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II
El- siguiente artículo se publicó en el número 31 de El Progreso
de Bogotá, el 22 de Mayo de 1897. Como este mismo número está
atiborrado de soeces insultos contra un escritor de cuyo apellido
es mitad el que yo llevo, visto es que su autor no tuvo otra mira
que herir á un vivo ultrajando á un muerto. Diráme pues alguno;
¿Por qué no desprecia usted esa infamia, como lo merece?-Porque la
calumnia y el embuste con frecuencia se crían en fangales
semejantes, y luego, sin saberse cómo, caen en sitios menos sucios,
donde es más difícil exterminarlos: hay que acabar con ellos cuando
nacen.
"ALGO DE HISTORIA
'No es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo,'
dijo D. Quijote á Sancho cuando éste iba á gobernar su ínsula.
Esta sabia máxima parece de fácil olvido para los que ejercen
algún poder sobre sus semejantes: la soberbia de unos, el alarde de
poder dé los otros, una mentida energía que haga aparecer
inflexibles á los de más allá, es lo cierto que aparejan
imputaciones agobiadoras que, como sombra fatídica, acompañan hasta
el sepulcro á esos jaeces inexorables. Quizá ese olvido fue la
causa principal para que el doctor Rufino Cuervo no hubiera sido
elegido Presidente de la República el 7 de Marzo de 1849.
Pudo haber mucho de grave para que el doctor Rufino Cuervo, á la
sazón Gobernador de Bogotá, diera orden para aprehender 'vivo ó
muerto,' al valiente General Mariano París. Sabedor éste de la
terrible orden dada, se aprestó para resistirla, pero no tuvo
tiempo, porque la bala asesina fue más ligera. Poco tiempo después
el cadáver de París se llevó á Bogotá sobre una mula enjalmada y
fue paseado por la calle que de San Agustín conduce á la Plaza de
Bolívar.
No es nuestro ánimo examinar si hubo ó no razón legal para tan
cruel medida; pero es lo cierto que aquel cadáver se le atravesó al
doctor Cuervo en el camino de la Presidencia, como vamos á verlo en
la siguiente narración de un testigo presencial, conocedor de los
hechos que se cumplieron en el Congreso de aquella memorable
fecha.
Contraída la votación de las Cámaras á los dos candidatos López
y Cuervo, como que habían reunido ambos mayor número de escrutinios
en su favor de los 84 que daba la República, hubo tres persistentes
votos en blanco, que, según la ley, no podían computarse á ninguno
de los candidatos.
Plenas las barras de estudiantes, artesanos y curiosos, y
divididas también por cada candidato, era inútil exigir silencio y
compostura en presencia de una genuina representación nacional. El
ruido, las rechiflas, los gritos y la efervescencia tan natural en
aquel acto, no dejaron oír un episodio, que pasó desapercibido.
Es sabido que el Congreso se reunió en la iglesia de Santo
Domingo. La puerta que da entrada á la nave del Sur estaba trancada
con un grueso madero, y la otra que mira á la calle que comunica
las antiguas del Comercio y Florián estaba apenas ajustada; entre
las dos puertas hay un pequeño jardín que ocultan las paredes de la
iglesia y la de la calle.
La nave Sur recibe luz escasa de unas claraboyas redondas á tres
ó cuatro metros de altura, y por una de ellas metieron al jovencito
Guillermo Lleras, ayudado por muchos individuos que no tuvieron
cabida por la puerta principal y que tomaron aquella vía. Lleras,
aun á riesgo de estrellarse, se dejó caer de tamaña altura,
destrancó la puerta, no sin soltar el grueso tablón que la
sujetaba. Al empuje violento de los de afuera, una nueva avalancha
de espectadores entró al recinto del Congreso, y una voz resuelta y
dominadora dijo: 'O López, ó muere el Congreso.' Era un hijo del
General Mariano París, que con puñal en mano se dirigió al doctor
Mariano Ospina, diciéndole: 'No permito que el asesino de mi padre
sea Presidente de la República.'
Entonces fue cuando el doctor Ospina dio su voto con aquellas
palabras que todos conocemos: ' Voto por el General José Hilario
López para que no se asesine al Congreso.'
Sabido es que el doctor Ospina tenía un valor á toda prueba, de
que dio repetidas muestras en diversas situaciones de peligro para
su vida, y por eso no creemos que se hubiera dejado intimidar por
el joven París. Además, su repetido voto en blanco deja comprender
que no era partidario de la candidatura Cuervo; ó también que,
conociendo la causa de la muerte de D. Mariano París, midió el
peligro del Congreso con la justa amenaza del huérfano. Ese voto
decidió la erección en favor de López.
Decidido el escrutinio, el Coronel Pedro Gutiérrez exigía del
General Tomás C. de Mosquera, Presidente de la República, que
desconociese la elección hecha por la coacción ejercida por las
barras; pero el General Mosquera contestó categóricamente que,
hecha la elección por el Congreso, él no tenía más deber que
someterse á ella y hacerla respetar.
Conocido tan bellísimo ejemplo de sumisión republicana dado por
el Presidente, alguien, del inmenso gentío que lo rodeaba en el
atrio de la Catedral, le exigió un viva al candidato vencedor.
Quiso excusarse el General diciendo que su persona no sería Vista
ni su voz oída entre tanto público; pero entonces D. Rafael Lasso
de la Vega (loco después) le dijo que el le serviría de peana, y en
efecto se puso en cuatro pies, subió ayudado el General Mosquera á
tan extraño pedestal, y desde allí gritó "Viva el General
José Hilario López, Presidente electo." Un inmenso viva
repercutió en todo Bogotá.
Honda, Mayo de 1897.
N. AS.
Empieza el escritor por hacer propia de mi padre la nota de
cruel y riguroso con los complicados en la conspiración de Julio de
1833. Nada más fácil que probar con los documentos de la época que
la indignación y el deseo de hacer ejemplar escarmiento, fueron
comunes á la generalidad de las personas que figuraban en la
política. En la
|Vida de mi padre se hallan citados algunos
de esos documentos; pero viene á cuento copiar de la
|Gaceta de 4 de. Agosto de 1833 lo que oficialmente
escribió el General José Hilario López al remitir al Gobierno,
desde Tunja, la lista de las prisioneros hechos por el Coronel
Franco:
" Usía, verá en ella comprendidos á los principales
corifeos de la descabellada revolución de la noche del 23.
Ellos han permanecido siempre rebeldes, siempre ingratos y
siempre obstinados enemigos de los principios republicanos y de las
instituciones de Colombia y de la Nueva Granada: ellos, por tanto,
deben expiar sur crímenes bajo la cuchilla de la ley, y la vindicta
pública debe ser plenamente satisfecha con el escarmiento de estos
facinerosos. Permítame Usía recordar la ilustre víctima de estos
asesinos, el bizarro Coronel Montoya."
El párrafo en que refiere
|El Progreso la muerte del
señor Mariano París, es un montón de falsedades, desde el título de
|General que le da, solo para agravar el casó: aquel señor
no pasó de Coronel; ese grado tenía cuando tomó parte en la
revolución de 1830;ese grado tenía al concluir esta, como
cualquiera puede verlo en la "Relación de los señores
Generales y Coroneles efectivos que últimamente han obtenido letras
de cuartel, y de los más Jefes y Oficiales a quienes se les han
expedido licencias indefinidas desde el día 14 del corriente, con
expresión de los que han recibido ya sus pasaportes para los puntos
que se indicarán ": relación publicada en la
|Gaceta de
Colombia, de 29 de Mayo de 1831
" Pudo haber mucho de grave, escribe, para que el
doctor Rufino Cuervo, á la sazón Gobernador de Bogotá, diera orden
para aprender ` vivo o muerto ' al valiente General Mariano
París." Los motivos que obraron para que el Gobierno (no
solo el Gobernador) dispusiese la prisión de parís, son obvios para
quien haya hojeado siquiera las historias y papeles de aquel
tiempo. Basta acudir á la Historia de Restrepo para ver que aquel
señor figuró grandemente en las últimas turbulencias de Colombia,
En Marzo de 1830 tenía proyectada una revolución con los cuerpos
que estaban á sus órdenes, á fin de separar de hecho á la Nueva
Granada de Venezuela, é impedir que mandase el Libertador.
" París, advierte el historiador, era hombre de un genio
muy inquieto y atrevido, había sido poco antes entusiasta por
Bolívar, á quien debía favores muy distinguidos."
(
|Historia de Colombia, IV p. 299.) Fue de los primeros
militares que se incorporaron con la facción del Batallón Callao
(ib., p. 360), y al declinar la usurpación de Urdaneta se
distinguió, al lado de Ahumada, Domínguez de Hoyos y Beriñas, en
las violencias con que intentaron sostener esa causa (
|ib.,
p. 472), y por la exaltación con que al verla perdida se oponía á
todo avenimiento pacífico (
|ib., p. 482). No fue, pues, de
admirar que se le borrase de la lista militar, y que figurara el
tercero en la primera que pasó el Poder Ejecutivo, cuyo jefe era
Obando, al Gobernador, en 6 de Diciembre de 1831, " de
aquellos individuos que por su influencia y su conducta anterior
dan fundados motivos de temer que turben el orden ó ataquen la
seguridad," con el fin de que fuesen confinados ó
expulsados. (Documento original que tengo á la vista.)
Cuando empezaron los avisos de la conspiración de Julio, fue su
nombre, de los que primero sonaron: la víspera de frustrarse
aquélla escribía el Presidente Santander al Gobernador: Póngale
usted un espía verdadero a cada uno de esos pícaros como París,
Sardá, etc., para saber dónde van, quiénes los ven, á quiénes
hablan," (billete autógrafo que tengo á la vista.) En las
declaraciones que se tomaron al día siguiente se decía ya que
estaba con una guerrilla, y el 28 hubo denuncio formal de que
andaba por los pueblos de Chipaque y Cáqueza seduciendo á las
gentes contra el Gobierno. Si todo esto no era de gravedad
suficiente para que se ordenase la prisión de París, no sé qué
pueda serlo. En cuanto al contexto de la orden, dice Obando,
escribiendo en Lima, años después, sin documentos ni más guía que
sus violentas pasiones, que el Gobernador la dio "para que
se trajese vivo ó muerto al señor Mariano París"; y que
esas órdenes fueron vistas por muchas personas que él se guardaba
de nombrar " para que no las degollase el
|Gobierno
constitucional, por favorecerá uno de sus más célebres
cómplices." Borrero, Ministro del Interior y Relaciones
Exteriores en 1840, como señalando con el dedo á Santander, dijo
estas palabras en la Cámara de Representantes, el 30 de Marzo de
1840: " Yo no di orden al Comandante de una escolta que
llevaba preso á un individuo para que, suponiendo que quería
escaparse, lo asesinasen por la espalda, como sucedió aquí con el
señor Mariano París." (Mosquera,
|Ensayo crítico,
II, p. 125.)
Ni Obando ni Borrero habían dicho una palabra antes: el primero
expresaba el 3 de Febrero de 1835 á mi padre el sentimiento que le
causaba el que partiese para Europa, " porque se nos
aparta una columna de la libertad, un fuerte apoyo del Gobierno y
un patriota que hace falta en todos los puestos. Yo lo vi á usted
agonizar en los conflictos de nuestra organización política, y lo
vi incansable trabajador en este edificio que se levanta sobre
antiguas ruinas, y burlándose de la intemperie
revolucionaria." (Carta autógrafa.) A Borrero le contestó
con suma razón Santander: "¿Por qué motivo habría
reservado hasta hoy imputarme culpa en los dos acontecimientos
ocurridos el uno á fines de Julio de 1833 y el otro en Octubre de
1834? ¿No ocupó el señor Borrero un asiento en la Cámara de
Representantes en las sesiones de 1834 y 1835? ¿No era entonces, en
que los sucesos estaban recientes,!a ocasión más favorable para
haber levantado su voz en cumplimiento de un deber sagrado, y
promovido una acusación legal? ¿Y posteriormente, en 1837, no ocupó
una silla en el Senado, y no le provoqué yo, por escrito, á que
denunciase cualquier crimen en que pudiera haber yo incurrido en la
Administración durante el primer período constitucional? El
silencio entonces ha sido para mí una garantía."
(Mosquera,
|ubi supra, p. 133.)
¿Cómo se entiende que dos sujetos que por su posición pudieran
estar impuestos de lo sucedido, hagan un mismo cargo, con
circunstancias diferentes, á dos personas distintas, ambos con una
vehemencia tal que pasara por prenda de absoluta certeza? De un
modo muy fácil: en uno y otra obraba solo la pasión, y ambos se
valieron, para ofender, de hablillas destituidas de todo
fundamento: Obando quería denigrar al primer Gobernador de Bogotá,
porque había pedido después, como empleado diplomático, su
extradición al Gabinete del Perú; y Borrero quería despicarse con
Santander, que encabezaba la oposición al Gobierno de que él
formaba parte. La orden verdadera, sin ninguno de los aditamentos
que le añadió la ira, fue agregada al sumario, y es como sigue:
" Bogotá, Julio 28 de 1833.
El Capitán José Manuel Calle y el Teniente Francisco Torres
siguen á Chipaque y demás pueblos del cantón de Cáqueza á buscar y
á prender á Mariano París. Las autoridades todas les prestarán
cuantos auxilios necesiten, y harán comparecer, dentro de
veinticuatro horas, á Gabriel y Gregorio Sabogal y á Faustino
Cubillos, á que den una declaración ante e! Juez Letrado de
Hacienda.
El Gobernador,
RUFINO CUERVO"
Los pormenores de la muerte constan en documentos públicos de
autenticidad indiscutible para cualquiera que sepa!o que es
historia: que París fue aprehendido en Une á las 5 de la mañana del
29 de Julio, que vino con la escolta hasta la Fiscala, donde fue
muerto, son cosas de todos sabidas y aparecen en las comunicaciones
del Capitán Calle, publicadas en el
|Constitucional de
Cundinamarca, del 4 de Agosto de 1833, y en el sumario que
también salió á luz en ese periódico, Es, pues, una invención
inicua la de que "sabedor París de la terrible orden dada
(de aprehenderlo vivo ó muerto), se aprestó para resistirla, pero
no tuvo tiempo, porque la bala asesina fue más ligera."
Como si la Providencia hubiera querido que los testimonios de esa
lamentable muerte tuvieran excepcional fuerza, sucedió que habiendo
recibido las declaraciones el Alcalde Municipal 2.°, que lo era D.
Isidoro Cordobés, el Auditor de Guerra, doctor Antonio Plaza,
objetó la incompetencia de jurisdicción del Alcalde, y para reponer
lo actuado los testigos se ratificaron en su dicho. Todo lo que se
hizo en el particular está publicado en el mencionado
|Constitucional, números 98 y 100, y de ahí fueron sacados
los pormenores que se hallan en la Vida de mi padre. El Auditor fue
de dictamen que " de las declaraciones no resultaba ningún
cargo (!) contra el Capitán Calle," y con él se conformó
el jefe Militar, General José Hilario López, por Decreto de 13 de
Agosto. Aunque un poco larga, me parece conveniente copiar del
número 100 de la Gaceta de la Nueva Granada, la comunicación del
último, en que resume todo esto, y prueba que el Auditor no dio
" en términos ambiguos " el dictamen de
" que no había lugar á formación de causa," como
lo dice un historiador no siempre circunspecto en sus
aserciones:
|"Colombia - Estado de la Nueva Granada - Jefatura
Militar de la Provincia, y Comandancia en Jefe de la primera
columna - Bogotá, á 14 de Agosto de 1833.
Al señor Gobernador de la Provincia.
Señor:
En consecuencia de la ominosa conspiración que iba á estallar la
noche del 23 del próximo pasado, se procedieron á hacer las
averiguaciones del caso para saber qué personas promovieron y
auxiliaron este atentado. El 29 (
|sic) se supo de una
manera positiva que Mariano París, uno de los que fueron borrados
de la lista militar, se hallaba por el lado de Cáqueza reuniendo
gente para formar partidas de guerrillas, cuyo rumor corría desde
el 24 por la mañana; en el momento se dispuso que el Capitán Manuel
Calle, con una partida compuesta de dos veteranos y algunos
milicianos, saliera á conducirlo preso á esta capital: en efecto,
París fue aprehendido en Une, y como además de estar insultando al
Oficial que lo conducía, trató de fugarse, fue preciso hacerle una
descarga, de la cual resultó la muerte de él. El cadáver entró á
esta capital el mismo día 29, y en consecuencia el Alcalde segundo
Municipal, Isidoro Cordobés, procedió á practicar una sumaria
información para averiguar la verdad del hecho. Evacuadas que
fueron las declaraciones, el juzgado las dirigió á la Jefatura
Militar el día 31 del pasado, y en el mismo instante se remitieron
en consulta al señor Auditor de Guerra, quien dictaminó, con fecha
3 del que rige, diciendo que las declaraciones se habían dado ante
una autoridad incompetente, y que no constaba en la sumaria la
orden que se dio al referido Capitán Calle para prender á París: en
el momento fue agregada esta orden y volvió la causa al estudio del
señor Auditor, quien expuso en segundo dictamen que, aunque se
había agregado la orden, no se había subsanado la ilegalidad con
que fueron tomadas las declaraciones por autoridad incompetente;
pero que, á pesar de esto, pasaba á exponer su concepto diciendo
que de las declaraciones no resultaba ningún cargo contra el
Capitán Calle, y que, al contrario, se deducía de ellas que este
Oficial mandó que solo se hiciera fuego á París en caso de que
tratara de fugarse, lo que se verificó, resultando de aquí la
muerte del fugitivo. A pesar de este dictamen, la Jefatura Militar
procedió á hacer subsanar la informalidad de las declaraciones,
verificado lo cual, volvió la causa al estudio del señor Auditor,
quien en vista de ella dictaminó lo que á la letra sigue
'Hoy he recibido por la tercera vez la actuación creada á
consecuencia de la muerte del señor Mariano París, y en ella he
visto reparado en todo lo que observé de informal en la secuela del
juicio,
Las declaraciones tomadas por un juez incompetente ya se han
hecho leales conforme á ordenanza.
Siendo esto lo único que noté, reproduzco en la actualidad lo
restante de mi dictamen de 3 del corriente.
Si algunas otras diligencias pueden existir para dar mayor
esclarecimiento á este negocio, toca al Capitán Calle representar
pidiendo se tomen declaraciones á otros testigos (si los hubo), ó
cualesquiera otras diligencias, además de las que la autoridad
militar ha determinado.'
El que suscribe mandó que se hiciera saber al Capitán Calle el
anterior dictamen, y este oficial expuso en consecuencia lo que
sigue:
'Señor jefe Militar.
En contestación á su decreto fecha de hoy, y en cumplimiento de
él, digo: que á salvo de la responsabilidad que ha podido pesar
sobre mí por la muerte de Mariano París, son suficientes los que
han declarado en este proceso, para dejar en claridad el hecho que
se ha creído criminal. Es á la harte del difunto á quien toca ahora
presentar testigos que depongan lo contrario. Por mi parte nada más
tengo que reclamar. Usted resolverá lo que crea más acertado al
efecto.'
Y como usted me pasó esta causa de orden del Gobierno, para que
se subsanaran los defectos que se notaran en ella, tengo el honor
de comunicar á usted el resultado para los fines convenientes.
Soy de usted obsecuente servidor,
JOSÉ HILARIO LÓPEZ."
La misma acción expedita que aquí dejaba Calle á los parientes
del difunto, ofrecía el Gobierno en
|El Constitucional,
excitándolos, como á todos los ciudadanos, para que promovieran las
pruebas que á bien tuviesen, y solicitasen el castigo del que
creyesen culpado. Si por temor de no alcanzar justicia, si por no
tener que oponer á lo actuado, ello es que judicialmente nadie
levantó la voz para acusar á éste ó aquél de los sindicados por los
enemigos del Gobierno; y fue lástima, porque habrían quedado para
siempre ahogadas las sospechas y cerrada la boca de la
maledicencia. Uno ó más allegados del señor París se contentaron
con publicar sus desahogos en papeles volantes, á los cuales se
replicó en
|El Cachaco con la virulencia conocida de este
periódico, que igualmente les aconsejó acudir á los tribunales.
Recordaré que eran redactores Santander, D. F. González y D. L. M.
Lleras, no por tiznar su memoria con un hecho de todos sabido, sino
con el objeto de hacer notar que, por singular coincidencia,
figuran en la dilogía trágica de
|El Progreso nombres de
individuos que en su primera parte hicieron algo para merecer la
intervención que en la segunda se atribuye á Némesis vengadora, y
fueron sin embargo en ella los vencedores y dichosos.
Pretende el articulista que el cadáver de París se atravesó á mi
padre en el camino de la Presidencia el 7 de Marzo de 1849,
alegando "la narración de un testigo presencial, conocedor
de los hechos que se cumplieron en el Congreso de aquella memorable
fecha." "Contraída la votación de las Cámaras
(continúa) á los dos candidatos López y Cuervo, como que habían
reunido ambos mayor número de escrutinios en su favor de los 84 que
daba la República, hubo tres persistentes votos en blanco, que
según la ley no podían computarse á ninguno de los
candidatos." Imposible es concebir mayor cúmulo de
desaciertos. El acta de la sesión está publicada en la
|Gacela
Oficial de 17 de Mayo de ese año, y solo ojos se requieren
para exponer con exactitud lo que hubo: terminado el escrutinio de
los 1,702 votos dados por las Asambleas electorales, el resultado
fue el siguiente: por el General López, 735; por el doctor Gori,
384; por el doctor Cuervo, 304; y por otros candidatos, 278, con un
voto en blanco, No teniendo ninguno de los candidatos la mayoría
constitucional, dispuso el Presidente que, conforme á la
Constitución, se procediese á perfeccionar la elección, eligiendo á
pluralidad absoluta de votos, entre los tres individuos que mayor
número de ellos hubiesen obtenido, y declaró que la votación debía
contraerse á los tres candidatos mencionados. Recogidos los votos
de los 84 miembros del Congreso allí presentes, se obtuvo este
resultado: por López, 37 votos; por Cuervo, 37, y por Gori, 10.
Como todavía no hubiese elección, se procedió á nueva votación,
contraída á López y á Cuervo; pero el Presidente declaró que,
habiendo obtenido en el escrutinio que acababa de hacerse igual
número de votos los dos candidatos, no se adjudicarían á ninguno de
ellos los votos en blanco que pudieran resultar en el escrutinio
siguiente. Este dio las cifras que van á Verse: 42 por Cuervo; 40
por López, y 2 en blanco. Fue, pus, necesario proceder á nueva
votación, de que resultaron: 42 votos por López; 39 por Cuervo, y 3
en blanco; como ya no hubo empate, los votos en blanco se
adjudicaron á López, quien fue elegido por 45 votos. Miserable
pérdida de tiempo sería ponerse á cotejar esto con lo que dice el
articulista: lo que importa es asentar que, de las tres votaciones,
en la primera no hubo voto alguno en blanco, en la segunda hubo
dos, y en la tercera tres: lo de "los tres persistentes
votos en blanco que según la ley no podían computarse á ninguno de
los candidatos," es, pues, otra invención ó sueño, pero no
historia.
Después de referir el tumulto que se había formado en la iglesia
de Santo Domingo, donde estaba reunido el Congreso, y la manera
como estaban aseguradas las puertas del lado del Sur, nos cuenta
que muchos individuos que no habían podido entrar por la puerta
principal, ayudaron á subir hasta una de las claraboyas redondas
que hay hacia aquella parte, al joven Guillermo Lleras, el cual,
descolgándose al interior, desatrancó la puerta, y dio entrada á
una avenida de gente, de que salió una voz resuelta y dominadora:
" O López, ó muere el Congreso " era un hijo de
París, que con puñal en mano se dirigió al doctor Mariano Ospina,
diciéndole: " No permito que el asesino de mi padre sea
Presidente de la República." Entonces, añade, fue cuando
el doctor Ospina dio su voto con aquellas palabras que todos
conocemos: "Voto por el General José Hilario López para
que no se asesine al Congreso." Ponderando el valor del
señor Ospina, dice no creer que éste se hubiera dejado intimidar
por el joven París, y añade que su repetido voto en blanco deja
comprender que no era partidario de la candidatura Cuervo; ó
también que, conociendo la causa de la muerte de D. M. París, midió
el peligro del Congreso con la justa amenaza del huérfano, y ese
voto decidió la elección en favor de López.
El articulista trata de prevenir la objeción de que tal lance es
desconocido, advirtiendo que
|pasó desapercibido, pero el
caso ofrece de suyo tales inverosimilitudes, que no sé quién pueda
admitirlo como posible. Es hecho reconocido que la iglesia,
conforme al plan trazado días antes, fue ocupada desde temprano por
los alborotadores, y no se concibe que uno que tan frenético se nos
pinta, en lugar de entrar con los primeros, se hubiera dirigido á
una puerta atrancada. Supuesto que su entrada fuese como se
pretende, y admitido como cosa natural que pasara inadvertido su
grito de " ó López ó muere el Congreso," dado por
allá en la nave, ¿cómo pudo pasar del mismo modo el que se
abalanzara con puñal en mano sobre el Presidente de la Cámara de
Representantes, que no estaba en ningún rincón, sino en puesto
prominente, y en todo caso acompañado de sus amigos? ¿Cómo no se
habría reparado en aquel amago y grito, cuando
|La
Civilización (de que era redactor Ospina) refiere la amenaza
que al mismo hizo un tal Morales
D. Rafael Pombo, tan amante de la verdad como celoso de la honra
de sus amigos, vivos ó muertos, me ha proporcionado el testimonio
que copio á continuación, y que nadie recusará, conocida como es la
alta respetabilidad de los que lo firman:
" Bogotá, Mayo 2 de 1898,
Señor Don José Maria Cordovez Moure -E. L. C.
Muy Señor y amigo mío:
En las tan interesantes como acreditadas 'Reminiscencias' de
usted consta que en el célebre 7 de Marzo de 1 849 usted se halló
bien situado en el interior de la iglesia de Santo Domingo y
presenció todo lo allí sucedido. Nadie pues mejor que usted, con
privilegiada memoria, podrá decirme por escrito si en el auditorio
ó barra de aquella jornada legislativa se dejó ver ú oír alguno de
los jóvenes hijos del malogrado Señor Don Mariano París, ó algún
sobrino suyo del mismo apellido, ó si siquiera ha oído usted decir
antes de ahora que algún miembro de esa respetabilísima familia
hubiese influido allí con voces ó con hechos en la elección del
General José Hilario López de Presidente de la República.
Me permito preguntar esto á. usted en obsequio de una memoria
ilustre é inmaculada, sagrada para la patria y en particular para
su amigo afectísimo y seguro servidor.
RAFAEL POMBO"
"Señor D. Rafael Pombo. - Presente.
Bogotá, mayo 2 de 1898
Muy estimado amigo
Me es grato responder á las preguntas de usted que preceden, con
toda fijeza y en la seguridad de que no podrá contradecírseme.
En el capítulo titulado 'El 7 de Marzo de 1849' del 2.° tomo de
mis ' Reminiscencias' me propuse relatar cuanto pasó en aquella
sesión del Congreso, sin omitir incidente ninguno de interés ó
significación en cualquier sentido, como que todo lo presencié, y
durante algún tiempo fui el único individuo extraño al Congreso que
había en el recinto, como allí lo refiero. No satisfecho con esto,
completé mi escrito con el acta oficial y sometí todo, en borrador,
á dos actores sobrevivientes, los Señores Don Juan Antonio Pardo y
Don Ramón Argáez, y posteriormente al Mimo, Señor Don Bonifacio
Toscano, todos los cuales me manifestaron que mi relato era fiel y
completo. Esa triple consulta me proporcionó el añadir únicamente,
la aguda especie del Señor Argáez de que el arma que llevaba era su
limpiadientes.
Por consiguiente ha sido grande mi sorpresa al ver que, casi al
medio siglo de aquella fecha, se estampe la novedad de que hubo
voces y actos de un joven de apellido París que trascendieron é
influyeron en la elección del General José Hilarlo López: de
Presidente de la República. Las estrechas relaciones de amistad que
siempre cultivó mi familia tanto con la respetable familia París
como con la del Doctor Rufino Cuervo hacen absolutamente
inverosímil el que tal cosa hubiese pasado inadvertida por mí, y,
sin duda, por los que abonaron mis recuerdos.
A mayor abundamiento añado ahora el irrecusable del Doctor D.
Cecilio Cárdenas, otro testigo presencial de la memorable sesión, y
aun emparentado con la familia París. Acabo de leerle estas líneas,
y abona también su exactitud.
Siento positivo placer al asociarme al interés de usted en el
desagravio de un nombre ilustre é inmaculado; suscribiéndome de
usted
afectísimo amigo y seguro servidor.
José: M. CORDOVEZ MOURE"
"En efecto, presencié todo, y no vi ni oí á ningún
Señor París en el recinto de la iglesia.
CECILIO CARDENAS"
Ahora, ¿es cierto que D. M. Ospina votó repetidamente en blanco,
ó en otros términos, que el suyo fue uno de los
|tres
persistentes votos en blanco, por ser adverso á la candidatura
Cuervo? Sabido era que Gori contaba con diez votos; así lo anunció
|El Nacional, en cuya redacción tenía parte Ospina, en su
número de 24 de Febrero de 1849. Diez votos sacó en la primera
votación del 7 de Marzo, y los autores de esos diez votos están
proclamados con grandes encomios en el número siguiente de
|El
Día, órgano de esa candidatura. Entre esos nombres no figura
el de Ospina, luego es evidente que en la primera votación estuvo
por Cuervo: ¿será creíble que en la segunda diese su voto en
blanco? Dígalo cualquiera.
¿Es cierto que fue el voto de Ospina el que decidió la elección?
Veámoslo. En la segunda votación había tenido Cuervo 42 votos,
López 40 y habían salido 2 en blanco; en la tercera votación el
voto de Ospina fue " Voto por el General José Hilario
López para que los diputados no sean asesinados" (en esta
forma se lee en
|La Civilización de que aquél era uno de
los redactores); si este voto debía contarse en blanco, el
resultado habría sido 41 votos por Cuervo, 40 por López y 3 en
blanco, que se habrían adjudicado al primero, con lo cual hubiera
sido elegido por 44 votos; si el voto cuestionado no se daba por
puesto en blanco, sino que se adjudicaba á López, el resultado
habría sido: 41 votos por Cuervo, 41 por López y 2 en blanco, y
repitiéndose el caso de la primera votación, se habría procedido á
otra. Todo esto en el supuesto de que las circunstancias no se
hubieran mudado; pero no fue así: dos diputados cedieron al miedo
de los puñales, y los votos de Cuervo bajaron de 42 á 39, de suerte
que los tres votos en blanco fueron adjudicados á López. Los que
decidieron la elección fueron, pues, los cobardes, ó mejor dicho,
los violadores del Congreso, Supongamos ahora que Ospina no diera
el voto famoso: si él había estado votando por Cuervo, como es
natural pensarlo, Cuervo tuviera 40 votos, López 42, y con los z en
blanco completara la mayoría de 44. Sea como dice el articulista,
que Ospina votaba en blanco: los dos votos anteriores de esta
especie no hay por qué suponer que se cambiaran, y López habría
tenido 42, Cuervo 40 y los des también se habrían acumulado al
primero. Demos que uno de los que se pasaron votase en blanco, para
sacar los tres que efectivamente dio el escrutinio: López sacara
41, Cuervo 40 y los 3 en blanco se adjudicaran al primero. En todo
caso, pues, fueran los tránsfugas los que hubieran decidido la
elección.
Ahora quiero suponer por un momento que todo pasara como lo dice
|El Progreso. ¿qué resultaría de ahí ó qué se probaría con
eso? la insensatez de las pasiones. El hijo de París por vengarse
del que, á su entender, había dado orden de traer vivo ó muerto á
su padre, disyunción en que la muerte, según el lenguaje común,
aparece siempre como contingencia lejana, en que cabe alguna culpa
á la víctima, hubiera hecho elegir al que en su calidad de jefe
Militar contribuyó á impedir la acción de la justicia, dando la
realización de esa lejana contingencia como cosa natural é
inocente. Para hacer ver esto, y no por animosidad alguna contra el
General López, he manifestado su conducta con los revolucionarios
de 1833.
Los motivos que impulsaron á Mosquera para aclamar á López,
están cumplidamente explicados en la
|Vida de mi padre,
tomo II, p. 108. juzgo que no habrá persona sensata que admita la
posibilidad de que el Presidente de la república hiciese la
arlequinada de subirse para ello sobre un hombre puesto en cuatro
pies.
R. J. CUERVO
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