Capítulo Quarenta y Çinco
De cómo el Enperador don Carlos pasó por Françia a sus estados
de Flandes, y del castigo que hizo en la ciudad de Gante, y de la
paz que bizieron veneçianos con el turco, y de las controversia, de
entre el Emperador y Guillermo, duque de Clebes, y de la constançia
del mesmo Enperador sobre la rreprobaçión de las herejías de
Alemania
1.
Dexado el Piamonte, da consigo Paulo Jobio en la rasada que el
Emperador hizo por Françia en fin del año de treinta y nueve,
tomando por ocasión para ella la rrevelión de los de Gante (çiudad
prinçipalísima de aquella Baxa Alemaña) que poco abía que,
cometiendo el detestable delito de trayçión, se auía rrebelado a su
se
|ñor natural. / Donde dize nuestro autor que el Enperador
fio su persona de la de su enemigo, y dize la verdad; pero de qué
manera fue este pasaje y el propósito d'esta fiança, otro lugar lo
dirá más de propósito. Solamente se dirá agora de pasada vna
enmienda que es menester ponerse en la doctíssima
|ystoria
Pontifical, en la qual se quenta que Carlos
2 pidió paso al
3 Françisco para pasar por su
rreigno a Flandes; y es cossa que tal no pasó (avnque le pasó por
el entendimiento al mesmo Carlos
4 (según se a de ereer) la pasada por Françia). Y
demás d'esto, erco yo partieularmente
5 que la deseaua mucho, y lo que me haçe creer
|
esto, también será contado en otra parte ffuera d'esta obra.
Pero en lo demás lo que pasa es que, sabido lo de Gante en Françia
y en España, el Emperador determinó de pasar al rremedio y a otras
cossas que tenía que hazer en aquellos estados, de lo qual dio
quenta al
6 Françisco
(que como se saue y está visto estauan en treguas deçenales), y el
mismo rrey francés
7 le
eseriuió rrogándole (no digo bien, sino muy
8 ymportunándole) que la pasada /
fuese por Ffrançia, y que no tomase el camino por la mar, como
otras vezes lo hazía. Y dándole para esto muchas rrazones, y entre
otras que aquella junta, vista por el mundo, auía de rresçeuir
d'ello grande alegría y hera dársela a quien estaua tan trauajado
con las diferençias pasadas; y en fin, hera dar vna muestra grande
de que se esperada paz entre ambos cuñados. Y no sólo ffue esta
ymportunidad (llámese así) con cartas del rrey, pero ni más ni
menos su muger, la rreina doña Lconor, escriuió a su hermano de 'u
propia letra lo mesmo, con las quales cartas e ymportunidades (otra
vez las torno a llamar así)
9 el Carlos
10 se determinó de pasar por la prouinçia françesa
en prosecuçión de su víaje
11.
De manera que no huuo saluoconduto, como la
|Ponriffical
apunta, ni hera cossa que auía de venir a esos términos, porque
aquellas liçençias o saluocondutos danse a personas particulares y
no de un prínçipe a otro. Y
|porque agora también digamos
12 de pasada lo que más
en la mesma
|Ystoria /
|Pantifical se dize, que no
|cree que en aquella pasada el Emperador prometiese al
françés, como los françeses dizen, el ducado de Millán, el
doctíssimo
13 Yllescas
cree lo çierto, pero engañóse en lo que más serca d'esto quiso
creer, que auía dado el Emperador buena esperança d'ello por
palabras generales. Porque ni por particulares ni por generales, ni
por vía de esperança' ni por otra ninguna manera, se trató del
ducado de Millán, ni de otra cosa que supiese más que a rregoçijos,
y
14 fiestas y
plazeres. Y en esto bien lo açertó el Jouio, porque así pasó, que
no se habló en otra cossa míentras el Emperador estuuo en Françia,
y nunca jamás a françeses oy otra cossa en contrario d'esto (hablo
de personas que puedan hablar en ello), antes el mesmo rrey
francés
15 estullo en
eso tan generoso (mejor crco que dixiera valeroso, pero ambas
cossas quadran bien en este propósito)
16, que nunca primitió
17 jamás que se tratase de cossa
ninguna de negoçios; porque en rrealídad de verdad ello paresçiera
muy mal, sinembargo de que el Enperador, tratando así familialmente
con el condestable, le díxo alguna / vez que hera ya rrazón que los
negoçios de entre Ffrançia y él no ffuesen por via de treguas, y
que pensaua hallar, plaziendo a Dios, algún camino para constituir
vna perpetua paz entre él y su hermano (que así se llamauan
siempre), y que para esto, y para comunicallo con él, auía enbiado
a dezir a su hermano el rrey de rromanos que abaxase a
Fflandes.
|
|
Lám. 9: NOTA MARGINAL DE LETRA DE
QUESADA (Fol. 32 v.) en el texto impreso (pág. 91) se incluye entre
asteriscos.
|
En ffin, el Emperador pasó por Françia con las dcmostraeíones de
alegría y rregozijo que se le pudieron hazer; pero con todo eso, es
bien que sepan las gentes que en esto siguió el Carlos
18 sólo su paresçer, en lo qual
(digo en seguir su paresçer sólo, muchas veçes contra el de su
consejo), ffue vno de los más venturosos prínçipes que dende que ay
hombres lo huvo entre ellos
19, que çiertamente, mirado con consideraçión,
paresçía cossa de más alto ser, que guiada por humana sabiduría.
Porque hartas vezes (que no tanpoco sienpre)
20 si siguiera el paresçer de sus
consejeros (que en la verdad
21 hera lo que más paresçia allegado a rrazón) lo
herrava, y siguiendo lo que no lIeuaua camino tan derecho (sino
22 sólo el de su
juizio), dava de punta en blanco en mitad del açer tamiento. Digolo
a propósíto que contra el voto de todos aquellos que a él le podían
/ hablar y aconsejar en esto, sino sólo por el suyo, hizo esta
jornada; porque claro está que considerado con el entendimiento
común. no hera más pa,ar por Françia entonçes, que poner los dados
y el ducado de Milán ençima de vn tablero. Avnque suçediera rrebés
alguno, no fuera jugar a Lombardía, porque en ffin del juego se
esperaua lo vno o lo otro, sino perdella del todo para siempre
23. Y en este artículo y
que fue lo que movió al Carlos
24 a vna extrañeza semejante*, también tengo
guardadas mis çíertas conjecturas y
25 pensamíentos ymperiales, y las rrazones por donde
las pruevo, que por fuerça (por estarme los
|Anales tirando
de la halda)
26 las he
de dexar para entonçes.
Boluamos a nuestro Jobio. Dize, pues, más adelante
27, en el capítulo primero del
libro treynta y nueve, que 1es pesó a los beneçianos por la liga
que avían hecho con el Enperador (y esto ya se lo he oydo a este
hombre
28 otras dos o
tres vezes en estos sus libros), y no sé a qué propósito. Porque si
trata de la liga de Nápoles, yo
|no sé allí qué perjuizio se
les pudo seguir, sino muchos prouechos muy notables a los de
Veneçia; y si dize por la confederaçión de Rroma contra el turco, /
no tenían más 'razón de congojarse d'esto por causa del Emperador
que del Sumo Pontífize, que también fue contrayente prinçipal de la
liga. Y en ella (dexado aparte la causa maior, que es la de la
rreligión, y hazer guerra al enemigo de
|la nuéstra) la
prinçipal por que se ligaron Paulo
|y Carlos, ffue por
socorrer a los veneçianos, a quien ya ,1 turco Solimán, dende el
año pasado de treinta y siete, quebrando las treguas, les hazía
guerra y les çereó a Corfu, y agora les tenía sitiado a Nápoles de
Rromania, en la Morea y otros lugares, y sobre todo les avía
lleuado más de diez y seís mil ánímas cautibas a Costantinopla. Y
dezir que de todo esto se arrepentían agora los de Veneçia, hera
como
29 vn hombre
çercado de enemigos si
30 le pesase que viniese nadie a socorrelle. Y en
quanto a las treguas que dize el Jouio en el mismo capítulo que
alcançó de Solimán el rrey Ffrançísco para los veneçianos, porque
deseaua apartarlos de la liga del Emperador para qu'el armada de
Andrea Doria, siendo desygual a la turquesca ffuese fforçada a
dexar libre la posesión de la mar a Barbarroxa, digo que yo
31 conffieso aquella
posición
32 al obispo;
nunca rriñamos por eso, y la creo como él la dize
33, y avn añado más: / que de
avelle quedado tan libre la mar al cosario Baruarroja, perdió en
ello la christiandad entonçes vn ynffinito casi
34 número de ánímas que se llevó
a su
35 Turquía. Pero
dize tras esto el Jouio, y también la
|Hissoria Pontiffical,
que el tiempo d'estas treguas se yua ya acabando, y que estauan ya
en peligro y con congoja los veneçianos, no sabiendo qué se haçer,
espeçialmente que les faltaua trigo para el bastimento de su
çiudad; y que el Enperador no se lo dexaua sacar de Siçilia sin que
le pagasen çierto derecho, el qual hera tan grande como el presçio
del trigo y de la traída, y que d'esta manera no podían boluer los
ojos sino a Solimán. El qual pocos años antes, en otra ffalta de
trigo, les socorrió liberaImente, deziendo, no como bárbaro, que
hera cossa ynhumana esperar ganançia de trauajo ageno, y qu'él
quería dar de comer a los que estavan en miserable peligro de la
vida. Todo lo qual es hablar
36 el de Nochera con mucha desenboltura, de lo
|
qual se sigue muchas veçes la poca conçiençia. Y aqul
çiertamente
37 huuo lo
vno y lo otro, porque en lo del portazgu de Çiçilia no fue
ympusiçión nueua ninguna, hecha para este effecto, ni / para otro
ninguno, y quando Dios a sido seruido de enbiar alguna hambre en
España, de aquellas mesmas partes se a socorrido, cargando aquel
grano con los derechos que se pagan en Çiçilia. Y pues para
38 sus mesmos basallos y
para mantenellos
39 se
a de sacar (corno es costumbre) con los derechos ordinarios, no sé
cómo quiere el Jonio que a los estraños, y no basallos sino
aliados
40, tengan más
preuilegio que los naturales, y que con ellos se quebranten todas
las leyes y constituçiones de aquella parte donde se saca el trigo.
El qual con todos estos derechos no sale tan caro ni la mitad de lo
que el Jonio dize, y es levantamiento de los
41 acostunbrados suios. Y aquel
mesmo año de que él ba tratando, que es el de quarenta, se cargó
ynfinito trigo para Beneçia, y si son (como él da a entender) menos
graues
|y menos derechos los turquesco, que los çiçilianos,
vaya él y cargue quanto quisiere, como carga a su
|Hisroria
de ottras cossas de harto menos preçio qu'el trigo
42.
Y no save el cuitado
43 qué es la rrazón (y si la sabe no la quiso de
maliçia poner) por qué sea la causa de que
44 el trigo tenga menos
ympusiçiones en Greçia
|y Dalmaçia / que en Çiçilia;
comoquiera que en toda, las otras mercadurías y contrataçiones sean
más yncomportables las ympusiçiones turquescas que, no sólo entre
christianos, pero entre ningunos báruaros jamás se an hallado. Y
oluidado de todo esto párase
45 a alabar al turco, y
46 no sólo en este paso, pero
47 otras veçes lo a
hecho
48 y emos pasado
por ello. Y según su entendímiento él lo compone
49 vn hombre muy blando y muy
vmano, no
50 nada
rriguroso, y con otras calidades muy suaves, siendo como fue vn
bároaro de los ynicos
51 y maluados que ha avido, aunque no niego que
entre los otomanos hubo otros pcores. Y toda el alabança d'este
artículo
52 es por que
dexó sacar trigo de adonde a él
53 le rresultaua harto prouecho, sin considerar el
Jouio que lo hazía para que en sus puertos vbiese la carga
ordinaria de aquel vastimento que ay en Ziçilia, y para
desaperrochar aquella ysla d'esta contrataçión si pudiese
54.
Pero vengamos a lo que más dize, que los beneçianos estavan
tristes y con gran duda si harían paz con el turco, y que los que
tenían la parte afirmatiua traían por su
55 opinión que el Emperador pretendía hazerse
señor de toda Ytalia/ y después de toda Europa, aunque lo
disimulaua, y que por eso le pesaua con la paz de Beneçia y
Turquía, porque estando gastadas las haziendas veneçianas huuiese
oportuno tiempo para el Emperador acometer aquella rrepública, que
sola hera la que le podía yr a la mano, porque ya todo lo demás de
Ytalia le estaua subjeto. Todo lo qual es artifiçio d'este
hidalgo
56 no más de
para que quede en escripto semejantes cossas; porque si el
Emperador pretcodiera lo que el Jobio dize, notorio es (como todo
el mundo vido elaramente si no es el Jobio)
57 que otros mejores tiempos y más
a propósito tuuo para ello que el año de quarenta, como fue quando
estando él
58 en
Ytalia, y ante, (trato de la primera vez que estuvo en aquella
prouinçia) 59,
estando Françia estonçes humillada, tuuo toda Ytalia y los estados
d'ella en sus manos para poder disponer d'ella, auiendo antes
d'este tiempo, y después d'él, dado estados tan grandes en aquella
prouinçia
60, que se
hio bien en ello
61 si
querÍa hazerse señor de Ytalia o no. De manera que estas
consideraçiones no son de nínguno del senado de Veneçia, sino del
Jouio solamente, o de quien / tuuiese su mesmo espíritu
|y
entendimiento,
|y si ffuera d'éstos huviese alguno, sería de
quien estuuiese tan apasionado como él
62.
Y dize asímesmo, por continuar su materia, que los que tenían
esta opinión dezían que hera bien hazer paz con el turco y que se
avían de rreçelar de los ambiguos consejos del Emperador. Que
63 yo no sé en qué
consiste esta ambigüedad, como si fuera aquel benditissimo prínçipe
(espejo de todos los que an pasado d'este nombre desde que el mesmo
nombre ay entre los mortales)
64 alguna cautelosa persona o algún hombre doblado,
pérfido o engañoso, o otras cossas
65 semejantes. Y parésçeme esto a lo que dize luégo
en el capítulo ,iguiente: que abiendo ydo el marqués del Gasto y
musiur de Anibau, generales ambos en Ytalia, por sus amos
66 a Veneçia, para
persuadir que no hizíesen paz con el turco los de aquella
rrepública, dize
67,
tenían los que estauan de la parte ffrançesa aquello por artifiçio
del Enperador, y que para su prouecho los quería engañar. Y aunque
/ dize luégo que el artifiçio consistía en que con esperança de
liga vnibersal no prorrogasen las treguas ni hiziesen paz con el
turco, yo no entiendo el artifiçio con todo esto, avnque lo he
leído en latín y en rromançe, porque la embaxada hera para aquello
mesmo, y aquello mesmo hera lo
68 que se les proponía; luégo no sé yo qué artifiçio
auía debaxo de aquello, porque según mi quenta, el artifiçio y lo
artifiçiado todo se hera vna cossa sin cautela ninguna.
Pero lo vueno es que casi acaba el capítulo primero con tornar a
tratar lo que otras vezes a dicho, que la liga de Nápoles, hecha
entre Beneçia y Carlos
69, fue la cosa más dañosa que pudo suçeder para
toda Ytalia, como si en aquella liga se huuiera tratado otra cosa
más (que ésta ffue la prinçipal de todas ellas) de que los
beneçianos se obligauan a defender el estado de Millán. Y en verdad
que me pesa, quando pude saber esto del Jouio, con
70 otros pasos de su
|Hisroria (no de los / que me admiran, que éstos son
ynfinitos, sino de los que me desatinan), no auello sabido y
entender de aquel prinçipal historiador
71 en qué 'e fundó para dezir y dexar escrito
semejantes cosas
72.
En conelusión, la paz se hizo entre Veneçia y Turquía aquel año de
quarenta, con bergonçossas condiçiones y no dignas del nombre
christiano, como lo dirán todas las escripturas sempiternas del
mundo, pues la compraron los veneçianos
73 con trezíentos mili ducados que dieron por
ella, y con Nápoles de Rromania, y Malbasía, prinçipales plaças de
la Morea, y que en la mesma prouinçia poseya aquella rrepública.
Pero es lo vueno ,74
que la traiçión de Constantino Cabazo, secretario veneçiauo, y de
otros de aquella rrepública (cossa muy nueua en ella), dize que/
naçió de los diferentes paresçeres que auía entre aquellos
senadores, vnos teniendo la parte ymperial y otros la rreal. Y haze
ffin en esto (para que se vea su mala christiandad), siu querer
añadir lo que todo el mundo y lo que en todas las ystorias está
escripto: cómo aquel Cabazo y los otros cómplizes del delito heran
en afiçión françeses. Y aquel secretario descubrió el negoçio a
Guillermo Pelliçer, embaxador ordinario del françés en Beneçia, y
el Guillermo lo descubrió a quien auía que descubrillo en su
Ffrançia, y a quien convenla para que se supiese en Turquia. Y así,
mediante todo esto, vino el turco a querer matar a Ludibico
Badoaro, embaxador de veneçianos en Costantinopla, porque no
exeeutaua toda la comisión que lleuaua, y así la executó y entregó
a Nápoles / y a Maluazia al turco, sin el dinero de lo qual el
Vadoarn abisó a su rrepública, admirándose del deseubrimiento del
secreto, que ffue causa que el Cabazo y otros consortes se huiesen
a Ffrançia, y de otros se hiçiese justiçia, Y avn ffue neçesario
çercar la casa del embaxador ffrançés para que entregase algunos
d'ellos. Y con ser todo esto así y pasado por los ojos de los
hombres, no quiso Paulo Jouio sino que quedase en duda para el
tiempo venidero, si auian sido çesarianos o françeses los que
corronpieron con dineros parte de aquel senado de Beneçia. .
Dende lo qual
75
,alta el Jobio a contar, en el capItulo quarto, el castigo que
Carlos
76 mandó bazer
en su villa de Gante, después ayer pasado por Françia y allegado a
Fflandes, en el qual negoçio es menester que se pongan algunas
emiendas. Quanto a lo primero, hierra Paulo Jouio en dezir / que
después de rresçebido al
77 Emperador en aquel pueblo, se arrepintieron los
d'él de avello
78
resçeuido de paz, porque lo quisieran aver hecho con las armas en
las manos. A cuio propósito dizetambién la
|Hisroria
Ponrifical otra cosa contraria a ésta, y e, que los ganteses le
rreçibieron de paz a su prínçipe porque no pudieron hazer menos
sino disimular, a causa de que no estauan aperçebidos. Y ambos 79 son dos conosçidos engaños; lo que pasa
es
80 que la rrebelión
de Gante (que rrebelión ffue en rrealidad de verdad y así lo dize y
declara el Emperador en su sentençia) no ffue desobidiençia
cognosçidamente para querer tomar otro señor, ni rrebelarse contra
el suio, sino como la rregna María de Vngría, gouernadora de
aquellos estados, rrepartiese con consentimiento de los tres
miembros de Fflandes quatroçientos mili cárolos (cada / cárolo vale
dozientos marauedís de nuestra España) para la guerra que 'e
trataua con Françia y para yr sobre Teruana (como se fue y no se
pudo tomar entonçes), de la qual jornada lIeuó cargo el condo
Nasao, nunca los ganteses quisieron admitir este seruiçio, ni
81 la parte que d'ello
les cauía pagallo
82,
y pusiéronse en armas para que les fuesen guardados sus
preuilegios, que sin otros que tenían, heran tres tocantes a
|este negoçio. Y así, después se truxo muy brauo pleito sobre
si lo que hizieron ffue deslealtad o no, pero al fin se determinó
contra ellos. Vengo al propósito: nunca los ganteses pensaron
jamás, ni con disimulaçión ni tin ella, defender la entrada de su
señor en su pueblo; ni después tampoco se a de entender que les
pesó de avello
83
rresçeuido, porque heran culpantes solas cabezas, y éstas pudieran
ser que no fueran parte para alterar toda la comunidad / del
pueblo. Y así, comforme a
|esto, saviendo que el Çésar ttraía
para su acompañamiento, alliende de su
|corte, quatro mili
alemanes y seisçientas lanças, le enbiaron a dezir que para qué Su
Majestad haçía semejante nouedad, y a ellos semejante agrauio, en
benir con gente de guerra' su pueblo, pues no tenía él más leales
vasallos que ellos le heran, no sólo en los estados de Fflandes,
pero en quantos rreigoos y señoríos tenía, y otras grandes palabras
semejantes a éstas.
Y demás d'esta enmienda ay hierro en el número de los
ajustiçiados porque, sin los nueue primeros, no se hizo justiçia de
más de otros çinco, y no diez y seis, como estos autores dizen, y
d'estas muertes no se les dio mucho a los de Gante. Lo que
sintieron por extremo, y
|hera cosa a que no podían poner
paçiençia ni consuelo, ffue el hazelles salir / desnudos y con
sogas a las gargantas a los jurados y pensionarios (que son las
personas de su Cabildo), e yr así a la plaça ante el cadaalso del
Emperador y de su hermana la rreina María, pedir perdón de su
|yerro. Lo qual que lo hiziesen asi
84 se les mandó por sentencia
85, allende de que
ffueron condenados en lo que les eauía de aquel seruiçio que se
rrepartió, y más en otrros çiento y çineuenta mili cárolos por el
desacato y priuaçión de çiertas açequias yaguas, que les fue a
ellos cossa más ynportante que todo, en quanto al ynterese,
juntamente con el rronpimiento de sus preuillegios; porque también
por la dicha sentençia quedaron cassados y anulados para siempre.
Pero a nadie paresçió mal ni rrezio castigo (como el Jouio dize) /
el que el Carlos
86
hizo
87 en su patria y
naturaleza, antes por ser esto, Gante tuuo mayor culpa y meresçía
maior pena; y no ay ninguno (hablo de los que no son ningunos) que
tuviese por duro aquel castigo exemplar que se hizo 88. Y a lo que dize que las
çibdades ffrancas de Alemania lo rreprouaron, y que si al Çésar
suçediera algún rrebés binieran presto a socorrer a los de Gante y
a ponerlos en su libertad,
89 testímonio que el Jobio lIeuanta a los alemanes,
porque es cossa que
90
no les pasó por pensamiento a los pueblos en general que él dize,
ni a la generalidad d'ellos se les acordó de la sentençia de Gante
ni del castigo, ni son hombres que en sus cabildos ni cossas
públicas (y en los particu- / lares a pocos) se les aeuerda de
negoçios agenos y tan apartados de sus casas, y son ymaginaçiones e
ínbençiones jouianas.
Y porque a su paresçer abía rrato (con no aver auido ninguno
según auía de poco tiempo) que no auía dicho maliçias (que más son
qu'esto las que algunas vezes diçe)
91, quenta agora, contando el castigo de Gante, que
en España, sobre esto de pedir seruiçios a los pueblos, auian dicho
algunas palabras libres los de las Cortes. Lo qual es ffalso,
porque si lo dize por las de treinta y nueue en Toledo, allí no
huuo palabra que no se pudiese deçir del
92 súdito a su señor, con aquella fidelidad y
lealtad que siempre los e'pañoles lo hazen. Y si lo dize por lo del
condestable don Pero Hernández de Belasco, es cossa qu'él, pecador,
estando en Rroma no lo entiende; y
93 allí no vbo / cossa que supiese a palabra libre,
sino a mucha obidiençia y acatamiento. Y por el mismo tenor se ba
en lo de Milán, que dize que los lombardos estauan tan cargados de
tributos y seruiçios, y los de Nápoles lo mesmo
|(y Çiçilia
más que todos) con nueuas aleavalas en el trigo, y destruída de
tener, ymbierno y berano, apo'entados en guarniçión a los
españoles. De manera que paresçía que no les ffaltaua voluntad a
todas estas prouinçias, síno ocasión para rrebelarse; a lo menos sé
yo dezir que a él no le faltaua la suya para desear ver cumplido lo
que dize, pues con ffundamentos tan ffalsos, osa affirmar vna
proposición
93a tan
contra la honrra de todas aquellas tres prouinçias. Como si en
Milán huuiera abido nouedad, ni en / Nápole, ni en Çiçilia tanpoco,
en la cossa de los seruiçios y derechos de cada vno de aquellos
rreynos. Y no es bueno tanbién que ponga el Jouio por cavsa a los
çiÇilianos de su tristeza y conguja
94 tener españoles de guarn'çión, como si e'tuviesen
allí a otra cossa, ni fuesen para más enbiados en aquella ysla, que
para defendella de los cosarios turcos, o como si aquella
guarniçión faltase y avn teniéndola
95 no corriese grauíssimo peligro aquell rreigno, y
tan grande quanto es notorio
96; de manera que a la quenta jouiana es
destruimíento de Zizilia guardar de turcos a Çiçilia
97.
Pero tras esto, dexando a,í sabrosos (a su paresçer) los ánímos
de los oyentes, con dexallos bien ympuestos en exçesibos seruiçios
ymperiales, qu'es tanto como poner al prínÇipe de quien trata no
muy lexos de la terribilidad y de lo inconportable, / pasa al
capítulo quarto a contar dos o tres géneros de cossas. Y la vna es
el negoçio del duque de Cleues, que diferençiaua con el Emperador
sobre el ducado de Güeldres, siendo el señor de allí muerto poco
auia. Esto hera (avnque él no lo dize), el año de treinta y ocho a
postrero de julio, y él se llamaua Carlos, duque de aquel estado
güeldresco. Y dize agora nuestro obispo que el de Cleues ffue
ynstituído del Carlos por heredero de Güeldres, como si sólo este
derecho ffuera el qu'el Guilermo pretendía para quedar con
Güeldres, y éste que dize de la herençia, hera el menor. En ffin,
el el duque vino a Gante, porque como el Emperador pretendía que
hera suio lo de Güeldres, venía con saluoconducto a ver si se podía
tomar medio con la Majestad sobre aquel estado, / y no pudo, y así
se bolbió; porque la rresuliçión que se tomó húltima fue que se
rremitía todo a las
|Cortes o Dicta que se avía de hazer en
Alemania porque Geldres es feudo del Ymperio- para que los
prínçipes y çiudades botantes en Cortes determinasen
|esta
difcrençia. Lo qual después no se cunplió, porque el duque de
Clebes, que tanvién se yntitulava de Güeldres y lo poseya, quiso
más fortificar las tierras güeldresas qu'estar a la ovidiençia del
ynperio. Pero éste es vn negoçio y vna materia que no se puede bien
tratar agora, espeçialmente que sabemos que nos a de ofreçer esra
mesma
|Historia del Jobio lugar más aparejado qu'éste
(avnqu'éste lo es harto) para contar çerca d'este paso lo que aquí
faltare. Para entouzes se quede lo demás; con que agora se digan
dos engaños del Jobio
El vno es que como mal diestro en vna de las partes de
historiador, y qu'es harto neçesario a los d'este nombre, haze al
rrey de Françia pariente del duque de Clebes y grande amigo, y que
tenía tratos y negoçios con él, no aviendo ninguna cosa d'éstas,
porque ninguna amistad, trato ni negoçio, había / entre 98 Françisco y 99 Guilliermo, hasta que començó agora éste a
diferençiar con el Carlos 100 sobre el
hecho de Güeldres. Y avn con todo esto, en este tiempo por donde
agora corre la
|Historia del Jobio, con hauer començado estas
diferençias. nn se avía desbergonçadn a tratar en Françia hasta
después adelante, el año siguiente de quarenta y vno, que vino en
busca del rrey a entrársele por las puertas; el qualle tomó en su
ami,tad y le caso con hija vnica del señor de Labrid, que se
yntitulaba rrey de Nauarra.
Y en quanto al parentesco con el rrey de Françia, no tenía
ninguno el de Cleues; porque vea el señor Jobio quán mal diestro
está en las cosas de las genalogía, de prínçipes. Con sus hijos
se 101 tenía vn poco de deudo, y vien
poco, porque su visagüelo Carlos de parte de su madre, hijo de
Ludibico, duque de Vrliens, que mató el duque de Vorgoña a
puñaladas (negoçio ya muy sabido en las historias françesas), casó
con Margarita de Clebes, que por esta quenta venían a estar los
hijos del françés en terçero grado con el duque. Aqueste Carlos,
bisagúelo d'estos mozos, fue padre de Luis, duodézimo / rrey de
Françia, y hermano de Juan, primer conde de Angulema. De manera que
por la vía del Juan, de adonde deçendía este Françisco, moderno
rrey de Françia, no le tocaua sangre de Cienes ninguna, sino a sus
hijos por la otra banda del Carlos, hermano de Juan de Angulema, su
hagüelo. Porque como este Françisco casó con Clauda, hija del
duodézimo Ludibico, y este Ludibico hera hijo de mujer clebesa,
consistía en esto el parentesco que avía en Françia con Clebes. Y
no sé a qué propósito, hablando todavla en
|esto, dize el
ovispo vn gentil desconçierto: que la diferençia de Geldres hera
qu'el Carlos
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quería como Emperador eligir duque, y que lo fuese por su mano el
Guillermo, y no de otra manera. El quallo tomara, no de la mano del
Emperador, sino de qualquier otro que le dexara con el estado
güeldresco. El caso, en fin 103, es
que así el Carlos
104 como el Guillermo (dexado aparte el que el
Carlos tenía como Emperador)
105 pretendían tener derechos particulares cada vno
al estado de Güeldres, y el año pasado / de treynta y nuebe declaró
su derecho el Guilliermo a los prínçipes de Alemania, en la Dieta
de aquel año; y el siguiente de quarenta y vno deelaró el Emperador
el suyo a los mesmos prínçiper en la Dieta de Rratisbona.
Pero prosiguiendo más adelante las cosas del Jobio, digo que
106 dize en el mismo
capítulo quinto y lo da a entender
107, y la
|Hísroria Pontifical lo dize
tanvién por palabras bien claras, que sintió grandemente el turco
la muestra de amistad entre Carlos y
108 Françisco, y las muestras de amistad con
que avía pasado el vno por las tierras del otro; y que Antonio
Rrincón, emvaxador del rrey de Françia en Costantinopla, tuvo tanto
temor, que si no tomara vn bergantín y se fuera secretamente de
Costantinopla, se cree que lo matara. Y en quanto al pesar del
turco, yo también lo crco, pero no lo demás de huírse el envaxador
(si soy obligado a creher a él mesmo), el qual
109 me lo contó de allí a nueve
o diez meses, después que avía pasado la Magestad ymperial por
Françia. Antes preguntándole yo de / mi cosecha eómo se avía tomado
este negoçio, me dixo çiertamente e,ta particularidad: qu'el turco,
él creya
110, por
las señales que avía bisto, que lo abía tomado
111 mal; pero que a él nunca le
pasó por ymaginaçión de
112 dexar de tener aquel contento y sosiego que
siempre en aquella corte báruara tenía. Así qu'esto del bergantín,
y el hauerse huydo por temor de la muerte, es consideraçión de la
caueza del Jobio, y engaño de la
|Historia Ponrifical en
querer seguille. Pero pregunto yo al ovispo: si es así como él
dize, que si no se huyera Rrincón le mataran, ¿cómo o por qué causa
alava al turco de humano, y de otras muchas birtudes morales, cada
vez que se le ofreçe a hablar d'él 113? Pues no puede ymaginarse mayor ynhumanidad, o
a lo menos es vna de las grandes ymaginables 114, quebrantar el
derecho de lo, envaxadores que son enbiados a algún prínçipe;
quánto más que aquí hera el negoçio más qu'esto, que mataua al
envaxador por lo que nuevamente su amo haçía allá en su tierra, que
no se podía ygualar / crueldad a ésta, al parezer humano114a.
Pero bengamos agora, poco a poco y con paçiençia (porque yendo
con ympetu y con presteza aquel movimiento y calor lebantará la
eólera y çegarnos a para no saber rresponder), a oyr vna grande
maldad, y no sé si le diga vellaquería en rromançe, d'este Nochera,
que sin, acordarse de su dignidad ni de la verdad de su
|Historia la corronpió y adulteró diziendo
115 lo que dize: qu'es
116 qu'el Emperador
mandó a los prínçipes y çiudades francas de Alemania que le
enviasen sus nuçios a Haganoa para que disputasen çiertos errores
de los del
117
Lutero, con pensamiento que se juntase de'pués más de propósito,
como después
118 se
hizo, congregaçión en Bormes para propósito de
119 que se confutasen aquellas
opiniones luteranas. Y hast'aquí dize verdad, y
120 no en todo lo que más dize
çerca d'este propósito, qu'es qu'el Emperador avnqu'esta color
121 hera muy
honrrada, pero que
122 en lo secreto, demás de rremediar la Y glesia
pretendía
123,
quando otra cosa no pudiese ser, rregalar y disímular las heregías
y malas costumbres de los prínçipes alemanes, porque d'esta manera
vernían a su seruiçio y / 'e apartarían del amistad del rrey de
Françia y desharían las ligas secretas que con él tenían, y d'esta
manera
124 Françia
quedaría sin su gran ayuda.
¡O palabras, ya no ytalianas ni de autor ytaliano, sino
ynfernales y de autor del ynfierno! ¡Bendicto prinçipe mío, que no
te acabó otra cosa la vida sino las heregías de Alemania y por
rremediallas (y no por disimulallas) pasaste diez y seis bezes la
marl Y que sea tinta la soltura de vn desbergonçado lonbardo, que
diga, en vn libro puesto en molde, que disimulabas las eregías
alemanas por causa de apartar algunos de aquella naçión de la
amistad françesal¡Que de todo lo que Dios y naturaleza te dio, en
lo que toca a la tierra, te apartaras, antes que disimular heregías
porque se apartaran o no de la liga con Françial Y este autor la
deve tener con ,1 demonio, pues semejantes cosas se atreue a dezir
de un prínçipe, no digo bien, sino de vn corrco que andubo por el
mundo por la posta sin descansar, buscando por todo él maneras y
rruegos y persuasiones, y después al cabo guerras y batallas,
derramando su salud por toda Evropa / y su sangre en las batallas,
para qu'estos herrores y heregías modernas se rremediasen. Y en
esto no ay otra cosa que dezir, pues tienen todas las gentes del
siglo presente los coraçones llenos y los ojos mojados, cada vez
que nos acordamos d'ello, de lo qu'el Emperador hizo sobre esta
materia. Lo qual se berá bien largamente escrito en todas las
corónicas del mundo hasta en las de los enemigos del mesmo Carlos,
si no es en la del Jobio sola
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