INDICE




Prólogo
Introducción

CAPITULO I
Colón descubre las costas del istmo de Panamá...

CAPITULO II
Descubrimiento de las costas de la Nueva Granada desde el cabo Chichibacoa hasta el golfo de Urabá, por Ojeda y Bastidas.

CAPITULO III
Bajo la dirección de Vasco Nunez de Balboa, adquiere la Antigua del Darién mucha importancia.

CAPITULO IV
Desbaratan los Indios á Balboa...

CAPITULO V
Comiénzase el descubrimiento de las Costas del Chocó al sur...

CAPITULO VI
Entrada y crueldades del alemán Alfínger en el valle de Upar...

CAPITULO VII
Combate de Canopote...

CAPITULO VIII
Descubrimiento de Antioquia

CAPITULO IX
Jornada de Jorge Espira desde Coro á los Llanos del Apure, y de allí al Sur, hasta los afluentes del Amazonas

CAPITULO X
El   licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada marcha por los Chimilas hasta Tamalameque...

CAPITULO XI
Extensión y limites del territorio de los Chibchas ó Muíscas...

CAPITULO XII
Prosigue Quesada su descubrimiento...

CAPITULO XIII
Reúne Quesada sus tropas en Bogotá

CAPITULO XIV
Gobierno de Lorenzo de Aldana en el sur...

CAPITULO XV
Fundación de Timaná...

CAPITULO XVI
Mal éxito de las persecuciones de Gonzalo Jiménez de Quesada en España

CAPITULO XVII
Socorre el Adelantado Belalcázar al Gobernador Vaca de Castro, con tropas para reducir a los rebeldes en el Perú, y le despide este desabridamente...

CAPITULO XVIII
Llegada de Armendariz á Santa Fe y sus primeras tropelías...

CAPITULO XIX
Fundación de las villas de Almaguer y la Plata...

CAPITULO XX
Gobierno de la audiencia...
Catálogo
Manuscritos
Documento número siete
Gobierno de la audiencia.—Influencia perniciosa de oidor Montaño y saludable del obispo don Fray Juan de los Barrios.—Primer sínodo diocesano —Montaño, acusado de rebelión á la corona, es condenado á muerte y decapitado en Valladolid. — Encomiéndase al Adelantado Quesada la sujeción de los gualíes. y de su cacique Yuidama.—-Muere de lepra en Mariquita á la edad de más de ochenta años el descubridor del Nuevo Reino de Granada. — Dase fin á la narración de los sucesos del descubrimiento y colonización, por lo que hace á a primera parte.—Noticias biográficas y críticas de los cronistas que se han ocupado especialmente de la historia do la Nueva Granada, y cuyos escritos poseemos.—Castellanos, cura de Tunja, Fray  Pedro Simón, Pedro Cieza de León,  Antonio Herrera, Juan Rodríguez Fresle, los Capitanes San Martín y Lebrija, Andagoya y Oviedo y otros contemporáneos.—Don J.Flores de Ocáriz, Fray Alonso de Zamora, el obispo Lucas Fernández de Piedrahita, el Padre Cassani de la Compañía de Jesús y demás compiladores.

 

 

Por muchos años los oidores Briceño y Montaño gobernaron el Nuevo Reino de Granada, ó por mejor decir, lo gobernó la voluntad de hierro de este último, á que se doblaba el genio suave y condescendiente del primero. Este era popular entre los colonos; el otro, aborrecido por sus ásperos modales, carácter duro, y por su parcialidad que te hizo cometer muchas injusticias y tropelías. Favoreció, es cierto, á los indígenas, aplicando inexorablemente las nuevas leyes, pero parece lo hizo más bien que por humanidad por odio á los conquistadores y encomenderos. Que estos abusaban de su autoridad, no hay duda, y lo corrobora el motivo que tuvo el obispo Barrios para celebrar el primer sínodo diocesano, á que asistieron, no sólo los canónigos y prelados, sino también los oidores, el fiscal y el Mariscal don Gonzalo Ximénez de Quesada. Tratóse de corregir el clero, de mejorar las doctrinas de los naturales, y de poner un remedio á la enormidad de los tributos que los encomenderos exigían, cosa que enajenaba completamente las voluntades de los indígenas é impedía la predicación del Evangelio. No creo que en los sínodos celebrados posteriormente se siguió la práctica de dar voz y asiento á las autoridades civiles. La grande influencia de que por sus virtudes, dignidad y comportamiento gozaba el Obispo, el cual se mantuvo unido con el Licenciado Gonzalo Ximénez de Quesada y otros sujetos de respetabilidad, de los antiguas descubridores, que después de haber hecho su fortuna en las diferentes provincias, venían á gozar del clima sano y de las comodidades y sociedad que les brindaba Santa Fe, ponía freno hasta cierto punto á las demasías de Montaño. Por su conducta arbitraria é injusta merecía hacía muchos años este temario togado haber sido despojado de su empleo y castigado con multas y prisiones; pero fue por una supuesta participación á cierto alzamiento que se decía proyectaban sus hermanos, que le prendieron sus compañeros y enviaron á España, y por lo que resultaba de las declaraciones de muchos de sus contrarios, fué condenado al último suplicio y le cortaron la cabeza en Valladolid. El crimen de que se le acusaba era de lesa majestad, y esto bastó para que se procediese con tanto vigor, mientras que los asesinatos perpetrados por Pedrarias, Lugo y por tantos otros quedaron impunes.

En 1573 principió la rebelión de los Gualies por la influencia del cacique Yuldama, que habiendo vivido entre los españoles, había aprendido á leer y escribir. Este individuo reunió á los caciques Undama, Umatepa, Unicoa, Cimara, Poro, Pomporca y otros circunvecinos, que se alzaron, negaron los tributos y comenzaron á asaltar las poblaciones con mucho atrevimiento por no haber fuerza suficiente en Mariquita para oponerse á sus invasiones. Creyó la Audiencia que con la autoridad del Adelantado Quesada se podrían levantar tropas con que sujetarlos. Aunque anciano y achacoso, se encargó este de la empresa, y reunió setenta hombres de todas las ciudades, publicando un pregón en que ofrecía fundar una villa y hacer repartimientos que era el aliciente más eficaz para los que carecían de encomiendas ó las tenían muy cortas. Salieron de Mariquita á fines de 1574, y comenzaron á talar las sementeras é incendiar las casas de los rebelados sin piedad ni consideración alguna, y á fin de contentar los aventureros, se fundó á pocas leguas de Mariquita una villa que llamaron Santa Agueda, desde la cual, pudieron hacerse las diversas entradas al mismo tiempo que beneficiar ciertas minas de oro que se descubrieron en las inmediaciones. Yuldama murió combatiendo en una sorpresa que le dieron los españoles. Estos sufrieron un revés de los indios de Guatía, que habitaban las orillas del río Guarinó, y que rodearon una partida de diez y siete soldados matando al jefe y á la mayor parte de la tropa. Mas al fin, después de varios sucesos, quedó por entonces reducida la tierra y los indígenas en una paz que no duró mucho, pues ya hemos visto que pocos años después se echó mano del Gobernador Gaspar de Rodas para pacificados y someterlos de nuevo. 

Esta fué la última hazaña del Adelantado Gonzalo Ximénez de Quesada; afligido de la cruel enfermedad que lo llevó al sepulcro, se retiró después á Tocaima, y vivió algunos años cerca de los baños sulfurosos, de donde hizo viaje á Mariquita, y allí falleció el 16 de Febrero de 1579, otorgando un testamento en que se reconocía deudor de más de sesenta mii ducados á diversas personas. Ni él ni sus hermanos dejaron hijos, y sus herederos y sucesores, que llevan el apellido de Oruñas y de Berríos, fueron los descendientes de una hermana. Estos últimos  obtuvieron después empleos y condecoraciones en Venezuela y en el Nuevo Reino de Granada, y aun se conserva en Bogotá descendencia de sus deudos. Los huesos del fundador de Bogotá se trasladaron en 1597de Mariquita á la capilla del Humilladero, en Santa Fe, y posteriormente á la Catedral. Sobre su sepulcro, que no tenía más epitafio conforme á su última voluntad que estas tres palabras latinas: Expecto resurectionem mortuorum, se colgó el estandarte de la conquista que se sacaba en procesión todos los años el 6 de Agosto, antversano de la fundación de Bogotá. Nació Quesada en Granada (según algunos, y según otros en Córdoba). Su padre era uno de los jueces que componían el tribunal que juzgaba las cansas de los moros después de la conquista de Granada. Nada se dice de la época de su nacimiento, pero se supone que fué en los últimos años del siglo 15°, puesto que tenía más de 80 años cuando murió. En esta nuestra suma histórica se ha hecho mención de su vida: en ella se ha visto que cuando ejercía la abogacía en Granada, fué sacado para un mundo nuevo, en donde desplegó las cualidades de valiente guerrero y de prudente y sagaz capitán. Le faltó apoyo y consejo á su vuelta á España; malgastó sus bienes y consumió en el ocio y en la disipación los mejores años de su vida. Restituido á las regiones que había conquistado, se empleó en varios servicios útiles, emprendió la malhadada jornada del Dorado, y últimamente, ya de edad  de cerca de setenta años, se resolvió á escribir su Compendio Historial ó ratos de Suesca (que parece que la obra tenía uno y otro título), pero desgraciadamente  no se conside digna de imprimirse, aunque se remitió a España, lo que junto con los pasajes que el Padre Zamora y el obispo Piedrahita nos han conservado de este trabajo, inclinan á hacer un juicio no muy favorable de la obra escrita por antiguos recuerdos, algunos de los cuales son evidentemente inexactos. Este manuscrito se ha perdido, y también la colección de sermones que por aquel tiempo compuso el mismo Mariscal con destino a ser predicados en las festividades dc Nuestra Señora. Según el testimonio de sus contemporáneos, fué el Adelantado Quesada de cuerpo y estatura regulares, de rostro grave, pero muy atento y comedido con todos. A pesar de haber sufrido tantos trabajos y necesidades, llegó á una edad avanzada, sin otro achaque que la terrible lepra que le atacó pocos años antes de su muerte. | |(1)

Con la muerte del descubridor del Nuevo Reinó de Granada termina la narración de los sucesos que me propuse compendiar en esta primera parte de la suma histórica, que con la mayor desconfianza de mis propias fuerzas someto al público granadino. Al haber sabido que plumas más hábiles y elocuentes se ocupaban de este mismo objeto, hubiera renunciado al proyecto de escribir, y habría puesto á disposición de los escritores, mis compatriotas, la colección de libros y documentos que tanto tiempo be gastado en reunir, como lo hice respecto de un celebre historiador extranjero; mas estando ya las últimas hojas de este libro en la imprenta, me he decidido á publicarlo, esperando que pueda servir de algo mientras se completa la publicación de una buena historia antigua de Nueva Granada. He creído también que podría ser útil añadir á este capítulo una noticia de los viejos historiadores de nuestro país, algunos de los cuales son poco conocidos, si se ha de juzgar por las citas de los literatos granadinos, que últimamente han comenzado á ocuparse de tan interesante materia. Estas noticias son sin perjuicio de la lista circunstanciada de los demás libros y pápeles que he tenido presentes en el curso de mi trabajo, la cual apa­rece también en el apéndice. 

El primero y más antiguo de los cronistas es el Presbítero Juan de Castellanos, cura de Tunja, soldado de la conquista, que arribó de España al cabo de la Vela y ranchería de las perlas, como soldado de caballería. En aquellas expediciones adquirió algún caudal, aunque á costa de grandes riesgos, en las guazabaras con los indios. Cansado de esta vida errante, víctima quizá de la injusticia, según se colige de algún pasaje; de sus obras, ó remordiéndole la conciencia por las violencias que él y sus compañeros hacían á los indígenas, cambió de estado y se consagró al servicio de la Iglesia en Cartagena, en donde se ordenó y cantó la primera misa, siendo su padrino el Capitán Nuño de Castro, que lo bahía recibido en su casa y de quien habla con tierna gratitud. El provisor Campos le nombró cura y luego le llegó de España el nombramiento de Canónigo tesorero en Cartagena. Ignórase por qué renunció esta dignidad y pasó luego á Tunja como cura, en donde vivió muchos años. Compuso primero en prosa su crónica del Nuevo Reino de Granada, y luego la rimó con el título de Elegías de ilustres varones de Indias. | | | (2) .  

Examinados sus escritos y comparados con los demás documentos que de aquélla época nos quedan, puede afirmarse que el dictamen emitido por don Juan Bautista Muñoz en su |Historia del Nuevo Mundo, es fundado y equitativo. “Es Castellanos, dice Muñoz, escritor de bastante mérito y utilidad cuanto á las cosas de su tiempo; acerca del anterior, tomó de los autores, en especial de Oviedo, de tradiciones populares y del fértil campo de su imaginación, cuantas fábulas conducían á llenar el plan de sus ideas.”  

 

“Y si, lector, díjerdes ser comento 
Como me lo contaron os lo cuento.”  

 

En otra parte dice Muñoz que abusó Castellanos de su habilidad y del conocimiento que tenía de las cosas de Indias para corromper su historia,» lo cual debe entenderse de todo lo que dice relación con los viajes de Colón y sucesos de la conquista de la isla de Santo Domingo, en la cual ciertamente abundan los errores é inexactitudes. No están enteramente exentas de esta tachar la 2a y 3a parte que hemos manejado manuscritas, y que ahora por la primera vez da á luz pública el señor Aribau. Es sensible que se haya perdido la 4ta parte, que ha de ser la más importante, por versarse sobre el descubrimiento de la porción más culta de aquellos países, y porque habiendo residido Castellanos en Tunja por tantos años, en época en que las tradiciones de los indígenas estaban aun recientes, debe haber mencionado algunas y entrado en detalles tanto más interesantes, cuanto más raros hoy. A fines del siglo XVII tuvo el Obispo Piedrahita en sus manos el original de esta 4ta parte, revestido de las aprobaciones legales para darse á la estampa, y lo halló en Madrid, en la librería de don Alonso Ramírez de Prado, del Consejo de Castilla y del de Indias. | | | (3) | |  |

De diversos pasajes de sus obras se infiere que Castellanos consultaba á sus antiguos compañeros dc armas cuando en el curso de su trabajo le. ocurría alguna duda, y advierte las variantes. Así, por ejemplo, en lo relativo á Cartagena se siguió principalmente por los apuntes que le dió Gonzalo Fernández, testigo ocular. 

Fue de las guerras todas buen testigo
Y á mí de estos discursos me dió parte
Como quien me tenía por amigo,
Los cuales por escrito los reparte
De la misma manera que los digo. 

Bartolomé Camacho, Juan de Cuevas, Orosco y otros muchos contribuyeron á Castellanos con sus noticias. La rima, sin embargo le ha hecho cometer algunas libertades poéticas en los nombres propios, y como, por otra parte, suele no ser muy escrupuloso en la cronología, conviene consultarlo con cautela.

Mas en sus descripciones de comarcas, en las de refriegas y encuentros con los indígenas, y particularmente en la pintura de las impresiones que causaban á aquellos animosos y duros conquistadores, lo peregrino de la tierra y de las gentes que tenían que domeñar, y lo inaudito de sus propias andanzas y aventuras, no conocemos cronista que le aventaje. Era preciso haber sido dotado por la naturaleza de la imaginación más viva y más galana y de la memoria más feliz, para conservar, después de largos años, tan verdes las imágenes y recuerdos de acontecimientos pasados allá en los días de su florida juventud. En el curso de esta obra se han dado bastantes ejemplos del estilo sencillo y animado de Castellanos. | |(4) |  

Pedro Cieza de León es el segundo actor y escritor de los sucesos del descubrimiento. Vecino de Sevilla, escribió su crónica del Perú como testigo de vista y por informes de personas dignas de fe; de ella se hicieron algunas ediciones en España, Roma y en Flandes, de 1553 á 1555. Quéjase en su dedicatoria al príncipe don Felipe, de que por falta de escritores se queden en olvido, no sólo las hazañas de muchos y muy valerosos varones, sino infinitas cosas dignas de perpetua memoria de grandes y diferentes provincias, y dice que habiendo pasado al Nuevo Mundo de Indias, en donde en guerras y descubrimientos y poblaciones gastó la mayor parte de su vida, se determinó á escribir las cosas memorables del Perú, adonde pasó por tierra desde la provincia de Cartagena, en la cual residió así como en la de Popayán muchos años, como que obtuvo por sus servicios un repartimiento de indios en Arma. Asegura que muchas veces, cuando los otros soldados descansaban, cansaba él escribiendo su diario, y que nada bastó, ni las asperezas de tierras y montañas y ríos,  ni las hambres y necesidades intolerables, para estorbar dos oficios, el de escribir y el de seguir su bandera y su capitán.

Salió Cieza de España de edad de trece años no cumplidos, y permaneció diez y siete en América. No se llegaron á imprimir los libros que tratan de las guerras civiles del Perú. En el primero, en el tercero y en el cuarto, hay sucesos que dicen relación con Nueva Granada, tales como la muerte de Robledo, venida de Aldana, etc. De las cuatrocientas páginas de que se compone la parte de sus obras que se dió á la estampa, solo ciento cuarenta corresponden á la descripción del sur de Nueva Granada hasta Pasto, pero ellas encierran detalles tan preciosos de aquellas regiones, que de aquí tomaron Herrera, Laet y cuantos han querido, tratar de ellas. Como la vida de los conquistadores no era muy calculada para perfeccionar la educación de un joven, puede inferirse que la de Cieza había sido esmerada antes de salir de la Península; de otro modo no podría explicarse ni la amenidad de su estilo, riqueza de las descripciones, ni, sobre todo, los sentimientos de humanidad que manifiesta hablando de los indígenas, en época en que este modo de pensar no era común | | (5) .

Considero también á Fray Pedro Simón como historiada contemporáneo, porque aunque vino á América cerca de medio siglo después que habían pasado los sucesos más importantes del descubrimiento, conoció y trató á algunos de los conquistadores de Antioquia, y cuando comenzó á colectar sus materiales estaban todavía frescos en la momería de muchos los hechos principales, que encontró además consignados en los archivos de su convento, en las memorias del Padre Medrano, que ya hemos mencionado, y que fué uno de los actores, y del Padre Aguado, cuarto provincial de San Francisco en 1573, religioso docto en teología y en matemáticas, que compuso dos libros, sobre el des­cubrimiento, los cuales no se publicaron. 

Nació el Padre Fray Pedro Simón en la Parrilla, Obispado de Cuenca, en 1574, profesé y estudió con mache lucimiento Humanidades en el convento de San Francisco de Cartagena de España, del que lo sacaron para establecer la enseñanza de Teología y Artes, que hasta entonces no había en el convento de su religión en Santa Fe, adonde llegó en 1604. Pocos años  después se formaron ya discípulos que lo reemplazaron en la cátedra. Pasó á Tota, cuya doctrina, como todos las del vallo de Sogamoso, estaban á cargo de su orden, En 1623 fué electo Provincial y en el mismo año comenzó á escribir sus noticias historiales, para las cuales había acopiado materiales por muchos alias, además de los que su propia experiencia le suministré en la jornada y reducción de los Pijáos, á la cual acompañó en 1607 á don Juan de Borja, Presidente de la Real Audiencia. Estuvo previamente en Venezuela, como Visitador, y se embarcó en Coro para las Antillas, de donde volvió á Santa Fe. Hizo viajes á Antioquia, Cartagena y Santa Marta, antes de tomar la pluma para componer su historia, de la cual escribió los dos primeros tomes en año y medio, cercenando cuatro meses de aguda enfermedad de gota, que interrumpió sus tareas. El primer volumen, que fué el único que se imprimió, trata de las cosas de Venezuela, y episodio del tirano Aguirre. La aprobación está firmada por Fray Luis Tribaldos de Toledo cronista mayor de Indias, el 1° de Abril de 1526, recomendando al P. Fray P. Simón como diligente investigador do la verdad, y el día 9 del mismo mes se le despachó el real permiso para imprimir su libro, lo cual se verificó el año siguiente de 1527, en Cuenca. Las otras don partes, que existen sólo manuscritas | | (6) contienen cada una también siete noticias historiales. La 2da versa sobre los descubrimientos que se emprendieron por la orilla derecha del Magdalena, partiendo de Santa Marta.  La 3ra trata de todo lo tocante á Cartagena, Popayán, Antioquia y Chocó. Si exceptuamos los sucesos del istmo de Panamá; la crónica del P. Fray Pedro Simón es la relación más completa que hoy tentemos de los acontecimientos del siglo XVI en Nueva Granada, y la más preciosa. Este religioso es un escritor concienzudo, que participa por cierto de las preocupaciones de su siglo, pero no más que su sucesor el Obispo Piedrahita, que escribió en Madrid medio siglo después. Dice Fray P. Simón “que habiendo visto la tierra toda, por no haber historia especial del descubrimiento de esta parte, porque aunque el Adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, que fué el que descubrió este Reino, escribió su descubrimiento y cosas del en unos tornos que intituló |Ratos dc Zuesca, y el P. Fray Francisco Medrano, franciscano, comenzó á escribir y murió en la demanda, y en la del Dorado, yendo con el mismo Adelantado, y después el P. Fray Pedro Aguado prosiguió la historia y la perfeccionó en dos buenos tomos que andan escritos de mano, y aun el Padre Juan de Castellanos, beneficiado de la ciudad de Tunja, compuso en buen verso mucho de las cosas de estas tierras y sus conquistas; todo esto se ha quedado en embrión, y todo se está sepultado con los deseos de los curiosos que quisieran saber de estas cosas, en especial los que han nacido y habitan esta tierras, están atormentados, no hallando camino por donde cumplirlos, y saber las cosas de sus antepasados, de quien ellos descienden. Este, pues, pretendo abrir para todos, poniendo diligencia en buscar memoriales (que no me ha costado poco) y la mano á la pluma, después de los años que he gastado en estas tierras”.  

El estilo de Fray Pedro Simón es, según se ve, sencillo, sin pretensión de imitar á los historiadores clásicos; ha tomado mucho de Castellanos, como se puede advertir comparando la 2da y 3ra partes que de éste tenemos, y es de suponer que lo mismo baria respecto de la 4ta parte que se ha perdido. Hay errores en la relación de los primores descubrimientos de nuestras costas, que afortunadamente describieron historiadores más anti­guos, de que hablaremos en otro lugar.

Como respecto de Castellanos y de Cieza ignoramos también la época y el lugar de la muerte de Fray P. Simón, que se infiere, sin embargo, haber sido en España, adonde pasó á dar calor á la impresión de sus libros, cuyos manuscritos desaparecieron allá, puesto que el historiógrafo Muñoz hizo copiar en Bogotá de real orden las don partes inéditas que hoy existen, según aparece de una nota de la copia que está depositada en Madrid en la Academia de Historia. 

Juan Rodríguez Fresle, natural de Bogotá, é hijo de uno de descubridores, escribió también en 1636 una relación que existe manuscrita | |(7) de los sucesos del descubrimiento y de los posteriores hasta 1618. En ella se esfuerza en probar que el Usaque de Guatavita fué superior á los de Bogotá y Tunja, y no es muy detallado respecto de los primeros tiempos, en los cuales se refiere á Castellanos y al Padre Fray P. Simón, pero en lo relativo á los acontecimientos peculiares á Santa Fe en la segunda mitad del siglo XVI, es muy interesante, porque da á conocer con hechos el estado de la sociedad y de las costumbres de aquella época, en un lenguaje sencillo y perfectamente local.  

Antes que terminara cl siglo XVI escribió Antonio Herrera sus Décadas, y como este célebre cronista examinó los archivos españoles, se encuentran en él detalles relativos á la historia de nuestro país, que omitieron aun los escritores especiales del descubrimiento, los cuales ignoraban la existencia de papeles y relaciones manuscritas que se enviaban directamente á la metrópoli. Es, pues, indispensable consultar la Historia general de las Indias de este laborioso historiador, que desgraciadamente se detiene en 1554, y puede mirarse corno escritor contemporáneo de los sucesos del descubrimiento. | | (8) | |  

La relación del Adelantado Pascual Andagoya ocupa en la colección del señor Navarrete sesenta páginas, y es muy útil en lo que toca al sur de Nueva Granada, sobre todo si se lee con la justa desconfianza que inspira un informe como este, escrito para recomendarse y tratar de ensanchar los límites de su gobernación del río San Juan, que tantos sinsabores y desgracias le produjo. Este oficial, digno de mejor suerte, sufrió la pena de la relación exagerada que hizo de países que no conocía bien, y de los que, nombrado Gobernador y Adelantado, no pudo tomar posesión, prefiriendo entrar en ajena jurisdicción á padecer prisión y persecuciones. Sin embargo, á esta circunstancia se debe el conocimiento de los hechos más importantes que contiene su relación, la cual es preciso, tener presente, como de escritor contem­poráneo y de hombre instruido.

Mas corta pero no menos importante, es la relación presentada al Emperador en 1540 por los capitanes Lebrija y San Martín, que acompañaron á Quesada en su descubrimiento, el cual pretenden referir en resumen, echando un velo discreto á sucesos en que no les convenía detenerse. Esta relación, que es el único documento auténtico que nos queda de aquella jornada, existe original en los archivos de Indias, y en copia en la colección de Muñoz, de la cual hizo su traducción M. Ternaux Compans y publicó, en Paris en 1840.

Otro de los cronistas originales es Oviedo, que residió en Cartagena y en el Darién como funcionario público, antes de escribir su historia natural y general de las Indias, en la cual se refiere á los sucesos de Tierra firme, y contiene minuciosas noticias sobre los indígenas, sus costumbres, etc. Mas este es uno de los autores que conviene leer con mucho tiento, porque, al lado de hechos dignos de fe se encuentran otros que no lo son tanto. La misma observación se aplica al Padre Gerónimo Escobar, religioso agustino, que residió en Popayán como Secretario del Obispo al fin del siglo XVI, y cuya descripción de aquella provincia publicó también traducida al francés M. Ternaux Campans. 

 

(1)  He aquí lo que Ocáriz dice de la vida de Gonzalo Ximénez de Quesada, que es un resumen en lo general exacto, que debe consultar el que no quiera leer todo lo que sobre el llevamos dicho: “Hijo del Licenciado Luis Ximénez de Quesada, originario de Baeza, natural de Córdoba, y de Isabel de Rivera Quesada, su parienta, nació en Córdoba, y su padre se trasladó luego á Granada como juez. Allí estudió derecho Gonzalo Ximénez de Quesada, se graduó y abogó en la Cancillería real. En 1535 se comprometió como auditor en la expedición de don Pedro Fernández de Lugo. En 1538 se le hizo teniente de aquel Gobierno, y después Comandante de la expedición del Magdalena. Fundó la ciudad dli Santa Fe y dió orden para poblar las de Vélez y Tunja. Hizo viaje á España á dar cuenta de lo conseguido, con detención de 12 años y no buenos suceso, y en el de 1550 volvió en compañía de los oidores fundadores de la Real Chancillería de Santa Fe y de los religiosos de Santo Domingo y San Francisco que vinieron á fundar, trayendo título de Mariscal del Nuevo Reino de Granada y de Regidor de la ciudad de Santa Fe, y dos mil ducados de renta al alo en las reales cajas. Después se le dió titulo de Adelantado y se le expidió real cédula para situarle en indios vacantes tres mil pesos, de á cuatrocientos  cincuenta maravedieses  de rente anual y que le cesase la otra al respecto de cómo se fuese situando la segunda, y para ello se le encomendaron pueblos de Chita la Sal, Tamara, Paute, Aricaporo, Pisva, Tuneva, Guataquí, Onda y otros naciones de indios. Capituló luego del descubrimiento el Dorado ó Guayana, cuya jornada fué prolija y costosa, relevándole Su Majestad de finanzas en atención de lo bien servido que de él se hallaba por lo mucho que hizo en el primer descubrimiento y conquista. Redujo á los indios rebelados de Gusli y Guasqui y pobló la ciudad de Santa Agueda, que ahora flamas de Mariquita. Gobernó la de Cartagena y tuvo otras ocupaciones importantes del real servicio. En sus postrimerías le aquejo el mal de la lepra, que le necesito asistir a un desierto junto á la ciudad de Tocaima, que llaman la cuesta de Limba, donde hay un arroyo de agua de fastidioso olor, de pasar por mi­nerales do azufre, con, cuyo baños descansaba. Dejó renta con qué sustentar en esta cuesta una tinaja con agua por no haberla cerca para los cami­nantes, y ser el sitio caluroso, y por último, sin haberse casado, en estado pobre y adeudado en mas de sesenta mil ducados, murió en la cuidad de Mariquita en Febrero de 1579, con testamento cerrado que otorgó el mismo día ante Andrés Sánchez, escribano publico de allí. (Regresar a 1)  
(2)  Don Nicolás Antonio y don Antonio Alcedo hacen nacer á Castellanos en Tunja, y el señor Aribau, último editor de las obras de nuestro cronista, repite la aserción del primero sin contradecirla. Infiérase de aquí que ninguno de estos ilustrados españoles había leído con reflexión sus obras y que ignoraban el año de la fundación de Tunja. En 1545 ya le destilaban a Castellanos las barbas, gotas de agua salada y amarga , según lo dice en el canto único de la segunda parte, en que trata de los  sucesos del Cavo de la Vela, y donde habla de la expedición á la Sierra Nevada , en que se halló bajo las ordenes de Pero Fernández Zapatero. Tunja se fundó e 6 de Agosto de 1539, y al haber nacido Castellanos en aquélla ciudad, habría tenido menos de seis años cuando hacía la guerra á los Indios, cruzando á caballo los ríos más caudalosos. El arranque de las quince mil octavas que escribió este laborioso eclesiástico, es la siguiente:     A cantos elegiacos levanto  
Con débiles acentos voz anciana, 
Bien cómo blanco cisne que con canto 
Su muerte solemniza ya cercana. 
La primera parte de imprimió en 1588 en España; y aunque se supone que Castellanos solo gasto dos o tres años en componer cerca de cien ml versos, si hubiera nacido en Tunja. no habría tenido mucho más de cuarenta años cuando comenzó, lo que no justifica lo de “voz anciana.” Sobran argumentos sacados de sus obras para probar que su patria no fué Tunja ni América, pero ignoramos enteramente de qué parte de España era oriundo nuestro más antiguo cronista.  (Regresar a 2)  
(3)  Con este indicio se han hecho en Madrid las más exquisitas diligencias para conseguirlo,  pero siempre sin resultado. En Bogotá mismo existía también el manuscrito, según el testimonio del Padre Fray Pedro Simón y el Padre Zamora , que lo vieron, y quizá algún día llagara a descubrirse. (Regresar a 3)
(4)  Para la |Antología Española de Madrid escribió el autor de este |Compendio una noticia bibliográfica más extensa sobre Castellanos, que se insertó en el número de aquella Revista de Ciencias y Literatura del mes de Marzo de 1848.(Regresar a 4)
(5)  Hablando M. Prescott, uno de los más competente jueces modernos en esta materia, de la crónica de Cieza, dice: The literary execution of the work, moreover is highly respectable sometimes even rich and picturesque: with a sensibility to its charms, not often found in the tasteless topographer, still less often in the rude conqueror.” Y en otra parte : “  The old chroniquer of rather geographer, Cieza de León was present in the campaign, he tells us: so that his testimony always good, becomes of more than usual value.”   Prescott cronista del Perú.  (Regresar a 5)
(6)  Estas se imprimieron en Bogotá en la Imprenta de Medardo Rivas, de 1882 á 1892. en 5 tomos.—S. A. S.(Regresar a 6)
(7)  Esta se publicó en Bogotá tomándola del ejemplar perteneciente al General Acosta, en 1859. —S. A. S. (Regresar a 7)
(8)  Hablando de las |Décadas de Herrera, dice el mismo celebre escritor que ya hemos citado: It is indeed a noble monument of sagacity and erudition; and the student of history, and still more, the historical compiler, will find himself  unable to advance a single step among the early colonial settlements of the New Word without reference to the pages of Herrera. (Regresar a 8)

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