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     El Concejo tiene dictado un Acuerdo por el cual manda establecer  dos restaurantes escolares para dar diariamente veinticinco desayunos a niños indigentes.

     En un principio Buenaventura no fue cabecera de parroquia sino  una dependencia de la de Raposo, cuyo Cura venía de paso a administrar  los sacramentos. Suprimido este Curato, se pasaron los archivos al puerto, pero los libros desaparecieron en el incendio de 1881. Sólo se sabe que  el primero que desempeñó el ministerio por algún tiempo aquí fue el  presbítero Buenaventura Jiménez, y que en 1872 ya lo ejercía. Probablemente la eliminación de aquel Curato y creación de éste se hicieron en 1870, cuando vino de visita pastoral, y pasó a Raposo, el Obispo de Popayán, ilustrísimo señor Carlos Bermúdez. Al señor Jiménez lo siguió  como Cura accidental por algún tiempo el presbítero Juan Evangelista  García Vernaza. Después de éste sólo se presentaban de tránsito algunos  sacerdotes a celebrar ciertas festividades religiosas. En 1891 ya hubo  Cura propio, que fue el presbítero Alejo María Marulanda hasta 1906  lo sucedió el presbítero José Ramón Bejarano hasta 1912, que entró de  Cura el actual, presbítero Zabulón B. Hoyos.

     Antes no había más que un rancho pajizo que hacía de iglesia; se  incendió, y el presbítero García Vernaza emprendió la construcción de  una de tablas, y la dejó techada con láminas de hierro. En 1896 ya casi  todas las tablas estaban podridas, y el presbítero Marulanda empezó la  reparación; entonces los contratistas del Ferrocarril me autorizaron para  preparar gratuitamente en los talleres de la Empresa todas las maderas que se necesitaran. Con posterioridad se concluyó la reparación, y hoy la  iglesia, que es toda de tablas, sin mayor adorno, menos el techo, que es  metálico, no presenta mal aspecto en su interior; el actual Cura está reemplazando los pavimentos de tablas  por cemento. Es de capacidad más que  suficiente para los fieles que a ella concurren. Está en una providencia que  forma la isla al morir en la bahía, casi en el centro de lo más poblado y comercial, a la orilla de la carrilera del ferrocarril. Tiene altar y  púlpito regular, y muy pocos reclinatorios y bancas. Carece de torre  su frontis es muy infeliz, y tiene bonito y alto atrio formado por gradería  de piedra labrada y cemento.

     A los lados de la iglesia hay dos casas de dos pisos, de tabla íntegramente, con techos de  teja metálica, de las cuales la una es la cural, que  tiene podrida casi toda la madera del piso alto, y la otra está alquilada  para Escuela pública.

      En 1894 estableció alambrado eléctrico en Buenaventura el mecánico  irlandés John Oneil, y estuvo funcionando como año y medio; pero  como sólo colocó unos 250 focos, que le pagaban a $ 0-50 cada uno por mes, aprovechó la primera ocasión que se le presentó y vendió la planta al señor Apolinar Sierra, para llevarla a la hacienda de San José, en   el Distrito de Palmira, y él mismo se contrató para trabajar allí en fábrica,  de azúcar y licores, el alumbrado público consiste hoy en 36  lámparas alimentadas con petróleo.

     Agua potable no hay, ni se consume otra que la de lluvias, la cual se  recoge en los techos de las casas, en canales metálicas, o de guaduas si los  techos son pajizos, y se recibe en estanques o barriles de metal o de  madera, pues en la isla no hay una sola corriente que sea utilizable para  usos domésticos, sino sólo unos dos o tres sedientos resumideros, que no se  emplean más que para lavar la ropa de los negros y de la gente más pobre pues la de la medianamente acomodada o delicada se lava con el agua  lluvia o se lleva lejos de la isla, porque la de aquellos resumideros producen  con frecuencia manchas en el cuerpo, llamadas aquí carate  de agua.

     Colocados donde puedan recoger bastante agua de lluvia de la  Que cae sobre edificios, y para el abastecimiento del público, hay cuatro  tanques de acero de capacidad de 6,500 galones cada uno, sobre bases de  mampostería. Dos de ellos los dio la Nación, uno los empresarios del  Ferrocarril, y el otro lo costeó el Distrito.

      Aquí todo el que toma baños lo hace en su casa, con agua de los  depósitos, y esa es la misma que se consume aun para alimentar los  depósitos de las locomotoras. A pesar del gasto que esto demanda, es  tanto lo que llueve, que rara vez tiene que pasar al continente una locomotora   a llenar sus depósitos.

     Los baños en el mar sólo pueden tomarse, y eso con peligro y dificultad  en la parte alta de la población, bajando por un despeñadero  muy poco frecuentado. En la parte baja, cerca del abandonado muelle no se baña nadie, por la profundidad del mar, por la violencia de la corriente marina y por temor justificado a voraces peces; y al frente, menos, porque cuando sube la marea siempre está allí el agua extraordinariamente sucia e inmunda.

     Actualmente se inician trabajos para hacer una gran cisterna de  piedra y cemento en la parte alta del poblado para recoger agua lluvia, con  $ 400 que votó el Departamento y la colaboración desinteresada de  ingenieros del Ferrocarril.

     Una casa norteamericana y una antioqueña han hecho últimamente  propuestas, que parece que no se han considerado debidamente, para  dotar a la población de agua potable y de alumbrado eléctrico. el , censo de Población de 1870 da a Buenaventura 3,991 habitantes el de 1905 le da 12.195, y 6,470 el de 1912, uno especial de 1914 le da 6,304  |1 . No es que en siete años se haya rebajado casi a la mitad la población  pues más bien ha aumentado, ni que se haya segregado parte del territorio,  sino que los censos en el país son malísimamente levantados,

     La propiedad raíz urbana está anotada en el catastro de 1913, que Es el ultimo que hay, con valor de $ 588,160, y la rural en $ 10,200.

     En enero del presente año hubo 21 nacimientos, y de ellos sólo siete de hijos legítimos, 6 defunciones y ni un matrimonio.

     Diariamente se beneficia ganado, que es traído todo del Valle del Cauca  por el Ferrocarril; en enero último se dieron al consumo 590 cabezas del mayor y 20 del menor.

   La renta de licores; produjo en once meses de 1917, a partir de febrero $ 36,586-30 la de degüello, $ 1,230, y la de tabaco, $ 676-68, pero de esto último hay que devolver todavía algo cuando se presenten las tornaguías del tabaco  llevado al Chocó. 

    El impuesto de consumo en 1917 produjo $ 7,176-80 en el mes de enero del presente año, $ 2,550-53, estampillas de timbre se vendieron en el mismo año por valor de $ 14,318-93, y papel sellado por $ 1,834-80, y en enero del presente, $ 913 y $ 153-40, respectivamente.

    Hay establecido un  impuesto de $ 0-10 mensuales, llamado de aseo, por cada metro lineal de las casas, y otro de medio y un centavo, respectivamente, por vía de alumbrado, por metro lineal de las casas, sí son altas o bajas.

    Como impuesto de consumo se cobran $ 0-05 por cada arroba de artículos alimenticios que se dan a la venta, excepción hecha de maíz, y yucas, plátanos, cocos y pescados, y $ 1 por cada 100 kilogramos de productos industriales procedentes de otros lugares.

    El presupuesto de rentas para el presente año asciende a $ 25,760: de él están apropiados $ 4,116 para instrucción pública, $ 4,503 para obras públicas y $ 1,700 para beneficencia.

    Según cuadros estadísticos formados en la Oficina Central de Cali, en 1915 había en Buenaventura 758 cabezas de ganado vacuno, 4,660 del de cerdo, 205 lanar, 80 cabrío, 500 mular y 20 asnal. Esto es exageradísimo por exceso, pero sí sirve para que los que conocemos el Distrito podamos apreciar lo que es la estadística.

    Hay cuatro comerciantes introductores del Extranjero y cuatro exportadores, y además unos pocos negociantes que se proveen de ciertos artículos en Panamá.

    En el puerto hay establecidas seis casas de chinos, tres de sirios. una de italianos y una de suizos.

    Hay dos boticas.

    Tres hoteles.

    Una fotografía.

    Una dentistería.

    Una fábrica de jabón.

    Una de velas.

    Una de hielo y una de aguas gaseosas.

    En materia de billares, sí está muy adelantado Buenaventura, pues hay seis muy concurridos; y también hay gallera.

    Como dato curioso para que pueda apreciarse el espíritu comercial de la gente de estas regiones, anotaré que aquí, a poco más de seis horas de distancia por el tren del Valle del Cauca, la región más rica en ganadería del interior de Colombia, casi no se consume más mantequilla y lecha que la que viene en latas de los Estados Unidos, y cuando por casualidad hay del país cuesta la primera a $ 1 la libra, y la leche a $ 0-25 y $ 0-30 la botella.

    El lugar del cementerio se ha cambiado tres veces, de que yo tenga noticia cierta, y es tal que ni siquiera está cercado.

    Hay trece Agentes de la Policía del Departamento y ocho del Municipio, sin uniformes. Dos de ellos hacen el servicio de serenos, menos en las noches de sábados y domingos, que se aumenta el número porque hay  bastantes borracheras y desórdenes.

    No hay reloj público, y por la noche se dan las horas en una campana de la estación del Ferrocarril.

    Tampoco hay hospital, pues el que sostenía la Empresa del Ferrocarril se pasó a la población de Caldas Por fortuna ahora es raro que se preste su caso de beriberi, tan frecuente antes, que aun yo fui atacado de esa terrible enfermedad cuando estuve encargado de la administración de la Empresa.

     De la población no parte camino alguno para tierra fuera de la vía  férrea.

     En tiempos antiguos se elaboraron algunas minas de oro a orillas del  río Dagua, en Calima y Raposo ; ahora ninguna.

     La primera imprenta fue introducida por don Rodolfo Velasco. en  1880, y el primer periódico que se publicó fue El Isleño. Hoy hay una imprenta, y se publicas dos periódicos de información y política, con poca  regularidad.

     Fuera del teléfono del Ferrocarril no hay más que una corta línea para  entenderse entre sí los Jefes de las Oficinas Telegráfica y del cable.

     Lo que llaman plaza de mercado es un lote estrecho y de piso muy  desigual a la orilla de la carrilera, con algunos ranchitos cubiertos con  desechos de teja metálica. Allí se reúne poca gente a vender y comprar escasas provisiones de boca, y lo admirable es que estando a la orilla del  mar y a poca distancia de la desembocadura del Dagua, ricos en todas  clases de peces y mariscos, casi no se encuentra de esto; en las mañanas  algo ofrecen en venta de puerta en puerta, pero en reducida cantidad y menos variedad, y por eso el consumo es poco. En estos momentos el Conejo trata de construir una plaza cubierta en lote central, y de reglamentar las ferias, pues las actuales carecen de organización.

     De 1915 para acá se está explotando en los bosques de las llanuras

del Pacífico una resina conocida en los mercados extranjeros con el nombre de balata, que tiene muy buen precio en ellos. Es producida por el árbol llamado ahora níspero, y que comúnmente se le había dicho siempre

 por acá guayacán trapichero, de excelente madera de gran duración; pero  ahora no puede utilizarse ésta porque está prohibido cortar el árbol, aunque resalta que cuando se le pica para extraerle la resina se seca. De marzo a diciembre de 1915 se exportaron 7.65 kilogramos de balata;  en el año de 1916 ya fueron 15,755, y en los seis primeros meses del  año pasado la exportación subió a 103,089.

     Parece que la Oficina de correos se estableció formalmente en Buenaventura en 1844, pues en ese año se celebró el primer contrato para transportar de aquí las valijas. En 1847 ordenó el Gobierno a nuestro  Ministro en Londres que comprara buques para ese servicio, pero nada  se hizo.

     La Oficina tiene el carácter de agencia postal, con un Jefe que gana  $ 100; un Contador, $ 50; un Oficial de Recibo y Despacho, $ 40; un Ayudante de éste, $ 35; un Encargado de las Encomiendas Postales, $ 45; un Oficial de Lista, $ 40, y Portero Escribiente, $ 30. Para útiles de escritorio  está apropiada la partida de $ 30 mensuales, y la de $ 5 para alumbrado.  Sí se tiene en cuenta el clima y lo cara que es  la vida, porque todos los artículos alimenticios hay que traerlos de fuera, estas dotaciones los bajas, y por eso no siempre se encuentra personal idóneo y han ocurrido tantas irregularidades en el manejo de los fondos y dé las encomiendas postales.

     Los autores de esas irregularidades han quedado siempre sin castigo cuando no se les ha premiado con puestos mejores,  nunca se ha hecho efectiva una fianza.

     Diariamente se recibe y despacha un correo por el tren del Ferrocarril con Cali y las Oficinas intermedias; uno quincenal con el Extranjero para el note y para el Sur, y este último toca en Tumaco; uno semanal, en goletas, para el Chocó por el río San Juan e Istmina, y otro del mismo modo para los puertos nacionales de la costa, sur del Pacífico. El servicio postal férreo y fluvial lo establecí yo.

 

 

1  El censo de 1918 le da 8,827 habitantes.

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