Gobierno de la
audiencia.—Influencia perniciosa de oidor Montaño y saludable
del obispo don Fray Juan de los Barrios.—Primer sínodo
diocesano —Montaño, acusado de rebelión á la corona, es
condenado á muerte y decapitado en Valladolid. — Encomiéndase
al Adelantado Quesada la sujeción de los gualíes. y de su cacique
Yuidama.—-Muere de lepra en Mariquita á la edad de más de
ochenta años el descubridor del Nuevo Reino de Granada. — Dase
fin á la narración de los sucesos del descubrimiento y
colonización, por lo que hace á a primera parte.—Noticias
biográficas y críticas de los cronistas que se han ocupado
especialmente de la historia do la Nueva Granada, y cuyos escritos
poseemos.—Castellanos, cura de Tunja, Fray Pedro Simón, Pedro
Cieza de León, Antonio Herrera, Juan Rodríguez Fresle, los
Capitanes San Martín y Lebrija, Andagoya y Oviedo y otros
contemporáneos.—Don J.Flores de Ocáriz, Fray Alonso de
Zamora, el obispo Lucas Fernández de Piedrahita, el Padre Cassani
de la Compañía de Jesús y demás compiladores.
Por muchos años los oidores Briceño y Montaño gobernaron el
Nuevo Reino de Granada, ó por mejor decir, lo gobernó la voluntad
de hierro de este último, á que se doblaba el genio suave y
condescendiente del primero. Este era popular entre los colonos; el
otro, aborrecido por sus ásperos modales, carácter duro, y por su
parcialidad que te hizo cometer muchas injusticias y tropelías.
Favoreció, es cierto, á los indígenas, aplicando inexorablemente
las nuevas leyes, pero parece lo hizo más bien que por humanidad
por odio á los conquistadores y encomenderos. Que estos abusaban de
su autoridad, no hay duda, y lo corrobora el motivo que tuvo el
obispo Barrios para celebrar el primer sínodo diocesano, á que
asistieron, no sólo los canónigos y prelados, sino también los
oidores, el fiscal y el Mariscal don Gonzalo Ximénez de Quesada.
Tratóse de corregir el clero, de mejorar las doctrinas de los
naturales, y de poner un remedio á la enormidad de los tributos que
los encomenderos exigían, cosa que enajenaba completamente las
voluntades de los indígenas é impedía la predicación del Evangelio.
No creo que en los sínodos celebrados posteriormente se siguió la
práctica de dar voz y asiento á las autoridades civiles. La grande
influencia de que por sus virtudes, dignidad y comportamiento
gozaba el Obispo, el cual se mantuvo unido con el Licenciado
Gonzalo Ximénez de Quesada y otros sujetos de respetabilidad, de
los antiguas descubridores, que después de haber hecho su fortuna
en las diferentes provincias, venían á gozar del clima sano y de
las comodidades y sociedad que les brindaba Santa Fe, ponía freno
hasta cierto punto á las demasías de Montaño. Por su conducta
arbitraria é injusta merecía hacía muchos años este temario togado
haber sido despojado de su empleo y castigado con multas y
prisiones; pero fue por una supuesta participación á cierto
alzamiento que se decía proyectaban sus hermanos, que le prendieron
sus compañeros y enviaron á España, y por lo que resultaba de las
declaraciones de muchos de sus contrarios, fué condenado al último
suplicio y le cortaron la cabeza en Valladolid. El crimen de que se
le acusaba era de lesa majestad, y esto bastó para que se
procediese con tanto vigor, mientras que los asesinatos perpetrados
por Pedrarias, Lugo y por tantos otros quedaron
impunes.
En 1573 principió la rebelión de los Gualies por la influencia
del cacique Yuldama, que habiendo vivido entre los españoles, había
aprendido á leer y escribir. Este individuo reunió á los caciques
Undama, Umatepa, Unicoa, Cimara, Poro, Pomporca y otros
circunvecinos, que se alzaron, negaron los tributos y comenzaron á
asaltar las poblaciones con mucho atrevimiento por no haber fuerza
suficiente en Mariquita para oponerse á sus invasiones. Creyó la
Audiencia que con la autoridad del Adelantado Quesada se podrían
levantar tropas con que sujetarlos. Aunque anciano y achacoso, se
encargó este de la empresa, y reunió setenta hombres de todas las
ciudades, publicando un pregón en que ofrecía fundar una villa y
hacer repartimientos que era el aliciente más eficaz para los que
carecían de encomiendas ó las tenían muy cortas. Salieron de
Mariquita á fines de 1574, y comenzaron á talar las sementeras é
incendiar las casas de los rebelados sin piedad ni consideración
alguna, y á fin de contentar los aventureros, se fundó á pocas
leguas de Mariquita una villa que llamaron Santa Agueda, desde la
cual, pudieron hacerse las diversas entradas al mismo tiempo que
beneficiar ciertas minas de oro que se descubrieron en las
inmediaciones. Yuldama murió combatiendo en una sorpresa que le
dieron los españoles. Estos sufrieron un revés de los indios de
Guatía, que habitaban las orillas del río Guarinó, y que rodearon
una partida de diez y siete soldados matando al jefe y á la mayor
parte de la tropa. Mas al fin, después de varios sucesos, quedó por
entonces reducida la tierra y los indígenas en una paz que no duró
mucho, pues ya hemos visto que pocos años después se echó mano del
Gobernador Gaspar de Rodas para pacificados y someterlos de
nuevo.
Esta fué la última hazaña del Adelantado Gonzalo Ximénez de
Quesada; afligido de la cruel enfermedad que lo llevó al sepulcro,
se retiró después á Tocaima, y vivió algunos años cerca de los
baños sulfurosos, de donde hizo viaje á Mariquita, y allí falleció
el 16 de Febrero de 1579, otorgando un testamento en que se
reconocía deudor de más de sesenta mii ducados á diversas personas.
Ni él ni sus hermanos dejaron hijos, y sus herederos y sucesores,
que llevan el apellido de Oruñas y de Berríos, fueron los
descendientes de una hermana. Estos últimos obtuvieron después
empleos y condecoraciones en Venezuela y en el Nuevo Reino de
Granada, y aun se conserva en Bogotá descendencia de sus deudos.
Los huesos del fundador de Bogotá se trasladaron en 1597de
Mariquita á la capilla del Humilladero, en Santa Fe, y
posteriormente á la Catedral. Sobre su sepulcro, que no tenía más
epitafio conforme á su última voluntad que estas tres palabras
latinas: Expecto resurectionem mortuorum, se colgó el estandarte de
la conquista que se sacaba en procesión todos los años el 6 de
Agosto, antversano de la fundación de Bogotá. Nació Quesada en
Granada (según algunos, y según otros en Córdoba). Su padre era uno
de los jueces que componían el tribunal que juzgaba las cansas de
los moros después de la conquista de Granada. Nada se dice de la
época de su nacimiento, pero se supone que fué en los últimos años
del siglo 15°, puesto que tenía más de 80 años cuando murió. En
esta nuestra suma histórica se ha hecho mención de su vida: en ella
se ha visto que cuando ejercía la abogacía en Granada, fué sacado
para un mundo nuevo, en donde desplegó las cualidades de valiente
guerrero y de prudente y sagaz capitán. Le faltó apoyo y consejo á
su vuelta á España; malgastó sus bienes y consumió en el ocio y en
la disipación los mejores años de su vida. Restituido á las
regiones que había conquistado, se empleó en varios servicios
útiles, emprendió la malhadada jornada del Dorado, y últimamente,
ya de edad de cerca de setenta años, se resolvió á escribir su
Compendio Historial ó ratos de Suesca (que parece que la obra tenía
uno y otro título), pero desgraciadamente no se conside digna de
imprimirse, aunque se remitió a España, lo que junto con los
pasajes que el Padre Zamora y el obispo Piedrahita nos han
conservado de este trabajo, inclinan á hacer un juicio no muy
favorable de la obra escrita por antiguos recuerdos, algunos de los
cuales son evidentemente inexactos. Este manuscrito se ha perdido,
y también la colección de sermones que por aquel tiempo compuso el
mismo Mariscal con destino a ser predicados en las festividades dc
Nuestra Señora. Según el testimonio de sus contemporáneos, fué el
Adelantado Quesada de cuerpo y estatura regulares, de rostro grave,
pero muy atento y comedido con todos. A pesar de haber sufrido
tantos trabajos y necesidades, llegó á una edad avanzada, sin otro achaque que la terrible
lepra que le atacó pocos años antes de su muerte.
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|(1)
Con la muerte del descubridor del Nuevo Reinó de Granada termina
la narración de los sucesos que me propuse compendiar en esta
primera parte de la suma histórica, que con la mayor desconfianza
de mis propias fuerzas someto al público granadino. Al haber sabido
que plumas más hábiles y elocuentes se ocupaban de este mismo
objeto, hubiera renunciado al proyecto de escribir, y habría puesto
á disposición de los escritores, mis compatriotas, la colección de
libros y documentos que tanto tiempo be gastado en reunir, como lo
hice respecto de un celebre historiador extranjero; mas estando ya
las últimas hojas de este libro en la imprenta, me he decidido á
publicarlo, esperando que pueda servir de algo mientras se completa
la publicación de una buena historia antigua de Nueva Granada. He
creído también que podría ser útil añadir á este capítulo una
noticia de los viejos historiadores de nuestro país, algunos de los
cuales son poco conocidos, si se ha de juzgar por las citas de los
literatos granadinos, que últimamente han comenzado á ocuparse de
tan interesante materia. Estas noticias son sin perjuicio de la
lista circunstanciada de los demás libros y pápeles que he tenido
presentes en el curso de mi trabajo, la cual aparece también en el
apéndice.
El primero y más antiguo de los cronistas es el Presbítero Juan
de Castellanos, cura de Tunja, soldado de la conquista, que arribó
de España al cabo de la Vela y ranchería de las perlas, como
soldado de caballería. En aquellas expediciones adquirió algún
caudal, aunque á costa de grandes riesgos, en las guazabaras con
los indios. Cansado de esta vida errante, víctima quizá de la
injusticia, según se colige de algún pasaje; de sus obras, ó
remordiéndole la conciencia por las violencias que él y sus
compañeros hacían á los indígenas, cambió de estado y se consagró
al servicio de la Iglesia en Cartagena, en donde se ordenó y cantó
la primera misa, siendo su padrino el Capitán Nuño de Castro, que
lo bahía recibido en su casa y de quien habla con tierna gratitud.
El provisor Campos le nombró cura y luego le llegó de España el
nombramiento de Canónigo tesorero en Cartagena. Ignórase por qué
renunció esta dignidad y pasó luego á Tunja como cura, en donde
vivió muchos años. Compuso primero en prosa su crónica del Nuevo Reino de Granada, y luego la rimó con
el título de Elegías de ilustres varones de Indias.
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|
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(2)
.
Examinados sus escritos y comparados con los demás documentos
que de aquélla época nos quedan, puede afirmarse que el dictamen
emitido por don Juan Bautista Muñoz en su
|Historia del Nuevo
Mundo, es fundado y equitativo. “Es Castellanos, dice
Muñoz, escritor de bastante mérito y utilidad cuanto á las cosas de
su tiempo; acerca del anterior, tomó de los autores, en especial de
Oviedo, de tradiciones populares y del fértil campo de su
imaginación, cuantas fábulas conducían á llenar el plan de sus
ideas.”
“Y si, lector, díjerdes ser comento
Como me lo contaron os lo cuento.”
En otra parte dice Muñoz que abusó Castellanos de su habilidad y
del conocimiento que tenía de las cosas de Indias para corromper su
historia,» lo cual debe entenderse de todo lo que dice relación con
los viajes de Colón y sucesos de la conquista de la isla de Santo
Domingo, en la cual ciertamente abundan los errores é
inexactitudes. No están enteramente exentas de esta tachar la 2a y
3a parte que hemos manejado manuscritas, y que ahora por la primera
vez da á luz pública el señor Aribau. Es sensible que se haya
perdido la 4ta parte, que ha de ser la más importante, por versarse
sobre el descubrimiento de la porción más culta de aquellos países,
y porque habiendo residido Castellanos en Tunja por tantos años, en
época en que las tradiciones de los indígenas estaban aun
recientes, debe haber mencionado algunas y entrado en detalles
tanto más interesantes, cuanto más raros hoy. A fines del siglo
XVII tuvo el Obispo Piedrahita en sus manos el original de esta 4ta
parte, revestido de las aprobaciones legales para darse á la
estampa, y lo halló en Madrid, en
la librería de don Alonso Ramírez de Prado, del Consejo de Castilla
y del de Indias.
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(3)
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De diversos pasajes de sus obras se infiere que Castellanos
consultaba á sus antiguos compañeros dc armas cuando en el curso de
su trabajo le. ocurría alguna duda, y advierte las variantes. Así,
por ejemplo, en lo relativo á Cartagena se siguió principalmente
por los apuntes que le dió Gonzalo Fernández, testigo
ocular.
Fue de las guerras todas buen testigo
Y á mí de estos discursos me dió parte
Como quien me tenía por amigo,
Los cuales por escrito los reparte
De la misma manera que los digo.
Bartolomé Camacho, Juan de Cuevas, Orosco y otros muchos
contribuyeron á Castellanos con sus noticias. La rima, sin embargo
le ha hecho cometer algunas libertades poéticas en los nombres
propios, y como, por otra parte, suele no ser muy escrupuloso en la
cronología, conviene consultarlo con cautela.
Mas en sus descripciones de comarcas, en las de refriegas y
encuentros con los indígenas, y particularmente en la pintura de
las impresiones que causaban á aquellos animosos y duros
conquistadores, lo peregrino de la tierra y de las gentes que
tenían que domeñar, y lo inaudito de sus propias andanzas y
aventuras, no conocemos cronista que le aventaje. Era preciso haber
sido dotado por la naturaleza de la imaginación más viva y más
galana y de la memoria más feliz, para conservar, después de largos
años, tan verdes las imágenes y recuerdos de acontecimientos
pasados allá en los días de su florida juventud. En el curso de
esta obra se han dado bastantes
ejemplos del estilo sencillo y animado de Castellanos.
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|(4)
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Pedro Cieza de León es el segundo actor y escritor de los
sucesos del descubrimiento. Vecino de Sevilla, escribió su crónica
del Perú como testigo de vista y por informes de personas dignas de
fe; de ella se hicieron algunas ediciones en España, Roma y en
Flandes, de 1553 á 1555. Quéjase en su dedicatoria al príncipe don
Felipe, de que por falta de escritores se queden en olvido, no sólo
las hazañas de muchos y muy valerosos varones, sino infinitas cosas
dignas de perpetua memoria de grandes y diferentes provincias, y
dice que habiendo pasado al Nuevo Mundo de Indias, en donde en
guerras y descubrimientos y poblaciones gastó la mayor parte de su
vida, se determinó á escribir las cosas memorables del Perú, adonde
pasó por tierra desde la provincia de Cartagena, en la cual residió
así como en la de Popayán muchos años, como que obtuvo por sus
servicios un repartimiento de indios en Arma. Asegura que muchas
veces, cuando los otros soldados descansaban, cansaba él
escribiendo su diario, y que nada bastó, ni las asperezas de
tierras y montañas y ríos, ni las hambres y necesidades
intolerables, para estorbar dos oficios, el de escribir y el de
seguir su bandera y su capitán.
Salió Cieza de España de edad de trece años no cumplidos, y
permaneció diez y siete en América. No se llegaron á imprimir los
libros que tratan de las guerras civiles del Perú. En el primero,
en el tercero y en el cuarto, hay sucesos que dicen relación con
Nueva Granada, tales como la muerte de Robledo, venida de Aldana,
etc. De las cuatrocientas páginas de que se compone la parte de sus
obras que se dió á la estampa, solo ciento cuarenta corresponden á
la descripción del sur de Nueva Granada hasta Pasto, pero ellas
encierran detalles tan preciosos de aquellas regiones, que de aquí
tomaron Herrera, Laet y cuantos han querido, tratar de ellas. Como
la vida de los conquistadores no era muy calculada para
perfeccionar la educación de un joven, puede inferirse que la de
Cieza había sido esmerada antes de salir de la Península; de otro
modo no podría explicarse ni la amenidad de su estilo, riqueza de
las descripciones, ni, sobre todo, los sentimientos de humanidad
que manifiesta hablando de
los indígenas, en época en que este modo de pensar no era común
|
|
(5)
.
Considero también á Fray Pedro Simón como historiada
contemporáneo, porque aunque vino á América cerca de medio siglo
después que habían pasado los sucesos más importantes del
descubrimiento, conoció y trató á algunos de los conquistadores de
Antioquia, y cuando comenzó á colectar sus materiales estaban
todavía frescos en la momería de muchos los hechos principales, que
encontró además consignados en los archivos de su convento, en las
memorias del Padre Medrano, que ya hemos mencionado, y que fué uno
de los actores, y del Padre Aguado, cuarto provincial de San
Francisco en 1573, religioso docto en teología y en matemáticas,
que compuso dos libros, sobre el descubrimiento, los cuales no se
publicaron.
Nació el Padre Fray Pedro Simón en la Parrilla, Obispado de
Cuenca, en 1574, profesé y estudió con mache lucimiento Humanidades
en el convento de San Francisco de Cartagena de España, del que lo
sacaron para establecer la enseñanza de Teología y Artes, que hasta
entonces no había en el convento de su religión en Santa Fe, adonde
llegó en 1604. Pocos años después se formaron ya discípulos que lo
reemplazaron en la cátedra. Pasó á Tota, cuya doctrina, como todos
las del vallo de Sogamoso, estaban á cargo de su orden, En 1623 fué
electo Provincial y en el mismo año comenzó á escribir sus noticias
historiales, para las cuales había acopiado materiales por muchos
alias, además de los que su propia experiencia le suministré en la
jornada y reducción de los Pijáos, á la cual acompañó en 1607 á don
Juan de Borja, Presidente de la Real Audiencia. Estuvo previamente
en Venezuela, como Visitador, y se embarcó en Coro para las
Antillas, de donde volvió á Santa Fe. Hizo viajes á Antioquia,
Cartagena y Santa Marta, antes de tomar la pluma para componer su
historia, de la cual escribió los dos primeros tomes en año y
medio, cercenando cuatro meses de aguda enfermedad de gota, que
interrumpió sus tareas. El primer volumen, que fué el único que se
imprimió, trata de las cosas de Venezuela, y episodio del tirano
Aguirre. La aprobación está firmada por Fray Luis Tribaldos de
Toledo cronista mayor de Indias, el 1° de Abril de 1526,
recomendando al P. Fray P. Simón como diligente investigador do la
verdad, y el día 9 del mismo mes se le despachó el real permiso
para imprimir su libro, lo cual se verificó el año siguiente de 1527, en Cuenca. Las otras don
partes, que existen sólo manuscritas
|
|
(6)
contienen cada una también siete
noticias historiales. La 2da versa sobre los descubrimientos que se
emprendieron por la orilla derecha del Magdalena, partiendo de
Santa Marta. La 3ra trata de todo lo tocante á Cartagena, Popayán,
Antioquia y Chocó. Si exceptuamos los sucesos del istmo de Panamá;
la crónica del P. Fray Pedro Simón es la relación más completa que
hoy tentemos de los acontecimientos del siglo XVI en Nueva Granada,
y la más preciosa. Este religioso es un escritor concienzudo, que
participa por cierto de las preocupaciones de su siglo, pero no más
que su sucesor el Obispo Piedrahita, que escribió en Madrid medio
siglo después. Dice Fray P. Simón “que habiendo visto la
tierra toda, por no haber historia especial del descubrimiento de
esta parte, porque aunque el Adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada,
que fué el que descubrió este Reino, escribió su descubrimiento y
cosas del en unos tornos que intituló
|Ratos dc Zuesca, y el
P. Fray Francisco Medrano, franciscano, comenzó á escribir y murió
en la demanda, y en la del Dorado, yendo con el mismo Adelantado, y
después el P. Fray Pedro Aguado prosiguió la historia y la
perfeccionó en dos buenos tomos que andan escritos de mano, y aun
el Padre Juan de Castellanos, beneficiado de la ciudad de Tunja,
compuso en buen verso mucho de las cosas de estas tierras y sus
conquistas; todo esto se ha quedado en embrión, y todo se está
sepultado con los deseos de los curiosos que quisieran saber de
estas cosas, en especial los que han nacido y habitan esta tierras,
están atormentados, no hallando camino por donde cumplirlos, y
saber las cosas de sus antepasados, de quien ellos descienden.
Este, pues, pretendo abrir para todos, poniendo diligencia en
buscar memoriales (que no me ha costado poco) y la mano á la pluma,
después de los años que he gastado en estas tierras”.
El estilo de Fray Pedro Simón es, según se ve, sencillo, sin
pretensión de imitar á los historiadores clásicos; ha tomado mucho
de Castellanos, como se puede advertir comparando la 2da y 3ra
partes que de éste tenemos, y es de suponer que lo mismo baria
respecto de la 4ta parte que se ha perdido. Hay errores en la
relación de los primores descubrimientos de nuestras costas, que
afortunadamente describieron historiadores más antiguos, de que
hablaremos en otro lugar.
Como respecto de Castellanos y de Cieza ignoramos también la
época y el lugar de la muerte de Fray P. Simón, que se infiere, sin
embargo, haber sido en España, adonde pasó á dar calor á la
impresión de sus libros, cuyos manuscritos desaparecieron allá,
puesto que el historiógrafo Muñoz hizo copiar en Bogotá de real
orden las don partes inéditas que hoy existen, según aparece de una
nota de la copia que está depositada en Madrid en la Academia de
Historia.
Juan Rodríguez Fresle, natural de Bogotá, é hijo de uno de descubridores, escribió también en 1636 una
relación que existe manuscrita
|
|(7)
de los sucesos del descubrimiento
y de los posteriores hasta 1618. En ella se esfuerza en probar que
el Usaque de Guatavita fué superior á los de Bogotá y Tunja, y no
es muy detallado respecto de los primeros tiempos, en los cuales se
refiere á Castellanos y al Padre Fray P. Simón, pero en lo relativo
á los acontecimientos peculiares á Santa Fe en la segunda mitad del
siglo XVI, es muy interesante, porque da á conocer con hechos el
estado de la sociedad y de las costumbres de aquella época, en un
lenguaje sencillo y perfectamente local.
Antes que terminara cl siglo XVI escribió Antonio Herrera sus
Décadas, y como este célebre cronista examinó los archivos
españoles, se encuentran en él detalles relativos á la historia de
nuestro país, que omitieron aun los escritores especiales del
descubrimiento, los cuales ignoraban la existencia de papeles y
relaciones manuscritas que se enviaban directamente á la metrópoli.
Es, pues, indispensable consultar la Historia general de las Indias
de este laborioso historiador, que desgraciadamente se detiene en
1554, y puede mirarse corno escritor
contemporáneo de los sucesos del descubrimiento.
|
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(8)
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|
La relación del Adelantado Pascual Andagoya ocupa en la
colección del señor Navarrete sesenta páginas, y es muy útil en lo
que toca al sur de Nueva Granada, sobre todo si se lee con la justa
desconfianza que inspira un informe como este, escrito para
recomendarse y tratar de ensanchar los límites de su gobernación
del río San Juan, que tantos sinsabores y desgracias le produjo.
Este oficial, digno de mejor suerte, sufrió la pena de la relación
exagerada que hizo de países que no conocía bien, y de los que,
nombrado Gobernador y Adelantado, no pudo tomar posesión,
prefiriendo entrar en ajena jurisdicción á padecer prisión y
persecuciones. Sin embargo, á esta circunstancia se debe el
conocimiento de los hechos más importantes que contiene su
relación, la cual es preciso, tener presente, como de escritor
contemporáneo y de hombre instruido.
Mas corta pero no menos importante, es la relación presentada al
Emperador en 1540 por los capitanes Lebrija y San Martín, que
acompañaron á Quesada en su descubrimiento, el cual pretenden
referir en resumen, echando un velo discreto á sucesos en que no
les convenía detenerse. Esta relación, que es el único documento
auténtico que nos queda de aquella jornada, existe original en los
archivos de Indias, y en copia en la colección de Muñoz, de la cual
hizo su traducción M. Ternaux Compans y publicó, en Paris en
1840.
Otro de los cronistas originales es Oviedo, que residió en
Cartagena y en el Darién como funcionario público, antes de
escribir su historia natural y general de las Indias, en la cual se
refiere á los sucesos de Tierra firme, y contiene minuciosas
noticias sobre los indígenas, sus costumbres, etc. Mas este es uno
de los autores que conviene leer con mucho tiento, porque, al lado
de hechos dignos de fe se encuentran otros que no lo son tanto. La
misma observación se aplica al Padre Gerónimo Escobar, religioso
agustino, que residió en Popayán como Secretario del Obispo al fin
del siglo XVI, y cuya descripción de aquella provincia publicó
también traducida al francés M. Ternaux Campans.
|
(1)
|
He aquí lo que Ocáriz dice de la vida
de Gonzalo Ximénez de Quesada, que es un resumen en lo general
exacto, que debe consultar el que no quiera leer todo lo que sobre
el llevamos dicho:
“Hijo del Licenciado Luis Ximénez
de Quesada, originario de Baeza, natural de Córdoba, y de Isabel de
Rivera Quesada, su parienta, nació en Córdoba, y su padre se
trasladó luego á Granada como juez. Allí estudió derecho Gonzalo
Ximénez de Quesada, se graduó y abogó en la Cancillería real. En
1535 se comprometió como auditor en la expedición de don Pedro
Fernández de Lugo. En 1538 se le hizo teniente de aquel Gobierno, y
después Comandante de la expedición del Magdalena. Fundó la ciudad
dli Santa Fe y dió orden para poblar las de Vélez y Tunja. Hizo
viaje á España á dar cuenta de lo conseguido, con detención de 12
años y no buenos suceso, y en el de 1550 volvió en compañía de los
oidores fundadores de la Real Chancillería de Santa Fe y de los
religiosos de Santo Domingo y San Francisco que vinieron á fundar,
trayendo título de Mariscal del Nuevo Reino de Granada y de Regidor
de la ciudad de Santa Fe, y dos mil ducados de renta al alo en las
reales cajas. Después se le dió titulo de Adelantado y se le
expidió real cédula para situarle en indios vacantes tres mil
pesos, de á cuatrocientos cincuenta maravedieses de rente anual y
que le cesase la otra al respecto de cómo se fuese situando la
segunda, y para ello se le encomendaron pueblos de Chita la Sal,
Tamara, Paute, Aricaporo, Pisva, Tuneva, Guataquí, Onda y otros
naciones de indios. Capituló luego del descubrimiento el Dorado ó
Guayana, cuya jornada fué prolija y costosa, relevándole Su
Majestad de finanzas en atención de lo bien servido que de él se
hallaba por lo mucho que hizo en el primer descubrimiento y
conquista. Redujo á los indios rebelados de Gusli y Guasqui y pobló
la ciudad de Santa Agueda, que ahora flamas de Mariquita. Gobernó
la de Cartagena y tuvo otras ocupaciones importantes del real
servicio. En sus postrimerías le aquejo el mal de la lepra, que le
necesito asistir a un desierto junto á la ciudad de Tocaima, que
llaman la cuesta de Limba, donde hay un arroyo de agua de
fastidioso olor, de pasar por minerales do azufre, con, cuyo baños
descansaba. Dejó renta con qué sustentar en esta cuesta una tinaja
con agua por no haberla cerca para los caminantes, y ser el sitio
caluroso, y por último, sin haberse casado, en estado pobre y
adeudado en mas de sesenta mil ducados, murió en la cuidad de
Mariquita en Febrero de 1579, con testamento cerrado que otorgó el
mismo día ante Andrés Sánchez, escribano publico de allí. (Regresar a 1)
|
|
(2)
|
Don Nicolás Antonio y don Antonio
Alcedo hacen nacer á Castellanos en Tunja, y el señor Aribau,
último editor de las obras de nuestro cronista, repite la aserción
del primero sin contradecirla. Infiérase de aquí que ninguno de
estos ilustrados españoles había leído con reflexión sus obras y
que ignoraban el año de la fundación de Tunja. En 1545 ya le
destilaban a Castellanos las barbas, gotas de agua salada y amarga
, según lo dice en el canto único de la segunda parte, en que trata
de los sucesos del Cavo de la Vela, y donde habla de la expedición
á la Sierra Nevada , en que se halló bajo las ordenes de Pero
Fernández Zapatero. Tunja se fundó e 6 de Agosto de 1539, y al
haber nacido Castellanos en aquélla ciudad, habría tenido menos de
seis años cuando hacía la guerra á los Indios, cruzando á caballo
los ríos más caudalosos. El arranque de las quince mil octavas que
escribió este laborioso eclesiástico, es la siguiente:
A cantos elegiacos levanto
Con débiles acentos voz anciana,
Bien cómo blanco cisne que con
canto
Su muerte solemniza ya cercana.
La primera parte de imprimió en 1588
en España; y aunque se supone que Castellanos solo gasto dos o tres
años en componer cerca de cien ml versos, si hubiera nacido en
Tunja. no habría tenido mucho más de cuarenta años cuando comenzó,
lo que no justifica lo de “voz anciana.” Sobran
argumentos sacados de sus obras para probar que su patria no fué
Tunja ni América, pero ignoramos enteramente de qué parte de España
era oriundo nuestro más antiguo cronista. (Regresar a 2)
|
|
(3)
|
Con este indicio se han hecho en
Madrid las más exquisitas diligencias para conseguirlo, pero
siempre sin resultado. En Bogotá mismo existía también el
manuscrito, según el testimonio del Padre Fray Pedro Simón y el
Padre Zamora , que lo vieron, y quizá algún día llagara a
descubrirse. (Regresar a
3)
|
|
(4)
|
Para la
|Antología Española de
Madrid escribió el autor de este
|Compendio una noticia
bibliográfica más extensa sobre Castellanos, que se insertó en el
número de aquella Revista de Ciencias y Literatura del mes de Marzo
de 1848.(Regresar a 4)
|
|
(5)
|
Hablando M. Prescott, uno de los más
competente jueces modernos en esta materia, de la crónica de Cieza,
dice: The literary execution of the work, moreover is highly
respectable sometimes even rich and picturesque: with a sensibility
to its charms, not often found in the tasteless topographer, still
less often in the rude conqueror.” Y en otra parte : “
The old chroniquer of rather geographer, Cieza de León was present
in the campaign, he tells us: so that his testimony always good,
becomes of more than usual value.” Prescott cronista del
Perú. (Regresar a
5)
|
|
(6)
|
Estas se imprimieron en Bogotá en la
Imprenta de Medardo Rivas, de 1882 á 1892. en 5 tomos.—S. A.
S.(Regresar a
6)
|
|
(7)
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Esta se publicó en Bogotá tomándola
del ejemplar perteneciente al General Acosta, en 1859. —S. A.
S. (Regresar a
7)
|
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(8)
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Hablando de las
|Décadas de
Herrera, dice el mismo celebre escritor que ya hemos citado: It is
indeed a noble monument of sagacity and erudition; and the student
of history, and still more, the historical compiler, will find
himself unable to advance a single step among the early colonial
settlements of the New Word without reference to the pages of
Herrera. (Regresar a
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