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  Derrotado el Gobierno Nacional y triunfante la revolución en todo el país, se reunió la Convención de Ríonegro, y quedó como gobernante de Antioquia el notable joven don Pascual Bravo. Los antioqueños no podían conformarse con estar sometidos a un Gobierno que se dedico a perseguir a los sostenedores del anterior régimen, que desterró al virtuoso Obispo de la Diócesis, doctor Domingo Antonio Riaño, así como a todos los sacerdotes que no se sometieron a las leyes de tuición a quienes pudo aprehender, y que arrojó de sus claustros a las benditas monjas carmelitas, arrebatándoles todos sus bienes. Por eso, exasperados, empezaron a tramar en el sur y en el oriente des Estado en revolución contra ese Gobierno.

     La primera reunión de los conspiradores se celebró en Sonsón el mes de noviembre, en casa de mí padre, Gregorio Gutiérrez González ; y si mi memoria no me es infiel concurrieron los Generales Joaquín María Córdoba y José Maria Gutiérrez Echeverri, y los Coroneles Faustino Estrada y Francisco Londoño. Allí se convino en invitar a todos los conservadores del Estado a levantarse en armas en día determinado, y se mandaron comisionados a los principales Jefes amigos. El doctor Berrío contestó que no era el momento oportuno para hacer una revolución, pero que si sus copartidarios no desistían del propósito, él no los dejaría solos. Insistieron, y los revolucionarios levantados en Sonson marcharon sobre Abejorral, donde sorprendieron, ayudados por los patriotas vecinos del pueblo, a la guarnición que allí había, y se apoderaron le su escaso parque. Al mismo tiempo el doctor Berrío era tenazmente perseguido por las autoridades, y en Yarumal sus amigos se levantaron en armas, lo  aclamaron su Jefe y él siguió encabezando a éstos y a los de Santa Rosa, Angostura y otras poblaciones que se le unieron con esa escasa. Y  desarmada fuerzan marchó sobre Medellín a distraer la atención del  Presidente del Estado, quien se preparaba a emprender campaña contra los revolucionarios del Sur, que ya avanzaban a unirse con los de Marinilla.

      El nuevo presidente se dedico inmediatamente a cimentar la paz y la tranquilidad en el puéblenlo que le había confiado sus destinos nombro Secretarios de Gobierno, de Hacienda y de Guerra respectivamente, a don Néstor Castro, Doctor Víctor Molina Doctor Gutiérrez González Molina se retiro poco después para ocupar una plaza en el tribunal y fue remplazado con don Abraham Moreno.

    El día 10 al siguiente de su entrada a Medellín declaro por medio de un decreto que " el Estado de Antioquia continuaría haciendo parte de la unión Colombiana y sometido a la constitución de Ríonegro." Con lo Cual desconcertó a los enemigos.

     El reconocimiento se demoraba las amenazas aumentaban y el bloqueo en que tenia al estado le causaba gravísimos perjuicios por eso el doctor Berrío expidió la valiente proclama de 16 de marzo de 1864 en la cual dice:

     Antioquia puede perecer; pero teniendo de su parte el derecho y la razón no pertenecerá cubierta de Gloria y de Honra; sus ruinas, sus cenizas y con escombros, sus campos desolados, su riqueza agotada, la industria muerta, y millares de huérfanos y viudas, darán testimonio de un pueblo que lidió hasta morir en defensa de sus fueros atacados."

     Al propio tiempo un Secretario de Guerra publicó la composición poética A los Estados Unidos de Colombia, de la cual destaco las siguiente estrofas en que secunda el grito de protesta y desafío de su Jefe e íntimo amigo:

Véanos aquí con el fusil al brazo
Esperando el ¡descansen! o el ¡alerta!
¿Queréis la paz? Se tornará en azadas
El hierro de las miss mas bayonetas.
                      

Pero no vaciléis, y cualquier cosa
Escoged sin demora : o paz o guerra ;
Que ya pesa la lanza en nuestras manos,
Y en nuestros hombros el fusil nos pesa.
                 

No creáis que las puertas del Estado
Como otro tiempo encontraréis abiertas!
Iremos a escuchar cerca de Bosa
Si el eco del cañón como antes suena.
               

¡Será horrible la lucha! Anchos arroyos
De sangre hermana surcarán la tierra,
Y cenizas, cadáveres y escombros
Encontraréis si la victoria es vuestra.
              

Pero no lo será : Dios sólo puede
Darnos el triunfo, su justicia es cierta... .
Y a más de Dios tenemos el derecho,
Y nuestro honor y nuestra propia fuerza.
              

¿Y qué importan las lágrimas? ¿Qué importan
Los torrentes de sangre que se viertan?
¡Feliz lluvia de lágrimas y sangre
 

Si el iris de la paz refleja en ella!

          

Pero si acaso Dios nos abandona,
Venid a contemplar ruinas inmensas ;
Será el cielo de Antioquia nuestro palio,
Tumba gloriosa nuestra amada tierra.
          

Venid a colocar el epitafio....
La fosa es ancha, la veréis repleta ;
Mas no hallaréis, lo juro, ni un amigo
Que no se encuentre sepultado en ella.
 

Esta valiente poesía despertó grandísimo entusiasmo en Antioquia.

     Como el peligro para el Estado crecía de día en día porque la organización de las fuerzas del enemigo no activaba en todas partes, exasperado el doctor Barrio dijo mi padre  y a Botero Uribe estas textuales palabras, que tengo a la vista, y desde entonces constan por escrito ;

     "Esta situación es ya insoportable; si dentro de cuatro días no viene ese reconocimiento, es necesario ir a morir en usa grande dando una batalla en las sabanas de Bogotá antes que de Cuaspud vuelva Mosquera; y sea lo que Dios quiera."

     La misma expresión de aquel otro Macabeo de las Sagradas Escrituras cuando tenía al frente el ejército de Antioco: Siout Autem Fuerit, Voluntas in Coelo, Sio Fiat.

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