INDICE




Prólogo
Introducción

CAPITULO I
Colón descubre las costas del istmo de Panamá...

CAPITULO II
Descubrimiento de las costas de la Nueva Granada desde el cabo Chichibacoa hasta el golfo de Urabá, por Ojeda y Bastidas.

CAPITULO III
Bajo la dirección de Vasco Nunez de Balboa, adquiere la Antigua del Darién mucha importancia.

CAPITULO IV
Desbaratan los Indios á Balboa...

CAPITULO V
Comiénzase el descubrimiento de las Costas del Chocó al sur...

CAPITULO VI
Entrada y crueldades del alemán Alfínger en el valle de Upar...

CAPITULO VII
Combate de Canopote...

CAPITULO VIII
Descubrimiento de Antioquia

CAPITULO IX
Jornada de Jorge Espira desde Coro á los Llanos del Apure, y de allí al Sur, hasta los afluentes del Amazonas

CAPITULO X
El   licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada marcha por los Chimilas hasta Tamalameque...

CAPITULO XI
Extensión y limites del territorio de los Chibchas ó Muíscas...

CAPITULO XII
Prosigue Quesada su descubrimiento...

CAPITULO XIII
Reúne Quesada sus tropas en Bogotá

CAPITULO XIV
Gobierno de Lorenzo de Aldana en el sur...

CAPITULO XV
Fundación de Timaná...

CAPITULO XVI
Mal éxito de las persecuciones de Gonzalo Jiménez de Quesada en España

CAPITULO XVII
Socorre el Adelantado Belalcázar al Gobernador Vaca de Castro, con tropas para reducir a los rebeldes en el Perú, y le despide este desabridamente...

CAPITULO XVIII
Llegada de Armendariz á Santa Fe y sus primeras tropelías...

CAPITULO XIX
Fundación de las villas de Almaguer y la Plata...

CAPITULO XX
Gobierno de la audiencia...
Catálogo
Manuscritos
Documento número siete
Mal éxito de las persecuciones de Gonzalo Jiménez de Quesada en España.— Nombrase á D. Luis Alonso de Lugo por Adelantado de Santa Marta y demás provincias nuevamente descubiertas.——Desembarca en el Cabo de la Vela, y entra por el valle de Upar al Magdalena.——Desalentado con los contratiempos del camino, pretende tres veces abandonar la. empresa. —Llega por fin á Vélez, luego á Tunja y á Santa Fe.—-Quita las encomiendas y cobra todos los tributos por su cuenta.—Prende á G. Suárez Rondón y comete todo género de desafueros.—El capitán Vanegas descubre las minas de Sabandija y Venadillo.——Somete á los Panches.—-Funda á Tocaima.——Abandona Lugo su gobernación, y manda Armendáriz, Juez de residencia, á su sobrino Pedro de Ursua, á hacerse cargo del mando.——Visita á Santa Fe el primer Obispo. 

  
 

Dais el nombre de paz al desaliento
De la devastación .........................
...................................................
Dejando el mando en tanto por despojos
A un mercenario vil, cuya avaricia,
Mientras más atesora, mas codicia.
QUINTANA.

 

Queda dicho atrás cómo de los tres Generales que descubrieron el Nuevo Reino de Granada, el único que logró buen despacho á su llegada á la Corte que Belalcázar, cuya fama y distinguidos servicios como conquistador del Perú y de Quito, eran bien conocidos en España. No hubo, pues, dificultad en concederle el título de Adelantado y de Gobernador de Popayán comprendiendo en su demarcación desde Pasto hasta las sierras de Abibe.  El Licenciado Quesada, que podía alegar el merito de primer descubridor de una de las regiones más importantes de Indias, y hacer valer al mismo tiempo el número y grado de civilización de los pueblos que había sujetado al dominio de su soberano, le faltó atrevimiento para presentarse en la Corte á competir con D. Alonso Luis de Lugo, hijo del Adelantado D. Pedro Arredráronle quizás las influencias que daban á su competidor sus nobles enlaces, ó por ventura sentía tener que entregarle las nueve porciones del botín de Tunja, que se había apropiado, aunque correspondían legítimamente al Adelantado, y prefirió pasar muchos años de su vida gastando su caudal en ruinosos pasatiempos, en Francia é Italia, á emplearlo con perseverancia en la Corte solicitando el gobierno de los países que había descubierto. No hubiera faltado modo de compensar á D. Luis de Lugo por los derechos adquiridos en virtud de la capitulación celebrada con su padre, sobre todo cuando este se había quejado de los sinsabores y disgustos graves que la conducta de su hijo le había procurado, y había solicitado con ahínco su castigo. Mas Quesada, que no conocía la Corte, desconfió de que sus méritos apoyados en buen caudal pudieran triunfar, y dejó el campo libre á su competidor, quien sin mucha dificultad obtuvo la confirmación del nombramiento de Adelantado hecho en su padre por dos vidas, y se preparó á salir á tomar posesión de su gobierno. Desvanecido Quesada con sus riquezas, no hubo linaje de imprudencias que no cometiera: ignorando los usos y etiqueta de la Corte, se presentó en Flandes, hallándose esta de luto por la muerte reciente de la Emperatriz, vestido de grana y franjas de oro, por lo que fué severamente amonestado y aun incurrió en desgracia. Consolóse viajando en Portugal, Francia é Italia, gastando en pocos años lo suyo y lo ajeno, y volviendo á España como demandante pobre y desvalido á solicitar el galardón de sus servicios, y, por lo mismo, en la situación menos propia para obtenerlo. Sin embargo, la importancia que iban adquiriendo los países que había descubierto era tal, que no pudo denegársele, según veremos á su tiempo, un razonable premio y condecoraciones que habrían sido más lucrativas y eficaces si hubiera tenido tacto y habilidad para aprovechar el momento oportuno de hacer valer sus servicios, como tuvo prudencia, valor y firmeza para luchar en las Indias contra todo género de contratiempos hasta lograr dar cima á su empresa.

En él año de 1542 llegó D. Luis Alonso de Lugo con su gente al Cabo de la Vela y Ranchería que en aquellas inmediaciones se había formado para la pesquería de las perlas; y corno estos lugares se hallaban dentro del territorio de su mando, pidió á los oficiales reales le diesen el dozavo de lo que existiese en caja, y, denegándose uno de estos, abrió Lugo violentamente las arcas para sacar lo que le correspondía, manifestando otra vez aquella ansia de dinero que lo dominaba. De allí despachó algunos de sus oficiales á Santa Marta para prevenir los buques que debían entrar por el río de la Magdalena, mientras que él, quizás avergonzado de presentarse en aquella ciudad después del escándalo que en ella dió algunos años antes, defraudando á su padre y compañeros de la parte del botín que les correspondía y que estaba en su poder, y huyéndose con él á España, se resolvió, sin pasar por Santa Marta, á entrar por el valle de Upar y, recorriéndolo, salir á las orillas del Magdalena á juntarse con los buques en el sitio acostumbrado. No se ejecutó esta jornada sin diversos combates con los Aruacos, Guanebucanes y otras tribus que los hostilizaron en el tránsito, desde el paso de la sierra de la Herrera hasta Tamalameque, ni sin otros incidentes entre los cuales merece mencionarse el haberse quedado rezagadas a la salida del valle algunas cabezas del ganado que llevaban, que se hicieron silvestres y multiplicaron después por sí mismas. Este fué el primer ganado vacuno que penetró hasta el interior del Reino por Vélez y que después se propagó con tal rapidez, gracias á la abundancia de los pastos y benignidad del clima.

La flotilla tuvo por su parte que sostener una serie de combates navales que no les permitían un instante de reposo. El indio Francisquillo, de edad de diez y seis años apenas, y criado en Santa Marta entre los españoles, era el enemigo más implacable que estos tenían en el río Grande, y al cual obedecían millares de indígenas de los que habitaban sus orillas. Dejaron los buques algo arriba de la boca del Opón, y continuó su marcha Lugo por donde mismo habían pasado Quesada y Lebrón; y tales eran el hambre, el cansancio y las enfermedades de sus soldados, que tres veces estuvo resuelto á volverse á Santa Marta, y la última lo habría verificado sin duda, á no haber llegado alguna gente de Vélez para servirle de guía y alentarlo. Aquí resalta el mérito superior de Quesada respecto de Lugo y de Lebrón, que, pasando por donde mismo había transitado el primero, y sabiendo que iban á tierra pacífica, cedieron más de una vez al desaliento, mientras que el primero jamás manifestó el menor síntoma de recelo ni de incertidumbre, siendo así que marchaba á la ventura, por tierras nunca antes holladas por los europeos.

Luego que Lugo llegó á Vélez, y que presentando sus títulos fué recibido sin contradicción como Gobernador y Adelantado del Nuevo Reino de Granada, comenzó á hacer las innovaciones que más convenían á sus propios intereses, sin consultar el bien ó la prosperidad de las colonias. Anuló los repartimientos hechos por Galiano en la provincia de Guane, so pretexto que nadie había podido hacerlos legalmente. El nuevo encomendero de Chianchon pretendió extorsionar á este cacique, que, siendo de índole poco sufrida, sacudió el yugo, mató á los tres perceptores que lo mortificaban, y sublevó toda la provincia, que se aparejó á conquistar de nuevo el capitán Rivera, usando, no ya de la política de Galiano, sino de la mayor severidad.

Los inconvenientes y dificultades de la ruta que hasta aquí se había seguido para entrar al Reino, movieron á los cabildos de las tres ciudades de Vélez, Tunja y Santa Fe, á mandar hacer una exploración para buscar otro camino, y efectivamente hallaron el río Carare, en cuyas orillas se construyeron bodegas y se abrió un camino más corto por tierra á Vélez, el cual sirvió por muchos años para introducir  todas las mercancías de España, con detrimento considerable de los indios que los encomenderos alquilaban como bestias de carga, haciéndoles cargar pesos desproporcionados a sus fuerzas, y obligándoles además á que ellos mismos buscasen y cargasen sus mantenimientos. Este maltrato, las guerras frecuentes y de exterminio que se movían  cada sublevación, las epidemias de viruelas y sarampión, disminuyeron de tal modo la población que de cerca de doscientos mil indígenas que habitaban la hoya del río Sarasita y sus afluentes en la época del descubrimiento, no quedaban ochenta años después, según Fray Padre Simón, sino como mil seiscientos distribuidos en diversas encomiendas.

Persuadió luego Lugo á los demás encomenderos de las ciudades de Santa Fe y Tunja, á que renunciasen sus encomiendas, ofreciéndose á restituírselas de nuevo, al verificar legalmente los repartimientos, usando de facultad que sólo él poseía: medio ingenioso que le sugirió su codicia para enriquecerse; pues mientras dilataba con varios pretextos el repartimiento definitivo, cobraba para sí por medio de sus agentes los tributos de los indios de todo el Reino; y como la influencia y autoridad de que gozaba Gonzalo Suárez Rondón le hacia sombra y le inspiraba desconfianza, fulminó contra él un proceso, lo cargó de prisiones, y le confiscó los bienes; demasías que podían ejecutar impunemente los magistrados que tan lejos se hallaban de ser contenidos por la autoridad real residente en otro hemisferio. 

La vista del oro que se iba juntando no podía menos de inspirar á sujeto tan codicioso como el joven Adelantado el deseo de averiguar los lugares de donde se sacaba aquel metal; y habiéndose ofrecido un indígena á conducirlos á las minas, envió Lugo con cincuenta hombres bien armados al capitán Hernán Vanegas, el cual se encaminó por Zipacón á tierras de los Panches. Parece que estos tenían espías muy diligentes, porque no bien hubieron bajado los españoles á las juntas del río Vituimita con la quebrada de Síquima, cuando les salió al encuentro el belicoso cacique Síquima á la cabeza de algunos millares de guerreros que pusieron en considerable aprieto á los soldados de Vanegas, quedando dos malamente heridos y un caballo muerto. Sin los mastines, que por primera vez veían los Panches y que hacían presa en ellos, según estaban enseñados, por las partes más delicadas, mutilándolos del modo más lastimoso, la victoria habría sido dudosa; más la ferocidad de estos animales intimidó á los Panches y les hizo retirarse á las alturas vecinas. Vanegas envió sus intérpretes á convidarlos con la paz, y requiriéndolos se sujetasen al Rey, y en respuesta mandaron como mensajero un gallardo joven, pintado de negro, que les dijo que su cacique no convenía por ahora en sujetarse, y que la materia sería considerada despacio; pero que si lo que pretendían era pasar por sus tierras, sin detenerse en ellas, les ofrecía que nunca serian molestados, corno no lo habían sido ni aún las más pequeñas partidas de cristianos que habían bajado en diversas ocasiones á embarcarse en el río Grande. Continuó de esta manera su viaje Vanegas hasta el Magdalena, el cual pasó en canoas que halló abundantemente en la orilla derecha, y, siguiendo la poniente, el indio guía los condujo á un río que llamaron del Venadillo, por un ciervo doméstico que criaban algunos indígenas en cierta casa | | (1) .  

Más adelante hallaron el sitio en que el indígena les indicó estaban las minas; y, en efecto, cavando y lavando hallaron abundantes muestras  de oro, y por aquellos indicios se persuadieron de, que el guía no los engañaba. Determinaron, pues, devolverse, después de haber pasado el río Sabandija, en que hallaron también oro, para dar á Lugo tan faustas nuevas, á fin de que se dispusiese lo conveniente en el laboreo de las minas: y pensando que el viaje sería más corto por tierra de los Colimas, enderezaron sus pasos al oriente, aunque bien pronto conocieron que estos indígenas eran todavía más belicosos y menos corteses que los Panches; y así, fatigados de sus frecuentes ataques, tuvieron que volver atrás y tornar al camino por donde habían bajado.

Hizo Lugo muchas demostraciones de regocijo con la noticia de las minas, se celebraron justas y torneos en Santa Fe, que era la mayor y más costosa diversión que podía imaginarse en aquella época, y de la que no pocas veces se siguieron heridas graves y aun muertes. Mas como la dificultad mayor consistía en hallarse las minas en tierras de indios no reducidos, se pensó ya seriamente en sujetar á los Panches y en fundar una ciudad que sirviese de escala para las futuras conquistas. Comisionó Lugo al mismo Vanegas, que tenía todo el valor que era menester, sin faltarle la prudencia y discreción para ablandar á los indígenas con buenas palabras y regalos cuando así le convenía. Saco este Jefe de Santa Fe setenta hombres de á pie y de á caballo, y no es de extrañarse que sólo pudiera reunir tan corto número de soldados, si se atiende á que Lugo perdió mucho más de la mitad de la gente que trajo de España en su larga jornada del Magdalena, y á que con él llegaron menos de cien soldados á Vélez, y si se recuerda que Hernán Pérez de Quesada había llevado á la expedición del Dorado toda la gente que se halló disponible en el Reino.

Avisados los Panches, se prepararon á defender sus tierras. Repitiése el mismo combate con el Siquima que la vez pasada, y, habiendo cometido Vanegas la falta de destacar al capitán Salinas con cuarenta hombres hacia Vituima, con orden de buscar un sitio cómodo para la fundación de la nueva colonia, fué este atacado vigorosamente por hueste tan crecida, y los Panches acudieron en tal número, que levantaron en peso á dos soldados en sus caballos, y se los llevaran, á pesar de los esfuerzos de hombres y brutos, si no hubiera ocurrido oportunamente el capitán con auxilio que dispersó á los indios. Pero espantados. los españoles de tal audacia y valor, se replegaron todos al campo de Vanegas; y éste viendo qué no podía reducir al Siquima, ni por las armas ni por las negociaciones, se determino á pasar adelante, al sur, á tierras del cacique Lachimí, y como había tenido la fortuna de ganarse la voluntad de un indio principal de los Panches con dádivas y halagos, éste le sirvió de mucho para persuadir á Lachimí á que concluyese la paz.

Recordemos que la nación de los Panches ocupaba tanto los valles y quiebras como la falda occidental de la cordillera,  desde lo que hoy se llama Villeta, que era la  frontera de los Colimas hasta la sierra de Tibacuy, que los dividíá de los Sutagáos. Según el testimonio de los cronistas, en este espacio de menos de treinta leguas de largo y diez de ancho, habitaban más de cincuenta mil indios, y parecían más fieros é indómitos, mientras más áspero era el territorio que ocupaban. Así los más civilizados, y de índole más pacífica, eran los Tocaimas, que vivían en terreno casi llano, á orillas del Pati y del Magdalena: á estos seguían los Anapuimas, los Suitamas, Lachimies, y, últimamente, los Siquimas, que eran los más guerreros. Después venían los Colimas, cuyo centro era la Palma, mucho más feroces que los Panches, y, finalmente, los Musos, que fueron los últimos conquistados, y los que dieron más que hacer á los españoles de todas las tribus que ocupaban como una cintura la falda de la cordillera sobre cuyo lomo extenso, llano y cultivado, habitaba la nación de los Chibchas, la más civilizada de Nueva Granada, y la primera que sujetó permanentemente la cerviz al yugo de la dominación española. | |(2)

De Lachimí pasaron á Sutaima, que también les dió la paz, luego que se persuadió que no se detendrían en sus tierras, y, últimamente, á las que ocupaba el cacique Guacana, el más poderoso y respetado de los Jefes comarcanos. Convocó éste el Consejo de los Acaymas, que eran los individuos de más autoridad en la tribu, y con su parecer se resolvió á recibir de paz á los castellanos. Vino pues al campo español, adornado de sartales de cuentas de varios colores en brazos, tobillos y sienes, y de fajas de oro, seguido de gran número de sus vasallos, cargados de maíz, frutas, calabazos de miel de abejas, y con semblante jovial y desembarazado abrazó á Vanegas y repartió algunas joyas de oro entre los principales castellanos, que con singular perspicacia acertó á reconocer entre los demás á primera vista. Se le hizo una larga plática sobre los misterios de la religión cristiana, obediencia al Emperador, y sobre la voluntad que tenían los españoles de fundar una ciudad en un terreno llano ameno á orillas del río Patiá que es el mismo Funza que, después de precipitarse por la cascada de Tequendama, corre presuroso á confundir las aguas que le quedan con las del caudaloso Magdalena. Contestó Guacana, respecto de lo primero, que no podía comprender nada, y que se difiriesen las explicaciones para después; á lo segundo que no tenía dificultad en reconocer la superioridad del Emperador, siendo tan grande príncipe como se decía, y que tan poco se opondría á la fundación de la nueva ciudad, y aun ayudaría por su parte á la construcción de las casas, con tal que los otros caciques contribuyesen también con gente; pues no era justo que todo el trabajo se recargase á sus vasallos. Respuesta que miraron los españoles como muy racional, y que aumentó el respeto y consideración que se había granjeado aquel cacique, que tan solicitó se mostraba por sus súbditos. 

A fines de Abril de 1544 se tomó, pues, posesión de aquella tierra á nombre del Emperador Carlos V, y se celebraron las ceremonias acostumbradas en la fundación de las ciudades, poniendo á esta el nombre de Tocaima, eligiendo alcaldes y cabildo y dando prisa á la construcción de la iglesia y casas. A poco tiempo dc fundada, se hallaron minas de oro abundantes en sus inmediaciones, á cuyo trabajo se condenaron los indios y se comenzaron á edificar sólidos edificios de teja y conventos, aunque, por la mala elección del sitio, las frecuentes inundaciones los destruyeron; y en 1621 fué preciso trasladarla al lugar en que hoy se encuentra, en terreno más elevado, aunque los edificios actuales no corresponden al lujo de las primeras construcciones. | | (3)

Invitado Lachimí por una parte y Calandaima, cacique de Anapoima por otra, para que ayudaran á los trabajos del desmonte y construcción de las primeras casas, se denegaron con arrogancia. Auxiliados los españoles entonces de los Tocaimas, que tenían interés en no sufrir solos el peso de los nuevos huéspedes, atacaron estos á los Lachimíes, y, después de un sangriento y obstinado combate, en el que Guacana mostró mucho valor, los Lachimíes fueron obligados á ceder al saber de sus enemigos. Algunos soldados españoles quedaron heridos; pero los Tocaimas se regalaron por muchos días con la carne de los Lachimíes sus vecinos: horrenda costumbre, general en estos Panches, de comerse los unos á los otros. También se sujetaron por la fuerza los Anapuimas. El cacique Conchima, que habitaba los valles que rodean hoy la Mesa de J. Díaz, se presentó voluntariamente; y al de Iqueima, que se resistía, y cuyos estados comenzaban en la ribera izquierda del río Fusagasuga, en donde éste entra al Magdalena, se le dió una sorpresa que lo redujo á la obediencia, con lo cual quedó sujeta á mediados del año de 1544 toda la tierra de los Panches, y remitida al Adelantado la minuta de los indígenas repartidos en encomiendas entre los vecinos de Tocaima, para su aprobación. Esta pacificación, que fué lo único notable que se ejecutó durante el período de Gobierno de Lugo, se debe enteramente al Capitán Vanegas | | (4) .

Mas si Lugo se mostró lento y descuidado en promover los intereses de las nuevas colonias, no lo fué en cometer todo género de tropelías, robos y desafueros. Apropióse, como hemos visto, los bienes del Capitán Gonzalo Suárez Rondón, que ascendían á cincuenta mil ducados, y continuamente andaban sus agentes sacando santuarios y violando sepulturas para acopiar oro. Luego que llegó Hernán Pérez de Quesada de su malograda expedición del Dorado, lo encerró el Adelantado Lugo en estrecha prisión, así como á otro hermano menor de éste, recién llegado del Perú. Atropelló á los oficiales reales que rehusaban entregarle el dozavo de las existencias en el real Erario. Estos funcionarios lograron, sin embargo, escaparse de la prisión, y reunidos á la tropa que en su alcance despachó Lugo, se embarcaron en el Magdalena, cerca de Guataquí, bajaron á la costa, y presentaron después sus quejas á la real Audiencia de Santo Domingo. Para vengarse este Magistrado de un escribano que había dado testimonio de ciertas declaraciones en su contra, inició contra él una sumaria, y comisionó á un Alcalde ignorante, á fin de que siguiese la causa. Este procedió tan expeditivamente, que la misma noche en que recibió los autos, mandó dar garrote en la prisión al desventurado escribano, y éste fué el primer asesinato jurídico perpetrado en Santa Fé. 

Por último, temeroso del Juez de residencia, que no podía tardar ya en enviarse contra él, se dió tanta prisa, que para fines de este año de 1544 se puso en camino hacia el Magdalena, después de haber desterrado de antemano de todas las Indias á los Quesadas. Sacó del Reino trescientos mil ducados en valores de oro y esmeraldas, y llegó á Santa Marta llevando consigo presos á los fundadores de Tunja y Vélez, Rondón y Galiano. Allí compró una nave y se embarcó para España. tocando antes en la Ranchería de las Perlas (Cabo de la Vela), en donde las autoridades detuvieron el bajel, en virtud de Real Orden, hasta que restituyó el valor de las perlas que había sacado violentamente de las arcas á su entrada en el Reino. Púsose igualmente en libertad á los oficiales presos, temiendo que este hombre, que no guardaba respeto humano alguno, los mandara matar en el viaje de mar. Fué detenido después en la Habana, pero tuvo astucia para escaparse, sobornando al juez con tal arte, que logró que se le devolviese después,. en tela de juicio, la suma del cohecho. Y, lo que es más, este facineroso llegó á España, supo sacrificar oportunamente algunas sumas, restituir una pequeña parte de la fortuna de Gonzalo Suárez Rondón, pues los apoderados de éste, conociendo las intrigas de Lugo y las influencias de que disponía, se conformaron con una transacción, y obtuvo, por último, el nombramiento de Coronel y el mando de una lucida tropa con que pasó á hacer la guerra en Italia. Falleció en Milán de enfermedad, asaltado por las más espantosas visiones, pero sus delitos quedaron impunes, y su vida  sería siempre un ejemplo de lo que puede el hombre audaz en una sociedad mal organizada. Despreciado y mal quisto de casi cuantos le conocieron no reparando en medios para conseguir la satisfacción de su pasión dominante, dotado de una rara  perseverancia, logró hacer casi siempre su vo­luntad sin miramientos por los deberes de hijo, de amigo y de magistrado.

Apenas había Lugo abandonado las costas de Nueva Granada, cuando arribó á Cartagena Miguel Díaz de Armendáriz, encargado por el Consejo de tomar á un tiempo residencia á los Gobernadores de Cartagena, Popayán, San Juan y Santa Marta, en el cual se comprendían todavía las colonias de lo interior, por no haberse adoptado aún la denominación de Nuevo Reino de Granada.

Por ausencia del Adelantado Lugo, había quedado gobernando en Santa Fé el Capitán Lope Montalvo de Lugo, pariente de aquél. En este tiempo hizo el cacique de Guatavita su tentativa de alzamiento, que fué comprimida con muerte de muchos indios, y salió derrotado de los Musos el Capitán Martínez, á quien Lugo había encomendado su conquista | | (5)

Vencido Armendáriz por las instancias de los vecinos de Santa Fé, Vélez y Tunja, que se hallaban fuera de sus casas, y despojados de sus bienes por el Adelantado Lugó, los que no se resolvían á volver á lo interior mientras gobernar a Montalvo, y la acción de los Caquecios, que así llamaban al bando opuesto al de los Quesadas, por componerse en la mayor parte de los que entraron en el Reino con Fredemán, atravesando el territorio de los indios caquecios, despachó á su sobrino Pedro de Ursúa á Santa Fé, á encargarse del mando, mientras él se desocupaba de sus residencias en la costa. Embarcóse Ursúa con Gonzalo Suárez Rondón y los demás desterrados en canoas ligeras que con brevedad los condujeron á la boca del Carare, y luego por tierra á Vélez, en donde presentó sus títulos y fué reconocido como Gobernador interino, siendo en aquella época tan raras las comunicaciones entre las tres ciudades, que llegó después á Tunja sin que allí se tuviera noticia de su venida, y lo propio aconteció en Santa Fé, conque desconcertados los amigos de Montalvo de Lugo, no opusieron resistencia y quedaron desposeídos del mando. Un incendio acaecido en la casa que habitaba Ursúa sirvió de pretexto para estrechar la prisión de Montalvo, del Capitán Lanchero y de sus adherentes, con lo que se desmintió pronto la promesa que había hecho el Ursúa de Gobernar  con imparcialidad y sin reacción; más este oficial era, aunque bien intencionado, demasiado joven y sin experiencia para dejar de aceptar el apoyo y consejos interesados de uno de los dos bandos en que estaban divididas las colonias.

En el viaje de Ursúa por el Magdalena no se hace mención ni de la villa de Mompox, fundada algunos años antes, ni de la de Tamalameque, que en la orilla derecha del Magdalena había fundado el año anterior de 1544 el Capitán Juan de Céspedes, por orden del Adelantado Lugo, en una barranca alta, algunas leguas arriba de la embocadura del río Cesari, en el sitio que se llamaba Sompallon, que después se trasladó frente á Mompox, y mas tarde se restituyo al punto de su primitiva fundación. 

Cuando Ursúa llegó á Santa Fé, se preparaba Montalvo, sin embargo de haber acompañado á Hernán Pérez de Quesada en su desastrosa expedición á los Llanos, á emprender una nueva, en pos del Dorado, asociado al Capitán Juan Cabrera, con quien debía reunirse en Timaná, y juntos bajar la cordillera por los Andaquíes. !Tánto llega á arraigarse en el ánimo de los hombres una leyenda fabulosa, que es capaz de luchar por mucho tiempo con los más tristes y costosos desengaños de la realidad!. Algunos de los vecinos, alborotados ya y prevenidos para esta jornada, fueron alistados poco después por el Capitán Valdés, para ir á socorrer al Virrey del Perú, Blasco Núñez Vela, arrojado de su gobierno por el usurpador Pizarro, aunque no llegaron á tiempo, por haber muerto el Virrey á manos de los rebeldes en los campos de Añaquito, antes que la compañía levantada en el Reino alcanzase á Popayán.

Con Ursúa llegó también don Fray Martín Calatayud, monje Jerónimo, quinto Obispo de Santa Marta y sucesor de don Juan Fernández de Angulo; el cual tenía en Santa Fe, como su provisor, al doctor Matamoros. No bien había puesto el pié en la nueva colonia el Obispo, cuando comenzaron las competencias entre las autoridades civiles y la eclesiástica. Pretendieron primero los Cabildos que no debía permitirse al obispo nombrar Alguacil ni establecer su tribunal mientras no estuviera consagrado; y habiendo determinado pasar á Lima á consagrarse, y esperando que con su autoridad podría templar los bandos civiles que despedazaban entonces el Perú, y hacerse recomendable al monarca por un servicio tan importante, lo requirieron los Cabildos á fin de que no hiciese viaje tan dilatado, indicándole que convendría más á los intereses de la Colonia que fuese á España á consagrarse y á hacer presentes las necesidades y el desgobierno de las nuevas fundaciones. En una palabra, pretendían enviar así un procurador autorizado á la Corte. Allanóse por fin el Obispo, no sin haber previamente protestado para mantener su independencia y sus derechos, con tal de que contribuyesen con dos mil ducados las cuatro ciudades ya fundadas; suma que se consideraba necesaria para los costos del viaje á España, de ida y vuelta; pero esta cantidad no llegó á recogerse, pues los Cabildos y regimientos eran más pródigos en requerimientos que en limosnas. Así fué que el Obispo Cálatayud se dirigió á Lima por tierra, verificando tan largo viaje á costa de la piedad de los vecinos de los países por donde transitó en su prolongada peregrinación. Se consagró efectivamente en Lima, y volvió a  Santa Marta, en donde murió.

(1)  Piedrahita supone que dos años antes había explorado el capitán Baltasar Maldonado por orden de Quesada las faldas de la Sierra Nevada de Tolima, entrando por el ameno valle de las Lanzas, en donde después se fundó la ciudad de Ibagué y que halló pueblos atrincherados en fuertes palenques, por lo que nombró esta región provincia de los Palenques, y que en la expugnación de uno perdió veintidós hombres; mas ninguna  mención de esta circunstancia se halla en los otros cronistas. (Regresar a 1)
(2)  Los Chibchas, sin embargo; no eran cobardes ni inconstantes. Hoy mismo, después de trescientos años del régimen más calculado para embrutecer y degradar una raza, hemos visto en el Ejército de Nueva Granada batallones enteros compuesto. casi exclusivamente de Indígena de raza chibcha dar los más brillantes ejemplos de valor, serenidad, constan­cia y  subordinación, y aun de facilidad para adquirir la disciplina militar. (Regresar a 2)
(3)  Refiere el Padre Zamora, y también Piedrahita, que habiendo descubierto los esclavos de un vecino de Tocaima, llamado Juan Díaz Xaramillo, una mina de oro abundantísima, llegó éste á ser uno de los más ricos propietarios del Reino, é hizo traer de España, para la suntuosa casa de mampostería que construyó, pavimentos de losa fina, los más ricos artesonados y otros adornos cuyos despojos sirvieron después para enriquecer varios templos é iglesias, entre ellos el monasterio de la Concepción de gótico. (Regresar a 3)
(4)  No ayudó poco á la sujeción de los Panches la falta total de sal de Zipaquira de que se hallaban privados desde que los castellanos, dueños de la llanura, estorbaban este tráfico. Así el indio de Síquima, que sirvió á Vanegas de intermediario en todas sus negociaciones, sacaba partido de esta circunstancia para persuadirlos que se sometiesen, y siempre se observó que lo primero que tomaban con ansia de entre los regalos que les hacía Vanegas, de preferencia á los cascabeles, abalorios y bonetes colorados eran los pedazos de sal. (Regresar a 4)
(5)  Era tanta la afición que los indígenas tenían a la cría de aves domesticas, que aún las tribus no domadas habían logrado procurarse por cambios, algunas gallinas. Dícese que en las entrañas de una de las que encontró el Capitán Martínez en las poblaciones de los Musos, se descubrieron las primeras muestras de esmeraldas de aquella región; pues antes solo se conocían las de Somondoco. (Regresar a 5)   

anterior | índice siguiente