Descubrimiento del Nuevo Reino de
Granada y Fundación de Bogotá
Juan Freide
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No se debe creer que estas afirmaciones son frutos irres­ponsables de mentes exaltadas, desviaciones imaginativas o de­liberados engaños, sino al contrario: tienen su base en concep­tos geográficos válidos en aquella época y que se confirman en algunos antiguos mapas del Nuevo Mundo.

La concepción de las costas del Mar Caribe como pertene­cientes a una “isla” se trasluce, por ejemplo, en el globo terres­tre de Schoner del año 1515 (véase ilustración No 4). En este mapa se puede observar el tamaño reducido de América del Sur y del Norte, el carácter isleño del Continente, incluyendo varios pasos marítimos hacia la India Oriental, que tanto se deseaba encontrar (el del Norte, el de Panamá y el futuro Estrecho de Magallanes). Dice Roberto Leviller [95]: “La credulidad de Scho­ner era tan ilimitada como engañosas sus fuentes informativas”. Esto es cierto, pero también lo es el hecho de que presentaba el Nuevo Mundo tal como se lo imaginaban muchos de sus contem­poráneos. Y esta visión, aunque evidentemente falsa desde el punto de vista geográfico, influyó —y no poco— en la historia de los descubrimientos. En el mismo mapa puede observarse la posición del Perú “debajo” de Santa Marta, es decir, directa­mente al sur y a corta distancia de ésta, así como la concebían los conquistadores.

Este falso concepto geográfico tiene tal vez su origen en las ideas más antiguas sobre la forma del Continente Sudame­ricano, que se pueden observar ya en el mapa de Waldsemuller (véase ilustración No 6). Nótese la posición geográfica de las costas del —imaginado, pues aún no descubierto- océano Pa­cífico, que corresponden al actual Perú. El amplio golfo que forma esta costa en dirección este, y que es indudablemente una réplica del ya por entonces conocido golfo de Guinea en el con­tinente africano, situaba las futuras gobernaciones de Santa Marta y Perú una “por debajo” de la otra, en dirección norte-sur, así como lo pensaban los conquistadores de Santa Marta aún en el cuarto decenio del siglo XVI.

Los mismos conceptos geográficos se traslucen en el globo de Juan de Stobnicza [96], en el globo de Lenox (año 1515) y más claro todavía en el mapa llamado de Leonardo Da Vinci (véase ilustración No 5). De esta manera dice Leviller [97]   que es “más fantástico que científico”. Observamos, sin embargo, que co­rresponde a las ideas geográficas que se expresan en los docu­mentos a que aludimos en este capítulo. El carácter isleño, el tamaño reducido, las cortas distancias entre el “Mar del Norte” y “Mar del Sur”, corroboran las ideas que sobre la geografía del Nuevo Mundo tuvieron los conquistadores aún bien entrado el siglo XVI. Obsérvese, por ejemplo, la situación geográfica de Santa Marta, que está señalada en el mapa, lo mismo que la Culata de Urabá.

Pero aún en mapas posteriores, observamos la persistencia de las mismas ideas geográficas. En el globo de Schoner del año 1533[ 98] por ejemplo, como así mismo en el “Dorado de París” del año 1535 [99] el Perú sigue siendo situado directamente al sur, “por debajo” de Santa Marta. El error sólo empieza a desapa­recer hacia los fines del cuarto decenio del siglo XVI, cuando en los mapas contemporáneos las costas del Perú comienzan a pre­cisarse, como sucede, por ejemplo, en el mapa Agnese de Ve­necia [100]  y del Museo Británico [101].

Todo esto explica por qué, al llegar a los oídos de los co­lonos de Santa Marta las primeras noticias del descubrimiento hecho por Pizarro en el “Mar del Sur”, se concibió inmedita­mente la idea de llegar a las costas del Pacífico recorriendo la tierra hacia el Sur, en un tiempo relativamente corto, o, por lo menos, no excesivamente largo. Correspondía, pues, a las ideas de la época cuando, según Juan de Castellanos, el gobernador Pedro Fernández de Lugo decía a los soldados que se alistaban en la expedición al mando de Quesada [ 102 ] :

 

“Y no puede estar largo el desvio

de la prolija cumbre de la Sierra .

 

En la jornada que emprendió el licenciado Jiménez de Que­sada coincidían, pues, el apremiante deseo de ir al Perú, el con­vencimiento de que el camino no podría ser muy largo por ser Santa Marta una isla, y la firme creencia que precisamente por el río Magdalena, que venía desde el Sur, se podría llegar al “Mar del Sur” y al Perú. Una vez más en la historia, las ideas geográ­ficas arraigadas en la mente de los hombres, a pesar de ser objetivamente erróneas, fueron, parcialmente, móviles de los acontecimientos.

Es cierto que los cronistas coloniales de la época no dicen nada de todo esto. Su silencio se explica por el ambiente, la “opinión pública” adversa a los “peruleros” (véase cap. VII); pero los documentos y datos contemporáneos no permiten du­dar de que la expedición de Jiménez no fue una aventura, sino la realización del viejo anhelo de los conquistadores de Santa Marta de encontrar un camino hacia el Perú. Y no de otra ma­nera califica este descubrimiento el Consejo de Indias cuando recibió el informe de los capitanes San Martín y Lebrija sobre la jornada. El territorio descubierto por el licenciado Jiménez parecía como una simple escala del camino terrestre hacia el Perú, que evitaba la dificultosa y costosa travesía del istmo de Panamá, con el doble cargue y descargue de las mercancías. Y así, al margen del extracto de aquella relación se lee la siguiente anotación [ 103 ] :

“De manera que el capitán Sebastián de Belalcázar, que como teniente del marqués Pizarro andaba descubrien­do las provincias de Quito por el Mar del Sur, y Nicolás Féderman, que es teniente de gobernador en la provincia de Venezuela por los Belzares, se juntaron en ese pueblo de Santafé con la gente de Santa Marta, cada uno viniendo por su parte en busca de esta buena tierra...

 

“Piénsase que de aquí adelante se podrá ir a la pro­vincia del Perú por esta gobernación de Santa Marta o por la de Cartagena, sin atravesar la gobernación de Tierra Firme ni tornar a navegar la Mar del Sur, si los caminos no son muy fragosos, porque no parece que puede haber por tierra desde la Mar del Norte de estas gobernaciones hasta la gobernación del Perú de Pizarro, 200 leguas [— so­lamente 1.000 km. !—]; pero esto se dice de sospecha y no certidumbre, y si sale así, será muy grande aparejo para que aquello se consere y aumente. . . .

La idea de seguir su viaje al Perú la abandonaron los con­quistadores mucho después, cuando ya se encontraban entre los indios muisca (véase cap. VI), resolviendo quedarse definiti­vamente en la tierra descubierta. Antes de esta fecha, dice Fray Pedro Aguado [10 4 ] , “ .. .como pocos años antes que de Santa Mar­ta saliesen, se había descubierto el Perú con sus inmensurables riquezas, cuya fama tenía muy hinchada y levantados los cora­zones de los hombres al querer que se igualasen todos los descu­brimientos..., habíales parecido al general y sus capitanes esta tierra de Bogotá que descubierta tenían, de poca estimación.. .”

Y Juan de Castellanos informa [1 05 ] que, frente a las riquezas del cacique de Tunja, exclamaban los soldados:

Pirú, Pirú, Pirú, buen Licenciado,

que, voto a tal, que es otro Caxamalca.”.

 



[ 95 ] 25, II, 250.

[ 96 ] Ibid, 38.

[ 97 ] Ibid, 60.

[ 98 ] Ibid. 154.

[ 99 ] Ibid. 157.

[ 100 ] Ibid. 207

[ 101 ] Ibid, 209

[ 102 ] 6, Par. 2, Eleg. 4, Canto 2,

[ 103 ] Doc. 1.340

[10 4 ] 1, Lib.  3, Cap. VI