Capitulo Octavo
De lo que suçedió estando el rrey de Françia preso en España, y
de la libertad del mesmo rrei françés
1, y del çerco puesto al duque y castillo de Milán, y
de la liga que el Papa, françeses y veneçianos hizieron contra el
Enperador, y de cómo don Yugo de Moncada y coloneses saquearon el
palaçio sacro de Rroma
2.
No solamente en las cosas de la guerra, sino tanbién las de la
paz y en las del yntermedio de lo v no y de lo otro, quiso Paulo
Jobio qu'esa ystoria quedase adulterada y llena de biçios, y así,
en el capítulo que se sigue tras los ya contados ( que es el
primero del libro beinte y tres) , dize muchas cosas al contrario
de como aconteçieron, y el epítome de su epítome es este: dize
qu'el rrey Françisco fue traydo a España por el birrey Lanoy, y que
pareçiéndole que el Emperador vsaría con él de clemençia, tenía
conçebida grande esperança del buen suçeso de sus negoçios, y que
el Emperador no le quiso ber, y que burlado el rrey de sus
esperanças, cayó en grande enfermedad, de la qual llegó tan al
punto de la muerte, que se cree que si el Emperador no fuera em
persona a belle, y le prometiera dalle luégo libertad, que muriera,
y que no mucho después se hiçieron las capitulaçiones, en que el
Emperador casó a su hermana biuda, que abía sido rreyna de
Portugal, con el rrey. El qual ( dexando dos hijos en rrehenes) se
bolbió a su rreyno, y que d'estas paçes naçió sospecha entre los
ytalianos prínçipes, porque se dezía qu'estotros dos tan grandes se
abían ligado para destruiçión de los otros, y que / así, luégo
qu'el rrey tubo libertad, le llegaron enbajadores de todas partes
dándole el parabién d'ella, y el Papa Clemente, y beneçianos, y
rrey de y ngalaterra, hiçieron vna nueba liga para rresesçir a el
Emperador, de quien se deçía que pretendía haçerse señor de toda
Ytalia, porque tenían por cosa nueva que los capitanes ynperiales,
pesándoles de ber a Françisco Esforçia señor de Milán, le vbiesen
acusado que trataua de rrebelarse contra el Emperador, y de
qu'estando enfermo grabísimamente, le vbiesen çercado en el
castillo de Milán y le vbiesen tomado algunas çiudades. Y qu'esta
fuerça, que con grandísima maldad se haçía al duque, enojó
grandemente al Papa y beneçianos que, amedrentados, aparejauan las
armas, pareçiéndoles que los ynperiales, que soberuia y
arrogantemente y sin bergüen\a rronpían la fee de la liga, dçbían
de ser perseguidos con guerra. Y que muriendo en este medio el
marqués de Pescara, la gente del Papa y de los beneçianos llegaron
hasta Milán, para librar al duque Esforçia del peligro de la bida y
del çerco, pero qu'el valor de Antonio de Leyba y de Alfonso
Dáualos, marqués del Gasto (o Vasto qu'es el propio nonbre de aquel
estado) avía sido tanto, que sustentaran la furia de los enemigos,
forçando a Esforçia que se rrendiese, el qual ya rrendido se fue a
Cremona, y estando allí pasando su desbentura, binieron alemanes
por tierra de Mantua con el capitán Jorge Franispergi. Y que demás
d'esto, don Yugo de Moncada y el cardenal Ponpeyo Colona, entraron
con çievta gente de rrepente en Rroma y oprimieron al Papa
Clemente, qu'esbaua confiado en çiertas treguas que engañosamente
le abían conçedido, *le forçaron* a que se rretrujese al castillo
de Santángel, y que abiendo saqueado el palaçio sacro y la yglesia
de San Pedro, y hecho çierta paz con el Papa, con çiertas
condiçiones (no obstante qu'el cardenal Colona las contradeçía) ,
se bolbieron a salir de Rroma.
Hasta aquí es la sustançia del capítulo jobjano, sin tener
ninguna de
3 berdad, o a
lo menos tan poca como aora será bisto, y así digo
4, quanto a lo primero, que
5 la emfermedad del rrey (
qu'es lo primero / de su capítulo) y aquel afligimiento de su
catiberio la causase, enpero no la causó esta particularidad de no
querelle ber el Emperador, como el Jobio dize, pues, como est:á
claro, dos prínçipes tan grandes, teniendo el v no al otro en
prisión no se sufría berse ni tratarse sino con libertad de anbos,
porque antes se podría tener por escarnio yr a ber el libre al
catiuo, que no por onrra y deçençia, y quando semejantes casos en
el mundo an aconteçido
6
( entre prínçipes no bárbaros) por terçeros ( como en este caso se
hiço) , se tratan
7 los
negoçios, no abiendo espeçialidad por donde se dispense en
8 esta horden, antes según
vna fama del mundo (no sé desde quándo benida a él ni dende qué
tiempo trae origen)
9 se
creía que vn rrey, biendo a otro
10 su prisionero, en solo abelle bisto quedaua
libre. Así que no la falta de bistas causó al rrey prisionero su
dolençia, sinoç según se cree, el mal despacho de sus negoçios.
Porque pasa así, que quandoel rrey pasó a la guerra de y talia dexó
á su madre Ludibica por gouernadora de su rreyno, la qual estando
agora el hijo preso en España, abía enbiado diuersos enbajadores
con ofreçimientos y capitula\iones que, comunicadas primero con el
rrey preso (porque para todo esto se les daua larga libertad), se
le ofreçían al Carlos
11, y como la concordia no se concluyese, por las
grandesdificultades que en semejantes negoçios suele hauer hasta la
conclusión d'ellos, la rregente de Françia ( que ansí la llamaban a
la gouernadora), acordó vltimamente con más abentajados
ofreçimientos enbiar a su hija, hermana del rrey, la qual hera
frescamente biuda por la muerte de musiur de Alançon su marido,
nuevamente muerto en Françia, por no hauer querido morir cabe
12 Pauía, que sólo de los
caualleros françeses fue el que se puso en saluo durante la
batalla, y esta señora benida en España, y héchole el acojimiento
que hera rraçón, començáronse de nuebo a tratar los negoçios
rreales, y allegóse hasta lo bibo d'ellos, sin poderse tomar
conclusión ninguna, y así después de algunos días ( que en esto y
en bisit:ar al rrey su hermano gastó) , perdida la esperança de
conçierto, se bolbió en Françia, que fue con lo / que la perdió el
preso, creyendo ya no aber ningún medio de adonde le suçediese su
libertad, y así, triste d'esto, y allegando a lo vltimo de sus
congojas, cayó en la enfermedad de que nuestro autor trata, la qual
fue de tanto peligro, que se esperaua antes d'él la muerte, que no
la bida, y el Carlos
13, biéndole en este final trauajo ( y tomando la
opinión más segura en lo de las bist:as de los prínçipes libre y
cautibo) lo fue desde Toledo a ver a Madrid, que se le abía dado
por asiento para pasar su catiberio. Después de lo qual, buelto a
Toledo, y abiendc Dios buelto la salud al françés, se tornó a
tratar de me dios y se concluyó la paz, después de muchos negoçio:
que pasaron, no sólo con que el rrey Françisco tomasj por muger a
la hermana del Carlos
14 ( como Jouio apun ta), sino tanbién con que
rrestituyese el ducado de Bor goña, que en tiempo de nuestros
agüelos fue vsurpadl por françeses, y por su rrey Luis vndéçimo a
borgoñone ya su señora la duquesa María, agüela del Emperador y
muger primera de su agiielo el emperador Magimiliano, y con que el
rrey rrenunçiase a todo el derecho que podía pretender a qualquiera
estado de Ytalia, y con otras muchas condiçiones, largamente
plantadas en los lugares donde suele ser el naçimiento de las cosas
naçidas d'este propósito. Todo lo qual el rrey juró que cunpliría
dentro de çierto término, y que no cunpliéndolo, daua su palabra de
boluerse a la prisión de adonde salía, y para ello dexó las
rrehenes qu'el Jouio dize, que fueron sus dos hijos mayores, y así
se bolbió a su rreyno,albiéndose primero casado con la rreyna biuda
de portugal, dejando muger y hijos en España.
Agora entra tras esto lo qu'el obispo dize, que buelto el rrey a
su rreyno, se hiço liga y confederaçión entre el Papa y beneçianos
y rrey de Y ngalaterra, con el rrey de Françia, contra el
Emperador, por tener los suyos çercado y acusado al duque Françisco
Esforçia de que avía cometido el crimen
|lese magestatis
contra el Carlos
15,
paresçiendo que se quería hazer señor de toda Ytalia. Y fuera bien
que no callara el rreberendísimo de Nochera
16 otra liga antes désta,questando
el rrey avn enEspaña, mañeándolo el Papa Clemente, pretendieron de
hazer todos los prínçipes ytalianos contra el Emperador, y los
ofreçimientos que enbiaron a hazer a madama la rregente de Françia,
ofreçiéndole fortaleças y esta / dos para la seguridad del ligarse
con ellos. Pero esto, como cosa bituperosa de ytalianos, cállalo el
ytaliano. Porque avnque el negoçio no fue de mucho efecto, fue de
mucho defecto para aquella naçión, pues ellos y esto causaron
17 la rrebelión del
duque Françisco Esforçia, del qual, si la cometió o no, se verá
agora claramente.
Y pasa así, que como la batalla de Pauía acabó toda la guerra, y
el estado de Milán quedó paçífico en poder de los ynperiales,
luégo el duque Esforçia enbió a
18 su enbajador, Juan Antonio Bilia, a España, y en
los primeros días de su comisión l'enbió el Emperador al duque, con
el mesmo Juan Antonio, la ynbistidura de aquel estado más anpla y
más fauorable que ningún Emperador la dio jamás en ningún estado
ytaliano. Porque no sólo fue para quedar ynbestido de aquel estado
el duque, sino tanbién con aprobaçión de quaçesquiera ventas y
agenaçión de bienes qu'el duque vbiese hecho, con otras muchas
largueças que no son d'este propósito y sonlo de la corónica
ynperial, y así, al duque le fue luégo entregado, conforme a este
preçepto
19, todo su
estado sin faltar en él quanto a lo ynmueble
20 vna sola almena, ni quanto al
vsofruto vn solo rreal. Etçepto qu'el Emperador mandaba al birrey
que, puesto caso que tanto número de millones de oro se auían
gastado, y tanta gente y balerosos capitanes muerto por
rrestituylle en su estado, que solamente cobrase por sus tiempos, y
lo menos sin molestia del duque que ser pudiese, vn solo millón
para pagar la gente y soldados con cuya sangre se abía ganado, y
estando el duque así quiero en su Milán, conspira en la conjuraçión
de los prínçipes ytalianos contra quien le abía hecho de vn
cauallero sençillo ( y avn cojo y tollido no sençillamente, y que
no tenía pies para ganallo por sus manos) , el mayor señor de toda
Ytalia. Y en:bía a soliçitar con su Chançiller, Gerónimo Moron, al
marqués de Pescara, vnico capitán de aquel tienpo, que se pasase a
la liga de los ytalianos, y que le prometían por ello el rreyno de
Nápoles, que todos los de la liga lo ganarían a su costa para ello.
Si este es yndiçio contra el duque, o probança enrera, béalo
qualquiera de buen juiçio, Y torn[án ]dole los superiores del
hexérçito a rrequerir por la paga, o por la parte que entonçes avía
de dar d'ello, rrespondió que más confiança tenía en la liga que
haçían los ytalianos, que no en la paga de los soldados, y sin
éstas, vbo otras / muchas
21 sospechas, que después mostró el tiempo cómo no
lo fueron
22 sino
ebidençias e notoriedades, de las quales se dará quenta donde fuere
neçesario dalla, y con todo esto, y con estar abisado el Emperador
d'ello con cadaposta, nunca permitio que por su parte se acometiese
duque ni a los ytalianos, sino qu'ellos acometiesen primero, eçepto
que se asegurasen en lo de Françisco Esforçia, y así la gente
qu'estaua alojada en el Piamonte la lleuó el marqués a Milán, donde
el duque estaua, encastillado en la fortaleça de allí, al qual dixo
que se allanase, por quanto estaua sospechado de traiçión, y se
conçería de su causa por jueçes sin sospecha, quales el Emperador
nonbrase, y no lo quiso haçer, qu'es otro grande yndiçi
23 de la traiçión cometida.
Pues pregunto yo aora al Paulo
24 Jouio, si estando toda Ytalia puesta en armas,
haziéndose gente por toda ella de guerra para benir a contra, ¿ los
españoles por qué no abían de asegurarse como lo hiçieron, teniendo
tanta çertenidad de entrar el duque en la liga de los demás
ytalianos ? Porqu'estaua claro que, si el duque tanban tomados como
en rred, sin tener pueblo en toda aquella probinçia donde se
alojar, ni
25 sin
tener honbre en toda ella que no fuese su enemigo, y bisto esto, el
marqués ( que de allí a muy pocos días murió) çercó al duque; y
ésta es la maldad del malbado çerco, y la ynjustiçia, y todos los
demás nonbres qu'el Jobio pone; que quánto mejor pudiera poner otro
a los ytalianos que yo le dixera, estáse muy claro
26.
Pero pasemos adelante y quédese lo que falta d'estopara los
|Anales, si Dios fuere serbido que se acaben, y bengamos a lo
que más dize en este capítulo el auctor d'él. Qu'el Papa y
beneçianos, y los demás potentados de Ytalia, ynbiaron luégo a
congratular de su libertad al rrey, nuebamente buelto a su rreyno,
lo qual fue así, y avn se sabe bien la causa, y congójome no
dezilla por no quitalla a su propio lugar, lo qual cada momento me
aconteçe en esta obra. Pero digo de pasada çerca d'ello, qu'el Papa
Clemente ( qu'estaua mal con las cosas del Emperador ya muy
declaradamente) , por çiertas causas que alguna vez se nos ofreçerá
deçillas ( y avn quiçá en este capítulo algunas d'ellas),
*mañea[ba] toda* esta mala querençia de los ytalianos con el
Emperador; y así, mediante la soliçitud suya, se hiço la liga entre
el fran çés y Papa y beneçianos, donde / tanbién fue prometido por
los contrayentes que, en estando desçercado el duque Esforçia,
entraría en aquella confederaçión y ayudaría con gente, y Papa y
bençianos al françés, para que se bea si el duque esta:ba a
despropósito acusado del crimen que le hera ynpuesto
27. Pero el rrey de Yngalaterra
28 no entró en esta
liga, como el Jobio dize, y es falso, porque puesto caso que en vn
capítulo d'ella se rruega al ynglés que éntre en esta
confederaçión, y que sea protetor de la liga, quando después fue
rrequerido para ello no lo quiso haçer ni açeptar, antes escribió
al Emperador que no se quería enpachar en aquello, ni tener parte
en aquel negoçio, y así lo hizo. Hasta que después, el año de
beinte y ocho (por çiertas causas bien sabidas por nuestros
pecados, pues pararon en heregía y desobidençia de la Y glesia,
qu'entonçes començaban a brotar) , enbió a desafiar al Emperador
con propio rrey de armas en Burgos, y juntamente tanbién el
françés, haziéndose anbos conpañeros cont!ra el Carlos
29, por las causas coloradas que
en sus carteles dixeron, y tan coloradas, que m'espanto yo cómo no
les quedaron los rrostros de la mesma manera de pura bergiiença, y
sin ella, me parçe que dize el Jobio (perdóneme su autoridad)
30, qu'el rrey de
Yngalaterra entró en estotra liga, siendo falso. Solo pudiera deçir
(pero tanbién confieso qu'esto no tocaua a su ystoria)
31, qu'el año antes, que fue el
de beinte y çinco (por qu'estotro de la liga que se cuença fue
concluyda y echa en Cona, lugar del ducado de Angulema en Françia,
a beinte y dos de mayo die beinte y seis) , estando avn el rrey
Françisco preso en España, el ynglés Enrrique y madama la rregente
de Françia, en nombre de su hijo el preso, capitularon e hiçieron
nuebas paçes, las quales el Emperador avn entonçes no tenía hechas
con el Françisco. Porque desde qu'el rrey ynglés se declaró en el
ayuda del Carlos
32,
abía siempre ( avnque libianamente) molestado a Françia por mar y
tierra, por los confines de Picardía, y con ayudar al Emperador
algunas vezes con dinero para la guerra. Pero tornemos a ponernos
en el puesto
33.
Dize el obispo
34
que, después de todo lo susodicho, entró don Yugo de Moncada y el
cardenal Colona en Rroma con gente de guerra, y saquearon la casa
del Papa, ya él rretruxeron al castillo, porque es1:aua confiado en
çiertas treguas que ellos engañosamente le avían conçedido, lo qual
es falso. Porque las treguas qu'él dize, se hiçieron con Vespasiano
y Ascanio Colona solamente, pero no con el cardenal, que rrequerido
por el Papa, no quiso entrar en ellas, ni con don Yugo, el qual /
muy poco avía que hera buelto d'España a Rroma de parte del
Emperador, ofreçiendo al Papa todos aquellos capítulos sobre que
estaua açedo con el Carlos
35, otorgándolos conforme a la pretensión del
Clemente, sobre lo qual primero avía sido enbiado el Comendador
Berrera y nose auía concluído; y agora trata esta conclusión don
Yugo en los puntos más sustançiales, sobre los quales la Sanctidad
y Magestad diferían, que entre otros heran quatro prinçipales. El
vno sobre la distribuçión de la sal en el ducado de Milán, que hera
ésta vna baraja antigua, y cossa de grande yçterese que los duques
de Milán pretendían que hera suya, pues se haçía en su estado;que
lo que sea esta ynpusiçión en algunos estados de Ytalia, no ay
propósito agora en que se pueda encaxar.Y este tributo era el
.Carlos
36 obligado a
defende1lo
37, así por
ser cosa que tocaua al ynperio, pues es fevdo suyo el estado de
Milán
38, como porque
aquel derecho el Esforçia lo avía conçedido ya a don Bernando,
Archiduque de Austria, hermano del Emperador, por la ayuda que auía
enbiado a la guerra de Pauía. Lo otro hera lo del hecho de las
çiudades de Módena y Reço, qu'el Papa pretendía qu'estaua la
Yglesia despoxada d'ellas; y sin , enbargo de que el duque de
Ferrara; que las poseya, alegaua otro fresco despojo hecho a él
primero, quería el Sumo Pontífiçe qu'el Emperador y su can po, si
el de Ferrara lo defendiese, le conçediese el vtil dominio de
aquellas tierras, como cosa del feudo ynperial. La terçera
pretensión del Clemente hera la libertad del duque Esforçia, avnque
vbiese cometido el det:estable delito de trayçión. Y la quarta,
açerca de çierta premática del rreynode Nápoles sobre los
benefiçios d'estrangeros, y otras cosas, qu'el Papa pretendía que
hera contra la libertad eclesiástica. Y allegado don Yugo con todos
los ofreçimient:os que en los
|Anales serán contados bien ala
larga ( que heran los que antes pedía el Sumo Pontífiçe sóbre estas
materias), lo que rrespondió fue deçir que ya avían benido tarde (
como si ningún tiempo vbiese
39 tardío para la paz, espeçialmente para dalla el
Pontífiçe), y que ya avía firmado y rratificado la capitulaçin con
los otros confederados contra el Emperador, y que no se podía
apartar d ' ella, y así el don y ugo y el cardenal Colona, haçiendo
gente secretamente dent'ro en Rroma / y en la comarca d'ella, la
juntaron cabe
40 San
Juan de Letrán en aquella çiudad, y hizieron aquel ynsulto, que tal
fue él, pero no tan grande como pinta el Paulo
41, porque solo fue saqueado el
palaçio, y no del todo, y al Papa, rretirado en Santángel, le
dixeron y abjsaron, con grande humiliaçión y obidiençia, que
aquello no se haçía contra su sanctísima persona, sino para
forçalle que no fuese contra el Emperador, y así se conçertó, entre
él y los çercadores, que vbiese t'reguas con el Emperador por
quatro meses, y que la gente de guerra que tenía en Lonbardía en
conpañía de los confederados contra el ynperio, la mandase rretirar
d'esta otra parte del rrío del Po, y para lo v no y para lo otro
dio rrehenes, y así se salieron don Yugo y cardenal con su gente de
Rroma, y todo quedó paçífico en vna tarde y otro solo día. Y esto
es lo qu'el Jobio tanto encareçe, y llama quebrantamiento de
treguas donde no las vbo, y saco de la yglesia de San Pedro donde
no se hizo, y quán bien guardadas fueron las treguas qu'el Papa
conçedió (sin enbargo de las nehenes que abía dado) en otro lugar
d'esta obra se uerá y si no en otro fuera d'ella que berná a más
propósito, si Dios conçediere el tienpo para ello.