-Las comarcas más directamente beneficiadas por el camino
serán las Provincias de Ubaté, Chiquinquirá, Vélez, Ricaurte y
Socorro, y aun todas las de los Departamentos de Boyacá y Galán. La
feracidad de aquéllas es comparable en la totalidad de sus terrenos
a la de la Sabana de Bogotá, y en algunos puntos la exceden con
algunas ventajas de mucha consideración como éstas: su clima es más
templado, la propiedad raíz está subdividida, de manera que allí
casi todo el mundo es propietario, la masa de la población, menos
compacta, es más robusta y fuerte que la de la generalidad de la
Sabana, y las cosechas no están tan expuestas a perderse por las
heladas y las inundaciones.
De esas regiones decía don Manuel Ancízar en sus
Peregrinaciones de Alpha, publicadas en 1853:
"Dos siglos más y la realidad sobrepujará a cuanto
la imaginación en sus fecundas combinaciones invente acerca de la
opulencia que Dios tiene reservada a estas comarcas singulares,
vasto recipiente de riquezas infinitas que se acumulan en silencio
esperando a sus futuros señores Tierra como ésta no ha sido creada
sin grandes designios, y los designios de la Providencia no son
instables como los proyectos, ni efímeros como las generaciones del
hombre."
Tiene razón el doctor Ancízar. Quien compare las ventajas
que por el momento llevan las zonas templadas a la tórrida, y ha
visto cómo se propaga la civilización y progresan las mejoras
materiales en aquéllas y con cuánta dificultad, lentitud y gastos
adelanta en ésta, puede juzgar exagerada la visión profética de
nuestro paisano; pero quien piense en los progresos sorprendentes
que cada día hacen la civilización y las ciencias en todos los
ramos; en que el dispensador del calor y la madre cariñosa que
regala el movimiento de la savia vivificaste están siempre
presentes volando por nosotros y animándonos, mientras que a las
otras regiones sólo las visitan periódicamente, tendrá que con
venir en que por algo y para algo de mucha trascendencia creó Dios
estos lujos de su pródiga munificencia. El mar con sus ondas
amargas y borrascosas y la electricidad, que hasta ayer no más se
consideraron como una amenaza y aun como signos o instrumentos de
la cólera divina, son hoy el mejor vehículo y el más poderoso
impulsor hacia los altos fines con que la Providencia creó esta
naturaleza, y a quienes deban disfrutar de ella.
Cuando las zonas templadas, ya cansadas y agotadas, como
van estándolo, no puedan alimentar a sus numerosos hijos, los
enviarán a nuestro fecundo suelo, y entonces veremos surgir los
pueblos del porvenir con espíritu más amplio, más levantado y más
generoso, porque no deberán su existencia y progresos a sólo su
propio esfuerzo. Entonces los habitantes de la zona tórrida podrán
disfrutar en un momento y en un punto cualquiera de todas las
producciones y las ventajas de todos los climas y zonas, y
confortados por una primavera perpetua, podrán gozar un viaje de
una hora de los hielos del invierno en nuestros nevados, de las
brumas del otoño en las altas mesetas de nuestras cordilleras, de
las alegrías de la primavera por todas partea y da los calores del
estío en las vegas de nuestros ríos, con todas las comodidades y
sin los inconvenientes de las estaciones en Europa.
Prescindiendo de estoa halagüeños prospectos para un
porvenir de prosperidad de que no disfrutaré yo, vamos a las
realidades del momento. Hoy el río Magdalena se ha vuelto casi
innavegable por el descuido en que lo han tenido, pues se contentan
con cobrar los fuertes derechos impuestos a las mercancías y pedir
drogas y aparatos costosos que no prestan tan mayor servicio,
porque generalmente no se emplean más que como transporte de tropas
o buques de guerra, y ya deteriorados los abandonan hasta, que el
tiempo, el orín y el comején los destruyen, para después hacer
nuevos pedidos de maquinarías y volver n dejarlas perder por los
mismos motivos.
Los árboles, arrastrados al cauce del gran río por las
avenidas de sus afluentes, encallan en las arenas de aquél, por lo
general en los canales navegables por los vapores, y como nadie se
interesa por destruir esos obstáculos; con la resistencia que
presentan a las comentes, éstas varían de curso y van formándose
nuevos islotes a su alrededor, que reparten las aguas en diferentes
brazos, y se aumenta la dificultad para la navegación.
Así, en tiempo de verano, cuando las aguas escasean en el
Magdalena, su navegación se hace casi imposible en la más larga
extensión de su curso, y aun en tiempo de las grandes crecientes,
al pasar los vapores de las Bocas del Carare, se oye la campana
tocar a sondaje, y de allí en adelante hay que subir con muchas
precauciones para no perder el canal formado por la corriente o no
tropezar con alguno de los árboles que esperan la acción del tiempo
para desaparecer desechos, o el empuje de una poderosa avenida para
cambiar de posición.
Si no fuera por el gran tributo de aguas que el Carare lleva
al Magdalena, esos obstáculos se extenderían hasta mucho más abajo,
hasta después de recibir el contingente del Opón, el Sogamoso y el
Lebrija, que juntos no se igualan al Carare, ya que después del
Cauca éste es el mayor tributario del río Grande.
En las épocas de verano la comunicación con la Costa se
interrumpe casi por completo, porque los vapores, aun los de menor
calado, encallan en las arenas de Bocas del Carare para arriba, y
por eso vemos que en esas épocas los correos y los viajeros llegan
con retardo de semanas y quincenas y las mercancías meses después
de despachadas de Barranquilla.
Pero para mi propósito no tomo en cuenta los meses de seca
del río; en tiempo de buenas aguas una carga que pase por Bocas del
Carare tarda tres días en llegar a La Dorada por la demora en
Puerto Berrío y por los leñateos; de La Dorada a Honda, con
trasbordo, etc, un día ; de Honda a Facatativa, cinco días, y
llevamos ocho, de Facatativa a Bogotá, uno; de Bogotá a Vélez,
seis, y completamos quince días de Bocas del Carare a Vélez en un
viaje rápido y feliz. En cambio, por la vía que estamos abriendo
tenemos: de Bocas del Carare a Puerto Aquileo, un día; de este
lugar a Vélez cuatro días de cómodas jornada de a cinco leguas, en
que les bestias no se maltratan, porque andan por terreno casi
plano.
Ahora, por lo que hace a los gastos, calcúlense los que una
carga manda por fletes de río de Bocas del Carare a La Dorada,
trasbordo del vapor al ferrocarril, fletes en éste hasta Honda,
descarga, bodegaje, comisiones, etc. en aquella población, pontazgo
en el río Magdalena, fletas hasta Facatativa y en el ferrocarril de
la Sabana, utilidad de los comerciantes de Bogotá, donde se proveen
de mercancías los negociantes de aquellas Provincias, incluyendo el
recargo por las contribuciones, locales, dependientes, etc, que hay
que agregar en la capital, fletes en el ferrocarril del Norte, tan
elevador, y fletes terrestres hasta Vélez, más las contribuciones
de tránsito por cuatro Departamentos y decenas de Municipios.
Abierto el camino, las mercancías extranjeras que se
consumen en Galán, Boyacá, Tundama y casi todo el nuevo
Departamento de Quesada, se introducirán con gran ventaja por allí,
y los frutos de exportación seguirán la misma ruta. La comunicación
entre Vélez y Barranquilla se hará cómodamente en ocho días.
Aun construido un ferrocarril de Bogotá a Girardot y de
allí a enlistar con el de La Dorada, o el de Poncet, siempre
aquella vía será más económica y rápida qua ésta, porque el
Magdalena no en navegable en verano de bocas del Carare para
arriba. Todavía será más ventajosa para Vélez, aun dado el caso de
que llegaran a prolongarse el ferrocarril de La Dorada hasta Pierio
Berrío y el de Antioquia hasta bocas del Carare; porque en mas
corto el trayecto de este puerto a Vélez que de Bogotá a aquella
ciudad, y los gastos de transporte macho menores. Gran visión tuvo
el doctor Parra cuando trabajó por el ferrocarril del Norte, que,
dígase lo que se quiera, será el que con el tiempo nos comunique
con el Atlántico.
El Carare es un río muy ancho y profundo, donde encuentra
fondo suficiente cualquiera de los barcos que navegan en el
Magdalena en toda época del año. El Vigilante, que es uno de los
más grandes, ha entrado hasta Botes, dos leguas arriba de Puerto
Aquileo, Su corriente es tan mansa que para bajarlo en canoa hay
que hacer uso del canalete y aun en la subida lo hacen así los
bogas en algunos trechos. No se derrama por las laderas, ni es
divide en brazos, ni forma islas porque sus riberas son altas y
secas y no tienen playas bajas.
-¿Porqué siendo tan directa e importante esta ruta no se ha
abierto hasta hoy ?
-A pesar de ser esta vía la más corta para comunicar el
interior con la Costa Atlántica y de más fácil construcción, ha
estado abandonada por tantos años por dos razones claras; primera,
porque cuando la Nación creyó que estaba en capacidad de soportar
los gastos que demandaba una vía de esa naturaleza, no se pensó
sino en ferrocarril, y a nadie se le ocurrió que un camino de
herradura era suficiente para llenar las necedades del momento de
manera que lo mejor no dejó entrada a lo bueno y segunda, porque
cuando se inició la obra, los intereses políticos hicieron de ella
una bandera de guerra. Un partido político en decadencia condenado
a desaparecer de la escena como Poder, levantó esa bandera y otro
que nacía lleno de vitalidad y que contaba con el apoyo del que
formaba la oposición, y era la mitad de la Nación, hizo de esa
empresa el blanco de sus tiros. Derrotado aquél y despojado del
poder, los vencidos, sus proyectos y sus obras quedaron relegados;
y como Vélez y su camino habían sido objeto del más solícito
interés de parte del Jefe del partido desechado, nadie se atrevió
siquiera a volver a acordarse de ellos por muchos años, porque eso
se habría calificado como oposición o como una traición a los
nuevos programas. Así se vio que cuando los Congresos votaban
partidas para auxiliar la apertura de nuevas vías por todas partes,
y los recién posesionados Ministro de Fomento inventaron mejoras
materiales a las cuales unir sus nombres, Vélez y el Carare yacían
en el olvido para la Nación y aun para el Departamento de
Santander. La Estación política de la mayoría de los vecinos de
aquella Provincia ha ejercido no poca influencia en ello.
-¿ Cuales son las prodigiosas riquezas de que usted habla
con tanto entusiasmo?
-Siento no tener la elocuencia y viveza necesarias para
enumerar y pintar con gas verdaderos colores las riquezas que
encierra aquella región.
El Carare es el mismo Minero, de cuya feracidad se tiene
noticia aproximada en Bogotá, la cual va aumentando a medida que se
aleja de la cordillera.
Se encuéntrala allí en grande abundancia animales de pluma
y de pelo de todos los que se crían en la zona tórrida, sin
escasear tampoco los reptiles; es una fauna riquísima.
Hay fuentes saladas y de petróleo, depósitos de asfalto y
vetas del mismo cristalizadas, minas de fierro en San Lorenzo, yeso
y cal en abundancia, plomo, cuarzo, azufre, una veta de mineral de
plata, y aun amatistas, según dice el doctor Ancízar en la relación
de la visita que hizo a aquella región.
Las minas de carbón son muy abundantes, y a cinco leguas de
distancia de Puerto Aquileo y dos de un punto donde el río
Guayabito es navegable en canoas y balsas, y en terrenos por donde
es sencillísimo abrir una vía de carreta, sé encuentran velas muy
poderosas, de donde con facilidad y economía puede abastecerse a
todos los vapores que navegan el Magdalena y los ferrocarriles de
Bolívar, Calamar, Puerto Berrío y La Dorada, haciendo competencia
con ventaja a los carbones extranjeros y a los leñadores del
río.
El caucho, la quina, la tagua, la vainilla, la goma del
algarrobo, ipecacuana, bálsamos, resinas aromáticas, caraña,
curare, guaco, almendrón. arisaro, canime y toda suerte da raíces,
resinas y plantas medicinales y de gomas de aplicación en la
industria, son desde hace muchos años materia de un activo comercio
con la Costa y con el extranjero.
Como en parte alguna del país, se encuentran allí maderas
preciosas y de construcción.
Hay grandes extensiones cubiertas de pita.
En las ruinas de las antiguas fundaciones se encuentran
palmas de coco y árboles de cacao tan cargados como en las mejor
cultivadas plantaciones; y todavía se ven en algunos puntos, dentro
de la selva, matas de plátano con hermosos racimos, naranjos,
limoneros, mangos, guamos, totumos y otros árboles frutales, que
proclaman la feracidad des terreno.
Los ríos y las pequeñas corrientes están llenos de peces y
tortugas.
En las vecindades de Liandásuri vi lozanas sementeras de
arroz, que dan tres cortes de tabaco, de buen gusto y hoja tersa y
grande; de gruesas largas y jugosas cañas de azúcar, café, algodón
y toda clase de cultivos propios de tierras templadas y
cálidas.
Es cierto que en el Carare hay minas de cobre No lo sé,
pero las de Moniquirá, que quedan a muy corta distancia de Vélez,
tienen gran fama por su riqueza y calidad. En 1842 formaron una
sociedad los señores Montoya & Compañía y Lorenzana
& Compañía para explotar esas minas; introdujeron
maquinaria, y mineros ingleses abrieron socavones e hicieron
grandes y costosos trabajos, pero no sé porqué las abandonaron;
quiziá por las guerras y por la falta, de vías de comunicación,
que no les permitía exportar el mineral, pues el consumo de ese
metal en el país es casi ninguno.
Por los años de 1877 a 1880 exportó bastante mineral de
cobre el señor Bernabé Villafa de, pero tuvo que suspender el
negocio por lo costoso del transporte, pues se hacía por Bogotá y
Honda.
Fuera de estas minas hay otras en el Distrito de Bolívar,
que se consideran más abundantes, y de cobre de mejor calidad, con
la ventaja de estar muy cerca del camino que se está abriendo.
¿Cree usted que se podrían fundar en el Carare dehesas de
ganado?