Los trabajos se inauguraron el 15 de septiembre de 1878, y
en noviembre se dio aviso de que estaban hachos los estudios de la
línea hasta Cali y que tendría 138 kilómetros de extensión, 15
túneles y 103 puentes.
Los Estados de Antioquia y Cauca no pagaron con puntualidad
las sumas ofrecidas, y entonces, por medio de otro contrato de 15
de marzo de 1.880, aprobado por la Ley 54, de 5 de julio de esa
año, se convino que la Nación aceptaba la responsabilidad de esos
pagos.
Los títulos de los 200,000 hectáreas de baldíos fueron
entregados, y de ellas 20.000 estaban ubicadas en Panamá. el 20 de
julio de 1882 entregó el contratista construida la línea hasta
Córdoba (20 kilómetros), inclusive el puente del Piña, que
comunica la isla de Cascajal, donde está edificado Buenaventura,
con el continente. Este puente tenía 487 metros de largo, y costó $
163,336. También se Construyó el muelle, con costo de $ 80,235, y
quedó abandonado desde el principio, porque los buques no podían
atracar en él.
El señor Cisneros no pudo formar una Compañía en el
Extranjero, y por eso propuso varías veces la rescisión del
contrato, a la cual no accedió el Gobierno: a la cuarta solicitud
en ese sentido, y en atención a las quejas que había porque la obra
no adelantaba, al fin, el 22 de junio de 1885 se rescindió el
contrato, de acuerdo con las opiniones del cuerpo Legislativo. El
Gobierno recibió la obra el 20 de septiembre de ese año. La
carrilera tenía 27 kilómetros de longitud, y el trazado estaba
hecho hasta el 52. Lo recibido se avaluó en 1.780.882,
incluyendo el derecho de indemnización que se reconoció; y como
Cisneros había recibido $ 1.244,945, quedó un saldo de $ 588,937 a
su favor, inclusive $ 53,000 fijados por el perito tercero en
puntos en que no estuvo de acuerdo con los otros dos. Resulta que
los 27 kilómetros salieron costando a poco menos de $ 66,000. El
material rodante entregado por el contratista fue sólo dos
locomotoras y diez y nueve carros.
Los títulos de los baldíos fueron devueltos por el señor
Cisneros y el Gobierno le pagó. lo que le quedó debiendo.
La Nación cedió la empresa al Estado del Cauca el 9 de
diciembre de 1885, quien se comprometió a coronar la obra, pero
nada hizo, entre otras razones, porque en seguida se eliminó el
Estado y entramos en el régimen central; y mientras tanto lo poco
que había se iba echando perder por defectuosa administración.
Por la Ley 144, de 26 de noviembre de 1888, se autorizó al
Ejecutivo para comprar a! al Cauca los derechos que tuviera en el
Ferrocarril, destinó hasta $ 600,000 con ese objeto, y lo autorizó
también para continuar la obra por administración o contrato.
El Gobierno se hizo cargo de ella, y destinó las 50
unidades de las Aduanas del Pacífico y los $300,000 que la Ley 124,
de 13 de junio de 1887, votó cuando mandó hacer la emisión de $
12.000,000 en billetes, La Administración hizo algunas reparaciones
a la línea y al puente del Piñal, que se hallaban en malísimo
estado, y adelantó algo los trabajos, con gasto de $ 786,166 en
moneda corriente cuando se rescindió el contrato Cisneros, se
celebró uno con el apoderado del Conde de Gousencourt, el 1.° de
junio de 1886, que fue aprobado por la Ley 4a de aquel año. se
concedió al nuevo contratista privilegio por noventa y nueve años
para construir y explotar un Ferrocarril de Buenaventura al río
Cauca y otro de Bogotá al Magdalena, abajo de la desembocadura del
Carare, y también el caso de que no se presentaran propuestas más
ventajosas, para uno de Medellín al Magdalena o Cartagena y para
otro de Girardot a Cali o al Cauca. Los trabajos debían empezarse
dos años después de la (aprobación del contrato; las líneas serían
de 1 metro entre rieles; el Gobierno garantizaba con los productos
de las Aduanas el interés, del 7 por 100 anual sobre el capital
invertido, a razón de $ 42 000 por kilómetro.
El contratista depositó $ 50,000 para garantizar el cumplimiento
de las obligaciones que contraía; se le autorizó para fijar
libremente las tarifas. El Conde celebró un contrato con el
Departamento del Cauca, sobre cesión de los derechos de éste, y el
Gobierno no lo aceptó. Como los trabajos no se empezaron en el
tiempo estipulado el Gobierno declaró caducado el contrato el 28 de
marzo de 1889. El 8 de mayo siguiente se celebró otro con el mismo
Conde para construir un Ferrocarril de Buenaventura a Manizales,
pasando por Cali. Por este nuevo convenio el privilegio se limitó a
sesenta años y se contrajo el compromiso de garantizar el 7 por 100
sobre lo que se invirtiera en la reconstrucción del trayecto ya
construido, sobre la base de $ 49,000 por kilómetro. El Conde
traspasó esta con intención a una, Compañía francobelga; y como los
contratistas no pudieron cumplir sus compromisos y entablaron
reclamación, el 30 de junio de 1892 se celebró un convenio, que fue
aprobado por la Ley 87, de 10 de diciembre de ese año, por el cual
se declaró nulo el privilegio concedido, y se convino en devolver
el depósito hecho, con interés al 7 por 100, y en dar 40,000
francos por los gastos.
El 7 de agosto de 1890 se había celebrado contrato, que fue
aprobado por la Ley 16, de 18 de octubre de ese año, con James L.
Cherry, sobre privilegio de construcción y explotación de un
ferrocarril de Buenaventura a Manizales, pasando por Cali, por
setenta años, con derecho a establecer otras líneas férreas a las
fronteras del Ecuador, al Atrato, al Magdalena y al Putumayo; los
trabajos debían empezarse cuatro meses Después y estar construida
la línea hasta Cali a los cuatro años, el Gobierno garantizó el
interés del 4 1/2 y por 100 sobre lo que se invirtiera en la línea
de Buenaventura a Manizales, a razón de $ 38,000 por kilómetro y
durante diez y ocho años ; para el pago de estos intereses se
destinó el 50 por 100 del producto de las Aduanas del
Pacífico.
El contrato fue traspasado por Cherry a una Compañía americana,
y por ésta a otra. Los trabajos se iniciaron el 18 de septiembre de
1890; se estipuló que el ancho de la vía fuera de 1 metro entre
rieles, y después convino el Gobierno en que no fuera sino el de lo
ya construido ; en marzo de 1892 se de volvieron a Cherry $ 50,000
que había depositado para garantizar el cumplimiento de los
compromisos que contrajo, porque entregó construidos 14 kilómetros,
hasta Sucre, aprovechando los trabajos muy adelantados que habían
hecho hasta allí Cisneros y la Administración oficial. Cherry
introdujo dos locomotoras, un carro para pasajeros y otro para
ganados construyó dos defectuosos puentes de hierro sobre el río
Dagua y adelantó trabajos en 15 kilómetros, y para eso recibió $
620,294. No pudo seguir empréstito en el Extranjero para continuar
la obra, y como se vencieron los plazos fijados en el contrato, el
Gobierno le concedió una prorroga de dos años para dar al servicio
la línea hasta Cali y para importar 3,000 chinos para los trabajos,
pero el Congreso improbó el contrato que sobre esto se hizo, y
autorizó al Ejecutivo para declarar caducado el primitivo;
autorización de la cual hizo uso por resolución de 16 de octubre
de 1895. Después de mil contrariedades y de intervención de
árbitros y de tribunales de los Estados Unidos, terminó el contrato
Cherry, habiéndole costado a Colombia esa desastrosa y humillante
negociación $ 903,382 oro, fuera de gastos en honorarios y viajes
de abogados, ingenieros, etc. Los trabajos se abandonaron por más
de dos años hasta enero de 1897, que se hizo cargo el Gobierno de
la obra en malísimo estado y se concretó a restablecer el servicio
en lo construido.
El 9 de abril de 1897 celebró contrato con los señores
Ignacio Muñoz C. y Víctor Borrero. Las principales condiciones
fueron éstas: la línea hasta la estación de San José, en el
kilómetro 37, sería reconstruida mediante el pago de $ 320,000,
moneda corriente, que entonces equivalía a $ 160,000 oro, los
productos de ese trayecto se destinarían a atender a los gastos de
conservación y explotación, a razón de $ 400 anuales por
kilómetro, y lo que sobrara de eso se abonaría al Gobierno; en
diez años se adelantaría la construcción hasta Palmira; los
contratistas podrían fijar libremente las tarifas, pero sin
exceder las existentes; el Gobierno pagaría la construcción a estos
precios por kilómetro: de San José a Juntas, a $ 38,000; en el
Boquerón del Dagua-unos 12 .kilómetros, a $ 65,333; y de allí a
Palmira, a $ 40,000, todo en oro. Para atender a estos gastos se
destinaron 50 unidades del producto de las Aduanas de
Buenaventura y Tumaco, sobre los cuales se girarían libranzas que
ganarían interés del 8 por 100; los contratistas constituirían una
fianza de $ 50,000 si terminada la obra no se les había acabado de
pagar, sería preferidosen igualdad de circunstancias para
administrar el Ferrocarril hasta lacancelación de la deuda ;
también se les prefería para construcciones de líneas a Manizales
y Popayán y para un muelle en Buenaventura.
La construcción hasta San José se concluyó en octubre de 1897, y
en esemismo mes se empezaron los trabajos de prolongación, los
cuales se suspendieron en octubre de 1899, por haber estallado la
guerra civil. Durante ese contrato se gastaron en las obras
realizadas por Muñoz y Borrero $ 540,000 oro. El Gobierno asumió la
administración del trayecto que estaba en servicio y del camino de
herradura, que había estado a cargo los contratistas, y en
diciembre siguiente la confió al doctor Víctor Borrero ; en marzo
inmediato declaró el Gobierno suspendido el contrato de1897. Muerto
el doctor Borrero en diciembre de 1900, se encargó a don Ignacio
Muñoz C. de la administración, pero éste se separó prontamente y
entonces fue nombrado el doctor Ignacio Paláu En noviembre de
1901 una avenida del Dagua destruyó el puente de hierro de San
Cipriano los nuevos trayectos fueron abandonados, y volvió a
quedar el servicio sólo hasta Córdoba. Tanto la línea como el
material rodante estaban en malísimo estado.
Por contrato de Marzo de 1903, con don Ignacio Muñoz C. se
obligó éste a, reconstruir el Ferrocarril hasta el kilómetro 46, a
pedir el puente de hierro para San Cipriano, y mientras llegaba, a
construir uno de madera, y a restablecer el servicio en el término
de dos años, mediante el pago de $ 75,000, comprometiéndose el
Gobierno a dar como zapadores dos batallones de 300 plazas. Los
trabajos de prolongación no se empezarían sino después de
terminados los de reconstrucción y los de los dos kilómetros que
faltaban para llegar a Delfina. Mientras tanto el producto del
camino de herradura se destinaría a la conservación de la línea
férrea.
El Ingeniero Interventor rindió informe sobre el mal estado de
la línea, y como los zapadores no prestaban servicio apreciable, el
Gobierno resolvió rescindir el contrato en 1904, y para ello
comisionó al Gobernador del Cauca. y al General Jaime Córdoba para
que sé entendiera con el señor Muñoz C. Al fin, en septiembre de
este último año, se llegó a un arreglo, mediante el cual se
traspasó el contrato al Departamento del Cauca, reservándose la
Nación el derecha de tomar la empresa por su cuenta si encontraba
contratista que se comprometiera a llevar el Ferrocarril hasta la
capital da la República pero poco después la Gobernación del Cauca
dio aviso de que estaba en incapacidad para hacerse cargo de la
obra. Entonces se celebró un nuevo convenio con Muñoz C., en
diciembre de 1904, por el cual se prorrogó por un año el tiempo
fijado para la reparación de lo construido y colocación del puente
de San Cipriano; y como los zapadores fueron retirados, se
reconocieron a Muñoz C. $ 160,179 oro, por los jornales de los
trabajadores que los reemplazaron; por obras que hizo, no
estipuladas en el contrato, se le reconocieron $ 20,000, y por la
herramienta, enseres y trabajos ejecutados de 11 de enero a 11 de
febrero de 1906 se le reconocieron $ 100,000.
Mientras que los señores Muñoz y Borrero manejaron el
ferrocarril, de 1897 a febrero de 1906, se gastaron $ 1.013,251 en
reconstrucción de la línea, cuando la entregó Cherry en abandono y
después de la guerra, en explotación, en conservación, en dos
puentes de hierro traídos para el Dagua en San Cipriano y San José,
y en la prolongación de 12 kilómetros.
Desde febrero de 1905 se inició contrato con los americanos
Eduardo y Alfredo Masón, y sólo se perfeccionó el 30 de diciembre
de ese año.
Estos señores se hicieron cargo de la obra el 10 de febrero de
1906 y se comprometieron a reparar la línea desde Buenaventura a
Delfina, cambiando todas las obras provisionales por de
construcción y materiales permanentes, a prolongar y equiparla
hasta Palmira, el término de cinco años, y por el traspaso que les
hizo Muños C. le reconocieron quinientas acciones pagadas de a $
100, en la empresa, el 10 por 100 de las utilidades líquidas de la
explotación de carboneras y $ 84,897 por gastos hechos por el mismo
Muñoz. El contrato con los Mason se celebró antes de estar
rescindido el de Muñoz.
Los nuevos empresarios no pudieron conseguir capital en el
Extranjero para continuar la obra, y ocurrieron al Banco Central de
Bogotá, quien les prestó $ 75,000, para lo cual dieron como
garantía, la concesión del privilegio, y no pudiendo cumplir sus
compromisos con este establecimiento, le traspasaron el contrato el
6 de julio de 1907. El Banco el hizo cargo de la empresa el 22 de
agosto siguiente. Aunque el acuerdo se hizo con ambos Masón,
Alfredo entabló reclamación contra el Gobierno por $ 10,000,000;
pero Eduardo desautorizo esas pretensiones, y todo quedó terminado,
comprometiéndose el Banco a pagar a los Masón $ 100,000. quienes
traspasaron también los contratos que tenían para prolongar el
Ferrocarril hasta Cartago y para el estudio de las líneas de esta
última ciudad a Ibagué y Amaga.
El Banco Central traspasó sus contratos el 3 de febrero de
1908 a la compañía del Ferrocarril del Pacifico, en la cual no
quisieron tomar acciones los caucanos. El de 30 de diciembre de
1905 se reformó con elde 23 de enero de 1908 en el sentido de que
la Compañía se comprometíaa construir los trayectos de, Palmira a
Popayán y a Cartago y un ramala Santander (Quilichao), en la forma
y condiciones de aquel contrato,todo es el término de diez
años.