FUNDACION DE SANTANDER
(Quilichao)
Bogota, Agosto 16 de 1918
Señor presidente de la academia de la historia - presente.
El señor H. C. Prado se dirigió el 21 de junio ultimo a
Santander a usted, como digno Presidente de la Academia de
Historia, Para participarle que desde esa fecha a quedado
constituida la sección de Historia en conexión de la Academia José
Maria Córdoba con el objeto de allegar documentos relativos a la
fundación de aquella ciudad, y pide que se le comunique los datos
que haya sobre el particular en los archivos de la Academia.
La comunicación del señor Pardo se me paso en comisión el 19 del
presente mes con lo cual se me hizo honor que agradezco.
En el archivo de la Academia no hay documento alguno que se
refiera a la fundación de Santander ( antiguo Quilichao), pero en
el nacional, salón de la colonia en tres volúmenes titulados
Poblaciones, e encontrado tres expedientes que por junto tienen por
mas de 1200 hojas de los cuales e extractado los siguientes datos,
que creo que puedan comunicarse al señor Prado al mismo tiempo que
se le avise que la academia aplaude la fundación de aquel centro de
estudios históricos y ofrece ayudarle en ellos a la medida de sus
fuerzas.
El cabildo de la ciudad de Caloto - situada a poco mas de
una legua de distancia de la actual cuidad de Santander - en una
representación elevada en 1803 al Gobernador de Popayán, dice que
en Quilichao había en 1746 unas ocho o 10 casas separadas unas de
otras "ocupadas por algunos descendientes de los Sandobales, que
fueron dueños de esas tierras" don Francisco José Arboleda, vecino
de Popayán y dueño de una de las minas de Quinamayo, en
jurisdicción de la ciudad de Caloto dice el memorial del mismo año
de 1803
Que Quilichao empezó a poblarse a principios del siglo XVII, en
terreno que estaba indiviso de las 6 minas que se elaboran en
aquella región una era del señor arboleda otra de un hermano y otra
de una hermana del mismo señor.
El poblado que se formaba en el llano de Quilichao, sin
previa licencia de Juez competente empezó a desarrollarse y ya el
cura de la región administraba los sacramentos en la iglesia
erigida, porque los pobladores solicitaron en 1750 del cura de
Cali examinador Sinodal, Vicario y Visitador General del obispo de
Popayán, Doctor don José de Alegría y Caicedo, que le permitiera
colocar el santísimo y celebrar funciones de Semana Santa por " el
cura y vicario del pueblo de Quilichao don jerónimo de Lucio y
Morcillo" en la iglesia a que estaban edificando el visitador
concedió la licencia el 22 de diciembre del expresado año de 1750,
advirtiendo que debería considerarse como parroquial la iglesia de
Quilichao sin perjuicio de que siguiera colocando el santísimo en
el real de minas de Santa Maria. La licencia fue ratificada por el
Obispo de Popayán don Francisco José de Figueroa y Victoria.
Entonces vecinos de Popayán dueños de las minas de Quilichao en
memorial firmado en 1752, por don Tomas Prieto de Tobar, don
Francisco A. de Arboleda don Nicolás Ureta y Sabala Doña Maria de
Velasco y Riba Agüero doña Maria Casimira del Campo Salazar y
Sebastián de Valencia, solicitaron de Gobernador que no permitiera
que se avecindaran en Quilichao hombrea libres ni tuvieran iglesia,
porque, decían, allí había seis cuadrillas de esclavos de los
reales de minas de Quinamayó con otras tantas iglesias, y se
defraudaba el pasto espiritual que el Cura ejercitaba en esas seis
iglesias. Pidieron que se mandara demoler la de Quilichao, pues a
pocas cuadras estaban las de Aguablanca, Cerrogordo y San Bernabé,
llegaron los solicitantesque los avecindados en Quilichao les
causaban graves perjuicios, porque vendían víveres y aguardiente
de caña a las cuadrillas, y así los dueños de las minas obtenían de
éstas poca o ninguna utilidad, porque aquellos negociantes
comprueban, o rescataban, a los negros, el oro que producían las
minas. Para reforzar su solicitud los vecinos de Popayán dijeron
que el terreno en que se estaba poblando Quilichao era incompetente
para un poblado, porque de Oriente a Poniente sólo tenía trece
cuadras y media y por ancho de la sierra cuarenta, y siete cuadras,
y todo en resto de la tierra por los dos costados de Oriente y
norte era de los Padres de su Compañía, y los otros dos costados de
Poniente y sur, de los herederos de don Francisco Arboleda.
El Gobernador pidió informes al cabildo de Caloto, quien
los rindió el 23 de agosto de 1753 en términos muy favorables para
los vecinos de Quilichao, de quienes decía que ni siquiera hablan
dado un mal ejemplo ni habían sido acusados por ningún minero.
Los dueños de las minas continuaron elevando memoriales y
graves quejas contra el vecindario, y antes de recibirse los
informes pedidos, el Gobernador ordenó-el 17 de julio de dicho
año-a las autoridades de Caloto que notificaran a los vecinos de
Quilichao que si el término de treinta días desocuparan el poblado
y se trasladaran a Caloto, y que si así no lo hacían les derribaran
y extinguieran las casas que tuvieran editadas, prohibiéndoles
contratar géneros y hacer rescates de oro con los negros.
Trasladadas las autoridades de Caloto a Quilichao, notificaron el
decreto del Gobernador a cincuenta y nueve vecinos, cabezas de
familia la mayor parte, les exigieron la presentación de los
títulos de propiedad de las tierras que ocupaban, y ordenaron salir
del pueblo a los que no poseyeran títulos.
Muchos vecinos presentaron sus títulos, y en los expedientes
no encontré constancia de que le hubiera cumplido con los que no
hicieron eso la disposición del Gobernador. Los dueños de minas
reclamaron, negando el derecho que tuvieran los que presentaron
títulos, pudiendo "se les expulsen y asole la
población" y repitiendo, con agravación, los cargos que
hacían al vecindario de Quilichao. El Gobernador mandó que se diera
traslado de esto a los vecinos, quienes debían presentarse
personalmente o por medio de apoderado en. Popayán, y entonces
ellos constituyeron un apoderado con instrucciones de que
solicitara la erección del caserío en pueblo, y levantaron el censo
completo, con especificación de esclavos, se movientes, etc. Don
Joaquín Bolaños, Alcalde de Caloto, y don Manuel de la Gasca e
Higueras, apoderado, fueron los que con mayor interés y eficacia
trabajaron por aquel tiempo en favor de los vecinos de Quilichao, y
lograron que el Gobernador sentenciara el 6 de julio de 1754 que no
se le expulsar, pero les prohibió toda clase de trafico con los
esclavos de los reales de minas de Putumayo.
Los mineros apelaron de esto ante el Virrey Solís, quien
después de oír a las dos partes, declaró el 16 de julio de 1755 que
San Antonio de Quilichao gozaría de título de villa, con Alcalde y
Juez.
Esto provocó nuevas protestas y reclamaciones de los dueños
de minas y del Cabildo y vecinos de Caloto, y en vista de ellas el
Virrey don Pedro Mesía de la cerda declaró, el 11 de enero de 1762,
nula la elección hecha por su antecesor y que el territorio de
Quilichao volviera a reintegrarse en la jurisdicción de Caloto. Sin
embargo de a quería activa oposición, el mismo Virrey resolvió el 6
de diciembre del referido año, que sería como provechoso al bien
público un Alcalde pedáneo en Quilichao. El Cabildo de Caloto
retardaba el cumplimiento de está disposición, y como continuaran
activas reclamaciones de las partes, cada una en sentido de los
intereses, el Virrey Don Manuel A. Flores comisiono el 10 de
noviembre de 1777 al Teniente Gobernador de Cali para que pasara a
Caloto a averiguar por qué no se cumplía la ordenación. Por las
actuaciones de entonces se ve que ya Quilichao tenía más de 800
habitantes y que el cabildo de Caloto presentó quejas muy graves y
aun calumniosas contra aquel vecindario.
Este ocurrió al Rey de España en 1780 pidiendo justicia y
quejando de las autoridades de Bogotá, Popayán y Caloto, y entonces
el Rey pidió informes, como estos demoraran en llegar, el 25 de
junio de 1802 volvió el Rey a pedir informes, y en la cédula se
habla de la decadencia en que está Caloto y de que los "Arboledas
por su poderío y valimiento en los Tribunales logran oscurecer la
verdad entorpeciendo sus recursos, con el fin de que la población
de Quilichao no se adelante y fomente."
En otra cédala de 8 de julio de 1806 recuerda las ordenes
dadas en las anteriores, exige en términos duros que se cumpla, y
ordena al, Virrey que " medianamente, sin menor dilación,
disponga se" cumpla y ejecute lo ordenado a sus
antecesores por las expresadas cédulas y cartas acordadas, dando
desde luego las más oportunas y eficaces providencias, para que
cesen las extorsiones y perjuicios que los vecinos de Quilichao
expresan les cansan los de Caloto.
Según cuadro muy bien formado del padrón de habitantes, en
16 de enero de 1803 " las almas que comprende el poblado
de Quilichao bajo los sonido de la campana," eran 1,114,
así: 200 blancos casados y 591 solteros, 6 indios casados y 32
solteros, y 75 esclavos casados y solteros y los que
"habitan fuera del sonido de la campana," 54
blancos casados y 179 solteros, 75 indios solteros y 154 esclavos
casados y 128 solteros.
Junto con el cuadro del censo se envió mi bello mapa, de la
población de Quilichao y sus alrededores, dibujando en marzo de
aquel mismo año. De él hice sacar una copia, la cual tengo el honor
de acompañara a este informe. Creo que este mapa se formó no por lo
que Quilichao era en este último año, sino por lo que era en 1754,
porque se ve que tiene los mismos detalles de dos muy
imperfectamente hechos-que también figuren en los
expedientes-cuando se solicitó la creación en villa.
En los archivos no encontré constancia de que se hubieran
cumplido las órdenes contenidas en las cédulas reales, y como poco
después ocurrieron la abdicación de los Reyes de España en favor
de Napoleón, la entronización del Rey José, la guerra de la
Peninsula es seguida la de la independencia del Nuevo Reino de
Granada, los vecinos de Quilichao se quedaron sin que se les
hiciera justicia, y su población sin que se le restituyera a la
categoría de villa, cayo primitivo título ni original ni en copia
bailé en los archivos nacionales, sino sólo repetidas referencias a
él, y eso probablemente porque se envió a Popayán, Bogotá o España
con motivo del reñido, pleito que sostuvieron los Quilichao durante
más de treinta años contra los habitantes y las autoridades de
Caloto y contra los vecinos de Popayán, dueños de minas,
especialmente los Arboledas.
Soy del señor Presidente de la Academia de Historia atento,
seguro servidor, colega y amigo
Rufino Gutiérrez