Por economía quizá, o quizá por falta de práctica, no se
construyeron los desagües necesarios y en los puntos más
convenientes, de manera que en las fuertes lluvias por esa
circunstancia y por obstrucciones dé las cunetas, causadas por los
derrumbes de los taludes, correa las aguas a lo largo del camino
causando graves daños. Mayores son éstos en las construcciones de
los puentes sobre ríos y torrentes; por regla general no se les
dejó la luz suficiente, ni se emplearon maderas escogidas con
cuidado, ni se levantaron muros sólidos que sirvieran de estribos,
por lo cual las ultimas avenidas en el actual crudísimo invierno
habían arrastrado, cuando regresé, algunos de los puentes que
encontré a la ida. Las piedras y tierra arrastradas del camino y
los troncos y ramas del desmonte de la zona obstruyen por todas
partes la entrada de las aguas bajo los puentes, y todavía más su
salida, de manera que se han formado rellenos y represas que han
dañado algunas de aquellas obras, y seguirán en su labor
destructora si no le pone pronto remedio. Parece que todos los
puentes y alcantarillas se hubieran construido con carácter de
provisionales.
Al Inspector, de quien me hice acompañar en el viaje, le
fui llamando la atención a estos defectos.
El desmonte de la zona es muy angosto en casi todos los
trayectos, por lo cual el sol no puede ejercer su benéfica acción
sobre la mesa, para contrarrestar la destructora de la humedad; y
cuando se cae un árbol, lo cual sucede con frecuencia, porque en
bosques tupidos echan pocas raíces, alcanza al camino. Sobre esto
hice las observaciones del caso, y aconsejé ampliar el desmonte,
siquiera en lo que falta por construir. Se me informó que se había
procedido así por consejo de un ingeniero que fue con comisión
oficial, quien alegó que de esa manera los viandantes gozaban de
mayor frescura y evitaban la acción del sol.
Se encuentran algunas curvas estrechas, de corrección
sencilla. Los taludes no están suficientemente inclinados, y de
allí proviene la mayor parte de los derrumbamientos.
En comunicación especial dirigida a ese Ministerio he
manifestado que soy de concepto que el Gobierno se encargue
directamente, por el sistema de administración, de la conservación
del camino. En los dos primeros años, mientras se solidifica el
piso, se reponen o reparan los puentes, se amplían las zonas, se
establecen algunos tambos con sus correspondientes sementeras de
pasto y se acaban de arreglar los taludes, lo cual es natural en
excavaciones de terrenos vírgenes, y se amplía la vía en algunos
puntos donde se construyó o se convirtió por los derrumbamientos en
más angosta de lo que conviene, el gasto será de consideración, por
lo menos de $ 2,000 mensuales. En los años siguientes el gasto será
relativamente corto, siempre que se distribuyan bien las cuadrillas
de peones y se les vigile y fiscalice convenientemente. Hoy este
servicio deja mucho que desear en todo sentido hay tres cuadrillas
y unos pocos peones casi aislados, todos mal distribuidos, y un
solo Inspector, que gana $ 40 oro por mes. A los peones se lea
pagan $ 40 plata mensuales, lo que equivale próximamente a $ 0-60
oro por día, jornal muy elevado allí, que puede reducirse a $ 0-40,
o sea a un plata, sin que falten brazos, siempre que se organicen
de manera estable y juiciosa los trabajos y la manera de hacer los
pagos, y se facilite la provisión de víveres para que los peones se
alimenten siquiera medianamente.
Aunque sólo sea para que se entiendan fácilmente las
noticias y órdenes que se dan cuando ocurre una novedad en el
camino, deberían medirse y fijar las distancias con postes cada
kilómetro, o de legua en legua.
Hay construidas veintisiete de caminos adelantadas cinco, y
apenas estudiadas ocho, para completar las cuarenta leguas que
median entre Pasto y Puerto Asís. Sobre esta última distancia me
atengo al plano levantado por el ingeniero que envió el Gobierno.
Terminada la obra puede irse con carga, de un extremo a otro, en
seis días, sin forzar las jornadas, y en menor tiempo con fuerzas,
en caso de que se necesiten para defender la integridad del
país.
El número de peones ha rebajado notablemente desde
principios de mayo, y seguirá disminuyendo hasta septiembre, a
causa del riguroso invierno y de que en estos meses son las fiestas
del Corpus, San Juan, San Pedro y San Pablo, y Nuestra Señora de
Las Lajas, a las cuales espanto de conciencia y de honor concurrir
para todos los peones del Departamento de Nariño.
En visita a la Administración da Hacienda Nacional de Pasto,
practicada en mayo del presente año, en contra que por esa Oficina,
que es la encargada de suministrar los fondos para la obra del
camino, se han entregado a los Reverendos Padres capuchinos $
116,620 oro, así:
De 31 de octubre a 31 de diciembre de 1909 $
9,000
En
1910
$ 8,470
En
1911
$ 59,150
En 1912, hasta el 7 de
mayo $ 40,000
Deben agregarse $600 que se pagaron al ingeniero Samuel
Chávez,
en enero y abril del presente año, por una inspección que ordenó
ese Ministerio.
Resulta pues que lo construido sale costando a menos de $ 1
el metro lineal, sin hacer cuenta de que hay mucho adelantado en
los trabajos de construcción, y grandes sumas invertidas en
herramientas para más de 1,500 peones, y en acopio de víveres; y
para conseguirlos ha habido necesidad de descontar en cada libra
esterlina $ 1-20 a $ 1-50 plata, lo cual representa una pérdida del
8 al 10 100 sobre el oro suministrado por el Gobierno.
Así como me pareció defectuosa la organización, de los
trabajos de conservación, he encontrado plausible y correcta la de
los trabajos de construcción.
Los Padres capuchinos, bajo la dirección del prudente y
virtuoso Prefecto Apostólico, fray Fidel de Montclar, proyectaron y
empezaron la construcción de un camino que facilitara la
catequización de las tribus indígenas del Caquetá y el Putumayo, y
con la mira patriótica de que llegado el caso pudiera servir para
la defensa del territorio patrio amenazado por vecinos en aquellas
desiertas regiones. Emprendieron la obra con limosnas que recogían
en las poblaciones del Sur y viendo que obtenían algún resultado,
fue el Reverendo Padre Fidel a Bogotá, con el mismo objeto; allí el
Gobierno, conociendo que era punto de honor y de alta conveniencia
para el país, dictó la Resolución de 21 de noviembre de 1909, por
la cual dispuso que se abra el camino por cuenta de la Nación, por
los valles de La cocha y de Sibundoy, se comisiona al Gobernador de
Nariño para establecer los trabajos por administración directa,
destina la suma de $ 40,000 para los gastos y ordena que la suma
apropiada "se consuma totalmente en pago de trabajadores,
sin establecer remuneración de persona superior innecesaria," y que
la inspección superior de la obra esta a cargo del Reverendo Padre
Fidel de Montolar, "sí cuyas indicaciones deben ser atendidas por
el empleado a quien se encargue de la dirección técnica y
administración de los trabajos." En estas condiciones, y
sin que hubiera intervención directa, técnica ni administrativa
extraña a los misioneros, se empezó la obra el 25 de octubre de
1909,
En un principio los fondos apropiados pasaban por conducto
del Gobernador de Nariño, pero hoy son entregados al Reverendo
Padre capuchino fray Heliodoro de Túquerres, que no hace parte de
la Misión, quien sin haber prestado fianza y sin recibir
remuneración por sus servicios, convierte el oro en plata, y compra
los víveres necesarios bajo la inspección del Reverendo Padre fray
Fidel.
Tanta confianza tiene a este ilustre misionero el comercio
de Pasto, que cuando por cualquier circunstancia se han demorado
las remesas de Bogotá, le ha prestado hasta $ 25,000 oro sin más
garantía que su palabra, para que no se entorpezcan los
trabajos.
Las cuentas, que son manejadas y formuladas por uno de los
Padres, estaban rendidas a mediados de mayo hasta abril anterior y
fenecidas definitivamente por la Corte del ramo hasta las del año
de 1909 y 1910. Tan bien formuladas y manejadas son esas cuentas,
que el Magistrado de la norte encargado de su examen tuvo que
observar que no se le enviasen tan minuciosos comprobantes como le
llegaban de los primeros mésese y aun sucedió el caso de que en las
cuentas del Ministerio apareciera que se habían suministrado a los
Padres $ 2,000 menos de los que ellos habían recibido y se habían
cargado en las suyas.
La dirección técnica está desde un principio a cargo del
Reverendo Padre Estanislao de las Cortes, y la administración, en
sus diferentes ramos, a cargo de otros tres Padres, de los cuales
uno atiende a los trabajos que se ejecutan, al pago de ellos y a la
distribución de víveres, otro a la agencia general de éstos, en
Mocoa, y el otro a la contabilidad y la inspección general. Ninguno
de ellos devenga sueldo por sus servicios, y a tal extremo se ha
dado cumplimiento a lo dispuesto por el Ministerio sobre economías,
que no hay más empleados a sueldo que el Inspector de la
conservación, dos Ayudantes y un herrero, y tuve necesidad de hacer
observaciones para que se proporcionaran a los Padres encargados
directamente de la obra y por cuenta de los fondos destinados a
ella siquiera aquellas más modestas comodidades que toda. empresa
costea hasta para empleados inferiores.
Los trabajos de construcción están organizados de una
manera sencilla y económica el Padre Director de ellos contrata con
un caporal o sobrestante la construcción de un trayecto más o
menos extenso, pordeterminada suma; el contratista busca los peones
necesarios para formar una cuadrilla de veinte a treinta, a quienes
paga el jornal que con ellos conviene, hace su rancho y organiza la
manera de alimentarios con los víveres que suministra la empresa o
con los que él por su cuenta puede proporcionarse. Los de la
empresa se dan al caporal al precio de costo en Pasto, de donde
hay qua llevarlos casi todos, porque no los producetodavía la
región que atraviesa el camino, sin recargarlos con los gastos de
conducción y almacenaje.
Terminado el trayecto contratado con un sobrestante, el
Padre Director o uno de los Ayudantes, que ganan a razón de $ 20
mensuales, lo reciben y se da la orden al Padre Cajero para que
cabra el valor del trabajo, quien así lo hace inmediatamente,
después de deducir el importe de los víveres suministrados,
Hace mucha falta un médico que atienda a las necesidades de
los trabajadores y de las colonias; y ojalá que si el Gobierno
resuelve destinar uno, sea persona capaz de estudiar con interés la
flora de aquella región, que a juzgar por lo que dicen los viajeros
e indios debe ser muy rica en plantas medicinales. De ellas llevo
bastantes para hacerlas analizar en Bogotá.
Con viene que el Gobierno esté alerta para evitar que se
establezcan impuestos de peaje o pisadura y de pontazgo en el
camino, pues eso sería como prohibir el tránsito, acaso por macho
tiempo. Ya un documento oficial ha hablado de lo que podría
producir ese gravamen al Departamento, y el Cabildo de Mocoa trató
de manera formal de crearse una renta por ese medio.
La herramienta la proporciona la empresa, y para componerla
no hay más que dos herreros.
Mucho se ha criticado, aun por la prensa, por espíritus que
en todo encuentran ocasión para censurar los actos del Gobierno y
de los ministros del culto católico, la ejecución de la obra del
camino y la vía escogida para ir al Putumayo, alegando que en
aquello hubo errores de trazados, que hay grandes desperfectos y
que debieron preferirse otras rutas menos largas, como la de la
hoya del Guamués. Que hubo errores, no puede negarse, pues saltan a
la vista del más lego ; pero ellos sois de tan poca importancia,
que no merecen el gasto que demandaría en corrección, porgue con
esto no se ganaría quizá una hora de tiempo, y la mejora en
comodidad para loe transeúntes y la facilidad para la conservación
tienen todavía más escasa importancia. El tráfico por allí durante
muchos años no exige que nadie que no quiera hacer de esto arma
político religiosa se preocupe por el asunto. Los desperfectos han
sido y serán todavía durante algún tiempo los que naturalmente
ocurren en caminos nuevos abiertos en páramos y bosques vírgenes,
cuando vienen aguaceros torrenciales. Para considerar estas dos
objeciones no deben olvidarse las condiciones que impuso el
Ministro Delgado en su resolución ya citada, y macho menos la
precipitación inusitada con que hubo qué abrir la vía para atender
a las exigencias del patriotismo y a exageraciones de
políticos.
La última censara es indudablemente la de menor peso, porque
aunque por cualquiera de las otras rutas se hubieran economizado
dos o a lo sumo cuatro leguas de distancia, por ninguna de ellas se
habría obtenido la inapreciable ventaja de comunicar con la capital
del Departamento las feraces regiones del valle de Sibundoy, las
márgenes inferiores del Mocoa y las populosas tribus de San Andrés,
Santiago, Sibundoy, Mocoa y Puerto Limón ni tampoco habrían servido
como el actual para un movimiento rápido y simultáneo sobre el
Caquetá y el Putumayo a un tiempo.
Loe defectos, que yo soy el primero en reconocer y
aconsejar que se corrijan, como lo hago en este informe, son
pálidas sombras de un cuadro que resplandece con todas las luces
del mérito, y cuya vida será perdurable y se aquilatará más y más
de día en día.
Guando se calmen las pasiones y empiecen a cosecharse los
frutos de esta obra, se hará justicia merecida a los iniciadores y
ejecutores de esta.
De usted atento seguro servidor,
RUFINO GUTIÉRREZ