INDICE




Prólogo
Introducción

CAPITULO I
Colón descubre las costas del istmo de Panamá...

CAPITULO II
Descubrimiento de las costas de la Nueva Granada desde el cabo Chichibacoa hasta el golfo de Urabá, por Ojeda y Bastidas.

CAPITULO III
Bajo la dirección de Vasco Nunez de Balboa, adquiere la Antigua del Darién mucha importancia.

CAPITULO IV
Desbaratan los Indios á Balboa...

CAPITULO V
Comiénzase el descubrimiento de las Costas del Chocó al sur...

CAPITULO VI
Entrada y crueldades del alemán Alfínger en el valle de Upar...

CAPITULO VII
Combate de Canopote...

CAPITULO VIII
Descubrimiento de Antioquia

CAPITULO IX
Jornada de Jorge Espira desde Coro á los Llanos del Apure, y de allí al Sur, hasta los afluentes del Amazonas

CAPITULO X
El   licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada marcha por los Chimilas hasta Tamalameque...

CAPITULO XI
Extensión y limites del territorio de los Chibchas ó Muíscas...

CAPITULO XII
Prosigue Quesada su descubrimiento...

CAPITULO XIII
Reúne Quesada sus tropas en Bogotá

CAPITULO XIV
Gobierno de Lorenzo de Aldana en el sur...

CAPITULO XV
Fundación de Timaná...

CAPITULO XVI
Mal éxito de las persecuciones de Gonzalo Jiménez de Quesada en España

CAPITULO XVII
Socorre el Adelantado Belalcázar al Gobernador Vaca de Castro, con tropas para reducir a los rebeldes en el Perú, y le despide este desabridamente...

CAPITULO XVIII
Llegada de Armendariz á Santa Fe y sus primeras tropelías...

CAPITULO XIX
Fundación de las villas de Almaguer y la Plata...

CAPITULO XX
Gobierno de la audiencia...
Catálogo
Manuscritos
Documento número siete
Llegada de Armendariz á Santa Fe y sus primeras tropelías.-—Nombran las colonias Procuradores que pasen á España á representar contra la ejecución de las nuevas leyes.—Ciudad de los Reyes en el valle de Upar. —Fundación de Pamplona —Establecimiento de la Real Audiencia en Santa Fe.—Entrada de Pedro de Urzúa á los Musos.—Fundación y abandono de la ciudad de Tudela.—Fundación de Mariquita y de Ibagué—Minas abundantes de oro, plata y otros metales.—Fundación de Villeta.—Reducción de los indios Yariguis, confinantes con los Guanes.— Establecimiento de los conventos de San Francisco y Santo Domingo en Santa Fe. —Residencia de Armendariz, primero, por el Licenciado Zurita sin resultado, y después, por el oidor Montaño con todo rigor. —Nueva entrada á los Musos; fundación de la Trinidad y descubrimiento de las minas de esmeraldas. —Costumbres de los Musos y Colimas—Fundación de La Palma.—Llegada del Obispo Fray Juan de los Barrios á Santa Fe, y comienzan los religiosos á encargase de doctrinar á los indios.—Gonzalo Ximénez de Quesada es nombrado Adelantado del Nuevo Reino de Granada, y emplea tres años en una desastrosa jornada buscando inútilmente el Dorado.

 

     Volví los ojos al volcán sublime
Que, velado en vapores trasparentes.
Sus inmensos contornos dibujaba
De occidente en el cielo:
Gigantesco Tolima, ¿cómo el vuelo
De las edades rápidas no imprime
Ninguna huella en tu nevada frente?  

       | Fragmento de un poema americano. 

 

En este capítulo debemos dar cuenta de las fundaciones de lbagué y Mariquita, situadas al pié de la cadena volcánica central y en la falda oriental de los nevados del Tolima y del Ruiz; y de la de Pamplona, sobre la cordillera oriental: y esta será la primera en orden cronológico. El establecimiento de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá y la guerra de los musos, con otros sucesos de no menor importancia, acabarán de llenar el cuadro.

Despachada la residencia del Gobernador de Cartagena, se trasladó por fin el Licenciado Armendariz á Bogotá, porque, necesitándose los servicios de Belalcázar en el Perú, le intimó el Licenciado Gasca, antes de su partida de Cartagena á Panamá, que no convenía llevar por entonces á efecto la residencia del Adelantado de Popayán. Los primeros pasos del visitador Armendariz en la capital, desdijeron de su carácter, que no era cruel, pues hizo dar tormento á uno de los vecinos para averiguar los culpados en el incendio de la casa de Ursua, acaecido el año pasado de 1545, el cual, apremiado por el dolor, no sólo confesó que era culpable de un delito de que en realidad estaba inocente, sino que complicó al Capitán Lanchero y á otros: y aunque después, al tiempo de conducirle al cadalso, les pidió perdón del agravio y de los perjuicios que pudiera acarrearles una imputación que su flaqueza y el dolor le habían arrancado, no por esto se libraron aquellos del tormento, aunque lo sufrieron con fortaleza. Esta bárbara costumbre no quedó completamente extinguida en las Indias sino muchos años después. Publicadas con toda solemnidad las nuevas leyes de que tratamos en el capítulo anterior, fueron tan mal recibidas en el Nuevo Reino de Granada como en las demás colonias. Nombráronse procuradores por los Cabildos, que pasaran á España á pedir su revocación, especialmente de la que prohibía la sucesión de los hijos y la mujer en los repartimientos ó encomiendas del esposo y del padre.

 Anticiparémos aquí la noticia del resultado de esta misión que fué muy favorable á los colonos, los cuales, no sólo obtuvieron la revocatoria que solicitaban de aquella cláusula, sino que se acordó por el consejo la creación de una Audiencia Real en Santa Fe, nombrándose los oidores, de los cuales, como luego veremos, sólo dos llegaron á su destino, y se concedió á Santa Fe por escudo de armas el águila imperial con orla de nueve granadas. Los informes de Armendariz y de los procuradores concurrieron á apoyar las demandas del Licenciado Quesada, á quien se otorgó entonces licencia para volver á Santa Fe con el título de Mariscal, de Regidor perpetuo, permiso para edificar una fortaleza y dos mil ducados de renta del real tesoro.

Mientras que estos procuradores negociaban en la Corte con tan buen éxito, no lo tuvieron menos feliz las empresas de nuevos descubrimientos y poblaciones. Nombró Armendariz á su sobrino Pedro de Ursúa,  (joven que reunía á una educación distinguida la amabilidad y dulzura de los modales, el  valor más probado y la destreza en los ejercicios militares) de compañero de Ortún Velasco en el mando de una expedición que debía encaminarse hacia la Sierra Nevada del Norte, que Espira y Fredemán habían visto de lejos, pasando por el pié de la cordillera oriental, y todavía de más cerca Alfínger en la jornada en que rindió la vida. Muchas riquezas, y no sin algún fundamento, se prometían los promovedores de esta empresa. Los vecinos de Vélez que recorrieron la provincia de Guane decían que por la extremidad septentrional de esta región  corría un río que arrastraba arenas de oro, y aunque la fundación de un pueblo con el nombre de Málaga en las inmediaciones de Tequia, que debía servir de escala para el futuro descubrimiento, no llegó á tener efecto, según se había propuesto mucho antes, sí logró un español Deza, con cierta partida, entrar hasta el río de Girón, y, lavando sus arenas, hallar que no era mentirosa la fama de su riqueza.

Con estas esperanzas y el deseo de servir á las órdenes del noble mancebo que había sabido captarse la aceptación general, se juntaron bajo la bandera de Ursua y de Velasco ciento cuarenta hombres, con los cuales se partieron estos dos caudillos de Tunja, ya entrado el año de 1548. Luego que pasaron el río Sogamoso y entraron en tierras de los Laches, acordaron dividirse en dos partidas iguales que debían reunirse en la región fría que habitaban los Chitareros. Uno y otro capitán atravesaron sin resistencia grandes poblaciones, y se juntaron en un valle elevado, rodeado de altas sierras, que llamaron del Espíritu Santo. El deseo de someter y repartir los muchos pueblos que habían hallado, los decidió á fundar aquí una población con el nombre de Pamplona, en recuerdo de la ciudad de este nombre en España, de cuyas inmediaciones era natural Ursua. Trazóse con regularidad, dividiéndola en ciento treinta y seis solares, que se dieron á igual número de pobladores. Nombráronse Alcaldes y regidores y practicáronse las demás formalidades usadas en semejantes casos | | (1) .

Esta es una de las pocas ciudades de Nueva Granada que ha permanecido en el mismo lugar en que se fundó, como á setenta leguas al nordeste de Bogotá, sobre la cordillera oriental, clima frío y desapacible, pero suelo muy á propósito para el cultivo de los cereales, y rodeada de terrenos auríferos y argentíferos. A la época del descubrimiento había en Pamplona y valles circunvecinos, como el de Condarmenda, Ravicha, Micer Ambrosio, Chitagá, valle de los Locos, Balegra, etc., más de cincuenta mil indios de macana, lo que supone una población de doscientas mil almas por lo menos, según consta de la relación dirigida por los vecinos á Armendariz en 1550. Hasta aquélla época permaneció Ursua gobernando esta colonia, y pacificando á los Chitareros, lo cual poco le costó, por haber sido los indígenas de más blanda índole de cuantos se hallaron en la Nueva Granada. Luego le sucedió Ortún Velasco, que, en calidad de Justicia Mayor, gobernó veinte años, y en cuyo tiempo se fundó, en 1560, la villa de San Cristóbal, y en 1561 la de Ocaña. Comenzaron á trabajarse las minas de plata de la Montuosa, y se sacó prodigiosa cantidad de finísimo oro de aluvión de los alrededores de Suratá, particularmente de una meseta alta que se llamó el |Páramo rico, porque el polvo de oro estaba abundantemente mezclado con las arenas que cubrían la superficie de este terreno, que, siendo de corta extensión, pronto se agotó. La provincia de Pamplona comprendía entonces por el río Zulia hasta el lago de Maracaibo, y por esta vía se surtió de las mercancías de Castilla, hasta que el alzamiento de los indios Quiriquíes, que permanecieron muchos años dueños de las costas de la Laguna y ríos afluentes, atajó esta navegación.

Antes de seguir á los oidores que por este tiempo desembarcaron en Santa Marta y siguieron á Santa Fe á instalar solemnemente la Audiencia, no debemos omitir la mención de dos sucesos importantes acaecidos en las provincias del litoral. El primero fué la traslación de la Ranchería de las Perlas al sitio que ocupa actualmente la ciudad de Río de Hacha, y este puede decirse que fué su principio, aunque no consta que entonces se hubiesen creado autoridades municipales. El otro es la fundación de la ciudad de los Reyes en el valle de Upar, en las orillas del río Guatapori, que en idioma de los indígenas quiere decir |río frío, porque baja de la Sierra Nevada de Tairona, y entra á una legua de la ciudad en el César, ó Zazari, llamado también por los naturales Pompatao, ó Señor de los ríos, y, en efecto, es el principal y más caudaloso de este hermoso valle, que es tan abundante en producciones vegetales como en minerales de cobre, plomo y plata, manantiales de aguas termales y de asfalto, de que usaban los naturales para barnizar sus redes de pescar. Fundóla el capitán Hernando Santana, que, habiendo hecho gente en Santa Marta para sujetar ciertos negros esclavos, no quiso volver sin haber poblado, para lo cual dicen que estaba autorizado por el visitador Armendariz.

De los tres oidores que debían instalar la Audiencia, murió en Mompox, subiendo por el río, el Licenciado Mercado, que era el más antiguo, y como tal, debía presidir el tribunal, y tomar la residencia á Armendariz. Este era el único que entendía del despacho y etiqueta de los tribunales: los otros dos, Góngora y Galarza, eran jóvenes abogados que nada sabían de estas prácticas, pero en compensación manifestaron el espíritu más conciliador, la más acrisolada probidad, y lejos de promover pleitos, se interponían para evitarlos y transigir amigablemente toda discordia. Esta fué la edad de oro de la justicia española en  Santa Fe, y estos don togados, dotados de las más amables cualidades, y de los más humanos sentimientos, ejercieron en efecto el oficio que mejor correspondía á una colonia naciente, el de Jueces de paz | | (2)

Por real cédula despachada en Valladolid el 17 de 1549, se mandó que se hiciera en Santa Fé de Bogotá al Real Sello de la Audiencia el mismo recibimiento que al Emperador, llevándolo en procesión bajo palio, en caballo enjaezado ricamente, como se verificó, saliéndole á recibir á la entrada por la parte de San Diego el cabildo y los oidores, teniendo los regidores las varas del palio y acompañado por los dos oidores de uno y otro lado | | (3)

Cuando estos togados, en quienes resignó Armendariz la autoridad superior, llegaron á Santa Fe, el principal cuidado de las colonias, especialmente de los vecinos de Vélez, consistía en el alzamiento de los Saboyáes, que tenían aterrada aquella población, sin que nadie se atreviese á salir á visitar los repartimientos; y en las depredaciones de los Musos, que, á favor de la victoria que no hacía mucho habían conseguido sobre el capitán Valdés, al cual mataron veinte soldados, y forzaron á desamparar sus tierras, salían en tropas á la planicie y se llevaban por centenares los indios chibchas reducidos. La buena reputación de que gozaba Pedro de Ursua, y las acertadas disposiciones que había tomado en la fundación de Pamplona y sujeción de las tribus circunvecinas, determinaron á los oidores á poner en él los ojos para encomendarle la conquista de los Musos y la fundación de una ciudad en sus términos; más como sabían que esta empresa daría más trabajo que gloria, que era á lo que aspiraba el bravo caudillo navarro, le ofrecieron, luego que llegó á Santa Fe, que una vez sujetos los Musos, le autorizarían para la jornada en solicitud del Dorado, que fué siempre el más brillante blanco de todas las aspiraciones.

Consiguió Ursua juntar ciento cinco hombres para bajar á los Musos y la Audiencia tomó las más estrechas medidas para proveerlos de municiones, pues, aunque pólvora no faltaba, el  plomo era tan escaso, que se fundieron los utensilios que de este metal pudieron hallarse en todo el país, porque se sabia que los Musos no temían ya sino al estrago de los arcabuces y escopetas. Comenzó Ursua por situarse en Saboyá, y á fuerza de correrías, empleando más bien la maña y la suavidad que el rigor, logró pacificar á estos indios, que no convenía dejar hostiles á sus espaldas. Luego se internó, lentamente y con cautela, en el territorio de los Musos, y, escogiendo un lugar cómodo para formar un campamento permanente en qué custodiar con seguridad los ganados y bagajes que llevaban los nuevos pobladores, se dedico á recorrer el país, como lo había verificado en Saboyá; pero los Musos eran más belicosos, y sus lomas, barrancos, desfiladeros y precipicios, más á propósito para defenderse y hostilizar á los castellanos. En una de las correrías que hizo al valle de Pauna, se vió Ursua en gran riesgo, y le fué forzoso retirarse, aunque jamás sufrió revés, porque en ningún caso dividía su fuerza, sino que obraba siempre con toda ella reunida. Cansados los Musos de tantos combates, se resolvieron á ofrecer á Ursua que si los dejaba tranquilos en sus habitaciones, vendrían á hacerle una sementera tan considerable, que pudieran vivir con sus frutos sin necesidad de saltearles sus provisiones. 

Aseguran que esta oferta era maliciosa, y que esperaban asaltar el campo de los españoles cuando estuvieran descuidados; pero, fuera de que no era difícil precaverse ya advertidos, no parece probable que los Musos tuvieran semejante proyecto, cuando, á virtud de invitación de Ursua, y en la fe de la buena paz, celebraron una feria muy concurrida en las inmediaciones del campo castellano. Llamados los jefes principales á las barracas, acudieron sin desconfianza y recibieron la muerte inmediatamente, terminando así con un acto de felonía indigno de un militar de honor como Ursua, la primera tregua con los Musos, que se retrajeron indignados y bien decididos, con razón, á no transigir jamás con quienes tan mal guardaban su palabra. Bajo estos sangrientos auspicios se fundó inmediatamente una po­blación que se denominó Tudela. Ursua volvió á Santa Fe á dar cuenta á la Audiencia de esta fundación, y entró después con nuevos auxilios á los Musos por distinto camino. Mas poco permaneció en aquellos ásperos terrenos, hostilizado constantemente por sus habitantes. Los vecinos de la ciudad de Tudela se vieron forzados á desampararla en 1552, perseguidos con la mayor obstinación y encarnizamiento por los Musos, quienes que­maron el pueblo casi á vista de los españoles, del mismo modo que incendiaban sus casas y sementeras cuando no podían defenderlas, para privar de este modo de todo recurso á sus invasores. El plan adoptado por los Musos, es el que han seguido todos los pueblos antiguos y modernos, cuando se han resuelto a no someterse á ajeno yugo, y es receta infalible, aunque parece dura, para conservar la independencia. Durante cinco años nadie se atrevió á emprender la conquista de estos valientes indios, hasta que se verificó la expedición del capitán Lanchero, de que trataremos en el próximo capítulo.

No se olvidaban entre tanto las muestras de oro que el capitán Vanegas había traído de las faldas de la Sierra Nevada del poniente, y como sea porque los vecinos de Tocaima se habían contentado con gozar de sus repartimientos, y de las minas más inmediatas, ó porque no tenían las fuerzas suficientes, no se habían movido á nuevas exploraciones, se dió al capitán Andrés Galarza, vecino de Santa Fe, el encargo de reunir gente con que atravesar el río grande de la Magdalena y fundar otro pueblo más al poniente é inmediato á los terrenos ricos. Por Junio de 1550 salió este oficial de Santa Fe, pasó por Tocaima el Magdalena, y, sin dejar de combatir con los indios de la orilla izquierda de aquel río, llegó por fin á un valle en donde vieron escuadrones de naturales armados de lanzas, y no de armas arrojadizas, macanas y hondas como los anteriores, por lo que se le puso Valle de las Lanzas | | (4) .

De poco sirvieron estas para impedir que los españoles, satisfechos con el clima y la apariencia del país, no determinasen  fundar el pueblo en la misma meseta alta en donde estaba situado el del cacique Ibaqué, y es de suponer que Galarza no tenía predilección particular por el nombre de ninguna ciudad de España, puesto que se le conservó el nombre primitivo. Este asiento se hizo en el mes de Octubre del mismo año de 1550, pero provisionalmente, porque hallando que la tierra era de difícil acceso, y no suficientemente cálida para producir pronto el maíz (principal recurso de subsistencia de los descubridores), con la brevedad que deseaban, la trasladó Galarza, en Febrero de 1551, algunas leguas más abajo | |(5) , en el sitio que hoy ocupa á las orillas de un hermoso río, lugar el más ameno, más apacible y más delicioso de toda la Nueva Granada, según el testimonio de uno de los más célebres viajeros europeos de este siglo y el pasado | | (6) .

Poco después de fundada la ciudad, comenzaron á laborearse las minas de plata que llamaron del cerro de San Antón, á pocas leguas del poblado, las cuales tuvieron al principio mejor reputación y más provechos que las de Mariquita, y aseguran que la lámpara que se conservó muchos años en la iglesia Mayor, y que no es imposible que exista aún, se hizo con las primicias de la plata de esta mina, hoy enteramente olvidada. También se trabajó la mina de oro de Miraflores, y otra en las fuentes de Chipalo; pero la guerra de los Pijáos, que asoló y empobreció el lugar, detuvo también el vuelo de estas empresas. | | (7) De diez y ocho mil indios tributarios que se repartieron en aquella época, no quedaban, menos de sesenta años después, en 1610, sino seiscientos, que las viruelas, el trabajo de las minas y la melancolía, los consumieron en medio siglo. Parece también que las indias tomaban brebajes para no concebir ó para abortar, porque decían que no querían parir esclavos.

Aunque el capitán Francisco Núñez Pedroso había recibido mucho antes que Galarza la autorización de Armendariz, confirmada más tarde por la Audiencia de Santa Fe, para fundar una ciudad á la banda izquierda del Magdalena, en las inmediaciones de las minas descubiertas por el capitán Vanegas, por Venadillo y Sabandija, no pudo terminar sus preparativos hasta Febrero de 1551, justamente á tiempo que se fundaba definitivamente la ciudad de Ibagué. Torció Pedroso con sus compañeros el camino más al poniente en demanda de los sitios visitados por Vanegas, y después de un prolijo reconocimiento del terreno, escogió para poblar un lugar alto, en donde tenía su asiento el cacique Marqueta, por donde se llamaron aquellos naturales marquetones, y más tarde, por corrupción del nombre primitivo, Mariquita la ciudad misma, la cual tuvo principio, con las ceremonias del caso, el viernes 28 de Agosto de 1551, bajo la advocación de San Sebastián, | | (8) á quien solían encomendarse los heridos de flechas venenosas de que los Panches usaban, y las demás tribus de tierras calientes.

Mas aquí, como en Ibagué, el sitio no pareció tener la suficiente comodidad, porque dos años después la trasladaron más abajo á orillas del hermoso río Gualí, de frías y cristalinas aguas, al principio de una llanura que forma un plano ligeramente inclinado hacia el río Grande de la Magdalena, de cuya margen sólo dista poco más de dos leguas. Entre las tribus vecinas de Mariquita, al tiempo de su fundación, que eran los Pantagoros, Panches, Panchiguas, Lumbies, Chapaimas, Calamoimas, Hondas, Gualíes, Bocanemes, etc., se contaban más de treinta mil hombres en estado de tomar las armas. A principios del siglo 17 sólo quedaban dos mil quinientos, repartidos entre treinta encomenderos, algunos de estos retirados de las ciudades de la Victoria y Santa Agueda, que se fundaron en ¡as orillas del río Guarinó y en las faldas de la sierra, pero que no subsistieron largo tiempo.

La tierra es fertilísima en todas las producciones vegetales propias al clima, y aun se cogió trigo en las faldas de la serranía; mas lo que al principio contribuyó á la prosperidad de aquélla población, fueron las minas de oro y plata que se trabajaron con provecho por muchos años en las inmediaciones, especialmente la mina de plata de Manta.  Antes del descubrimiento los naturales sólo sacaban el oro que trocaban con los chibchas por sal y mantas. Desde esta época se establecieron las bodegas en el río Magdalena, cerca de las célebres pesquerías de Purnio, en donde se embarcaban los que iban á España. En estos sitios habitaba la tribu de los Hondas, que ya hacían su tráfico con pescado seco. Aquí se estableció un Alcalde dependiente de Mariquita, hasta que más tarde se fundó la ciudad de Honda, que con el tiempo vino á ser una de las más prosperas del Nuevo Reino de Granada.

También se fundó en este año de 1551, consultando la comodidad de los viajeros, en la mitad del camino del río Magdalena á Santa Fe, una población con el título de Villeta de San Miguel, á alguna distancia del camino, río Vituimita abajo, y no muy lejos de la única venta que entonces existía en todo el tránsito. En sus inmediaciones celebraban los indios Panches su mercado, pues siempre se observó que los Chibchas temían menos bajar á la tierra caliente que los Panches subir á la cordillera.

Los vecinos de la ciudad de Vélez también procuraban ensanchar sus conquistas, y con este fin Bartolomé Hernández, encomendero de Chianchón, bajó á las tierras de los Yariguíes, que estaban situadas entre los ríos Sogamoso y Opón, los cuales se dividían en diversas parcialidades, conocidas con los nombres de Guamacáes, Arayas, Tolomeos y Topoyos, que se hacían cruda guerra unos á otros por el goce exclusivo de ciertos lugares de pesquería y otros motivos semejantes. Este español fué el primero que, lejos de servirse de sus disensiones á fin de sujetarlos, empleó la buena maña y los regalos para ganarse las voluntades de aquellos indígenas, y luego trató de amistarlos, y lo consiguió. Bajo tan felices auspicios fundó la ciudad de León en aquel país ardiente y malsano, y lo hizo sin permiso de la Audiencia de Santa Fe. Ya sea porque este tribunal improbó el acto y prohibió á Hernández que volviera á la nueva población, ó por otras causas, ésta se acabó luego, quedándose entre aquellos naturales un solo soldado español viejo, el cual vivió pacíficamente por muchos años, dejando así de manifiesto cuán buenos efectos había producido una conquista pacífica, hasta que los sucesos de que más tarde habremos de ocuparnos turbaron por muchísimos años la paz de estas regiones. 

Con los primeros oidores pasaron á Santa Fe algunos religiosos de las órdenes de San Francisco y Santo Domingo, autorizados por el consejo para fundar conventos con las limosnas de los fieles, y á los cuales el real erario sólo debía contribuir con el aceite para la lámpara y el vino para celebrar. Desde Abril de 1551 presentaron al Cabildo sus peticiones, y al cabo de algunos meses obtuvieron los Franciscanos el permiso para establecer un convento, el cual se negó por entonces á los de la orden de Predicadores, fundándose el Ayuntamiento en que para tan corta población bastaba un sólo convento; pero, en realidad, en que sabían los encomenderos que la misión principal de los religiosos era catequizar á los naturales, lo que consiguientemente habría de distraerlos de los trabajos á que los condenaban, pues á la mayor parte les importaba poco que fueran los indios cristianos, con tal que les contribuyeran con más crecido tributo. Pocos meses después se concedió, sin embargo, el permiso, el cual se les retiró de nuevo al cabo de tres años, cuando ya tenían bien adelantada la construcción de su iglesia de mampostería. | | | (9) | 

Ordenó entonces el Cabildo destruir la fachada que avanzaba sobre la plaza, y poco después suspender enteramente la obra, y retiró la autorización para el establecimiento del convento, hasta que, renovado el Cabildo en 1556, prevalecieron otras influencias, y se fundó definitivamente. De la orden de San Francisco se establecieron inmediatamente otros dos conventos, uno en Tunja y otro en Vélez, á que contribuyó eficazmente el capitán Juan Angulo, uno de los vecinos más respetables de esta última ciudad, del cual se conserva aún la descendencia.

Poco tiempo después que los dos oidores Galarza y Góngora, llegó también el Licenciado Zurita, encargado de tomar la residencia de Miguel Díaz de Armendariz, contra quien no faltaban quejas en la Corte, no por codicia y peculado, como casi todos los demás funcionarios de Indias, sino por otros abusos, consecuencia de la sensualidad, pasión que lo dominaba, y que le hizo cometer muchos desaciertos ajenos de su carácter humano y desinteresado. Protegido por los oidores y por las personas de más influencia en Santa Fe, logró Armendariz burlarse del visitador, quien, viendo que no le era posible  llevar á cabo su residencia y averiguaciones, dictó un auto y se retiró. Antes que él, lo habían hecho secretamente el capitán Lanchero y los demás quejosos, los que no tardaron en informar de todo al Consejo, el cual despachó al oidor Montaño, hombre de carácter severo, con orden de prender á Armendariz, que se dirigía á España, donde quiera que lo hallase, y de llevarlo á Santa Fe para responder á los cargos en el mismo lugar en que se cometieran las faltas, como en efecto se verificó con todo rigor. Sea dicho en honor del capitán Lanchero que, perseguido como había sido por Armendáriz, luego que lo vió en desgracia tal, que los alguaciles le quitaron hasta la capa para pagarse de sus honorarios, lo auxilió generosamente con vestidos y dinero para su viaje á España, en donde consiguió justificarse, y, no teniendo ya nada que esperar del siglo, se ordenó de presbítero y murió, siendo canónigo en Sigüenza este tercer jefe del Nuevo Reino de Granada.

(1)    Primeros Alcaldes fueron Alonso Escobar y Juan Vásquez: Regidores Juan de Alvear y Acevedo, Hernando de Mescua, Juan de Tolosa, Sancho Villanueva, Juan Rodríguez, Pedro Alonso, Juan de Torres y Beltrán de Unsueta. Pamplona se fundó en Abril de 1549. (Regresar a 1)
(2)  Respecto de la Constitución de las Audiencias, nos contentaremos en esta parte con reproducir el siguiente párrafo de un célebre escritor. “Pusieron los Reyes Católicos, dice D.. Diego de Mendosa, el Gobierno de la justicia y cosas públicas en manos de letrados, cuya profesión  eran letras legales, comedimiento secreto, verdad, vida llana y sin corrupción de costumbres; no visitar, no recibir dones, no profesar estrechez de amistades, no vestir ni gastar suntuosamente, blandura y humanidad en su trato, juntarse á horas señaladas para oír causas ó para determinarlas y tratar del bien público. A su cabeza llaman presidente, mas porque preside á lo que se trata y ordena lo que se ha de tratar y prohíbe cualquiera desorden, que porque los manda. A la suprema congregación llaman Consejo Real, y á las demás chanchillerías, etc.” Es difícil trazar con mas concisa elegancia los deberes y obligaciones de los miembros de aquellos tribunales que lo hizo nuestro clásico historiador, muy diferente en esto de los escritores modernos, que desatan un pensamiento propio ú ajeno en dos páginas de reflexiones, propias ó copiadas. (Regresar a 2)
(3)  Este sello de la Real Audiencia, que es de plata y de grandes dimensiones, existía en el Museo Nacional de Bogotá, como una curiosidad. !Ojalá se conserve con  otros objetos antiguos á que el tiempo añade cada día mayor precio.! (Regresar a 3)
(4)  El señor Piedrahita dice que este nombre le fué impuesto por Belalcázar, pero según los datos que hemos podido recoger, este caudillo no se separó de la orilla del Magdalena en su viaje el año de 1538, y, además, los escritores anteriores le atribuyen á Galarza la primera visita á este valle. (Regresar a 4)  
(5)    Fueron primeros Alcaldes el capitán Juan Bretón y Francisco Trejo, y regidores Juan de Mendoza. Pedro Salcedo, Diego López y Domingo Cuello. Alguacil Mayor, Pedro Gallegos; Procurador general, Bartolorné Talaverano; Escribano, Francisco Iñiguez. (Regresar a 5) 
(6)   El barón de Humboldt.—F. P. Simón, que visitó á Ibagué hace más de dos siglos, dice así “Su temperamento es tal, que andan parece á porfía, la serenidad del cielo, grato y benévolo resplandor de las estrellas, templanza de los aires, frescura de los jardines y huertas; pues en ellos se dan todas las frutas de Castilla y las naturales de aquel país, bendecido del cielo con una eterna primavera.” Añade después que era tal la feracidad de los pastos, que el ganado vacuno se había propagado con mucha abundancia, en términos que ya solo se mataban las reses para sacarles el sebo, y, cuando más, la lengua; lo demás se abandonaba á los buitres y gallinazos. Entre los metales de que me habían registrado minas en lea alrededores habla este religioso, que escribió en 1025, del oro, plata, plomo y azogue. (Regresar a 6)
(7)    De la que estaba situada al origen del río Chipalo, llamada Juan de Leuro, por el que la halló, sacaba á veces por valor de cien pesos al día, cada trabajador; mas como era, do aluvión ú oro corrido, no tardó en agotarse tan prodigiosa riqueza. (Regresar a 7)
(8)  Primeros alcaldes fueron Gonzalo Díaz y Alonso Vera, y regidores Pedro Salcedo, Antonio Silva, Pedro Barrios, Melchor Sotomayor, y procurador General don Antonio Toledo. (Regresar a 8)
(9)  No carece de interés para los habitantes de Bogotá el conocimiento de las primeras vicisitudes de estos dos conventos, que tanto influyeron al principio sobre la conversión de los indios de provincia, y mas tarde, sobre las costumbres, los hábitos, etc., de la sociedad colonial, á la cual dieron un giro que habremos de apreciar en la segunda parte de este |Compendio. El convento de San Francisco se fundó cerca de la iglesia parroquial actual de Las Nieves, y el de Santo Domingo en la cabecera del lado del oriente de la plaza, entonces del Mercado, conocida hoy con el nombre de plazuela de San Francisco, y en donde parece que se tiene hoy otra vez el marcado principal de la ciudad, como para justificar el dicho de que “después de los años mil, vuelve el agua á su carril.” Mas no tardó mucho el Ayuntamiento en disponer que el convento de San Francisco se variara á la otra banda de la ciudad, á fin de que no estuvieran ambos del mismo lado, y así se trasladó al sitio en donde hoy está el convento de San Agustín.  Cuando el convento de Santo Domingo se trasladó á la calle principal de la ciudad, el de San Francisco pasó á ocupar la orilla derecha del riachuelo de su nombre, en los solares del capitán Muñoz Collantes, en donde subsiste hoy. Por el modo con que se fabricaban estos edificios, veinte años después de la fundación de Bogotá, se infiere que en aquella época no se había descubierto todavía la cal en las inmediaciones de dicha ciudad. El autor de este |Compendio observó, cuando se ocupaba en reparar la casa de sus padres, cuyas paredes son las mismas del antiguo convento de Santo Domingo, que las piedras de sillería estaban sentadas sobre barro, y no en mezcla de cal, que en ninguna parte se descubre. (Regresar a 9)  

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