Capítulo Quarenta y Quatro
De la toma de muchos lugares que los çesarianos hizieron en el
Piamonte, y de la venida de musivr de Humieres por general de
Françia a la mesma provinçia, y de cómo no pudo tomar a Busca ni a
Arte que tubo çercadas, y de cómo el marqués del Gasto tomó a
Quier, a Quirasco y Alba, y del desbarato que dio el duque de
Florençia a los Estroçis
1.
Entra tras lo ya contado
2 el Jobio, desde el capítulo quarto hasta fin del
noveno, contando
3 las
cosas de Florençia y la muerte de
4 Alexandro de Médizis, duque d'ella
5 y la eleçión del nuevo señor y
duque Cosme, pariente del muerto, y la confírmaçión del Emperador y
todas las otras cosas tocantes a los
6 duques amvos, muerto y vibo. Y como
7 dixe otra bez, que las cosas de
la Toscana y de aquel estado lloren tino las escribió el Jobio muy
bien y açertadamente, mientras no hubiese
8 españoles en aquella probinçia, así ni más ni
menos digo agora
9 lo
mesmo, porque çiertamente es así qu'esta muerte, y la eleçión del
nuevo duque, y todas las otras cosa, aderentes a esto, se
escribieron con toda verdad y sençillez, y sin borrón / ninguno. Y
por no echallo yo sobre tan buena escritura
10, pasaré adelante a otras
materias d'este mesmo
11 libro treynta y ocho que son la continuaçión de
la guerra del Piamonte.
Y asl, en el capítulo dézimo dize que en la guerra d'esta
probinçia, que los françeses y españoles tratavan, los daños y
pérdidas de anbas partes fueron yguales por çierta consideraçión
(,in considerar lo que dize)
12 qu'escribe en el prinçipio del capítulo. Y
después pasa a contar la, muertes del marqués de Saluzo y del conde
Aníbal de Nobelara, el vno ymperial y el otro françés, y trata del
marqués lo que suele, por no perdonalle en la muerte tanpoco
13 como en la vida. Y
dend'esto biene a contar la benida del musiur de Humieres, qu'el
trasladador llamó Humero, al Piamonte, por general del rrey de
Françia, en lugar del conde Guido Rrangón, que no quiso estar
devaxo de su mano. Y quenta asímesmo çierta pendeuçia d'entre Canín
de Gonzaga y Çésar Fragoso, françeses de afiçión, / y eu naçión
ytalianos. Y quenta
14
cómo avía puesto el vno carteles contra el otro para lidiar en
batalla singular y particular, que dize qu'es costumbre de que
solameute vsan los ytalianos y no ninguna de las
15 otras uaçioues. Después de lo
qual da vn xaque al Humieres, que si no se los diera mejores el del
Gasto (hasta no teuer más de vna o dos cosas en todo el tablero del
Piamonte donde se rrecoxer), huía poco al caso el que le da el
Jobio, notándolo de tímido y de poco ánimo. Y después d'esto
deçiende a echos particulares suyos, y de cómo puso çerco a la
çiudad de Haste, sin hauer gente deutro, teniéndola dou Antonio de
Aragón a su cargo, porqu'el marqués del Gasto estaua fuera ocupado
con el exérçito en otras cosas. Y dize eómo en este sitio no hizo
el françés uiuguna
16
cosa de valor y cómo se levantó d'él sin causa ninguua (auuque
Paulo, hijo de Rrençio, se lo coutradezía) por hauer entradu en
Aste Françisco Rruiz, con media / coupañía d'españoles en socorro
del pueblo. Después de lo qual escribe cómo Humero tomó a Alba y
cómo vinieron çiertos alemanes, que fuerou dos legioues d'ellas, en
fauor de los ynperiales, y de cómo el Humero o Humieres, biendu
e'to, guarniçionó a Quirasco, y a Alba, y a Quier, dexando en el
primero a Çésar Fragoso, y dando cargo de segundo a Jullio Vrsino;
y en Quier, que hera el terçero, puso por superior al cauallero
Azal, y que con esto se bolbió a Françia. Y qu'el marqués, de allí
a pocos día, puso segunda vez çerco sobre Quier, y después de
çiertas baterías y batallas, lo tomó por fuerça de armas. Y quenta
cómo el maestro de campo Diego de Arze tomó todas las joyas de las
mugeres del pu,blo en vna torre donde se avían rrecogido, y que
saquearon las easas, y que prendieron y rrescataron a los dueños
d'ella. Después de lo qual dize qu'el marqués fue con su campo
,obre Quirasco, dond'estaua Fragoso, y que después de dadas çiertas
vaterías y vatallas, y de hauerse defendido los / de dentro, se
rrindió el Çésar con çiertas ,ondiçiones qu'él pone en su
capítulo.
Y quenta más: que ganada así Quirasco, fue el marqués y su campo
sobre Alba, y que pusieron dos baterías, vna de ytalianos y otra
d'españoles, y qu'el marqués avía rrepreendido a
17 algunos españoles porque se
avían puestoe en lo de Quirasco vnas banderetas en las eaueças, y
no penachos como es costunbre, para ser mejor conoçidos en ,
asalto, y para que se biese la diferençia que huían los ytalianos.
Y que después no se abian mostrado tan animosos como avían dicho, y
que por esta rreprehensión abían propuesto que lo que no abían
podido hazer en Quirasco lo avían de enmendar en Alba. Y que los
ytalianos se enoxaron d'esta preçelençia que los españoles querían
sobr'ellos, lo qual fue eausa de que después en la vatalla, sin
estar echa buena batería, y faltando otras comodidades,
arremetiesen muchos alférez ytalianos por ganar esta honrra, y así
fueron rrebatidos / y muertos y presos muchos d'ellos, los nombres
de los quales quenta muy despaçio. Después de hauer contado e,te
caso y otros que aconteçieron sobre Alba, dize cómo se rrindió
Jullio Vrsino con las condiçiones de Fragoso, avnque dize que no
fue tan benturoso porque los capitane, y cauallos que le fueron a
poner en ,albo (entre los quales quenta dos españoles, y vn
borgoñón, y vn albanés, sin contar ningún ytaliano), le rrobaron y
desbalixaron. Y concluye que dende allí fue el marqués sobre
Piñarol con yntençión -pue, no hera pueblo para aprouechar la
fuerça- de ganar a él y a Turín con apretado y largo sitio. Y con
esto, y con alabanças del marqués del Gasto, como si no hubiera más
qué contar de la guerra piamontesa, y como si lo hubiera contado
fiel y verdaderamente, pone fin y rremate a las cosas del Piamonte,
no queriendo que hubiese más qué tratar d'ellas, o como si él lo
huviera contado todo.
Pero tratemos agora de solamente
18 lo qu'él contó, pues a esto no más estoy /
obligado. Y en el prinçipio de su quento hierra grandemente en
dezir que los daños de la guerra d'este año fueron yguales los de
ambas partes. Lo qual
19 no sé cómo lo pudo dezír, porque dende el
prinçipio del año de treynta y siete hasta casi el fin d'él, qu'el
rrey pasó los montes a socorrer sus cosas por su propia persona, y
antes qu'esto, en el fin de treynta y seis, nunea hizieron los
ymperiales otra cosa, y su marqués del Gasto
20, sino ganar plaças fuertes e
ynportantes, sin dexar al eabo sino dos o tres françeses, que
fueron Turín, y Piñarol, y Seviñán y otra alguna. Y con pasar esto
así, dize que no se ganaron sino dos lugares de cada parte. Y sobre
todo, lo mejor que haze es contar a Arraconis por lugar ganado por
françeses en 1a guerra de aquel año, aviéndolo tornado a ganar
luégo los españoles. Sin el qual pueblo de Arraconis ganaron los
mesmos ymperiales en aquel tiempo grande multitud do pueblos de
ynportançia, sin los que poseían cada vna de la, partes; que no de
todo / se puede la persona acordar, pero diré algunos: Caralle,
Linzo, Votillera, Carmenola, Parpalla, Rreconis, que ya está
contado, Casal de Monferrar, Casal Graso, Ponterol, Canbia, Saluza,
Rriba de Quier, Haye, Chiuas, Monealbo, Moncaler, Cariñán, Vigón,
Cabián, Quier, Quirasco, Alba y otros muchos.
|
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Lám. 8; TITULO Y COMIENZO DEL PRIMER
CAPITULO ( Fol. 1 r). Es el primer folio numerado del Ms. La letra
es del ammanuense de Quesada y la nota marginal del corrector
|
Pero no bengamos a tratar sino de los particulares qu'el Jobio
trata; y la toma de los demás lugares se quede para otros que
tengan más euydado de no hurtar a los españoles, ni a ninguna
naçión, su gloria. Y viniendo a lo de Carmenola, cuenta nuestro
autor que, avnque se tomó el lugar y castillo, fue muerto allí de
vna pelota de hartilleria el marqués de Saluza, para que acabando
la vida, acauase ya el Jobio de dezir mal d'él, aunque en el paso
de la mllerte tanbién lo hizo. Y tanto quiso quedar deviendo al
ánima del saluzano (que olbidando el ofiçio de ovispo) acordó de
deçille por rresponso que le avían muerto con rrazón, y otros males
con que no pudo dañar al alma / del marqués sino a la suya. Y para
ygualar la 'angre, pone por contrape'o d'esta muert, la del conde
Aníbal de la Nobelara, no debiéndolos de emparexar, pues avía tanta
desbentaxa de lo vno a lo otro, ablo en estado y en ealidad, que no
trato de otra cosa, siendo en estas dos cosas muy aventaxada la
persona del marqués. Y díze qu'este conde fue muerto cabe
21 vn lugar llamado
Busea; y dize la berdad, pero cállala en lo tocante a este mesmo
negoçio, por no contar sesenta glorias de sesenta españoles que
defendieron aquel pueblo a musiur de Humieres, y a todo el campo de
Françia, con ser el pueblo no muy fuerte. Pue, pasa así, qu'en
aquesta tierra estaua vn soldado español, llamado Pedro de los
Sanetos, que por causa de çierta enfermedad que tubo quando el
Emperador entró en Françia, se quedó allí a eurar, y aviendo
rrecogido consigo los sesenta españoles que he dicho, que yvan vna
correría hazia tierra del Delfinado (que pareçe que la ventura los
truxo por allí en aquel tiempo), suçedió que Humieres/vino a
,itiallo, y no digo bien, sino
22 a tomallo y a entregarse d'él porque por tomado
lo tenía, no abiendo guarniçión dentro. Pero avnque le batieron y
asaltaron, fue tan valerosamente de solos sesenta defendido, que no
les pudieron entrar en aquella vatalla, ni en otra que después le,
dieron, haziendo aquellos pocos españoles vna manera de muchas
marauillas, con que dexaron espantados en aquel tiempo a todas
aquellas comarcas, y en el de después a todas aquellas naçiones que
tubieron notiçia de aqueste easo. En las quales dos batallas
murieron, no sólo el conde qu'el Jobio dize, sino otros muchos
capitanes y alférez y personas de quenta, y entr'ellas vn baleroso
eapitán, que çierto lo hera, llamado Marcozo de Aseuli, y otra
grande cantidad de gente. Y sobre todo, perdieron dos bandcras los
françeses que quedaron en poder de los sesenta españoles. Y llama,
con todo e'to, a Busea lugarejo (como la otra llamó eadenilla a la
que le dieron para que s'estimase en poco el preçio d'ella), porque
tanbién esto s'estimase de la mesma manera.
Y aeauado lo de Busca sin hallalla, Humieres
23 / se volvió
24 a Françia, dexando muy
prinçipalmente guarniçionados los lugares qu'el Jobio quenta, que
son: Quier, y Quirasco, y Alba; y a Seviñán, de que
25 no se le acordó al mesmo
26 autor. Pero antes
d'esto avía puesto sitio a Haste, de que baze mençión nuestro
ovispo
27; mas primero
dize sobre çierto desafío de Canín de Gonçaga y Çésar Fragoso, que
solos los ytalianos, y no las naçiones estrangeras, tienen esta
costunbre de desafiarse en eampo o, como ellos lo llaman, en
estaeado, para concluir las diferençias y devates de persona a
persona. Y estoy espantado que se atreua vn honbre, con nombre de
coronista
28, a dezir
semejante cosa. Esto quanto a los tiempos pasados, y quanto a
honbre de berdad, se atreba a dezillo en
29 los presentes; pues por nuestros ojos y cada
día se be lo contrario, o se a visto ynfinitas beçes, y en su mesma
probinçia de Ytalia, donde en estacado conbaten e'pañoles para
averiguar pendençias particulares. Y quán valerosamente ayan
conbatido hartos
30
d'ellos, no ay aquí para qué tratallo. Y acordaráse el Jobio qu'él
mesmo escribió en la
|Vida del Gran Capitán el convate / de
honze españoles y honze françeses, y el de treze d'esta naçión con
otros treze ytalianos. Y no sé yo ninguna generaçión de gente que
no tenga la mesma costunbre que la que quiso apliear el Jobio a
sola Ytalia, en la qual confieso que se trata más esto de
particulares desafíos en eampo çerrado qu'en otra parte; lo vno por
causa de la guerra hordinaria que suele aver en aquella probinçia,
y lo otro porque Ytalia está dividida por
31 muchos señores que tienen
prebillegio para dar semejantes campos, lo que no tienen otras
muchas
32 probinçias
que no pueden dar autoridad a semejantes
33 desafíos, si no son los rreyes,
y éstos rehusándolo
34
en gran manera, si no es con grande
35 causa y para estorbar mayor mal. Y acordaráse
también el Jobio de quántos libros abrá visto escritos sobr'estas
materias, en español y en otras lenguas, y que no es sólo su duelo
el con que nos puede hazer fierros
36 (demás y aliende qu'es cosa tra tada en derecho y
tocada y deelarada por los doctores de aquella profesión) para
hazer a solos ytalianos grandes honbres, y solos ellos los vnicos,
y no otra naçión ninguna, de matarse por carteles en batalla
particular. Y si no / quiso crer al tiempo presente, ¡pese al
diablol, ereyera a todos quantos tiempos a avido, dende que Adán, a
pocos tiempos después, fue hechado del parayso terrenal. Y ninguna
hedad hubo en que las naçiones de aquel rtempo no conbatiesen
singularmente, con aprobaçión del superior de la probinçia. Y
debiósele çiertamente de olbidar, con mcterse tanto en la historia,
lo de la Sageada Esecitura: pues allí hallará aquel tan nombrado
desafío de Dauid y Goliás. Y si d'éste se acordó y quiso disimular
con la Sagrada Escritura, no se le deviera de olbidar la Historía,
pues no se acordó del desafío de Codamano con el Armenio, ni del de
Tito Manlio con el françés, ni del de Marco Valerio en la mesma
guerra, ni del de Poliniçes y Etcocles y de otros ynfinitos. Y en
fin, como es notorio (si no e' el Jobio), todas las naçione, an
vsado y vsan, quando hallan quién les dé el campo, y más los
españoles (avnque no quiera el ovispo de Nochera), el desafiarse y
matarse particularmente de persona a persona sobre ynjurias y
agrauios particulares, hasta que vltimamente / nuestro sancto y
vnibersal Conçilio Tridentino lo a sanetísimamente rreprobado y
proybido.
Pero volvamos a la varraganada
37 de Haste. Es así, como el Jobio dize, qu'el
capitán general Humieres fue con su exérçito y lo sitió, y sin
hazer cosa que lo baliese, como el mesmo Jobio lo quenta
38, se lebantó de aquel
çerco a diez de jullio, aviéndolo puesto a sicte del mesmo mes (que
d'estos días no ay memoria en el Jobio)
39, y a la rretirada mataron muchos tudescos que
venían en la coronelía de Guillermo de Fustenvergo, que quedaron
aquel día al rrctirarse de rretaguarda. Todo lo qual
40 le pareçió al Jobio que hera
bien eallallo
41, con
no ser ytalianos los muertos; y aun foxalá lo eallara, y no
añidiera lo que no pasó, diziendo que su ,
42 Paulo de Cherri avía
rrefrenado la furia de los ymperiales (aviéndosela echo
acreçentar)
43. Y en
este negoçio de Haste (porque no'se me olbide), dize nuestro
Nochera que avía poca gente en Ha,te con don Antonio de Aragón; y
tiene grande rrazón en ello, pero no en dezir que sola media
conpañía d'españoles con el / eapitán Françisco Rruiz, le entró de
socorro; porque avnqu'esto rredundaua en alavança española, pero
44 en qualquier negoçio,
y más en los semejantes de ystoria, se a de contar la berdad a la
letra. Y así digo que los que entraron al socorro de Haste, fueron
muy buenos trezientos arcabuçeros, y no cou sólo el eapitán
Françisco Rruiz (como el Jobio lo
45 dize), sino tanbién fue allí en aquel socorro ,
46 el capitán Luys
Quixada, anvos capitanes ynduzidos
47 para ello por Sancho Brauo, que por ausençia del
marqués, qu'estaua en Milán, y vino luégo por la posta quando supo
el easo de Haste, mandaba mucho en el exérçito. Y después d'esto el
françés fue sobre Alba y se apoderó d'ella, avnque duró poco en sus
manos, que casi se puede dezir que, con estar en Alba, nunca vido
el día. Y como acabé agora poco ha de decir
48, después de todo esto el
Humieres se boluió en Françia, dexando bastantíssima guarniçión en
los lugares que poseía, y en cada vno d'ellos vna señallada
persona, que son todas
49 las que en prinçipio d'este capítulo contamos,
sumando el del / Jobio. Y el marqués en
|este comedio
(dexando otras muehas cossas que primero pasaron, por contar
solamente las que trata nuestro auetor) fue cou su eampo sobre
Quier, y allegó
50 a
él a veinte y tres de agosto. Y pasados çiertos rrequie bros
primero entre él y el cauallero Azal, que tenía a cargo el pueblo,
se asentó luégo la batería, y se dio después la batalla
furiosamente acometida y de la mesma manera defendida. Pero en fin
se entró la tierra ganándolo valerosamente los ymperiales. Y
çierto, estoi admirado cómo el Jobio en este paso, contando otras
Veçes otras
51 cosas
de menos sustançia, no contó cómo el primero que subió a la vatería
y entró en el pueblo fue vn alférez de ytalianos. Pero no debió de
cabello, que no es honbre a quien se le queda nada d'estas cosas en
el tintero quando be la suya, sino qu'el pobre obispo vela pocas
bezes, y como le falta esta vista, finge en su entendimiento cossas
que no pasaron para escreuirlas
52. Y tras el
53 alférez ytaliano que he dicho entró Juan de
Solís, alférez de Rrui Sánchez de Bargas, el qual yba herido, y por
eso no pudo subir con la ligereza qu'el otro; y luégo en pos d'este
alférez Solís
54,
entró Arze, alférez del maestre de campo del mesmo nonbre.
Pero vengamos a lo que apunta este
55 Jouio / de que el capitán y maestre de campo Arze
saqueó todas las joyas de las mugeres, que se auían acogido a vna
torre. Y dize la verdad en çierta forma que algunas mugeres (y no
todas como el cuenta) abiéndose alli metido,topó Arce con ellas y
con la torre
56 y se
aprouechó de aquellas joias. En lo qual
57 ellas fueron muy diehosas, en que como dieron
con ellas españoles, no diesen
58 otra nasçión de las que allí abía; lo qual si
suçedería, bien séque no fueran solas las joias las perdidas, sino
quiçátambién las personas. A lo menos yo çertifico, que si se
tardaran en quitar las axoreas, que por despachar más presto el
negoçio que se les cortaran las manos, y se hiziera qualquiera otra
carniçería para abreuiar más ayna, sin perdonar al sexo ni a otra
cossa ninguna
59. Y
con ser estas cosas notorias y puestas en la plaça de las gentes,
que está el mundo lleno d'ello y de las erueldades y piedad de cada
nasçión, y de lo que cada vna en general (que de lo partieular no
hablamos) es ynelinada, nos quiere pintar el Jouio, a pesar de
nuestra naturaleza, por muy crueles y báruaros, y con los otros
galanos nombres de que nos adorna. Como si fuera algún gran mal, en
vn saco de vn pueblo, tomado por fuerça de las
60 armas (en este propósito de la
guerra hablo)
61,
tomar todo el prouecho que se les biniese / a las manos. Pues por
eso se llama saco, y con ese ynteuto se entra en él con aquel
rrigor, ya qu'el despojo en todas las guerras a sido el vno de los
frutos de la bitoria. Y dize más
62 en este mesmo negoçio: que los d,más soldados
rrepartieron entre sí los barrios y casas y las saquearon, y
prendieron a sus dueños, haziendo que les diesen dineros por su
libertad. Y dize la verdad, pero no él
63 en rrepreendello, porque como agora aeauamos
de dezir
64, esto es
lo que se sigue de los bençimientos, y lo vno anda asido con lo
otro, espeçialmente en los pueblos totalmente enemigos, como Quier
lo hera. Porque no avía pueblo más françés en el Piamonte, y con
aver todos los otros lugares saboyanos rresçeuido, por fuerça o de
miedo, guarniçión françesa, solos los d'este pueblo hizieron vna
çebil traiçiÓn (avnque nunea puede aver lo vno sin lo otro), pero
ésta lo fue çebilíssima: que embiaron a busear françeses a quié,
entregarse contra su propio señor, y truxieron vn trato con ellos
para entregárseles, como se entregaron, en sus manos, entregando
también a su pueblo a su devoçión. Y así el marqués, luégo ganada
esta tierra, mandó prender a Bartolomé de Çepo, prinçipal persona
de aquella villa, y después de atormenrado para saber d'él çierto
subçeso / de la conjuraçión, lo hizo ahorear ynnminiosa mente. Y
meresçió mucha más pena en esta cossa la gente de la tierra que la
de guerra, porque esta vlrima no tenía más pena de la que meresçe
el ser
65 bençido, y
la primera meresçia muchas por su traiçión y maldades.
Pero dexemos a Quier tomado y saqueado a beinte y seis de
agosto, y bamos a Quirasco, para donde, de alli a pocos días, se
partió el marqués. Y puesta la batería, y no queriéndose rrendir
Çésar Fragoso (a cuio cargo estaua el pueblo), se dio la batería y
batalla brauamente, y fue gentilmente defendida por los de dentro,
pero no con esos enearesçimientos que el Jouio haze, que son cossas
las más
66 d'ellas
rridiculosas
67 y que,
quitados sus encaresçimientos y esageraçiones, no les queda cossa
de sustançia. Que pues no la ay, no
68 ay para qué paremos más en esto; pare el Jobio
más de lo que paró, si quisiere. Y así no u ay en ello más que
decir sino que
|este Çésar (que si le fuera posible al Jouio
lo pusiera más adelante que al primero d'este nombre)
69, sin esperarse segunda
batalla, se rrendió a los diez y siete de setiembre y desde alli el
marqués con 'u campo y exérçito ffue sobre Alba, gouernada y a
cargo de Jullio Vrsino, con bastante guarniçión que tenía dentro, /
como las demás que se auían tomado la tenían. Pero antes d'esto le
paresçió al Jouio que hera bien contar cómo los españoles se auían
arrogantemente alabado en Quirasco, que auían de subir prímero a la
muralla que otra nínguna nasçión, y que después no se auían
mostrado tan animosos, y que dezian que lo que no abían podido
hazer en Quirasco lo auían de enmendar en Alua, y que el marqués
les reprehendió esto, y que los ytalianos se enojaron de ver que
los españoles querían para sí solos la honrra. De todo qual
70 podemos colegir y
sacar
71 quán gentil
rretórico hizo Dios a este nuestro autor, que para descargar a los
de su nasçión de vna bandera que perdieron en e,ta batalla, y les
fue tomada por los de dentro, y para ottras desgraçias bien geandes
que
72 les
acontesçieron, supo buscar vna causa para ello
73, diziendo que arremetieron
aviendo rruin batería. Y d'esta causa saea primero este cómico
74 vna ocasión, que es
de aver querido los ytalianos abenta- / jarse a los españoles por
lo que abían dicho y que por esto les suçedió mal en el asalto de
Alba, porque no aya cossa ni se haga sin culpa de
75 españoles.
Es el caso, çierta y suçintamente
76, que nada de lo que quenta entre españoles e
ytalianos pasó, ni tal se hallará que acontesçió, y son todas
77 cossas e ynuençiones
78 de la farsa
79 del Jobio. Y as
80, lo que ay que dezir
en esto es que la vatalla se dio a los de Alua por españoles e
ytalianos, y brauamente dada, pero con singular defensa de los de
dentro, que también los más d'ellos heran ytallianos, peleando tan
balerosamente ambas partes, que hartos ya de arcabuzazos y de los
otros ynstrumentos de guerra (enemigos de las ffuerças y balentía,
e ymbentados por el demonio en este postrer terçio del mundo para
destruiçión del género humano), binieron a las espadas y a los
braços vnos con otros, y andar abraçados y asidos
81. Y en este trançe y comedio
ffue la pérdida / (1) de la bandera ytaliana y otros desastres como
éste, que suelen andar pegados con aquel exerçiçio de las armas. En
fin, el pueblo fue defendido y no entrado, pero visto por Julio
Vrsino que se le aparejaba otra segunda batalla, no lo osó esperar,
y así se rrindió a los veinte y tres de setiembre de aquel año de
treinta y siete. Y el marqués ganó la tierra, puso guarniçión en
Alua y se partió de aquel pueblo, dejando muerto en e1 combate de
aquella tierra a vn harto buen soldado español y digno de eseritura
más prinçipal que ésta, que fue el capitán Jaén, con otros muehos
españoles que murieron en aquella pelea.
(1) Este folio falta en la película de la cual hemos hecho la
trascripción. Lo damos según la copia mecanografiada tomada en
España, pero acomondando el lenguaje y la ortografía a los del
resto de la obra. N. de E.
Con éste haçe el Jobio final a las cosas del Piamonte, dejando
de contar otra, muy prinçipales que antes y después aconteçieron;
en los
|Anales y en las corónicas çesáreas serán vistas.
Baste agora saber, en el propósito e yntento que llevamos, que
después de esto, que solamente es lo que Jobio quiso contar,
suçedió que el marqués fue a poner sitio y a apretar a Piñarol y a
Turín, que heran dos plazas que solas (con / otras algunas pocas)
quedauan a los françeses y teniéndolas tan apretadas, quanto en
otros lugares e historias, a su tiempo y sazón, será visto, vino el
rrey de Françia con exérçito y socorro y mantenimientos, y suçedió
todo lo que el Jouio dexa ya contado en el libro pasado auiéndolo
de contar agora. Y así el françés desçercó y desapretó aquellos
lugares que estauan ocupados por él. Y demás d'esto tomó a
Moncaler, de'pués de lo qual allegó la nueua de las treguas hechas
por las rreinas de Françia y de Vngría, de que el Jouio dio quenta
antes que la diese de la guerra de la qual auían suçedido estas
treguas. Y así el rrey se boluió
82 a su Françia, dexando proveídos los lugares que
estauan a su deboçión, y el marqués asímesmo, poniendo la horden y
gente que convenía para los que el Enperador poseía.
Y acavada esta guerra piamontesa torna el Jouio, para dar fin a
este su libro treinta y ocho, a contar otra que se hizo en este
tiempo en la Toscana, de los desterrados de Florençia, contra el
nueuo duque d'ella. Y como otras vezes tengo dicho, en cossas de
aquella / tierra Paulo Jouio las eseriue tan açertadamente, que no
tengo yo ni ninguna en qué poner la mano, si no es quando se
mezclan españoles en los acontesçimientos, que aunque sean
.toscanos, como esto aya, es eseusado que dexe de dezir alguna
gentileza. Esta guerra, pues
83, que digo, y con qu'el Jouio aeaua su libro, es
de quando Felipo y Pedro Estroçio, su hijo, y otros çiudadanos
desterrados de Florençia, que
84 aborresçiendo la seruidumbre d'ella y procurando
de rreduzilla en la liuertad primera, hizieron, como hombres
rricos, gente y exérçitó en Bolonia y en las comareas, y pasando
las montañas, desçendieron o quisieron desçender a la Toscana; lo
qual ,avido por el nueuo señor Cosme de Médizis (que ya estaua
confirmado por el Enperador en el estado), juntó asímismo gente
para su defensa de ytallianos, y también de dos mill españoles que
consigo tenía debaxo de la superioridad de Françisco Sarmiento, que
el marqués del Gasto dende Lombardía le avía enbiado. Y así el
duque, juntada su gente por la orden y manera que el Jobio lo
escriue, la enbió contra los enemigos, los quales fueron
desbaratados y los que d'ellos / se rrecogieron a Monte Murlo (vn
castillo çereado de adonde fue la contienda) fueron presos y entre
ellos Felipe Estroçio, que después, estando pre,o en la fortaleza
de Fflorençia, se mató a sí propio
85; y otros muchos ffueron descaueçados haziéndose
d'ellos justiçia públieamente.
Pero dize el Jouio que en este rrenquentro, que lleuaban los
españoles la rretaguarda por conserballos todo lo posible, porque
en ellos consistía el bien y salud del duque, y aunque esto es
honrra que se haze a aquellos españoles, por
|otra parte
quítasela
86 (como
buen maestro de su perjuizio)
87 en paresçer que aquel día no pelearon. Y la
verdad de lo que pasa es que es así, que los españoles quedaron en
rretaguarda por la rrazón que el Jobio dize, pero no todos como él
lo cuenta
88, porque a
trezientos españoles se les mandó que fuesen en la vanguardia y que
fuesen con los que antes, que rronpiesen con los aduersarios. Y asl
lo hizieron, que los primeros que mataron enemigos fueron ellos, y
los primeros que los rrompieron, avnque por eso no dexaron sus
compañeros los ytallianos de pelear muy bien, sin que los españoles
les hiziesen ventaja ninguna. Y los contrarios no pelearon / tan
mal como el Jouío apunta, porque aquella gente que benía con los
Estrozis se tuuicron vn rrato y avn vn par de rratos bien con sus
contrarios. Y después d'esta rrota dize nuestro obispo que se
rretruxieron los que pudieron a Monte Murlo, y que Alexandro Bitelo
se quería boluer con la vitoria a Florençia, sin yr aeabar los de
Monte Murlo, porque no viniese a yrseles la vitoria d'entre las
manos. Porque aquellos desbaratados esperauan más gente en su
socorro con su capitán Bernaldo de Saluiate, y que si no fuera por
Pirro Colona (que él llama Estipiçiano) y Oto Monteaeuto, que le
fueron a la mano y le hizieron yr a Monte Murlo, donde tomando
aquella easa fuerte prendieron a Felipe Estrozís y a los que con él
se auian rrecogido, que se boluían con la primera vitoria solamente
a Florençia. Todo lo qual quenta este rreuerendo padre
89 por quitar su gloria a
Ffrançisco Sarmíento que fue el que les ympuso a todos ellos y el
que les forçó, podemos dezir, a que fuesen a Monte Murlo y acabasen
enteramente de conseguir la vitoria. / Y si no
|fuera por sus
persuasiones, y gritos y bozes, fauoresçiendo esta opinión también
el Pirro, no crco que huieran ydo allá y se huuieran buelto, con
sola m,dia vitoria, a Florençia. Todo lo qual acontesçió al vltimo
de jullio, y no en agosto, como el Jouio dize; y aunque huuiera
acontesÇido quando él lo quenta, no tenía más que ber con lo de
llsar Agusto que él dize, ni tenía que ver
90 el vn día con el otro, más
91 qu'el Jouio tiene que
ber con Suetonio Tranquillo.