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A 8 decapitaron a García Rovira, general que fue de las tropas de la Unión, y el que perdió por su impericia el ataque de Cachirí, pues si él se porta como buen militar, no era Morillo el que había entrado a esta ciudad; pero convenía que los españoles entrasen para que se desengañase tanto realista, y afirmarse el patriotismo, pues mientras más crueldades haya, más firmes hemos de estar en nuestro sistema. ¿Y en qué puede al fin topar? En perder la |motola. Piérdase enhorabuena, que algún día habrá quien diga: ¡Viva la patria! Y éste era presidente del gobierno general cuando entró el congreso por la fuerza a esta capital. También |decapitaron a un muchacho Céspedes, hijo de un capitán que había sido del Auxiliar; al gobernador de Pamplona, Fulano Peña; a un granadero del regimiento de Victoria que había sido oficial en las tropas patriotas. A éste y a Rovira los colgaron en la horca después de que los pasaron por las armas, y los sepultaron en el cementerio.11

A 14 se comenzó a hacer el puente de San Juanito.

A 29, a las ocho de la mañana, sacaron presos en sillón y con grillos, para Cartagena, a los sujetos siguientes: a don Luis Eduardo de Azuola, brigadier; a don José Santamaría, tesorero de la Casa de Moneda, coronel y comandante del batallón de |Patriotas; a don Camilo Manrique, capitán de |Patriotas, nieto del presidente Manrique; a don Sinforoso Mutis, teniente coronel de |Patriotas, el director de la botánica; a don Pantaleón Gutiérrez, coronel de caballería, hombre rico; a don Dionisio Gamba, abogado y secretario del gobierno; a don José María Castillo, gobernador que fue de Tunja y de esta ciudad; a don Manuel Pardo, ministro del tesoro público; a don Estanislao Vergara, hombre hacendado; a Florencio Ortiz, fabricante de sombreros, que esto fue su más delito. En este mismo día arcabucearon en la plazuela de San Francisco al doctor don Joaquín de Hoyos, abogado, pues no se perdonaba a ninguno que fuese hábil o rico: a los unos, por privar las luces para que siempre vivamos en la ignorancia, y a los otros para echarse sobre sus bienes.

A 31 arcabucearon en la plazuela de San Francisco al doctor don Ignacio Camacho, abogado, y al doctor don Nicolás Ribas, coronel del segundo escuadrón de caballería. En este mismo día arcabucearon a don Mariano Grillo y a su hijo en Facatativá. ¿Ya ve el señor congreso en lo que va parando? Yo lo dije varias veces sin ser profeta. | 12 |

Septiembre. A 3, martes, arcabucearon a siete en la plazuela de San Francisco, y entre ellos un español: sus nombres no los he sabido, porque eran forasteros, pero se pondrán a la hora que lleguen a mi noticia. | 13

A 8 se huyó el doctor Miguel Ibáñez del colegio de Santo Tomás, que era la cárcel donde estaban todos los presos y de donde los sacaban para el patíbulo, y que había más de 300. Recibió el parte de la huída del doctor Ibáñez el general Morillo, estando en comedia en el coliseo, pues todos los días de fiesta había comedias y bailes en el coliseo. Por este motivo hizo meter al otro día en capilla a don Bernardo Alvarez, que fue presidente y dictador en el gobierno; a don José María Arrublas, mercader grueso, miembro que fue del tribunal de vigilancia, y a don Manuel García, escribano real que había sido, y en la patria, capitán retirado, congresista. Los arcabucearon en la plazuela de San Francisco el día 10, y este mismo día arcabucearon a un soldadito caraqueño, y degradaron a un oficial, también caraqueño, en un tablado que hicieron en la misma plazuela, un poco antes que llevaran a los otros.

A 11 arcabucearon en la misma plazuela al capitán que había sido del |Auxiliar, don Dionisio Tejada.

A 12 sacaron presos para las bóvedas de Puertocabello a los sacerdotes siguientes: al doctor don Juan de Dios Pey y Andrade, arcediano de esta santa iglesia; al señor provisor y vicario general, doctor don Domingo Duquesne, canónigo y gobernador del arzobispado; al señor doctor don Fernando Caycedo, penitenciario de esta santa iglesia, que era el que corría con la obra; al doctor don Manuel Santos Escobar, canónigo de Popayán; al presbítero Pey, hermano del señor arcediano; al doctor Omaña, cura de esta santa iglesia catedral; al doctor don Pablo Plata, cura también de esta santa iglesia; al doctor Castro, cura de Ocaña; al doctor don Carlos Suárez, cura de Firavitoba; al doctor don José Antonio Rueda, cura de Neiva; al doctor García, cura de Tuta; al doctor Pérez, cura de Usme; al doctor Gómez, presbítero, llamado por mal nombre |Panela, hombre muy curioso y habilidoso, que en una ocasión lo tuvo preso el obispo Marfil, y le hizo un rosario de marfil de cuentas regulares y escrita en todas las cuentas la |Magnífica entera y completa. Usaba sombrero y botas, y tenía otra infinidad de habilidades; al doctor don Antonio Vergara, cura de Puebloviejo; al doctor Cogollos, cura de Barichara; al doctor Rocha, cura de Ramiriquí; al doctor Mendoza, cura de Pore; al señor doctor Losada capellán del Carmen de esta ciudad; al reverendo padre Padilla, prior y provincial que fue varias veces de este convento de San Agustín, y el que fue a Roma al capítulo general ahora 30 años, y que fue presidente del congreso; al reverendo padre Florido, de la Orden de San Francisco.

En dicho se concluyó el puente de San Juanito.

A 19 arcabucearon en la plazuela de San Victorino a don Antonio Ricaurte, a Manuel Cifuentes, a un negrito que fue de Bolívar, y a un tal Ordóñez. | 14

Octubre. A 2 trajeron trece presos de Popayán, entre ellos al señor doctor Rosillo, canónigo de esta iglesia; a los dos presidentes que habían sido de aquí, Torices y don Camilo Torres; al marqués de Casa-Valencia, grande de España, que se había hecho al bando de los patriotas.

A 4 se les hizo consejo de guerra a estos tres y al doctor Avila, e inmediatamente que salieron del consejo los metieron en capilla, y el día siguiente los arcabucearon en la plaza mayor. A Torices y a Torres los arcabucearon debajo de la horca, y después los colgaron en la horca, por no haber verdugo, porque la sentencia fue de horca. | 15 |

El día 10 se concluyó el puente del Carmen.

A las cinco y media de la tarde bajaron los cuerpos de la horca, y les cortaron las cabezas; la de Torices la pusieron en el camino de San Victorino, y la de don Camilo Torres, en la de San Diego, en unas jaulas.

A 12, arcabucearon en la plazuela de San Francisco a don Salvador Rizo.

A 18, arcabucearon en la plazuela de San Victorino a un tal Morillo, natural del Otrovalle, hombre valiente, que después de tener tres heridas mortales mató a un oficial de los realistas en el ataque de Popayán. | 16 |

A 20 llevaron presos también para Puertocabello 22, entre clérigos y frailes, que se ha visto iban custodiados de soldados déspotas, crueles y desvergonzados, que dicen que el tratamiento que les dieron en el camino fue tan malo, que al padre Carbonell, de la Orden de San Francisco, le rompieron la cabeza y lo querían matar. Los trabajos que padecieron en esta cruel jornada ni ellos, que los sufrieron, son capaces de enumerarlos. Lo cierto es que a los lugares que llegaron los encerraban en las cárceles; la ración que les daban de carne y otras cosas era cruda, pues los ponían en fila y les iban repartiendo, pues muchos, después de regar aquella ración con lágrimas, así cruda se la comían, que muchas ocasiones la prisa de la partida, no les daba lugar a rogar quien les cocinase aquello, y si lo daban lugar a comerlo o lo cogían en la mano y por el camino lo iban comiendo, esto es, si daba la suerte que lo trajesen a tiempo, y si no se solían quedar enteramente sin ello.  Puede ser que algún día en la historia general se sepa lo que esos infelices padecieron.

A 22 arcabucearon en la plaza mayor a don Francisco Cabal, hermano del que |decapitaron en Popayán.

A 23 entró don Juan Sámano, general de las tropas del sur, y el mismo que fue aquí comandante del |Auxi |l |iar, el que juró e hizo jurar las tropas en la plaza y dijo que defendería él y las tropas la patria, hasta derramar la última gota de sangre, y lo cumplió con pedir su pasaporte el año de 11 y venir después con un poderoso ejército contra esta ciudad, el que fue derrotado por el general Antonio Nariño en el valle de Popayán.

A 25 arcabucearon al Curro, capitán de la artillería, español pero buen patriota, y a Monsalve, en la plazuela de San Victorino. | 17 En este mismo día se hizo una hoguera en la plaza y a las once vinieron todos los inquisidores y en medio de ellos traían un carro lleno de todos los papeles así manuscritos como todos los impresos que habían salido en tiempo de la patria, como fueron sermones, gacetas, bagatelas, boletines y demás. De estos papeles tengo algunos que liberté enterrándolos, aunque varios quemé, que después me pesó. En la punta de una vara traían el retrato de un colegial, que era el del doctor don Frutos Gutiérrez, colegial de San Bartolomé, y lo echaron en la hoguera, junto con todos los papeles, y mientras se hizo este sacrificio tocaron las campanas a descomunión.

A 30 |decapitaron en la plazuela de San Francisco al doctor Caldas, gran botánico, al doctor Ulloa, al doctor Montalvo, abogado y el que había corrido con |La Gaceta, y a un catalán Buch. Murieron todos con grande fervor y muestras de grande arrepentimiento. Dios tenga las almas en el cielo de estos mártires de la patria. Amén. | 18

Noviembre. A 8 decapitaron a un tal Chacón en la plazuela de San Francisco. | 19 |

A 10 entró el señor obispo de Mérida, doctor Lasso, canónigo que había sido de esta santa iglesia, que pidió su pasaporte en tiempo del presidente Nariño. Viene a consagrarse aquí y esperar al arzobispo, que se halla todavía en Guaduas, que llegó a principios del mes de octubre próximo pasado.

A 12 hubo asistencia a la catedral y besamanos por el cumpleaños del rey Carlos IV, y dijo la misa el obispo Lasso, pero no pontificó por no estar consagrado.

A 14 se rifaron las alhajas de plata que eran de don Pedro Lastra, que valían $ 1.080, y no se rifaron sino la mitad porque no alcanzaron a vender todas las boletas; pero lo más particular fue que se las sacó el mismo general Morillo con el número 215. A mí me parece gato enmochilado; en fin, se quedó con las fincas y con la plata; de preciso había de suceder así, porque eran bien habidas. Dios quiera que las goce con todo lo demás.

|Nota.-Lasfincas y alhajas que recogieron Morillo y Enrile, tanto de esta capital como de los demás lugares, donde había muchas perlas, aderezos de esmeraldas y demás piedras preciosas, cadenas, topos, relicarios, sortijas y varias fincas de iglesias, como cálices, patenas, copones, custodias y una infinidad de cosas, que valían $ 1.800.000, todo lo llevó el señor Enrile para España, |pero lo mejor lo partieron entre él y Morillo. El vicario, que era un clérigo aparente para el caso, visitó las más de las iglesias y quitó de ellas lo que le parecía mejor, diciendo que aquello era inútil, y lo cierto fue que de varias fincas de plata, como copones, jarros, palanganas, blandones y mallas, mandó hacer al maestro Eustaquio Caballero, maestro de platería, de estas fincas de las iglesias, carrileras, frenos, espuelas, cinturón, jaquimón y todo el jaez para el caballo, vasos, jarros y cubiertos para su servicio. Este bendito clérigo hacía convites, daba bailes, regalaba madamas, era muy liberal y muy franco (con lo que pillaba se entiende). Pero lo mas particular de este grande hombre, que yo creo que si se registran todas las historias de Atenas, Roma y Grecia, el Alcorán de Mahoma, las homilías de Homero, en fin, cuantos hechos ha habido desde Adán hasta esta parte, no se encontrará un hecho que remede a lo que ejecutó el señor vicario del ejército expedicionario de Europa, hecho fue que todo lo que costeó en banquetes, bailes, refrescos, onzas que regaló a varias madamas y otros regalos, botijas de vino que compró a mercaderes, lo que comió, bebió y hasta la lavandera que le compuso la ropa, en una palabra: todo lo que costeó y triunfó y regaló, después que se fue con el general Morillo a Caracas, estando allá entregó al dicho general un apunte del Diario que aquí llevaba de todo lo que había gastado en lo arriba dicho, y el general mandó una orden con un juez pesquisador para que por el apunte que dio el bendito vicario pagasen todos y devolviesen lo que este señor vicario había gastado, de suerte que a todos los convidados a los banquetes, cenas y refrescos les hicieron devolver lo costeado y quizá un tanto más. A las señoras que les había regalado las onzas se las hicieron devolver, con bochorno y menoscabo de sus honores, y para que no lo negasen, venia apuntado el sitio y hora en que se las había dado y el por qué. A un padre de San Agustín, que se dio por muy amigo de él, le dio un espléndido banquete y le hicieron largar al pobre religioso $ 300. A la lavandera la metieron al divorcio hasta que pagó todo lo que él le había pagado por la lavadura y composiciones de ropa. Qué tal, ¿se habrá dado cosa igual en algún tiempo? Y lo peor, según dijeron, fue que el señor juez pesquisidor que cobró todo con el rigor que exigía la cobranza, se marchó por el lado de Cartagena y se llevó todo lo cobrado. Yo juzgo que hizo muy bien, porque ladrón que roba a otro ladrón merece cien años de perdón.

Los hechos de robos, prisiones, injurias, palizas y malos tratamientos que sufríamos todos los días, no es fácil numerarlos, ni caben, si se escriben, en 500 tomos de a folio. En fin, remito al curioso a la historia que con el tiempo saldrá, aunque imperfecta, porque ¡cuándo es capaz que se escriban todos los hechos de estos hombres! Porque de lo que cada individuo ha padecido, se puede formar una historia. No hay familia que no tenga que llorar; no se encuentra un solo hombre que no haya padecido, aun de los afectos a ellos y que más se han preciado de fieles realistas. No digo más, porque me oprime el dolor y me da una especie de desesperación, y así callo, y callo lo que he padecido, por no traerlo a la memoria.

A 29 se fue el general Morillo para el norte: llevó un lucido cuerpo de caballería y 20 negros montados de guardia de honor, muy bien vestidos y sobre 1.000 reclutas. En todo el tiempo que Morillo estuvo en esta capital salieron para el norte once mil cargas de diferentes cosas, como de víveres, pertrechos, vestidos, plata y otras cosas, y así acabó con bestias y cuanto pudo.

A 21 pasaron por las armas en la plazuela de San Francisco a don Francisco Morales. Tuvo varios empleos y fue el que se hizo cargo de las joyas de la virreina, en la revolución, y por el que se empezó el día 20 de julio de 1810 estando en la tienda de Llorente, como dejamos dicho, y ahora era administrador de las salinas de Zipaquirá. Era hijo de don Lorenzo Morales, que fue superintendente de la Casa de Moneda, español, y la madre lo mismo. Arcabucearon también a dos soldados por desertores.

A 22 murió don Francisco Javier Vergara, en La Mesa, síndico y tesorero de la Capilla del Sagrario, descendiente de los fundadores de dicha capilla.

A 23 murió en la misma Mesa el reverendo padre Botero, de la Orden de San Diego, hombre muy santo.

A 26 murió de repente un capitán de las tropas de Sámano y pasó lo siguiente: llevaron el cuerpo a La Tercera y lo dejaron allí sin decirle nada al sacristán; a la tarde se aparecieron con la escolta, y el sacristán nada había dispuesto; lo sacaron y lo llevaron a San Francisco, y la comunidad le cantó la vigilia, y después lo volvieron a sacar y lo llevaron otra vez a La Tercera y lo enterraron.

A 28 arcabucearon a don Enrique Gómez y Plata y a un Fulano Buenaventura, de Ibagué.  | 20

Diciembre. A 5 entró el ilustrísimo señor don Juan Bautista Sacristán, a las once y media de la mañana, al cabo de doce años de electo de arzobispo de esta santa iglesia. Su entrada y recibimiento se hizo este mismo día. El que lo recibió en la puerta de la iglesia fue el canónigo Barco. Se recibió al respaldo del coro; después entró al altar mayor y se arrodilló mientras se cantó el |Te Deum; después visitó a Nuestra Señora del Topo; se desnudó debajo del solio para la casa arzobispal.

A 11 se consagró el ilustrísimo señor don Rafael Lasso, en la iglesia de San Carlos, que era la vicecatedral. Lo consagró el señor Sacristán; los que sirvieron de obispos fueron los canónigos Cabrera y Andrade; el maestro de ceremonias del arzobispado fue el mismo de la catedral, Jorge, y del obispo el doctor Matallana. El padrino de agua fue el gobernador don Juan Sámano; el de la capa de oro o padrino de altar fue el canónigo Barco; el que leyó las bulas fue un canónigo nuevo.

A 14 arcabucearon en la plazuela de San Francisco a don Fulano Ponce, | 21   de Honda, y esto que estaba Nuestro Amo descubierto en San Francisco, por estar en el octavario. Para estos hombres no vale ni el mismo Dios presente. ¡Qué han de valer, cuando los templos de los lugares por donde han pasado han servido de cuarteles para las tropas! Haga alto aquí todo católico y figúrese el ver a todos estos hombres en la casa de Dios. ¡Qué ultrajes! ¡Qué profanaciones de unos hombres ladrones, borrachos, matadores, maldicientes y lascivos! ¿Qué desacatos no cometerían? Lo dejo a la piadosa consideración de cada uno. Hubo templo donde entraron matando a toda la gente que allí se había refugiado, sin perdonar mujeres, hombres ni niños. Y en esta matanza sucedió que una mujer de las que allí estaban se le arrodilló a uno de los que andaban matando y le dice: "Que no me mate, que soy mujer de un español"; y levantó el sable y le dijo: "Por lo mismo"; y la mató. Esto sucedió por la provincia de Venezuela; me parece fue en Valencia.

A 30 murió la señora Silva, vieja, sepultada en La Candelaria.

11
El general Custodio García Rovira, capitán Hermógenes Céspedes y doctor José Gabriel Peña. El exoficial de las tropas patriotas era un mulato de apellido Castro. Con estos mártires fue fusilado también N. Nava, a quien no menciona Caballero entre los decapitados. Fueron ultimados en la Plaza de los Mártires y sepultados en el cementerio que existía al occidente de la ciudad. Allí mismo fue enterrado, el 13 del mismo mes, el teniente coronel José Ayala Vergara.
12  
Don Ignacio Camacho fue don Joaquín Camacho, notable jurisconsulto, natural de Pamplona, miembro del poder ejecutivo en 1814 y exdiputado al congreso. Su biografía se encuentra en el Correo del Orinoco, de fecha 20 de noviembre de 1819. El congreso de 1847 honró su memoria y dio pensión a su viuda. Fue conducido al patíbulo en silla de manos, por estar inválido y ciego.
13
Pascual Andreux (español), doctor Martín Cortés, teniente coronel Andrés Linares, coronel Liborio Mejía, capitán Rafael Niño, capitán Silvestre Ortiz y capitán Félix Pelgrón.
14
Los fusilados ese día fueron el teniente coronel José Antonio Vélez (no Ricaurte), Manuel Cifuentes, capitán José María Ordóñez y el negro Bernabé González.
15
Los doctores Manuel Rodríguez Torices y José María Dávila. Torices y Torres después de fusilados fueron ahorcados, en la acera occidental de la Plaza de Bolívar, frente al palacio municipal, y luego decapitados por exhibir sus cabezas en escarpias.
16
El teniente Joaquín Morillo, natural de Santa Rosa de Viterbo, que fue hecho prisionero en La Cabuya de Cáqueza.
17
Francisco Aguilar y Juan A. Monsalve, éste amigo y connmilitón del teniente Joaquín Morillo y como él prisionero en La Cabuya de Cáqueza.
18
El sabio Caldas, doctor Francisco Antonio Ulloa, coronel Miguel Montalvo y el  catalán Miguel Buch. vecino del Chocó.
19
El teniente coronel Joaquín Chacón.
20
El teniente coronel Nicolás M. Buenaventura. Otras cronologías de los mártires dicen que éste y Gómez Plata fueron fusilados el 29 en el Parque de Santander.
21
El comandante Higinio Ponce.

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