La venida de los cartagineses, que así continuaron llamándose los
soldados de Vadillo, fué de mucha importancia para la colonia de
Aldana, pues los más adelantados volvieron con Robledo á fundar
poblaciones en el fondo del valle del Cauca. Robledo convino con
Aldana en que era preciso detener la obra de la gobernación de los
naturales y adoptar medios más humanos, de conquista. Así vemos á
Robledo emplear las suaves vías de la persuasión en la jornada que
emprendió, particularmente al principio, antes que, cansado de
luchar con el sentimiento funesto de expoliación que predominaba
entre sus subalternos, se hiciera de nuevo cruel y olvidara sus
buenos propósitos. A fin de no cargar tanto los indios bajaron en
balsas por el Cauca víveres, armas y equipajes, con algunos cerdos que llevaban
para cría en las nuevas poblaciones.
|
|(9)
|
|
La primera que fundaron fue la villa de Santa Ana de los
Caballeros, en el valle de Umbra, apartada algunas leguas del
Cauca: nombraron regidores y aldeas bajo cuyas varas se metieron,
como llevamos dicho, los soldados de Santa Cruz, hostigados de los
bandos y enemistades de sus dos jefes, lo que puso á Robledo en
actitud de emprender correrías de mucha importancia. La primera se
dirigió con Suer de Nava á Caramanta. El mismo Robledo pasó
personalmente á sujetar al Cacique Curaca del pueblo de Ocuzca,
tratando siempre con dulzura á los indios, y no consintiendo que se
les extorsionase ni vejase, y les hacía devolver sus efectos,
ganándose de este modo la buena voluntad y el respeto de los
naturales, que llegaron á pacificarse suficientemente para hacer
entre los vecinos de la nueva villa un repartimiento aproximado de
diez mil indígenas.
El Capitán Gómez Hernández salió para el poniente y montañas de
los chocóes, acompañándole Robledo algunas jornadas hasta el valle
de Santa María, deseoso de que aquel oficial llegara al mar, pues
ya él comenzaba á revolver en su ánimo el pensamiento de ir á
solicitar á la Corte el gobierno independiente de aquella región.
Pasaron los cincuenta infantes que llevó Gómez los trabajos y
necesidades que son de suponerse en aquella cordillera desierta,
hasta que dieron vista á un río grande que entendieron ser el
Darién, y á pocas leguas hallaron un caserío de naturales en las
copas de los árboles. Avanzaron los españoles esperando satisfacer
hambres atrasadas, pero aquellos moradores los recibieron con tanto
brío, y el estruendo de los tambores y chirimías correspondió en
esta vez de tal modo á la fuerza de los brazos, que fuerón
derrotados los soldados de Robledo, quedando dos por muertos y
muchos heridos. Peleaban aquí sin caballos y sin armas de fuego los
castellanos, y aun las cuerdas de las ballestas se habían aflojado
con la continua humedad, de modo que no pararon hasta la nueva
villa, adonde salieron pálidos y macilentos, habiéndose alimentado
con raíces y frutas de palmas. Allá también llegaron después de
algunos días, los heridos que habían abandonado, a quienes los
indígenas vencedores no se dignaron examinar ni despojar cuando
yacían en el campo de batalla, del cual se retiraron presurosos á
celebrar su victoria.
Tal fué el resultado de la correría de Chamí: desde entonces los
españoles se mostraron poco dispuestos á entrar al Chocó, y de esto
depende que se retardara tanto tiempo su descubrimiento, por lo
menos en la parte superior. Salió luego Robledo con la mayor parte
de la gente hacia el poniente; atravesó el Cauca en balsas en Irrá;
sujeto a las parcialidades de Carrapa y de Picara, que habitaban
en su margen derecha; con auxilio de aquellos moradores, que eran
enemigos de los de Pozo, tribu más guerrera y feroz, atacó á éstos,
y, después de un reñido combate en que quedó herido el mismo
Robledo, los venció, degollando sus soldados un gran número de
indígenas y pillando sus habitaciones. Continuaron luego su marcha
los castellanos, y hallaron resistencia en una loma limpia que
estaba cubierta de casas grandes, cuyos habitantes combatieron en
escuadrones ordenados, con banderas sembradas de estrellas de oro y
otras figuras cosidas á la tela, y con diademas del mismo metal y
aun petos y brazaletes, de donde recibió este sitio el nombre de
loma de los armados y el de Arma la población que poco después se
fundó allí, y que estuvo prevista por Robledo á causa de su riqueza
á ser la principal de las de su gobernación. Estos lugares,
testigos de sus primeras hazañas, lo fueron también de su fin
trágico. Una partida recorrió luego la ribera derecha del Cauca
hasta frente de Buriticá, hallando el pueblo Blanco, el de la Sal,
Zénufara y Mujía, quedando así explorado casi todo el curso de este
hermoso río, cuya embocadura en el Magdalena habían visto y seguido
los colonos de Santa Marta algunos años antes, según llevamos
referido. Por esta misma época (fines de 1539) acababa de
recorrerse por Quesada, Federmán y Belalcázar, la parte del
Magdalena que no se había visitado todavía entre Guataquí y la
embocadura del Carare.
Deseando fundar una población en estos parajes, volvió hacia el
sur á la provincia de Quimbaya, regada por los ríos Tacurumbi y
Zegues, rica de oro, de que vieron muestras abundantes desde su
entrada. Uno de los caciques trajo como presente á Robledo un vaso
de oro que podía contener dos azumbres de agua, y que pesó
trescientos castellanos. Quisiera poblar allí Robledo, pero el país
estaba cubierto de inmensos guaduales y no acomodó á sus soldados,
que hallaron más adelante, hacia el sur, cerca de unas fuentes de
agua salada que explotaban los indios, sitio más á propósito, en
donde á principios del año de 1540 fundaron la ciudad de Cartago
con todas las formalidades usadas, sin olvidarse de
erigir horca y cuchillo, nombrar alcaldes y regidores.
|
|
(10)
Este nombre le dieron por ser casi todos los fundadores soldados
procedentes de Cartagena. Así Asdrúbal dió el nombre de Cartagena ó
|Cartago nova á una ciudad de la Bética. para recordar el
nombre de su patria, y trasladado este nombre á las Indias, la
ciudad que fundó Heredia impuso su nombre antiguo á otra ciudad de
lo interior, llamada por su situación actual, á las faldas de la
cordillera central en el principio del hermoso valle del Cauca, por
la suavidad de su clima y por la fertilidad de su suelo, á ser una
de las más importantes de Nueva Granada.
Respecto de esta región que Robledo sujetó, tenemos la
descripción y los detalles precisos que nos ha trasmitido uno de
sus compañeros, Pedro Cieza de León, á quien cupo por sus servicios
un repartimiento de indios en el distrito de Arma. Resulta que
desde Quimbaya hasta frente á Caramanta la orilla derecha del Cauca
y sierras vecinas tenían una población que pasaba de cien mil
almas; que cultivaban en terrenos limpios, aunque quebrados,
grandes sementeras de maíz, yucas y otras raíces, y muchas
arboledas de frutales. Que eran supersticiosos, antropófagos, y en
algunos pueblos tenían grandes jaulas de guaduas en donde
engordaban los prisioneros para comerlos. Veíanse ídolos grandes de
madera con el rostro hacia el oriente, delante de los cuales
sacrificaban víctimas humanas. Andaban los hombres más ó menos
desnudos, las mujeres se cubrían escasamente con telas angostas de
algodón. Tenían oro, comerciaban con la sal, eran cazadores, tenían
flechas, dardos, macanas y hondas como armas ofensivas y
defensivas: vivían en frecuentes guerras, y los prisioneros morían
alegremente. Tenían idiomas diferentes aunque parecidos. Los de
Anserma sacrificaban al demonio, que se les aparecía en los peñones
más escarpados, adonde era preciso trepar por las escaleras de
mano, y sólo los sacerdotes tenían facultad para hacerlo. Los
hombres, en la provincia de Quimbaya eran grandes, robustos y bien
formados; las mujeres hermosas y muy amorosas. En esta provincia
eran los habitantes menos feroces que en las del norte. Los
caciques tenían muchas mujeres, y cuando morían, sepultaban con
ellos las más queridas; costumbre bárbara muy general en todos
estos países. En todo el ámbito de estas provincias, desde la
cordillera central de Quindío, los bosques de guaduales eran
inmensos.
Después que Lorenzo de Aldana arregló los asuntos de Popayán,
volvió á Quito, fundando antes la ciudad de Villaviciosa ó San Juan
de Pasto, en el valle de Yacuanquer, que muy poco después se
trasladó al sitio que hoy ocupa en el fértil valle de Thris, al pié
de un volcán. Así en este año de 1539 se fundaron Anserma, Pasto y
la villa de Santa Cruz de Mompox por Alonso de Heredia, enviado por
el Licenciado Santa Cruz luego que llegó á Cartagena á tomar
residencia al oidor Vadillo, el cual escogió una barranca alta
sobre la. orilla izquierda del Magdalena en tierras del cacique
Mompox para plantear la nueva villa. Otros sostienen que Mompox no
se fundó hasta 1540.
Al Licenciado Pascual de Andagoya se debe el descubrimiento de
la bahía de la Cruz, de San Buenaventura ó de la Buenaventura, que
con estos nombres fué al principio conocido el espacioso seno que
hace el mar Pacífico en donde desagua del río Dagua. Este letrado
pasó con Pedrarias á Panamá, hizo una exploración hacia la costa
del Chocó del Sur, y obtuvo más tarde en la Corte el nombramiento
de Gobernador de San Juan, es decir, de la costa comprendida entre
el golfo de San Miguel y el río de San Juan. Salió de España en
1538 y de Panamá á fines de 1539; llegó á la embocadura del Dagua y
fué penetrando por estas sótedades y riscos hasta llegar por Mayo
de 1540 al valle del Salado y ciudad de Caly, que pretendía quedar
dentro de los límites de su gobernación Las tristes circunstancias
en que se hallaban, Popayán amenazado por los paeces, que habían
triunfado en diferentes ocasiones de los castellanos, según diremos
en el capítulo siguiente, y Caly, con muy pocos vecinos, pues
Robledo tenía ocupados en sus correrías por el bajo Cauca la mayor
parte de los soldados útiles, determinaron á los Cabildos de las
dos ciudades á recibir como Gobernador al que les traía auxilios de
toda especie, y aun él mismo Robledo se sometió de buena voluntad,
creyendo que le sería más fácil sacudir la obediencia de este jefe
que la de Belalcázar, á quien por momentos se esperaba. Como en
efecto sucedió, porque aunque despachado dos años más tarde de la
Corte con el título de Adelantado y Gobernador de Popayán, obró con
tanta actividad, que llegó á Caly un año después que Andagoya, fué
recibido como un antiguo General, acatados sus despachos y
desamparado el letrado, á quien trató sin consideración ninguna,
como usurpador de ajena jurisdicción. Belalcázar lo prendió, y con
prisiones lo hizo llevar á Popayán, ordenando á Robledo que quitase
á la villa de San Juan este nombre, que Andagoya le había hecho
poner, y que le restituyera el de Santa Ana de los Caballeros, que
fué el primero que obtuvo Anserma, cuya prosperidad en tiempos
posteriores no ha correspondido á tan nobles y á tan antiguos
principios.
Poco tiempo después, en 1540, con anuencia de Belalcázar, partió
Robledo al norte en prosecución de sus descubrimientos por la
ribera derecha del Cauca, llegó al pueblo Blanco y al de la Pascua, y luego al pueblo de Mungia,
cuyos habitantes fabricaban sal en abundancia
|
|
(11)
, y de allí mandó un oficial al
oriente para descubrir con una partida lo que había al lado opuesto
de la cordillera nevada que llamaban los naturales el valle de
Arby, que hoy se dice por corrupción Hervé; mas se arredraron y se
retiraron los pocos españoles al reconocer las soledades y páramos
que hubieran tenido que atravesar.
De vuelta trajeron un cacique que se les presento con una
corona hecha de paja, pero con mucho arte. Robledo se conducía con
los indios con algún miramiento y consideraciones; y aunque llevaba
consigo los feroces mastines que tan cruelmente sabían despedazar á
aquellos infelices, no hizo uso de ellos sino muy pocas veces. Los
informes del Capitán Jerónimo Luis Tejelo, que fué el primer
español que pisó el valle de Aburrá, hoy de Medellín, determinaron
á Robledo á pasar allá su campo. Halló en su fecundo suelo y
hermosísimas campiñas, abundancia de mantenimientos y árboles
frutales, y en las casas de los naturales un cuadrúpedo doméstico
que se menciona por la primera vez aquí; y que los españoles
llamaron
|perros mudos. Vinieran á avisar á Robledo que los
naturales se ahorcaban con sus propias fajas y mantas, y tratando
de salvar á algunos cortándoles las sogas, confesaron que los
rostros, gestos y apariencia exterior de los españoles, les habían
infundido tal terror y disgusto de la vida, que preferían morir por
no recordar tan extrañas y
espantables visiones. Salió Robledo de aquel ameno y bien poblado
valle
|
|
(12)
el día 24 de
Agosto de 1541, por lo que le dieron entonces el nombre de valle de
San Bartolomé, y, cruzando con trabajo ciertas sierras ásperas,
llegaron al cabo de una semana á las orillas del Cauca, que en vano
pretendieron entonces esguazar.
Dijeron algunos indios que ellos conocían tierra riquísima de
oro, para donde se ofrecían á conducir á los castellanos. Salió,
pues, el Capitán Frade como explorador, con cincuenta hombres, los
que después de muchos trabajos dieron vista al rápido río Porse.
Pisaban, en efecto, los españoles, uno de los lugares más
abundantes de oro en América, pero ellos no sabían buscarlo:
pretendían hallarlo ya fundido y en alhajas; pasaron, pues, este
río, ancho y profundo, por sobre un árbol colosal caído que formaba
puente, y tenía mas de 25 varas de largo, y desde su extremidad,
que reposaba sobre una roca, habían construido los indígenas con
bejucos un puente suspendido, que detuvo á los caballos. Pasaron
los infantes, aunque en breve retrogradaron perseguidos por un gran
número de naturales con hachas de piedra, macanas y dardos que los
alcanzaron al llevar al puente, y sacudiéndolo, precipitaron al
agua dos castellanos, y los demás volvieron al campamento con la
noticia de haber dado vista al norte á las llanuras de
Cancán.
Hizo Robledo un esfuerzo para atravesar el Cauca, y lo consiguió
usando de balsas de guaduas, en cuyo paso gastaron ocho días.
Subieron luego las sierras opuestas, y entraron en tierras de
Zurume, y luego en las vecinas de Hebejico, no sin resistencia de
los indígenas, que sabían aprovecharse del terreno, lleno de
precipicios y angosturas, en que perecieron despeñados muchos
caballos. Los indios salían á las alturas á preguntarles qué
buscaban, y hacían mucha burla cuando por los
intérpretes que les contestaba que aquellas tierras y cuánto en
ellas había pertenecían al rey de Castilla. Decían que cuando era
que el Rey de Castilla había construido aquellas casas y plantado
aquellos árboles, y les mandaban que se fueran, amenazándolos y
hostilizándolos sin cesar, á pesar de que á los naturales que cogía
Robledo les daba libertad, despidiéndolos con presentes. Después de
meses de vagar por aquellas selvas, hacia el valle de Norí y de
Guaca, obligados á improvisar una fragua para herrar con estriberas
los caballos que les quedaban, que no podían ya dar un paso,
empleando para hacer el fuelle los cueros de las botas, y usando de
otros recursos y de los más desesperados arbitrios, volvió Robledo
al valle de Hebejico, en donde, ya cansado, temiendo el esguazar
otra vez el Cauca, se resolvió á fundan, á fines del año de 1541,
una ciudad á la que dió el nombre de Antioquia, por la antigua y
célebre Antioquía de la Siria sobre
el río Oronte, en donde comenzaron á llamarse cristianos los
discípulos del Salvador
|
|
(13)
Apenas fundada la ciudad, y repartidos solares, tratóse de
reducir á los indios comarcanos para repartirlos también, lo que al
fin consiguió Robledo mezclando el rigor y la dulzura. Reconocido,
pues, todo este territorio, se resolvió Robledo á pasar á
Cartagena, y de allí á España, á solicitar se desmembrase esta
parte de la Gobernación de Belalcázar que llamaban provincias de
abajo ó equinoxiales, para. erigirle una Gobernación independiente;
y tuvo el arrojo, que solo la más desesperada ambición pudo
inspirar, de pretender, sin guías, con doce hombres, romper por
aquellas selvas pobladas de indios guerreros, ó de bestias feroces,
para salir del otro lado de las sierras de Abibé á San Sebastián de
Urabá, adonde llegó desnudo, hambriento y descalzo; y en vez de
felicitaciones y enhorabuena, lo metió en la cárcel más dura y lo
despojó del oro que había sacado de Antioquia el Gobernador Pedro
de Heredia, que ya había vuelto de España con títulos y
privilegios, el cual pretendía que Robledo era un usurpador que se
había introducido á fundar en su jurisdicción de Cartagena. Más
adelante habremos de referir estos sucesos, pues ya nos toca volver
á dar cuenta de lo que acontecía en lo interior del país, después
de que Quesada se embarcó para España en 1539. Sólo recordaremos
aquí de paso, que á tiempo que se descubría, como acabamos de ver,
el curso de uno de los ríos más importantes de la Nueva Granada,
Orellana surcaba por la primera vez el río más caudaloso de América
y del mundo entero.
|
(9)
|
Era tanta la estimación y la escasez de estos
animales en la nueva colonia de Caly, que una marrana se llegó á
vender hasta por 1600 pesos, precio igual al que se vendieron en
Bogotá los caballos que Belalcazar llevó del Perú.(Regresar a 9)
|
|
(10)
|
Los primeros alcaldes fueron Pedro López Patiño y Martín de
Arriaga; y teniente gobernador. Suer de Nava, el mismo que había
escogido el sitio para la fundación. (Regresar a 10)
|
|
(11)
|
En este pueblo de Mungia, desde donde
atravesamos lea montañas y descubrimos el valle de Aburrá y sus
llanos, y en otro que ha por nombre Zenufara, hallamos otras
fuentes que nacen junto á unas sierras cerca de los ríos, y del
agua de aquellas fuentes hacían tanta cantidad de sal, que vimos
las casas casi llenas, hechas muchas formas de sal, ni mas ni menos
que panes de azucar. Y esta sal la llevaban por el vallede Aburrá á
las provincias que están al oriente. Y con esta sal son ricos en
extremo estos indios. Pedro Cieza de León, p.71. Edición de
Amberes, 1584. (Regresar a
11)
|
|
(12)
|
Se ha acreditado entre muchos el error de que
en la época de la conquista, el valle de Medellín estaba casi
despoblado y sólo lo habitaban algunos miserables y aislados
indios. Consta. por el contrario, del testimonio de todos los
cronistas, que era y a desde aquella época una región poblada y
limpia; y si Robledo no fundó allí la primera población española,
dependió de las circunstancias que se mencionarán después.(Regresar a 12)
|
|
(13)
|
Aquella antigua metrópoli, en la que San Pedro tuvo su primera
silla, perdió su nombre, como lo perdieron quince ciudades más de
este nombre en Asia, de modo que la Antioquia Granadina es la única
que se conserva, y con él las tradiciones de cristiandad, suavidad
de costumbres y virtudes hospitalarias que distinguen á sus
moradores.(Regresar a 13)
|