunicación. En cambio, una vía de recorrido más correcto podría
hacer accesibles en poco tiempo regiones favorablemente situadas
aunque todavía poco pobladas. Y entonces sería posible ofrecer
buenas tierras a la tan deseada inmigración de granjeros y colonos
de sanas características. Sin cuidarse de ello, los colombianos
siguen construyendo preferentemente hoy día pequeñas
vías de acceso que irradian en forma oblicua desde el Magdalena a
las ciudades; al hacerlo no piensan que los españoles, en su
tiempo, establecieron los poblados con puntos de vista de muy
distinta índole.
Necesaria es, ante todo, una “línea del Norte” en la
Cordillera Oriental, que enlace la Sabana de Bogotá con las
fértiles altiplanicies de Boyacá y baje luego a las ricas
depresiones de los departamentos de Santander del Sury del Norte,
para alcanzar el Océano Atlántico en un buen puerto, como Santa
Marta o más al Este. No se sabe todavía si este deseo de un enlace
directo de Bogotá con el mar lo realizará la “Línea del
Nordeste’ empresa acometida actualmente por Bélgica con
admirable eficacia y empuje. Bogotá tiene que comunicar también lo
más rápidamente posible, con el Océano Pacffico, máximo por cuanto
ese enlace transversal debe superar la Cordillera Central entre
Ibagué y Armenia. No existe la menor duda de que esas dos líneas
principales se podrían sostener por sí mismas o, al menos, pagar
los intereses del capital invertido.
En lugar de relegar a segundo término ante estas imprescindibles
vías de comunicación las demás exigencias deferrocariles, por todas
partes se empezaron obras de semejante género. El dinero recibido
del exterior en forma de empréstitos se ha gastado ya, sin que las
mínimas obras realizadas den para abonar los réditos
correspondientes. A esto se suma que todas las líneas hasta ahora
construidas son de vía estrecha y que ni en las curvas y subidas,
como tampoco en los puentes y túneles, se ha pensado en una
ulterior transición a la vía ancha (o normal). Si este cambio se
hace necesario un día, los actuales trazados tendrían que ser
modificados en su mayor parte. Ello tiene también capital
importancia en cuanto a los muy deficientes accesos a las
ciudades.
En Europa, la misma vía de ancho normal —la de mayor
rendimiento— apenas está en situación de competir con el
transporte por medio de camiones. ¿Cómo podrá lograrlo más tarde en
Colombia la simple vía estrecha, cuyos costos de construcción,
porotra parte, son allí incomparablemente más elevados a los de la
vía ancha en los países europeos? Pa rece, por desgracia, una
exageración, pero noporello es menos cierto, que en Colombia
existen líneas férreas en las que el kilómetro de vía estrecha ha
valido bastante más de un millón de francos suizos y que los gastos
del trazado y tendido han representado medio millón
aproximadamente. No obstante, los gastos de explotación de estas
líneas quedan pronto cubiertos, y ello apesarde que las ta rifas
para viajeros y mercancías no son especialmente altas en
comparación con lo usual en Europa. Pero en cuanto a rapidez y
comodidad, los trenes de allí son todavía bastante inferiores a los
nuestros. En muchos recorridos funcionan diariamente solo uno o dos
trenes de viajeros en cada dirección; tampoco el tráfico de
mercancías es muy grande. Las empresasferroviarias, portal motivo,
pueden mantener en límites reducidos sus gastos de personal y para
material rodante; mas, por otro lado, deberían dedicar mayor
atención a la amortización de las instalaciones. Existe además una
ley según la cual los departamentos y las sociedades privadas
reciben del Gobierno Nacional una aportación de 20.000 pesos
(100.000 francos suizos) por cada kilómetro de vía que se entrega
listo para el tráfico. Esta ley, realmente, ha fomentado mucho la
construcción de vías férreas y ha permitido también a los
departamentos pobres llevar a cabo grandes planes de tráfico de su
propio interés.
|