Capítulo Quarenta y Uno
De la venida de los tres prínçipes: Papa, y Enperador, y Rrey, a
Niça: y de las treguas que de aquellass vistas rresultaron, y de la
manera que pasaron dos motines d'españoles, vno en Lonbardía y otro
en Çiçilia
1.
Çierto, yo me espanto
|(y avnqueste espanto fuera dende
más atrás no fuera mucho)
2 de ver lo que antiçipa y prepostera el Jobio, en lo
qu'escribe dende
3 el
prinçipio de su libro treynta y siete hasta el comienço del de
treynta y nueve, y avn viene esto ya dende
4 el libro pasado de treynta y seys. Porque avnque
otras vezes se hallan estas preposteraçiones y desconçiertos en su
|Historia, es a pedazos, poniendo lo de tras adelante, pero
quedándose el vestido entero; mas agora no ba el negoçio por esos
términos, sino vn libro o dos enteros de los suyos, digo los
acontecimientos
5 en /
ellos contados, todos los pone
6 en diferentes lugares de adonde
7 avían de estar. Y no puedo
entender el propósito a que se hizo, que si fuera porque se suelen
ençarçar materias (y
8
quando el ystoriador quiere bolver la rrienda no puede, hasta
hallar algún paradero), pasara; pero en lo que agora vamos es
diferente, que sin hauerse engolfado en aconteçimiento ninguno que
a ello
|le obligase, haze lo que he dicho y
9 se ve por su
|Historia
Y para que
10 se
entienda lo que digo, es de sauer que salido el Emperador de
Françia y el Carlos
11
benido a Génoba y enbiado por su general con el exérçito al marqués
del Gasto, él
12 se
enbarcó para España. Y el marqués benido al Piamonte, hizo vna muy
buena guerra a françeses, y tan buena, que entre muchas suyas
echaría yo más ayna mano d'ésta que de otra ninguna 13. En lo qual gastó lo poco que
quedaua del año de treynta y seis, y
14 todo el de treynta y siete hasta çerca del cabo
d'éI, y
15 hasta que
después de haver ganado el marqués casi toda la
16 probinçia, no quedando en ella
a Françia otra cosa sino sólo Turín y Piñarol, y a estas plaças
teniéndolas ,
17
çercadas / españoles
18, bino el rrey dende su
19 Françia con poderoso exérçito y gran cantidad
de vastimentos a socorrellas, y las socorrió. Y 20 tras este socorro,
inmediatamente
21 se
,iguió que mediante dos rreynas, la de Françia y la viuda de Vngría
(anvas hermanas del Carlos)
22, y avn tres, si la terçera lo fuera más que en el
nombre, que
23 hera
Margarita, rreyna que se yntituIaha
24 de Nauarra, se juntaron en Canbrai (lugar que
pareçe diputado de naturaleza para estas congregaçiones d'entre
Borgoña y Françia), y asentaron vnas treguas de medio año, que
luégo hizo sauer la vna a su marido y la otra a su hermano, avn
estando todavía el françés en el Piamonte. Y sabido por el
Françisco y por el Carlos, açetáronlas y
25 el Francisco
26 tornó a pasar los Alpes y se bolbió a su
rreyno.
Después de todo lo qual
27, el Papa Paulo terçio, queriendo dar mayor
asiento entr'estos dos prlnçipes (los mayores de la christiandad),
los
28 quiso juntar
29 en Niça' yendo él en
persona a
30 estas
vistas, de las quales
31 rresultó que hiçiesen otras treguas más largas de
diez años./Y después d'esto, avnque
32 en el prinçipio de aquel año (que fue el
33 de treynta y ocho se
hizo la capitulaçión)
34 fue quando Paulo, Carlos y Venecia se juntaron y
aliaron para hazer vna armada contra el turco, y se hizo, y pasó
çerca de la Previça
35
entre la armada turquesca y christiana lo que ya se sabe; y después
se tomó Castilnovo a los turcos, y después los soldados que
vinieron del armada de Andrea Doria se amotinaron en Çiçilia, y en
fin, después de todo esto, el año de treynta e nueve, se perdió
Castilnobo, y luégo de allí a poco pasó el Emperador por Françia,
teniendo ya al françés por grande amigo.
¿Dónde
36 comiença
su libro treynta e nueve y qué haze agora el Jobio? Pone primero
todas las cosas que hemos dicho, en las quales gasta todo su libro
treynta y siete, y déxase la guerra del Piamonte, que fue lo
primero, avnque toca antes por vía de sumario vn so,bo sólo
37 d'ella para el libro
treynta e ocho, de manera que primero pone las treguas y paz, que
la guerra por cuya causa aquella paz se hizo. Y primero qu'esta
guerra, pone asímesmo
38 la jornada contra el turco / y la toma de
Castilnobo, y lo que es más, la pérdida asímesmo del mesmo
39 Castilnobo, que
aconteçió el año de treynta y nueve, que la otra guerra françesa
que aconteçió el de treinta y seis y treynta y siete, Y juntamente
con esto, otras seisçientas cosas d'esta traza en estos tres libros
que agora traemos entre las manos; lo qual todo histo y
considerado, quise (poniendo cada cosa en su orden) ir yo
corrigiendo
40 por la
horden de los tiempos, y no por la del Jobio. Pero después me
pareçió que no hera obligado sino ir por sus pasos y poner la
correpçión en qualquier artículo qu'éI me pusiese delante. Y por
primero, y que así como él me los diese, así hera obligado yo a
tomalos
41, [y] *poner
[orden en] donde hallase culpa*, Y conforme a esto, vengo a lo que
trata en este libro treynta y siete, que
42 son diversas materias, y
43 haremos mençión de solas
aquellas en que fuere menestcr poner la mano.
Y viniendo a ellas
44, digo que en lo que dize y
45 toca de pasada, del socorro
qu'el rrey Françisco hizo a lo que tenía en el Piamonte, con venir
su persoua
|y traer gente y vastimentos para ello, y
46 se buelbe luégo / a
dar al mundo rrazón de las birtudes de aquel serenísimo rrey
nuestro enemigo, él tubo
47 muy gran rrazón, porque hubo muchas en su
persona. Pero no quisiera que lo alabara tanto de grandísima
memoria, avnque la debía él de tener tal, siquiera porque no se
fuera por
48 vn camino
carretero (que me tiene ya enfadado)
49, que no a de hauer prínçipe en el mundo que no
bea
50 alabado luego
51 de los suyos de
hombre de admirable memoria; y de tener tanta graçia particular en
esto, que a cabo de çien años que les hablen de vn negoçio se
acuerdan d'éI y conoçen al que lo trato, en biéndolo después de
todo aquel tiempo, avnque nunca más lo ayan visto. Y an hecho ya
52 las gentes de cada
probinçia, d'esto y de otras cosas así generales, vna cartilla, en
que leamos las eçelençias de cada prínçipe de los
53 y que quieren alabar.
Pero bolbiendo a las particularidades del rrey Fransisco, es
berdad que yo sé tan bien como el Jobio, que tuvo muchas y muy
eçelentes, con
54 que
le hiçieron vn todo
55, prínçipe baleroso, lo qual no mostró él poco
(sino mucho)
56, en /
esta jornada de que trata agora el ovispo, porque socorrió
oportunamente a las cosas del Piamonte hasta que se hiçieron las
treguas por la rreyna Leonor y María, cuya sustançia fue que en el
entretanto que duravan cada vno d'estos dos prínçipes, rrey y
Emperador, poseyesen en el Piamonte lo que cada vno tenía. Y
llama
esto el docto
57
doctor Yllescas en su
|Ystoria Pontifical partir entre anvos
prínçipes
58 la capa
del justo, y que le dexaron despojado. Y no sé a qué propósito ni
el, qué se fundó, si no es en vn pasquín, en el qualle cupo al
duque de Saboya aquellas palabras de la Pasión, quando hecharon
suertes los ministros d'ella sobre la vistidura de Nuestro
Rredemctor. Y el
59
pasquín semejante
60,
si no había otro fundamento para aplicallo a este yntento, no lleva
camino ninguno, ni se ha de haçer caso de aquellas graçias (que
algunas vezes o las más son frialdades), ni sacar de aquellas cosas
jocosas
61 materia
para las graues. Porqu'es
62 así çierto, que si el Emperador no tomara
aquellas tierras en el Piamonte que tomó / del duque de Saboya y
las guarniçionara, qu'el pobre duque estaua oy sin la menor cosa
del mundo en aquella probinçia Traspadana, y que no
63 hubieran benido los negoçios
al estado en qu'están. Porque hechado
64 de todo el suyo Carlos
65 de Savoya, y de todas sus tierras piamontesas,
ninguna paz (si consideramos sólo la horden de las cosas que hemos
visto) se pudiera hazer ni fraguar para poder bolber, andando el
tiempo, al eçelente
66
duque don Manuel, su hijo, el
67 estado, avnque hubiera
68 proçedido las cosas de nuestro ynbitísimo
prínçipe como an suçedido
69. Porque más quisiera el françés todo el Piamonte
y partir términos con el estado de Milán, que no algunos lugares
(aunque ynportantes) que le fueron tomados en Françia, salbo si el
daño no allegara a ser tan grande (como mediante la bentura
philípica s'esperaua y se veía claramente que allegara)
70, qoe estimara más la haçienda
propia, y qoisiera entonçes alargar
71 el agena. De manera que aquello que re tomó del
saboyano en el Piamonte y se conservó, a hecho
72 que oy aya Piamonte en la casa
de Saboya, porque aque- / llos lugares no los tomaua el Emperador
para sí (¡probe de mí!)
73, sino que
74 le costaua
75 cada vno guardar
76 no sólo más de lo que rrentaua, sino más de lo
que valiera bendido en propiedad. Y demás d'esto, daua cada año al
duque en rreconpensa de aquella rrenta (hasta que le fuese
rrestituydo su estado, si no me acuerdo mal) quarenta mill ducados
cada año, o a lo menos heran
77 pocos más o menos. Y con todo esto, cada Vez que
se trataba de pazes, nunca otra cosa pretendía en ellas el
Emperador sino la rrestituçión del duque, y en ella entraba los
lugares qu'éI poseya, la qual rrestituçión le costó, al que Dios
tiene en su gloria, más de doze o quizás
78 más de veynte millones de oro, De todo lo qual
rresulta ber
79 quán
ynpropiamente está dicho que partieron Emperador y rrey la capa del
justo de Saboya, y que tomando cada vno de los dos lo que le
pareçió, le dexaron despoxado de su haçienda.
Y en
80 quanto a lo
que nuestro Nochera trata, de las vistas
81 procuradas por el buen Pontífiçe Paulo, del
Emperador y françés en Niça
82, donde se hefectuaron, ello pasa así todo como
él lo quenta, / con sola vna adiçión que agora se dirá: y es que
dize nuestro autor que avnqu'el Papa lo procuró, nunca los dos
príncipes (con yntençión poco birtuosa y cortés, que por estas
palabras lo dize) quisieron verse anbos juntos delante d'éI, sino
solamente cada vno solo, aparte, venían a hablar al Sumo Pontífiçe,
sin tratar los negoçios todos tres juntos cara a cara. Y que d'esto
se coligió que aquellas vistas no naçian de sençilla vertud, sino
sólo para sus yntereses particulares. Y no contentándose el Jobio
de tratar d'este arte de la yntençión y obras d'estos dos poderosos
rreyes de la christiandad (porque tanhién el terçero no quedase sin
su salsa), da a entender, siguiéndole en esto la
|Pontifical
Ysroria, qu'el Papa tanbién vino allí teniendo rrespeto a cosas
particulares suyas y de su consistençia y prouecho
83, y no a las públicas y vien de
la christiandad- Y es
84 engaño bien notorio lo vno y lo otro
85. Porque en quanto a los dos
rreyes, el no berse juntos delante del Sumo Pontífiçe no lo causa
lo que dize, sino que negoçios tan gravísimos y de tanta
ymportançia, y tanta multitud d'ellos, y entre tales personas, hera
yn-/posible (aviéndolos hecho Dios a todos tres prínçipes, y no
caldereros, para que a gritos y contençiones no se pudieran
entender)
86 que se
pudieran tratar por las mesmas personas propias, sino solamente por
las de sus comisarios, como se trataron. Porque de otra manera,
¿qué pareçiera ver dar vozes a vnos y a otros, y justificar cada
vno su causa con rrespuestas y rréplicas y altercaçiones, todo
ageno de la grauedad d'este nombre de prínçipe? Y no se dexó de
hazer esto por no dar contento al Papa, sino por no rreçebir tantos
descontentos
87 ellos;
y si lo dize el de Nochera porque pudieran verse amigablemente,
como se vieron después en Aguas Muertas, avnque no se tratara de
negoçios ningunos, porque éstos se pudieran después tratar por
88 sus delegados,
rrespondo que antes de concluyrse paz o treguas no benía ello
89 a propósito; y quando
se concluyeron, el vno enbió a dezir al otro que se bería con él a
la vuelta para España, y así lo cunplió. Y demás d'esto, cada parte
(que así se husa ya entre los prínçipes que no rreconoçen superior)
quisiera en aquellas vistas delante del Papa preminençias y perro-
/ gativas
90 algunas,
o que al otro no le fucran enteramente guardadas las de su altísima
dignidad
91, o otras
Cosas semejantes que delante del Padre Sancto neçesariamente se
avían de pretender, que viéndose después particular y
familiarmente, y no delante del vieario de Cristo, no avía para qué
procurar ninguna de las partes para que se la guardasen. Y en
92 quanto a lo del mesmo
Papa tanbién el Jobio se engaña, porque çierto, a mi juiçio, allí
lo llebó
93 la buena
yntençión suya y no otro ynterés particular
94. Y estáse
95 claro, porque
96 las cosas que apunta el Jobio
que podía pretender, la
97 vna d'ellas que
98 hera el casamiento de su nieto con Margarita de
Austria, hija natural del Emperador
99, estaba ya concluyda, y conçertado
100 a esta sazón, y no abía
para qué ir a Niça a ello; y la otra
101 hera el casamiento de Vandoma para la Otra
nieta, no hera de tanto peso que no se pudiese tratar por legaçias.
Y dexo tamvién en estas bistas de Niça de contar muchas cosas más
que avía que deçir, sino que ya mi cansançio y
102 el poco tiempo que me queda
hasta que se parta esta armada en que an de ir estos papeles, no me
dan lugar / a ello
103 po venir a otras cosas más prinçipales para ,
104 ser
enmendadas.
Y sean las de agoran
105 dos motines d'españoles: el vno hecho
106 en Lonbardia y el
otro en Çiçi1ia, de qu'el Jobio trata, y como él suele tratar,
d'españoles. Y quanto al primero de Lombardía en que gasta dos
capítulos por anpliar bien el odio, y porque los tiempos benideros
tengan a la naçión española por el más perverso género de honbres
que dende que los ay
107 en el mundo se pueda ymaginar, los pinta a
vsadas
108 como
conbiene a su propósito, pareçiéndole que como pneda salir con él,
avnque le quede por enemiga la berdad no le le da
109 nada. Digo, pues, que si él
se quisiera acordar, que bien se acordó, de lo que pasó en el
Monferrar y en Otros lugares de aquella comarca, y de la muerte del
capitán Charles, y de los alférez
110 de los capitanes Vargas y Lezcano, y de otros
muchos soldados que murieron, sobre que en viendo acavada la guerra
no les quisieron acoger en ningún lugar y se los defendían como
111 enemigos,
sinenvargo de las patentes y alojamientos de los superiores a los
mesmos que les avían 112 defendido a / ellos sus bidas y
113 personas y haçiendas,
truxera más moderada la péñola el Jobio de lo que la truxo. Pues no
teniendo casi que
114 dónde se alojar ni dónde mantenerse, ni vn
rreal para este hefecto porque se les devían vn mundo de pagas y no
se les davan ninguna, no sé yo lo que se avían de haçer ni qué
rremedio tenían. Y los heçesos que dize
115 que hiçieron en este motín
es todo falso; y en este paso me quisiera bolber de su talle del
Jobio
116, para
poder dezir por otras palabras lo tocante a esta falsedad. Pero los
nonbres bituperiosos quédense para él, y no más para mí de
117 la orden que
llevan los otros historiadores en guardar la honestidad común en
estas cosas, sin bocablo injurioso. Y así nos quedaremos agora en
boca del Jobio los españoles con el título de ladrones, y con los
demás epítetos
118
que nos da vn
119
autor tan graue y que vienen muy a despropósito a su dignidad
saçerdotal y episcopal
120. Y afirmo yo
121 al vnyberso que nunca tan moderados anduvieron
amotínados
122
níngunos (si no fuesen ytalianos, al pareçer del Jobío, quando se
amotinan), y avn
123 para todas las otras cosas d'esta vida, como
los españoles entonzes / anduvieron
124, estando fuera de la ovidiençia de sus
banderas. De la qual conclusión se saque por corrolario
125 que los ynsultos
que particularmente quenta el Jobio que estos soldados alterados
hiçieron, vieden más a propósito para componer vna fábula que para
escrebir vna
126
ystoria, los quales soldados amotinados
127 después se apaçiguaron, con
harto bien
128
pequeña paga, siendo muy grande la que se les devia.
Y para exagerar más este negoçio, finge (porque todo lo que
quenta sea fengimiento)
129 vn çierto emvaxador, y mételo en esta farsa con
vna plática dolorosa (para que ponga admiraçión al siguiente siglo
contando las desbenturas que padeçian los milaneses) trasladada
virtualmente de vn
|Mareo Aurelio de rromançe (avnqu'éI era
latino)
130, que en
aquel libro me acuerdo aver bisto otra plática semejante sobre el
mesmo argumento, de vno que se yntitulaba
|El uillallo del
Danubio, eçeto qu'estotro no lo hera de rtío sino de lago
131. Y en lo que más
en este artículo diçe, que se rrebelaran los milaneses entonçes si
allaran aparejo para ello, rrespondan ellos por sí al de su çiudad
de Como; que como yo no soy de allí, ni milanés, no tengo por qué
me ynjuriar d'esto, ni tampoco / de qu'el Jobio sólo presuma saber
los juiçios de Dios, y que a él sólo esté rreseruado el secreto
d'ellos. Porque
132
dize luégo çerca d'este motín
133 qu'estos amotinados, después de
134 rreduçidos a la ovidiençia,
enbiando çierta parte d'ellos a Vngría, los soldados
135 se anegaron en dos nabíos
por donde yvan por vn rrío, y que dieron
136 al traués en vnas peñas, y
que escaparon pocos, y que fueron
137 maldiçiones de los de Lonvardía que les
alcanzó
138, y que
Dios Onipotente les avía dado la pena que sus maldades mereçian.
Pero es todo esto
139 del alforja del de Nochera, porque ni él puede
saber, ni los lonbardos tanpoco, la causa d'estos aconteçimientos
quando aeonteçen; quánto más no aconteçiendo agora
140 lo qu'el Jobio dize.
Porque
141 lo que
pasa es que, por mandado del Emperador
142 de los soldados d'este terçio se mandaron
hir dos mill a Vngría con sus capitanes don Juan de Guebara, don
Juan de Viamonte, don Yñigo de Mendoza, Beltrán de Godoy, Martin de
Toro, Mercado, Gonçalo Venítez, y por su maese de campo el capitán
Morales, los quales navegando por el rrío qu'el autor quenta, y no
el día que hera el de San Bartolomé, a beyn- / te y quatro de
agosto, e yendo el rrío muy fuera de madre (avnque no tanto como
las
|Ysrorias de Paulo Jobio suelen ir), dio al traués la
varca donde yva don Juan de Guevara y haogáronse çincuenta soldados
españoles, demás de algunas mugeres y mozos suyos, sin peligrar
otra persona de todos dos mill españoles. Y en el mesmo día se
haogaron en otro rrío, que
|fue en el Danuvio, de gente de
guerra quinientos soldados alemanes, que nunca se avían amotinado
en Lonbardía. Y
143
como éstos heran alemanes, no hechó juiçio el Jobio sobr'ellos,
porqu'el suyo ni su astrologia no se extiende a hechallo más que
sobre las esperias anbas, siendo la vna su fortuna y la otra su
ynfortunio
144.
Y después de esto y
145 otras cosas, por continuar la materia de
motines, escribe fuera de tiempo y sazón y quando no pasó, el de
Rrandaço, en Çiçilia. En el qual, por anpliallo bien y que
pareçiese vna cosa nonbradísima y digna de su
|Hisroria,
gastó tantas palabras que le fue menester al trasladador ynchir
tres capítulos d'ellas, y ojalá gastara menos, con que fucran más
berdaderas, Avnque
146 no niego qu'este motín de Rrendaço ser
147 vno de los
nombrados que / avido; pero esto
148 no por causa del motín, sino por causa de la
execuçión y justiçia que de los amotinadores se hizo, Y es lo
bueno
149 que, por
començar herrando (que ojalá fuera para acabar açertando)
150, dize en esta
materia, luégo al prinçipio d'ella, y da a entender
clarísimamente
151
que seys mill soldados españoles binieron de la Goleta a Çiçilia
porque allá no les pagauan, y que allegados aquella ysla fueron
éstos los que se amotinaron, comoquiera que de la Goleta no
binieron mill y dozientos soldados. De ma' nera que los del terçio
de Çiçilia y éstos fueron los que se alborotaron; pero no me
espanto que heche los números tan largos quien dize en este mesmo
libro, siguiéndolo
152 el
|Ponrifical, que se envarcaron en el
armada (para contra la del
|turco) este mesmo año, çincuenta
mill soldados de guerra, cosa de
|rreyr. Pero no rriamos
hasta que salgamos del lloro que causó el motín çiçiiano a los que
verdaderamente entienden
153, no como el Jobio, lo que se a de llorar de
154 lo que allí
pasó,
Digo, pues, que las crueldades y cosas que quenta el Jobio que
en este motín pasaron, las más d'ellas no son berdaderas
155, y así no ay que
tratar d'ellas. Pero yo aseguro que aunqu'el Jobio escriba çien /
ystorias, que nunca ponga jamás la causa del motín, rreal y
verdaderamente, ni quántas pagas se les devían a los soldados; que
si él lo pusiera, vieran los que leyan su libro cómo vna gente, sin
|tener de qué mantenerse, avia de buscar el comer hasta que
les pagasen. Y ya se saue el caso d'estrema neçesidad de qué culpa
le quita ,
156 los
derechos, puesto caso que
157 no niego sino
158 que pidiendo las pagas, para comer y mantenerse
con la comida
159
se mezcla la disovidiençia con la neçesidad, y que es justo que se
castigue. Pero en lo que dize que quando se rredruxeron estos
amotinados y se hizo juramento por el general don Hernando de
Gonçaga y los amotinados en Lingagrosa (que así se llama aquel
lugar) para perdonarse, qu'el virrey don Hernando, jurando todos
los demás en la Hostia consagrada el perdón, él callaua, hasta que
Villalobos le rredarguyó de su silençio y entonçes lo enmendó, y
dize nuestro auctor que entre sí juró de no pasar por aquel
vergoçoso conçierto, y da a entender que aquello le escusaua, sabe
muy mal Su Señoría Rreverendísima
160, siendo obligado a sabello mejor que ystorias,
lo poco que haze al caso aquello, según los sacros cánones, para no
que- / dar obligado. Y es lo bueno que llama vergoçoso conçierto al
perdonar, aviéndole de llamar magnanimidad; y esto bien sabe él
quán gloriosa cosa es; salbo que, según su pareçer, deve tener esta
rregla por eçeçión
161, si no fuere a españoles hecho el perdón
162, qu'entonçes es
bergüença de hazello
163. Y así
164, conforme a esto, llama al castigo eçesibo,
justa cólera, aviendo el pobre honbre de llamalle al
165 castigo ynjustisimo, por la
demasía d'éI. Pues después de perdonados y bueltos a la ovidiençia,
mataron treçientos honbres o pocos menos, con dibersos géneros de
muertes, y en dibersos días, y avn sin dexalles a muchos d'ellos
confesar, siendo christianos, y siendo la condenaçión hecha por
otros d'este nonbre, no considerando que quando semejantes
sediçiones se suelen castigar, es en las cabeças solas de los
motines y causa. dores d'ellos, y en los que después en la
continuaçión del alboroto quisieron tener alguna espeçialidad en
él
166. Pero sin
tener atençión al justo dolor que tenían (avnque con ynjusta causa,
si se pudiese enbolber lo vno con lo otro)
167 , hazer tantas demasías en
el castigo fue dar scñal de que (como el otro emperador rromano)
168 / quisiera que
todos seys mill españoles no tuvieran más de vna cabeça
169. Porque lo que se lehe del
170 dezmar de
171 las legiones
rromanas, quando se haçía (que hera
172 vien pocas beçes), hera por otros delitos
diferentísimos d'éste y muy más ynormes, y no por dezir como aquí
173: "no me
pagan lo que me deven, no quiero estar sin comer, sino
174 buscar donde lo
hallare".
Y con todo esto es cosa muy allegada a rrazón que se castiguen
los prinçipales tumultuadores, pero deçender con la justiçia (que
ya no lo es, sino crueza)
175 a castigar (que tampoco es castigo, sino
ynhumanidad) a la comunidad de los soldados, es vna rrabia de
vengança que ojalá me fuera líçito (no siendo tomada por tan
eçelente persona) dalle otro nombre. Avnque qualquiera que se le
diera, no saliera yo del término de la rrazón, que no me suele
envorrachar mi cólera, ni haçerme dezir desatinos mi pluma; ni avn
quando he sido juez, en paz o en guerra, me a lleuado el desatino o
el deseo de vengança a hazer cosa que se note de mi que fue pasión
y no justiçia la que hize
176. Yo a lo menos sé vna cosa, y sábelo todo el
mundo (biniendo a acabar
177 lo de! motin de Çiçilia): que los castigadores
de aquel delito/ y que cometieron aquel eçeso en el castigo,
después de aquello, en puntos o pundonores, o como lo, quisiéremos
llamar, y en guerras de que después tubieron cargo, y en otras
muchas cosas (que son la fIor de lo que los honbres desean en esta
vida, después de lo de la otra)
178, le suçedió andando el tiempo tan al rreués de
lo que deseaban (a algunos d'ellos, digo, y no a todos)
179, que pareçe (si me fuese
líçito haçer lo que haze el lobio) creer en esto
180 que mostró Dios en aquellos
castigos la vengança del qu'ellos hiçieron en lo de Rrendaço. Pcro
en fin (avnque eçelente persona y digna de la memoria de los siglos
benideros)
181,
sabemos
182 qu'el
virrey don Hernando de Gonçaga
183 estava disfamadu de no estar
184 vien con la naçión
española, Si con causa o sin ella, no lo sé, pero yo aconsejaría
que nunca él tomase para descargo d'esto el motín de Rrendaço. Y a
lo que vltimamente çerca d'esta materia trata nucstro Jovio, que le
agradó a nuestro Çsar aquel castigo, çiertamente yo en esto no creo
al Jobio, ni creheré jamás que vn prínçipe clementísirno como el
que Dios nos lleuó (por llevallo para sí), le pareçiese bien
185 / semejante
manera de pena y castigo. Y si otra cosa d'esto
186 dixo
187 (como el Jobio quenta, que
yo no sé si es así), haríalo como eçelente Emperador y juez
supremo, qu'está obligado a mostrar aquello
188, ya qu'el daño está echo,
para espantar con aquel aplaçimiento suyo
189, Y prevenir a los males
benideros, y
190
para que no pierda
191 su crédito vn tan baleroso capitán, cobrándolo
de
192 cruel; pero
no para que en su coraçón y entendimiento cupiese qu'estaua vien
echo lo que se hizo entonçes en Çiçilia,