EL OCCIDENTE DE
COLOMBIA
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En el capítulo Revolución, relata nuestro padre cómo atravesó la
Cordillera Central por el viejo y pintoresco camino de Sa lento y
Toche. El año 1927 hice yo en gran soledad este camino, que hoy
apenas se utiliza, y me complací en su original hermosura. El
primer encuentro con la gente de Antioquia hizo alli,
evidentemente, sobre mi padre una duradera impresión, moviéndole a
emitir un juicio cuya profundidad y exactitud volvió a sorprenderme
en este nuevo viaje. Entonces la guerra civil le impidió visitar
más detenidamente el Estado de Antio quia y describirlo de igual
forma en El Dorado. Este involuntario vacío debe llenarse ahora con
una breve exposición del enorme desarrollo alcanzado por los
departamentos occidentales de Colombia.
La capital de Antioquia, Medellín, no sólo se halla en una
magnifica región, de benigno y agradable clima, sino que además
está lo suficientemente alejada de Bogotá para asegurar a toda la
provincia una fisonomía espiritual propia. El amoral trabajo y un
sano espíritu industrioso y emprendedor distinguen al antioqueño y
explican el rápido auge de esta raza, una raza fuerte, tanto en el
aspecto fisico como en el intelectualy moral. Se explica igualmente
la posición directiva queAntioquia ocupa entre los otros trece
departamentos. Si al antioqueño, también en contraste con el
bogotano, le faltan quizás la rápida facultad de compresión, el
humor y la facilidad expresiva, con tanta mayorpacienciay tesón se
esfuerza por entender y penetrar los problemas centrales de la
economía de su tierra. Se halla poseído de una conciencia del deber
en favor del común provecho, virtud poco desarrollada entre los
demás colombianos. Es cierto, sin embargo, que piensa sobre todo en
su patria chica. Su sentido cívico le inclina, por otra parte, a la
aceptación depuestos públicos honrosos y a prestar servicios a la
colectividad. De ello resulta también queMedellín se halla
administrada mejor que cualquiera otra ciudad de Colombia. El
abastecimiento de aguas, el alumbrado público, la extensa red de
calles, los amplios terrenos para ¡afería semanal de ganado, la red
telefónica; todas estas instalaciones son ejemplares en Medellín.
La beneficencia privada ha hecho surgir un gran hospital. La
Universidad hace visibles progresos, y la Escuela de Minas tiene
gran número de alumnos. Muchos de estos centros e instituciones
fueron creados en los últimos años y subrayan de nuevo el sentido
utilitario de los antioqueños.
El departamento de Antioquia debe su auge no sólo a un activo
estrato superior de su sociedad, sino principalmente a la energía
que alienta en las clases populares. El pueblo se presenta allí
mucho más independiente y más digno que en cualquier otra parte de
Colombia. El cuidado de la propia personalidad, ligado a un algo de
presunción, se manifiesta especialmente en el antioqueño en la
refinada atención que dedica a la casa y la hacienda. Así; en las
afueras de Medellín no se ven las feas cabañas, llenas de mugre,
que son tan frecuentes en los departamentos orientales. También las
pequeñas poblaciones rurales y las villas ypueblos tienen en
Antioquía la ventaja de la limpieza, y el extranjero que va de
viaje se encuentra allí bien instalado y atendido. Esto puede debe
rse a que elpropío antioqueño gusta de viajar y, por lo tanto, sabe
establecer comparaciones. Cada vez regresa a su tierra con nuevo
orgullo y con una cierta displicencia para con las otras
regiones del país. De este modo se aclaran también sus ideas
políticas federalistas cuando no les aco moda algún decreto del
Gobierno Nacional. A pesar de su indiscutible sentimiento
patriótico, el antioqueño es poco querido en el resto del país Las
demás provincias viven con una cierta preocupación de ser inundadas
por esta prolifica y laboriosa raza. El extranjero no tiene por qué
compartir semejantes temores y descubre espontáneamente en
Antioquía la estampa futura de una Colombia rica y en rápido y sano
desarrollo, pero en la que, como es de desear, no surja un
nacionalismo exagerado, que habría de acarrear desagradables
consecuencias.
Antioquia, ciertamente, es rica en minerales de todas clases y
posee una floreciente industria minera. La fecundidad del suelo,
con excepción de los valles que van hacia el Cauca, es, sin
embargo, menor que en el resto de Colombia. Para la población
campesina de Colombia resulta también válida la observación que es,
sin duda, aplicable en general a Europa, y según la cual, cuanto
más dura es la lucha con la gleba, con tanto mayor cariño se
vincula a ella el labrador. La energía, optimismo y vitalidad de
estos excelentes agricultores salta a la vista en lo prolífico de
la familia antioqueña. Es, pues, de lo más natural que la voluntad
de seryfigurar de estas clases de doce, quince y dieciocho hijos se
haga efectiva también en forma de colonización y que haya
emprendido su expansión por las tierras meridionales próxi mas. Así
se ha hecho cultivable y se ha poblado, en los últimos ochenta
años, el departamento de Caldas, con su capital Manizales. Una
experiencia casi incomprensible constituye para el europeo el
conocer todavía personalmente a los primeros colonizadores de las
tierras donde han surgido puja ntes poblaciones como Manizales,
Armenia y Pereira, que hoy día cuentan con miles de habitantes.
El departamento de Caldas, cuyo suelo es de una maravillosa
fertilidad, se acerca de continuo a constituir el centro de las
regiones cafeteras de Colombia. El caldense conoce bien, sin duda,
su procedencia antioqueña, pero, con un entusiasmo casi infantil,
sejacta de ser una nueva raza, y procura, en toda clase de asuntos,
eclipsar a sus hermanos mayores. En su gran mayoría, los de Caldas
son labradores y cultivadores de plantaciones y siguen siendo más
despreocupados en sus modales y más ahorrativos del tiempo que se
dedica a satisfacer las propias necesidades o a cumplir
obligaciones de orden social. Antioqueños y caldenses se distinguen
por su sentido de la vida familiary la alta estima en que la
tienen. La laxitud de vínculos tan extendida, por desgracia, en
Colombia, apenas se ve en estos dos departamentos. Disciplina y
orden reinan en las casas de estas gentes hospitalarias. Mas para
nuestra mentalidad resulta dificil poner de acuerdo su marcada
dependencia de la Iglesia y del clero con su trabajo depioneros
como libres colonos y cultivadores. Por desgracia, el ansia de este
pueblo por instruirse y progresar rápidamente abre con demasiada
facilidad sus puertas a los dudosos beneficios de la civilización
según modelo norteamericano. Pero los avances en materia de
enseñanza, en la construcción de caminos y ferrocarriles, en la
ganadería y en el cultivo del café, así como en la creación de una
pequeña propiedad raíz, fácilmente accesible a las más modestas
disponibilidades, aseguran a estas regiones una creciente
importancia. Encontramos aquí; por lo tantq, un bienenstar más
uniforme y una mayor capacidad adquisitiva que entre la población
de los departamentos de la Cordillera Oriental.
Si descendemos ahora por las laderas de la Cordillera Central
hasta el Valle del Cauca, que en Cartago se abre de pronto ante
nosotros en su máxima amplitud, nos encontramos con una
zona de cultivo de características muy distintas, pero igualmente
próspera. Allí se ven todavía fincas gigantescas de 500, 1.000 o
más hectáreas reunidas en una sola mano, y el latifundio imprime a
la región su fisonomía propia. A lo largo de la vía férrea del
Pacifico, la cual va desde el puerto de Buenaventura hasta Cali
pasando por la Cordillera Occidental, y que desde dicha capital
sigue el curso del Cauca hacia el Norte en una longitud de unos 200
kilómetros, se ha ido formando una serie de ciudades que, en punto
a actividad y bienestar, superan a todas las demás comarcas. Los
habitantes del campo ayudan en el cultivo de las grandes estancias
como trabajadores ocasionales; en las ciudades de Palmira, Buga,
Tuluá, Santander, Bugalagrande y otras se han formado pequeñas
empresas industriales que dan vida y ganancias a la región. El
cálido clima educa a los habitantes en el aseo, y el agua clara de
los ríos que se precipitan de las cordilleras hacia el Cauca
favorece su sano género de vida. Sí; desde la costa del Pacífico,
no hubieran llegado en gran número hasta estos bellos campos los
negros traídos antaño por los españoles, y si, a causa de la poco
feliz mezcla resultante no se hubiera producido un proletariado
reacio a la civilización, también el departamento del Valle se
mantendría a la altura del desarrollo de Antioquia y Caldas.
Pero, dadas las circunstancias actuales, con el tiempo apenas si
será posible evitar un conflicto de orden social con los
latifundistas, pues hoy día se hace sentir la falta de una
obediente y bien dispuesta mano de obra.
Más al Sur del país, desciende rápidamente el bienestar de la
población. Cierto que en Popayán, cap ital del departamento del
Cauca, hallamos de pronto un ilustre centro cultural, cultivador de
las tradiciones ycostumbres españolas. Esta vieja ciudad, sede
universitaria, sólo hace dos años se despertó a nueva
vida, cuando el Ferrocarril del Pacífico penetró hasta su
aislamiento. En mayor medida que en el Cauca, en las tierras altas
de Popayán se han opuesto los latifundistas a la creación y
desarrollo de ciudades, pueblos y pequeñas haciendas, de modo que
allí el comercio carece totalmente todavía de un hinterland con
capacidad de absorción. Cuanto más se avanza hacia el Sur, tanto
más, según parece, llama la atención la pobreza de los habitantes.
El departamento extremo, Nariño con capital en Pasto, todavía,
desgraciadamente no lo conozco. Como esta región del país no posee
una buena salida al mar, y como para llegar a ella hay que invertir
desde Popayán cinco fatigosos días de viaje, hoy se ha apoyado
económicamente, de un modo espontáneo, en la República del Ecuador.
Este fenómeno fue además especialmente favorecido por el vecino
meridional en virtud de un bien estudiado convenio de aduanas.
Viejos usos y costumbres, que se han conservado lo mismo entre
los indios pobres que entre las clases superiores de ascendencia
española, confieren a la apartada región de Nariño el encanto de lo
original e incontaminado. Pero la exploración de estas tierras no
es nada agradable, pues entre los poblados, muy lejanos unos de
otros,faltan alojamientos aseados, y además son inevitables los
molestos viajes en mula, que duran días enteros.
En el Noroeste de Colombia hay que citar todavía la Intendencia
del Chocó, una gran zona de bosques que, en virtud de su escasa
población, no ha sido elevada aún a la categoría de departamento y
que hasta hace poco carecía casi por completo de importancia en la
vida económica del país. Pero al encontrarse platino en la arena
del aluvión de los ríos de la Cordillera Occidental, esos
territorios adquirieron súbitamente un valor y resonancia
internacionales. Es interesante a este respecto que las
acumulaciones de escombros de las antiguas minas de oro han
justificado la sospecha de que los conquistadores españoles
encontraron ya platino, sin que, al parecer, concedieran atención a
aquel feo metal en bruto. En los ríos Atrato y San Juan, sociedades
mineras norteamericanas e inglesas inspeccionan ahora, con ayuda de
las máquinas excavadoras más modernas, el limo de aquellas
perezosas corrientes, obteniéndose platino en considerable
cantidad. Pero también los indígenas se dedican a este fructífero
trabajo, si bien lo hacen de modo muy primitivo. Los fornidos
negros, únicos capaces de soportar a la larga el clima cálido y
húmedo de aquellas regiones, se han convertido en buceadores de
sorprendente resistencia. Todo su equipo se reduce a unos grandes
platos de madera de forma aplanada, que, para bucear más
rápidamente, suelen lastrar con piedras. De cabeza se lanzan a las
profundas aguas, llenan los platos con barro del fondo y reaparecen
al cabo de un cierto espacio de tiempo, que a los que esperan en la
orilla parece infinitamente largo. Sonriendo, salen, pues, con su
botín a la superficie. A continuación criban cuidadosamente el
barro en busca de platino. Pese a que estos negros son a veces
repugnantes, no se puede regatear la admiración a su gran
habilidad. Semejante tarea, con su poco de deporte, agrada más al
negro que el trabajo continuado de la agricultura.
Es sabido que Colombia ha venido a ocupar con el platino, como
también con las esmeraldas, el lugar de Rusia, hoy todavía excluida
del mercado mundial. El año 1927 se exportaron casi tres millones y
medio de dólares de platino del Choco. La región, sin embargo,
obtiene escaso provecho de esa riqueza mineral. Los extranjeros que
se dedican a la extracción de platino se han asegurado ya hace años
ventajosas concesiones, y sólo pequeños impuestos van a parar al
Estado por concepto de esa exportación; igualmente escasa es la
importancia de los salarios de trabajo que quedan en el país. Si
bien los extranjeros se han defendido hasta cierto punto contra los
riesgos del clima mediante habitación sana, comida abundante y
vida prudente y arreglada, no puede decirse lo mismo, por
desgracia, en cuanto a la población indígena del Chocó. Esta región
está considerada, con motivo, como sumamente insana, y hasta el
paludismo se presenta allí bajo la forma más maligna. Por tal
motivo, los blancos se establecen muy a disgusto en esas tierras, y
sólo lo hacen a cambio de altas remuneraciones.
Nuestra consideración acerca del Chocó no debe darse por
concluida sin antes mencionar la esperanza que tienen los
colombianos de construir algún día a través de aquella región un
canal que establezca la comunicación entre el Océano Atlántico y el
Pacífico. Tanto el río Atrato como el San Juan, resultarían
navegables para vapores de altura, de tonelaje menor y mediano,
sólo con practicar dragados de escasa importancia. Entre el curso
superior de ambos ríos existe únicamente un pequeño trecho por
tierra, de unos 20 kilómetros y con pequeñas elevaciones, en el
cual debería abrzrse el cauce del canal, o bien proceder a
superarlo por medio de esclusas. A pesar de la ventaja de que los
trabajos de construcción no serían de demasiada envergadura, hay
que anotar la gran longitud (unos 600 kilómetros) de la travesía
entre los dos océanos, por lo cual se discute todavía el sentido
económico de la proyectada comunicación. En caso contrario, y dada
la reconocida buena disposición de Colombia, ya los ingleses
habrían dado pasos en serio con miras a crear una vía de enlace
propia hacia Australia y establecer un contrapeso al Canal de
Panamá. Pese a todo, el Chocó es una región del futuro, que, una
vez mejoradas las condiciones de salubridad, ha de proporcionar
todavía a la humanidad más de una sorpresa.
En líneas generales, el Occidente de Colombia se ha desarrollado
con mayor rapidez que la parte Central y el Oriente del país. La
cercanía del mar, con el ya hoy importante puerto de Buenaventura,
así como el acceso relativamente fácil al Valle del Cauca,
favorecen una intensa colonización. Esas tierras, además, si no
libres enteramente de fiebres, son en general sanas —dentro de
lo posible en los trópicos—; excepción a este respecto es el
Chocó y la costa del Pacífico, por lo demás casi deshabitada.
Las posibilidades de desarrollo del Occidente colombiano son
grandes, en virtud de las buenas condiciones que ofrece la
Naturaleza; las otras regiones del país, más difíciles de alcanzar
por el tráfico internacional, habrán de esforzarse mucho para
ponerse a la altura del avance aquí logrado.