Para la prolongación hacia Cartago está hecho el estudio en
toda su extensión, y la línea, en rectas casi continuas en su
totalidad, tocará en todas las poblaciones de la banda oriental
del Cauca. La explanación va en el kilómetro 210, en el río
Amaimft, y se trabaja activamente en la construcción de puentes y
alcantarillas. En la estación de Cali están depositados 63 puentes
de acero de 10 pies de extensión para arriba, destinados a esta
vía.
Tres gravísimos inconvenientes han impedido que el
Ferrocarril avance con la rapidez que es de desearse y se proponía
la Compañía, la guerra universal, que no permiten traer material
del Extranjero ni conseguir un empréstito 2°, el grandísimo atraso
en los pagos que debe hacer el Gobierno, porque el producto de las
50 unidades de Aduanas del Pacífico se ha reducido tanto que no
alcanza ni para los gastos más urgentes, y aun han llegado casos
en que el Gobierno, por su apurada situación fiscal, se ha visto
obligado a echar manode los productos íntegros de aquellas Aduanas;
y 3.°, la no entrega oportuna de las zonas que el Gobierno tiene
obligación de facilitar y eso porque la mayoría de los dueños de
predios por donde pasa la línea han pretendido aprovecharse de la
ocasión para explotar el Tesoro publico, y porque la ley que regía
hasta hace poco no permitía efectuar la expropiación hasta después
de terminado el respectivo juicio y pagado por avaluó el valor de
la zona. Jamás tuvo en cuenta el dueño del predio el beneficio que
a éste reporta la proximidad a la vía. Casos se han presentado en
que los dueños de las zonas convinieron en recibir determinadas
sumas por ellas, y como la compra no podía hacerle sin llenar las
formalidades de la ley, al practicarse éstas ante el Poder
Judicial, con pérdida de muchos meses y la consiguiente
paralización de los trabajos, los avaluadores oficiales dieron a
estas zonas valores mucho mayores que los convenidos privadamente,
f no hubo más remedio que aceptar esos precios; y como el pago
nunca lo hacía, el Gobierno puntualmente, los trabajos seguían
paralizados.
La línea que debe seguir por el Sor hasta Popayán va ya en
Guaninte, en el kilómetro 34 a partir de Cali, donde antes no había
más que una casa y ahora se ve formando una población a la sombra
de la estación del Ferrocarril, la cual se inauguró el 14 de marzo
de 1916, En ese trayecto hay siete rectas que suman por junto 32
kilómetros, y en los otros dos las curvas son muy amplias. La
pendiente de la línea es suave, pues en la generalidad de ella
fluctúa entre el cuarto y el uno y medio por ciento. En dos
kilómetro esa gradiente aumenta algo hasta negar al dos y medio en
unos 300 metros. Pudo evitarse esto, y así quiso hacerlo la
compañía echando la línea no poco al Oriente, pero el Gobierno se
empeñó en que se prefiriera el primitivo estudio del trabado, diz
que por" , que por donde se construyó la línea quedando,
más corta, como si no fuera más económico y cómodo para el
porvenir hacer de una ves el esto en unas pocas decenas de metros
más.
Pasa la carrilera por entre grandes tiendas de propiedad de
Estado, y por consiguiente la regían m un poco despoblada casta San
Martín. Quizá por las condiciones de esas propiedades no se han
establecido casas de campo, hoteles y restaurantes a las orillas de
los bellísimos ríos que por allí se encontraran. Si eso se hiciera,
irían allí muchas familias y gentes de paseo y se establecería un
tren de recreo los domingos, que competiría ventajosamente con el
de La Cumbre, por los excelentes y numerosos baños que hay. En esos
ríos, que son el Cañaveralejo, el Meléndez, el Lili, el Pance, el
Jamundí y el Ríoclaro, hay puentes de estructura de hierro además
45 pontones del mismo material, y en la estación de Cali
están depositados los que habrán de colocarse en los ríos Guachinte
y Timba, de 60 y 110 píes, respectivamente.
El balastaje de la línea no está aún completo, pero sí es
de primera calidad en material.
En el kilómetro 14 está el paradero de Marañon para el
servicio de las haciendas vecinas, con casita de madera, de techo
metálico.
En el 17 hay otro paradero, sin edificio, llamado La
Vega.
Las primeras traviesas colocadas fueron de maderas comunes,
que ya se van pudriendo en gran número se están reemplazando con
otras de maderas de gran duración, traídas desde las playas del
Pacífico.
Las zonas no están todas cercadas por culpa de los dueños
de los predios.
Las líneas telegráfica y telefónica de este trayecto están
colocadas sobre postes de hierro, y hacen contraste con las del
Gobierno, que van sobre guaduas.
Casi paralela a la vía férrea, y, a poca distancia, en
mucha parte por el en verano excelente camino de herradura, va
construyéndose lujoso carretero, del cual están ya concluidos 12
kilómetros y colocados grandes puentes de hierro sobre los ríos
Cañaveralejo y Meléndez y muy adelantados los de concreto armado
sobre el Lili. el Guachinte y el Ríoclaro. Esto mientras que del
otro lado del río del Cauca, a poca distancia, donde están las
poblaciones de Palmira, Candelaria, Pradera, Santander, Caloto,
etc., nada efectivo se hace para mejorar siquiera sus vías de
comunicación.En el extremo noroeste de la población de Jamundí, en
el kilómetro 22, se construyó el edificio de la estación, el cual
es de ladrillo y techo metálico, con amplios andenes de cemento, lo
mismo que la espaciosa sala de espera, con buenos escaños, y las
piezas de despacho y habitación de los empleador las bodegas,
capaces, están muy bien pavimentadas con polines. Hay estanque de
hierro de 6,000 galones de capacidad, con bomba servida por
gasolina. La estación no tiene más empleados que un jefe, un
bodeguero y el bombero. Se inauguró el 6 de octubre de 1915.
En el kilómetro 27, en Ríoclaro, hay paradero sin
edificio.
En el extremo del enrielado, kilómetro. 37, en el lugar
llamado Guachinte, se ha establecido estación accidental con este
nombre, pero creo que se convertirá en permanente, porque por esos
lados va desarrollándose bastante movimiento. El edificio de la
estación es de madera y techo metálico, con bodega de guadua. Está
servida por un jefe, un bodeguero y un celador. En diciembre último
se embarcaron allí 989 pasajeros y 80.914 kilogramos de carga
local, Para la prolongación de 1a, vía hacia Popayán hay ya 20
kilómetros de explanación, pero faltan los rieles, difíciles de
conseguir hoy por la guerra universal.
En el Ferrocarril del Pacifico no se admiten pasajeros más
que de primera y de segunda. Los de primera pagan dos y medio
centavos por kilómetro entre Buenaventura, y Yumbo, y los de
segunda clase a uno y medio, entre Yumbo, Cali, Palmira y
Guachinte, a dos y uno centavos, respectivamente. El ganado mayor
paga a uno y medio centavos por kilómetro entre Buenaventura y
Yumbo, y a un centavo en el resto de la línea; el menor, a medio
centavo en cualquiera de los trayectos y las aves, a cinco centavos
por cualquier recorrido.
Para los trenes de recreo, que solo se ponen los domingos,
de Cali a La Cumbre y estaciones intermedias, el tiquete sirve para
la ida y regreso.
La carga se clasifica para su transporte en cuatro
categorías, y paga así por tonelada y por kilómetro: en toda la
línea a dos centavos la de la entre Buenaventura y Cali, a diez la
de 2.a, a quince la de 3.a y a veinte la de 4.a, y en el resto de
la línea a, cinco, ocho y diez centavos, respectivamente. El Carbón
mineral a un centavo en cualquiera de los trayectos. En
los paraderos se admiten pasajeros y carga como si tomaran el tren
en la estación inmediatamente anterior. Las maderas de construcción
destinadas a la población de La Cumbre sólo pagan por el trayecto
recorrido, y se reciben en cualquier punto.
Como equipaje no se reciben masque valijas de mano,
bastones, paraguas, abrigos y objetos de uso que puedan colocarse
en las canastillas de los carros o debajo de los asientos para que
no estorben a los pasajeros, y lo demás del equipaje paga como
carga de cuarta clase. Esta reforma la establecí yo hace unos tres
años para cortar los abusos y molestias que ocurrían, pues por
observación que he hecho sólo un 6 por 100 de los pasajeros en
nuestros trenes carga lo que puede clasificarse como equipaje, y
sin embargo un número muy considerable de los viajeros se presenta
a hacer aforar como tal, baúles, petacas, maletas, etc. llenos de
mercancías, víveres y aun artículos de prohibido transporte, y eso
a última hora, cuando la salida del tren no da tiempo para
verificar en contenido, lo cual, por otra parte, es operación muy
odiosa. Además, los portadores de verdaderos equipajes son casi
siempre personas acomodadas, quienes, cuando éstos pasan más de lo
que se les concede de franquicia, lo que: hacen para no pagar
exceso es tomar tiquetes prestados a otros pasajeros para amparar
esos excesos, o valerse de mozos de andén paró que hagan la
operación sin provecho para los pasajeros y con perjuicio de las
empresas ferroviarias. La moralizadora disposición que rige hoy en
este Ferrocarril ocasionó al principio algunas protestas de
logreros, y después todo el mundo se ha conformado con ella.
De Buenaventura para Palmira salen trenes dé pasajeros
lunes, jueves y sábado, de Palmira para Buenaventura, lunes y
sábado; de Cali para Buenaventura, lunes, jueves y sábado; entre
Cali y Palmira, trenes simultáneos, martes, viernes y domingo;
entre Cali y Guachínte, trenes simultáneos todos los días, menos
los domingos y entre Cali y La Cumbre, de recreo, todos los
domingos.
Cuándo la actual Compañía recibió el Ferrocarril de los
Masón estaba construido hasta Cisneros, en el kilómetro 55, y le
entregaron diez y nueve carros de empuje a mano para el servicio
de los trabajadores de la línea y uno para el Inspector; un coche
para pasajeros de primera uno para los de segunda., uno mixto y
ocho carros para carga y ganado dos plataformas y seis
locomotoras. Este material rodante se hallaba en tan mal estado,
que con excepción de cuatro locomotoras, todo se abandonó y
destruyó, y apenas pudieron aprovecharse unos pocos elementos de
los carros para construir otros.
En septiembre de 1917, al hacer los inventarios de lo que
debía considerarse como perteneciente a la explotación, para el
servicio de la línea del kilómetro 48 al 174 y del ramal a
Guanchinté, presentó la Compañía al Gobierno; diez y seis
locomotoras, nueve coches para pasajeros de primera, once para los
de segunda, cuarenta carros de carga , treinta y dos plataformas
de acero, ocho carros de reja para ganados, ocho góndolas de
acero, cuarenta y tres carros de empaje para trabajadores de la vía
y diez y seis para los inspectores, cuatro carros de motor de
gasolina, siete vagonetas de acero, de vuelco y de empuje, y
veinte carros de vuelco.
Además la Compañía tiene de su propiedad exclusiva para los
trabajos de la prolongación: cinco locomotoras, doce carros de
carga, dos para equipajes, treinta y cuatro de vuelco de 4 metros
cúbicos de capacidad, veinticuatro góndolas de acero, treinta y
cinco plataformas de acero, dos excavadoras de vapor, una grúa de
vapor, de capacidad de diez toneladas, y otra de dos toneladas, un
martinete movido por vapor y una grua con martillo de vapor.
Todas las locomotoras en servicio, menos dos, que ya casi
se acaban de adaptar en los talleres de Caldas, consumen ahora
carbón mineral en lugar de leña, con lo cual se ha obtenido grande
economía de tiempo y dinero y mejor reglamentación en el
servicio.
En el Valle del Cauca, casi por todas partes, se han
encontrado minas de carbón, pero aun no se las explota sino en
reducida escala y empíricamente. Sin embargo, la tonelada del de
buena calidad no cuesta sino de $ 5-50 a $ 6, según la estación
adonde se lleve.
Prescíndase de la comparación que puede hacerse entre el
estado de la línea construida por los actuales contratistas, de
los edificios levantados por ellos y del materia rodante con que la
dotaron, con lo que sobre eso hicieron los anteriores, y para
apreciar la labor de la nueva compañia
fijémonos solo en estos datos:
Los anteriores contratistas, en veintinueve años, de 1878 a
1907, construyeron 55 kilómetros de carrilera, que costaron a la
Nación alrededor de $ 4.719,000, esto es, a poco más de $ 85,800
el kilómetro, a menos de 2 kilómetros por año. La actual compañía,
en diez años escasos; de fines de 1907 a hoy, tiene construidos y
en servicio 178 kilómetros, a más de 17 por año, que han costado a
la Nación unos $ 8.300,000, esto es, a menos de $ 45,000 por
kilómetro. Pero sí se tiene en cuenta que en esta suma están
incluidos todos los gastos de reconstrucción de la antigua
carrilera (lo del Boquerón destruido por la avenida del Dagua costó
muy poco menos de un millón de pesos,) lo de explanaciones hechas
de Palmira y de Guanchite en adelante y lo de compra de material
acumulado para prolongar la carrilera en estas secciones, resulta
que el kilómetro de lo construido por la actual compañía ha costado
a la Nación menos de la mitad de lo que le costó por contratos con
las primeras compañías.
La mayor ventaja para el país no consiste en la rapidez con
que se ha llevado la construcción en los últimos años, ni en las
buenas condiciones de ella, ni en el menor costo de la obra, ni en
el ejemplo de lo que pueden hacer sus hijos sin extraña
intervención en favor del progreso nacional sino que así no
estamos expuestos a pleitos y reclamaciones humillantes como los
que hemos tenido que sufrir por habernos entendido con
especuladores extranjeros.
Del Valle del Cauca, especialmente de Cali, se elevan
constantemente quejas contra los empleados superiores del
Ferrocarril, diz que porque con la gran masa de empleados
subalternos y obreros inferiores influye la decisivamente en
determinado sentido político en épocas de elecciones con ese
motivo, impresionado el Gobierno, hizo exigencias a la compañía
para que pusiera remedio al supuesto mal, y ésta en vio obligada a
crear el puesto de Súper intendente y confiármelo. Estuve allí
bastante tiempo, aun en épocas de elecciones, y convencido de que
aquellas quejas carecían en absoluto de fundamento, lo hice saber
así al Gobierno por conducto de la Gerencia de la Compañía,
renuncié el empleo y aconseje se suprimiera, porque era
absolutamente innecesario, y así se hizo. El hecho de conocer ya
mucho este teatro, pues administré el Ferrocarril en la primera
época del contrato es Muñoz y Borrero, y de ser mí filiación
política bien definida y probada en casi medio siglo de luchas,
creo que me abona como juez competente e imparcial para emitir
concepto sobre este asunto.
Para terminar la descarnada monografía del Ferrocarril del
Pacífico, permítaseme agregar unas pocas palabras en honor de
quienes más eficazmente han contribuido a la realización de esta
salvadora obra, y cuyos nombres deberían conservarse en la memoria
de los colombianos permanentemente como prueba de gratitud y
justicia: el doctor Manuel Murillo Toro, quien como gobernante de
la República firmó el primer contrato con la iniciación de la obra;
el General Rafael Reyes, quien como Presidente tomó tal interés por
ella, que si no fuera por él quizá la obra habría continuado al
paso y en las condiciones en que estuvo durante los primeros
treinta años; el doctor Carlos E. Restrepo, quien siguió con gran
brío y eficacia el ejemplo que le dio su antecesor Reyes; don
Francisco J. Cisneros, quien, además de haber ejecutado los
primeros trabajos, tiene el insigne mérito, nunca bien apreciado,
de haber sido el maestro, el creador de la escuela en que se ha
formado esa pléyade de ingenieros que honran al país, tan
competentes que hoy no hay un solo ingeniero extranjero en los
diferentes ferrocarriles de Colombia; los doctores Rafael Alvarez
Salas, Luis Lobo Guerrero, Julián Uribe Uribe, Juan de la Rosa
Barrios y otros que no nombro por no hacerme demasiado extenso, y
que han sido eficaces colaboradores de aquellos notables
ingenieros, quienes han sido los directores y organizadores de
todas las labores, secundando con admirable tino la acertadísima
dirección del Gerente de la Compañía, don Nemesio Camacho, brazo y
cabeza de ella.