Mucho más podría decir, pero voy haciéndome demasiado
extenso en un informe que pensé se limitara a sólo dar cuenta de la
marcha de la instrucción pública del Territorio a cargo de los
misioneros capuchinos. Quien dude del ascendiente que éstos tienen
sobre los indios, que se acerque a las tribus que acabo de visitar
y se fije en la conducta que los indiecitos observan con ellos.
Sabido es que los niños, en su inocencia, todavía no modelada por
las conveniencias sociales y las hipocresías o los temores, son el
reflejo de lo que en sus hogares ven, oyen y sienten. Sí
manifiestan amor y confianza es porque han visto cultivados en su
casa esos sentimientos.
En vista de lo informado, que es débil eco de lo que podría
decirse de la labor de los misioneros, ojalá el señor Ministro se
anime a pedir al Congreso que vote una partida mayor que la
apropiada para que puedan llevarse a San Andrés, San Francisco y
Mocoa Hermanos maristas y Madres franciscanas que se encarguen de
las escuelas, y se establezcan sobre el mismo píe en Guineo, San
Vicente y Puerto Asía, y para que la obra redentora de los Padres
capuchinos se extienda al Aguarico y las regiones bajas del
Caquetá, y el Putumayo y sus afluentes.
Del camino de Mocoa, abierto bajo la dirección do los
Padres capachitos, que es obra que dejará perdurables y gratísimos
recuerdos en el país, no hablo, porque es materia extraña a este
informe, y ya rendí uno muy minucioso sobre él al señor Ministro de
Obras Publicas.
De usted atento, seguro servidor,
RUFINO GUITÉRREZ