Descubrimiento del Nuevo Reino de
Granada y Fundación de Bogotá
Juan Freide
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CAPITULO XII

EL PAPEL DE FEDERMAN, EL “ALEMAN”, EN LA FUNDACION

DE BOGOTA

341a

341 varios cronistas342 sostienen que recibió 4.000 y el permiso de vender los caballos, armas y pólvora a los vecinos de la recién fundada ciudad. También el Historiador Anónimo343 dice: “Pro­veyéronles a los alemanes por parte del teniente cierta cantidad de oro, para que dejase allí la gente”. Con esto se había conten­tado, concertándose con Jiménez y sometiéndose a la decisión del Consejo de Indias que debía fijar el destino político del Nue­vo Reino.

344 compañero de armas de Féderman, es empero distinta. Allí lee­mos que Féderman había llegado al Nuevo Reino, territorio que consideraba como perteneciente a la gobernación de Venezuela, con 160 hombres de guerra y 70 caballos (Féderman dice que eran 230 hombres y 90 caballos). Encontrando la tierra ocupa­da por Jiménez, sigue declarando el capitán Bernal, “el dicho Féderman, como celoso del servicio de Dios y de su Majestad y de la pacificación y quietud..., considerando el deservicio que hiciera a Su Majestad si por otra vía quisiera averiguar y apo­derarse del dicho Reino, no quiso a la sazón averiguarlo por la fuerza de las armas”. Por esto convino dejar su gente bajo las órdenes de Jiménez y seguir con el licenciado a España para zanjar sus diferencias.

345 , conviene en que durante la entrevista que sostuvieron ambos caudillos “pasaron entre ellos muchas alteraciones sobre la jurisdicción de quién estaba en goberna­ción ajena”. También admite la influencia que sobre su decisión de concertarse con Jiménez tuvo la noticia de la llegada de Belalcázar a la provincia de Neiva con 150 hombres, habiendo ya dejado el mismo caudillo otros 300 en los cuatro pueblos que había fundado.

347 . Es muy cierto lo que dice el capitán Bernal sobre que “si no hubiera más gentes de las que el dicho Licenciado tenía, según estaban -faltos de armas y herrajes y otras cosas necesarias para la sustentación de la guerra y perpetuación, no se hubieran podido mantener en tierra tan hostil”.

348 , a con­federarse contra Jiménéz. No son, pues, vanas alabanzas las palabras del licenciado, cuando en su segundo convenio decla­raba349 “Siempre de vos, el dicho Nicolás Féderman, se conoció voluntad de toda paz y tranquilidad y mirar el servicio de Su Majestad”. Por esta actitud pacífica le concede Jiménez, como a un capitán general, cinco partes del botín que se cogiere de aquí en adelante (hasta la llegada del nuevo gobernador), y dos partes para sus criados que le debían acompañar en su via­je a España.

350, Y aún critica ásperamente a Alfínger y a Espira, que “la pudieron ganar ocho años ha el uno, y tres años ha el otro, si tuvieran devoción”351 , La buena fe del capitán Féderman al reclamar del licenciado Jiménez la entrega del gobierno está, pues, comprobada y tácitamente acep­tada por el Licenciado en el texto de su primer aceurdo del 17 de marzo de 1539352 ,

353

<“Por cuanto yo, el dicho licenciado Jiménez, teniente suso­dicho, recibí buena obra y merced de Vos, el dicho Nicolás Fé­derman, en dejarme la gente aquí en este dicho Nuevo Reino, por la razón de la poca gente que yo traía y había en el dicho Reino para apaciguar y conquistar ciertas provincias en ellas comarcanas del dicho Nuevo Reino, lo cual no se pudiera ha­cer sin más gente; en lo cual Vos, el dicho Nicolás Féderman, hicisteis gran servicio a Su Majestad en ello. . . etc.”.

354 declara expresamente que en los tres pueblos que se habían fundado (Santafé, Vélez y Tunja) se metieron “en cada uno la mitad de la una gente y la mitad de la otra, así de alcaldes y regidores y vecinos..., de manera que en todo quedó igualdad y orden”. Aunque esta de­claración no es muy exacta, pues también de las gentes de Be­lalcázar se nombraron algunos alcaldes y regidores, aunque po­cos (véase Cap. XIII), no desmiente el hecho fundamental de que al lado de Jiménez, fue Féderman el que puso las bases de la colonización del Nuevo Reino de Granada. Y dice el Histo­riador Anónimo cuando enumera los pueblos que se fundaron en la Altiplanicie Chibcha355 : “Todos estos pueblos se poblaron con gente de Venezuela y de Santa Marta y con la poca de Be­lalcázar”.

356 , En el convenio fir­mado con Jiménez357 se reservan los derechos de los Welser al Nuevo Reino de Granada, sometiéndose ambas partes a la deci­sión del Consejo de Indias, la única manera legal de salir del paso, Si Féderman deja sus soldados en el Nuevo Reino bajo la jurisdicción de Santa Marta, exige un compromiso formal por parte de Jiménez y de sus sucesores: que los dejen libremente salir de la provincia, si así lo exigieran los gobernadores de Venezuela. Y queda a salvo el derecho de sacar del Nuevo Reino la gente para poblar la parte que correspondiese a Venezuela si el Consejo de Indias resolviese partir el Nuevo Reino entre ambas gobernaciones. Ningún convenio más correcto y hono­rable como el concluido entre ambos caudillos.



341a Sobre la animadversión que existía contra los alemanes y la influencia que tal actitud tuvo sobre la historiografía americana, véase mi libro, próximo a pub]icarse :“‘Los Welser y sus gobernadores en la conquista de Venezuela”.

341 AGI Escribanía de Camara 1.006 A

342 15, Par. 1, Lib. 6, Cap. III.

343 AGI, Patronato 27, Ramo 9, Fol. 15.

344 AGl, Justicia 1.906.

345 14, Lib. 2, Cap. XVII.

347 Simón describe así el estado en que se encontraba el ejército de Jimenez a tiempo de llegar a la altiplanicie chibcha: “Se hallaron sin frenos ni sillas para, los caballos que habían quedado cojos, sin pólvora para las escopetas y arcabuces... Solas quedaron algu­nas ballestas que tenían más de mal que de bien, y algunas espadas que de primer golpe saltaban y se hacían pedazos; algunos fieros de lanzas y algunos puñales o ‘machetes les quedaron    (37, Par. 2, Not. 1, Cap. XXXVI).

348 14, Lib. 2, Cap. XVII.

349 Doc. 1.267.

350 14, Lib. 2, Cap. XVII

351 Aguado dice (1, Par. 2, Lib. 4, Cap. 1) que Féderman “pretendió al principio que la tierra entraba en su gobernación.., pero de todo esto se apartó”: dato que no corres­ponde a la realidad. (Véase Cap. XV).

352 Doc. 1.267.

353 Doc. 1.267.

354 14, Lib. 2, Cap. XVII.        

355 AGl. Patronato 27, Ramo 9, Fol. 17.

356 15, Par. 1, Lib. 6, Cap. III.