Capítulo Çinquenta y Dos
De cómo el Enperador llegó a Ytalia y se bido con el Papa Paulo
terçioio en Buxeto, lugar de Lonbadía, y de las cossas que allí
trataron, y de cómo después el mesmo Carlos se partió a su jornada
de Flandes, y de la venida que hizo el Gran Turco con poderoso
exérçito contra Vngría, y de los lugares y pueblos que tomó en
aquella provinçia, y de la benida asimesmo de Barbarroja, con
harmada de mar a Françia, y de otras cossas tocantes a estas
materias
1.
Abierta la guerra entre los dos prínçiper christianos, y no sólo
abierta, pero començada ya por muchas partes, determinó el
Emperador de pasar a Fflandes, dándole pena el casso y
desobediençia del duque de Cleues, Guillermo; y para alIanarlo y
proseguir por allí la guerra con Françia (matando de vn tiro a dos
páxaros, como los mató), acordó lo que he dicho. Y para ello se
enbarcó en Barçelona, porque le paresçió hazer el viaje por Ytalia
para çiertos effectos, que no son d'este propósito; y por otra
parte el rrey Ffrançisco (que ya se sabia esto) estaua conçertado
con el/turco, y no solamente, como las gentes piensan, para que
enbiase el armada con Baruarroja a la Proençia, sino que
2 también para que por otra parte,
el mesmo turco en persona con grandíssimn exérçito (como él suele)
viniese contra la christiandad. Y así vino contra Vngría y ganó dos
plaças en ella harto importantes, y d'estas dos jnrnadas turquescas
por mar y tierra, y de la partida de el Emperador de España, y
jornada que hizn asta llegar donde estauan sus enemigos, ocupa el
Jouio todo su libro quarenta y tres, que su trasladador rrepartió
en diez y seis capítulos, en todos los quales ay poco qué tratar ni
qué enmendar, y eso poco que huuiere, se hará con toda breuedad,
porque ya no rrequiere el tiempo más dilaçión.
Y quanto a la venida de Baruarroja, que es lo primero, con
çiento y diez galeras y çinquenta ffustas, y partió de
Constantinopla la primauera del año de quarenta e tres, y estuuo /
haziendo daño en la christiandad, abrigándose en puertos
ffrançeses, hasta la primauera del año siguiente de quarenta e
quatro, ay poco que dezir, hasta dexar al mesmo Baruarroja de
asiento en Tolón y en Marsella, adonde fue algunas vezes a prouer
lo que conuenía. De manera que en lo que toca a la toma de Rrojoles
en Calabria y al sosiego con que pasó el cosario por la mar
rromana, no ay que tratar agora, si no es (porque no se me oluide)
dar a entender a las gentes quán engañado bibe este
3 Jouio, y lo mesmo en seguirle en
ello Biçente Rroca, cauallero halençiano que escriuió la
|Hisroria de los turcos, en dezir que de lo que se conçertó
el año pasado con Polino y de qu'éste
4 vernía el armada del turco, avía nouedad y que se
arrepentían d'ello los baxás; porque tal arrepentimiento no vbo, ni
jamás pasó por pensamiento que huviese mudança en venir Baruarroxa
aquel berano a poniente. Lo que se dudaua y disputaua / hera el no
parar en Françia, sino trauajar de tomar por fuerça algún puerto
donde ynuernar y si no hazello en Argel y Sargel. Y en aquella
costa y'avía y se dauan tan buenas rrazones por esta opinión, y las
beremos en los
|Anales, que la hazían mui provable y a este
propósito fueron las palabras que dixo el baxá Solimano, que
rrefiere nuestro autor.
Y boluamos la proa a otras cossas del mesmo libro. Y es lo que
tras lo dicho viene
5 la
partida del Enperador de España y cómo allegado a Jénoua, le enbió
el Papa a offresçer su vista y cómo, después de algunas cossas que
sobre esto pasaron, en fin se huvieron de
|
conçertar de vcrse
las dos caueças de lo temporal y espiritual en BuXeto, lugar
pequeño de Lombardía, donde en effecto se bieron y estuvieron çinco
días juntos. Y rrehusaua el Emperador esta junta por quatro causas,
que le pareçían bastantes (aunque el Jouio no lo dize) para estar
desgustoso y dessabrido del Summo Pontífiçe; las quales no es
rrazón / desencaxallas de su lugar, por componer y adereçar
ediliçio ageno. Baste saber agora, en el proposito que lleuamos,
que todauía estos dos prínçipes se vieron y en los pocos días que
estuuieron juntos se trataron algunas cossas sustançiales, que
agora no ai para qué parar más de en la vna, que es la de la paz
que el Papa propuso y lo mismo el consistorio de los cardenales. Y
tanbién
6 en todo esto no
ay que dezir, porque está dicho muchas vezes atrás, el punto en que
consistía la dificultad d'este negoçio, y si se bee la plática que
hizo el cardenal Grimano sobr'ello, se berá la ynvtilidad y poca
fuerça d'ella, aunque Paulo Jouio alabe mucho de eloquente al que
la hizo. Pues no da otra rrazón al Emperador para asegurarse de sus
enemigos (después de muchas offertas que le haze de parte de
Françia), sino que no tema que la paz le será quebrantada, y es muy
gentil rrazón y muy sustançial confiança y seguridad el dezillo sin
más / aseguramiento, aviéndole sido al çésar quebrantada ya por el
mesmo
7 françés otras
quatro vezes, y pidiendo cada vez ffrescas nouedades. Y así a este
propósito el Emperador rrespondió lo que hazia al caso, que hera lo
mesmo en sustançia que otras vezes avía rrespondido, y que no
asegurándose no avia que tratar de paz, aunque supiese que los
|turcos, confederados de Françia, les destruiesen a toda su
Austria y que avía de quedar ffuera d'esta paz (que esto no trata
el Jouio) el duque de Cleves rrebelado. Y aquella junta se
dissoluió y el Emperador se partió su camino. Y dize Paulo que el
Papa prometió al Emperador de embiar gente a Vngría en socorro de
su hermano el rrey don Heruando, y que así lo hizo y cumplió,
embiándole çiertas compañias de ymfanteria para ayuda de su
trauajo. Lo qual quenta el avtor como cossa de grande
agradesçimiento del Papa a las cossas del Emperador, sin embargo de
sus azedías, como si dende que se pegaron lurcos a la christiandad,
aya abido ningún Summo Pontífiçe que no hiziese lo mesmo, /
embiando socorro a sus christianos y obejas, y hera a ello
obligado
8 y es
qualquiera que esté en aquella silla apostólica
9. De manera que en hazello el buen
Pontífiçe Paulo hizo lo que conuenía a su offiçio y a la vicaría de
Jesuchristo de que en la tierra tenía cargo.
Y pues tratamos d'este propósito, no se nos baja el mesmo de las
manos, ya que nos hallamos con él asidos. Digo pues que es así que
el turco vino en la misma coyuntura a que todo esto pasaua, a
lleuarse en las vñas lo que le quedaua de Vngría por llevar.
Aviendo ya embiado a Baruarroja a la otra jornada de la mar, que
está tratada, partiendo aquel su general de la mar a veinte y ocho
de abril y él para su jornada de Vngría, a veinte y quatro del
mesmo mes de aquel quarenta y tres años, y allegado a Vuda
(aviéndosele primero la gente que auía proueído juntado en el
camino), començó la guerra de la manera que nuestro autor y otros
de su mesmo offiçio escriven, y así la continuó y acabó, hasta que
las aguas le boluieron a su Traçia. Y porque esta jornada está bien
escripta por hartos, / y nuestro autor es vno d'ellos, no se dirá
10 más çerca dellos sino
11 vnas adiçiones
breues (ya que no les
12 queramos llamar enmiendas).
Y lo primero sea en el sitio y toma d'Estrigonia, en la qual,
contando nuestro autor el número de la gente de guarniçión, y
hallando que heran dos mill soldados ytalianos y alemanes, dize que
auia también algunos españoles; y avn nuestra
|Ystoria
Pontificallo trata de la mesma manera, porque quenta que los
dos mill soldados heran españoles, ytalianos y alemanes, y para que
se entienda la poca rrazón que tuvieron de dezillo
13 es bien que agora se quente lo
que pasa. En Estrigonia avía
14 dos mili soldados, pocos más a menos, quinientos
d'ellos alemanes, y mili y quatroçientos y çinquenta ytalianos, y
solos ochenta y siete españoles, para que se bea y entienda quién
puso este número, entre número de gente de guerra, si no fue el
Jouio, y esto para que nos alcançase parte de la ymfamia, y el
|Pontifical, para que no caiendo en el engaño jouiano (ni que
hera su intento), le siguiese. Y estos ochenta y / siete soldados,
no por vía de compañía, sino çiertas camaradas d'ellos que andauan
baldíos en Austria y por vía de amistad, se quisieron
|yr con
los capitanes Lezcano y Salamanca, españoles, en su acompañamiento;
de los quales dos capitanes trata el Jouio ymfamemente, sin estar
muy bien en el hecho de lo que pasó, porque el pueblo se defendió
rrazonablemente y no estaua
15 tan fuerte entonçes que se pudiese dezir muy
16 mal defendido. Y
17 porque esto se a de
rrefferir en otro lugar no ay para qué gastar en ello más palabras,
aunque confieso
18 que
se pudieran defender mejor y más tiempo, que esto no se puede
negar
19 Pero, ¡pese
al diablo!, ¿por qué no pone
20 la mesma culpa a otros quatro capitanes que auía
dentro, dos ytallianos y dos alemanes, sino Sólo a los dos
españoles? Si es por dezir que tenían ellos a cargo el pueblo, es
falso; porque el vno d'ellos no tenía más cargo que de aquella
parte de la çiudad que llaman el castillo, a donde después se
rretruxieron todos, aunque conozco que el/otro tenía vna poca de
superioridad, pero no se le avía dado tanta por el rrey de rromanos
ni por Felipo Tornielo, su general, como el Jouio piensa y
escriue.
Y así después quando el rrey prendió al Lezcano y Salamanca,
prendió también a todos los ottros capitanes ytallianos y alemanes
como yguales en el delito cometido.Pero no se rrendieran ni
capitanes españoles, ni ytalianos, ni los alemanes tampoco
21, si no acontesçiera
la traiçión de dos malos hombres ytallianos, el vno artillero de
Calabria y el otro de Mastonio, que hera vn alférez de Juan
Bautista de Masa, que
22 hechándose por el número
23 vna noche, se fue a los
enemigos y se boluió después a hablar
24 al Salamanca para andar allá en sus tratos y en
sus tacañerías, hasta que el pueblo ffue rrendido. Y con todo esso
a solos Salamanca y Lezcano (pobres capitanes que harto lo fueron
ellos de seso) hada en la pérdida de Estrigonia culpados. Y es lo
bueno que hallándolos a ellos así, halla casi desculpado al
calabrés que hizo la / traiçión y se pasó a los enemigos, deziendo
que el rrey don Fernando le devía mucho dinero de su paga y que
esto dava por su desculpa, como si semejante disculpa hera para
escreuir, avnque fuera rrefferiendo palabras del mesmo traidor, o
como si vbiera bastante descargo en los humanos para semejante
maldad Y demás d'esto, el Jouio o yo nos engañamos en el número y
quenta de los días, porque según este autor allegó
25 sobre esta plaça en los
postreros de jullio, y según mi quenta allegó
26 a veinte y tres de aquel mes,
y según el mesmo Jouio se rrindió a diez de agosto, día de San
Lorenço, y según mi paresçer, fue dos días más adelante a doze de
agosto. Pero en esto de mi hierro o el del Jouio
27 ba poco, y mucho en lo que
dize más adelante que fue rrezio castigo el que hizo Ffelipo
Tornielo en cortar la cabeça a Anibal Taso, boloñés (que en ser de
aquella nasçión consistió el ser agrauiada la pena)
28, porque avía rrendido a los
turcos el lugar de Tato que estaua a su cargo, y no de alemán
ninguno (como quiere sentir / el obispo, del qual estoi espantado
que diga semejante cossa), pues se avía proferido
29 a defendello. Y porque lo sepa
el Jouio si no lo save
30, a su rruego e importunaçión se le dio aquel
cuidado y él prometió que no traiendo artillería el turco se
defendería de todo el exérçito contrario. Y después yendo el
artillería sobre Alva Rreal por otro camino, fue avisado de todo
particularmente el Anibal, que en esto no lo fue ni avn Çipión,
para que se defendiese y supiese que yva por otra vía el
artillería
31. Y sin
hazer ninguna defensa luégo, no bien vistos los enemigos, se
rrendió y se bistió de su rropa de brocado que le fue dada, que no
fue sino de saial para su honrra y avn para su vida, pues con ella
vestida le cortaron la caveça. Y con todo esto dize nuestro
apologista
32 que fue
demasiado rrigor; y acavado lo de Tato, el turco fue sobre Alba
Rreal y se defendió, y
33 en fin se tomó. Y acabadas estas dos enpressas,
el turco, biendo ya la señal de las aguas en la mano, que fue la
prinçipal caussa d'ello, se bolvió (como el Jouio lo escriue) a
Constantinopla. /