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1813

Enero. Viernes 1° Estamos en la actual guerra con don Antonio Baraya. Nos ha tomado las entradas principales de los caminos; pretende hostilizarnos por hambre, y ya comenzamos a sufrir escaseces de víveres. Sus campamentos están en Usaquén, Puentegrande, Bosa y Fontibón. Los nuestros están en San Diego, San Victorino Monserrate, Santa Catalina y |Los Laches. Cabañuela: el día bueno y el sol muy ardiente.

Sábado 2. Buena mañana; de la una y media a las tres paramó. Hoy se montó un cañón de a 4 sobre carretas para una guerrilla que se piensa dar. Dicen que el con­greso se ha venido a Zipaquirá.

Domingo 3. Buena mañana; amenazó agua por la tarde pero no cayó. Hoy se mandaron poner divisas de cuero de ovejo en los sombreros a las tropas.

Lunes 4. Buena mañana. Hoy se tocó generala y se dio fuego a un cañón, pero no se juntó nada de gente.

Martes 5. Buen día. A las doce y media atacó Girardot a Monserrate y duró el fuego vivo hasta los tres cuartos para las dos, que nos ganó el punto con 400 hombres que traía y seis piezas de artillería. Los nuestros no eran más de 20 hombres, con un mortero. Hicieron prisioneros a don Pío Domínguez, a don Fulano Chipía, a don Joaquín Serrezuela y a don Joaquín Pardo y otros. Este día hubo junta de la representación nacional y de oficiales y se decretó capitulación.

Miércoles 6. Buen día. No hubo fiestas en Egipto, por causa de la guerra. Se marchó el capitán de artillería don Salvador Cancino y don Santiago Perry. Hemos aflojado todos y perdido la esperanza. El puente de San Diego amaneció todo desordenado. Se mandó de embajador a don Tadeo Vergara, donde se le entregaba a Baraya la ciudad, con todas las armas, artillería, casa de moneda y todo, con la sola condición que garantizase las vidas y haciendas de todos, y que al señor presidente se le dejase salir libre, con su familia, a donde quisiese, y también a todos los ciudadanos que quisiesen hacer lo mismo; y la respuesta fue: que le habían de entregar la ciudad a discreción y si no entraría a sangre y fuego, donde resultó que muchos empezaron a marcharse prófugos, algunos nariñistas y soldados. Carbonell partió a correr, y se tomaron las providencias de defensa, confiados en lo que Dios determinase. La amargura, dolor y consternación a que puso Baraya a todos los habitantes de esta ciudad llegó hasta lo sumo, pues ya estaban perdidas todas las esperanzas. Las lágrimas, el desconsuelo con que andaban todas las gentes, pálidas y descoloridas, que daba más compasión ver a los que estaban dentro de la ciudad que a los soldados que estaban en el campo esperando la decisiva. Las monjas, religiosos y demás sacerdotes no cesaban día y noche al pie de los altares, implorando las misericordias del Señor. Este día se mandó para Usaquén una descubierta de 50 hombres, por la noche.

Jueves 7. Verano. Amanecimos muy desconsolados, pero a las 7 de la mañana supimos el ataque que habían dado los nuestros en Usaquén, en el que habían muerto 14 socorreños y trajeron 30 prisioneros con esta noticia. Volvimos a cobrar el aliento perdido, y este día se juntó toda la fuerza armada y todos los hombres en el camino real de San Victorino, y se abandonaron todos los demás puntos, y allí se hizo la reunión general. El total de nuestras tropas de |Provinciales, Nacionales, Milicias, Patriotas, inválidos y caballería con la demás gente, paisanos que se agregaron al campo, alcanzaría a 2.000 personas, pero no todas en disposición de presentarse a la batalla. Entraron los nuestros con los prisioneros, muy alegres, y este fue un toque para que todos se animaran y se revistieran de valor. El comandante contrario, que estaba en Usaquén, era don Antonio Morales, el que escapó dejando caballo, silla, ruanas y todo cuanto tenía, hasta el anteojo. El dulcísimo nombre de Jesús era el principal distintivo de nuestras tropas y se cargaba por escarapela en los sombreros, pues todo hombre o mujer se distinguió con esta divina e incomparable divisa, a quien los ángeles humildes se postran y los demonios tiemblan. Este distintivo del nombre de Jesús lo dio el reverendo padre Botero, de San Diego, y lo puso él mismo a todos los cañones, y dijo que confiáramos, que por virtud del dulce nombre de Jesús seríamos libres. | 1 Los enemigos cogieron un soldado nuestro, que llevaba el Jesús en el sombrero, y dicen que hicieron mucha irrisión de ello, y se lo quitaron y lo tiraron con desprecio diciendo: «Mucho Jesús en el sombrero, pues no han de decir Jesús». Un oficial que estaba de antemano preso en el cuartel de |Milicias, como vido que todos se ponían el Jesús-, dijo: «El distintivo de los padres jesuitas era el Jesús y no les valió para que no los expulsaran». Estas y otras cosas heréticas se dejaban decir. A las once de este día se vido al ejército enemigo viniendo para el Puente Aranda; del nuestro salieron 300 hombres y se les presentaron, con dos cañones de la |Artillería volante. Se avistaron, pero el enemigo, que quería engañar, desamparó el punto que había cogido y se retiró a |Techo, que era donde tenían hecha la trinchera. Los nuestros se allegaron algo más y hubo algún tiroteo de fusil y de pedreros de la parte de ellos, y mataron a un sargento Montúfar, por haberse adelantado hasta la trinchera, y a uno de caballería, que le pasaron una mano. Este día se le mandó segunda embajada a Baraya, y la contestación fue: que entraría a sangre y fuego con un degüello general. Esta cruel respuesta nos obligó a despertar y animarnos más, pues decíamos: Perdidos por perdidos, morir matando. ¡Ah valor el que se infundió en el momento! Se olvidó casa, mujer, hijos y cuanto había, y sólo se deseaba ya llegar a las manos. No es de creer que un hombre, natural de esta ciudad y de tener muchos parientes, amigos y condiscípulos en ella, pronunciase tan cruel y bárbaro decreto. Este soberbio monstruo se figuraba ya con la presa en las manos, como el león rabioso con el inocente corderillo. Dios Nuestro Señor quiso afligirmos y desconsolarnos, agotando todo el cáliz de amargura sobre nosotros, pues ya no teníamos recurso alguno sino sólo el recinto de donde estaba el campamento, que serían como cuatro o cinco cuadras en cuadro. También hay que advertir que tenía mucha gente dentro de la ciudad a favor de él y que más otra cosa la más fuerte, ¿y cuál era? Que este corto número de hombres y en tan estrecho terreno tenía que pelear con dos o tres millones de gente. ¿Y cómo? Porque tenía que pelear contra todas las provincias de la Nueva Granada, porque todas se conjuraron contra la capital, hasta los pueblos de la provincia de Cundinamarca. ¡Qué valor! En fin; ya estamos resueltos a lo que Dios quiera hacer de nosotros. Esta noche cogieron a don Luis Rubio, que venía de comandante de las tropas del Socorro, el que apresó a Cancino y a Perry. ¡Qué desconsuelo no sería ver que los enemigos tenían rodeada toda la ciudad y cogidos todos los principales puntos, sin dejar pasar los bastimentos, pues tenían cogido a Monserrate, Usaquén, Suba, Puentegrande, Fontibón, |Techo y puente de Bosa! Las mujeres, los viejos y los niños alzaban el grito implorando favor y auxilio al Dios de las misericordias, que justamente nos atribulaba por nuestros pecados.

Viernes 8. Paramó. Hoy se fueron nuestras tropas de 400 hombres hasta |Techo, con la artillería, lo mismo que ayer, en las que fui yo; no se descubrió al enemigo, porque estaba atrincherado en el camellón de Fontibón y muy fortalecido. Nos retiramos al Puente Aranda, y allí nos estuvimos hasta que entró la noche, que nos vinimos al campo con mucho silencio, manifestando quedarnos allí encubiertos.

Sábado 9. Buen día; día memorable y dichoso para nosotros. Como a las tres de la mañana se oyó un tiro de la centinela de |Milicias, avanzada, que estaba en el llano de |Chamicera, tiro que era la orden que tenía si viese que se acercase gente. Con este motivo nos pusimos todos sobre las armas. A las cinco se descubrió por el llano de |Chamicera un numerosísimo ejército armado de más de 1.100 hombres, que traía Baraya del Socorro y sus contornos, fuera de toda la gente y |orejones que había recogido de Chocontá, Ubaté, Zipaquirá, Bogotá, Facatativá y de todos los pueblos, pues pasaban de 800 la caballería, y acá ni uno montado siquiera. Como la ciudad se les dejó libre y a su arbitrio, en menos de media hora, por la puerta de Chamicera y cogieron Huerta de Jaime, Plazuela de San Victorino y Calle de Alameda, y al tiro rompieron el fuego 300 hombres, que contaba nada más el |Batallón Provincial, que fueron los que correspondieron el fuego, y la |Artillería, que inmediatamente se volvió para la ciudad, porque ellos tiraban para abajo y nosotros para arriba. Recibieron varias casas muchísimo daño de nuestra artillería. Cuando las tropas enemigas salieron a la esquina de Carnicería, y pensaban esparcirse por toda la ciudad, dicen que estaba una mujer vestida toda de azul, que según algunos piadosos aseguraron ser María Santísima Nuestra Señora de La Concepción, pues bajo de los dulcísimos nombres de Jesús, Maria y José militaban nuestras tropas, y esta mujer les dijo que no entrasen en la ciudad, sino que siguiesen para San Victorino, que allá estaban todas las tropas; y así lo hicieron sin que uno solo se animase a entrar a la ciudad; siendo así que el principal deseo y anhelo era el prometido saqueo que Baraya les había ofrecido, y teniendo la ciudad libre y sin que nadie les impidiese la entrada, no sino seguir para el campo siguiendo el consejo de la mujer. ¿No se deja ver claro el poderosísimo patrocinio de María Santísima, que no consintió que esta ciudad fuese entregada al saqueo, al estupro, y quizá a la violación de las esposas de Jesucristo y profanación de los templos, muertes y otras tantas iniquidades? Que todo se puede creer de unas tropas encarnizadas, llenas de furor y con deseo del saqueo general. Y por cumplir Baraya su palabra con las tropas del saqueo, que les había ofrecido, sería que no quiso ceder a las capitulaciones. En fin, duró el fuego vivo y con tanta violencia algo más de hora y media. Contar ahora las lágrimas, los gritos, los lamentos de todos los que había dentro de la ciudad sería una cosa muy prolija: todas las mujeres con sus hijos corrieron a los templos; a esa hora se descubrió Su Majestad en todas partes; todos los sacerdotes salieron al sacrificio llorando y temblando a implorar las misericordias del Señor; muchos de ellos con el estrépito de los cañones, con el alarido y gritos de las mujeres, que a grito entero clamaban a todos y a María Santísima, unas por sus hijos, otras por sus maridos, por sus padres, por sus hermanos. Con semejante confusión se olvidaban de en qué parte de la misa iban. Fue terrible el espanto, el susto y la confusión, pero como a las 7, poco más de la mañana, cuando se estaba en lo más fino del fuego, con el motivo de tanta mortandad, y de haber sacado el maestro armero don Mariano un cañón, por espaldas de La Capuchina a la Calle de la Alameda, y que a la primera descarga hizo un destrozo terrible, se le infundió de golpe un pavor y espanto, pánico, que echaron a huir vergonzosa y precipitadamente, y como que se caían de sus pies y los que venían detrás caían sobre éstos, que hacían |barbacoas; los nuestros, viendo la fuga, los perseguían para acabarlos de desordenar; todos tiraban las armas para con más libertad poder huir; las mujeres nuestras, con tan varonil denuedo, se botaban a coger prisioneros, y se les rendían como a los capitanes más valerosos, unas con las mismas armas de ellos, que les quitaban, otras con palos de las cercas, que traían al hombro a modo de fusiles; traían en medio a 8, a 10, a 12 prisioneros y los presentaban al señor presidente; otras venían cargadas con cajones de metralla, de pólvora, con cañones y armas blancas y otra infinidad de despojos. ¡Cosa admirable!, y que yo lo vide, pues me hallé en el tiroteo.

Se dijo por varias personas de crédito, y por muchas bocas, que cuando estaba el fuego en lo más vigoroso, andaba una mujer por entre las tropas y a la parte que más caían las balas; y después dicha mujer, aunque se inquirió no pareció, lo que se tiene por verosímil que fue Maria Santísima Nuestra Señora, para amparamos y favorecernos. A esto se agrega los pocos que murieron de nuestra parte, pues tanta multitud de hombres que precipitadamente se avanzaron sobre nosotros, con ansia de devorarnos podían haber hecho algún considerable estrago, pero nada; 5 fueron los muertos de nuestra parte: 4 soldados y el capitán de caballería, don José María Araoz, unos 10 heridos, entre ellos el sargento de |Artillería Laureano Vargas, y eso lo hirió el mismo cañon que estaba cargando. De los enemigos pasaron de 600 y más de 400 heridos que llevaron al hospital, de los que murieron también muchísimos.

En fin, cantamos la victoria y comenzamos a recoger armas y pertrechos y 27 cañones, muchísima fusilería y armas blancas, y tanto prisionero, que a la noche de este día se contaron 1.255. El día estuvo muy apacible y bueno; la gente no cesa de alabar al Dios de las misericordias, que por un portentoso milagro multiplicado, en tantos cuantos fueron los sucesos de este día.

¡Bendito sea mi Dios y Señor! Gracias y alabanzas te damos y te daremos, y también te dará la posteridad nuestra por habernos librado este día de tantos enemigos que pretendían entrar triunfantes en nuestra tierra, y que pasando por encima de nuestros cadáveres posesionarse de nuestros haberes y mujeres, y pasando a cuchillo a cuanto se les viniese a las manos, sin perdonar al viejo, al párvulo y hasta el tímido y frágil sexo y llenarnos de horror y confusión. ¡Bendito sea Dios para siempre y su bendita madre, nuestra libertadora, María Santísima Nuestra Señora, que nos ha favorecido! El señor presidente se está tratando con una imponderable y nunca bien contada política. A todos los prisioneros los ha mandado llevar a los cuarteles y que se les dé competente ración, poniendo pena a quien los insultare. A los oficiales los mandó poner en lugares más decentes, y que se les tratase según la graduación de cada uno, y que los más de ellos eran de los que aquí mismo se les había dado los empleos. Con motivo de haberse ganado la acción ofició el señor presidente Nariño a don Atanasio Girardot, que fue el que tomó a Monserrate, y era el comandante de dichas tropas, que rindiese las armas y se presentase sin temor; y la contestación fue que sí se presentaría pero a fuego y sangre; por esto el señor presidente puso arrestados a su padre y madre en su misma casa.

Siguieron varias compañías a Fontibón, persiguiendo al enemigo, y cogieron muchos despojos y armas, porque allí habían acopiado todo.

Domingo 10. Buen día. Se sigue haciendo pesquisas de hombres, armas, pertrechos e intereses. Hoy han traído al doctor Ordóñez, |2 canónigo de Cartagena, y diputado del congreso y el que decretó la guerra a fuego y sangre contra Santa Fe y su presidente; al padre Cediel, de San Agustín, que venía de capellán; a don Gregorio Martínez, de San Gil; a don José María Portocarrero, de Facatativá, con 25 cargas de tabaco y cacao y a muchos socorreños. Se han presentado muchos carracos, y el señor presidente los ha recibido con afabilidad, y han venido muchos sujetos ilustres a dar la enhorabuena.

Esta tarde sacaron en triunfo el dulce nombre de Jesús, por el campo, en un estandarte, y una décima, con mucho acompañamiento, música, vivas, voladores, y dio vuelta por todo el campamento. A la noche cayó un corto aguacero, y esta misma salió Bailly con gente para Zipaquirá y Chocontá, persiguiendo al enemigo. Dicen va hasta Tunja. | 3

Lunes 11. Buen día. No ha habido novedad; han entrado varias armas y pertrechos que van topando, y hoy pusieron toda la |Artillería en dos alas, con todos los pertrechos y municiones y tiendas de campaña, con todo lo demás que al enemigo se le había cogido, y al frente pusieron la bandera que se cogió al enemigo. Por el un lado tenía a Nuestra Señora del Socorro, muy linda, y por el otro una María, con una corona imperial y una granada. La bandera era blanca, como de cera. Pusieron también la banda del general Baraya, que también se cogió: era de azul y blanco, menos a él, que se escapó a uña de caballo; dando vuelta por Tenjo cayó a Cucunubá, y de allí a Lenguazaque, y de ahí a Tunja, y de ahí a Bonza, donde dicen está haciéndose loco. También comenzaron a poner algunos versos denigrativos, que no me gustaron. La acción no está enteramente decidida, y aun cuando lo esté, no hemos de faltar a la caridad. Esta noche entró el gobernador de Tunja, don Juan Nepomuceno Niño. Ya comienzan a temer algunos en la bondad del presidente Nariño con los presos (¿Quién sabe?). Desde las once hasta la una del día repicaron en todas las iglesias, pero la misa de acción de gracias será el día de mañana.

Martes 12. Buen día (se acabaron las cabañuelas). Hoy fue la misa de acción de gracias por la victoria conseguida. Asistieron todos los tribunales y toda la oficialidad y comunidades; predicó el señor provisor doctor don Domingo Duquesne, relativo a los asuntos del día, contra el congreso y tropas de la Unión. Esta noche se presentó don José Maria Vélez, oficial que era de aquí y se pasó al bando contrario, y cogieron a don José Ayala, a don Rafael Urdaneta y a don Joaquín Acebedo, el que ha quedado muy recomendado por sus buenos servicios en el calabozo, fuerte de San Alejo. Esta noche hubo una conmoción popular y de la tropa, porque los prisioneros los iban poniendo en libertad y a otros en sus casas, y para contentarlos ofreció el señor presidente arrestarlos y seguirles la causa como corresponde.

A 13 se pusieron a los indicados presos en los cuarteles; a don Juan Nepomuceno Niño en el tribunal de cuentas; a los demás los han llevado al Hospicio, y a los oficiales a La Tercera y a las Aulas.

A 14 se echó bando creando un tribunal de residencia para seguirles causa a los oficiales; se nombró por presidente a don Primo Groot y por fiscal al doctor Tobar. Hoy hicieron una famosa fiesta las monjas de Santa Clara, con mucha asistencia; predicó el padre Ley todo lo que sucedió en la guerra. En Santa Inés hubo todo el día velación a Su Majestad, y a la tarde predicó el padre Torrente. A la noche se presentaron Pepe y Mariano Parises y Pacho Urdaneta al señor presidente. | 4 ¿Quién sabe si es alguna masa que tienen hecha? Yo dudo mucho, porque todos los Parises, Urdaneta y Girardot no respiran sino fuego y sangre; aquí hay mucha bondad, que cede en mucho perjuicio.

A 15. Esta noche entró Baiily, con toda la gente que llevó a Chocontá; trajeron al hijo de Acebedo y varias armas de fusiles, pistolas y sables. No pudieron alcanzar a Girardot. Se ha dado providencia para que los presos del Socorro, que pasaban ya por todos de más de 2.300, que sean restituidos a sus lugares, con una proclama llena de caridad y beneficencia, y su pasaporte, dándoles el señor presidente $ 4 a cada 10 hombres, para su camino, bastante era, y si no, ¿cuál de ellos lo había hecho si la cosa hubiera sido cambiada? Y si no trasladó a las tropas que fueron a San Gil, que les quitaron las armas y cuanto llevaron, y cada uno vino como Dios les ayudó, pero ellos mismos por sus propias manos y con todo cuidado trajeron todo a Santa Fe, lo que habían sacado y llevádose: las armas, los pertrechos, la pólvora, la gente y cuanto acarrear pudieron; todo lo entregaron dentro del término de una hora y con bastantes réditos. Así vuelve Dios por la inocencia.

A 16 hubo misa de acción de gracias en San Victorino, con asistencia; predicó el padre Guzmán, de Santo Domingo, un sermón de hora y media; hubo muchísima gente y toda la oficialidad. En el convento de La Concepción se veló a Su Majestad todo el día y a la tarde predicó el padre Florido, de San Francisco.

Hoy ha habido un ayuno general mandado por los señores gobernadores del arzobispado, en una pastoral de tres pliegos. Toda la gente está muy devota y fervorosa. En todo este tiempo no se ha oído ni un tiple, ni diversión ninguna, que es cosa muy particular, pues en las casas grandes pudiera haber habido bailes en celebración, pero nada; todo era acudir a los templos. ¡Ojalá durara esto siempre! Dios nos lo conceda por su infinita misericordia.

Hoy han comenzado a traer los trastos que sacaron de la |Artillería, cuando la desocuparon por la guerra, y ha renunciado don Felipe Vergara la comisión de juez de residencia, porque está Ayala en medio, y es uno de los más soberbios.

A 17 se comenzaron las cuarenta horas en la Capilla y se advirtió que comulgaba muchísima gente de ambos sexos en todas las iglesias. Hoy se hizo en San Agustín la fiesta del dulce nombre de Jesús, en la iglesia grande. La asistencia ha sido numerosísima, por las actuales circunstancias; predicó el padre Blanco, del mismo convento, y dijo la misma el padre Pey. A la tarde salió Jesús Nazareno en una muy lucida procesión, con asistencia de comunidades; dio vuelta lo mismo que el miércoles santo. Salió en la escolta el calavera Sandino de oficial y le dio a un soldado un sablazo en un brazo. | 5 A la noche predicó en la capilla el doctor José María Flórez.

Lunes 18. Buen día. Hoy hubo revista de comisario en San Victorino y hubo misa de acción de gracias en La Concepción, por el cabildo eclesiástico; la dijo el doctor Duquesne, con asistencia de tribunales y comunidades. A la noche predicó el señor doctor don Santiago Torres, en la Capilla, e hizo conmemoración del año 1805, en que se robaron la custodia del pueblo de Toca, y la trajeron dentro de un costal con Nuestro Amo Sacramentado, hasta la parroquia de Usaquén, en donde el mismo ladrón consumió la forma consagrada y puso otra sin consagrar, y allí lo prendieron y lo trajeron a esta cárcel.

Martes 19. Buen día. Hoy se recibió de soldado raso en la compañía de |Granaderos al excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño, y sus dos hijas se presentaron con uniformes de los cuerpos en que sentaron plaza, la mayor en la |Artillería y la otra en el batallón |Nacional. Estuvo la acción muy edificativa y lucida. En obsequio de esto y de la victoria conseguida dio el presidente un famoso banquete en el llano de San Victorino, en una gran tienda de campaña, donde comió él con toda la oficialidad y varios sujetos, y la misma comida se le dio a todas las tropas de la guarnición; estuvo muy lucida y magníficamente preparada. En frente de dicha tienda estaba un parapeto donde estaban todos los cañones, morteros y demás armas cogidas al enemigo y en medio la bandera que traían y la banda de Baraya. A la noche hubo baile en la casa en que estaba el presidente y en la gran tienda de campaña, que cabían dentro sobre 600 personas, con descanso para bailar; por la tarde se jugaron algunos toros.

Miércoles 20. Buen día. Hoy se levantó el campo de San Victorino y por la tarde entraron las tropas triunfantes en la plaza, con un aparato muy magnífico de artillería y demás armas y pertrechos, los que cargaron los mismos prisioneros de guerra, y después de haber hecho su famoso cuadro se repartieron a sus correspondientes cuarteles, yendo el batallón de |Defensores de la Patria (nombre que se le puso ayer al batallón |Auxiliar), a la casa de la dirección general, por estar el cuartel lleno de prisioneros.

Jueves 21. Buen día. Hoy la piedad de las señoras cundinamarquesas de esta capital les ha llevado alimentos e hilas a los heridos al hospital.

Viernes 22. Buen día. Murió el soldado panadero y María Orejuela y hubo velación a Su Majestad en Santa Inés, con sermón y pláticas.

Sábado 23. Buen día. Hoy subió el cabildo secular en cuerpo hasta La Peña, a la fiesta de Nuestra Señora (cosa no vista), en acción de gracias por la victoria. A la tarde trajeron a Nuestra Señora de La Concepción (la del oratorio de don Ignacio Forero) | 6 | que la habían llevado al campo y depositado en el convento de San Diego, desde el día 13 de diciembre, para que nos favoreciese, y la dejaron en la iglesia de Las Nieves para traerla mañana.

Domingo 24. Buen día. A las ocho y media de la mañana comenzó a alborotar la cárcel un negro, dando descompasados gritos, por lo que fue menester pedir auxilio. Entraron 20 hombres de |Milicias, a los que el negro hizo resistencia, hasta quitarle a uno de ellos una bayoneta, con la que se puyaba él mismo. A las nueve se celebró misa de acción de gracias en La Candelaria, con asistencia del presidente, comunidades, canónigos y toda la oficialidad; predicó el padre Moya un gran sermón, se cantó el |Te Deum con las preces, hubo descargas de fusiles y pedreros. Concluida la función entró el presidente y comitiva al convento, a la celda del padre prior, el que había preparado un refresco; fray Venancio era el prior. Estuvo el presidente en varias celdas y pasó a la celda del doctor Ordóñez, congresista y prisionero de guerra, que se había mandado poner preso en este convento. A la salida se encontraron con la procesión de Nuestra Señora, que traían de Las Nieves a Nuestra Señora de La Concepción, del oratorio de Forero; se juntó el señor presidente y toda la comitiva y caballería, desde la iglesia de La Enseñanza hasta El Carmen, cargando a Nuestra Señora la oficialidad. En dicha iglesia se hicieron las preces acostumbradas y hubo misa de doce.

A la una de la tarde vino un correo extraordinario dando noticia que |monsieur Pedro Labatut había ganado a Santa Marta el día 6 y derrotado a los |chapetones, y que el día 10 había entrado pacíficamente en la dicha ciudad, la que encontró cuasi sola, y los enemigos se llevaron 2.000.000 de pesos, todas las alhajas de las iglesias, hasta la custodia de la catedral; dejaron la artillería clavada y le prendieron fuego a la pólvora que tenían. Esta noticia se celebró con dianas en los cuarteles, repiques, pólvora, vivas, etc. A las tres salió una lucida procesión de la parroquia de Santa Bárbara, trayendo la original, la que iban cargando los oficiales de todos los cuerpos; dio vuelta por la plaza mayor, y se le hicieron muchas salvas de artillería con seis pedreros que había preparados en la misma plaza. La concurrencia fue numerosísima y mucha la devoción. Gracias a Dios. A la oración salió la música militar por las calles echando vítores y voladores por la ganancia de Santa Marta, pero a mí me parece que son intrigas para que manden dinero a Cartagena, que esto es lo que se ha propuesto el congreso. Ya se están poniendo en libertad a los prisioneros socorreños y los van mandando por partidas, y el señor presidente les da cuatro pesos para cada diez hombres. Corre la chispa que Baraya ha renunciado el empleo y se viene a comprar una hacienda junto a Santa Fe. Esto está malo. Ya verán en lo que viene a parar tanta benignidad, pues el congreso ha de buscar el desquite, aunque sea valiéndose de las provincias costeñas o de alguna nación extranjera, y entonces es cuando los |chapetones logran el tiro para volvernos a subyugar por las desavenencias entre nosotros mismos. ¡Quiera Dios que no sea así! Pero yo lo temo mucho. A la familia de los Parises los han declarado solamente prisioneros de guerra cuando han sido tan acérrimos enemigos de Santa Fe, y Manuel París, en la confesión que hizo, tratando los demás oficiales de disculparse con el engaño de Baraya y otras frioleras, les dijo con todo desembarazo a sus compañeros: “No se anden ahora excusando ni se den por engañados porque perdimos la acción”, y volviendo al señor Jurado, le dijo: “Señor, todos hemos venido volun­tariamente y todos traíamos la intención de robar, matar y...” (por ser palabra sumamente deshonesta no la pongo como él la profirió). Esto no para en bien; breve tendremos otra jarana. Hoy se hizo la fiesta de inocentes, que no se había hecho.

Lunes 25. Buen día. Siguen mandando socorreños a sus tierras.

Martes 26. Buena mañana, pero a la tarde cayó un furioso aguacero.

Miércoles 27. Buena mañana; llovió a la tarde y enterraron a la reverenda madre Margarita Corpas de Jesús, de Santa Clara.

Jueves 28. Buen día. A la noche hubo cierto alboroto con los |pateadores que querían ir a la |Artillería, quién sabe con qué intención, y resultó que apresaron a don Antonio Mendoza y a Ramón Rico.

Viernes 29. Buen día. Se publicó bando que no se tratase mal a los prisioneros y dando parte que ya el congreso había puesto en libertad a nuestros diputados y oficiales.

Sábado 30. Hoy no se le vio la cara al sol. Se juntó la representación nacional para ver en qué forma o modo queda el gobierno, porque dijo el presidente que es nada lo adelantado en la guerra con lo poco que se ha recogido estando aún los principales comandantes enemigos vigentes, y el presidente del congreso, aunque ya está solo con un representante y pide al gobierno nuestro una entrevista, se sancionó que la hubiera, donde lo tuviera por conveniente el señor presidente, aunque el doctor don Felipe Vergara (uno de los mejores patriotas que se han distinguido en todos sus votos y personales servicios), fue de sentir que tenía por bajeza la dicha entrevista fuera de la capital, por las razones que en su apoyo aludió, como el trato que le ha dado siempre el congreso a esta capital en sus oficios y despotismo con que siempre nos ha tratado; del mismo parecer fue el señor doctor don Francisco Manrique y otros.

Domingo 21. Buen día; llovió a la noche. Hoy fue el presidente a La Peña a cumplir una promesa, con su | familia, y hoy convocaron a los hermanos de la Capilla para elección de director, y se barajó, porque no le pidieron permiso a los señores Vergaras.

Febrero 1° Lunes. Buen día. Hoy entraron los dos señores diputados al congreso, don Manuel Alvarez y don Luis Eduardo Azuola, a quienes los tiranos de Baraya, Ricaurte y el congreso hicieron prisioneros y maltrataron más que las naciones bárbaras, porque no quisieron por su parte declarar la guerra a Santa Fe, y retenernos a otros sujetos oficiales, como a don Ignacio Salcedo y don Juan Ribero y otros. A la entrada fueron muchos sujetos de los principales a encontrarlos, a caballo; llevaron un coche en que iba don Manuel Pardo a conducirlos. En el puente de San Victorino se les hizo una salva de artillería mayor, con los cañones de a ocho; llegaron a palacio, en donde se hallaba una comitiva de muchos señores con los gobernadores del arzobispado y el señor presidente, en una sala iluminada con luces de esperma. A las siete de la noche se sirvió un gran refresco; concluído se comenzó una famosa orquesta y baile y otras diversiones. Al gobernador de Tunja, don Juan Nepomuceno Niño, se ha puesto en libertad y mandado, con todo decoro, para su provincia. Asimismo se han mandado a los oficiales Ayala, Parises y a otros, para la misma provincia, y hasta la fecha no han obedecido. ¡Así va todo!

Martes 2. Buena mañana; llovió a la tarde. Siguen saliendo prisioneros.

Miércoles 3. Buen día. Hoy se mandó una expedición para Honda: se ignora a qué fin y se previene otra para Zipaquirá, para la entrevista del señor presidente con don Camilo Torres, presidente del congreso.

Jueves 4. Buen día. A la tarde vino un extraordinario del congreso, por lo que no hay ya tal entrevista anunciada. Hubo revista general.

Viernes 5. Buen día. Esta tarde se deja ver hacia la parte del poniente un lucidísimo y particular horizonte, que en la hermosura de su luz competía con el día más claro; duró hasta las siete de la noche.

Sábado 6. Buen día. Se publicó bando para que entreguen las armas, blancas y de fuego, que tengan retenidas, de la guerra pasada, en el parque de |Artillería, dentro del término de cinco días, premiando a los denunciantes. Hoy hizo don Ignacio Salcedo una fiesta a Nuestra Señora de Chiquinquirá, en la castrense. A la tarde se reunió la representación nacional para instalar el modo de gobierno, y por qué motivo ha cesado por nuestra parte la suspensión de armas. El señor presidente propuso un plan para la centralización de la provincia el que se adoptó, y todos fueron de parecer que se circulara. El plan es que nombren las provincias un diputado por cada 50.000 almas para formar una junta central y que ésta forme el modo de gobierno de la república, con la precisa condición que los representantes sean hijos de la provincia y que no tengan causa pendiente, mayores de veinticinco años, y sean sujetos de responsabilidad y otros artículos. Se sancionó que ya no se tenga correspondencia con el congreso, sino que se procure exterminar a sus individuos, y se propuso que salga una expedición para Tunja con este fin. A la noche llevaron los padres de Santo Domingo a Nuestra Señora de Belén a casa del señor don Luis Azuda, con muchas lágrimas de toda la familia, en acción de gracias por haberle libertado la vida de manos del congreso.

Domingo 7. Se hizo la fiesta de las banderas a Nuestra Señora de Chiquinquirá, y predicó el padre Castro, de La Candelaria, con asistencia de toda la oficialidad. A la tarde se hizo en el altico de |Buenavista una guerrilla, por los muchachos y estudiantes de los colegios y mucha gente de todas clases que concurrió. Se tiraban con bocas de fuego y piedras, que por milagro no hubo una desgracia, imitando en todo el ataque que hubo en San Victorino el día 9 de enero. Esta noche mataron, por Santa Bárbara, a Juan Nepomuceno Moya; lo mató Pacho García.

Lunes 8. Hoy subió la comunidad de Santo Domingo, a pie, a la ermita de Monserrate, a cumplir la promesa que hicieron el día del ataque. Con la comunidad subió mucha gente con gran devoción.

Martes 9. Hoy salió partida para Anolaima. No se sabe con qué fin. En dicho murió doña Isabel, de parto, la mujer de Losada, el alcalde de la cárcel chica y divorcio.

Miércoles 10. Murió Pablitos, el botellero.

Jueves 11. Sin novedad.

Viernes 12. Se publicó bando para castigar militarmente a los que se probare que se hayan pasado al enemigo o los haya auxiliado de algún modo, después del día 10 de septiembre, y se recibió el gobierno. Comprende también a los sacerdotes que hayan tenido algún influjo. Hoy salió providencia para que no vendan las revendedoras los viernes.

Sábado 13. Salieron don Pedro Groot y don Manuel Pardo de diputados para Antioquia; don Pío Domínguez y don José María Castillo, para Cartagena; doctor don Julián José de León, para los Llanos, presbítero. Todos van con el destino de centralizar las provincias, y que cada una nombre diputados. Don Joaquín Bonilla para Popayán.

Domingo 14. Hoy el batallón de |Milicias de infantería ha hecho una muy solemne fiesta al señor de Las Cruces, su patrón, consagrándole sus banderas en acción de gracias por la victoria; dijo la misa el señor León, canónigo, y predicó el padre Blanco, de San Agustín, y estrenaron clarinetes y tambora. Hoy se hizo la elección de capellán director de la capilla, y salió electo el señor canónigo doctor don Manuel Andrade, por haberlo abandonado el doctor Estévez y pasádose a Tunja. Se juntaron 74 hermanos para la elección. Esta tarde se rodó por Monserrate una mujer y la bajaron medio muerta.

Lunes 15. Hoy se publicó un bando llamando por segunda ocasión a don Francisco Morales Fernández.

Martes 16. Sin novedad.

Miércoles 17. A la una de la tarde se extrañó ver el palacio cerrado, pero averiguando el motivo, se supo que el presidente así lo había ordenado por descansar un poco.

Jueves 18. Sin novedad.

Viernes 19. Se comenzó a oír la chispa de que están acuartelando gente, nuevamente, en Tunja. Esta noche mató una mujer a otra y a un hombre por Las Nieves.

Sábado 20. Sin novedad.

Domingo 21. Hicieron los padres de Santo Domingo una fiesta a Nuestra Señora de las Mercedes, muy solemne, en acción de gracias. Predicó el reverendo padre M. Díaz.

Lunes 22. Se hicieron las honras al señor coronel de |Milicias don Luis Caycedo, que murió en |Saldaña, su hacienda; caballero de la real y distinguida orden de Carlos III, gran patriota. | 7 | |

Lunes 22. Se comenzó a cercar la plaza para las fiestas que pretenden hacer en los días del carnaval. A mí no me parecen buenas las tales fiestas, porque aun tenemos los enemigos muy cerca por todas partes.

Martes 23. Murió Tomás Osorio, mielero. Predicó en San Agustín el padre Blanco.

Miércoles 24. Hoy estaba señalado para llevar a Nuestra Señora del Rosario, pero no se hizo porque llovió. Hoy se pusieron carteles para lo que se debe observar en las próximas fiestas, las que están a disgusto de la mayor parte de los ciudadanos, tanto por las circunstancias de tiempo como porque llueve mucho. En la Calle de la Carrera, frente a la Botánica en la tienda de José María León, una tarjeta con un león y un Jesús, con un rótulo que decía: “Aquí se venden los papeles públicos de gobierno”. A la noche se hizo ejercicio en San Agustín; predicó el padre Bonilla.

Jueves 25. Trasladaron a Nuestra Señora del Rosario a su casa en solemne procesión; asistieron los cabildos, y los artilleros hicieron tres descargas con pedreros.

Viernes 26. Se le hicieron las honras al coronel don Luis Caycedo, en San Agustín; se puso un túmulo famoso, asistieron las comunidades y cabildos, y el batallón de |Milicias asistió con armas a la funerala y una bandera enrollada y arriba una cinta negra ancha, y cajas enlutadas, y los oficiales de luto. Después de la misa se hizo una descarga por todo el batallón, muy lucida, y se volvieron con armas al hombro, ya sin luto. A la tarde se comenzaron las fiestas con unos toros bien malos; la gente está tan resfriada, que apenas cuatro tablados se han hecho, y muy poca gente ha asistido.

Sábado 27. Se hicieron en San Agustín honras por don Ignacio Portocarrero, que murió en la batalla de |Paloblanco. Hoy fue segundo día de toros: estuvieron lo mismo que ayer; desde el cual mandó el señor presidente que los toreadores no brindasen banderillas, señalándoles $ 8 por día a cada uno.

Domingo 28. Hubo carreras de parejas muy lucidas, por treinta y dos sujetos, los que iban ricamente vestidos y | los caballos primorosamente enjaezados; según sus cuadrillas, jugaron varias figuras, la sortija y el estafermo, y otras. A los tres cuartos para la oración entraron los diputados del congreso, doctor don José María del Castillo y doctor don José la Madrid, a los que salieron a recibirlos los de las parejas, vestidos como estaban; entraron en coche, gritando todos vivas a los diputados. Llegaron a palacio y a esa hora se puso la comida y estaba dispuesta para su recibimiento, y ninguno de los convidados había comido hasta entonces. En la mesa se sirvieron los más exquisitos vinos y hubo muchos brindis a la salud de dichos diputados, los que se mostraron muy malcontentos con los muchos obsequios que les hacía nuestro presidente y demás concurrentes. Esa noche hubo baile con mucho concurso de gentes distinguidas y la mayor parte |carracos, la más empecinada |carraca (ya convertida) rompió el baile, que era doña Ana Herrera y Arce. A esta señora se esmeró el señor presidente en obsequiarla con más particularidad. La sala del palacio estaba ricamente adornada y toda iluminada con esperma.

Marzo. Lunes 1° Segundo día de carnestolendas. Hoy se repitieron las carreras en obsequio de los diputados; se jugaron siete toros algo buenos; en uno de ellos se montó un toreador vestido de mujer y a la noche baile en el coliseo.

 

1
El padre fray Ignacio Botero, natural del departamento de An­tioquia monje de vida austera. Falleció el 14 de noviembre de 1816 en la Viceparroquia que existía en los aledaños de La Mesa, en el sitio denominado El Tigre, de sesenta y nueve años de edad.
2
El doctor Andrés Ordóñez, natural del Cauca, distinguido servidor de la república. Morillo lo envió preso a Cádiz, en 1816, y allí falleció.
3
Antonio Bailly, francés, coronel de ingenieros; murió trágicamente en esta ciudad el 29 de abril de 1813, como veremos adelante, referido por Caballero con riqueza de detalles.
4
Los beneméritos ciudadanos don José Ignacio París, hijo de esta ciudad, prócer de la independencia, entusiasta amigo del Libertador, quien donó a la República la magnífica estatua de Bolívar que existe en esta capital y levantó a su costa otros monumentos públicos; don Mariano, su hermano, también distinguido patriota, destinado a morir trágicamente en 1833 en servicio de la República que ayudó a fundar con sus hermanos Antonio, Manuel y Joaquín y don Francisco Urdaneta, natural de Montevideo, quien prestó servicios militares a nuestro país desde el 20 de julio de 1810 hasta su muerte, acaecida en 1861.
5
El capitán José Sandino, bogotano, que hizo campaña en Casanare y las llanuras de Venezuela desde 1813 hasta 1818, quedó inútil por grave herida que recibió en la acción de Cogedes.
6
La antigua capilla de Chapinero
7  
Para justificar el patriotismo del difunto don Luis Caycedo. en los días de más turbulencia, y cuando estaban los partidos contrarios en su mayor efervescencia, se acogieron a su hacienda de Saldaña multitud de carracos, parientes suyos por sanguinidad, afinidad y políticos. Estos fue­ron bien recibidos, como fueron el canónigo doctor don Fernando Caycedo, don José Sanz de Santamaría, tesorero de la Casa de Moneda; don Francisco Morales Fernández. comandante de caballería, y su hijo don Francisco y su hija doña Rulina Caycedo; pero todos estos señores fueron reprendidos y aun desechados de su casa cuando trataban de sostener el partido en contrario de Santa Fe y su actual presidente. - (Nota del autor).

  

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