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EPITOME DE LA
CONQUISTA DEL NUEVO REINO DE GRANADA
Relación anónima de
La conquista del Nuevo Reino. El manuscrito se conserva en el Archivo Histórico Nacional,
Madrid. Sin fecha.
Fue
publicado por Jiménez de la Espada en su obra: Juan de Castellanos y su Historia
del Nuevo Reino de Granada, Madrid, 1889, atribuyendo el Epítome a la
pluma de Gonzalo Jiménez de Quesada. También lo publicó don Antonio B. Cuervo en su
Colección (11, Tomo II, página 205-218).
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Sobre quién fue el
autor del Epítome se ha discutido entre los historiadores. Un conocido
investigador colombiano (27, página 11-32) pone en duda la aseveración de Jiménez de la
Espada que el autor fuera el licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada. Ecuentra noticias
contradictorias, que parecen demostrar un desconocimiento de hechos que no se puede
presumir del Licenciado. Así, por ejemplo, en el Epitome se declara que don
Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, murió durante los preparativos de
la jornada, por lo cual todas las cosas de aquella provincia quedaron a cargo y
devoción del dicho Licenciado. Lo cierto es que la muerte del gobernador sucedió
varios meses después que Jiménez de Quesada saliera de Santa Marta. Se nombra a Alonso
Luis de Lugo como actual gobernador del Nuevo Reino, aunque sabemos que abandonó su
gobernación en 1544. También se enumeran las mercedes que obtuvo Jiménez de Quesada
(título de mariscal, de regidor, 2.000 ducados de renta, etc.), que se le dieron en 1547
y 1548. Así mismo se indica como existente la Real Audiencia de Santa Fé, que tan solo
se instaló en el año de 1550. Debido a la, coexistencia de estos datos, pertenecientes
cronológicamente a épocas diferentes, concluye el citado historiador que el
Epítome fue obra de varios autores. Sospecha que una parte fue escrita en
1539 y el resto posteriormente y no pertenece a la pluma de nuestro Licenciado.
Sinembargo,
documentos conocidos actualmente comprueban que Las contradicciones observadas, lo son
sólo en apariencia; mientras que la mención de las mercedes y de los títulos que se
dieron a Jiménez de Quesada indican que el Epítome fue escrito totalmente
por los años 1548-1959, cuando el Licenciado estaba en España, en víspera de su regreso
al Nuevo Reino. Ciertamente, Alonso Luis de Lugo era nombrado gobernador de Santa Marta y
del Nuevo Reino de Granada de por vida, y su nombramiento nunca fue revocado a pesar que
de hecho abandonó el gobierno en 1544. Seguía pues siendo, legalmente, gobernador. Los
oidores de la Real Audiencia llegaron en 1550 a Santa Fé; pero la institución misma fue
fundada ya en 1547 (véase 19).
El único dato que
parece falso es el de la muerte del gobernador Fernández de Lugo. Sinembargo,
inexatitudes semejantes están al orden del día en aquella época y se emplean
frecuentemente con el propósito de ensalzar los servicios de alguna persona; y ésta y
no otra fue la intención de la frase arriba transcrita. Igual caso observamos en la
petición que en 1563 hace Jiménez de Quesada para lograr el título de adelantado (27,
página 235). En ella declara Jiménez pues yo, a ini costa, descubrí, gané y
poblé el dicho Nuevo Reino; lo que es una evidente falsedad, puesto que el que
pagó el costo de la expedición fue Pedro Fernández de Lugo, mientras que Jiménez sólo
llevó 9 caballos en aquella jornada, de los cuales vendió varios en el Nuevo Reino,
llegando a cobrar hasta 1.500 pesos oro por un caballo. Y sinembargo, el propio título de
adelantado contiene aquel mismo falso dato, como principal mérito del Licenciado.
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Comparando los textos
del Epítome y del llamado Gran Cuaderno, que Jiménez facilitó a
Gonzalo Fernández de Oviedo y que éste extracta en su Libro XXVI, capítulos XVIII hasta
XXXI, no cabe duda de que Jiménez de Quesada fue autor del Epítome, y que
esta obra es idéntica al Gran Cuaderno que tuvo en manos Oviedo. Es fácil
observar que todos los datos que extracta el cronista se contienen también en el
Epítome. Oviedo añade algunos, no contenidos en el Epítome,
pues recibió, como declara, informes adicionales en viva voce del propio
Licenciado. Por otra parte, omite varias noticias que contiene el Epítome, de
acuerdo con sus ideas anti-indigenistas. Así, por ejemplo, aquella creencia de los
chibchas de que aquel que muere en el campo de batalla para defender o ensanchar los
límites de su Patria, vive feliz después de la muerte, aunque fuese malvado durante su
vida, y otros más.
Naturalmente, Oviedo
redacta su crónica sin ceñirse al texto del Epítome. Sinembargo, en
varios lugares se observan giros inspirados directamente en este texto, como se puede
observar en los siguientes ejemplos:
Epítome
Sacrifican
los indios en estos templos con sangre y agua y fuego, de esta manera... (Sigue la
enumeración).
Con
sangre humana no sacrifican si no es una de dos maneras: la una, etc...
Los
delitos hechos los castigan muy bien, especialmente el matar y el hurtar y el pecado
nefando, de que son muy limpios...
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Gran
cuaderno
(Cap.
XXVIII). Sacrifican los indios de aquellas provincias con sangre y con fuego y con agua y
con tierra en diversas maneras... (Sigue la eumeración).
(Cap.
XXVIII). Con sangre humana sacrifican si no en dos cosas:
la
una, etc...
(Cap.
XXVIII). Son rigurosos en castigar los delitos, en especial los públicos, que es matar,
hurtar y el pecado abominable contra natura, que es gente limpia en este caso...
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Al
llegar a la descripción de las minas de esmeraldas que eran para los europeos de entonces
un asunto novedoso y casi un milagro, Fernández de Oviedo se ciñe ya en forma directa al
texto del Epítome, como lo demuestran los siguientes ejemplos:
Es indudable, pues,
que el Cuaderno Grande que tuvo en las manos Gonzalo Fernández de Oviedo es
idéntico al Epítome de la Conquista del Nuevo Reino de Granada que, por
fortuna, se ha conservado como uno de las obras históricas de nuestro Licenciado.
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Epítome
¡Y
es de ver dónde fue Dios servido que pareciesen las dichas minas, que es en una
tierra extraña, en un cabo de una sierra pelada!
Y
está cercada de otras muchas sierras montuosas, las cuales hacen una manera de puerta...
Es
toda aquella tierra muy fragosa; tendrá la sierra de las dichas minas, desde donde se
comienza hasta donde se acaba, media legua pequeña, o poco mas...
Tienen
los indios hechos artificios para sacarlas, que son unas acequias hondas, grandes, por
donde viene el agua para lavar la dicha tierra...
Y
así, por esta razón, no las sacan sino en cierto tiempo del año, cuando hacen muchas
aguas...
La
tierra de aquellas minas es fofa y movediza, hasta donde se topa la veta...
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Gran
cuaderno
Notad,
lector cristiano, a dónde fue Dios servido que pareciesen aquellas minas,, y en tierra
tan extraña y en cabo de una sierra pelada...
Y
cercada esa sierra de otras muchas sierras altas montuosas que naturalmente dejan una
entrada para puerta...
Es
toda aquella tierra muy fragosa y tiene la tierra de las minas o sierras en que están,
desde donde comienza hasta donde se acaba, media legua pequeña, poco más o menos...
Y
tienen los indios hechos artificios para sacar las esmeraldas, que son unos acequiones
muy hondos y grandes por donde viene el agua para lavar la tierra que sacan de las
minas...
Y
por esta razón no las sacan sino en cierto tiempo del año, cuando hacen muchas
aguas...
La
tierra de aquellas minas es sosa y como movediza, hasta donde se topa la yeta...
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Entre la provincia de
Santa Marta y de Cartagena está un río que divide estas dos provincias, que llaman el
río de la Magdalena y, por nombre más conocido, llamado comunmente el Río Grande;
porque en la verdad lo es harto, tanto que con el ímpetu y furia que trae en la boca
rompe por la mar y se coge agua dulce una legua dentro por aquel paraje. Los de estas dos
provincias de Santa Marta y Cartagena, aunque más los de Santa Marta, porque estuvo
poblada mucho antes que Cartagena, desde que Bastidas la pobló, iban siempre por este
Río Grande arriba los gobernadores o sus capitanes, descubriendo las tierras y provincias
que hallaban; pero ni los de una gobernación ni de la otra subieron el dicho río arriba
de 50 a 60 leguas. Los que más lejos llegaron, fue hasta la provincia que llaman de
Sampallón, que está poblada en la orilla del dicho río; porque aunque siempre tenían
esperanza, por lenguas de indios, que muy adelante, el río arriba, había grandes
riquezas y grandes provincias y señores de ellas, dejaban de pasar adelante las veces que
allí llegaron, unas veces por contentarse con las riquezas que hasta allí habían ganado
o rescatado de los indios, otras veces por impedimentos de grandes lluvias que encenegaban
toda la tierra y costa del dicho río, por donde habían de subir. Las cuales son muy
importantes y ordinarias casi siempre por aquel río arriba. Y en la verdad, bien pudieran
ellos vencer estos impedimentos, sino que los de Santa Marta se contentaron con la Ramada,
que es una provincia pequeña pero rica, que está cerca de la misma Santa Marta, hasta
que la acabaron y destruyeron, no teniendo respeto al bien público, ni otra norma que sus
intereses.
También los de
Cartagena se contentaron con las sepulturas del Cenú, donde hallaron harto oro, y era
cerca de Cartagena. Y como también aquello se acabó como lo de Santa Marta, los unos y
los otros quedaron con sólo la esperanza de lo que se descubriese río arriba, por la
grande noticia y lenguas de indios que de ello tenían. Y aún no solamente los de estas
dos gobernaciones, pero aun los de la gobernación de Venezuela, que poblaron los
Alemanes, y los de Yuruparu, los cuales tenían también grande noticia por lengua de
indios, de una provincia poderosa y rica que se llamaba Meta, que por la derrota que los
indios mostraban venía a ser hacia el nacimiento del dicho Río Grande; aunque ellos no
tenían el camino para ir allá por la costa del dicho río como los de Santa Marta y
Cartagena, pero habían de ir atravesando sus gobernaciones por la tierra adentro. Y todas
las noticias de estas gobernaciones, así de las unas como de las otras, que tan
levantados traían los pies a todos los de la Mar del Norte por aquella costa, según
después ha parecido, será una misma cosa, que era este Nuevo Reino de Granada, que
descubrió y pobló el licenciado Gonzalo Ximénez de Quesada, para el cual estuvo
guardado esto, lo cual pasa de esta manera:
El año de 1536, por
el mes de abril, el dicho Gonzalo Ximénez de Quesada, mariscal que ahora es del dicho
Nuevo Reino, partió de la dicha ciudad de Santa Marta, que está a la costa de la mar, a
descubrir el Río Grande arriba por la banda de Santa Marta, con 600 soldados repartidos
en 8 compañías de infantería y con 100 de a caballo y así mismo con ciertos
bergantines por el río, para que fuesen bandeando y dando ayuda al dicho Licenciado,
que iba por tierra descubriendo por la misma costa del río. Los capitanes de
infantería que llevó consigo se llamaban el capitán San Martín, el capitán Céspedes,
el capitán Valenzuela, el capitán Lázaro Fonte, el capitán Lebrija, el capitán Juan
de Junco, el capitán Suárez; y la otra compañía era guarda del dicho licenciado y
capitán general. Los capitanes de los bergantines, que iban por el agua, se llamaban: el
capitán Corral, el capitán Cardozo, el capitán Albarracín. Esta armada se hizo con
voluntad y consentimiento del gobernador que a la sazón era en Santa Marta, el cual,
después de la muerte de García de Lerma, era don Pedro de Lugo, adelantado de Canaria,
padre del adelantado Alonso, que ahora es gobernador; del cual adelantado don Pedro, el
dicho licenciado fue capitán general y su segunda persona; el cual dicho adelantado, don
Pedro, murió en estos mismos días que el dicho licenciado salió a conquistar. Y así,
todas las cosas de aquella provincia quedaron a cargo y devoción del dicho licenciado.
Partido el dicho
licenciado a la dicha conquista, subió por el río arriba, descubriendo más de un año
por la costa del dicho río más de 100 leguas, más que los otros primeros habían
subido, y paró en un lugar que se llama La Tora, por otro nombre el Pueblo de los
Brazos, que será de la costa de la mar y de la boca del río, 150 leguas. Y hasta este
lugar se tardó mucho tiempo, por las grandes dificultades de aguas y de otros malos
caminos, de montes muy cerrados que hay por aquella costa del río. En este pueblo de La
Tora se paró para invernar el dicho licenciado y su campo, porque se cargaban tanto las
aguas que ya no se podía ir más adelante, y el río venía tan crecido que sobraba por
la barranca; iba por la tierra y campos, que no se podía caminar por la costa de él. Y
así envió el dicho licenciado
los bergantines a
descubrir por el río, porque la costa era imposible, como está dicho. Y subieron otras
veinte leguas más arriba y se volvieron sin traer ninguna buena relación, porque
hallaron que el río venía ya tan fuera de la madre que no había lugar de indios en la
costa de él, sino muy pocos, en isletas. Todo lo demás era agua cuanto se veía.
Visto ya el poco
remedio que para subir el dicho río arriba había, acordó el dicho licenciado de ir a
descubrir por un brazo pequeño, que cerca del dicho pueblo donde estaba entraba en el
Río Grande, y parecía venir de unas tierras montañosas grandes que estaban a mano
izquierda; las cuales montañas, según supimos después de descubiertas, se llamaban las
tierras de Opón.
Llevábamos antes de
llegar a La Tora cierta esperanza, caminando por el río arriba, y era esta, que la sal
que se come por todo el río arriba entre los indios, es por rescates de indios que la
traen de unos en otros desde la mar y la costa de Santa Marta; la cual dicha sal es de
grano y sube por vía de mercadería más de 70 leguas por el dicho río, aunque cuando
llega tan arriba, ya es tan poca que vale muy cara entre los indios y no la come sino la
gente principal, y los demás la hacen de orines de hombres y de polvos de palmas. Pasado
esto, dióse luego con otra sal, no de grano como la pasada, sino en panes, que eran
grandes como pilones de azúcar; y mientras más arriba subimos por el río más barato
valía esta sal entre los indios. Y así por esto, como por la diferencia de la una sal y
de la otra, se conoció claramente que si la de granos subía por el dicho río, esta
otra bajaba, y que no era posible no fuese grande y buena tierra, habiendo respeto a la
contratación grande de aquella sal que por el río bajaba. Y así decían los indios, que
los mismos que les venían a vender aquella sal, decían que a donde aquella sal se
hacía, había grandes riquezas y era grande la tierra, la cual era de un poderosísimo
señor de quien contaban grandes excelencias. Y por esto teníase por espanto haberse
atajado el camino de arte que no se pudiese subir más por el dicho río y haberse acabado
aquella noticia, de donde venía aquella sal.
El licenciado, como
está dicho, fue por aquel brazuelo del río arriba en descubrimiento de aquellas sierras
de Opón, dejando ya el Río Grande y metiéndose la tierra adentro, y los bergantines
volviéronse a la mar, quedándose la más gente con el dicho licenciado y los mismos
capitanes de ellos, para suplir alguna parte de la mucha gente que se le había muerto al
dicho licenciado. El cual anduvo por las dichas sierras de Opón muchos días,
descubriéndolas, las cuales tienen de travesía 50 leguas. Son fragosas y de mucha
montaña, mal pobladas de indios, y con hartas dificultades las atravesó el dicho
licenciado, topando siempre en aquellos pequeños pueblos de aquellas sierras, grandes
cantidades de la sal, que habemos dicho, por donde pasaba la dicha sal por contratación
al dicho Río Grande.
Después de muchas
dificultades atravesó el dicho licenciado aquellas sierras montañosas y dio en la tierra
rasa, que es el dicho Nuevo Reino de Granada, el cual comienza pasando las dichas sierras.
Cuanto aquí se vió, la gente pareció haber llegado a donde deseaba, y entendióse
luego en la conquista de aquella tierra, aunque ciegos, por no saber la tierra en que
estaban, y también porque lenguas como entenderse con los indios, ya no las había;
porque la lengua del Río Grande ya no se hablaba en las sierras y en el Nuevo Reino se
habla la de las sierras. Pero lo mejor que se pudo se comenzó a entender en la dicha
noticia y descubrimiento y conquista del dicho Nuevo Reino, lo cual pasó de este arte:
Ha de presuponerse
que este dicho Nuevo Reino de Granada, que comienza pasadas las dichas sierras de Opón,
es todo tierra poblada, cada valle es su población por sí. Toda es tierra rasa y
el Nuevo Reino está metido y cercado alrededor de sierras y montañas
pobladas de cierta nación de indios que se llaman panches, que comen carne humana;
diferente gente de la del Nuevo Reino, que no la comen, y diferente temple de tierra,
porque los panches es tierra caliente y el Nuevo Reino es tierra fría, a lo menos muy
templada, y así como aquella generación, del Nuevo Reino se llaman moscas.
Tiene de largo este
Nuevo Reino 130 leguas, poco más o menos, y de ancho tendrá 30, y por partes, 20, y aun
por partes, menos, porque es angosto; y está la mayor parte de él en 5 grados de esta
parte de la línea, y parte de él, 4, y alguna parte, en 3. Este Nuevo Reino se divide en
2 partes o 2 provincias; la una se llama de Bogotá, la otra, de Tunja, y así se llaman
los señores de ella del apellido y tierra. Cada uno de estos dos señores son
poderosísimos de grandes señores y caciques que les son sujetos a cada uno de ellos. La
provincia de Bogotá puede poner 60.000 hombres en campo, poco más o menos; aunque yo
en esto me acorto, porque otros se alargan mucho. El de Tunja podrá poner 40.000; y
también no voy por la opinión de otros sino acortándome. Estos señores y provincias
siempre han traído muy grandes diferencias de guerra muy continuas y muy antiguas, así
los de Bogotá con los de Tunja; y especialmente los de Bogotá, porque les caen más
cerca, las traen también con la generación de panches, que ya hemos dicho que los
tienen cercados. La tierra de Tunja es más rica que la de Bogotá, aunque la otra es
harto; pero oro y piedras preciosas y esmeraldas siempre lo hallamos mejor en Tunja.
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