Capítulo Quarenta y Ocho
De lo que hizo el Enperador en Ytalia, y de las vistas que
tubo en Luca con el Papa, y de las cossas que en ella se trataron,
y de 1as causas que abía para no dar el Carlos al Françisco el
ducado de Milán, y de la partida del Enperador para Argel, y de lo
que suçedió en aquella jornada hasta bolver el Carlos a España
1.
Tratemos agora de lo que trata Paulo Jobio, qu'es de la
jornada de Argel, y primero de las bistas que tuvieron Papa y
Emperador en Luca, antes qu'el vno se enbarcase para su enpresa.
Digo, pues, que el Jobio quenta que en esta junta el Sumo Pontífiçe
travajó de persuadir al Carlos a la paz por muchas palabras muy
lastimosas, qu'el aucror aquí quenta, ofreçiendo muy buenos medios
de parte del françés a el Emperador, y que las condiçiones heran /
tales, con que se olgaua mucho el duque de Saboya; por cuya causa
se avía lebantado la guerra pasada, y que demás de aquello,
prometía el françés de ayudar al Carlos
2 contra el turco con todas las rriquezas de Françia.
Y así dize otras palabras corno éstas, todas a este fin
3 encaminadas no más ni para ntro
efecto y ésta es la prinçipal prerensión del Jobio en toda su
|Historia
4
|-
de para cargar al Carlos
5 toda la culpa de las guerras. Y para esto dexa
manca y troncada la misma
|Hisroria suya
6 y quando escribe estas lástimas,
y otras cosas semejantes, dexa artificiosamente de contar fielmente
las rrespuestas del Emperador, y en lo que consistía el punto para
no hefectuarse la paz; como si el Carlos
7 (xamás que se trató d'esto) dejó de ofreçer
sienpre el ducado de Milán a su enemigo para su hijo vltimo. Pero
estaua la dificultad en que se buscase modo, qu'esto hera sólo lo
qu'el Emperador pedía, corno él se asegurase, quedando el françés
con Lonbardía, y para esto vnas beçes / (para que viese que no lo
avía por el prouecho), alargaua el vsofruto; otras (para que
entendiese el mundo que tanpoco tenía deseo de quedarse con la
propiedad), conçedia tanbién el estado, con que se le quedasen
solamente en su poder las fuerças para su seguridad; y mill
legaçías se enviaron a diversos Sumos Pontífiçes, a veneçianos y a
otros potentados de Ytalia, para que se buscase forma y modo de
8 que la paz sería çierta y
segura, alargando el Carlos lo vno o lo otro
9. Porque para dexallo de otra
manera hera mejor ahorrar tiempo, y juntamente con Lonvardía
alargar ,
10 asimesmo
a Nápoles y a Siçilia, y esto (tornado a rreçibir en Françia)
tanvién se pudiera después alargar
11 España, porque no lleua términos el apetito de
aquella naçión.
De otra manera esto pareçe claro y tenemos bien notiçia de la
condiçión de aquella gente, dende que nuestros pasados fueron sus
amigos y dende que nosotros, los españoles modernos, fuymos sus
enemigos. Que si vien se considera / en las corónicas escritas, y
en las de bulto de
12
nuestra memoria, se aliará que los françeses (que por otras muchas
maneras mereçen ser muy alabados) nunca se contentaron con lo que
primero pretendieron, sino después de hauido buscauan otros
achaques para irse más alargando. Y así pregunto yo al Jobio
(porque bolbarnos a nuestro propósito): ¿qué'sperança de paz çierta
se podía dar (dando el ducado de Milán) a quien por tres
capitulaçiones tenía jurado y
13 prometido y capitulado
14, la rrenunçiaçión de aquel derecho? ¿No estaua
claro que dándole después elmesmo estado (qu'él avía prometido de
no pedir), que de allí a algunos años (que tanbién confieso que no
fuera luégo ni allegara a tanto el desenpacho) que luego
15 avía de rrebibir el
derecho que Françia pretende a Nápoles tan cojo y tan arrimado a vn
bordón de deseo de guerra como el de Milán?
16. Y dexo de dezir las
yuteligençias, las tramas y las otras cosas que se avían de traer
en biéndose en Milán con las potençias ytalianas, que / de suyo
(hablando con rreberençia del Jobio) son
17 algunas d'ellas
18 amigas d'estas nobedades y
sirben sólo a su yutento y a lo que les conbiene para su prouecho.
Y quando tuvieran a Nápoles los franÇeses, ¿no se avían de acordar
por fuerza de Juan de Proçida
19, el de Çiçilia, y de la çerbatana
20 que, fingiéndose loco, truxo
en la mano para trauaxar de auer aquella ysla y litigar ya la causa
no con Çervatanas
21,
sino con los que lo pareçen que son los arcabuçes? ¿Y no está claro
tanbién que cada vez que no le suçedieran las cosas conforme a este
apetito y se les diera todo lo que quisieran, que nos avían de
haçer cocos con el turco para dalle puertos en Çiçilia, corno se
los dieron en la Proençia? En berdad que no creo otra cosa, sino
que teniendo ya a toda Ytalia, procuraran tanbién de despertar a
Rruysellón y después a Barçelona, por virtud de çiertos librillos
llenos de historias falsas que andan entr'ellos, donde se rrecopila
todo lo que otro tiempo tuvo Françia. Y para qué's más alargar ni
ir d'escalón en escajón, sino osar afirmar, / corno lo afirma, que
poco a poco en dos o tres generaçiones, como se le fuera dando a
Françia como a niño que llora por alguna cosa que su madre tenga en
la mano o esté comiendo, que comido aquello avía de llorar por más,
y después otra vez por más, y así poco a poco, hasta que no le
queda golosina a la pobre madre en el plato, así tanbién avía de ir
todo hasta que no vbiera más que dalle a Françia
22. 1 Y por tanto, benditísimo
23 Emperador,
entendiste
24 muy vien
las cosas de Françia y del mundol El qual
25 hizo muy bien y
26 açertadamente en poner la
guerra (ya qu'ésta avía de benir por fuerça) 27, lo más lejos que ser pudiese
y estrechar al enemigo todo lo posible para que no
28 estendiese sus alas por campos
agenos, como quien sabía que no haziendo esto le avía de benir la
guerra enzima y venir a tenella en lo yntimo y en lo más açendrado
de su consistençia. Y con todo esto, como honbre que no quería más
de la seguridad, y el quitar este ynconviniente de sí y apartar la
guerra de la prinçipal parte del género humano
29, ofreçía siempre lo / que tengo
dicho, no pidiendo más que la seguridad que he contado; pero
ninguna cosa le contentaua al rrey Françisco, sino que libremente
se lo avían de dexar todo. Y si el Carlos
30 dezía que quería rretener las
fuerças, dezia él
31
que tanbién quería él rretener las del Piamonte, y dexar solamente
al de Saboya el husofruto, corno si la cosa fuera ygual en los
derechos de anvos, y como si no hubiera diferençia ninguna de la
violençia echa en Saboya, a la rrazón con que se poseya Milán.
Y a lo que dize el Jobio que holgaua el duque de Saboya con las
condiçiones, yo lo creo sin qu'élme lo diga (pues d'ellas
rresultaua bolbelle a él su estado), no sólo a costa del
32 del Emperador, sino
andando el tiempo, a costa de todos los
33 que tenía el mesmo Carlos
34. Pero, lo Jobio, cómo te tengo
yo bien entendidol Dígolo
35 porque toda su persuasión es
36 dar a entender al mundo
venidero
37 qu'el
françés se justíficó siempre mucho, y que por vn Milán que porfió
el Emperador a rretener, se dexaron de hazer grandísimos hefectos y
juntarse Françia y España contra el turco. Que quánto esto sea
verdad, otro que entienda más qu'el Jobio d'estas cosas, y qu'esté
/ menos çiego qu'él, lo puede juzgar vien. Y en quanto a lo qu'este
honbre
38 dize que
vino por aquel tiempo a Ytalia musiur Munini, que el trasladador
llamó Moninio, a quexarse al Papa del Emperador, y al Emperador del
marqués, y de avelle muerto sus enbaxadorcs, dize la verdad, pero
siempre quenta cste obispo no más de
39 la mitad de las cosas
40. Y así dexa agora de contar las
justíficaçiones, las ofertas y las sumisiones qu'el Carlos
41 envió a hazer al
francés
42 en
rrespuesta de sus quexas, y a dalle parte de su pasada en Argel con
don Françisco Manrrique, que después fue ovispo de Orense, a que
43 para este caso
particular envió a Françia.
Y en lo que más trata de
44 qu'el Papa persuadía al Emperador que ,e quedase
aquel ynbierno en Ytalia, tanvién tiene rrazón, pero de cómo no se
podía hazer y cómo hera mejor horden la presupuesta, ya está
contado arriba, sin hauer de qué tratar más en el capítulo donde
esto trata el Jobio, qu'es en el beyutieno
45, si no es, de lo que dize del
conçilio qu'el Emperador pidió al Papa para rremedio de Alemania, y
el Papa se lo conçedió para el año siguiente. Pero dize (corno si /
el Carlos dixera otra cosa sino la mesma) ,
46 que muchos dezían que hera cosa
contra rrazón y expiriençia de lo visto, convocar conçilio aviendo
guerra entre los prínçipes. A lo qual digo que los qu'esto trataban
dezían muy gran verdad; pero entendía el Emperador, quando lo
suplicaua al Silmo Pontífiçe, que avía de hauer esta paz, y
presuponiendo ésta si la oviese
47, pedía el Emperador el conçilio, con forme a lo
que avía prometido a Alemaña
48 en las cortes de Rratisbona, o
|
porque no
avía de
49 adevinar el
Carlos
50 que el
françés avía de abrir las puertas de la guerra o. Y así después el
año adelante, quando el Sumo Pontífiçe dio la bula de yndiçión para
el conçilio, estando ya la guerra avierta entre España
|y
Françia, rrespondió a la notíficaçión el Carlos
51 lo mesmo que aquí dize el
ovispo, diziendo muchas cosas
|y
52
dando muchas rrazones por donde no se podía
efecruar lo del conçilio. Y a esta quenta no tiene que culpar el
Jobio al Emperador por avello pedido en tiempo de paz, ni avn al
Papa tanpoco, avnque dio la bula en tiempo de guerra, porque lo
hizo con yntençión sanctísima y por ver si podía diberti, aquellos
prinçipes / de las armas.
Pero biniendo a lo postrero del libro jobiano, que trata de la
jornada
|y enpresa de Argel, digo que ay poto que apostilar
53 sobr'ello,
|y
lo poco que huviere se dirá
54 breuemente' Y en
55 quanto a lo primero, es cosa donosa que, contando
este honbre
56 los
aparejos y gente qu'el Emperador hizo para aquella expediçión, no
quenta español en ello, ni trata de que ninguno de aquella naçión
fuese aperçebido en Ytalia yen Çiçilia para ello, sino
57 sólo haze minçión de los
españoles visoños que partieron d'España a este negoçio. Y con
contar
58 después
durante el vine cómo allegú don Hernando de Gonçaga, virrey de
Çiçilia, a Mallorca con çiento y çinquenta nabíos, donde halló el
armada del Emperador, no dize que venían en ellos los españoles
pláticos de aquella tierra, no más de
59 para diminuir todas las cosas tocantes a la
naçión española. Y esta culpa ciertamente
60 tanvién la tubo la
|Hisroria
Pontifical en no declarallo, por irse así
61 siguiendo en quanto a esto
62 a vn honbre de quien
antes se abía de huír d'él, que trasladallo
63. Pues es así qu'el Emperador
llevó para esta jornada, a sueldo suyo, solos / diez y ocho mili
honbres, seis mill de cada naçión de las tres que le suelen serbir
en las guerras, y los españoles heran exerçitadísimos del terçio de
Çiçilia y de Nápoles. Y con solos estos diez y ocho mili ynfantes,
después de despedido del Papa en Luca, se partió y enbarcó para su
jornada, y no con veinte mili, corno estos auctores dizen, ni con
veinte dos mili como escribió Nicolao Villagog, cauallero de la
horden de San
|Juan, qu'escribió esta expediçión. Y de los
que vinieron d'España, abría en quanto a ynfantes otros milI y
quinientos o dos mili, y no más, pero éstos sin sueldo ninguno. Y
tanbién en las otras quentas de cauallos ligeros y honbres de armas
ay tanbién
64 error en
la tratança d'ello, que haze poco al caso el rreferillo
65.
Y en lo que anbos autores dizen, de que se sacó por discreçión
en Mallorca aver ya pasado a Argel don Bernaldino con sus galeras y
el duque d'Alba con su armada, es cosa sin fundamento dicha
66, porque no partiera
el Emperador de aquella ysla sin çertificaçión d'ello, y así le
llegó primero bergantín
|y mensajero que de allí partiese. En
conclusión, el Emperador allegó a Africa a veynte y tres de otubre
/ de aquel año de quarenta y vno
|y en tiempo que no pudo
casi dar comienzo a su enpresa por rrazón de la tormenta, vien
notoria ya en el mundo, que les suçedió a veynte y ocho del mesmo
67 mes, estando ya toda
la gente desenvarcada y no la
68 hartillería, ni muniçiones, ni vastimentos, ni
las otras cosas todas que heran neçesanas, así para hazer la guerra
corno para alimentar el exérçito. La qual tormenta fue tan rreçia y
tan braua, siendo aquella costa de Argel falta de puertos seguros,
que binieron más de çiento y çinquenta nabíos a la costa, y tanbién
muchas galeras, quedando el campo en tierra sin muniçiones ni
artillería con qué pelear, y sin bastimento ninguno qué comer. Y
así, aviendo avido
69
en aquellos dos o tres dias çiertas escaramuzas con los del Argel,
le fue forçado al Carlos
70, con los nabíos y galeras que le avían quedado;
dexar la empresa para otro tiempo más conviniente y llebar la gente
al cabo de Matafús, donde avía vn poco de más abrigo para los
navíos y, enbarcando la gente (dexando harta perdida de la fortuna
quando las nabes binieron a la costa), se envarcó y aportó en
71 Buxía, y de alli / a
España, tornando primero a enbiar la gente a sus guarniçiones.
Y la pérdida çierto
72 fue grande, cosa en fin de Dios, para qu'el
Carlos se acordase (o por mejor deçir no se olbidase) qu'el
preuillegio que le dio Dios para no poder ser vençido de los
hombres (corno berdaderamente pareçe que lo tubo según se bio
siempre en el discurso de su vida) s'entendiese y entendía que lo
podía ser de Dios cada vez que Su Magestad Divina quisiese y fuese
seruido. Y en fin, fue bien (pues Dios lo hordenó así) que
conoçiese el señor de casi toda la tierra cómo no lo hera tanbién
de la mar ni del agua
73. Pero en aquellos quatro ocho días que el
exérçito estuvo en Africa, vbo algunas cosas que tubieron
historiadores neçesidad de contallas, y
74 por guardar su costumbre, el Jobio
75 acordó de adul
|terar
parte d'ellas. Quanto a lo primero, dize que en el sitio, que mejor
se dirá
76 alojamiento
(que entonzes
77 hasta
tener echos rreparos no se podrá dezir estar Argel sitiada), quen
78 los ytalianos tenían
lo más çerca de la çiudad; y dize la verdad si añidiera cómo
aquello hera lo menos peligroso, y cómo lo berdaderamente /
trauajoso lo tenían los españoles, que hera defender los altos que
cayan sobre Argel, de adonde heran acometidos de grandes
muchedunbres de báruaros, alárabes y moros. Y quán vien se
defendieron, aquel negoçio ya se saue, pues no sólo hizieron esta
defensa
79, pero
ofendieron de tal manera a los enemigos, que subiendo enzima de lo
más alto, los echaron de aquellas cunbres y los ahuyentaron
defendiéndose vna noche
|y ofendiendo otro día por la mañana
|y subiendo por aquellas montañas
80. Y hierra tanbién el Jobio en poner dentro en
Argel solos ochozientos turcos, porque avía largos mill y
quinientos, sin siete mill moros que heran çiudadanos de aquella
tierra, tan diestros en la guerra y en el exerçiçio de las armas, y
avn más que los turcos. Y lo' que dize que la causa de hauer tan
pocos geníçaros heran las rrotas que se avían dado a Dragud
|y a Caramani, cosarios, el vno rroto por Juanitín Dolia y el
otro por don Bernaldino de Mendoza, y que otros estavan haziendo
guerra en el estrecho a las plaças que allí poseen portugueses, en
ninguna d'estas tres cosas save lo que se dize; porque / la poca
gente que perdió Dragud, no hera de la guarniçión de Argel sino
turcos, que dende el origen de Dragud, digo dende que començo
81 a andar de corso,
andaban con él benidos de Turquía, y otros que avía rrecoxido en
fronteras de ynfieles, así de la
82 Verbería como de Greçia
|y como
83 de otras partes. Y en lo que
toca a la vitoria de don Bernaldino, avnque algunos turcos yban con
aquel cosario, pero todo lo grueso de la gente heran moros y la
mayor parte d'ella christianos rrenegados. Y en
84 quanto a lo terçero, en aquel
tiempo qu'el Emperador estaua en Africa, no auía ni se haçía guerra
por los de Argel en el estrecho, y fue engaño del Jobio, y de la
|Pontifieal, que le quiso seguir, añadiendo qu'estos turcos
servían al Xarifee, rrey de Maruecos y de Suz, que agora no sé lo
que pasa
85, ni sé
cómo han suçedido las cosas d'estos báruaros, pero entonces hera el
Xarifee grande enemigo de turcos, y tan enemigo que antes se
ayudara de qualquier generaçión, avnque fuera contraria en
rreligión a la suya
86, que no d'ellos. Y en lo que más quenta elmesmo
Paulo
87 /, Jobio de
aver peleado mal los ytalianos quando salieron los argelinos y
turcos a dar en ellos, no tengo otra cosa que dezir sino que
m'espanto cómo lo quiso dexar escrito y cómo no se quiso aprouechar
de algún arte de rretórica para disimulaçión del negoçio. Pero
halló luégo coyuntura aparexada para descargo d'esta huída; y no
vna sino muchas halló el Jobio
88, y sin qu'éllas dixera en este paso, ni en
ninguno, no alabará él tanto aquella 89 su naçión 90, cada vez que convenga y sea rrazón hazello,
corno yo lo haré (y
91
no por lisonja y falsamente) todas las vezes que me viniere a
lanze, y vernáme muchas, según que otras tantas
92 an aprouado bien en la guerra
los modernos y antiguos ytalianos.