Capítulo Quarenta y Tres
De cómo el Enperador sentençió lo del marquesado de Mooferrar, y
de cómo fue adjudicado al duque de Mantua, y de la toma y muerte de
gente de Caralle, y del sitio de Quer y de la pérdida y
rrecuperaçión de Casal de Monferrar y de otras cosa
1
Aviendo Paulo Jobio allegado con su
|Historia hasta los
meses vltimos del año de treynta y nuebe, rrebuelbe en su libro
treinta y ocho, que agora hiremos acotando, a tratar de cosas tan
quedadas atrás, que pasaron el año de treynta y siete y avn parte
dcl de treynta y seis, como agora lo beremos. Y vinicndo al Jobio,
digo que en el primer capítulo de aqueste libro treynta y ocho que
he dicho
2, diçe
3 que el Emperador en
Génoba, salido de Françia, antes que partiese para España,
sentençió y determinó sobr'el marquesado de Monferrar, /
adjudicando aquel estado a Federico, duque de Mantua, que hera vno
de tres que letigavan sobr'él en el tribunal ynperial, sin poner la
dezendençia y parte que los otros oonpetidores -que heran el
marquez de Saluzo y el duque de Saboya- tenían en la sangre y
casta
4 Paleóloga para
pretender aquel señorío. Y pues éIlo dexó por dezir en su
|Historia, no tengo yo
5 para qué sacallo de la mia para trasplantauo en la
agena, sino rcmitiuo donde sienpre me suelo rremitir qu'es a los
|Añales. Y así digo que alli se verá
6 los fundamentos de cada vno de los tres
pretensores, de los quales
7 rresultará la justificaçión dc la sentençia de la
magestad del Carlos, sin haver agora qué dezir ni añadir en este
paso sobr'el Jobio, más de cumplir oon vna
8 falta hordinaria suya
9 que, como e dicho otras beçes
10, no señala los días de las
cosas aoonteçidas
11.
Y esta suya fue dada a tres de nobienbre de aquel año de treinta y
seis pasado
12. Y en
lo que más dize en estc capítulo primero sobre lo del casteuano de
Milán, tuvo rrazón, y no
13 ninguna la
|Historia Pontifical / en dezir
qu'el alcayde, que en esta sazón fue nonbrado para el señalado
14 castillo de Milán,
fuese don Juan de Luna, porque éste no lo fue hasta después andando
el tiempo, que avn primero pasó por otro ofiçio d'esta mesma
suerte, que fue tener a cargo la fortaleza de Florcnçia. Y agora
quien
15 nonbró el
Emperador para estotra
16 que dezimos, fue no don Juan, sino
17 don Albaro de Luna. Con esta
adiçión y con qu'el Emperador se emvarcó para España a catorze de
nobiembre, no ay más que tocar en este capítulo primero.
Y viniendo al segundo, que trata de los comienços
18 de la guerra qu'el marqués del
Gasto hizo a los françeses en el Piamonte, digo que, quanto a lo
primero
19, híerra el
Jobio en dezir que la muestra que tomó el dicho marqués a su gente
fue Enpucrín, porque no
20 se tomó sino
21 antes d'esto en Arbenga, y fue a los doze de
otubre de aquel año. Pero biniendo a lo que más haze al caso, qu'es
a los hechos de la guerra 22, dize tanbíén en el mesmo capítulo qu'el marqués
puso sitio a Quier,lugar distante pocas millas de Turín, donde hera
la caueza de la guerra françesa. Y paréçeme que fuera
23 / rrazón, que primero que
tratara d'esto, dixera (pues oomençaua a escrebir vna guerra que
después tanto duró) lo qu'el françés poseya y hauía ocupado en el
Piamonte, y qué lugares estauan por el Emperador y por la casa de
Saboya en la mesma probinçia, y la manera que los françeses
tuvieron en ganar cada pueblo de los que abían tomado, y
24 fuera esta cosa
25 grande negoçio para
ynteligençia de la historia y de aquclla guerra. Pero pues él no lo
quiso hazer y dexó este cargo a otros coronistas e ystoriadores,
fuera rrazón que le
26
dixera siquiera d'este pueblo de Quier, qu'cl marqués (en su
historia d'él)
27
agora sitiaba, y si lo hubiera echo, y contado la trayçión de
Bartolomé Grabaldo y de Bartolomé de Zepo, se pudiera mejor
entender quánta rrazón tuvo el marqués de començar la guerra por el
sitio d'este pueblo más que por otro ninguno. Pero quédese todo
para los lugares que tengo alegados. Dize, pues, en lo que toca a
este sitio, qu'el marqués luégo que lo puso, en començando la
vatería se rretiró y levantó de sobre aqucl pueblo, porque le
mataron a su maestre de campo Rrodrigo de Rripalda oon vna pieça de
artiuería. Y digo que / no estoy yo tampoco muy fuera del pareçer
del Jobio en este negoçio, y que me pareçe, y pareçió a muchos, que
todos nos podemos engañar en euo, qu'el del Gasto se lebantó
temprano de sobre Quer y que le pudiera, al pareçer de los que e
dicho, dalle
28 vna
bataua, y según ellos se cree que se entrara la tierra. Pero no
tiene rrazón nuestro autor en dezir que no se avía dado del todo la
batería, porque se dio y hizo muy buen hefecto por
29 dos partes que se vatió el
pueblo, e yendo a rrcoonoçer la vatería el macatre de campo que
hemos dicho, con el sargento del capitán Arriarán, y oon el del
capitán charles d'Esparça' arremetió con solos éstos dos y quedó éI
y vno de los dos sargentos muertos de dos arcabuçazos en el camino.
Y el sargento del capitán Asriarán, que quedó solo, todavía uegó y
rreconoçió la vatería y vio las trinchcas y rreparos que se haçían
y las qu'estavan hechas, y conoçió ser dificultosa la entrada. Y
esto causó la rretirada del marqués, teniendo por ynçierta la
empresa, y no / la qu'el Jobio quenta. Y no mataron, oomo éI mesmo
dize, en aqueua jornada, a sólo el maestre de campo, porque sin los
que e dicho, murieron y mataron
30 otros muchos muy prinçipales soldados, y
entr'euos al sargento del capitán Morales, y hirieron asímesmo a su
alférez, y a otros hartos, como e dicho. En fin, el marqués se
rretiró y rrepartió su gente por los lugares del Piamonte
qu'estauan a su deboçión y obidiençia, avnque duró pocos días este
rreposo.
Y en lo que más dize el Jobio del marqués de Saluzo en este
capítulo, ya en el capítulo trcinta y ocho pasado hemos dicho
31 lo que ay que dezir
çerca d'esto, sín que sea neçesario tornallo a rrepetir, ni sin que
los testimonios d'este Nochera basten a hazernos caer en semexante
prolixidad. Quédese él con la suya en este caso muy en buen ora,
que a mi creer, no le balió poco, en escudos dcl sol pagada
32, la qu'él llama
trayçión saluzana, para que la escribiese por tal en su
|Historia. Y porque en eua se abían pasado dos capítulos sin
dezir mal d'españoles, acordó de encaxar en éste en que / agora
vamos lo que no aconteçió en este tiempo, que fue lo de Caralle, o
Carallo oomo éI lo uama, ni contando
33 la verdad oomo hera obligado a contalla; y
34 por levantar vn
35 testimonio al de
Saluzzo (agora que se halló a mano)
36 levantó también muchos a españoles, donde
37 dize qu'este marqués y
euos, aviendo bençido a Torregiano (que avía de llamar Torresán)
que
38 avía traydo vna
multitud de viuanos y entrádose con euos en Carallo, que fueron
entrados y vcnçidos por los españoles, y que hiçieron vna
crudelísima matanza en los enemigos, porqu'el marqués Françisco les
deçía que matasen hasta hartar de aqueua miserable turba. De lo
qual había suçedido que gran muchedunbre de honbres (alavándolo el
Saluzo) avían sido muertos (avnquc húmillmente pedían merçed de la
vida), cosa que no ay memoria qu'en lugar ninguno ayan jamás echo
ningunos rrabiosos báruaros, todo lo qual 38 falso. Y el caso de
Carauo pasa d'esta manera: qu'el Torisán, con honze vanderas de
ynfantcría françesa e ytaliana, se avía / entrado en aquel lugar,
pareçiéndole acomodado para su propósito, y avicndo el de Saluzo
hido con çierta parte de la ynfantería española e ytaliana por
comisión del del Gasto haçia la villa del Çendal, rrepararon en
Caralle por berlo ocupado y fortificado de enemigos. E yerra el
Jobio en dezir que en esta sazón estobiese auí el Torrijano (como
él lo llama), porque ocupado el pueblo, se avía hido d'él
39 a Turín. Y avn de
aquella vez pasó en Françia y quedó allí por superior de aquellas
honze vanderas vn ytaliano calabrés, que si no estoy mal en euo, se
uamaua Fulano Cola. Y así se sitió el lugar primero,
rrequiriéndoles que se rrindiesen y no lo quisieron hazer; y
avnqu'es berdad, porque se diga todo, que sí
40 se rrcndían, pero no con las
condiçiones que Françisco Saluzano querría, que heran en hefecto a
discreçión suya. Y estando así sitiados los françeses, tomóse
alojamiento en los burgos. Los quales
41 françeses, la noche antes que se perdiesen,
hecharon muchas alcançías de fuego sobre las casas del burgo, y
quemáronse hartas, que heran todas de paja, y con la / claridad del
fuego hiziéron muy gran daño en los españoles, tirándoles oomo
dizen al terrero. Y otro día, con solas dos medias culebrinas, fue
vatido el pueblo y dádole vatalla por tres partes: por la vna
ytalianos y por las dos españoles. Y fue entrado y saqueado, y
muerta gente harta de los encmigos, porque se defendían. Y avnque
no se defendieran, avía vna çierta causa para cllo que los
generales y gente de guerra suelen tener por justa, qu'es querer
castigar quando vn pueblo o vna fuerça no mereçe scr defcndida, y
quieren oon ostinaçión, sinenvargo de la fIaqueza de su fuerte,
estallo ellos demasiadamente. Y no por que lo están, sino porque lo
quieren estar, y no por ganar honrra tanpoco, sino porqu'éstos
tales son como los que desesperan y se matan, que dizcn muy bien
nuestros teólogos que lo hazen de puro cobardes; así los
semejantes, de pura vileza, y de no dárscles nada de rrendirse
después oon bituperiosas oondiçioncs, y creyendo que no se 1es ha
de negar porque otorgarán todas las que quisieren, atrébense a
defenderse sin propósito y sin plaza que lo
|merezca, / que
quando lo ay y
42 la
ay, muy justa es la defensa, y mientras más fIaca es la fuerça'
obran de más esforçados en defendella. Y con todo esto, no se
castigan después de rrendidos los semejantes obstinados, sino
quando an hecho alguna matança en persona o persona' señaladas, que
mereçían morir en otra vatalla de más tomo que en la que morían;
como fue en estc caso de Carallo, que mataron aquellos de dentro el
día antes de su perdimiento a christóbal Arias, sargento mayor del
exérçito, persona notable y en grande manera amado de todos, y muy
scñalado por su antigüedad y valor, y por el mucho tienpo que avía
que seruía en los exérçitos de Su Magestad. Y asímesmo fueron allí
muertos otros algunos soldados muy estimados. De mancra que yo
querría que en estas cosas qu'el ovispo no entiende, que las dexase
para otros y que supiese qué diferençia ay entre
|esfuerço y
ostinaçión, y de dos maneras de obstinaçiones que ay en la guerra,
que se verán escritas en los
|Añales ya muchas veçcs
alegados, sobre la muerte del baleroso Garçilaso de la Vega, quando
vnos pocos de villanos quisieron rresistir la subida de vna / torre
en la rretirada de la guerra pasada de Françia, y mataron aquel
cauauero, mereçedor (si la ventura quisiera) de otra muerte, venida
de otras más nobles y csforçadas manos.
Y oon todo esto qu'está dicho, sepa el ovispo qu'este día (qu'él
no dize que fue a los beynte y nueve de henero del año de treynta y
siete), no fueron los muertos tantos oomo él lo encareçe, y los que
murieron allí serían hasta milI honbres a lo largo, o çiento, o
dozientos menos cn esecuçión de la vitoria. Y todos los demás se
escaparon, vnos huydos por otras puertas del lugar, y otros
rrendidos. Y estos muertos no sé yo porqu'el Jobio los asienta más
a la quenta de los españoles que a la de los ytalianos, pues vnos y
otros entraron en la tierra; que
|yo aseguro que si euo se
pudiera saber al justo, como se sabe a bulto, que no se hallarían
çiento, muertos a manos españolas. Pero no por esto digo que
muriesen a las ytalianas, porque sé que la mayor parte de aquella
gente que allí fue muerta, lo fue por los villanos del mesmo pueblo
que andauan por las calles, ni más ni menos que los soldados,
matando a los que / avían tenido de guarniçión. Porque en sólo diez
y siete dias que allí avían estado, bavían cometido los françeses
tantos ynsultos y eçesos; y los ytalianos de la mesma guarniçión
tan abominables lujurias y tan fuera de poderse
43 escrebir con péñola
christiana, que casi no quedó honbre ni muger que no quedase
contaminado de aquellas maldades
44. Y así los mesmos viuanos abrían algunos d'ellos
y les sacaban los hígados y entrañas, y davan bocados en euos de
pura rrabia, y juntamente oon esto
45 dando bozes, que no lo hazian por haçienda que
les hubiesen tomado (avnque se la abían tomado toda), sino por las
otras maldades ynefables que oontra euos y sus mugeres y hijos
abían oometido. Y esto no es solamente
46 ablar al sabor del
47 paladar, sino lo que pasó a la letra y se puso
por escrito, porqu'el oonde Guido Rrangón (general entouzes en e1
Piamonte por Françia) escribió al marqués del Gasto sobre lo de
Carallo, quetiéndosela cargar y diziendo que la guerra no se avía
de hazer de aquella manera ni oon aquellas crueldades, y el marqués
se descargó / vastantemente d'ello,
|y se averiguó por fees y
testimonios lo que está dicho hauer todo pasado así oomo
estácontado. Sino qu'el ovispo (que a ser españoles sus ovejas, los
hauara lobos) pareçióle
48 buen propósito, sin hauer para ello ninguno 49, uamar a los
españoles de Carallo báruaros y crudelísimos y los otros epítetos
de que los arrea. Que si por crueldades oometidas en rrendidos y
vençidos se hubiese de ueuar lo del baruarismo, bien sé yo, y lo
sabe asímesmo
50
Françia y España, qué naçión es más báruara (avnqu'entren en ello
turcos e yndios) que quantas ay en la rredondez de la tierra. Pero
vengamos al terzer capítulo del libro que agora vamos apostilando
51, donde quenta el
caso de Casal, pueblo y caueça del estado de Monferrar, el qual, en
suma, se rrebeló contra el nuevo señor qu'cl Emperador les avía
dado, y por horden
|y trato de vn Guillcrmo de Biandra,
rreçibieron a musiur de Buria con guarníçióu françesa dentro,
|y pusieron el pueblo por Françia. Lo qual/ sauido por el
marqués del Gasto, que estaua a la sazón en Aste, fue
incontinente
52 allá,
y peleando brabísimamente oon los enemigos, tornó a ganar la tierra
y ganóla a veinte y
|tres de noviembre del año de treynta y
scis), aviendo estado sólo vn día, que fue el pasado beinte y dos
del mesmo
53 mes, cn
poder de françeses. Y el del Gasto lleuó
54 para esta jornada solos
españoles,
|y auegó a Casal después buen rrato
55 de salido el sol, y fue vna de
las bicn rreñidas cosas que aconteçieron cn toda aquella guerra y
de más ymportançia, y donde los españoles obraron muy
esforçadamente. Porque aviendo rreçeuido algunos d'ellos en el
castiuo, que estaua por ymperiales, y otros por otras partes de la
muralla, acometieron a escala vista al pueblo qu'estaua
(espeçialmente haçia
55
la parte del castiuo) fortísimamente abestionado con çinco
vestiones de demasiada defensa; y asípor todas partes fueron
acometidos, y avnque en el prinçipio fucron muertos algunos
españoles, de dozientos / que por la parte del castillo
arrcmetieron en la primera vatalla (y entr'euos fueron muertos
57 don Gerónimo de
Mcndoza, maestro de campo, y don Yugo de Moncada, hijo del otro
d'estc nombre, birrey dc Nápoles, y herido el capitán Jaén), salió
luégo de golpe toda la demás gente, y peleando valientísimamente
con los enemigos, los hiçieron desanparar sus fuertes, y fue
entrado el lugar y saqueado, como el Jobio dize, contándose por
dichoso el Casal (avnque aquel día fue desdichado) pues en birtud
suya (o no sé dc quien) el Jobio contó la vatalla que se le dio muy
verdadcramente, sin que tengamos neçesidad de añadir ni enmcndar
sino dos o tres pasos, no de mucha ymportançia.
Y es el primero
58
lo que quenta en este caso de la puente que se quebró por pasar
ençima d'ella vn tiro de artilleria, que ynpidió el salir tan
presto los soldados Y no fue así, sino que los mesmos enemigos
pusieron fuego a la puente, que hera de madera, y ésta fue la /
falta de la puente, y no qucbrada, como el Jobio lo quenta. Y en lo
que más dizc, qu'entrado el pueblo, que así los güelfos como lo;
sevellinos
59 (qu'es
tanto como dezir los ymperiales y françeses), que todos fueron
presos y rrescatados por los españoles, digo que se engaña y quc no
quenta fielmente lo que pasa. Porque en diziendo vno que hera del
bando ymperial, y aberiguándolo ant'el marqués del gasto, que hera
fáçil de averiguar, luégo le mandaua soltar sin rrescate ninguno,
avnque fuese prisionero del más prinçipal soldado. Y así cl musiur
de Buria, superior de aqueua cmpresa, y otro, pocos françeses y
güelfos, fueron solos los presos. Y todabía, por no olbidar lo
pasado, se le olbidaron al ovíspo dos cosas en esto de Casal, que
ya que no aoonteçieron arrededor dentro del pueblo, aconteçieron
arrededor
60 d'él en
el mesmo día. Y la vna fue que saliendo el capitán Malacarne (que
así hera llamado) con çien soldados huyendo de casa!, / quando ya
hera entrado, e yendo a la buelta de Turín, topó con treynta
soldados españoles en la canpaña, y los treynta acometieron a los
çiento, y pelcando anvas partes balerosamente, y estando así
trauados, acudió el capitán Luis Piçano que venía por la posta de
Milán, y vicndo lo que pasaua, se apeó y animando a los treinta de
su naçión, hizo que la otra contraria fuese vençida oon muerte y
huyda de toda aqueua gente.
La otra es otro buen hecho de ytalianos, qu'en su olbido los
quiso ygualar con los españoles, que no es poco d'espantar; pero no
los olbidaré yo, ni aquí ni cn otra parte más de propósito. Y fue
qu'el mesmo día el conde Ludibico, con vn Alexandro, milanés,
teniente del capitán Vilorte, oon sus conpañías ytalianas, fueron
al paso del Po junto a la villa de chivas y deshiçieron otra gran
cantidad de françeses alcabuçeros
61 qu'en aquel pueblo se avían rrecogido y se yvan
cada hora rrecogiendo dc los perdidos en Casal, y matando a hartos
62 y desvalijando
a/todos no quedó françés (avnque se defendieron bien vn rrato) en
toda aquella oomarca.