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CAPITULO VII
LA DEFINITIVA FUNDACION DE SANTAFE EN ABRIL DE
1539
La
definitiva erección de Santafé hecha en abril de 1539, está comprobada por muchos
documentos y por los datos contenidos en todas las crónicas coloniales. Las noticias
concuerdan en afirmar que tuvo lugar después de completarse la conquista de Bogotá,
Tunja, Sogamoso y Duitama, y antes de que Jiménez, Belalcázar y Federmán,
emprendieran su viaje de regreso a España.
El cura Juan de Castellanos, seguido, como
siempre, de su émulo Fray Pedro Simón y después de él, por copiarlo, de todos los
cronistas del siglo XVII, consideran a Belalcázar el alma de tal fundación
[
230
]
.
Jiménez,
decidido a trasladarse a España para pedir el gobierno de las tierras por él
descubiertas, reunía dinero aún a costa de sus compañeros de armas y, al saber, por
noticias que trajo Belalcázar, de la muerte de Fernández de Lúgo y que la gobernación
de Santa Marta estaba acéfala, su único deseo era trasladarse a la mayor brevedad a la
Corte Española, provisto de la mayor cantidad de dinero, despreocupándose de la
organización en regla del territorio descubierto. Federmán, una vez recibida su
recompensa, no toma parte activa, según el cronista, en ningún asunto de la nueva
fundación. Sólo una larga perorata de Belalcázar, hecha ante las gentes de los tres
ejércitos reunidos, en un elegante estilo de la época, prolífica en nobles ideas
sobre la conquista, colonización, tratamiento de indios, etc., inclinó a Jiménez a
gastar su precioso tiempo en las diligencias de la fundación. (Véase Cap. XII y XIII).
De estas noticias difiere completamente el más
antiguo cronista del Nuevo Reino, Fray Pedro Aguado. Según él, la única y definitiva
fundación de la ciudad la hizo Jiménez, antes de la arribada de los dos caudillos,
Federmán y Belalcázar, a Santafé. Después del reparto del botín de guerra, dice, y
deseoso Jiménez de trasladarse a España
[
231
]
, informó
a los indios de la decisión de quedarse en la tierra, a lo que ellos, dice el
cronista, consintieron, mandó a algunos capitanes al territorio de los Panches y a
otros hacia el Oriente, para que eligiesen un sitio apropiado, y, una vez escogido el
lugar (en tierra de Teusacá, sujeto al cacique Tuna), mandó al capitán Gómez del
Corral buscar indios de Guatavita para construir las casas que necesitaba el ejército
[
232
]
.
Después repartió solares
entre los soldados, futuros vecinos de Santafé, nombró el cabildo e hizo todas las
diligencias que le dictaba su sentido de responsabilidad, como caudillo de la gente que
dejaba en la tierra. Completada la fundación, nombrado un lugarteniente (su hermano
Hernán Pérez de
Quesada) y al mismo tiempo que salía para España, recibió noticias de la
llegada de los ejércitos de Féderman y Belalcázar al territorio del Nuevo Reino. En
esta forma ambos capitanes, según Aguado, no habían tomado parte alguna en la
fundación. A Federmán lo presenta el cronista como un elemento pasivo (véase cap. XII)
; a Belalcázar, simplemente le considera un pillo. Le hace codiciar, contra todo derecho,
el Nuevo Reino para sí; le hace maniobrar con el alemán (Féderman) para
echar a Jiménez de la tierra tan legítimamente ganada; hasta el último momento conspira
Belalcázar, según afirma Aguado, contra ambos capitanes, a fin de dejarlos marchar a
España, quedándose él de facto con la gobernación. En vano buscaríamos todas
estas noticias en Castellanos, quien por el contrario hace de Belalcázar una figura
relevante y recta en todas sus actuaciones.
Nos encontramos frente a dos cronistas
contemporáneos que se contradicen, tanto en lo referente a la fundación misma de
Santafé como a las actuaciones de sus protagonistas.
Estas flagrantes contradicciones en que incurren
dos historiadores, que escribían o preparaban sus crónicas casi simultáneamente
uno en Tunja y otro en Santafé y sólo pocos decenios después de los
acontecimientos, en tiempos en que aún estaban vivos Jiménez de Quesada y varios
conquistadores, son explicables dentro del ambiente de la época. Ambas crónicas se
basaban sólo en una mínima parte en la investigación de documentos históricos, lo
que era prácticamente imposible por aquellos tiempos, y sobre todo en la libre
interpretación de los informes recibidos y en la apreciación subjetiva de los
acontecimientos. Pero ambos fueron hijos de su época y su interpretación se inspiraba
en el ambiente, en la opinión pública que reinaba en el Nuevo Reino. Se
trataba en ambos casos de cronistas que escribían sus narraciones históricas con
pasión, como se decía entonces, no esforzándose en descubrir la verdad
histórica, sino tratando como lo hacían otros tantos informes y cartas al Consejo
de Indias y declaraciones aún juramentadas por testigos de realzar su
partido y denigrar al contrario.
No hay duda de que Fray Pedro Aguado, basándose
posiblemente en las opiniones iguales de Fray Antonio Medrano, cuyas anotaciones
poseía, al negar a Federmán y Belalcázar cualquier papel en la fundación de Santafé,
daba expresión a la general aversión que en su época reinaba en el Nuevo Reino contra
los alemanes por una parte, y contra los peruleros, por otra. En
los tiempos de Aguado, Alemania no pertenecía ya al imperio del Rey de España, siendo
por el contrario un foco de herejías contra la Iglesia Romana. Cuando los procuradores de
Santafé presentaron en 1540 sus peticiones al Consejo de Indias pedían que fuese
Jiménez de Quesada el agraciado con la gobernación ...por cuanto el licenciado Jiménez
decían ha sido el que ha conquistado este Nuevo Reino y conoce las personas
que en la conquista de él han trabajado y sabe nuestro servicio, etc.. Pero
añadían: Y si Su Majestad no fuere servido de le proveer, la persona que
proveyere sea natural de los Reinos de España y no sea extranjero, ni lo haya sido,
porque si lo fuese, recibiríamos agravio
[
233
]
Tan fuerte era este sentimiento nacionalista entre
los conquistadores que no aceptaban extranjeros ni los que lo hayan sido, es
decir, extranjeros con carta de naturaleza; aversión que obligó a la Corona poco
después a quitar la gobernación de Venezuela de las manos de los Welser. Si Fray Pedro
Aguado hubiese aceptado hacia 1570 la participación de Federmán en la fundación de
Santafé, la principal ciudad del Nuevo Reino y sede de la Real Audiencia, máxima
autoridad judicial, este hecho hubiera sido una afrenta a la opinión
pública, independientemente de la realidad histórica. El cronista (como también
entre otros Fernández de Oviedo
[
234
]
pertenecía a esta corriente nacionalista. Cuando narra cómo
Federmán, habiendo salido de Cabo de la Vela, en vez de seguir remontando el Magdalena y
descubrir la meseta chibcha se volvió a Coro, exclama satisfecho
[
235
]:
La joya y suerte del Nuevo Reino no estaba guardada para estos gobernadores de
Venezuela, que eran muy amigos de derramar sangre humana y oprimir los pobrecillos
indios
...
.
Por otra parte, la exclusión de los
peruleros como despectivamente se llamaba a los que llegaban del
Perú, desacreditados por sus constantes rebeldías contra la Corona, llenaba de
satisfacción a una gran parte de la misma opinión pública. Era precisamente
la época en que los desterrados del Perú, aprovechándose de la vecindad y falta de
fronteras naturales, inundaban las tierras del Nuevo Reino, compitiendo y molestando a
los moradores asentados, descendientes, ellos sí, de los propios conquistadores del
territorio. Varias cartas y representaciones al Concejo se quejan de ellos. El obispo de
Popayán, Don Juan del Valle, sostenía que sólo en su obispado había más de 1.500
desterrados que eran los cabecillas de todos los revoltosos. Exigía que a cada español
se le proveyese de una especie de pasa
porte para poder controlar la avalancha de
elementos indeseables
[
236
]
.
Fray Pedro Aguado no
oculta su malquerencia contra las gentes del Perú donde siempre se deseaban
novedades, calificándolos de gente más briosa [
237
]
, lo que por entonces equivalía decir, gente indisciplinada e
inquieta. Aún el mismo Castellanos, que no demuestra la aversión que contra ellos
sentía Aguado, exclama, al tratar de la muerte dada por Hernán Pérez al cacique de
Tunja [
238
]
, por
consejo y estímulos de malos consejeros/venidos del Perú, de cuya parte..., Dios
quisiera/que nunca gente de él en esta tierra/hubiera puesto pi
e
s a gobernarlo. Excluir a Belalcázar de
la fundación de Santafé equivalía en la época de Aguado a rechazar a los
peruleros.
Si frente a los alemanes, Castellanos
y, siguiéndole, Fray Pedro Simón, tienen idéntica actitud, sosteniendo también ellos
el papel pasivo aunque correcto que jugó Federmán en la fundación del Nuevo Reino, la
posición de Castellanos frente a los peruleros es distinta. Debido, tal vez,
a la vecindad tunjana formada en gran parte por las gentes que llegaron con Belalcázar
[
239
]
, o a algunas amistades personales
que faltan por investigar, el cura de Tunja sí que concede a Belalcázar un papel
preponderante como verdadero inspirador de la fundación de Santafé.
En el caso de los cronistas Aguado y Castellanos
tenemos, pues, dos versiones contradictorias frente a Belalcázar, quienes adoptan dos
posiciones distintas de acuerdo con sus simpatías o antipatías hacia los
peruleros, dejándonos en la incertidumbre de lo que verdaderamente pasó en
estos primeros días de la Nacionalidad239a. Pues escribían de acuerdo con el espíritu de la época,
en que su ética profesional les permitía inventar algunos hechos o
presentarlos en forma muy subjetiva, omitir otros, etc., prácticas comunes que hay que
tener en la mente, al utilizar en la investigación histórica sus, a pesar de todo, muy
importantes noticias.
***
¿ En qué fecha precisa fue construida la ciudad
y hecha su fundación jurídica con nombramiento de justicias, reparto de solares, etc.?
Juan de Castellanos sostiene que las diligencias
de la fundación definitiva se hicieron en los primeros días de abril. Le sigue como
siempre Fray Pedro Simón y a éste los demás cronistas del siglo XVII.
Aguado no da una fecha precisa de la fundación de
la ciudad y tampoco lo hacen López de Velasco en su Geografía, ni Antonio
de Herrera en su Historia.
Un documento que se refiere a la propia
construcción de la ciudad es el testimonio del indio don Gonzalo, pedido en 1546 por
Jiménez de Quesada, para descargar su responsabilidad en el tormento y muerte del segundo
cacique de Bogotá, Saxagipa
[
240
]
En
este testimonio declara el indio, que sirvió de intérprete a Jiménez de Quesada
durante la Conquista, que el primer asiento de los españoles en el Valle de los
Alcázares, (la altiplanicie de Bogotá) fue el pueblo llamado La Casa de
Bogotá, lo que quiere decir el lugar donde habitaba el cacique. A instigación de
Saxagipa o Sagipa el pueblo fue incendiado por los Bogotaes, por lo que
Jiménez mandó traer indios de Guatavita para que le construyesen nuevas casas en
el pueblo de Santafé. Afirmaba el indio que el cacique fue apresado por
Jiménez en los Alcázares, es decir, en el pueblo de Bogotá; pero su muerte,
acaecida dos meses después, fue en la dicha ciudad de Santafé, que hacía un mes,
poco más o menos, que se había poblado de cristianos
.
De aquí se desprende que los españoles ocuparon
durante la conquista de la Meseta Chibcha sucesivamente dos lugares diferentes: la
Casa de Bogotá en el Valle de los Alcázares, y después, la
propia Santafé.
Bogotá, Casa de Bogotá o
Valle de los Alcázares de Bogotá, el primer pueblo en que Jiménez asentó
su real, fue la capital de Zipa, es decir, el pueblo donde éste tenía su
cercado. Este pueblo fue incendiado por los indios por dos veces consecutivas.
La primera vez lo fue durante la vida del primer zipa, Tisquezuzha, aprovechándose de la
salida de los capitanes Juan de San Martín y Juan de Céspedes con su gente contra los
Panche
[
242
]
El
incendio no fue de graves consecuencias, así que Jiménez y sus soldados seguían
habitando el pueblo. El segundo incendio de que habla el indio Don Gonzalo, acaecido
durante la prisión del segundo zipa, Saxagipa, redujo el pueblo a cenizas, lo que hizo
necesaria la construcción de un nuevo pueblo, que no se efectuó en el antiguo sitio,
sino en un lugar escogido expresamente (en Teusa o Teusaquillo, en las márgenes
izquierdas del río Bogotá), al cual los españoles llamaron Santafé;
mientras que el pueblo Bogotá volvió a ser una morada puramente indígena. Esta
circunstancia permite aclarar la confusión que se observa al estudiar la procedencia de
algunos documentos de la época del descubrimiento y explica por qué los procedentes del
año 1538 están todos fechados en Bogotá o Valle de los
Alcázares
[
243
]
y
los del año 1539, en Santafé
[
244
]
Las dos poblaciones diferentes, Bogotá (pueblo de
indios) y Santafé (pueblo de españoles), coexistieron durante algún tiempo. Varios
documentos del siglo XVI se refieren a la encomienda de Bogotá, y en el
antiguo mapa que dibujó el cacique don Diego de Torres por el año 1538 (véase
ilustración N
o
19)
existe un gran pueblo Santafé, en la margen izquierda del río Bogotá (que
corresponde al Bogotá actual), y otro con el nombre de Bogotá, en las márgenes
derechas del río, cuya ubicación puede ser el actual Funza o un lugar cercano entre
Funza y Cota. Se ve, pues, que el nombre de la actual capital de la República, Bogotá,
que se puso a la antigua Santafé a raíz de la Independencia, no le pertenece
propiamente, por cuanto fue la denominación de un pueblo indio, ahora extinguido, situado
en un lugar diferente (véase Cap. VIII).
***
El testimonio del indio don Gonzalo, habla, como
hemos visto, de la construcción del pueblo de Santafé que edificaron los indios
Guatavita y que se hizo un mes antes de la muerte de Saxagipa.
Desgraciadamente no conocemos la fecha exacta del
juicio ni la de la muerte de aquel zipa. Según se desprende del Cuaderno de la
Jornada
[
245
]
,
Saxagipa fue apresado en octubre de 1537, consiguiéndolo como botín 1.424 pesos de
oro fino, 1.700 de oro bajo y 60 esmeraldas. Sin embargo, el indio don Gonzalo se refería
evidentemente a otra prisión del cacique, pues de lo contrario tendríamos que suponer
que Santafé fue construida por el mes de noviembre de aquel año lo que contradice a
todos los datos conocidos Evidentemente el indio hablaba del último apresamiento
de Saxagipa, cuando éste fue sometido a tormento por ocultar un tesoro que escondía,
según alegaban los conquistadores, y de cuyas consecuencias murió.
La fecha exacta de este acontecimiento es, como ya
dijimos, desconocida. Tratándose de un cacique muy astuto y que durante largos meses
logró confundir a los españoles y aún llevarlos, por sus propias conveniencias
políticas, a una guerra contra los Panche, este apresamiento sucedió evidentemente mucho
después. Conocemos la información que sobre la muerte de Saxagipa mandó levantar el
licenciado Jiménez, hecha el 8 de abril de 1539
[
246
].
Si
esta información se hiciese a raíz de la muerte del Zipa lo que es muy
probable, esto supondría la construcción de Santafé por los meses de febrero y
marzo de aquel año. Dato que corresponde a la noticia dada por San Martín y Lebrija
[
247
]
que
coloca la construcción de las casas de Santafé antes de la llegada de Belalcázar. Esto
es todo lo que se puede deducir sobre la propia construcción de la ciudad.
El documento más explícito que se ha encontrado
hasta ahora y que da la fecha precisa de la fundación jurídica de Santafé, es
el testimonio del capitán Honorato Vicente Bernal, acompañante de Federmán y testigo
presencial de este acontecimiento
[
248
].
En
su petición del 27 de julio de 1545 a Pedro de Ursúa, teniente del licenciado
Armendáriz, para que se le ponga en posesion de la encomienda del cacique Tinjacá que
Jiménez de Quesada había concedido a Federmán, declaraba Bernal que el ejército de
este caudillo había llegado a Bogotá en el mes de marzo de 1539 (lo que concuerda con el
dato dado por el mismo Nicolás Federmán
[249]
y por ello continuaba se pobló,
después de venido, esta ciudad de Santafé, a veintisiete de abril del dicho año, que
se nombró alcaldes y regidores de ella.
Esta declaración confirma los datos
proporcionados por todos los cronistas y es, que la fundación jurídica de la ciudad
fue hecha en abril de 1539. Es verdad que ninguno determina el día en que fue efectuada.
Sin embargo, frente a un dato tan preciso, declarado por un testigo presencial como lo fue
el capitan Bernal, debemos considerar tal fecha, es decir, el 27 de abril, como el día de
la definitiva y jurídica erección de la ciudad, o más exactamente, de la entonces
villa de Santafé.
[
230
] 15, Lib. 6,
Cap. IV 16, Cap. IX; 39, Cap. XII
[
231
] 1, Lib.
3
, Cap. XIV.
[
232
] Aquí un
detalle que se confirma con la declaración del capitán Bernal (AGI. Justicia 1.096)
quien a
n
o
ta
la construcción de la ciudad por los indios mandados llamar expresamente.
[
233
] AGI,
Santafé 1.249.
[
234
] 14, Lib. 25.
Cap. XVIII.
[
235
] 1, Par. 2,
Lib. 1. Cap. X
[
237
] 1, Par. 2,
Lib. 4, Cap. II.
[
238
]
6, Par. 4, Lib.
4, Canto 4.
[
240
]
AGI, Escribanía
de Cámara 1.006 A.
[
242
]
1, Par. 2. Lib.
3, Cap. VI.
[
244
]
Por ejemplo Doc.
1.245 y 1.267.
[
247
]
AGI. Patronato
27, Ramo 16.
[
248
]
AGI, Justicia,
1.906.
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