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CALI

   Cali, enero 16 de 1918

      En la tarde del día 3 tomé el vapor en el puerto de Roldanillo para venir a esta ciudad. Había pocos pasajeros, porque a las poblaciones no  se da aviso de la hora a que debe llegar el vapor al respectivo puerto.  Navegamos hasta las diez de la noche, y el 4 llegamos a Puerto Isaacs a  tomar el tren que pasaba para acá.

      El río estaba sumamente crecido, todavía más que en las avenidas  de fines del año de 1916, pues en el puente del ferrocarril señala ahora  cuatro pulgadas más de elevación el nivel que en aquel año.

     De Tulúa para arriba, hasta muy cerca de Cali, las aguas habían  inundado a lado y lado una grandísima extensión de terreno, formando  un inmenso lago y echando a perder plantaciones y pástales, lo cual obligaron a abandonar muchas casas y a llevar los ganados a otros lugares.

     En este trayecto hace el río dos vueltas de teguas para volver casi al  mismo punto de partida, y sí se cortaran mermaría mucho el tiempo que  se gasta en el viaje. La operación sería sencilla y poco cotosa, mucho más habiendo una draga con excavadora. Hace poco que en el Departamento del Magdalena se abrió con una de esas excavadoras, en corto tiempo, un largo caño por donde entran hoy los vapores y demás embarcaciones de la Ciénaga a la población del mismo nombre. Aquí apenas se empezó a hacer el corte de una de aquellas vueltas, pero no con la draga.

      Si no se rectifica el curso del río y se canaliza sobre todo en la parte baja en que el agua tenga, mayor cuelga y se desocupan en lo posible las  numerosas ciénagas que se han formado, las inundaciones serán mayores  de día en día, y la navegación por vapor llegará a hacerse poco menos  que imposible, porque todos los tributarios del Cauca arrastran a él gran carga de detritos, y el oleaje que produce el paso de las embarcaciones  va desbarrancando visiblemente y en tal proporción las orillas de tierra  vegetal deleznable, que de un año para otro se nota claramente cómo se  ancha el cauce. Todos esos despojos van depositándose en el fondo del río, de donde no se mueven por la poca corriente que tiene el agua, y naturalmente su nivel está sabiendo de manera constante, y con la menor avenida  se desborda y forma lejanas que no se desaguan con facilidad porqueque no encuentran desnivel favorable.

       En parte me han servido de guía para las noticias históricas que anoto a continuación, las interesantes Apuntaciones de la Provincia de  Cali, publicadas por don Belisario Palacio. Advierto que para esta relación, como para las demás que he escrito, al correr de la pluma en momentos que me dejan libres viajes rápidos y ocupaciones urgentes casi  no he podido consultar libros, periódicos ni documentos históricos y quepor consiguiente puedo haber cometido errores. Como sólo me he propuesto sentar bases para que otros más competentes escriban monografías completas, convendría mucho que esos errores se rectificaran y se completaran las noticias.

      Después de que Sebastián de Belalcázar realizó la conquista de Quito, despachó a su teniente Juan de Ampudia a conquistar las regionesdel norte, y fue éste quien descubrió y conquistó el valle del Cauca. Al   gran río que en él encontraron le dieron los soldados el nombre de Cauca  en recuerdo de uno de España así llamado. Cuando un poco más tarde vino Belarcázar lo llamo río Santa Marta, pero prevaleció el primitivo bautizo.

       Ampudia trató de fundar en el valle, en lugar que no se ha precisado(parece que en el asiento de la actual población de Vijes), una poblacióncon el nombre de Villa de Ampudia, la cual no tuvo vida, porque Belalcázar ordenó a su teniente, el Capitán Miguel López Muñoz, que la trasladara a otro lugar, y así lo hizo el 25 de julio de 1536. De esta manera y con el nombre  de Santiago  de Cali, se fundo esta ciudad en asiento llamado Lili por los indios.

      Indudablemente se escogió este asiento por ser intermedio de la gran  llanura, por la abundancia de buenas aguas, por estar cerca del río Cauca al pie de una  de las mayores depresiones de la Cordillera Occidental   (2200 metros), y por donde ya había empezado a establecerse comunicación      Según la tradición, las primeras casas se levantaron en lo que hoy  es el barrio de La Merced.  

      Andagoya dice en sus relaciones que en el valle había al tiempo de laConquista muchos pueblos de indios que tenían de 500 a 800 casas loscuales fueron destruidos por la gente de Belalcázar, y que para defenderse los indios destruyeron todas sus sementeras desde Popayán y estocausó grave hambre que completó la destrucción de la raza conquistada

 La Princesa dona Juana (la Loca), en nombre de su padre, concedióa la nueva población el título de ciudad el 27 de junio de 1559, y el 2l deagosto del mismo año el de "muy noble y leal ciudad de Santiago de  Cali", con derecho a usar escudo.

      El 10 de mayo de 1540 llegó a la ciudad don Pascual de Andagoya  procedente del Pacífico, por Buenaventura, quien estaba nombrado Capitán General de las Provincias de San Juan y del Berú, y había hecho  algunos descubrimientos y conquistas, y aunque el valle no quedaba en  la jurisdicción de su gobierno, se hizo reconocer por los pocos y enfermos habitantes que había en Cali. El historiador Oviedo dice que Andagoya, le cambió a Calí el nombre por el de Lili, y que las autoridades desconocieron a Belalcázar, que a la sazón se hallaba en España y también desconoció el Cabildo a un comisionado que envió don Francisco Pizarro desde el Perú a hacer valer los derechos en lo conquistado por su teniente Belalcáza. Agradecido éste por la Corona de España con el título de Adelantado de lo que conquistó, la Audiencia, de Panamá le ordenó que arrojara de este territorio a Andagoya por no hacer parte del de San Juan.

     El 24 de febrero de 1541 regresó de España Belalcázar con el nombramiento de Gobernador vitalicio de Popayán, para lo cual se segregó esta región de la Gobernación del Perú. Tomó posesión de su cargo, y  Andagoya trató de resistir, pero fue reducido a prisión por el nuevo Gobernador, quien le secuestró todos sus bienes, aun los que tenía en Buenaventura, y lo envió preso a Popayán, donde permaneció en la cárcel  hasta que llegó Vaca de Castro y se lo llevó a Quito, y después fue despachado para España. La contienda que se entabló entre los dos conquistadores la decidieron los Cabildos de Cali y Popayán en favor de Belalcázar. En este viaje trajo de España don Sebastián mujeres, animales  y semillas de varias clases, y misioneros Mercedarios para fundar un convento en Cali.

     El 24 de abril de 1550 llegó el Oidor y Licenciado don Francisco Briceño, con el carácter de Juez de Residencia de Belalcázar, a quien se hacían graves cargos por su conducta con Andagoya, por la ejecución del Mariscal Jorge Robledo y de sus compañeros y por otros hechos,

     Según descripción geográfica del siglo XVI, hecha por el cosmógrafo mayor de Indias, don Juan López de Velasco, de 1572 a 1575 tenía Calí 36 vecinos, de ellos 24 encomenderos, y 49 parcialidades de indios, con 3,000 tributarios, y había en la ciudad un Gobernador de Provincia, una casa de fundición, un monasterio de Franciscanos con uno o dos religiosos, y mi hospital. Dice que fundó la población Miguel Muñoz en la Provincia de los Gorrones, y después la pasó Lorenzo de Aldana al lugar que ocupa, y que los indios estaban repartidos en estos rancheríos; Ancho, Bonvitalima, La Quebrada, Coa, Andes, Guales, Chiche, Chitangua, Montañeses, Sendo, Sengo, Iguata. Nino, Chumba, Xamaguey, Abitaque, Quenhabe, Pete, Quiguata, Pondo, Inubo, Bichacama, Caquebaque, Amico, Chita, Bayuelos, Vitaco, Pepita, Amaime, Biguá, Ocache, Luacta, Laca, Bijas, Aleta, Mulahalo, Lucata e Icama.

     Fray Jerónimo de Escobar, Agustino, quien fue Procurador y Visitador del Obispado de Popayán, decía en su relación, escrita en 1582, al hablar de Cali:

     "Hubo en este pueblo muchos indios, porque tenía más de treinta mil, no han quedado dos mil, éstos están encomendados a diez y nueve o veinte vecinos." "Estos vecinos los más de ellos tienen indios de la montada que llaman de Cali, que va a dar al puerto de Buenaventura; estos indios montañeses están poblados en la montaña más áspera que se conoce hoy en el mundo; estarán, en contorno de veinte leguas dispersos cantidad de setecientos indios montañeses, los cuales son los mejores e los más dóciles e de mayor bondad e fidelidad que se han conocido jamás; unos con otros tienen gran paz; es gente muy partida; si algún indio de ellos pierde algo, lo conocen e se lo llevan, aunque sea cosa de mucho peso, o se lo ponen en la puerta de su casa, e no hay ninguno de ellos que llegue a ello; nunca se han rebelado desde que los españoles entraron: es gente de tanta caridad, que si topan por aquellas montañas algún español que va a pie, porque allí no se puede andar de otra manera, e con dos bordones largos como lanzas, con los cuales van subiendo y bajando de barranco en barranco, e si lo ven fatigado o cansado, le cogen cuatro o cinco indios e en unas silletas que hacen, a trechos, entre todos cinco, lo llevan hasta ponerlo en poblado, adonde le dan de comer e de todo lo que ellos tienen; son tan fieles, que con haber cuarenta o cincuenta años que llevan mercaderías por aquella montaña, no han echado de menos un alfiler; son tan buenos indios e tan sin malicia, que inclinan  los corazones de todos a que los quieran bien. Había en otra montaña  más de ocho mil indios, e no han quedado seiscientos de todos con el  continuo trabajo en el acarreo de carga, que es la forma en que los blancos les exigen el tributo.

     El Cura y Vicario que había entonces era Juan Montaño, y había  también un "monasterio de La Merced, con tres o cuatro frailes"

     El 11 de septiembre de 1735 nació en Cali el doctor José de Cuero  y Caicedo, quien fue Obispo de Cuenca y de Quito; y el 22 de agosto de 1773, don Joaquín Caicedo y Cuero, fusilado en Pasto el 26 de enero de 1813.

     El 30 de enero de 1790 se hizo en Cali la solemne jura del Rey Carlos IV.

    Al principio Cali dependía de la Audiencia de Lima, y más tarde se le hizo depender de la de Quito.

     A mediados del siglo XVII se sublevó el pueblo de Cali porque iban á ahorcar a un hombre que había sido condenado a la pena de muerte,  lo sacó de la cárcel, despedazó la horca, y amenazaba de muerte a los  Alcaldes, quienes tuvieron que asilarse es una casa. El Vicario Salió a la  calle con el Santísimo, y así calmó al pueblo; la agitación era tan  grande,  que tuvieron que venir de Popayán el Gobernador y el Obispo.

     Cuando en 1793 se declaró la guerra entre España y Francia, el Rey  pidió donativos a los súbditos de las colonias para sostenerla, y Cali contribuyó con 911 patacones, de los cuales fueron 100 del Alférez Real don José Micolta, y 100 de don Manuel Umaña.

     Preocupado el sabio Caldas por las dificultades que encontraba el  comercio a su paso por el Istmo de Panamá, decía a don Santiago Arroyo  y Valencia en carta den de julio de 1797:

     "El Istmo de Panamá es una barrera inaccesible, por otra parte que  por el Arrastradero de San Pablo. Este tránsito era digno de inmortalizar a cualquiera, rompiendo la pequeña (Bolonia) que separa los ríos Atrato y San Juan."

     El 13 de julio de 1810 el Cabildo de Cali organizó una Junta de Seguridad Pública que propendía a influir en la variación del sistema político y de gobierno del Reino y para pedir que en la capital se instalara  una Junta Superior.

     El 1.° de noviembre de 1810 se instaló en Cali una Junta de Gobierno, presidida por fray José Joaquín Escobar, para secundar el movimiento revolucionario de Bogotá del 20 de julio. Esa Junta promovió una federación de las ciudades del valle, y acogida por ella la idea, eligieron  Diputados Cali, Buga, Caloto, Toro y Anserma, para una Asamblea que debía reunirse aquí. Por disposición de ese Cuerpo se sembró en la plaza  mayor el " árbol de la libertad", que fue una mata de café, y más tarde  se cambió por una palmera. Esta fue destruida el año de 1813, cuando  entraron los realistas. El 14 de noviembre de mismo año se juró solemnemente en Cali la Constitución española expedida el anterior en Cádiz,  y entonces se dio a la plaza mayor el nombre de Plaza de la Constitución.

     Cuando en 1811 pasó por aquí el Coronel Antonio Baraya a atacar  al Gobernador realista Tacón, se le unieron 500 vecinos a las órdenes de  don José María Cabal. Obtenido el triunfo de Palacé por los patriotas,  la Junta de Gobierno de Cali, con el señor Cabal como Presidente, se  trasladó a Popayán, y al acercarse allí Sámano, en 1813, regresó a Cali,  donde volvió a levantarse el pueblo en favor de la libertad, el 22 de diciembre de este último año.

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