INDICE




 

III

Con el primer viaje á Europa se había despertado en él, como ya apunté, vivo deseo de gozar cumplidamente de la vida intelectual y artística de los grandes centros de la civilización. No bien establecido en París, se propuso imponerse del movimiento político, científico, literario y artístico, para lo cual al mismo tiempo que leía las mejores revistas y periódicos, se hizo concurrente asiduo de las sesiones públicas de la Academia de Ciencias, de los mejores conciertos y de cuantas exposiciones se abrían, hasta de las de cocina y, las de perros y gatos, procurando averiguarlo todo y enterarse de todo.

Pudiera alguien figurarse que viviendo en París, su admiración fuese exclusivamente absorbida por lo francés; mas su carácter independiente no sufría semejante imposición. Sean testigos de ello los artículo, necrológicos que consagró al Cardenal Newman, gloria un tiempo de la iglesia reformada en Inglaterra y después de la católica; á Windthorst, el célebre caudillo del partido católico en Alemania; á Rossi, el arqueólogo incomparable, Colón en cierto modo de las catacumbas romanas. Más todavía luce la libertad de juicio en sus estudios sobre pintura y escultura. Habiéndose dedicado en un principio con gran empeño á conocer las artes francesas, así en la parte técnica como en la histórica y anecdótica, consignó el fruto de sus impresiones en carta dirigida á un amigo de Bogotá, la cual sin su conocimiento fue publicada después en un periódico de esa ciudad, con interpolaciones y firmada por un crítico europeo Como en reivindicación de su derecho la publicó con adiciones y rectificaciones propias en un folleto en 12.° de 118 páginas bajo el título de |Conversación artística (París, 1887), donde campean no menos los primores del estilo que el acierto de las apreciaciones sobre estatuas y cuadros franceses, y- la gracia comunicativa de las descripciones de muchos de ellos. Con las repetidas exposiciones de obras de artistas franceses y extranjeros y con las excursiones á los países vecinos, fuéronse ensanchando sus conocimientos, y la modesta |Conversación se convirtió en libro que debía llevar por título |Artes y artistas contemporáneos en esto trabajaba cuando le asaltó la muerte, y aunque no lo dejó concluido, partes hay completas, como lo relativo á Francia, Bélgica, Inglaterra y Alemania, que forman todavía un conjunto utilísimo á los aficionados, ya que no fuese par los juicios directos é imparciales, por la multitud de datos que atesora sobre la vida de artistas y la historia de las artes en nuestro tiempo. Si Dios me lo permite, lo sacaré á luz después de este volumen.

Antes de pasar adelante copiaré algunas líneas de la |Conversación que prueban una vez más la modestia de su autor y, cómo refería todas sus pensamientos á la patria:

"Al dar á la imprenta esta rápida ojeada sobre las artes, no se vaya á pensar que lo hago con la intención de arrogarme el título de crítico, y de convertirme en juez de hombres que ya están sentados sólidamente en el templo de la Inmortalidad, pues rayaría en lo ridículo que lo intentara quien ha nacido y vivido donde las artes son casi desconocidas, y quien ha corrido la vida torturando. la imaginación por resolver el complicado problema de la existencia. Mi |Conversación es una cosa íntima, como lo indica su nombre, y no tiene otro valor que    ser la opinión ingenua y sencilla de una persona culta que vive en Europa y anhela comunicar á sus amigos lo que ha visto, y las impresiones que le quedan de las lecturas diarias de los periódicos; así, nunca debe ser mirada como la enseñanza de un pedagogo.

"Como asiduo visitador que soy de los museos, al ver clasificadas las naciones según los monumentos artísticos que han dejado, ¿como no desear que florezcan las bellas artes allá donde tengo mi cuna y mis más caros afectos, las bellas artes, que son el alma inmortal de las naciones, y que sobreviven á la efímera grandeza de los guerreros?....

"En vista de la excelencia de las bellas artes, qué patriota no suspira por el florecimiento de ellas en Colombia, y porque llegue el día en que el nombre de tan cara patria se escriba en el templo de la Gloria, no con la sangre de nuestras insensatas discordias, sino con el buril de diamante de un Miguel Ángel ó de un Ticiano?"

Pero si su patriotismo le inspiraba la noble aspiración de ver florecientes las artes en su suelo natal, también su buen sentido le servía de freno para no dejarse llevar de ilusiones con respecto á las dificultades que por largo tiempo embargarán su cumplimiento. No dudaba él del sentido artístico de sus paisanos, ni de sus aptitudes para concebir y objetivar la belleza; mas veía y sabía que las bellas artes suponen una parte práctica, una educación, un ambiente cuyos elementos nos faltan; de donde proviene que fácilmente estamos expuestos á los extravíos de dos especies de |diletantismo: el uno de aquellos que á la carrera ó sin la preparación suficiente han recorrido los museos de Europa, y el otro de los que se figuran los objetos de arte conforme á un concepto puramente subjetivo, no apoyado en el estudio directo de ellos. Fundado en tales consideraciones, á la par que en la opinión de los mejores expertos europeos, trató varias veces de poner en su punto el valor relativo de nuestro pintor Vásquez Ceballos. Igualmente escéptico se mostró con respecto á la creencia de que en América abunden obras de grandes pintores antiguos; y en mi sentir no le faltaba razón. Los buenos cuadros siempre han sido estimados en Europa, y aunque por ellos se pagase poco á sus autores, no por eso los estimaban los poseedores en menos; y si acaso algún virrey ó arzobispo llevaban á América algo bueno, poquísimas veces lo dejaban. De boca del actual Conservador de la pintura en el Museo del Louvre, cuya alta posición entre literatos y artistas es de todos conocida y cuyas lecciones en el mismo Museo están al nivel de las que sobre otros ramos se dan en la Sorbona ó en el Colegio de Francia, de su boca, digo, he oído que entre los innumerables cuadros que de América se traen á Europa, es rarísimo que aparezca algo de verdadero mérito. Ahora las atribuciones que de obras más á menos defectuosas se hacen á tal ó cual pintor, no están libres del cargo de arbitrariedad, porque para el efecto se carece de dos cosas que aquí se tienen por indispensables, x lo son realmente: los documentos que, á falta de firma, comprueben, ya directamente la autenticidad, ya la verdad de la tradición por los posesores sucesivos hasta el primero, y de ahí al autor; d bien la comparación con obras ciertas del mismo origen, de la que resulte igualdad de procedimientos técnicos, así en las excelencias como en los defectos; pues dicho se está que no sólo éstos han de servir para adjudicar una obra á un pintor eminente. Recordando la tradición de que Murillo en su juventud pintaba para la Feria de Sevilla, donde se abastecían los pacotilleros que hacían el comercio con América, y aunque hizo una partida especial para cargazón de Indias, se supone que ha de haber allí muchos cuadros de su mano; posible es que los baya; falta solo que para adjudicárselos por conjetura, pues de ahí no se puede pasar, se observen las exigencias de la buena crítica. Las grandes cualidades de Murillo, por las cuales es conocido, se desarrollaron con su permanencia en Madrid, y por consiguiente los cuadros suyos que puedan existir en América, se parecerán á las obras anteriores á su estada con Velázquez y á su estudio del Ticiano, Van Dick y Ribera, y con ésas ha de establecerse la comparación; y aun puede decirse que cuanto más se parezca un cuadro á sus obras maestras posteriores, tanto menos probable es que le corresponda, porque, cuando las hacía, ya no trabajaba de cargazón. De cuanto precede habrá pues de colegirse que al donar mi hermano al Museo Nacional de Bogotá dos cuadros de Vásquez que de tiempo inmemorial pertenecieron á nuestra familia, no quiso dar á entender que eran obras admiradas en Europa; y que cuando manifestó el deseo de que se conservaran ahí mismo algunos cuadros europeos que también pertenecieron á nuestra familia, tampoco pudo pasarle por la cabeza que regalaba Ticianos, ó Velázquez, ó Murillos, sino muestras de los objetos de arte, ó de devoción, si se quiere, que tenían las familias españolas acomodadas, y que el día que en nuestro país haya interés por lo pasado, no carecerán de importancia, como no carecen los platos y otros muebles que dejan ver la vida íntima de los que ya fueron.

No contento mi hermano con seguir el movimiento científico, literario y artístico, observaba con ojos sagacísimos las costumbres populares y sociales, concurría á los teatros donde mejor se interpretan, recorría los barrios excéntricos y los suburbios, y recopilaba datos y noticias con incansable perseverancia; en un librito, por ejemplo, pegaba los avisos de periódico curiosos ó ridículos; en otra parte guardaba los anuncios de somnámbulas y cartománticas que, antes que las persiguiese, como ahora, la policía, eran distribuidos profusamente en los mercados y otros lugares frecuentados de criadas y demás gente de la laya; en otra las circulares de agencias de averiguación sobre la vida y milagros de los particulares. Solo así se explica que pudiese componer sus novelas |Jamás y |Dick, publicadas en 1893 y 1895. Con respecto á la primera debo copiar estas palabras del juicio que escribió el Sr. E. Mérimée, erudito biógrafo de Quevedo y editor de Guillén de Castro: " En resumen, es |Jamás una preciosa acuarela de un rinconcito de París, escogido como al acaso y estudiado con esmero, la cual ofrecerá á los extranjeros, para quienes ha sido hecha, un tono más verdadero que la mayor parte de los malamente llamados cuadros de costumbres parisienses, firmados con nombres forasteros y que en general dejan harto adivinar qué personas y qué lugares han frecuentado sus autores." Luego que se imprimió, solicitó D.a Margarita du Lac, conocida escritora, permiso para traducirla, y obtenido, la publicó en la |Revue du Monde latin el du Monde eslave. Igual éxito obtuvo |Dick, donde se retrata el modo de vivir de ciertos |turistas ingleses de modesta condición que se derraman por el continente. Fue reproducida por el insigne escritor D. Victoriano Agüeros en el |Tiempo de Méjico.

A quien en tales estudios de costumbres se ocupaba, no podían ocultarse las ridiculeces del vulgo de los americanos (no de los |colombianos solos, como en Bogotá se lo figuraron algunos), que pasan por París. Bajo el título de |Etnografía salieron en el periódico de esta ciudad llamado |Europa y América, de 1.° de Diciembre de 1889 á 1.° de junio de 1891, unos cien bocetos ó cuadritos en que bien distintamente se perciben dos objetos: el uno poner de relieve los peligros con que tropiezan en estas grandes ciudades individuos de países más candorosos, y los inconvenientes de viajes emprendidos sin otro finque satisfacer la vanidad; y el otro, descubrir los muchos engaños, farsas y tonterías que se originan de esa vanidad, con el designio, ya que no de impedir se hagan, á lo menos de que sean conocidos. Nadie ha dudado de la utilidad de los viajes cuando se hacen para aprender lo útil y bueno y llevarlo á la patria, ó siquiera para ensanchar el espíritu aceptando las lecciones de modestia y tolerancia que da la vista de vidas y costumbres diversas de las nuestras; y muchas personas han venido, vienen y vendrán de América á Europa que han llenado y llenarán tan benéfico propósito con loa y agradecimiento de sus compatricios. Pero no es eso lo general, y son incontables los que solo miran la parte superficial de estas complexas sociedades, toman la corteza por el fruto, y después de perder tiempo, dinero y no sé qué más, vuelven á su patria llevando de la cultura, la civilización y el progreso ideas falsísimas que contribuyen no poco á la desmoralización y ruina de esas sociedades. Mientras se publicaron dichos cuadros, nadie protestó ni tampoco lo ha hecho nadie aquí después que se coleccionaron con el título de |Curiosidades de la vida americana en París, antes la generalidad de las personas juiciosas de los países americanos ha convenido (así de palabra como por escrito) en que esos tipos ridículos ó dañinos no les son desconocidos; prueba concluyente de que el autor procedió conforme lo dice en su prólogo. " conservándolos siempre en una atmósfera de abstracción que los hace superiores á la misma realidad, para que nadie pueda decir al contemplarlos: Este soy yo, ó Aquélla es mi tía; sino Así soy yo, Así es mi tía." En Bogotá, cosa natural, no faltaron ataques: unos inspirados por enemistades personales ( |acriores quia iniquae), y otros, puros desahogos de médicos nuevos que se creyeron injuriados al leer de un mozo que después de recibirse de doctor en América, tiene aquí que hacer sus estudios porque no distingue el toronjil del laurel, y de otro que abandonado á su suerte, solo y sin sanción alguna, en el barrio más peligroso para la moralidad, no piensa en estudiar, se pervierte, agota sus recursos, y al volverse compra una tesis (que el hacerlas para los estudiantes es por acá profesión conocida) y luego se titula médico de la Facultad de París. Que esta censura, viniendo de quien venía, no podía entenderse con todos los médicos de Bogotá que han venido á París á perfeccionar sus estudios, era patente, como que yo mismo después de haber asistido al grado de uno que es hoy insigne profesor en esa ciudad, di público testimonio del brillante éxito que obtuvo. La discreción más rudimental aconsejaba, pues, al que pensase que pudiera dudarse de sus títulos, que, como quien no quiere la cosa, colgase en su sala ó despacho el diploma debidamente autenticado por el Gobierno francés y el Ministro colombiano, como naturalmente los tendrán todos, pues así los tienen estudiantes de otras nacionalidades. El sulfurarse é insultar á quien hace una crítica en general es de gente poco avisada y da que sospechar: ¿quiénes sino los predicadores abominables de su tiempo le saltaron á los ojos al P. Isla cuando publicó el |Fray Gerundio ? ¿quiénes sino los D. Eleuterios y los D. Hermóges pretendieron amotinar el teatro cuando se echó la |Comedia nueva? Al crítico, para poner las cosas en su punto, le hubiera sido muy fácil conseguir y publicar la lista de los estudiantes americanos graduados en la Universidad de París de unos años atrás; y no lo hizo porque su objeto fue dar el alerta á los padres y madres de familia, y no ofender ni desacreditar á nadie. En estos ataques salió con denuedo á la defensa D. Rafael Pombo, como siempre lo ha hecho con sus amigos injustamente ofendidos.

Al mismo tiempo que aprovechaba mi hermano sus observaciones actuales, quiso beneficiar sus recuerdos fidelísimos para escribir una novela americana en que se combinase, por lo que hace á los actores, la realidad amable y virtuosa con la brutal y pervertida, y en cuanto al escenario, los encantos de la naturaleza intertropical con sus violencias y estragos. Llamóla |En la soledad, y situó la acción en las orillas del Magdalena y á tiempo que, promovido el cultivo del tabaco por casas europeas, alcanzaron las comarcas rayanas de Cundinamarca y lo que hoy es el Tolima increíble prosperidad, y junto con eso suma relajación de costumbres; tal que la novela trae á la memoria la tierra aquella en que, según el poeta, son el ciprés y el mirto emblemas de las obras de sus habitadores, y donde la ferocidad del buitre y los arrullos de la tórtola ora derriten en melancolía, ora enfurecen basta el crimen. Hay caracteres que dejan impresión imborrable: Varela convertido en criminal por un arranque de amor paternal y obligado á vivir lejos de su familia en lugar bravío, atormentado por la soledad y el temor de ser descubierto, sin otro vestido que unos calzoncillos y una especie de morrión formado de la piel de un perico ligero secada en una calabaza, considerado por los campesinos que llegan á verlo como ser misterioso que tiene pacto con el diablo y es de mal agüero para quien se encuentra con él; Ricardo, joven de buena educación, formas atléticas, valor incontrastable, pero corrompido, que se mete á contrabandista de tabaco; Carmen, de aquellas familias modestas de Bogotá que con igual ánimo rezan, trabajan y se divierten, y llegado el caso se. van con su marido á un desierto, se encargan de todos los pormenores económicos que constituyen las ganancias de una empresa, cultivan las flores, alegran su casa punteando la guitarra y cantando, y son madres de los trabajadores hasta enseñarles la doctrina y curarles las llagas. Empezóse á publicar en |Europa y América, pero quedó interrumpida por haberse suspendido este periódico.

En sus trabajos históricos mostró que si el respeto de la verdad y el amor de la exactitud fundada en documentos fueron blanda rienda de la fantasía, en nada mermaron la limpieza del estilo, el orden de la composición ni el interés del relato. Siempre había acariciado el proyecto de escribir la Vida de nuestro padre, persuadido por experiencia de la facilidad con que en países revueltos se olvidan méritos y servicios, y de que la adulación á los vivos conduce á empequeñecer á los muertos, y lo que es más infame, á ultrajarlos. Avivósele el piadoso designio al leerla biografía que publicó un periódico de Bogotá, tan diminuta é insustancial que daba grima; y puso luego manos á la obra, ordenando primeramente los documentos que teníamos en casa y haciendo un rápido bosquejo. Examinado entre los dos, releímos los documentos, convinimos en lo que había de extenderse ó aclararse, y él mismo hizo otra redacción, en la cual apareció ya casi completa la figura que intentábamos retratar; para acabarla solicitamos de Bogotá y Quito algunos documentos necesarios, y si bien no todos pudieron conseguirse, el cariñoso interés de algunos amigos nos proporcionó los más indispensables. Terminada la obra, salió á luz en 1892 en dos volúmenes en 8.°; aunque se prometió el tomo tercero que contendría el |Epistolario, dificultades imprevistas impidieron la publicación; y cierto que fue lástima, pues ahí debían figurar muchos de los hombres más notables de Nueva Granada, contando ellos mismos los sucesos en que intervinieron ó que presenciaron; y como todas las cartas estaban dispuestas en riguroso orden cronológico, resultaría la historia de esos tiempos por duplicado, hasta cierto punto, primero en nuestro relato y luego narrada por los actores ó testigos mismos. No me toca á mí decir el éxito de esta obra, ni enumerar los juicios benévolos que mereció á escritores americanos y europeos. En nuestra patria produjo viva impresión la imparcialidad con que se vieron narrados, conforme á documentos irrefragables, sucesos casi olvidados, poco gratos ora á un partido, ora á otro, lo que atajó tanto el aplauso como el vituperio; con excepción de algunos amigos que la juzgaron favorablemente. Por haberse publicado después, mencionaré la extensa carta que sobre ella escribió D. Miguel Samper al Dr. Barreto, y que superó nuestras esperanzas, por la equidad con que juzga el carácter y los hechos de nuestro padre: juicio que, por venir de un ciudadano eminente, en quien corría parejas la ilustración con la honradez y el patriotismo, confiamos fuese ratificado por la posteridad. Ambos veíamos que en nosotros se extinguiría la familia que tuvo por timbre llevar el mismo apellido que nuestro padre; y aunque el pensamiento de la muerte causa algún estremecimiento hasta á los más serenos, y el fin de las cosas trae siempre consigo un no sé qué de amargura, sentimos íntima satisfacción de haber, podido fiar esta memoria venerada á un hijo del entendimiento que acaso dure lo que la verdad, pues que por el amor de la verdad fue engendrado.

La obra que hoy publico fue la última que concluyó, y en ella, más que en la anterior, aparece la personalidad del autor, porque se compone de sus recuerdos personales extendidos con familiar ingenuidad: los documentos son pauta que han guiado la pluma para el orden y traza de los sucesos, y prenda siempre de la exactitud y viveza de aquéllos. Muchos testigos quedan aún de los acontecimientos aquí relatados, y sin embargo, la generación presente los conoce muy poco: tanto hemos visto y padecido todos, que en cada cual á los recuerdos de ayer se ha sobrepuesto el presente triste, y los hemos dejado cubrir con el moho de los años. El autor, obedeciendo á su rectitud y veracidad, no ha dicho otra cosa que lo que estaba en la conciencia de los que presenciaron el fin trágico de la antigua legitimidad y vieron caer á sus últimos defensores abrazados con la constitución; pero esa misma rectitud le ha guardado de repetir aquellos cargos injustos que se oyen siempre que perece alguna causa política: la ineptitud es ya cargo grave, y en alguna ocasión no ha tenido el escritor más que copiar lo que otros testigos han referido. Posible es que todavía haya alguien á quien ofenda la verdad, porque desgraciadamente el amor que á ella nos jactamos todos de profesar, se atenúa y desaparece cuando no lisonjea nuestros afectos; pero eso no queda á cargo del historiador, que no habla para uno solo, sino para todos y para siempre.

La época á que se refiere es acaso la más grave y crítica de nuestra historia de nación independiente, Antes nunca había triunfado definitivamente una revolución, y si el gobierno, después de reprimir las que se habían hecho, se mostraba riguroso con los rebeldes, apoyábase en la fuerza moral de una autoridad por todos reconocida, y seguía ejerciendo el poder en virtud de una constitución y de leyes dictadas, en su mayor parte, en tiempo de paz, sin producir cambio brusco en la sociedad ni en la administración pública. El triunfo de una revolución presupone transformación completa de la maquina del gobierno, reparto de botín á los vencedores, todo linaje de vejaciones para los vencidos, y por largo tiempo casi cesación de la vida nacional. Con esto el nuevo régimen no representa ya la nación, sino los intereses de los vencedores, que á todo trance quieren conservar sus puestos y ventajas y mantener supeditados á sus contrarios, para evitar represalias, por más que les sea menester ponerse en contradicción flagrante con los principios que para la exportación proclaman. Así, las constituciones semejan aquellos anuncios de fiestas campestres que solo se cumplen "si el tiempo lo permite." Entre nosotros, por tendencia natural, por una especie de atavismo, como que nuestros mayores durante siglos fueron criados para esclavos y vivieron esclavos, aunque más hablemos de libertad, siempre el Deseado es un Fernando VII. Los verdaderos republicanos no han abundado en nuestra patria, y han sido ahogados por los absolutistas ó por los jacobinos, que para el caso es lo mismo; necesitárase el reinado de larga paz bajo un gobierno legal para que los pueblos se hicieran á respetar la fuerza moral del derecho, y eso es lo que han impedido los gobiernos de partido, cuyo dominio se instauró, qué sé yo hasta cuándo, con el triunfo de Mosquera. En treinta y tantos años hemos visto proclamados y puestos en práctica axiomas como |El que escruta elige, No ha de perderse con papelitos lo que se ganó d balazos, Los vencidos no tienen otro derecho que el de trabajar para pagar las contribuciones; hemos visto derrocados gobiernos |soberanos, expropiadas las imprentas, llevados en traílla los periodistas por las calles, barridos á balazos los electores, embaucada por largo tiempo la nación con empresas, no por fantásticas menos costosas, y atormentadas las conciencias en nombre del libre pensamiento; y luego mudándose la decoración y los personajes, para fundar otro sistema de opresión se han inventado títulos cuasi místicos en defensa de la arbitrariedad, se ha asentado como dogma de nuestro derecho público que el jefe del Estado es jefe nato de su partido, y en consecuencia sigue, como tal, ó redactando periódicos, ó dirigiendo á vista de todos intrigas maquiavélicas, ó insultando á los particulares ó á los partidos, y olvidando todo decoro para satisfacer los apetitos de especuladores,     familiares ó paniaguados. En más de veinte años que estuvo alejado de los cargos públicos un partido, desaparecieron casi todos sus hombres que tenían alguna práctica en el gobierno; en posesión del mando, todo ha sido andar á ciegas. Si la otra mitad de la nación dura tanto tiempo en situación igual, al volver al poder, tampoco habrá quien conozca el manejo de los negocios públicos, y perdida la tradición del orden administrativo, se consumará la ruina de la República. Cuando el histrión clamó en el teatro romano: |Quirites, libertatem perdimus, todos los ojos se volvieron á César; á nosotros no nos hubiera quedado más recurso que mirarnos unos á otros, porque todos hemos contribuido á la obra nefasta; si bien la responsabilidad primera corresponde á los que buscaron en la revolución el medio de satisfacer sus pasiones y á los que les prepararon el campo para entregárselo sacrificando á su propia ineptitud infinitas víctimas generosas. Pero ya son estériles las recriminaciones, pues que nadie puede tirar la primera piedra. Nuestra vida política ha llegado á ser poco menos que de salvajes: tal se figura uno dos tribus que se disputan el terreno en que las confinó la naturaleza; el vencedor niega al vencido el fuego y el agua; el vencido espía un descuido de su dominador para derribarle, ó aguarda que un agraviado se lo entregue por traición; entre tanto el campo no se siembra, y el hambre acabará con los dos. Probado por la experiencia que los que apellidan |libertad no han sabido hacerla efectiva, y los que claman |autoridad no han logrado hacerla respetable, dudo que hombre alguno honrado y sensato pueda conservar fe en programas que no han producido sino escombros, ni menos seguir adorando ídolos que no han dado el triunfo á los partidos sino corrompiéndolos y degradándolos. ¿No habrá llegado ya el caso de comenzar de nuevo, como en 1832, con una reacción vigorosa de patriotismo, modestia, desinterés y decoro? Envidiable sería la gloria del hombre público que convocara para cumplir ese programa á todos los ciudadanos honrados, que por dicha aun los. hay, persuadiéndoles que entorno de la madre agonizante acallan los buenos hijos mezquinas disensiones. Solo así cabe abrigar la esperanza de que algún día gocemos |todos de libertad bajo un gobierno justo. Ah! pero éstos son sueños, y los sueños....

anterior | índice | siguiente