Capítulo Quinto
De las cortes primeras qu'el Enperador Carlos tubo en Alemania,
y del rremedio que en ella se puso a los comienços del heresiarca
Lutero, y de los prinçipios de las guerras d'entre el Emperador y
el rrey / de Françia, y cómo se aliaron el Emperador y el Papa, y
cómo la guerra se pasó a Ytalia, y de algunas cosas que en esta
guerra ytaliana pasaron, y de la muerte del Papa León dézimo y
eleçión de Adriano sesto
1.
Pasando por nuestra conçertaçión más adelante
2, en el capitulo siguiente qu' es
el terçero del libro ya tratado
3, trata Paulo Jovio dibersas materias; y de las que
se ha de hazer minçión
4
para la berdad de la ystoria son que, después de hauer contado la
toma de ia çiudad de Belgrado por el turco Solimán, quenta luégo
las cortes ( o Dieta como los alemanes la llaman), que Su Magestad
tuvo en la çiudad de Vormes de A:lemaña, que fue la primera vez que
se juntó con los prinçipes de aquella naçión después de hauer sido
eleto en
5 Emperador. Y,
avnqu'él no lo dize, las cortes alemanas se hizieron en aquel
pueblo, abiéndose de hazer en Nurunverga, porque, conforme a la
bula que los alemanes llaman Avrea, las primeras cortes qu'el nuevo
Emperador tuviese an de ser donde está dicho.Pero la pestilençia
que andava entonçes muy terrible por la mayor part:e de aquella
probinçia, causó que no se hiziesen donde por preuillegio y
costunbre se avian de hazer,sino en Vormes, qu' estava más fibre
entonçes de aquel mal contagioso. Dize pues nuestro autor que en
aquella Dieta se le dio liçençia al heresiarca Martín Lutero, que
nuevamente avía salido con
|sus herrores en Alemaña, para que
ablase y diese rrazón de lo que le avía mobido a semejante maldad,
y que dio las causas fríbolas que le pareçió, y qu'el pareçer del
Emperador fue que se buscase algún sancto medio para rremediar la
rrepública. y antes que pa / sernos a las demás cosas contenidas
en este capítulo, será vien en vna palabra dezir quán corto quedó
el Jobio en lo que hera neçesario que más se alargase, en fauor de
aquel a quien no le costó menos que la vida, y primero poco a poco
su sangre y su salud
6,
buscar el rremedio quando convino por mandatos, y después por
rruegos y persuasiones, y después
7 por las armas, para qu'esta plaga naçida en este
postrer terçio del mundo entre los christianos se rremediase
8.
Pero tratemos agora del punto que solamente trata el Jobio, y
quédese lo demás para las ystorias ynperiales, y así digo que en
dezir él
9 qu'el
Enperador en aquellas primeras cortes, rreçién naçida la desbentura
del
10 Lutero y dada
audiençia al mesmo herege, el Emperador buscó algún medio para
rremediar aquella pestilençia, si toma medio por concordia o por
alguna manera de asiento, es engaño notorio; porque lo qu'el
Emperador hizo después de oydo al
11 Lutero ( al qual avía dado saluocondutopara que
viniese alli a Bormes para
12 ber si por buenas rrazones pudiera ser apartado
de su herrado camino ), y no aviendo podido conseguir este hefeto,
le mandó
13 que luégo
se saliese de la corte y que dentro de beinte días se pusiese en
lugar que a él le pareçiese estar seguro, porque desde luego se le
declarava que no durava más la fuerça del saluoconduto, y hecho
esto, el sancto Emperador mandó
14 por vn hedito rrigurosísimo, que se mandó
publicar
15 por toda
Alemaña, que ninguno sintiese ni consintieseen aquellos herrores y
heregías ni en ninguna d'ellas, que ya la y glesia 'Cató1ica y el
Papa, caveça d'ella a esta sazón, avía declarado por tales, so pena
de muerte y priuaçión de todos sus bienes, y demás d'esto se mandó
que todos sus libros fuesen quemados, y así / lo fueron en aquella
plaça de Vormes, mandando asímismo
16 a todos los ynpresores y libreros que no los
ynprimiesen ni vendiesen de allí adelante so la mesma pena, todo lo
qual seguardó así algún tiempo, ya gunos uteranos fueron
17 quemados en Alemaña por el
ynfantç don Hernando, que de Flandes avía ya pasado en Alemaña, y
se avía casado con María, hermana de Luis, rrey de V ngría, este
mesmo año que fue el de veinte y v no. Al qual ynfante, que los
alemanes llamavan el Archiduque de Austria, dexó el Carlos
18 su hermano por su
lugarteniente en el imperio, porqu'el Emperador, llamado de
19 la guerra de Flandes
que ya el françés por aquella parte a este tiempo le avía movido,
le convino bolver
20
aquellos estados, y de allí a poco tienpo a España. Pero como
después aquella luterana plaga, por pecados de la christiandad
21, se ampliase por toda
aquella prouinçia de Alemaña, y avn brotase otras heregías diversas
y de diuersa manera
22
( cosa muy natural y propia de los hereges porque no ay cosa, según
se a visto desde la primitiva y glesia que más polule ni heche
23 dibersidad de rramos
24 que las mesmas
25 heregías, que
26 vnas salen de otras y
otras de otras) , no pudo el buen ynfante Archiduque castigar lo
que ya yva cundido por
27 todas las partes de aquella tierra ,ni
28 el Enperador que tan
justamente estava avsente tanpoco
29. De manera que rresolviéndonos, digo qu'en
aquellos prinçipios d' esta calamidad
30 allí en Vormes ni vbo rruegos nimedios, sino
mandatos con todo rrigor, como heran neçesarios
31. Los rruegos y medios vinieron
quando después esl:uvo el mal general y
32 no se ovedeçía a lo mandado, y los
33 que se buscavan y se les
34 ofreçían a los
herejes, heran salva la verdad católica y las otras cosas que
convienen
35 qu'estén
en pie como lo han estado desde / el prinçipio de la y glesia hasta
agora, y quando rruegos ni medios no vastaron, se tomó por el
mesmo
36 Emperador el
vltimo rremedio
37 de
las armas, que
38 lo
que en ello suçedió se alega para ello las corónicas ynpresas
39 en los coraçones de
los honbres del tiempo presente, y para el porvenir las que
quedaren escritas de
40 la más sustançial guerra que se bio en nuestros
tiempos.
Y vengamos agora a lo qu'el mesmo ovispo
41 dize más adelante en este
mesmo capítulo, donde trata de la capitulaçión que hiçieron León y
Carlos, Papa y Emperador, y avnque no lo quenta, hízose allí en
Vormes, y en esto lo que ay que dezir
42 es que fuera justo, guardando la horden de buen
ystoriador, pues ello hera tal
43, que pusiera primero la primera guerra d'entre
Françisco a mizer Rroberto de la Marcha, vasallo en çierta manera
del Emperador por la parte de aquellos estados, y que nuevamente se
les avía rrebelado, ayudándole el françés con gente y dinero y
capitanes para esl:a rrebelión, haziendo guerra pública los
françeses a los borgoñones, y avnque haze de pasada mençión d'esto,
es fuera de propósito y del tiempo que lo avía de hazer, porqu'es
en el libro diez e nueve, en el capítulo segundo, antes qu'el
44 Carlos viniese a
rreynar en España. Lo qual pasa al contrario, porque después
d'estar en España rreynando, y ser elegido Emperador, y buelto otra
vez a Flandes, y de allí
45 Alemaña a tomar la primera corona que tomó
enAquisgrán ( y avn hallándose el mesmo mizer Rrobert'o en aquella
solenidad como vasallo borgoñón del carlos
46), se partó de allí mediante
los tratros secretos que traya con el françés, y se rrebeló como
está dicho. Contra la qual
47 rrebelión se opusieron los de aquellos estados,
estando su Carlos
48
ocupado en las cortes de Vormes, suçediéndoles
49 muy vien el negoçio, porque le
tomaron todas sus tierras al Rroberto y después entraron por /
Françia como prouinçia ya públicamente su enemiga, y sitiaron a
Masieres llevando por general a Enrrique, conde de Nasao, y no a
Françisco Sichino, como el Jobio dize, el qual Françisco
50 no y va allí más que por
coronel de çierta gente alemana, y es ansí que aquel lugar, qu'está
puesto junto al rrío Mosa, no se tomó entonçes por algunas causas,
y vna d'ellas fue la que nuestro autor dize del esfuerço y virtud
de Pedro Bayardo, esforçado capitán de los françeses, y de otros
capitanes que allí avía que hiçieron las defensas y rreparos
neçesarios. Pero es bien que sepa el Jobio que no hera el mesmo
51 Bayardo el capitán
prinçipal que la defendía, como él lo quenta, sino musiur de
Memorançi, a quien el rrey avía dado a cargo aquel pueblo para que
le defendiese de aquel ynpitu, y ase de adbertir mucho, como
punto
52
prinçipalísimo en estos negoçios, que las
53 primeras guerras que vbo
entrar el françés y el Emperador entonçes
54, que después duraron casi
quarenta años, con notable perdiçión de gran parte del género
humano, travajaron
55
estos dos prínçipes, y después d'ellos
56 todos sus afiçionados de Evropa y del
vniberso
57, de
cargallas el v no al otro, haziendo cada v no prinçipiador de la
guerra, de que tan grandes males al mesmo mundo, qu'estava en paz
muchos días avía, se siguieron, a su contrario
58, y no ay que dudar sino qu'el
que las començó abró la más pestilençial cosa para
59 los honbres que se a leydo,
avnque entren en ellas
60 las guerras púnicas tan nonbradas de rrómanos y
cartagineses, ni las
61 de los griegos y persas, ni
62 las de otras
63 naçiones ningunas
64 que sepamos que ayan
beligerado
65 vnas con
otras. Pues agora nuesç)ro Jobio, en el capítulo que tengo
alegado
66 del libro
diez y nueve, muy gentilmente, sin más propósito, falsísimamente
67, da a entender por
palabras bien claras (1o qual
68 confirma por este capítulo terçero) / del libro
veinte ( en dezir
69
que la guerra que se abía començado
70 en España se avía trasladado en Ytalia)
71, que la primera guerra
que entre el Carlos
72
y Françisco huvo fue començada por los ynperiales, çercando el
lugar de Masieres en Françia
73, como quiera qu'es notorio, savido y entendido y
palpablemente visto
74, que pasa lo conttario; porque antes del sitio de
Masieres, Rroberto de la Marcha de quien hemos tratado, haziendo
gente en Françia y en París, caveza de aquel rreyno, públicamente
tocando atanvores y enarbolando vanderas, entró por los estados de
Borgoña, canpeando y tomando pueblos, sin tener Flandes vn soldado
hecho. Lo qual sabido por el Emperador, qu'estava en Bormes
entendiendo en apaçiguar la heregía luterana, cometó el rremedio y
defensa de aquellos estados al conde Nasao, el qual haziendo gente
y baxando alemanes, rrecuperó
75 lo perdido, y al Rroberto tomó la mayor parte de
su estado, y pasando adelante tras él entró en Françia y sitó al
lugar de Masieres. Véase agora quién dio causa a esto; y avnque no
vbiera suçedido
76,
después d'esto o casi en el mesmo tiempo, el rrey Françisco enbó
exérçito con musiur Asparros sobre Nauarra y la tomó, y avn no
contentándose con Nauarra dio vista a Logroño, tierra patrimonial
de Castilla, avnqu'el
77 exérçito françés llevó el pago queconvenía
quedando perdido, y el general que lo gouernaua preso, y todos
vençidos de los españoles, que les dieron la vatalla a postrero de
junio d'este mesmo año de veynte y v no, y no vasta, para
contravençión d'esto
78, dezir que conforme a lo de Noyon podía el rrey,
salva la amistad del Carlos
79, ayudar al Enrrique de Labrid para rrecobrar a
Nauarra; porque no lo podía hazer sin
|
primero rrequerir al
Carlos
80 que diese
congrua
81 satisfaçión
al nauarro, / y que constándole que no hera bastante, lo pudiese
hazer, haziéndole primero al españo1
82 çierto del derecho del despojado. Todo lo qual no
avía preçedido, ni parte d'ello, hasta qu'el exérçito entró por
Nauarra y la ganó, y avnque vbiera pasado los rrequisitos
neçesarios, ¿ qué obligaçión o qué derecho tenía Enrrique de Labrid
a Logroño, para sitialla el rrey de Françia ?
De manera qu'está muy claramente visto ( como tanvién después lo
declaró el rrey Enrrique de y ngalaterra en el tiempo que atrás
dexamos apuntado
83),
qu'el prinçipiador d'estas guerras que tan nonbradas y perpetuadas
quedarán en la memoria de los honbres por
84 peruersas para la christiana
rrepública, fue el rrey Françisco, y que a él solo se le deve esta
hazaña, sin tener más parte en ella el Carlos
85 que la defensa natural y la
obligaçión del anparo de sus vasallos, entre los quales entran
tanvién los lonbardos, probinçia qu'es feudo del ymperio. Lo qual
visto por
86 el
Emperador, y qu'el Françisco
87 no pedía ynbestidura al señor del feudo, como a
yngrato vasallo y que por el mesmo caso según derecho tiene perdido
el señorío útil de la cosa feudal, y que ya públicarnente por
diuersas partes de sus rreynos y estados le hazía guerra,
conçertaron él y
88
León dézimo y capitularon
89 en Vormes para hechalle
90 al françés del estado de Milán
que poseya, y que fuese anparado en los derechos de aquel estado
Françisco Esforçia, que estaua despojado; y para esto el Papa hizo
capitán superior de la y glesia a Federico, Marqués de Mantua, que
andando el tiempo
91
adelante el Emperador le hizo duque d'ella, y asímesmo
92 el Emperador nonbró por su
general al Próspero Cojona y coronel de la ynfantería al marqués de
Pescara, y de los honbres de armas hera superior Antonio de Leyva,
y comisario del exérçito / Hernando de Alarcón, todos quatro
nonbrados capitanes y eçelentes de nuestro tiempo, y así
93 la guerra se trasladó en
Ytalia, quedando todavía
94 los originales en los lugares contados de Flandes
y España, de cuya traslaçión ytaliana es menester que ablemos vn
poco en enmienda del Jobio y de lo qu'él trata, en este capítulo
por donde agora corre nuestra obra, en el qual el ovispo
95 dize algunas cosas harto
dignas de çensura, y juntando estas con otras qu'escribió el mesmo
autor
96 en vn libro
que hizo de la vida del marqués de Pescara, se hallará que en
ninguna tuvo rrazon.
Dize pues,en las partes ya allegadas
97, quel prinçipio d'esta guerra lonbarda
98 fue yr el exérçito
ymperial sobre Parma, y que aviendo tomado la mitad de aquel pueblo
hasta donde lo parte el rrío que pasa por medio d'él, el exérçito
99 no prosiguió acavallo
de
100 tomar todo,
con gran vergüença y afrenta de aquel campo. Y en esto el autor
101 se engañó
manifiestamente, porque la rretirada de Parma y volverse alojar al
rrío Lença fue vna cosa harto açert'ada, según la opinión de
muchos, como después el suçeso lo mostró. Puesto caso qu'es verdad
qu'el Próspero ( avnqu'este punto no toca el Jobio) fue de pareçer
contrario, y que la çiudad se acabase de ganar, costase lo que
costase, sin envargo que por aquella parteestava muy fortificada.
Pero çiertamente, si muchos no se engañan, fue más açertado el
pareçer del de Pescara, que dio muy de propósito en la rretirada
102, porque la toma
del pueblo avía de costar mucha gente, y después ocupados en el
saco, avía de ser grande enbaraço para defenderse de musiur de
Lutreque, que con el exérçito françés les venía ençima, y dize más
en aquel libro de la bida del marqués (porque corramos toda la del
Jobio)
103: que vn
alboroto que luégo, cabe el lugar de Ponte Vico, huvo
104 entre los españoles y
ytalianos del exérçito çesáreo, que los españoles tomaron
desaperçevidos a los ytalianos, y que sin causa ninguna les
acometieron, y que así, como desaperçebidos, llebaron / lo peor.
Engaño notorio, mas no engaño, sino maliçia pura, que ya tanbién yo
me boy desbergonçando
105 . Lo que pasa es qu'estando rrefirmados los
esquadrones en el territorio ya dicho, sin propósito ni causa
ninguna, rrebuelben los ymlianos y dieron en el bagaje de los
españoles que acaso estaba allí çerca d'ellos, y saquéanlo como si
fuera rropa de enemigos, y los moços de los soldados dieron el
aviso d'ello, y la grita lo dio primero, y buelben los españoles de
dos en dos, y de quatro en quatro, y esquadras enteras, a procurar
por su hazienda ya cobralla, y hizieron lo que hiçieran qualesquier
honbres por justificados que fueran, y puesto ya el negoçio en las
armas suçedó1es mal a los ytalianos, como el mesmo obispo
106 dize, que llevaron
lo peor; y tan
107
peor lo llebaran, que ellos se espantaran bien del negocio, porque
quedaran allí más de los que quedaron
108, si no se tubiera rrespeto
al marqués de Mantua hazia donde se fueron rrecogiendo, y al
cardenal Jullio de Médizis, que fue después Papa Clemente sétimo,
que hauía poco que hera venido al campo a rresidir en él
109 por legado del
Papa su primo, el qual acudió luégo al negoçio, y con su autoridad,
rruego y lágrimas (trayendo yna cruz delante de sí), puso fin a la
baraja. Trata más el obispo
110 en los lugares ya alegados, que quando
adelante
111 se
aposentaron anbos campos, françés y ynperial, el y no tan çerca del
otro que no ayía más del rrío Ada en medio, que
112 quiriendo pasar los
ynperiales y siendo defendida la otra rribera por los contrarios,
que los ytalianos fueron los primeros que pasaron en çiertas
barcas, yendo y bolbiendo por más soldados de aquella naçión, y que
los españoles pasaron después y tomaron çierta casa, y ayn por que
no quedase primero
113 ytaliano en el campo de aquesta banda del rrío,
ayn no haze su pasada tan presto
114, hasta que Juanín de Médizis, capitán eçelente
de cauallos ligeros, se abenturó / a la hondura del rrío y pasó con
su gente de cauallo de la otra banda
115 con gran peligro. Y es así, que ninguna
persona pasó primero el rrío aquel día, qu'el capitán Juan de
Hurbina, maestre de campo de los españoles, con treynta soldados de
su naçión que
116
pusieron los pies primero que otro ninguno
117 en la otra yanda
118, y luégo pasaron
más arriba los ytalianos en dos barcas, y más arriba luégo los
españoles de golpe en otras, y el capitán Juan de Médizis por el
agua con harto gran peligro, que en esto sí lo hubo
119, como el mesmo
120 Jobio dize.
Pero de lo que este nomble autor más m'espanta a mí
121 en este capítulo, es de que
diga
122 qu'el
marqués de Mantua defendió a Pauía, sin hazer mençión de Antonio de
Leyva qu'estaya con él, a los quales anbos se les hauía encomendado
la defensa de aquella tierra. Y quánto más conbenía ayer hecho
minçión del Antonio
123 en defensa de Pabía que de otro ninguno, Dios
lo mostró después andando el tienpo, rrespondiendo porlo que
sabía
124 que abía
d'escrebir el Jobio, mostrando quánto este nonbre de Pauía
125 casi no se puede
nonbrar
126 entre
naçiones estrañas, sin el nonbre de Ant'onio de Leyba, y si
127 dize por otra
segunda guarniçión que otra vez se enbó a la mesma Pauía, devajo de
la mesma miliçia del mantuano
128, acordaráse que fueron al1í no
129 todos ytalianos, como él lo
apunta, sino
130
tres conpañías d'españoles, con sus capitanes Corbera, Santacruz y
don Felipe de C;erbeI1ón, los quales entraron en el pueblo por
medio de los enemigos. Pero avn más m'espanta que pone en este
capítulo el Jobio a Marco Antonio Colona, capitán baleroso que
131 serbía a
françeses, muerto en el socorro del castillo die Pauía, habiendo
sido muerto de vn tiro de artillería en el socorro de la fortaleza
de Milán, queriendo por al1í socorrer a los de aquella fuerça, lo
qual aconteçó después de ser ya ganada por los ynperiales Milán, en
la qual se entró a beinte y dos de nobienbre de aquel año de beynte
y v no, teniendo la: çiudad los ynperiales y los françeses el
castillo, y en fin / del capítulo dize tanbién
132 que luégo muró el Papa León
dézimo (y así fue la berdad, y avnqu'él no pone el día, muró a
primero de diziembre), y que en su lugar suçedó Adriano, con
bergonçoso fauor y apresurados botos de los banderizos cardenales
en preferir vn honbre olando y que entonçes estaua en España, a
todos los demás cardenales, contra la honrra de Ytalia.
Esto todo
133 no
mereçe otro nonbre sino el de rrisa
134, avnque en paso tan ynjusto no lo
135 sería que se lebantase
136 aquella suprema
dignidad y la
137
tenençia de Jesuchristo en la tierra, no la dexó el mesmo Dios
138 particularmente,
a lo que yo creo
139, a los ytalianos más
140 que a las otras na çiones.
Esto
141 tan
obligado estaba el obispo a sauello, como saber
142 escreuir ystoria; y así
siempre hauido
143
diferentes naçiones en el Sumo Pontificado. y el
144 Adriano, de quien él trata,
fue vn señalado barón y bastante, si algún honbre por bentura en la
tierra puede hauer que lo sea, para aquel cargo, y de los
ymperfetos, porque en fin todos lo son según agora está el mundo
para tan grande dignidad, él fue perfetísimo
145, y naçer en Olanda haze
poco al caso, ni en lo más bárbaro que ay en todo el setentrión, y
para esto le alego la bulgar doctrina de San Pablo, qu'él mejor me
puede alegar a mí. Pero el mayor ynconbiniente qu'él devió de
allarle, fue estar entonçes en España, qu'éstas son las postreras
palabras de su capítulo, porque ningún mal le pareçe a ét que deja
de tener España, hasta estar ynpedida de sufiçiençia para que quepa
en ella vn honbre mereçedor de ser elegido en aquella alteza de
dignidades
146.