En la universidad, estableció enseñanza de Química, y
Física, con laboratorios bien surtidos, de Mineralogía, de
Medicina, de Botánica, con su respectivo jardín de aclimatación y
algunas de esas materias a cargo de profesores extranjeros. En
previsión de lo que pudiera traer el porvenir para el Estado,
estableció la instrucción militar en todos los colegios y escuelas
oficiales, y con estudiantes de la Universidad formó un cuadro para
que se pusieran prácticos en el manejo del armamento moderno. Los
miembros de ese cuadro fueron los Oficiales escogidos para servir
en el Ejército antioqueño durante la guerra de 1876.
En la "Universidad y en la Escuela de Artes y
Oficios hicieron su carrera muchos jóvenes de Cundinamarca,
Santander, Bolívar, Cauca y el Chocó, a pocos de ellos de notables
familias liberales, como no había en Antioquia más línea de correos
nacionales que la directa de Bogotá, estableció servicio semanal
para todos los Municipios.
Al terminar el segundo período de mando, algún partidario
del doctor Berrío propuso en la Asamblea la reforma de la
Constitución para que pudiera ser reelegido nuevamente, y fue tal
la indignación que esto le produjo y tal la represión que hizo al
indiscreto amigo, que éste tuvo que salir humillado a hacer retirar
o negar su proposición.
A pesar de que iba a dejar el poder, era tanto su
prestigio, que la Asamblea de 1873 lo eligió primer sustituto del
Presidente don Racaredo de Villa, por veinticuatro votos entre
veintiséis. Hasta los vencidos del año de 1864 reconocieron los
méritos del eximio gobernante, y casi olvidaron su derrote en vista
de lo que hizo por el progreso y bienestar del Estado.
Terminó su período el 7 de agosto de aquel año, e
inmediatamente fue nombrado Rector de la Universidad; pero se
retiró pronto del puesto y de las regencias de las cátedras de
Economía Política y de Derecho deGentes, para volver a la vida
privada en Santa Rosa, También se le nombró Gerente del Banco de
Antioquia, fundado por influencia suyas, y no aceptó, porque sólo
aspiraba a la dulce paz del hogar; y no alcanzó esto, pues a poco
de regresar a la ciudad natal murió su virtuosísima esposa, doña
Estefanía Díaz, y este terrible golpe lo afectó tan hondamente, que
desde entonces se le desarrolló la enfermedad del corazón que le
causó la muerte.
Viéndose muy grave se trasladó a Medellín en busca de clima
más saludable a su mal y de recursos médicos, y el 14 de febrero de
1875, rodeado de amigos y admiradores, entregó su rectísima alma al
ser Supremo.
Cuando se encargó de la Presidencia tenía un capital
saneado de unos $ 14,000, que entonces le manejaba su socio en la
abogacía, don Alejandro Botero Uribe, y como descuidó los negocios
particulares para preocuparse sólo de los generales de sus
gobernados, y como fue generoso y desprendido protector de cuantos
ocurrían a él, al morir estaba en tal pobreza, que su cuñado don
José María Díaz y su amigo el Ilustrísimo señor Obispo González
tuvieron que hacerse cargo de los hijos que dejó. ¡Qué nobilísimo
ejemplo de honradez y de desprendimiento, dio el ilustre Berrío, y
qué poco imitado ha sido y en por funcionarios de todas
las Categorías.!
El día antes de morir llegó el General Macano Cárdenas de
población lejana, donde recibió noticia de la gravedad de en
antiguo Jefe. Al sentirlo entrar a caballo a la casa me preguntó el
doctor Berrío quién era, y cuando le di el nombre, me dijo.
"Es uno de los Jefes de más esperanza para el
Estado. Después de que yo muera habrá guerra, y entonces servirá
mucho a la causa."
El funesto vaticinio sobre la guerra se cumplió tres años
más tarde, y poco después murió el valerosa General Cárdenas. En
vida del ilustre Barrio no habría ,ocurrido la guerra de 1876, o de
haber estallado, el resultado de ella habría sido muy diferente de
lo que fue, porque su prestigio y tino habrían sido decisivos en
uno u otro sentido; pero desgraciadamente lo sucedió en el poder
persona que carecía da prestigio necesario y que era más hábil para
los negocios comerciales que para los políticos.
El Ilustrísimo señor Obispo Valerio Antonio Jiménez, como
Vicario Capitular encargado de la Diócesis, dictó decreto en que
honra la memoria del doctor Berrío, por haber sido sincero.
católico y por los servicios que prestó a la Iglesia.
La Gobernación, la Asamblea, los Concejos Municipales, etc.,
dictaron leyes, decretos y acuerdos en el mismo sentido. Aun las
Cámaras legislativa Nacionales aprobaron, por unanimidad de votos,
sendas proposiciones de sentimiento por la pérdida que hizo el
país.
La prensa de Bogotá, aun la de enemigos políticos, habló con
grande elogio del ilustre antioqueño, porque, como entonces dijo el
doctor Manuel María Madiedo:
"El doctor Berrío antes que hombre de cualquiera
esencia era honrado, y antes que todo, buen ciudadano. Nada tenía
que temer de él el hombre de bien, pero el malo temblaba ante su
solo nombre."
Las exequias se celebraron en la Medra de Medellín con una
concurrencia extraordinariamente numerosa, en que estaban
representadas todas las clases sociales, y hombres y mujeres
manifestaban su dolor con lágrimas no contenidas. El Canónigo
doctor José María Gómez Ángel pronunció la oración fúnebre, y en
ella dijo, con toda razón :
"El doctor Pedro Justo Berrío, el padre da
Antioquia, su baluarte y su gloria, el decidido protector y
defensor de la Religión y de la Moral, ha muerto."
En brazos de las más nobles damas de la ciudad fue
conducido a la tumba.
Los restos del doctor Berrío fueron exhumados el 15 de
febrero de 1886, por disposición del Jefe Civil y Militar del
Estado, General Marceliano Vélez, y se colocaron en un monumento
especial mandado construir en el cementerio de San Pedro, en
Medellín. El acto fue concurridísimo y con apropiadas y solemnes
funciones religiosas.
La Asamblea de Antioquia, en sus sesiones de 1890, por la
Ordenanza número 26, de 4 de agosto, mandó erigir una estatua
pedestre, de bronce, del gran gobernante, en la plaza principal de
Medellín, y que ésta se llamara en adelante Plaza de Berrín, y
apropió la partida de veinte mil pesos para la obra. La Gobernación
comisionó a don Emiliano Isaza, Secretario y la sazón de la
Legación de Colombia ante el Vaticano, y que fue uno de los
discípulos a quienes más distinguió el doctor Barrí, para contratar
la estatua, la cual fue esculpida por el Profesor Juan Anderlini,
discípulo de Tenerani; y el día 29 de junio de 1895 fue erigida con
regias solemnidades oficiales y religiosas.
Allí, en la plaza más central de la capital de Antioquia y
rodeada de un bello jardín, se destaca la estatua del grande
hombre, no para perpetuar su memoria, porque nunca se borrará del
corazón y de la mente del pueblo que le debe su engrandecimiento,
si no como tributo de gratitud y cariño.