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 IBAGUE

 

Bogota, febrero 24 de 1918

    El día 12 salí de Armenia a las siete de la mañana. A poco andar se pasa por buen puente el río Quindío, el cual toma el nombre de La Vieja un poco más abajo, al unírsele el Barragán. Adelante, como a dos leguas de Armenia, se llega a la población de Calarcá. El camino es bueno, está  bien conservado y atraviesa campos cultivados y bastante poblados. Calarcá, edificado al pie de la cordillera Central, en terreno llano y de bonita situación, está a la misma altura de Armenia, y la temperatura es  semejante. Fue fundada la población en junio de 1886 por Ramón Valencia y  Segundo Henao, el terreno que tenía cultivado Ramón Franco, a  quien lo compraron los primeros pobladores. El nombre se lo puso Valencia en memoria del jefe de lo pijaos, que murió en un combate en  Chaparral con las fuerzas del Presidente don Juan de Borja. Se erigió en  Corregimiento de Salento el 26 de febrero de 1890. La primera iglesia se  construyó el 23 da octubre de ese año, y el cementerio se bendijo el 11 de  noviembre siguiente. Ha progresado rápidamente. Tiene alumbrado eléctrico,  abundante y buena agua con numerosas fuentes públicas; una trilladora de café y una fábrica de chocolate; ha establecido animada feria  de ganados cada cuatro meses. La primera iglesia se demolió, y estás empezando  a construir una buena, y mientras se concluye se celebran los  oficios en capilla provisional. Va ya muy adelante la edificación de una  casa para hospital, otra para Juzgado de Circuito y cárcel (el último Congreso  creó el Circuito), y dos muy amplias, lujosas, para las Escuelas urbanas.  En el Distrito de Calarcá se cultiva el café en grande escala, y hay  la particularidad de haberse establecido en campo cercano, de manera  que forma un barrio de la población, una colonia de boyacenses, con los  mismos cultivos de su tierra nativa, cuyos frutos tienen gran mercado en todas las poblaciones del Quindío.

     Sin demorarme más que unos pocos kilómetros, seguí viaje y vine a  dormir del lado de acá de la Cordillera, en el punto llamado La Lora,  Desde que se sale de Calarcá empieza ascenso penoso por lo empinado  del camino y porque no es suficientemente ancho, y como es de piso que  aún no  ha solidificado, se encuentran pasos difíciles por los canalones  que han formado las aguas lluvias. En los últimos años se le han hecho  algunas variantes de buena vía y moderada pendiente, y paréese que continúa  trabajándose con algún interés en mejorar la Comarca; cuando pasé  había días que no llovía, estaba el camino seco y realmente bueno, de  manera que podía hacerse cómodamente el viaje de Armenia, a Ibagué en  día y medio.

     Hasta hace unos seis años ese flanco de la gran Cordillera estaba casi  completamente desierto y cubierto de selva virgen, y hoy, debido a las  mejoras hechas en el camino y al gran porvenir que tiene, Las habitaciones y las aberturas y cultivos son muchos y de importancia, de lado y  lado, hasta gran distancia. Una vez que se terminen la, a variantes y las  reparaciones, lo cual demanda relativo poco costo, será ésta la vía preferida por viajeros y carga entre los Departamentos de Cundinamarca y  Tolima y el del Valle y la mayor parte del de Caldas, y se abandonará la  del Quindío, la cual fue abierta desde el siglo XVI por los Cabildo de Ibagué, siendo Justicia Mayor don Melchor de Valdés, y que desde entonces  siempre que llueve se pone casi intransitable. Don Agustín Codazzi, en  informe sobre las vías de comunicación del Estado de Cundinamarca,  rendido el 6 de noviembre de 1858 al Secretario de Estado del Departamento  de Gobierno, decía lo siguiente sobre el camino de Calarcá:

     "Para la pronta comunicación con el Valle del Cauca es factible un camino carretero al través de la montaña del Quindío desviándose de la  ruta que hoy está en uso para ir a Cartago. La nueva ruta sería la siguiente:  saliendo de Ibagué, no se ha de trepar el alto de Palmira, sino  pasar el río de Combeima y seguir por el llano de Carvajal (a donde el Barón de Humboldt midió el cono truncado del Tolima), y continuando  por él bajar al río Coello, en el lugar llamado El Boquerón. En aquel  punto se presenta de frente un largo estribo de la Cordillera, por el cual  se puede trazar un camino carretero hasta la cumbre. Corre a la derecha de este ramal o estribo el río Anaime, y a la izquierda el Cocora, y la  cumbre que habrá de pasarse es mucho más baja que la que atraviesa el actual camino. Transpuesta dicha cumbre, se encuentra otro ramal o estribo que divide las hoyas de los ríos La Vieja o Pijao y Cumbarco, perfectamente adecuado para continuar el trazo del camino y bajar con suma facilidad hasta el frente de La Dalia, donde juntan su corriente aquellos  dos ríos. El resto del camino hasta Cartago seguirá por tierra llana. Este inmejorable camino carretero no será más largo qua la desesperante vía  de herradura en uso, que jamás podrá conservarse en buen estado, a  causa de sus multiplicadas y rápidas cuestas. Por el camino que indico  no habría que tocar con el de Guanacas: los viajeros irían en coche desde  Bogotá hasta Cartago, y de allí a Popayán por un ferrocarril que recorrerán nuestros nietos.

     Encontré grandes partidas de bueyes y mulas que venían del Valle del Cauca con cacao para Bogotá y con café del valle del Quindío para embarcarlo en Girardot, y todavía más numerosas de sal de Zipaquirá y de batán para el Cauca y para Caldas, las cuales prefieren este camino del Quindío en verano, por ser más corto y más descansado.

     La posada de La Lora, en la vertiente oriental de la Cordillera Central, a unos 6 kilómetros de la cima. todavía en tierra frigidísima, es bastante cómoda y pertenece a familia antioquena de esmerada educación. Hasta allí es penoso el descenso, pero ya va bastante adelantada una variante que lo hará cómodo y suave y no aumentará la distancia. De aquel lugar a Ibagué está concluido el camino, con gradiente tan moderada que casi es de trazado de carretera. Parte de cerca de la capital del Departamento a buscar el río Coello en la desembocadura de la gran quebrada Cócora, donde hay buen puente, de allí se sigue por la banda derecha del río, costeando la estribación que lo aprisiona, hasta encontrar el  río Anaime; se pasa éste por buen puente, se liega a la población da San Miguel y se signe por la banda derecha de la quebrada Bermellón, la cual  se pasa un poco más adelante para ascender con facilidad a La Lora.  De allí a Ibagué hay unas diez leguas que se recorren con facilidad en el día. La vía necesita algunas rectificaciones, y sobre todo que se la amplíe, pues es muy estrecha, de manera que los cargamentos hacen difícil  y aun peligroso el tránsito cuando se le encuentra en algunos trayectos  y ademes ocurren en ella constantes derrumbamientos de los taludes y  de la mesa del camino, porque de la unión del Anaime con el Bermellón  para abajo se atraviesa por terrenos formados por arenas volcánicas hasta que se pasa el río Coello.

     De éste se saben unos 3 kilómetros por camino amplío, de poca pendiente y bien conservado-pero que echará a perder en poco tiempo el  arrastre de maderas,-hasta la mayor depresión del contrafuerte que va  a morir en la desembocadura del Combeima en el Coello. De esa depresión, desde donde se domina el asiento de Ibagué, casi al mismo nivel, empezaron los trabajos de apertura del nuevo camino de Calarcá, y de allí  para acá se marcha por la vieja ruta hasta llegar a la ciudad, después de  pasar el Combeima por buen puente.   El antiguo camino para ir al Quindío por la vía de Calarcá subía del  puente del Coello, en la desembocadura de la quebrada Cocora, por la  empinada cresta del contrafuerte, y después descendía bruscamente al estrecho y risueño vallecito del río Anaime, donde colonos antioqueños   fundaron una población de este nombre, que pronto fue cabecera de Municipio y parroquia. De allí se descendía por la orilla izquierda del río   una legua próximamente hasta encontrar la confluencia de la quebrada   Bermellón. Esta, en tiempos prehistóricos, debió de arrastrar inmensas   cantidades de arenas volcánicas que la configuración del terreno hace   creer que descendieron de la alta Cordillera que la domina por su banda   izquierda, y al tropezar con la corriente del Anaime, que entones sería   más poderosa, hubo una gran represa, y aquellas arenas se posaron en   el vértice del ángulo formado por las dos corrientes al unirse. Así nació   una meseta alta y llana, triangular, de corta extensión, que tiene de un   lado cerros altos y dé los otros dos el río y la quebrada, a gran profundidad y muy encajonados, como sucede con todas las corrientes de agua  que cuando corren por terrenos  volcánicos los socavan hasta encontrar   lecho de roca firme.

      Esa meseta era conocida hasta hace seis años con el nombre de Ibagué Viejo, porque allí fue donde se fundó la ciudad, la cual fue destruida.  Por los indios pijaos y trasladada mas tarde a su actual asiento. De laantigua población no quedaban ni señales, y por allí no se veía más que  un pobre rancho. Abierto el actual camino, el canal va directa mente a esa meseta, algunos antioqueños empegaron a construir casas y a establecercultivos en ella, y entonces el ilustrísimo señor Obispo Perdomo y el presbítero Juan de  Dios Jaramillo, Cura de Anaime, iniciaron la fundación de  un nuevo pueblo, empezando por formar una sociedad anónima, encabezada por ellos, con capital de $ 1,600, dividido en acciones de $ 10 con los $ 1,600 suscritos compraron el terreno necesario en marzo de 1913, y  el 29 del mismo mes se inauguró la fundación con misa campal del señor Obispo, y se hizo la repartición de los solares. Se trazó la población, que consta de ochenta y cuatro manzanas de a 80 metros por lado, separadas por calles rectas, de las cuales las cuatro principales tienen 16 metrosde anchura y 14 las demás. En el terreno comprado quedaron comprendidas las lomas que dominan la meseta, y los accionistas las cedieron para que sean consideradas como ejidos de la población.

      Esta prosperó rápidamente, en términos que al disponer la Asamblea  Departamental, por Ordenanza numero 1 8 de 1916, que la cabecera del  Distrito de Anaime se trasladara allí, ya había 114; edificios, y con posterioridad se han levantado muchos más. La mayor parte de ellos con de tapia pisada y teja de barro, y siete de dos pisos. Uno de es  la casa  consistorial, donde están alojadas todas las oficinas públicas, inclusive  la de Correos y Telégrafos. Ya está construido un buen local para Escuela pública de niñas, para lo cual se destinó una manzana, y esta en construcción otro semejante para la de varones, y también se empezó a edificar la casa cural. Hay por ahora una, regular capilla de bahareque y teja de  barro.

     La traslación formal de la cabecera del Municipio la hizo el 1° de  junio de 1916, pero la de la parroquia está todavía en Anaime, y la nueva  población no lleva este nombre sino que se le dio el de San Miguel por  suertes que echaron los accionistas. Los vecinos le agregaron el apelativo de su digno Obispo así es que al distrito se llama San Miguel de  Perdomo. En 1912 tenia Anaime 4,011. habitantes,

     Reunidos el Bermellón y el Anaime siguen con este ultimo nombre;  poco más abajo se junta con el río Toche, y entonces toma el nombre de Coello. Está tratándose de abrir un camino para comunicar el de Calarcá  con el del Quindío por la hoya del río Toche, lo cual facilitará grandemente el comercio de Ibagué y del valle del Quindío con las fincas de la región que atraviesa el camino de este nombre.

     La Real Audiencia encargó  don Andrés López de Galarza, hermano del Oidor de este nombre, de capitanear una expedición contra los pantágoras y fundar una ciudad en el Vallecito de Las Lanzas llamado (así porque los indios usaban lanzas). En esa expedición iba el Capitán Coello, quien se ahogó en el río a que dio su nombre. También formaban parte de la expedición Melchor Valdés y Bartolomé Talaverano. Los expedicionarios fundaron a orillas de la quebrada Bermellón y del río Anaime, el 14 de octubre de 1550, una población, a la cual dieron el nombre  de San Bonifacio de Ibagué. En 1551 la atacaron los indios pijaos, y por eso hubo que trasladarla de valle de Las Lanzas a su actual asiento, donde se levantó inmediatamente una capilla pajiza en el lugar que ocupa la catedral de hoy. Los primeros Alcaldes nombrados fueron el  Capitán Juan Cretón y Francisco Trejo  Alguacil Mayor, Pedro Gallegos;  Regidores, Juan de Mendoza Arteaga, Pedro de Salcedo, Domingo Coello,  Gaspar de Tavera y Miguel Oviedo; Escribano, Francisco Iñiguez.

     El Padre Zamora dice que en con tiempo se descubrió en el territorio de Ibagué una mina de azogue, la cual fue registrada en los libros reales.

     En el viaje que hizo en 1565 el Presidente de la Real Audiencia Venero de Leiva, resolvió fundar, de acuerdo con el Vicario General de los  Dominicos, fray Andrés de Santo Tomás, un convento de la Orden en la  nueva población, y se levantó el primer edificio en lo que en hoy colegio  de San Simón.

     En 1602 cayeron los pijaos sobre Ibagué y asaltaron el hato del Alcalde Gaspar Rodríguez. Con este motivo los Dominicanos representaron a la Audiencia diciéndole que si no enviaba fuerzas suficientes para defenderlos, abandonaban el convento. En 1604 volvieron los pijaos y destruyeron las estancias del Capitán Lorenzana. Para castigar estas  depredaciones se ordenó al Capitán Pedro de Herrera que se pusiera a la  cabeza de las fuerzas de Tocaima e Ibagué, y el Gobernador de Popayán.  dispuso que su hijo don Pedro de Mendoza y su sobrino don Jerónimo de  Figueroa se pusieran al frente de las  fuerzas de Cartago y obraran de  acuerdo con el Capitán Herrera.. A Mendoza y Figueroa los asaltaron los  indios entre Buga y Cartago, y les cortaron las cabezas. Esas expediciones no dieron mayor resultado, porque los indios se habían internado en,  la Cordillera después de destruir las sementeras, y por eso el Presidente del Nuevo Reino, don Juan de Borja, tuvo que ponerse a la cabeza de un verdadero ejército y salir a campaña contra los pijaos, a los cuales logró vencer en Chaparral combate en que murió Calarcá, jefe de los indios. El triunfo del Presidente don Juan de Borja sobre los pijaos y la  muerte de Calarcá, atravesado por una lanza por el indio Baltasar, fue celebrada en la iglesia del Rosario en Ibagué con Te Deum, y la lanza se conservó por machos años en el arco toral de la iglesia.

     El 19 de julio de 1606 volvieron los indios a atacar la ciudad, e incendiaron más de sesenta casas y las ermitas da Santa Lucía y el Humilladero, las cuales no se reconstruyeron.      En aquel tiempo dependían de Ibagué estos pueblos de indios, según  el Cosmógrafo Mayor de Indias, don Juan López de Velasco: Anaima, Oyaima, Doima, Combeima, Enaima, Chinagataima, Matagaima, Buelna,  Itandaima, Biracacaima, Mataima, Yago, Chumba, Tolima y Biracaima. De estos nombres se conservan la mayor parte, pero algunos de ellos adulterados. Felipe II  dio a Ibagué el título de ciudad y se concedió escudo de armas. En tiempo del Virrey Góngora. se conocían las minas de cinabrio, y él comisiono al sabio Mutis para que las reconociera. en 1780 vino a Ibagué con fuerzas el Jefe de los comuneros a José Antonio Galán, y los vecinos secundaron el movimiento en 1812 se reunieron, con el propósito de formar congreso, algunos diputados que no estaban de acuerdo con las ideas contratistas que primaban a en Bogotá. 

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