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INTRODUCCIÓN
En 1950
cuando me ocupaba en el Archivo Histórico Nacional de Bogotá, de la recopilación de
documentos inéditos sobre los indígenas de las antiguas Gobernaciones
de Cartagena y Santa Marta, el doctor Enrique Ortega Ricaurte, Director del Archivo,
llamó mi atención sobre algunos folios escritos a fines del siglo XVIII, por un Padre
franciscano de nombre Joseph Palacios de la Vega. Al estudiar estos materiales, hallé
aún más folios al respecto en otros volúmenes del Archivo y reuní finalmente una
documentación amplia sobre la obra de este sacerdote. Entre estos manuscritos se
encuentra un diario de viaje, llevado por el Padre Palacios de la Vega, durante su
estancia entre los indios y negros de la antigua Provincia de Cartagena, en los años de
1787 a 1288. En las páginas siguientes se publica este diario textualmente, en su forma
original.
El que esta publicación se haya hecho posible, se debe al apoyo del doctor Gabriel
Giraldo Jaramillo, Director del Departamento de Cultura Popular y Extensión Artística
del Ministerio de Educación Nacional, quien no ha ahorrado esfuerzos en patrocinar este
proyecto y llevarlo a un feliz término. Me es muy grato expresarle mis profundos
agradecimientos por la edición de esta obra, que de nuevo nos hace deudores de gratitud a
todos los que nos interesamos en las ciencias históricas y sociales del país. También
doy mis gracias sinceras al doctor Antonio Andrade Crispino, Director del Instituto
Colombiano de Antropología, quien me facilitó la oportunidad de dedicarme a la labor de
recopilación; al doctor Enrique Ortega Ricaurte y al personal del Archivo Nacional por el
estímulo y apoyo prestados.
El texto
que se presenta a continuación fue tomado del manuscrito original y se reproduce sin
cambio alguno, conservando la ortografía y abreviaturas del escribiente, quien como
sabemos, acompañaba al Padre Palacios de la Vega en sus viajes. La única libertad que me
pareció justificado tomar con el original, consiste en el arreglo ocasional de la
puntuación. Ya que evidentemente fueron dictadas diariamente las notas, el escribiente
raras veces puso puntos o mayúsculas iniciales lo que hace la lectura a veces difícil.
Con excepción de la Nota 15 que fue publicada recientemente (Bejarano, 1950)
(
1
) y algunas referencias generales contenidas en una
historia misional (Arcila, 1951) (
2
),
el diario es inédito y se publica aquí por primera vez.
El Padre
Joseph Palacios de la Vega vino al Nuevo Reino de Granada en 1783, con destino al Colegio
de Propaganda Fide, en Cali. Pero en Cartagena de Indias tuvo que interrumpir su viaje
para restablecerse de una enfermedad contraída durante la travesía y recibió allí del
Arzobispo-Virrey, don Antonio Caballero y Góngora, el encargo de catequizar a los indios
del río San Jorge, en el Sur de la Provincia de Cartagena. Esta misión consistía en
obligar a los indígenas y negros fugitivos de la región a abandonar sus habitaciones
dispersas en las montañas y a establecerse en poblaciones para que pudieran quedar bajo
el control de la administración eclesiástica y civil del Virreinato. En el curso de
estos recorridos, que el Padre Palacios de la Vega describe vivamente en su diario, se
encontró con indios indómitos y negros rebeldes, con autoridades corrompidas, clérigos
indiferentes, contrabandistas, en fin, con personajes y condiciones no del todo fáciles
de enfrentar. Pero su energía y celo vencieron todos los obstáculos que la naturaleza y
los hombres pusieron en su camino y cumplió su misión con pleno éxito. Pero cuando
regresó, enfermo en cuerpo y alma por las peripecias del viaje y la miseria humana cuyo
testigo fue en tantas ocasiones, se le formularon acusaciones y críticas que llegaron
hasta las autoridades de Santa Fe de Bogotá. Amargado, se dirigió al Virrey pidiendo
justicia. Oficios y cartas fueron y vinieron a través de los años. Finalmente se dispuso
su regreso a España, pero antes de poder emprender el viaje murió en la ciudad de Honda
el 30 de octubre de 1800.
Pero mejor
oigamos sus propias palabras contenidas en una larga carta dirigida al Virrey José de
Ezpeleta, sucesor de Antonio Caballero y Góngora:
"Exmo.
Señor.
"Fray
Joseph Palacios de la Vega, Misionero Apostólico de la orden serafica y del Colegio de
Propaganda Fide de la Ciudad de Cali, en el expediente sobre la reduccion de los Indios
del nuebo Pueblo de S. Sipriano en la Provincia de Cartagena, y destruccion de las
rochelas, y demas comisiones que se encargaron, con la veneracion devida digo: que aviendo
servido en el exercito desde Cadete hasta Oficial, esles me alisté entre los misioneros
del Colegio de Protube sobre diez y seis años en el Regimiento de Infanteria de España,
en cuyo tiempo estube en las Guarniciones de las Plazas de Salamanca, Burgos, Badajos, y
Malaga, y en los Presidios de Africa, Medilla, el Peñon, Aluzema, y Zeuta, en donde por
mejor servir a Dios, me retiré a la religion de mi serafico Padre San Francisco, en donde
haviendo profesado, y estudiado por nuebe años continuos, Filosofía, Teología, Canones,
Moral, y demas que se aprehenden en las Religiones; recividos los ordenes hasta el sacro
Presbyterato, deseoso de ocuparme en la convercion de Infiepaganda Fide de la Ciudad de
Cali, con cuyo motivo me embarqué para esta America el año de ochenta y tres en la
fregata llamada de los Dolores adonde enfermé y desembarcando en la Plaza de Cartagena no
pude seguir a mis destino con mis compañeros. Hallandome ya mejorado de mis males,
haciendo sobre treinta años que se solicitaba la conquista del Pueblo de San Sipriano,
por Decreto de veinte y nuebe de Abril del año de ochenta y cinco, refrendado en diez y
seis de Junio del mismo año se dignó el Exmo. e Ilmo. Señor Don Antonio Cavallero y
Góngora, Arzobispo y Virrey de este Reyno, conferirme la comision, para la reduccion del
mismo pueblo de San Sipriano, y reunir a el dicho pueblo, los naturales y libres,
dispersos en aquellos parages incultos con total abandono de sus almas; cuyo encargo he
desempeñado, no con la delinqüente conducta q. ha informado Belandres
(
3
) atribuyendola a efectos de mi genio áspero y
temible, sino con la suavidad y benevolencia propia de mi Ministerio Apostólico y que
inspira mi sagrado instituto." (
4
)
En el
folio 126 dice la misma carta:
"...para
que mas abundasen los comprovantes, presenté un Diario integro de todo lo que executé en
la reduccion, dando noticia individual de las Minas, piedras preciosas, y particulares
maderas q. avia en aquellas montañas; con cuyo motivo por Decreto de 11 de marzo del año
de 86 se me aprovó el establecimiento de los Indios Chimilas y Chocoes
(
5
) en el sitio de San Sipriano con respecto al numero
de todas claces que hice ver se componia dho sitio, se me mando pagar el estipendio anual
de 183 pesetas y la oblata. mandado que las Justicias me franqueasen el auxilio que necesitase". (
6
)
Más
adelante continúa:
"Ymmediatamente
se me comisionó para lo conquista del Darién, por tierra, con Yndios reducidos y cien
hombres de auxilio."
Explica
luego la causa por la cual no se efectuó esta comisión: estando en el río Cauca, se
amotinó su gente al oír que el Comandante Anastasio Zejudo había sido asesinado por los
indios Cuna y para no verse obligados a penetrar a esta peligrosa región, trataron de
envenenar al sacerdote; "...en un poco de caldo que pedí me dieron xicarazo para
quitarme la vida" (ibid. fol 127). Bajando el río Magdalena lo llevaron en hamaca
hasta Cartagena "...manteniendome todo el tiempo con solo sumo de limones"
(ibid. fol. 127.128).
Continúa
la carta diciendo que poco después recibió una nueva orden superior para regresar a San
Cipriano, pero que no se le entregaron los fondos estipulados. Don Antonio de Arrévalo,
el gran arquitecto militar que entonces estaba en Cartagena, le dio la suma necesaria y
así el Padre Palacios de la Vega pudo permanecer por seis meses más en aquella región
hasta que, obligado por la falta de víveres, regresó a la villa de Ayapel. De allí
salió con sólo cuatro compañeros al Palenque de Carate que se había rebelado y volvió
después de diez y siete días con ciento treinta familias a Ayapel, donde las
estableció. Allí mismo recibió nuevas órdenes, dadas en mayo 24 de 1787
para destruir las rochelas de los ríos San Jorge, Cauca, Nechí, Tenche y Porce. Habla
luego de las acusaciones que se le formularon y dice: .... .me tenían por ladrón
público, Capitán de Bandoleros, Traidor al Rey." En efecto, varias autoridades de
las poblaciones donde el Padre Palacios de la Vega había obligado a las familias
dispersas a
establecerse "bajo son de campana", se habían quejado ante sus
superiores, difamando al misionero y poniendo en duda la validez de sus credenciales.
A continuación la carta cita las múltiples fundaciones efectuadas por el Padre Palacios
de la Vega, en el curso de sus viajes. Dice así:
"...por mi mano arreglé en estos sitios los terrenos para sus casas, fuera de las
que remití al Algarrobo; las familias de Indios dispersos de Gegua y Yatí; las familias
que mandé a Tacasaluma y Santiago; los Indios inzimarronados que saqué del Pueblo de
Guazo, los que dejé en el Retiro y San Sebastián, sin más que mandé a Tacaloa y
Tacamocho que todos pasan de dos mil."
Al terminar su carta dice:
"Sino estubiera yo persuadido por la crianza de mi casa y desde mi juventud por los
preceptos de muchos e instruccion en la tropa, y varias obras q. he leydo de que nada hay
q. devamos desear con ahinco en esta vida fuera del merito y virtud, y q. a trueque de
conseguirlas no se deve hacer caso de ninguno tormento corporal, ni de ningun riezgo de
muerte o destierro: nunca me huviera metido para salvar crecido numero de almas en tantas
y tan terribles contiendas y choques quotidianos con una gente tan perdida, que solo
parecian hombres en el aspecto pero fieras en la condicion y costumbres, porq. no hay q.
disimular lo q. no se puede encubrir .." (ibid. fol. 140).
En él hay
algo del celo de Las Casas y en una ocasión lo menciona y dice:
.....
entre los fastos de la America aun estan escritos con caracteres de amor los nombres de
Las Casas, de Julian Garzes, de Antonio Baldibieso, de Juan Ramirez, y de otros muchos
religiosos piadosos, que protegieron constantemente a los Indios (ibid. fol. 136).
En
realidad, la protección del indígena, basada en una comprensión de su cultura, fue la
meta que se había puesto el Padre Palacios de la Vega. Su diario de viaje da testimonio
de que sus contactos con los indios fueron más íntimos, más comprensivos talvez que los
que se observan en su actitud hacia los negros y mulatos. En sus relaciones con las
autoridades españolas locales hay a veces una nota de arrogancia mal disimulada y fue por
cierto en ésto donde se originaron sus posteriores dificultades.
El
material de manuscritos referentes al Padre Palacios de la Vega consiste en los siguientes
documentos, citando aquí los títulos que les puso el archivero:
a)
Diligencias practicadas de orden del Arzobispo Caballero y Góngora, por fray José
Palacios de la Vega, en el sometimiento y evangelización de los indígenas de Turbaco (
7
) AHNB (
8
) - Fondo: "Historia Civil"; Tomo XIII, fol.
246-314. Estos folios abarcan la
orden superior, el auto de obedecimiento firmado en Turbaco, y el diario de viaje, entre
julio 18 de 1787 y febrero 12 de 1788, es decir, la parte que se publica a continuación.
b) Misión
encomendada a Fray José Palacios de la Vega para catequizar indígenas de Cartagena y
avecindándolos en el sitio de San Cipriano.Ejecutorias de dicho religioso y su
óbito. AHNB-.Fondo: Miscelánea; Tomo XXII, fol. 27-264. Estos manuscritos
contienen un material muy variado de órdenes, autos de obedecimiento, probanzas de
servicio, cartas, listas de familias establecidas por el misionero en distintos pueblos,
oficios referentes a su pleito con Belandres y López, certificados de los párrocos de su
buena conducta y finalmente, una carta referente a su muerte. Entre estos manuscritos
figuran algunos que contienen datos de interés y que entresacamos a continuación.
El fol.
28r, firmado por Domingo Caizedo, en Cartagena y fechado marzo 11 de 1786, dice así:
"Auttos y Visttos apruébase el establecimiento de los Indios Yanaconas en el sitio
de Sn. Ciprian ..." El término kechua "yanacona", es decir, indígena de
servicio, aparece aquí según nuestros conocimientos por primera vez en la costa
atlántica de Colombia, y por cierto en una fecha muy tardía.
El fol. 30
contiene una lista de armas y equipo recibidos por el Padre Palacios de la Vega en
Cartagena, en agosto 10 de 1789. Sus pormenores son:
"Veynte
fusiles del Calibre de a 16 sin bayonetas
Doscientas piedras de chizpa
Quarenta hachas de dos manos
Sesenta lanzas
Quatro tiendas de campaña con sus armaduras
Cinqta. y siete machetes de mano."
El fol. 78
contiene un oficio que se refiere a las labores de reducción en una zona que no figura en
el diario. Dice así:
". .
. concuerda con los originales que me presentó el R. P. F. Palacios de la Vega, misionero
Apostco., Cura Reductor, y fundador del nuevo Pueblo de Sn. Sipriano, conquistador de los
Indios Chocóes ensimarronados en Ure, Mancán, Tarara, y Cauca y nuevo Comisionada por el
Exmo. Sor. Virrey de este nuevo Reyno de Granada, con los que lo corregi concorde y
conserté.. ."
La fecha
es marzo 10 de 1788, es decir, menos de un mes después de que termina el diario.
Los fols.
81 a 85 se refieren a las familias dispersas que el Padre Palacio de la Vega reunió en
algunas poblaciones. Dicen así:
"Lista
de las familias arrocheladas y puestas vajo el son de campana." "Las antes
expresadas familias se sacaron de Caño de Barro, y mediaciones de Nechí,
Astillero, Boca de Perico, Mojana, Lana, rio Biejo, y Caño de Comejenes, fuera de
infinitas familias de indios q. he remitido a sus pueblos y ottros varios q. e hentregado
a los Srs. Jueces con graves delitos, de que daré cuenta a Va. y pa. q. constte asi lo
anotto y firmo, de q. certifico. Palacios de la Bega." (
9
).
Los fols.
85-89 contienen otra lista parecida que dice:
"Lista
de familias recojidas sin domicilio alguno en parte poblada y en los dibersos sitios y q.
hanotaré." "Estas comprendidas familias, con esta lista se sacaron de las
Rochelas del rio de Ojo Largo o Brazo de Cauca, Palizada, Corrales, Panseguita, Molino,
Tigre, Musanga y Barela. A las q. fundé y hize hacer casa en el sitio de Ojo Largo como a
el pertenecientes y para q. conste, lo anoto y firmo de que certifico. Palacios de la Vega." (
10
).
El fol. 91
dice:
"Cuaderno
q. contiene las diligencias actuadas por el R. P. Fr. Josef Palacios de la Vega, Misro.
Appco. en la conquista del Palenque de Caratte y varios sittios que relacionan."
El
manuscrito sin embargo apenas contiene unos folios firmados en Turbaco, en marzo 14 de
1787, fecha que indica que se trata de una comisión anterior a la contenida en nuestro
diario. Sin embargo, una nota dice que salió el 11 de abril de 1787 a una nueva comisión
que lo llevó a Sta. Rosa, Los Ajíes, Cattas, Doña María, Negro y Venao. Aquí se trata
evidentemente de la región de Ayapel y de un viaje algo anterior al descrito en el
diario.
Los fols.
103 a 106 contienen otra lista de familias y dicen:
"Lista
de los Parages y familias arrocheladas que encontré y remittí a la Villa de
Ayapél."
En ella se
mencionan 333 individuos y se hace referencia a los lugares siguientes: Cattas, Perico,
Caño Domingo, Caratte, Caño de Indio, Mogottes, Palenque de Lorenzana, Monttaña
Adentro, Mamonal, Alejo, Voca de Segeb, Carpatta, Mochilas, Sn. Matthias, Negros, Venao,
Moreno, Sta. Rosa, Ajies, Sienega de la Villa.
Los fols.
125 a 142 contienen la carta al Virrey José de Ezpeleta, que hemos mencionado arriba en
más detalle.
El fol.
264, último del legajo, está constituído por una carta que dice:
"Ex
mo. Señor.
"Doy parte a V. E. q. el Guardian de mi Corrto. de Honda me avisa haver muerto el 30
del mes de octubre, el P. Fr. José Palacios de la Vega a quien se le hicieron las
exequias de Religiosos sin embargo de no ser hijo de esta Provincia.
"Dios
nro. Sor. gue. la importante vida de V. E. Ms. as. Santa Fe, y noviembre 10 de 1800.
"Exmo.
Señor
Fr. Felipe Guiran."
Los otros
manuscritos que se relacionan con nuestro tema, son los siguientes:
c)
Gonzalez Balandres, Vicente. Informe de. .., Capitán aguerra de la villa de San Jerónimo
de Ayapel, sobre la situación y necesidades de los indios de San Cipriano. Años de 1791
/92. AHNB-Fondo: Caciques & Indios; Tomo I fol. 373-427.
d)
Capitán Aguerra de Ayapel. Sus comunicaciones sobre reducción de los indios de San
Cipriano. Documentos anexos sobre el asunto. Año de 1792. AHNB-Fondo: Caciques &
Indios; Tomo XLIV, fol. 938-94 7.
e) Sobre
insurrección de los indigenas de la villa de San Jerónimo de Ayapel. Año de 1794.
AHNB-Fondo: Historia Civil; Tomo XVIII, fol. 250-270.
Este
material documental, junto con el de tantos otros legajos conservados en el Archivo
Histórico Nacional de Bogotá, permite reconstruir en parte las condiciones que enfrentó
en aquella época la administración virreinal, referente a la población indígena, negra
y mestiza, en la Provincia de Cartagena. Aproximadamente a mitades del siglo XVIII la
actividad catequizadora había tomado gran incremento en las Provincias de la costa
atlántica, junto con la sistemática penetración de los territorios indígenas aún
inconquistados o sólo parcialmente sometidos. En las zonas marginales, lejos de los
caminos que unían las ciudades y villas, se habían establecido grupos de esclavos
negros, que habían huído de sus amos, y vecinos a ellos vivían grupos indígenas que, o
habían huído de las encomiendas en los dos siglos anteriores o que nunca habían sido
reducidos a ellas. A estos grupos se agregaron a través de los años los mestizos,
mulatos y zambos y así se había formado en muchas zonas una población triétnica que no
estaba bajo el directo control de la administración. En aquella época se efectuaron las
campañas de pacificación y reducción de los Guajiros; se exploró todo el territorio
habitado por los Chimilas, al Sur de la Sierra Nevada de Santa Marta y se hicieron
frecuentes entradas al territorio de los llamados Motilones, en las estribaciones de la
Cordillera Oriental. En las Provincias de Cartagena y del Darién se llevaron a cabo una
serie de campañas entre los Cunas y los Chocoes. Al mismo tiempo se procedió a la fun
dación de numerosas poblaciones en las regiones así exploradas. Mientras que en la
Provincia de Santa Marta el Maese de campo don José Fernando de Mier y Guerra fundó
pueblo tras pueblo en las orillas del río Magdalena y en la tierra de los Chimilas, en la
de Cartagena don Antonio de la Torre y Miranda estableció muchas poblaciones nuevas en
casi toda la extensión de esta Provincia. Para efectuar estas fundaciones fue necesario
trasladar muchos pequeños caserios, en parte antiguos, en parte recientemente
establecidos, a nuevos lugares más propicios, agregando unos a otros para formar así
núcleos de población que se podían administrar y controlar y que al mismo tiempo
contaran con una base económica adecuada. Que en el curso de estos traslados y
agregaciones resultasen fricciones, a veces violentas, es natural y aún parece posible
que a través de estos acontecimientos ya se observan los primeros brotes esporádicos que
luego llevaron a una resistencia más organizada. De todos modos, esta actividad
colonizadora representa un factor importante en la formación de la población rural,
poniendo en contacto a grupos que hasta entonces habían vivido aisladamente y creando
así sociedades en lugar de tribus, parentelas o familias. El antropólogo o sociólogo
interesado en la historia cultural de una región, tropieza frecuentemente con la ausencia
casi campleta de descripciones detalladas y fidedignas de las condiciones de vida de estas
épocas, sobre todo en lo que se refiere a la población rural colombiana. En la región
que describe el Padre Palacios de la Vega se encuentran tres troncos étnicos: indios,
negros y españoles, los tres componentes del actual pueblo colombiano. ¿En qué
relaciones vivian entonces, hace siglo y medio, estos tres grupos? ¿Cuáles fueron sus
formas culturales propias? ¿En qué consistía la influencia de la Iglesia y de la
administración española? ¿Quiénes eran estos hombres que pocos años después formaban
los ejércitos de la Independencia? En la historia de Colombia y por cierto, también la
de otros países latinoamericanos, el tema de la transición del indígena, de la vida
tribal a su incorporación a una vida nacional, ha sido muy deficientemente estudiado.
Poco sabemos de las condiciones en que vivían los grupos negros o mestizos, respecto a
las instituciones del Estado español y desconocemos en gran parte los detalles
particulares que caracterizan su absorción en la sociedad triétnica actual. Este proceso
se efectuó a través de diferentes épocas, desde los primeros contactos con los europeos
hasta la fecha actual pero sería talvez posible encontrar en él ciertas pautas fijas,
formas y reacciones que se repiten y que así permitan trazar una continuidad dinámica a
través de los siglos.
En la zona
que nos describe el Padre Palacios de la Vega, este proceso aún no ha terminado, ni a
mitades del siglo XX. En las montañas del alto río San Jorge, en las faldas del cerro
Murucucú y en las cercanías de Uré viven aún indios Chocóes, los mismos que antaño
poblaban a San Cipriano. Aún usan sus cerbatanas y lanzas, su idioma y ritos pero sólo
raras veces salen de sus rancherías escondidos en la selva. En las orillas de los caños
y de las lagunas viven los mismos negros y mulatos, usando las mismas canoas, los mismos
tambores. Las pautas de poliginia han cambiado muy poco allí y aun el aguardiente de
contrabando. Sólo las poblaciones han cambiado. Ayapel y Majagual, cada una con 16.000
habitantes, son hoy centros importantes de agricultura y ganadería. Las poblaciones son
los crisoles donde se funden las diversas tradiciones culturales.
La visión
de cómo era ayer esa región, la da el Padre Palacios de la Vega en su diario. En el
recuento cotidiano de acontecimientos, a veces triviales, a veces dramáticos, se refleja
la verdadera historia, surge el paisaje y sus habitantes y toman realidad las acciones y
sus motivaciones. El escenarío de las montañas, ríos y lagunas se va poblando de
personas que actúan como seres humanos y ya no como sombras de un lejano pasado.
En medio
de este cuadro está la figura extraordinaria del frayle franciscano, a veces más soldado
que sacerdote, más conquistador que misionero, pero siempre profundamente humano, sincero
y valiente. Lo vemos abriendo trocha en el monte, luchando cuerpo a cuerpo con asesinosy
fieras; lo oímos discutir con los Capitanes Aguerra, con los clérigos de pueblo, con
indios y negros. Somos testigos de su alegría cuando lleva sus indios pintados y
emplumados en procesión por las calles, y de su dolor cuando considera la miseria física
y moral de estas gentes que, sin Dios ni ley, viven en aquellas montañas.
El Padre
Joseph Palacios de la Vega es el último conquistador del Nuevo Reino de Granada. Al sacar
del olvido, después de siglo y medio, las páginas que se publican a continuación,
queremos rendir un pequeño homenaje a este hombre valeroso.
GERARDO
REICHEL-DOLMATOFF
Instituto Colombiano de Antropología
Cartagena de Indias, junio de 1954.
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ÍNDICE
(
1
) Bejarano, Jorge, "La derrota de un vicio. Origen e historia
de la chicha". Bogotá, 1950. cf. pp. 26-27. (
regresar a 1
)
(
2
) Arcila Robledo, P. Gregorio, "Las misiones franciscanas en
Colombia". Bogotá, 1951. cf. pp. 107, ff. (
regresar a 2
)
(
3
) Vicente González Belandres, Capitán aguerra de la Villa
de San Jerónimo de Ayapel, uno de sus acusadores. (
regresar
a 3
)
(
4
) "Archivo Histórico Nacional"; Fondo:
Miscelánea; Tomo XXII, fol. 125. (
regresar a 4
)
(
5
) Este es el primer dato que conocemos acerca de un
traslado de indios Chimilas al Oeste del rio Magdalena. (
regresar
a 5
)
(
6
) Es evidente que falta por encontrar la primera parte del
diario aludido. La parte que reproducimos comienza con su salida de San Cipriano y no
contiene las descripciones de minas, maderas, etc. (
regresar
a 6
)
(
7
) Esto es un error del archivero. Se trata de los indios
del Sur de la Provincia. (
regresar a 7
)
(
8
) Archivo Histórico Nacional de Bogotá. (
regresar
a 8
)
(
9
) Un total de 637 individuos. (
regresar
a 9
)
(
10
) Un total de 440 individuos. (
regresar
a 10
)
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