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INDICE
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A 8 salieron 150 hombres de |Milicias para reforzar el ejército, para Ubaté, y este día hubo bando para que todos entregasen las armas de fuego que tuviesen, pena de ser castigados. Yo creeré que no entreguen nada, porque la gente ya no hace caso de los bandos. Esto fue en lunes santo.
A 10, miércoles santo, salieron 100 hombres de |Milicias y |Patriotas para Zipaquirá, y por la tarde salieron 18 |Artilleros con la música; todos salieron con un invierno terrible, pues por el mucho llover no se logró ninguna procesión. En dicho murió el ciudadano Esteban Quijano, regidor.
A 18 se quemó la casa de Juan de Dios Mesa, pulpero de la plaza, en la calle de Las Cruces.
A 20 vino el señor presidente de Zipaquirá. En este día llegó una división de 200 hombres, que vinieron de Cali.
A 24 se disolvió el congreso y quedó el gobierno en el teniente-gobernador y el cabildo, por enfermedad del gobernador Ribas. El teniente-gobernador es Vergara.
Todas las tropas nuestras se hallan en Chocontá, Ubaté, Zipaquirá y Puente del Común. Con el motivo de que las tropas enemigas se han acercado a Chiquinquirá tuvo que emigrar Nuestra Señora hasta Chocontá, en donde se halla a la fecha, con toda la comunidad y alhajas de la iglesia, con el jefe de nuestras tropas Serviez, y así esperamos que por poderosa intercesión nos ha de sacar con bien, pues las noticias que corren es de que Calzada trae orden de pasar por las armas a todo el que le haga resistencia, y los demás, sean solteros o casados, mandarlos a Santa Marta a engrosar el ejército de Morillo. Con que no se sabe qué hemos de hacer: emigrar es cobardía, esperar es locura, lo mejor será morir matando, pero quién sabe lo que harán nuestros jefes (Entregarnos como corderos).
Mayo. A 2. Este día corrió que entraba el general Serviez, francés de nación, que está de general del ejército, el cual los días anteriores tuvo voces con el presidente, si daba el ataque, y el presidente no quiso, ni tampoco darle las tropas que estaban en Bogotá y Zipaquirá. El francés se enfadó y se fue a Chocontá y se regresó para el Común. Esto sucedió en Chía. El presidente tiene las mejores tropas con la |Artillería y Serviez no tiene sino son poco más de 1.000 hombres. Esto indica malos fines: no querer que se dé el ataque; negarle las tropas y auxilios, señal que hay gato |enmuchilado. El presidente se ha venido a Bogotá con todo el resto de las tropas. Este día se dijo que Serviez entraba aquí a hacer saqueo, lo que se ha temido con justo motivo.
El viernes 3, a las once y cuarto, se alborotó toda la gente en la plaza, pensando que ya entraban las tropas de Calzada, lo que fue digno de ver cómo corrían todos del mercado, se atropellaban unos con otros, por aquí caían unos, por allá otros, a unos se les caían los zapatos, a otros los sombreros, las mantellinas a las mujeres y sombreros, los mercados de las revendedoras y forasteros todos regados; los perros corrían con la carne, porque abandonaron sus mercados; los que andaban más listos cogían de lo que querían, y este día asentó bien el refrán que |a río revuelto ganancia de pescadores. Los pulperos cerraban sus tiendas; el cabildo se cerró; los litigantes se desparecieron, los gatos volaron, los pollos andaban sueltos por la plaza, los huevos apachurrados. Los que más resistieron fueron los lienceros, y con todo lo que dejaban, otros recogían; gritaban, corrían, hubo males de corazón, malparidas, lastimadas y trescientas cosas más. Y en suma lo que vino a ser fue que eran 20 hombres de caballería que venían del ejército nuestro.
A 3 bando sobre una proclama que mandó Serviez, pidiendo vestidos y víveres para la tropa, y de lo contrario, amenazaba. ¿Y el presidente qué dirá de esto? Si Serviez entra aquí y hace diabluras, ¿ quién tiene la culpa sino el presidente?, pues el francés quiere dar la batalla, y dada veríamos en lo que quedábamos, pues sería una decisiva, y peleando todos con valor y entusiasmo, estoy seguro que la victoria quedaría por nosotros. ¡Nada! Esto ha sido entregarnos como ovejas al matadero. Este mismo día vino noticia de que el presidente Madrid mandó clavar la artillería que estaba en Bogotá, y la noche del día 2 se fue con 400 hombres, con toda la |Guardia de Honor y todo el dinero que pudo. Salió cierto el dicho que dijo el día que se recibió, de que la patria iba a perecer en sus manos; se conoce que desde entonces ya tenía la intención. ¡Qué acción tan generosa de un presidente de Cundinamarca y miembro del congreso! ¡Qué negro borrón para la nación americana! Pero si el congreso desde que se formó todo fue hacer peladas y más peladas; no pudieron en seis años hacer una cosa al derecho. Todo su intento fue el tirarle a Santa Fe hasta destruirla, y ya que no pudieron por sí, dieron forma de que ahora entren los enemigos y acaben con todo. ¡Miren qué congreso! que más bien fue congresiábulo. Nos perdieron y se perdieron. ¡Qué de cosas se han de ver dentro de breve tiempo! Yo seré una de las víctimas del furor enemigo; ya no hay remedio; hacer frente a la fortuna y no más. Lo cierto es que todos no han sido más que un hato de ladrones. El congreso y todos los demás gobernantes en estos seis años se pueden reputar por una junta o cuadrilla de bandidos y facinerosos. El expresidente Madrid dicen que se fue para el sur. Dios lo guíe como al ciego del Evangelio. Hoy, como a las dos y media, entraron 100 hombres de los que tenía el presidente en Bogotá, de las tropas que habían venido del sur, y unos artilleros que no podrían seguir o que no querrían llevar.
Sábado 4. A las cuatro y media de la tarde pasaron sobre 400 hombres del ejército de Serviez. Entraron por La Alameda y siguieron derecho la Calle Honda y Carnicería, a salir al puente de Santa Catalina, y tomaron el camino de Une para Cáqueza. Llevaban muchos equipajes y más de 200 reses.
A 5, domingo, entró Serviez con toda la infantería, a las diez del día, y en medio de los dos primeros batallones traían a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la original, encajonada y envuelta en un toldo. Qué dolor ver a una reliquia tan grande, nada menos que el Arca del Testamento de la Nueva Granada, en medio de una tropa insolente, cargándola ellos mismos con la devoción que se deja entender, cuando había de ser en hombros de sacerdotes, como cuando vino ahora 150 años. Pero entonces había más fe; eran las gentes más religiosas, y así la protección de Nuestra Señora era con más frecuencia; pero ahora que no hay más que robos, ambición, latrocinios, asesinatos y, sobre todo, por falta de fe, pues la religión está como aquel que le coge un accidente mortal, primero, con furioso escalofrío, que es la tibieza en la fe, después la calentura, que se va poco a poco aumentando hasta quitar la vida, que son las herejías, y los cismas, que poco a poco la vendrán por fin a destruir. ¡ Dios no permita tal cosa, pero es mucho de temer! Todas las religiones salieron hasta San Diego, debajo de cruz alta, a topar a Nuestra Señora, pero no se les hizo caso alguno. Pasaron a Nuestra Señora, vía recta desde San Diego a Santa Bárbara, con una precipitación increíble. Siguió camino derecho por el puente de Santa Catalina, para Cáqueza. Iban dos batallones, que compondrían algo más de 1.000 hombres. El llevarse Serviez la Virgen no sé a qué se pueda atribuir. Yo me parece que el fin que él se propuso fue que como conoció que era una imagen a que todos la tienen en tanta veneración, diría: pues llevándola, todo el mundo la sigue y los soldados pelearán con más valor y confianza, no porque él le tuviese alguna fe a Nuestra Señora, pues según dicen no era cristiano. Pasaron 59 cargas de equipaje y más de 200 caballos y mulas sueltas.
Lunes 6. A las diez del día entraron algunos |curros a caballo, y a las once entraron los demás, como 200 en todos. En todos los balcones y ventanas pusieron banderas blancas y colchas de lo mismo. Este día fue cuando se conocieron sin reboso los regentistas y realistas, y fue el día de la transfiguración, como allá en el monte Tabor, porque dentro de una hora -que fue de las diez a las once- se transfiguraron todos de tal modo, que todos los resplandores eran de realistas; aun aquellos patriotas distinguidos se transfiguraron, que por los muchos resplandores yo no conocía a ninguno. Día maravilloso, ya se ve, día en que de nuevo se nos han remachado los grillos y las cadenas; y ahora sí que es de veras nuestra esclavitud. Si antes teníamos algún alivio, ahora no lo habrá; todo se ha perdido, como dijo Enrique VIII; ya para nosotros no habrá consuelo; caímos en las manos de Faraón; paciencia y barajar. Las mujeres era cosa de ver cómo salieron como locas por las calles con banderitas y ramos blancos, gritando vivas a Fernando VII, entraron en tumulto al palacio y cubrieron los balcones, y a las once que entraron los curros, ellas desde el balcón les echaban vítores con mucha alegría y algazara. La plaza se llenó de gente, con ser que más de media ciudad había emigrado. A las cuatro de la tarde entró la infantería, compuesta de cuatro batallones; hubo muchos vivas. El 1° y 2° batallones eran de españoles, y los demás de mulatos y negros de la provincia de Venezuela, y varios reclutas de toda la provincia del Socorro y Tunja. Todos escondieron sus haberes en los conventos de frailes y de monjas, y en las iglesias particulares, porque se temía el saqueo; no obstante, esta misma noche se comenzó a sentir el golpe de los robos, lo que ejecutaban con tanto descaro, que por la fuerza llevaban lo que querían, y de donde querían, lo que les daba la gana, y así consecutivamente de día y de noche. La gente, aunque en medio de la alegría fingida que demostraba en los semblantes, estaba poseída de un temor pánico, causado por los insultos y robos que a cada instante se recibían, tanto de los negros y mulatos como de los españoles. Se pusieron por tres noches luminarias. En estos primeros cuatro días estuvieron entrando enfermos y heridos de la acción de Cachirí. No trajeron música, sólo trajeron cornetas y clarines, y éstos tanto servían a la caballería como a la infantería. Venían vestidos unos a lo mosaico, otros a lo moro, y los artilleros a lo genízaro, con una especie de diademas en la cabeza, que llaman |cachuchas. La infantería venía vestida a lo húngaro, y los curros a lo gitano, con chaqueta y capote corto; los zapadores venían con barba larga, como capuchinos, y el vestido a lo húngaro, y todos con bigote.
A 11 mataron a sablazos a dos mujeres y un hombre en la venta del otro lado del río del puente de Santa Catalina, por robar unos baules que se habían escondido allí, como en efecto los robaron. Malo y remalo está esto; lo cierto es que todos estamos en capilla.
A 16, jueves, día de San Juan Nepomuceno, entró Nuestra Señora de Chiquinquirá a esta ciudad, pues Serviez la llevó hasta Chipaque, allí la quitaron las tropas españolas y por la derrota que sufrió hubo repiques. La entrada de Nuestra Señora estuvo suntuosa; se formaron las tropas de más de 800 hombres, desde Santa Bárbara hasta San Carlos, que es la iglesia que está sirviendo de catedral; todas las religiones fueron hasta la salida de Santa Bárbara, con cruces altas, las que formaron la procesión, por sus antigüedades. Por delante venían 50 carabineros españoles a caballo, y dos padres de Santo Domingo, de los que habían seguido a Nuestra Señora desde Chiquinquirá; después seguía un numeroso acompañamiento con cirios de cera después seguían las comunidades y clerecía; seguía Nuestra Señora, después el palio y otros 50 carabineros; después seguían 200 prisioneros de las tropas de Serviez; seguían después 32 cargas de fusiles y 31 de equipajes y pertrechos. Desde que asomó la Virgen empezaron a echar voladores, y cada uno, de gusto, echaba. Venía el clero cantando las letanías. Entró a San Carlos y se colocó en un majestuoso trono que estaba prevenido.
A 17, viernes, arcabucearon a un negrito que se llamaba Manuel María, por haber tenido una pendencia con un español y haber dicho que era patriota (¡Alerta, que el ser patriota es delito de muerte, pero yo lo soy y lo seré aunque pierda la vida!) Ojalá todos sigan el mismo parecer. | 5 Este mismo día se le comenzó una misión a Nuestra Señora de Chiquinquirá, con gran decencia y veneración, costeada por el cabildo eclesiástico.
El día 26 se llevó a Nuestra Señora a la iglesia de Santo Domingo, en lucida procesión, con asistencia del clero y comunidades, bajo la cruz alta y las cruces de las parroquias con sus curas. Esta noche entró don Pablo Morillo, general en jefe de las tropas españolas. Tres días antes se habían puesto arcos triunfales desde San Diego hasta la plaza, que se pusieron treinta fuera de los cuatro de las esquinas de la plaza, que eran de cuatro caras, y una media naranja encima, vestidos de blanco; los demás eran unos de laurel, otros de olivo, otros de flores, otros pintados, en fin, todos diferentes y con banderitas, y en ellos vítores y versos al rey de España, al general y demás tropas españolas, y así se mantuvieron puestos hasta el jueves 30, día de San Fernando. Con motivo de haber sido la entrada del general Morillo de noche, porque no quiso que se le hiciese recibimiento público, pero ni privado lo admitió, se perdió la prevención de refresco y comida, que se habían costeado $ 2.000, que si se hubiera dado, hubiera sido un banquete no visto.
El 29 se echó bando para que iluminasen las calles por tres noches y que después se pusiese una vela en cada casa todas las noches, y que ninguno saliese sin pasaporte, y que hasta los que se pasasen de una casa a otra avisasen al alcalde de su barrio.
Desde el día 11 comenzaron a aprehender a todos los que habían sido causa de la revolución o que habían tenido empleos o habían ayudado al sistema de la libertad (Toma por cobardes).
A 30, día de San Fernando, se publicó bando indultando a los oficiales que se presentasen pero que no hubiesen sido causa de la revolución, ni que hubiesen ayudado al sistema, sino a los que sencillamente hubiesen servido, ni a los españoles que hubiesen tenido empleos. De suerte que el indulto fue para los niños del limbo. Este día hubo asistencia del general Morillo y toda la oficialidad a la catedral; se sentó donde se sentaba el virrey, junto con el mariscal de campo Latorre, el cabildo y del lado de los oidores el coronel Calzada, que había venido de segundo general. Se formaron todas las tropas en la plaza de 600 hombres, trajeron dos violentos, de los mismos que clavaron en Bogotá, que ya los habían desclavado; los tiraban a cada cañón seis caballos. Se hicieron tres salvas de los violentos y de toda la tropa. Predicó el doctor don Domingo Duquesne, canónigo, y el de la misa fue el vicario general, que vino con el general Morillo, Vilabrile. | 6 A la tarde hubo toros (Sí, yo que te las entiendo). En Santo Domingo se le hizo otra misión a Nuestra Señora de Chiquinquirá con la misma solemnidad que en la catedral, con asistencia de todas las religiones a la misa mayor.
Junio a 1° Se hizo consejo de guerra al conde don Antonio Villavicencio, que lo trajeron preso de Honda, el día 29 del pasado, y le salió sentencia de muerte. Es criollo de esta capital de Santa Fe, y vino de España el año de 1810, por diputado para esta ciudad de orden de la suprema junta de Sevilla, pues había pasado a España hacía cerca de doce años, y había conseguido del rey ser capitán de fragata. Llegó aquí en tiempo de la revolución, a los tres días de haber sucedido, y con este motivo se quedó aquí y no volvió a España a dar el descargo de su comisión; después tuvo aquí varios cargos en la patria: fue corregidor de Tunja, diputado del colegio electoral, miembro del gobierno general, gobernador de Honda y otros, en donde lo prendieron las tropas del rey. Ya comienza el fandango y a representar las sombras impalpables.
A 5 lo metieron en capilla y a 6 lo arcabucearon en la punta de La Alameda, en la misma parte donde se puso la ramada para el famoso refresco que dio el señor presidente Nariño, después del ataque del 9 de enero de 1813, y él refrescó y comió allí. Salió de la cárcel de militar, con el mismo uniforme que tenía. Salió muy entero y llegó donde estaba la tropa, en el camino real de San Victorino; allí lo degradaron quitándole el sombrero, la espada y uniforme, y todo lo botaron con desprecio; después él mismo se sentó en el banquillo y le tiraron por la espalda. Lo llevó el Montepío lo mismo que a cualquier reo de la íntima plebe. Lo llevaron a La Veracruz y lo sepultaron en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores. En esta deshonra e infamia murió el que tuvo varios distinguidos empleos en esta capital y aun en España. Era casado con doña Gabriela Barriga. Ya comenzaron a decapitar a los principales y según preludios no quedará ninguno que no vaya al palo, y para el común de todos quedan los presidios, malos tratamientos y aumentar las tropas. ¡Qué esperanza! ¡Dios nos asista y volque las intenciones de nuestros amos (así es preciso llamarlos). ¡Ay! "puede ser que algún día mi triste pecho desfogue", como dice una coplita.
A 9 se hizo a Nuestra Señora de Chiquinquirá una fiesta solemnísima en Santo Domingo, con asistencia del general Morillo, el cabildo y toda la oficialidad. Predicó el padre Ley, prior de dicho convento. A la tarde se llevó, con asistencia de todas las comunidades, al convento de Santa Inés. El día 11 se llevó al convento de La Concepción; el día 13 al de Santa Clara, jueves de Corpus; el día 15 al Carmen; el día 17 se trajo al convento de La Enseñanza. El día 19 se volvió a traer al convento de Santo Domingo.
A 19. En este desgraciado día ahorcaron al patriota doctor don José María Carbonell, que había sido ministro del tesoro público. Buen mozo. Fue uno de los que... |(ilegible) animando al pueblo y el que hizo los mayores esfuerzos para que se prendiesen las autoridades y el que ayudó en todo. Llegó a la Plazuela de Jaime, donde se ejecutó el cruel martirio de este joven. Hizo al pie del suplicio una plática que enterneció a toda criatura, menos a sus enemigos. Dijo que guardasen los mandamientos; que temiesen a la justicia divina; que no pensasen que aquel día era infeliz para él sino el más dichoso de toda su vida, por haberle Dios concedido el arrepentimiento de sus pecados; exhortó a la obediencia de las potestades legítimas y que escarmentasen en él, con otras cosas dignas de grabarse en láminas de bronce y mármol; pidió perdón y perdonó a todos, y cuando el verdugo le pidió perdón, dijo: "Yo te perdono de corazón, que tú no tienes la culpa". En fin, dio muchas muestras de su salvación. Lo soltó el verdugo y lo dejó penar, que fue menester que un soldado le tirase un balazo. Al mismo tiempo arcabucearon a los patriotas doctor don Ignacio Vargas, el |Mocho, porque le faltaba un dedo, abogado, tuvo varios empleos, entre ellos el de teniente-gobernador. Fue casado con la hermosa joven Ignacia París, que murió de parto el día 7 de octubre del año pasado de 1815, y se volvió a casar el 17 de febrero del presente año con la hija del español don Mateo Trespalacios. No le valió buscar padrinos. ¡Qué desengaño para todo realista! El otro mártir de esta patria fue el doctor don Ramón Leiva, español, secretario que fue de los virreyes Mendinueta, Ezpeleta y Amar, y en el gobierno patriota tuvo varios empleos, pero particular comandante de armas y general en jefe en la expedición del sur contra Pasto, cuando fue el presidente Nariño. Y a un tal Contreras, que había sido comandante en el Magdalena. A todos tres los arcabucearon por las espaldas y los sepultaron en La Veracruz. | 7
Las tropas españolas trajeron la peste de viruelas, de manera que a todos los que no se las hablan inoculado comenzaron a caer, y fue tanta la peste en las mismas tropas, que se hicieron cinco hospitales con San Juan de Dios: uno en la Calle de las Cunitas, otro de convalecientes frente a la Universidad de Santo Domingo, donde son ahora las sesiones del congreso, el otro en el hospicio de hombres y el otro en el convento de Las Aguas.
El día 23 se llevó otra vez a Nuestra Señora a San Carlos, y el día 24 le hicieron los militares una fiesta solemne, con asistencia del general Morillo, y por la tarde salió en una muy lucida procesión con asistencia de las comunidades, bajo de cruz, el clero y canónigos. Hubo formación desde San Carlos hasta la Calle Real. Asistió detrás el general con toda la oficialidad y de escolta una compañía con bandera y la compañía de caballería. El concurso del pueblo de uno y otro sexo fue innumerable, todos o los más con luces. Siguió derecho esta admirable procesión con santa devoción, que el pueblo iba, con ser una multitud que no cabían las calles, en un profundo silencio, pues apenas lo que se oía eran tiernos suspiros y los rostros bañados en lágrimas. Muchos repiques y voladores, y de esta suerte se llevó hasta San Diego, en donde quedó aquella noche...
A 28 mataron a un soldado español, por la carnicería de Las Nieves.
Julio. A 6 arcabucearon en la Huerta de Jaime a los sujetos siguientes: al señor don Jorge Lozano, que fue presidente del colegio electoral y el que formó la primera constitución de Cundinamarca; al señor doctor Valenzuela, abogado; al doctor Gutiérrez, al señor Pombo, al doctor García Hevia, que fue gobernador, y al doctor Benítez, abogado. | 8 |
A 7 se comenzó a empedrar la plazuela de la artillería.
A 16 arcabucearon a un sargento, a un cabo y un soldado del batallón de Numancia, por unas muertes que hicieron por el lado de Chipaque, por robar. El soldado era un negro caraqueño.
A 20, día de Santa Librada, a los seis años de la revolución, arcabucearon, en la plaza mayor, al brigadier don Antonio Baraya, el que vino el 9 de enero de 1813 contra esta ciudad y salió derrotado, y a don Pedro Lastra, hombre de gusto, pues las alhajas que tenía en su casa no las había en otra parte, caballeros nobles y distinguidos. A la tarde arcabucearon en la Huerta de Jaime a un soldado gallego, del cuerpo de |Artillería volante, por desertor. | 9 Si este tirano no perdona ni a los de su nación, ¿qué esperamos nosotros? ¡Virgen Santa, a tu patrocinio me acojo; defiéndenos por tus entrañas de amor!
A 29 se comenzó a hacer el puente del Carmen y se concluyó el de Lesmes.
Agosto. A 3 arcabucearon en Zipaquirá a don Agustín Zapata. | 10 | |
A 7 murió el padre de la mujer de don Ramón Leiva, el que |decapitaron el día 19 del mes pasado.
A 8 se acabó de empedrar la plazuela de artillería.
A 9 se comenzó a empedrar la plaza mayor.
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Estas páginas del libro de Caballero tienen excepcional importancia, porque complementan el martirologio de la independencia. Restrepo, Groot. Quijano Otero, Manuel Briceño, Alberto Urdaneta y otros investigadores no lograron formar completa la lista de las víctimas de 1816-19, porque Morillo y Enrile enviaron la mayor parte de los documentos relativos a los pavorosos días de el terror a los archivos de España. Ya nos dio Caballero noticia de que Sebastián de la Calzada hizo ahorcar en Girón al coronel Pedro Arévalo y a N. Petier y pasar por las armas a once oficiales patriotas, cuyos nombres han sido cubiertos por injusto olvido: aquí salva también de él a la primera víctima sacrificada en Bogotá, cuando ejercía en la ciudad en jefe el benévolo coronel Miguel de la Torre: el humilde negro Manuel María, que tuvo el valor de confesar que era insurgente, cuyo nombre nos era completamente desconocido. El 26 de mayo fue fusilado el teniente coronel Juan Mirra, hecho comprobado por Quijano Otero, del cual no hace mención Caballero, que se limita a dar noticias curiosas de la llegada de; Morillo a Bogotá. |
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«Antes de reunirse el consejo (de guerra permanente) para juzgar a un individuo, asistía con su presidente a la misa del Espíritu Santo, la que decía en la iglesia de La Enseñanza el vicario Villabrille, en poco más de cuatro minutos... Este clérigo, tan ignorante en el ministerio, que no sabía ni la liturgia, gobernó la diócesis por algún tiempo, aunque no supiera más que firmar lo que le ponían por delante; y sin embargo así hizo el papel de juez para encausar y condenar al destierro y al presidio a los gobernadores del arzobispado y a otros muchos eclesiásticos... Pero lo que más escándalo causó en la conducta del vicario, quien tenis más de soldado que de clérigo, fue el pillaje que hizo de las alhajas de las iglesias de algunos pueblos. El mismo Villabrille hizo notorio el hecho en Santa Fe, donde mandó hacer a los plateros no sólo cubiertos de plata de aquellas alhajas, sino estribos y espuelas». (J. M. Groot, lib. cit., vol. III, págs. 386 y 416, 2a edición). Refiriendo Quijano Otero en su Compendio de Historia (2a edición, pág. 252), la injusta deportación de 95 sacerdotes colombianos, dice: "... fueron sentenciados por el capellán del ejército de Morillo, Luis Villabrille, clérigo licencioso, ladrón y corrompido, y enviados a La Guaira y a Puerto Cabello, de donde muchos siguieron al destierro". El general O'Leary, en el volmnen I de sus Memorias, pág. 321, escribe: "La política que observó el pacificador después de sometida la Nueva Granada, merece la condenación de todos los partidos, pues fue no sólo errada, sino en extremo cruel". "Era el general Morillo -dice el historiador Restrepo- un militar ignorante y sin educación, duro por carácter y que se dejaba arrastrar por movimientos repentinos de cólera, desconfiado en extremo, aunque no desprovisto de sentimientos generosos, de franqueza y lealtad". (Historia de Colombia, vol. II. pág. 300), veremos adelante que Caballero confirma en su Diario las apreciaciones, duras y justas, que hacen sobre la conducta del vicario Villabrille los historiadores Groot y Quijano Otero. |
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Todos ignorábamos que el conde de Villavicencio fue fusilado en el camino real de San Victorino, entonces llamado Alameda, pues historias y crónicas han consignado que el drama tuvo lugar en la plaza del mismo nombre, hoy de Nariño, y nadie conocía el lugar de su humilde y no señalada huesa. Tampoco teníamos noticia de los horripilantes detalles del suplicio de Carbonell. «No era sólo el número de los ajusticiados -escribe el testigo presencial don Rafael Eliseo Santander- ni su categoría lo que llamara la atención: era un ahorcado! En efecto, al pie de la máquina mostrábase un ser humano, con rostro feroz y atraidorado, avezado al crimen y diestro en dar la muerte. Llevaba vestido colorado, ribeteado de blanco, las piernas desnudas, cubierta la cabeza con un sombrerillo apuntado: parecía el bufón del drama, y no era sino el verdugo!» El tal Contreras de Caballero fue el patriota capitán José de la Cruz Contreras, bogotano, excomandante del puerto de Nare, donde fue hecho prisionero. |
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Don Jorge Tadeo Lozano, noble, expresidente de la república y distinguido naturalista, y los abogados don Crisanto Valenzuela, don José Gregorio Gutiérrez Moreno, don Francisco Javier García Hevia, don Emigdio Benítez y don Miguel de Pombo. |
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Este soldado se llamaba Simón Talero, según consta en los libros de La Veracruz. |
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El 3 de agosto fueron fusilados en Zipaquirá: Agustín Zapata, Francisco Zárate, N. Carranza, Juan N. Figuarana, José Gómez, José filado Cortés, Luis Sánchez, Juan E. Valdés y Francisco Zárate. |
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