Tiene dos entradas por el mar, la una al Este, entre la isla
de La Palma y el continente por la playa de Bazán, y la otra entre
el costado Norte del bajío de Los Negritos y la punta Sur de la
playa de Juanchaco. La primera entrada no tiene mayor profundidad
ni es regular o uniforme en toda su extensión, y tiene muchos
bancos de piedra que no se ven sino en la marea baja , en uno de
ellos chocó y se perdió hace poco el vapor Buenaventura de la línea
costanera fluvial. En la otra, la parte profunda es muy estrecha y
no tiene capacidad para barcos de bastante tonelaje y calado. Esta
entrada va casi de Occidente a Oriente unos 4 kilómetros como
buscando la depresión de la cordillera que da nacimiento al río
Calima, y tiene anchura variable de 1 a 3 kilómetros; la tierra de
los lados es baja generalmente, pantanosa y cortada a cada paso por
grandes esteros, como el de guarataco, de más de 800 metros de
ancho. La tierra de las pequeñas colinas adyacentes a la ensenada
es blancuzca, cascajosa y deleznable, impropia para la agricultura,
por lo cual no hay cultivos por allí. como es natural, porque caen
en estas costas aguaceros torrenciales casi diariamente y aquellas
colinas están pobladas de vegetación, se forman fuentes más o menos
grandes que desapareces o disminuyen considerablemente con cuatro o
seis días de seca.
Así es que puede considerarse que los terrenos que están
cerca de la ensenada no tienen fuentes permanentes de agua potable
suficientes para atender a las necesidades de un poblado que se
estableciera por allí, pues los ríos San Juan y Calima desembocan a
gran distancia. El fondo en toda su extensión es un arrecife de
roca granítica tan irregular, que en un círculo de 50 metros se
encuentran profundidades de una hasta catorce brasas. Sobre todo
esto el mayor defecto de la ensenada es que está desabrigada, y no
presta seguridad a las naves que allí anclen para defenderse de los
vientos que soplan con violencia de mayo a diciembre por el Norte,
y de junio a octubre por el sur. Por esos lados no hay el más pobre
caserío, y en el archipiélago de islas pequeñas, estériles y sin
agua de que está poblado, no alcanzan a una docena los ranchos
miserables de gente infeliz que vive de la pesca. La bahía de
Buenaventura tiene la grandísima ventaja, sobre la de Málaga, de
ser muy fácil de defender de ataques de enemigos exteriores.
Si esta ensenada fuera aprovechable como puerto de medianas
condiciones, y si las tierras que la limitan fueran propias para la
agricultura, con seguridad que habría algo de población y
cultivos.
Desde La conquista y durante la época de la Colonia y de la
República fue una preocupación constante de gobernantes y hombres
de negocios y de empresa encontrar una salida expedita para el
Pacífico, y no se halló más que la vía del Dagua a Buenaventura.
Los Gobiernos españoles enviaron expediciones científicas a
estudiar las costas y los puertos de sus colonias, y ellas hicieron
sondajes y levantaron planos. Por cuenta del Almirante inglés se ha
hecho lo mismo repetidas veces. Cuando todavía era Buenaventura un
caserío sin mayor valor, el Gobierno envío en 1857 al notable
ingeniero don Lino de Pombo a estudiar la, ensenada de Málaga para
ver si convenía trasladar allí el puerto, más tarde el señor
Cisneros trajo del Extranjero ingenieros competentes para que
estudiaran y decidieran cuál era el lugar más conveniente como
punto de partida del Ferrocarril cuya construcción contrató a fin
de ver si podía evitar el grandísimo gasto de rellenar extensos
esteros en malísimo clima y donde las provisiones de boca costaban
un sentido, el no menor de construir el largo puente del Piñal para
pasar de la isla al continente.
Si el Gobierno español no cambió el puerto; si don Lino de
Pombo no lo encontró digno de recomendarlo; si el señor Cisneros se
decidió por Buenaventura, y en su informe al Gobierno expuso las
razones que tuvo para ello, y si en los planos del Almirantazgo no
está marcado Málaga como puerto aprovechable, sin dada es por algo
poco favorable a esta ensenada. Digo que en los planos del
Almirantazgo no se recomienda a Málaga, porque en uno de mis viajes
por el Pacífico hablé sobre esto con uno de los altos empleados de
la Compañía inglesa de navegación, quien así me lo dijo, me mostró
los planos que llevan los buques que en nuestras costas hacen el
servicio, y agregó que durante muchos años había recorrido él estas
costas estudiándolas y haciendo sondajes palmo, a palmo.