PEREIRA
Pereira diciembre 27 de 1917
El 26 salí de Santa Rosa de Cabal. El camino, de suave
pendiente, donde la hay, lo encontré ya en buen estado, porque
varias cuadrillas se ocupan en arreglar los malos pasos que se
formaron con las lluvias anteriores. Se han hecho numerosas
variantes que lo mejoran mucho. Los ríos San Eugenio y Otún, ambos
de bastantes aguas, especialmente el último, se pasan por muy
buenos puentes.
Desde que se llega al valle de Pereira, que puede
considerarse como que hace parte de el del Cauca, empieza uno a
ver casitas con techo de guadua; y como ya es clima ardiente, no
escasean los negros y mulatos.
El asiento de la actual próspera población de Pereira fue
el de la primitiva ciudad de Cartago, y por eso no hablaré de
aquella remota fundación sino al dar noticia de esta ciudad, para
donde seguiré mañana. Me limito pues a tratar de lo que se
relaciona con Pereira.
Este valle hacía parte de la de Quimbayas; lo descubrió
en 1536 Francisco de Cieza, Teniente de Belalcázar. Después estuvo
aquí Jorge Robledo en comisión del mismo Belalcázar, y realizada
la conquista fundó la ciudad de Cartago la cual empezó a decaer
pronto; y ciento cincuenta años después fue abandonada por sus
moradores para trasladarse a la que empezaba a prosperar a orillas
del río La Vieja.
Poco menos, que desierta e ignorada permaneció la región
hasta el año de 1837, en que Fermín López hizo allí algunos
desmontes, y los abandonó dos años más tarde para establecerse en
el lugar en que poco después fondo con algunos compañeros la
población de Santa Rosa de Cabal.
Parece que no hay descendientes de López de posición
pecuniaria; pues de otra manera su nombre se habría recordado a
esta generación y las siguientes, dándoselo aunque sólo fuera a
una calle en Manizales, Santa Rosa o Pereira, por haber sido él el
primero que se estableció en los lugares en que se fundaron estas
tres poblaciones.
Ciento sesenta y dos años después de abandonada la antigua
ciudad de Cartago en 1862, varios vecinos de la nueva, entre ellos
el doctor José Francisco Pereira, el presbítero Remigio Antonio
Cañarte y don Félix de la Abadía, concibieron el proyecto de
restablecer la población. El 24 de agosto de 1863 el presbítero
Cañarte y Abadía, acompañados por el presbítero Sebastián Montaño,
Jesús María Ormaza, Jorge Martínez y Jesús Maria Ormaza,
emprendieron marcha de Cartago para realizar aquel proyectos
En el lugar escogido que resultó ser el mismo del asiento de
la ciudad abandonada, encontraron seis ranchos de guadua con techo
de lo mismo y allí levantaron uno pajizo en el lote que hoy ocupa
la parroquia. El 1. de noviembre se dijo allí la primera misa y se
hizo el primer bautizo. Esa capilla se conservó hasta 1876.
Demarcaron seis manzanas en terreno entonces cubierto de
fértil guadual, para hacer la nueva fundación, y los primeros
colonos que se establecieron allí fueron Nepomuceno Buitrago, José
Hurtado, Tomás Cortés y otros antioqueños y caucano.
La naciente población se conoció con el nombre de Cartago
viejo hasta 1869, que la Municipalidad de Cartago dispuso que se
llamara Villa de Pereira, en honor del doctor José Francisco.
En este mismo año presentó el doctor Ramón Elías Paláu un
proyecto de ley en el Congreso sobre cesión a la nueva población de
12,000 hectáreas de terrenos baldíos. El doctor Guillermo Pereira
hizo fracasar el proyecto, porque alegó que esos terrenos eran de
su propiedad, y que él ya había cedido el área necesaria. El
poblador Jesús María Armaza levantó entre los vecinos un memorial
al Congreso con el comprobante de que el doctor Pereira Gamba no
era dueño de los terrenos sino que éstos eran baldíos, y que este
señor no había cedido una pulgada de tierra para el poblado sino
una zona entre las quebradas Egoya y Consota, fuera del área de
población, y que también había vendido y cedido a amigos y
parientes suyos terrenos lejanos del poblado.
Con ese memorial volvió el doctor Paláu a presentar su
proyecto en las sesiones de 1870, y obtuvo que se expidiera la Ley
de aquel año, por la cual se concedieron las 12,000 hectáreas. El
doctor Pereira ya no pudo oponerse, y sólo exigió que se hicieran
ciertas adjudicaciones, y a él mismo le tocó un lote. De los
baldíos se destinaron 300 hectáreas para área de población.
Al hacer desmontes para edificar casas en ésta se
encontraron señales claras de la antigua población, entre otras,
una pila bautismal labrada en piedra, la cual tomó más tarde el
presbítero José Ignacio Pineda, siendo Cura, y no se sabe a dónde
fue a dar.
El primer Corregidor fue Francisco Hernández, el primer
Maestro de Escuela, Jesús María Ormaza, quien duró veinte años en
ese empleo, y hoy es Registrador de instrumentos públicos. El
Corregidor no tenía sueldo y al Maestro de Escuela se le pagaban
seis pesos de ocho décimos por mes y una costilla de marrano
semanalmente.
La población empezó a prosperar tan rápidamente, que
despertó celos y funestas rivalidades en Cartago, en términos que
en esta ciudad se llegó hasta expedir un acuerdo que prohibía pasar
el río La Vieja la iraca que compraban los nuevos pobladores para
fabricar sombreros. Los pereíranos se vieron obligados a suspender
sus operaciones comerciales con Cartago y activarlas con Santa Rosa
y Manizales, porque lo que compraban en aquella plaza lo gravaban
al salía para Pereira, cuando no lo decomisaban.
Por fortuna para ambas poblaciones, ese estrecho espíritu
va desapareciendo casi por completo.
El 20 de enero de 1870 fue erigido el poblado en Distrito.
Entonces todas las edificaciones eran de techo de paja o de guadua.
La primera casa de teja de barro la construyó, en 1874, don Toribío
Robledo. El trazado formal de la población lo hizo el súbdito
inglés Guillermo Flecher, quien demarcó seis plazas.
En 1871 se establecieron dos pozos para proveer de agua al
vecindario.
El Correo se estableció en 1874, con Enrique Posada Gavina
como Administrador.
La guerra de 1876 causó gravea perjuicios a Pereira, porque
las fuerzas contendoras estuvieron mucho tiempo acantonadas allí, a
ambos lados del río Otún, qué corre casi al pie de la
población.
En 1879, en virtud de un contrato, se llevó agua a la plaza
principal, pero no pudo sostenerse allí más de veinticuatro horas.
Posteriormente, por iniciativa del presbítero Nepomuceno Parra, se
logró poner agua corriente en el centro del poblado, cosa
sencillísima y muy poco costosa.
El acueducto actual fue establecido en 1899 por una Compañía
anónima, trayendo el agua del río Otún, a solo 4 kilómetros de
distancia, por atanores de barro.
La Sociedad está dividida en ochenta acciones, de las cuales
de dos años a esta parte ha comprado setenta y cuatro el Consejo, a
$ 150. Para pagar esto y por tubería de hierro apenas termine la
guerra europea. Se consiguió un empréstito de $ 25,000 con la
Mutualidad de Medellín de los cuales sólo se han recibido $ 8,000,
y se ha convenido en que la entrega del resto se haga cuando se
pueda hacer la compra de la tubería, El servicio de cada paja se
cobra a $ 0-50 por, mes, y hay colocadas 176. Todos los edificios
públicos tienen agua.
En la extinguida aldea de Condina funcionaba como Cura en
1854 el presbítero Fulgencio del Castillo, quien bautizaba a los
niños que nacían en los ranchos que había donde se fundó Pereira, y
en 1863, antes de construirse la capilla de esta población,
aparecen partidas firmadas por el presbítero Parménides Velasco,
Construida, empezó a funcionar como Cura, hasta 1876, el presbítero
Remigio Antonio Cañarte y Figueroa; lo sucedieron, por su orden,
los presbíteros José María García, hasta 1882; Juan Nepomuceno
Parra, unos pocos meses del mismo año, Jose Ignacio Pineda, hasta
1883 José Ipacio Mejía, hasta 1887; en seguida estuvieron por
cortos períodos Alejo María Marulanda y los nombrados Pineda, Metía
y Parra, hasta 1888, que se encargó el presbítero Ismael Valencia,
hasta 1894; José María López, hasta 1910; y a éste lo sucedió el
presbítero Benjamín Muñoz, quien ejerció hasta esta semana que se
retiró y vinieron a encargarse del carato cuatro Padres de la
comunidad del corazón de María.
La feria semestral de ganados se estableció por acuerdo de
20 de agosto de 1894; se reúne en febrero y agosto de todos los
años, y dura ocho días; a cada una de ellas se saca a la venta
6,000 cabezas de ganado, aproximadamente.
Hasta el 31 de diciembre de 1903 Pereira dependió de la
Provincia del Quindío, del Departamento del Cauca, y por la Ley 9
de ese año se creó la de Robledo y se le hizo capital. Por la Ley
17, de 11. de abril de 1905, entró a formar parte del Departamento
de Caldas.
La primera imprenta fue establecida en 1909 por Emiliano
Botero, y hoy está servida por fuerza eléctrica. En 1914 se trajo
otra. El primer periódico que se publicó fue El Colegio en 1903, y
el segundo El Pijao, pero ambos se editaban en Manizales. El
primero publicado aquí fue Esfuerzo, en 1909. Hoy se publican, tres
noticiosos y el órgano oficial del Municipio, éste desde 1910.
La Notaría y la Oficina de Registro empezaron a funcionar
en abril de 1891.
El Juzgado de circuito se creó por la Ley 118 de 1890. En
septiembre de 1906 se creó el Juzgado 2, pero se suprimió en abril
de 1908, y fue reestablecido en 1909; en 1913 se pasó éste a Santa
Rosa, y en 1916 volvió a restablecerse dejando el de Santa
Rosa.
En 1907 se fundó. La Sociedad de San Vicente de Paúl, que
tiene una sola Conferencia y sostiene talleres puestos a cargo de
las Hermanas de la Caridad, tienen la Sociedad biblioteca de 590
volúmenes para lectura del publico mediante abono mensual de $ 0-20
o alquiler de $ 0-01 diario por cada volumen. ,al Bibliotecario se
le da el 60 por 100 del producto, y el recto alcanza para, pagar
alquiler de local y para adquirir nuevas obras. También posee la
Sociedad una casita en el Corregimiento, la cual tiene dada a una
familia pobre.