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IV
Muy vivo fue el amor de mi hermano á la patria. Cuanto le
afligía nuestro descrédito en la bolsa europea y el desdén con que
somos tratados por nuestra inhabilidad para manejar nos como pueblo
libre, tanto anhelaba por que nos llegara el reinado de la
verdadera paz, que según la definición antigua, es la tranquilidad
en el orden, y con ella la prosperidad, pero no la fantasmagórica
que prometen los especuladores, sino la que proviene del desarrollo
armónico y firme de las varias fuerzas de la nación. En todos sus
viajes iba su pensamiento repartido entre lo que observaba y la
aplicación que pudiera tener ello en su suelo natal. No eran los
grandes inventos ó las empresas colosales las que le seducían, sino
lo que pudiese mejorar las industrias ya conocidas en el país,
facilitando al pueblo modo de adelantar en ellas mediante el manejo
de aparatos menos toscos y de materiales mejor preparados, ó lo que
contribuyese á introducir otras adecuadas á nuestros recursos y
necesidades, para disminuir poco á poco la sujeción al extranjero,
y sobre todo extender en la masa de la población el amor al
trabajo, "fuente divina de moralidad," y
despertar, con la seguridad, el gusto de la economía y el ahorro.
Esa era á sus ojos la primera base de la prosperidad, sobre la cual
se asentaría todo lo demás. En el escrito que tituló
|Arranques
de un patriota (1886) explica con perspicacia las causas que
han producido la ruina de tantas empresas acometidas locamente
entre nosotros, inculca la necesidad de buscar nuevos rumbos con
prudencia y más que todo con modestia, y señala una multitud de
cosas en que podría emplearse útilmente nuestra actividad. Bien se
entenderá que tal patriotismo improductivo no puede ser reputado
por de buena ley sino cuando la patria es la que provee, como madre
amorosa, á la felicidad de todos sus hijos; cosa en que no piensa
el partido (según existe entre nosotros), pues no mirando sino al
provecho inmediato de los suyos y al vilipendio de los que no
se hagan solidarios de sus pasiones, torpezas ó malos manejos, solo
presta oídos á empresas ajenas de toda contabilidad ó á proyectos
fabulosos encaminados ó alucinar y también preñados de grandes
utilidades para los favorecidos. En semejante situación el hombre
honrado, digno y juicioso que no halla campo para mostrar sus
buenos deseos, se retira á practicar en silencio la forma más
humilde pero más necesaria del patriotismo, que consiste en vivir
sometido á las leyes y dar ejemplo de moralidad y de laboriosidad;
hízolo así mi hermano, contribuyendo además á probar que el trabajo
material no es desdoroso, aunque se lleve un nombre ilustre, y que
no hay divorcio entre ese trabajo y el cultivo fecundo de las
letras. Su amor patrio pudo tomar por lema lo que de un amante
modesto dijo el poeta:
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Brama assai, poco spera, e nülla chiede.
Cuantos le conocieron y le trataron rendirán testimonio de la
amenidad de su trato y de la oportunidad con que traía
comparaciones y anécdotas que, aun en materias literarias ó
científicas, daban á veces inesperada luz. Supongo que los amigos
que durante largos años concurrieron los sábados por la noche á
nuestra casa en Bogotá, habrán conservado grato recuerdo de
aquellas reuniones amistosas en que sin especie alguna de
pedantería ó imposición, fuera de la decencia y mutuo respeto
propios de personas cultas, se departía sobre cualquier tema con
igual, interés, ó se dividían los amigos en grupos según sus
gustos. Raras veces faltaba quien tocase el piano, ó leyese alguna
composición propia ó ajena, ó comunicase noticias literarias o
artísticas, dividiéndosela sesión con la cena, en que reinaba
fraternal alegría. Allí los jóvenes de fuera de la capital
encontraban á Caro, a Pombo, á Fallon, á Marroquín, á Carrasquilla,
y no podían menos de quedar sorprendidos al ver en ese ambiente de
franca familiaridad á hombres cuya posición literaria debía
hacérselos aparecer desde lejos como inaccesibles, Y nunca tuvieron
ocasión los tertulios de reparar en que el que hacía el principal
gasto de la fiesta, atendiéndolos y complaciéndolos á todos, estaba
agobiado por un trabajo abrumador, como que los sábados eran los
días más ocupados, y las más veces apenas había tenido lugar para
mudar de vestido y correr, cuando ya llegaban los primeros
concurrentes, que iban a prolongar la conversación hasta la una ó
las dos de la mañana. Después de esta trasnochada, algunos de los
mismos amigos iban el domingo á almorzar, y hallaban la misma
infatigable amabilidad y alegre agasajo.
Ilimitada era su benevolencia: bastaba el más leve movimiento,
la indicación más ligera, para que él hiciese una buena obra; pero
al mismo tiempo fueron en él sentimientos innatos, irresistibles,
el decoro la rectitud, y por eso nunca pudo tolerar indignidades,
bajezas ni injusticias. De tal combinación de cualidades eximias
provinieron algunas de las enemistades de que en público se ha
hecho mención: faltándole cautela á su deseo de servir y agradar,
se expuso á no ser correspondido caballerosamente, y sintiendo
herida en él la justicia, no podía ocultar su indignación, Muchas
veces, el palpar los inconvenientes (de tejas para abajo) de la
bondad excesiva, solía decir que era una desgracia no haber tenido
ocasión de meter en la cárcel á unos cuantos: arranque inocente de
quien veía que en sociedades trabajadas por las pasiones y odios dé
partido, generalmente no se tiene por respetable sino al que es
temible.
Inútil es decir que para él era punto de honor la lealtad para
con sus amigos y la gratitud á sus buenos oficios. A Rafael Pombo,
el amado Florencia que dio ocasión para escribir este libro, y que
tantas veces le defendió de injustos ataques, pro fosaba, no ya
fraternal cariño, sino veneración. No omitía oportunidad de
proclamar su nombre como una de las glorias de la patria y de hacer
reproducir sus composiciones la admiración hallaba estímulo en la
gratitud, y como, en su sentir, semejantes deudas nunca se
cancelan, cada día hallaba más placer en glorificar á su amigo y
ostentar su agradecimiento, Reimprimiendo la
|Buena nueva,
preciosa poesía escrita para las bodas de D. J. S. Abondano y D.ª
María de Jesús Raymond, escribía;
"En medio de este himno de alegría se deslizan al poeta
acentos melancólicos al figurarse convertida su casa en desierto y
oscuridad. Desfallecimiento natural en el hombre, pero imposible,
por fortuna, en el poeta, sacerdote del amor. Los ' dos viejos ' de
ese hogar nunca estarán solos y en tinieblas; los recuerdos tiernos
y agradecidos de los recién casados acudirán siempre allí y volarán
en torno de ellos, como han acudido y volado siempre los de tantos
allegados y amigos queridos en el alma, los de tantos agraviados
ardorosamente defendidos, los de tantos inertes ó pequeñuelos que
han encontrado allí estímulo ó vistose con generosidad suma
ensalzados y coronadas. El poeta sacerdote del amor nunca estará
solo: serán su familia cuantos hayan llorado ó padecido, cuantos
como él hayan penetrado en la eterna corriente de la vida,
sorprendido los secretos vínculos que enlazan á todos los seres, y
respondido en sí á las palpitaciones de chanto siente y ama aquende
ó allende los sentidos. Es más: los objetos todos que le rodean ó
que concibe, con voz amiga le son mensajeros de paz, serenidad y
armonía."
Algo después, con motivo de haber publicado
|el Tiempo
de Méjico la
|Hora de tinieblas. se levantó entre los
buenos católicos de aquel país un susurro de desaprobación, y el
eximio director de aquel diario pidió á mi hermano noticias sobre
Pombo y el espíritu de aquella composición. Inmediatamente le
remitió un artículo sobre su amigo en que daba todas las
explicaciones pedidas con el justo elogio del poeta. Aunque el
artículo llegó á manos del señor Agüeros (según él mismo me lo
escribió), no se publicó, acaso para no remover el asunto, y Ángel,
como si temiese verse asaltado de la muerte sin rendir este
homenaje á su amigo, no pudo aguardar más, y sobre los borradores
de aquél redactó otro, que salió en
|El Mundo diplomático y
consular de París el 15 de Abril de 1896: al verlo impreso, se
sintió desahogado; fue lo último que publicó; en el número
siguiente anunció el periódico su muerte. Propúsose allí
principalmente hacer ver que " en Pombo están las
facultades poéticas de tal manera fundidas y compenetradas con la
vida moral, que en todos sus ;actos es difícil separar lo que
corresponde al amor de lo bello de '.o que corresponde al amor de
lo bueno." Enumerando algunas de sus altísimas prendas,
escribe: "Es Pombo incomparable en la amistad, y quien se
atreva á ultrajar á un amigo suyo, hallará de seguro en él más
ardorosa defensa que la que pudiera hacer el mismo agraviado; y
cuenta que Pombo jamás ha sido enemigo de nadie ni guardado rencor
contra persona alguna: en su corazón no hay una gota de
hiel." Copio el fin como prenda de que su última palabra
fue de admiración y desagravio á la gloria y á la virtud:
"Los cultivadores de las letras lamentan que no exista
una colección completa de las obras de Pombo, en que aparezca esta
aptitud maravillosa; parí todos los temas y para todas las cuerdas
de la lira, con la unidad propia dela naturaleza, su modelo, y de
su doctrina moral, su guía.
"Una de las condiciones más singulares de Pombo es la
de conservar intacto el (Ion de la poesía. Los años con su dura
mano son incapaces de ofuscar su inteligencia ó mellar sus bríos; y
hoy que ya toca los linderos de la vejez (pues nació en 1833), es
tan lozano y enérgico en la forma del verso cuanto elevado en el
pensamiento: el tiempo no existe para él. Como nunca faltan
atolondrados que se atrevan á ultrajar á las personas venerables,
un mozo se dejó decir que en Pombo se notaba decadencia: todos sus
compatriotas acudieron á desagraviarle, y él presenta, cual otro
Sófocles, nuevas obras en que con juvenil ardor exhibe la frescura
de su sentimiento y su potencia creadora."
Palabras me faltan para decir lo que fue Ángel para mi Eran de
padre los ejemplos y consejos de discreción y prudencia; de madre,
la solicitud con que posponía siempre su comodidad á la mía y
velaba por mi salud y tranquilidad; de hermano, la generosidad y
desinterés absoluto; de amigo, la franqueza y comunidad de
sentimiento ideas, la colaboración y ayuda en todas mis tareas; y
de todo esto junto, el interés más vivo por cuanto pudiese
acrecentar mi reputación y buen nombre.
Su vida moral me fue ejemplo edificativo de cómo pueden
practicarse todas las virtudes sin ceño ni gazmoñería. Era su fe
tan sencilla y franca, que jamás supo lo que son respetos humanos:
preguntábale una vez. un pobre señor que creía que con ser
francmasón había alcanzado toda la ciencia divina y humana, cuáles
eran sus ideas religiosas y filosóficas: "Todo mi saber,
le respondió, está comprendido en el catecismo de la doctrina
cristiana que me enseñaron cuando niño." Nada había para
él más serio y grave que el cumplimiento de sus deberes como
católico; y cuando estaba en ello, se absorbía de tal manera su
atención, que no se permitía la menor distracción; no se le pasaba
día sin leer un capítulo ole los sagrados Evangelios ó de alguna
viola de Nuestro Señor Jesucristo, y siempre dio su cooperación á
los Congresos generales de Católicos, ya se celebrasen en Francia,
ya en otros países de Europa. Miembro en París de la Sociedad de
San Vicente de Paúl, hacía á los pobres las visitas reglamentarias
con la caridad más expansiva, y siendo de estómago delicadísimo,
que con cualquier mal olor se trastornaba, permanecía largos ratos
en buhardillas infectas sin demostración alguna de desagrado; al
mismo tiempo que su sagacidad le descubría misterios de la vida
parisiense, con cuyo conocimiento contribuía al mejor logro de la
caridad y sorprendía á miembros más antiguos y prácticos.
Al privarme el Cielo de este apoyo humano y de estos ejemplos
confortadores, he sentido que me falta la mejor parte de mí mismo,
y no me queda más consuelo que el culto de la memoria adorada á la
cual consagro en estas líneas ofrenda de gratitud y de
justicia.
París, junio de 1899. R.
J. CUERVO
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