INDICE




 

CÓMO SE EVAPORA UN EJERCITO

|Recuerdos personales de la campaña
que concluyó el 18 de Julio de 1861 con la toma
de Bogotá por los revolucionarios,

POR

| D. ÁNGEL CUERVO

NOTICIA BIOGRÁFICA

DE

| D. ÁNGEL CUERVO

(* en Bogotá el 7 de Marzo de 1838; † en París el 24 de Abril de 1896)

En las primeras páginas de este libro asoman ya presentimientos de muerte, y sin embargo su autor, aunque contaba cincuenta y ocho años, solía decir: "Yo no me siento viejo." Testigo yo de toda su vida, puedo confirmar que hasta el día en que cerró los ojos en el ósculo del Señor, su inteligencia estuvo siempre abierta á toda luz, su corazón amó todo bien, toda belleza y toda justicia, y palpitó al recuerdo de la patria, de la familia y de los amigos.

Ben mille volte Fortunato colui che la caduca
Virtú del caro immaginar non perde
Per volger d'anni; a cui serbare eterna
La gioventú del cor diedero i fati;
Che nella ferma e nella stanca etade,
Cosí come solea nell' etá verde,
In suo chiuso pensier natura abbella,
Morte, deserto avviva.

En su existencia crecieron, florecieron y fructificaron los gérmenes de. la educación que recibió en la casa paterna, y que los podría yo describir mejor que copiando algunos pasajes de la |V la de Rufino Cuervo:

"Persuadido nuestro padre de que en los pueblos donde: esta arraigada la democracia poco vale un caudal y buen nombre heredado, sino que cl individuo ha el aguardarlo todo del vigor y la energía con que haga valer sus talentos. quiso desde temprano imbuirnos el amor al trabajo, y acostumbrándonos á todas las fatigas. prepararnos á los combates de la vida, no sucédese con nosotros como con muchos miembros de antiguas familias que aletargados con una vana confianza en sus timbres se han confundido entre la muchedumbre dejando olvidado, é inglorioso un nombre ilustre. Cuando las lluvias descomponían el camino vecinal que pasa por el frente de. las casas (en nuestro campo de- Boyero), íbamos nosotros a repararlo; los mayores tomaban la pala ó el azadón y los pequeños llevábamos en carretillas ó á espaldas la piedra ó los céspedes necesarios, mientras él, como capataz dirigía nuestros trabajos, dándonos las lecciones practicas del caso. Otro objeto de nuestra,actividad constructora era el puente de una acequia que cruza cl camino, el cual varias veces compusimos, y casi reconstruimos; y era de ver la cara que ponían los transeúntes;al ver que por vía de, juego y ejercicio hacíamos obra tan meritoria, llegando cl caso de que algunos y entre ellos reposados propietarios, echaban píe a tierra, y asiendo nuestras herramientas, decían. Yo también voy a ayudar al Doctor Cuervo. No menos se. recreaba éste cuando tomábamos la hoz ó la azada para ayudar a la cosecha de. los frutos que se cogían en las pocas fanegadas que había reservado para el uso de casa, ó cuando por la mañana nos ,encontraba ordeñando las vacas, y pisando descalzos la escarcha ó andando por el agua sin que nos hiciese impresión alguna. Cada cual había de cuidar su caballo yendo á cortar y traer la alfalfa, almohazarlo, y ensillarlo cuando llegaba el tiempo de montar. Otras veces,nos permitía cabalgar en terneros indómitos y auto nos estimulaba á ello, y. ayudaba con su:isa á Mar al que se dejase caer."

" Haciendo caso omiso de que apenas había empresa útil y patriótica que él no fuera uno de los primeros á apoyar y de que la desgracia y la pobreza hallaron siempre en su casa manos prontas á su alivio y socorro, diremos que convirtió sus esfuerzos casi con prodigalidad á la educación de sus hijos. A Luis, el mayor, le proporcionó en Inglaterra modo de seguir la carrera comercial; Antonio siguió la del foro; y á todos, desde la niñez, infundió amor al estudio y al saber. Dos de los menores, todavía en la infancia, iban, convidados por la galantería del señor Cerqueira de Lima, Ministro del Brasil, á oír en su casa las lecciones que de buenos profesores recibían sus hijos. Cuando fueron expulsados los jesuitas (en cuyo colegio se educaban dos de nosotros), y los colegios públicos cayeron en increíble postración, resolvió dirigir él mismo en la casa nuestros estudios, y para el efecto encargó á Europa los elementos necesarios. Mientras que perfecciona á Antonio en la jurisprudencia, enseña á Rufino los elementos de la geografía y gramática, y de lecciones de historia y literatura á Ángel y Nicolás; completan la enseñanza de éstos el señor Bergeron, notable profesor francés llevado para el Colegio Militar, el señor Touzet, á cuyos esfuerzos debe tanto en nuestro país la propagación del estudio de la lengua francesa y de la contabilidad mercantil, y don Juan Esteban!amarra, primero, y don Manuel Medina, después, jóvenes ambos de variados talentos é instrucción. Fuera de esto, puso á sus sobrinas los mejores maestros de música, y él mismo les daba lecciones de idiomas y otros ramos. En fin, era tal la atmósfera de estudio y aplicación que había en la casa, que los criados en sus horas de descanso aprendían á leer, ó á escribir y contar, siendo nosotros los maestros.... El fin principal á que aspiraba en la educación de sus hijos era formar hombres honrados y- trabajadores. Así lo expresaba en este fragmento de las instrucciones que dejó á nuestra madre al partir para Europa en 1835:

Si yo muriere, tú tienes el deber de educarlos: ponlos en una pensión ó casa de educación, recomendando Con particularidad que aprendan los principios de moral y de religión, la gramática castellana, la aritmética, el dibujo lineal y tina buena escritura: cuida, después de que aprendan algún arte ú oficio, sea cual fuere, con tal de que tengan una ocupación honesta con que subsistir. No tengo la vana pretensión de que; mis hijos ocupen puestos elevados en la sociedad, ni tampoco quiero que sigan por la carrera de la medicina ó del foro, como lo están haciendo casi todos nuestros jóvenes. La patria no necesita de muchos médicos v abogados sino de ciudadanos laboriosos que cultiven los campos, mejoren la industria y transporten nuestros frutos á los mercados extranjeros.

No economices gasto ni sacrificio alguno para educar á nuestros hijos: vende lo mas precioso que tengas, porque aun cuando no les dejes bienes de fortuna, ellos tendrán siempre lo bastante con la buena educación.' "

Apenas muerto nuestro padre (21 de Noviembre de 1853) é interrumpida la educación amorosa que de él recibíamos, sobrevino la dictadura de Melo, accidente de aquellos que entre nosotros imponen ocio á toda ocupación loable, y abriendo la puerta á las pasiones ruines y- aviesas, dejan los hombres honrados á la merced de la escoria ole la sociedad. Nuestros hermanos mayores tomaron las armas en defensa de la Constitución, y los chicos nos quedamos encerrados en la casa leyendo los libros que nos venían á las manos; sin otra variación, cuando los constitucionales se acercaron á la capital, que escurrirnos á su campo á llevar noticias ó municiones, cosa no peligrosa en aquella edad de oro, cuando no se había adelantado tanto en el arte de hacer revoluciones y de reprimirlas. Después de vencido Melo, entró Ángel á aprender el comercio al lado de su hermano Luis, que á la sazón gozaba de mucho crédito, y estuvo con él hasta que estalló la revolución que; da materia á la presente obra. Dejándolo todo, se enroló en apoyo de la legitimidad, "causa tan sagrada como la de la independencia, puesto que aquélla asegura lo que ésta conquistó"; y pasó las penalidades de una larga campaña, no con la ambición de alcanzar honores o riqueza, sino por el sentimiento del deber, tanto como ciudadano, cuanto por el impulso tradicional de familia. Nuestro padre, en efecto, había consagrado los esfuerzos de toda su vida á dar al orden legal estabilidad independiente de los partidos políticos, para que la constitución, y. sólo ella, abriera campo á todas las aspiraciones legítimas de la opinión sin necesidad de acudir á al fuerza bruta, que jamás produce sino desastres. Caído el Gobierno de la Confederación, se retiró Ángel á la casa paterna sin odios ni quejas.

Aun sin esta fuerza mayor, es seguro que nunca se hubiera aquietado su espíritu emprendedor y enemigo de toda rutina en la especie de comercio en que se había iniciado. Dalo á entender este proyecto fantástico que concibió por ese tiempo, y que como recuerdo consignó en un escrito redactado en 1886 con el título de |Arranques de un patriota, al hablar de la desolación actual de los Llanos después de la prosperidad que allí alcanzó la ganadería en el siglo pasado

" Recuerdo que en el año de 1860 nos reunimos unos veinte jóvenes llenos de amor al trabajo y guiados por un patriotismo inmaculado con el objeto de formar una asociación para civilizar y explotar el oriente de la República, apoyándonos en el sistema empleado por los jesuitas en los siglos XVII y XVIII, Al fin como jovencitos que éramos, tuvo parte la fantasía, é ideamos darle un carácter caballeresco, como si dijéramos de templarios ó caballeros de Malta, pero limitando el compromiso á cierto número de años, por ejemplo, á diez; después de los cuales podía volverse á organizar la sociedad y retirarse quien lo tuviera á bien; mientras tanto debía reinar la mayor subordinación en lo relativo al servicio de la empresa, y morir si era necesario. Cada uno debía poner cinco mil peses, y en caso de muerte, casamiento ó de cualquiera otra circunstancia que fijaría la regla, su cuota y los derechos que de ella se derivaban, 'debían pasar al fondo común; como entre los afiliados había algunos pobres que no alcanzaban á poner su parte reglamentaria, no faltaron capitalistas que se ofrecieran á suministrársela tomando la mitad de la acción, pero sin tener voz ni ingerencia alguna en la asociación.

Este era, poco más ó menos, el cálculo que nos hacíamos; veinte mil pesos serían bastantes para comprar en el Llano cuanto terreno quisiéramos, y construir, en el caso de que no las hubiera, habitaciones modestas donde alojarnos, y también para ciertos gastos de fundación de indispensable necesidad. Cuatro mil novillas que debían conseguirse, aunque fuera buscándolas en tollo el Llano, no podían costar á más de doce pesos cada una, lo que sumaba cuarenta y ocho mil, quedando el resto, hasta completar los cien mil del capital, destinado al sostenimiento del negocio durante tres años, término en que juzgábamos se podría comenzar á vender las primeras crías y las madres que no resultaran de primera calidad.

En cuanto á los resultados, ahí entra la parte del delirio, la parte hechicera que amenazaba trastornarnos el juicio. El primer año, calculábamos, nacen tíos mil, mitad hembras y mitad machos; siempre echábamos por lo bajo. El segundo, tres mil; al fin riel tercero ya comienzan á parir las mil hembras nacidas en cl hato, que con las fundadoras producirían cinco mil terneros, y habría para exportar mil novillos: en el cuarto año éramos ya dueños de unas quince mil reses: quitemos cinco, decíamos, y quedan diez mil, que en los seis años que restan de asociación, sobran para hacernos millonarios y también para haber hecho á la patria el mayor de los beneficios.

Tan á lo serio habíamos tomado el proyecto, que se conferenció con personas hábiles y conocedoras de las localidades sobre el punto donde debía establecerse el hato modelo y centro de los demás que se fundaran en lo venidero. Habíase ya sorteado el orden en que debíamos los veinte socios turnarnos de dos en dos en la permanencia del Llano, durante cuarenta días de modo que no se interrumpía la administración y siempre había fiscales que vigilasen á los subalternos; éstos debían ser todos del Llano y habían de estar bajo las órdenes inmediatas de un agente versado en el negocio, á quien, además del sueldo, se halagaría con alguna participación en las utilidades. La importancia de tal empleado disminuía desde el momento en que conociéramos nosotros el país, ó en que alguno de los socios desarrollase las condiciones necesarias para reemplazarlo, en caso de que no fuese digno de la confianza que en él depositábamos. Para dar á la especulación carácter serio, y como también todos éramos creyentes, habíamos hablado con algunos eclesiásticos ilustrados y entusiastas para que nos acompañaran y estimularan en nuestra obra civilizadora.

Sin duda coronáramos nuestro intento, ó al menos hiciéramos un esfuerzo heroico para no echarnos encima el ridículo que trae consigo todo chasco, si no viene la sangrienta guerra de 1860, en que dos de los nuestros quedaron en el campo de batalla, otros se arruinaron y á la fecha están cargados de familia y aun de cuitas, y yo, aunque sano y salvo, á Dios gracias, no sin haber perdido en la lucha de la vida pedazos del corazón."

Otra era la dirección por donde le conducía la Providencia. No bien apaciguada la República después del triunfo de Mosquera, se logró que el Gobierno abriera la salina de Sesquilé, situada en terrenos que formaban el patrimonio de nuestro hermano Nicolás, el cual se hallaba á la sazón en Inglaterra siguiendo sus estudios. Acometióse esta empresa con la más completa imprevisión, alucinados los socios con las pingües ganancias que era voz conseguían los empresarios en las salinas de Cipaquirá, Nemocón y Tausa, sin considerar que aquí se había comenzado la explotación por el gobierno español y que por deficiente que fuese el material que los explotadores hallaron, no habían tenido que crearlo todo y contaban con obreros y colaboradores prácticos. En Sesquilé todo eso faltaba: sabíase que había sal, y nada más. Por el artículo I.° del contrato, celebrado el 13 de junio de 1862, se obligaban los elaboradores á entregar toda la sal gema que les pidiese el Gobierno con treinta días de anticipación, siempre que el pedido no excediese de 62,500 kilogramos y que el primero se hiciera después de cincuenta días de. firmado el contrato;    por el 2.° á producir y entregar toda la sal compactada ó de caldero que se les exigiese con treinta días de anticipación, siempre que no excediese de 100,000 kilogramos mensuales en el segundo semestre de la duración del contrato, y de 250,000 kilogramos también mensuales en el tiempo subsiguiente; y por el 3.° á proporcionar al Gobierno gratuitamente un edificio suficiente y seguro para depositar la sal que se beneficiara. Por manera que antes de ochenta días debían estar hechos los socavones que tocaran á la masa de la sal, y construido el edificio en que ésta debía hallarse almacenada; y antes de siete meses prontos los calderos de evaporar el agua salada y los hornos en que se aprieta la sal cuajada en tales calderos. Sólo puede explicarse tal ligereza suponiendo que lo que importaba era estar en posesión del contrato y tener buenos agarraderos para alcanzar del Gobierno prórrogas y concesiones; y esto fue precisamente lo que á la larga produjo en la Compañía una dictadura que tenía todo interés en acabar con ella.

Hállase la salina á más de 2,600 metros sobre el nivel del mar en uno de los dos ramales de la cordillera que forman el valle por donde corre haciendo eses el río Sesquilé, frente por frente del páramo en cuya altura, como en el cráter de un volcán, está la laguna de Guatavita, famoso adoratorio de los antiguos chibchas; región pintoresca en estación benigna. pero desapacible é inhospitalaria cuando el páramo se embravece con nieblas, lluvias ó-vientos. Cabalmente en temporada semejante debían principiarse las labores, y Ángel fue á presenciar, como agente de la Compañía, las primeras azadonadas. Allí no había cómo alojarse, v al alzar de obra era menester, para ir.á comer v á dormir, atravesar el valle todo inundado por las crecientes del río, no sin peligro de errar el camino y dar en una zanja ó en el cauce mismo del río antes ó después de pasar el puente. Dábales en un principio franca hospitalidad un acomodado campesino, de las antiguas familias que se establecieron allí en los primeros tiempos de la conquista, y que conservaba con honor su antigua posición, sin perder la sencillez de las costumbres del tiempo de marras; lo que amenizaba un tanto las horas que allí se pasaban. Los hijos habían estudiado algo, y daban muestras de sus lecturas favoritas armando serias discusiones sobre!os méritos respectivos de Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno y sobre otros puntos igualmente curiosos. Mudando de vivienda repetidas veces y siempre con iguales incomodidades, se pasó algún tiempo mientras en la salina había casa, la cual, por haberse edificado en suelo y cielo tan húmedos, no sé si al fin llegó á secarse; tiempo después apenas podía uno recostarse contra una pared sin sentirse pegado á ella.

Como no hubo ingenieros ú hombres prácticos, la obra de minería anduvo como á tientas, tal que necesitándose comunicar dos socavones, no se conseguía por más que se ahondaba y á pesar de la brújula del ingeniero; llamado un hombre práctico de la salina de Cipaquirá, que no sabía escribir ni leer, hizo que en el uno fuesen dando golpes de almádena, mientras él recibía en el otro las vibraciones por medio de una barra de hierro, y á cabo de poco dijo á los de la brújula: "Señores, ustedes van dando una vuelta y haciendo una herradura; si siguen, salen por el mismo lado que entraron; el punto donde más se acercan los dos socavones es aquí, y aquí han de abrir para que se encuentren." Según era de esperar, no pudo entregarse la sal en el plazo determinado, y el Gobierno convino en nuevos arreglos por febrero de 1863. Sería cuento de nunca acabar el referir las dificultades y tropiezos que á cada paso se ofrecían á la inexperiencia de todos, para organizar tan complicada empresa, y fundar, por decirlo así, una población que abrigase y apoyase las muchas dependencias que habían de contribuir á su progreso. Como sucede siempre que se procede á ciegas, los presupuestos no correspondieron á los gastos, exigiéronse á los accionistas nuevos y nuevos sacrificios, empeñóse la empresa, y casi se había perdido la esperanza de sacar algún provecho; hasta que, después de años, elegido director Ángel, repartió dividendos activos á los asombrados socios, Pero tal cosa no convenía á los interesados en aburrirlos, se urdieron intrigas, nombraron otro director, y el que dejaba el puesto vendió á menosprecio las diez acciones que tenía y abandonó el campo después de seis años de la vida más afanosa.

A nadie fueron más funestas las esperanzas que en esta aventurada empresa se fincaron, que á mis dos hermanos Ángel y Nicolás. Luis, el mayor de nosotros, había contraído graves compromisos para sostener al Gobierno legítimo, derrocado por Mosquera, y en tal disposición de espíritu es facilísimo perderla cabeza y dejarse llevar de locas esperanzas. Figuróse el que en pocos meses sería la salina un Potosí y que con ese tesoro podría contar sin falta para compensar cualquier sacrificio. Con el fin de asegurar á uno de sus acreedores y recibir además algunos fondos para la empresa, hizo que Nicolás hipotecase su propiedad; y no habiéndose cubierto los gruesos intereses que entonces ganaba el dinero, apenas bastó la hipoteca para pagar al prestamista. Debía una suma considerable á su suegro, el cual no le dejaba ni á. sol ni á sombra, y quien para colmo de desgracia le metió la guerra en casa; no halló otro recurso para comprar su sosiego que vender los terrenos que constituían su patrimonio, el de Antonio (de quien era apoderado) y el de Ángel: éste dio su consentimiento, no obstante que era patente la desventaja con que para todos, y muy particularmente para él, se hacía la venta; aunque hubiera podido después anularla, no juzgó decoroso hacerlo.

Vuelto á la casa paterna, se encontró con que muchos días no se contaba en ella para comer sino con la miseria que producía la venta de algunas botellas de vinagre que hacía nuestra madre, y él mismo se vio varias veces imposibilitado de salir por carecer de ropa decente. Entonces le ocurrió la idea de hacer cerveza, y aquí comienza la época de más conflictos de su vida, y aquella en que su constancia y sus talentos, favorecidos singularmente por la Providencia, como él diariamente lo reconocía, habían de alcanzar merecido premio. No tenía él por qué saber de semejante fabricación, y le fue preciso acudir á los libros; pero éstos enseñan la teoría científica, los efectos de laboratorio, ó á lo más resuelven las dudas del que ya sabe; no comunican el tino para la manipulación de los materiales ó para acertar el punto de los caldos, ni mil otras cosas que solo con la práctica se aprenden. Para adquirir esta práctica fue menester una larga serie de ensayos, cuyos pormenores se apuntaron día por día. y cuyos resultados no fueron regulares sino después de algunos arios. Salía bien una operación, se ponía el artículo en venta, gustaba, y cuando se pensaba que la siguiente sería igual, resultaba mala la fermentación en las botellas, y era preciso recoger la cerveza de noche y tapada en los establecimientos que la habían aceptado, y al mismo tiempo hacer comprar en otras partes de la buena que quedaba, para no perder los otros parroquianos. Al fin se logró asegurar una buena producción constante, y comenzó la lucha para darle entrada en las mejores fondas y en las tabernas más concurridas; en lo cual ayudó mucho la cooperación de buenos amigos. La escasez de recursos no permitía tener empleados ni obreros suficientes, y Ángel mismo lavaba botellas y barriles y ejecutaba todas las demás faenas sin descanso días tras de días. Cuando empezó á prosperar la empresa, dejé yo otros quehaceres y fui á ayudarle. No necesitábamos menos fortaleza corporal para esta ruda labor, que filosofía para desdeñar á los que decían: Vean en lo que han parado los hijos del Doctor Cuervo, y para ocuparnos nosotros mismos en el cobro de las cuentas, yendo por las fondas y tabernas, aguardando y volviendo una y más veces. Iba Ángel á un conocido |hotel cuyo administrador no estaba visible sino en acabando de almorzar; en un canapé de la entrada estaban ya esperando el carnicero, la revendedora de papas y otra gente de la misma estofa; él se sentaba con ellos, y cuando salía el otro con gran bata y gorro bordado de oro, saludaba á cada uno de los aguardadores por su turno, y concluía: Ustedes se volverán mañana, ú otro día, porque hoy me es imposible contentarlos. Ángel se hacía cargo de que no iba á ver á tal sujeto sino á recibir su dinero, y volvía á que se repitiera la misma escena.

El consumo fue creciendo; los mezquinos elementos que bastaron á los ensayos fueron insuficientes; con la experiencia adquirida, renovamos dos veces la fábrica ensanchándola, sin acudir á ingenieros ó arquitectos. No por eso quisimos que se disminuyera nuestro trabajo confiándonos del todo á manos de empleados; éstos y los obreros se aumentaron, pero la mayor parte del cuidado se la reservaba Ángel, que á todo atendía y á todos enseñaba: bien sabía que nadie enriquece por mano ajena. Satisfacción causa ver el fruto del trabajo; pero ninguna pudo ser más íntima que la que experimentamos el día que los dos pagarnos hasta el último centavo de una deuda que gravaba la casa paterna, donde teníamos la fábrica, y que con los intereses montón á más del doble del valor primitivo; habíala contraído nuestra madre para ayudar á sus dos hijos Luis y Antonio. Era el acreedor una antigua amiga de la familia, que dio el dinero á un interés módico para aquella época y después de muerta nuestra madre nos aguardó largo tiempo. No sé decir la efusión con que fuimos los dos á darle las gracias.

Tales fatigas no consentían descanso, pues cabalmente los días en que todos o los mas huelgan, eran los que mas actividad nos demandaban. No había fuerzas humanas que resistieran, y al aproximarse la exposición de París de 1878, decidimos visitarla, dejando la fábrica en manos amigas. Al admirar allí los portentos de la ciencia, de la industria y del arte, y luego en las principales ciudades de Europa, se abrió el alma de mi hermano á una simpatía indefinible por todo lo bello y lo grande: la semilla estaba ya ahí, no le faltaban sino las auras de la primavera, un sol amigo, para desenvolverse y crecer. El mismo describe en estos términos sus presentimientos y como adivinaciones del arte, al hablar de los cuadros de Millet:

"En los seis años que estuve sumergido en la soledad de Sesquilé, cooperando, como nadie, á la explotación de las minas de sal y de carbón y á la prosperidad de la empresa, muchas veces por la tarde cuando mi presencia no era necesaria en la fábrica, me dirigía, por vía de paseo, á las estancias vecinas, y allí, sin que nadie me viera, me sentaba bajo la enramada á contemplar los labradores tan fatigados ya como los mismos bueyes con que araban desde las primeras horas de la mañana; la mujer, sentada en la puerta de la ahumada cabaña, remendaba la ropa del marido ó de los pequeñuelos, que jugueteaban á su lado; luego la veía levantarse é ir con su prole á amarrar el ternero al tronco del arrayán del patio, ó á recoger las ovejas, que, á más de abonar el terreno, les suministraban la lana para los vestidos, que se tejían en la casa, En vista de estos cuadros, una tristeza vaga y enervante, como la que inspira la tarde en la soledad, llenaba mi corazón, y sin saber por qué se me humedecían los ojos de lágrimas.    Entonces me solía decir: ¡Oh si yo fuera pintor, cómo me deleitaría copiando estas escenas tan tranquilas como severas! Y he aquí que, corriendo los años, he encontrado en París unos cuadros tales como yo los había visto místicos, pero melancólicos y bañados de sentimiento. *"

Vuelto á la patria en 1879, comenzó con nuevo empeño su laboriosidad en la fábrica, no sólo para restaurar los gastos de un largo viaje, sino para facilitar la retirada, antes que las fuerzas estuviesen exhaustas y comprometida la vida. Nunca hubiera él consentido en sacrificarla al amor del lucro; que el trabajo no le fue capa de la codicia sino medio para llegar á un |otium cum dignitate que le permitiese satisfacer el anhelo de cultivar libre las letras y las artes. Quien una vez ha saciado el espíritu contemplando la Gioconda, y la Venus de Milo, y San Pedro, y el Partenón, y la Alhambra, siente al pensar que acaso nunca los volverá á ver, tal nostalgia de arte y de belleza, que el renunciar á ello le costaría tristeza y soledad capaces de acabar con la vida del sentimiento. Así pues, á los tres años de agrio trabajo y también de agrias desazones, se ofreció buena ocasión de deshacernos de la fábrica, y la aprovechamos para volver á Europa á trabajar con no menos actividad en otra esfera.

* |Conversación artística, pp. 64- 5.
 

índice | siguiente