INDICE




Prólogo
Introducción

CAPITULO I
Colón descubre las costas del istmo de Panamá...

CAPITULO II
Descubrimiento de las costas de la Nueva Granada desde el cabo Chichibacoa hasta el golfo de Urabá, por Ojeda y Bastidas.

CAPITULO III
Bajo la dirección de Vasco Nunez de Balboa, adquiere la Antigua del Darién mucha importancia.

CAPITULO IV
Desbaratan los Indios á Balboa...

CAPITULO V
Comiénzase el descubrimiento de las Costas del Chocó al sur...

CAPITULO VI
Entrada y crueldades del alemán Alfínger en el valle de Upar...

CAPITULO VII
Combate de Canopote...

CAPITULO VIII
Descubrimiento de Antioquia

CAPITULO IX
Jornada de Jorge Espira desde Coro á los Llanos del Apure, y de allí al Sur, hasta los afluentes del Amazonas

CAPITULO X
El   licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada marcha por los Chimilas hasta Tamalameque...

CAPITULO XI
Extensión y limites del territorio de los Chibchas ó Muíscas...

CAPITULO XII
Prosigue Quesada su descubrimiento...

CAPITULO XIII
Reúne Quesada sus tropas en Bogotá

CAPITULO XIV
Gobierno de Lorenzo de Aldana en el sur...

CAPITULO XV
Fundación de Timaná...

CAPITULO XVI
Mal éxito de las persecuciones de Gonzalo Jiménez de Quesada en España

CAPITULO XVII
Socorre el Adelantado Belalcázar al Gobernador Vaca de Castro, con tropas para reducir a los rebeldes en el Perú, y le despide este desabridamente...

CAPITULO XVIII
Llegada de Armendariz á Santa Fe y sus primeras tropelías...

CAPITULO XIX
Fundación de las villas de Almaguer y la Plata...

CAPITULO XX
Gobierno de la audiencia...
Catálogo
Manuscritos
Documento número siete
Gobierno de Lorenzo de Aldana en el sur.覧Laboriosa jornada del oidor ­Vadillo desde San Sebastián de Urabá hasta Caly, y muerte de Francisco César.覧Funda Robledo la villa de Santa Ana ó Anserma; pasa el Cauca.祐ujeta las tribus de Carrapa, Picara, Pozo, Arma y Paucura. 遊uelve al sur y funda la ciudad de Cartago, en la provincia de Quimbaya.有lega Andagoya de España á Caly por el Dagua, y es recibido como Gobernador.覧Préndelo Belalcázar.覧Sale de nuevo Ro­bledo de Anserma al norte y descubre el valle de Aburrá, hoy Medellín.覧Atraviesa el Cauca, y en la provincia de Hebejico funda en 1541 la ciudad de Antioquia. 

   

 

Fértiles tiene sus grandes montañas, 
Y más los collados y vegas amenas; 
De todos metales abundan sus venas, 
Y dellos reparte por tierras extrañas. 
CARTUJ. TRIUNFO. 5 Sevilla, 1518.

 

Mientras que estos sucesos pasaban en las regiones de la parte central del territorio que hoy corre con el nombre de Nueva Granada, regiones que baña el río Magdalena y sus afluentes, las comarcas del sur y occidente, que riega el Cauca, eran el teatro de acontecimientos que importa conocer, y que forman el asunto de este capítulo.

Cansado Pizarro de esperar noticias de su teniente Belalcázar, que había cesado de corresponder con él desde la fundación de Caly y Popayán, y desconfiando de la fidelidad de aquel afamado Capitán, que supo siempre hacerse querer y seguir de los soldados, despachó en su alcance al Capitán Lorenzo de Aldana, sujeto dotado de mucha moderación y prudencia, calidades raras en todos tiempos, y mucho más en las Indias, en la época á que nos referimos. Llevaba Aldana poderes ostensibles de Juez de comisión, y otros secretos más amplios para prender á Belalcázar y subrogarse en el mando de todo lo descubierto, en el caso que se persuadiese de que este caudillo se proponía obrar con independencia de Pizarro, y negarle la obediencia, fundado en el gran poder é influencia que tenía en sus subordinados, á quienes toleraba que cometiesen todo género de desafueros respecto de los indígenas.

Llegó á Popayán con cuarenta hombres, y halló á los vecinos, que ignoraban el paradero de Belalcázar desde qué  cruzó la cordillera de Guanacas, luchando con todos los horrores del hambre y de la peste, azotes que habían devastado toda la comarca, porque los indígenas, persuadidos de que no podían vencer por la fuerza á los españoles, tomaron la resolución desesperada de cesar de cultivar la tierra, prefiriendo morirse de hambre por arrastrar consigo á sus opresores, como en efecto lo consiguieran sin la oportuna llegada de Aldana, que bajó al valle del Cauca al instante y remitió desde Caly un convoy de víveres a Popayán. En este tránsito observó la soledad más grande en lugares antes muy poblados, y por todas partes hallaba osamentas de los naturales que habían perecido de necesidad ó devorándose los unos á los otros. | | (1) .  

Aldana manifestó ánimo conciliador y humano; y á pesar de que no le faltaban pruebas de las intenciones de Belalcázar y de que los vecinos lo aclamaban padre y salvador, se contuvo dentro de los limites de sus despachos ostensibles, no queriendo destituir á Belalcázar mientras no adquiriese la certidumbre de sus sospechas; lo que no tardó en suceder luego que llegaron los Capitanes Añasco y Ampudia, que Belalcázar despachó desde el valle de Neiva á fundar una población en Timaná. Entonces fué recibido Aldana como Gobernador sin dificultad, y se ocupó activamente en ordenar y regularizar los asuntos de estas tres poblaciones y de fundar otras más lejanas, á cuyo efecto comisionó al Capitán Jorge Robledo, que despunta aquí en su breve y azarosa carrera que coronó un fin trágico. 

Esto sucedía en la parte alta del curso del Cauca: vamos ahora á narrar los descubrimientos y aventuras del oidor Vadillo, en la parte baja.

Dejamos dicho en el capítulo 8.o que Vadillo, juez de residencia, prendió en Cartagena á los Heredias, les confiscó los bienes, y estaba resuelto á enviarlos bajo partida de registro á España, quedando él dueño de vidas y haciendas en la colonia, y cometiendo todo género de tropelías con los indígenas. Llegaron á España noticias de la conducta de aquel áspero y codicioso togado; quejóse Heredia á sus amigos, y se decidió que se enviaría otro juez á residenciar al mismo juez de residencia, que se hallaba ejerciendo las funciones de Gobernador. Súpolo este con anticipación, y fuéle aconsejado por sus amigos de la isla de Santo Domingo que, pues tenía tropas y dinero, emprendiese algo que llamase la atención, que ya la experiencia tenía enseñado que no había atentado ni crimen que no borrase un descubrimiento notable, y que todavía podía surgir en tan vasto continente. Era Vadillo hombre atrevido, y, según se infiere de sus hechos, con más vocación para militar que para letrado; tenía además, bajo sus órdenes, al Capitán Francisco César, que conocía el camino del valle de Guaca, y le quedaba la perspectiva de atravesar descubriendo y enriqueciéndose una gran parte de América hasta el Perú, adonde lo llevaban sus aspiraciones. Dió, pues, prisa á los aprestos de una de las más fuertes expediciones que de la costa partieron hacia lo interior; pues se trataba de cuatrocientos españoles y otros tantos caballos, sin contar con los indios de servicio de ambos sexos y muchos negros esclavos. Esta jornada se organizó en San Sebastián de Urabá; en ella tomaron parte franceses, portugueses y cuantos aventureros pudieron equiparse á su costa para seguir á Vadillo. Pedro Cieza de León, el cronista, era uno de los soldados, y es sensible que no se haya conservado su Diario, y que sólo toque por incidencia esta expedición en su primera parte de la |Crónica del Perú, que es la única de sus obras que se imprimió. 

Salió Vadillo de San Sebastián de Urabá á fines de 1537 ó principios de 1538 | | (2) , llevando por Teniente ó segundo cabo á Francisco César; por maese de campo á Juan Villoria, y por adalid ó capitán de macheteros ó exploradores á Pablo Fernández, oficial lleno de recursos, de aliento y de actividad, que con insinto singular sacó muchas veces al ejército de los trances más apurados. Caminaron siguiendo las huellas del Capitán César en su primera jornada, hasta el pueblo de Abibé, al pié de la sierra de este nombre, pero con más lentitud, á causa del mayor número de caballos y equipajes, y dificultad de la subsistencia por aquellas selvas, atravesando varios ríos y siguiendo, no sin escaramuzas con los indios, el lecho de los torrentes, como sendas más trabajables. Pero los mayores trabajos les esperaban para cruzar la cordillera, porque se desviaron de la dirección que había seguido César hacia el valle de Guaca, suponiendo que llegarían más pronto á tierra limpia, error que les costó bien caro. Morían los caballos y los hombres enterrados en el cieno ó despeñados, porque no había otra alternativa que andar sobre precipicios ó por entre ciénagas. Al cabo de algunos días volvió P. Fernández, que se había adelantado á descubrir, y trajo la noticia de haber hallado un valle pobladoy limpió de malezas, á que dió el nombre de valle de los Pitos, por la multitud de estos incómodos Insectos. 

Marchó Vadillo con los más robustos hasta salir á aquella región, cuyos habitantes estaban sujetos, como los del valle de Guaca y otros circunvecinos, al Cacique Nutibara, vencido por César en la primera refriega del año pasado. No los recibieron de paz los indígenas por el contrario, sin cesar los atormentaban picando la retaguardia y asesinando á los que se quedaban atrasados para comerlos, pues todos estos moradores eran antropófagos. Algunos días después llegó el resto del ejército con cincuenta y tres caballos menos y algunos soldados muertos, otros enfermos y muchos negros esclavos menos, huidos por eximirse de las grandes fatigas á que los condenaban, cargando los equipajes y construyendo estacadas y andenes de terraplén en las laderas y escarpes por donde pudieran pasar los caballos. En este valle de los Pitos | | | (3) hallaron abundancia de mantenimientos, y en él se detuvieron veinte días reponiéndose de las fatigas pasadas, sin dejar de enviar partidas á hacer excursiones. En una de estas bajaron al valle de Mauri, y luego al valle principal del Guaca. Este cacique, por el conocimiento que de la fuerza de los caballos había adquirido en la entrada de César, eligió un sitio escarpado, adonde era imposible que subieran caballos, y en el había reunido toda su gente, resuelto á defenderse hasta la muerte. El éxito probó que Nutibara era tan animoso como cuerdo. 

El tesorero Saavedra, de Cartagena, que acompañaba á su amigo Vadillo en calidad de Capitán de la infantería, fué rechazado con sesenta soldados que condujo al ataque. César mismo, enviado á reforzarlo, creyó que era preciso recurrir á un ardid militar. Subió pues, una noche, con cierto número de hombres y se ocultó en la montaña vecina al fuerte de Nutibara, pensando que sorprendidos los indígenas con una repentina acometida al rayar el día, huirían despavoridos. Muy de otra suerte sucedió; pues Nutibara y sus guerreros, no sólo se defendieron con extraordinario vigor, sino que cargaron en tanto número y con tal coraje, que sin la serenidad y valor de César, que se quedó atrás defendiendo la entrada de un desfiladero, por donde se retiraron precipitadamente los españoles, no quedara uno solo con vida. Con la mayor audacia y desesperación se arrojaban los indios, pretendiendo asir al Capitán español, y sin escarmentar al ver los montones de cadáveres que daban testimonio de los templados filos de su espada. Retiróse después lentamente hasta el punto en que lo esperaban los de á caballo, y en donde cesaba todo peligro.  

Levantó sus reales Vadillo del valle de los Pitos, y pasó al de Guaca, en donde lo esperaban sus oficiales, desconfiados ya de someter á Nutibara. Allí recibió el homenaje del Cacique vecino Tuatoque, de quien se entendió tener enemistad con Nutibara y haber sido también vencido, pretendiendo sorprender en su fortaleza natural á este brioso jefe. Los que acompañaban á Tuatoque vinieron al campamento vestidos de mantas de algodón, trajeron un presente de alhajas de oro, y solicitaron la cooperación de los castellanos para atacar de nuevo. Ofrecióles Vadillo con buena voluntad el auxilio perdido, pero se retiraron para no volver más, arrepentidos sin duda de su traición. Aunque el animoso oidor, que había mostrado paciencia y sufrimiento cual ninguno en los meses que llevaban de penalidades, pretendía también ser el primero en marchar contra Nutibara y no dejar el país hasta no sujetarlo, pudieron más las reflexiones de César y demás oficiales para disuadirlo de gastar las fuerzas del ejército en tan larga empresa, en vez de continuar explorando otras regiones que prometían más riqueza y notan tenaz resistencia. | | (4) . Se prepararon, pues, á seguir para otro valle vecino llamado de Nore ó Nori, dejando ufano y triunfante al valiente y astuto Cacique Nutibara, de quien no vuelve á hacerse mención en las épocas posteriores. 

En este tránsito hallaron, las mismas breñas y asperezas, iguales hambres y dificultades. Reconvenidos los guías por la falta de sendas para comunicarse de unos valles á otros, respondían que el estado de hostilidad perpetua en que vivían unos con otros, los obligaba á cerrar las veredas como medida de defensa. El adalid Fernández llegó el primero á la Ceja del monte,  pero, aunque vencedor del primer escuadrón que salió á impedirle el paso, creyó más prudente volver por mayor refuerzo. Eran los indígenas de Norí de alta estatura, esforzados y animosos como los de Guaca, y ya comenzaban á ver los castellanos que él oro les costaría bien caro, porque cada tribu de aquella montañosa región parecía dispuesta á defenderse con valor y obstinación, á lo que se persuadió el oidor al llegar al campo del combate y contemplar aquella ladera, ensangrentada y sembrada de cadáveres de dardos y macanas esparcidas por donde quiera, todo lo cual indicaba que no eran escaramuzas, sino reñidas peleadas que le aguardaban. Sentó sus reales en el pueblo más considerable en medio de sementeras y tierra limpia y de allí salieron las partidas que en todas direcciones escudriñaba el país buscando oro, objeto principal de sus conatos. | | (5)

Los que fueron del lado de la cordillera al occidente hallaron á los tres días un pueblo fundado sobre árboles gruesos, cuyos habitantes se defendieron arrojando dardos, piedras, agua caliente y brasas encendidas; pero algunos tiros de arcabuz los hicieron bajar, y fueron conducidos al campo presos por haber entregado á las llamas sus habitaciones, defraudando á los conquistadores de las alhajas que esperaban robar. Entre tanto Nabonuco ó Nabuco, cacique de Norí, deseoso de apartar á los castellanos de estas tierras, se presentó á Vadillo, le trajo dos mil pesos de oro, ofreciéndose á conducirle á la provincia de Buriticá, en donde aseguraba ser muy abundante este metal. Caminaron algunos días por selvas impenetrables, y pensando Vadillo que Nabuco lo engañaba, lo reconvino un día agriamente amenazándole con la. muerte. No se alteró el jefe indígena; respondió con entereza que él no había ofrecido llevar á los castellanos por tierra llana y limpia, porque no la había, y que si ellos pasaban mala vida la suya tampoco era mejor, y que bastaba que él los sacara dentro de tres días más á las lomas descubiertas de Buriticá, para cumplir su oferta. Así lo verificó, y en reconocimiento lo dejó volver Vadillo á sus hogares. 

El principal asiento de los moradores de Buriticá estaba en paraje inaccesible, pero la fama de su riqueza y el temor de que la escondiesen les dió ánimo para emprender el ataque sin tardanza por aquellos precipicios. Murió allí atravesado de un dardo un valiente caudillo francés llamado Noguerol, mas Vadillo detuvo el desaliento que tal pérdida inspiraba, y animando su tropa, logró coronar la altura en donde se hallaba el cacique encerrado en un palenque que no pudo defender, y dentro del cual quedó prisionera, de los españoles, su mujer y su familia. Hallaron algunas alhajas de oro, aunque no tanto como esperaban, pero vieron aquí por la primera vez las hornillas, moldes y demás utensilios que indicaban ser estos indígenas artífices en el deseado metal. Al día siguiente se presentó el cacique ofreciendo traer mucho oro y señalar el lugar de donde lo extraían en rescate de su joven esposa la cual fué puesta en libertad, constituyéndose prisionero este jefe en su lugar; y como pasaron los plazos en que debían traer el rescate, le pusieron los castellanos una collera de. hierro, y apremiándolo, ofreció llevarlos á las. minas. Cuatro soldados lo conducían bien custodiado, pero este cacique se arrojó por un precipicio, aunque de, poco le valió porque arrastrando consigo los guardas estos, aunque maltratados de la caída lo sacaron á presencias del cruel y vengativo Vadillo, que lo hizo quemar vivo por mas de sus esclavos á pesar de los ruegos é instancias de todo el ejército, que se interesaba en la suerte de este generoso indígena | | (6) que se había sacrificado por su familia. 

Desengañado el jefe español, continuó su trabajosa jornada hasta encontrar con un caudaloso río que creyeron ser el Magdalena, pero que era el Cauca. No pudiendo atravesarlo, y estrechados por el hambre en aquellos bosques, se movieron hacia el occidente, abriendo penosamente lasciva hasta que llegaron á la región llamada por los naturales Iraca. Sabeilbres estos de la invasión extranjera, quemaron sus pueblos y salieron al encuentro de los españoles, que no tuvieron trabajo en desbaratarlos y en apoderarse del país, que hallaron abundante de provisiones y principalmente de sal, que fabricaban evaporando las aguas de ciertos pozos, con cuyo artículo contrataban en los países vecinos. Aquí se detuvo Vadillo por consideración á los enfermos que no podían caminar. Muchos españoles encontraron su sepultura en Iraca en lugar de los tesoros que buscaban, entre ellos Pablo Fernández, el intrépido baquiano, pérdida gravísima para el ejército, que siguió luego su penosa marcha por Naratupe hasta llegar al río Garú, siempre hostilizados por los naturales, que atacaban á cuantos se desviaban del cuerpo principal en corto número, y así mataron á muchos. En la población de Cori, más adelante al sur, siguiendo siempre la ribera izquierda del Cauca, aunque á bastante distancia, en lugar del oro que se prometían, hallaron la más obstinada resistencia de parte de los indígenas. Enfermo ya y quebrantado por los combates y aspereza de los caminos, rindió allí su último aliento el bizarro Francisco César, á quien solo faltó otro teatro y mejor fortuna para ser uno de los más ilustres conquistadores, pero no le faltaron las lágrimas de cuantos le sobrevivieron. Su muerte sumergió en el estupor y en la consternación el campo español. Los soldados co­menzaron á pedir que se emprendiera la retirada á la costa del mar antes de que acabaran los demás ó de enfermedades ó ámanos de los indígenas. 

El Oidor no podía empero escuchar con paciencia estos clamores, sabiendo que al llegar á Cartagena lo esperaba la más dura prisión. Decíales que ya estaban al llegar á Caramanta, tierra rica, y que no era justo que volviesen pobres y desmedrados de tan trabajosa jornada. Siguiéronle pues, aunque con mucha  repugnancia, que creció luego que atravesando las selvas que dividían una provincia dé otra, llegaron á Caramanta sin la riqueza ofrecida. En ella pudieron prender algunos naturales que les parecieron mucho más inteligentes que los que hasta allí habían encontrado. Estos les dijeron que más adelante hallarían oro en abundancia en territorio de Cucuy. Con este engaño fueron llevando los indígenas de provincia en provincia á los codiciosos huéspedes. Si cabe, todavía era más áspero el terreno que separaba la provincia de Caramanta de la vecina. Desesperados los soldados, hicieron otra representación á Vadillo para que volviese á Urabá, mas este, indignado. por toda respuesta se arrojó al bosque con su espada en la mano y acompañado de los guías, diciendo que tornase el que quisiera, que él solo continuaría hasta hallar mejor ventura. No le abandonaron empero, porque aunque cruel y obstinado, no le fataba prudencia y tino para mandar: agasajaba á las tropas y no tomaba otra acción que la de simple soldado, participando de todas las privaciones, secreto infalible para acallar murmuraciones, porque el que no sufre como los demás, no tiene derecho de impedirlas.

Después de muchos días de penosa marcha llegaron á la provincia de Umbra ó Umbia, limpia y poblada; los habitantes se retiraron á las más escarpadas eminencias después de haber ensayado sin fruto combatir con los españoles. Aquí supieron que la provincia de Cucuy, que después llamaron Arma, quedaba del otro lado del río Cauca, y que la dejaban muy atrás. La que pisaban nombraron Anserma: en idioma del país |anser quiere decir |sal. Alegráronse de ver joyas de oro en más abundancia, y después de haber descansado algunas semanas, pasaron adelante, al sur, anhelando siempre por ricos y poblados reinos. Llegaron á Guacuma ó Quinchía, en las inmediaciones del sitio en donde está hoy Anserma viejo. Allí vieron una fortaleza cercada de guaduas coronadas de cráneos humanos, algunas guaduas de este palenque, horadadas y dispuestas de modo que el aire se introducía en ellas y despedían sonidos melancólicos; música, cementerio y feroces trofeos que aumentaron sus recelos de internarse en tan apartadas y salvajes regiones. Caminaron todavía una semana y hallaron por fin, no con placer sino con el mayor disgusto y consternación, claros vestigios de plantas españolas, rastros de caballos y el esqueleto de uno: la provincia de Nacor era esta, devastada ya por manos europeas. Llegaban pues tarde; otros habían cogido las primicias: estaban ya en ajeno territorio. Las huellas que habían visto eran de las tropas de Belalcázar, que habían bajado hasta estos sitios desde CaIy, y vuelto por la orilla derecha del Cauca, mientras que nuestros aventureros no habían cesado de caminar por las sierras de la margen izquierda. Desde este momento ya su camino fué por tierras más cultivadas, valle más ancho, espacioso y ameno. Iban admirados de ver tan grandes poblaciones, pero sin tocar el metal que buscaban. | |(7) |  

Llegaron por fin á Lile ó Caly después de algo más del año transcurrido de una de las expediciones más laboriosas que se han acometido en Indias, por cerca de cien leguas de terreno fragosísimo, peleando sin cesar con tribus marciales y luchando contra la inclemencia del clima, el hambre y las enfermedades. Aunque reducidos á casi la mitad del número con que salieron de Cartagena, quisiera Vadillo volver á poblar y tomar posesión de las tierras que había descubierto; pero sus tropas lo abandonaron. Al tiempo de ir á hacerse el repartimiento del oro que habían juntado, se halló que la maleta que lo contenía había desaparecido. Fuése pues Vadillo para Popayán, solo y desesperado de su poca fortuna, y lo que todavía es peor, calumniado, porque suponían que había escondido el tesoro. Hallóse sin embargo el ladrón poco tiempo después de su partida, distribuyéronse los dos mil y seiscientos castellanos de oro, y cupieron á cinco castellanos por cada porción sencilla de infante. Este fue el fruto material de la primera expedición á la provincia más aurífera de Nueva Granada; mas debe reflexionarse que en realidad ella fue de mucha utilidad é hizo conocer el país, dió luz sobre la dirección y curso del Cauca, y abrió la vía de comunicación con Cartagena. Jorge Robledo, de quien vamos á ocuparnos ahora, completó la exploración de la región montañosa que hoy conocemos con el nombre de Antioquia, y de la ribera derecha del Cauca. | | |(8) |

Detrás de Vadillo y en su alcance, despachados por el Juez de residencia licenciado Santa Cruz para prenderlo, partieron de Cartagena el Teniente Greciano y el Capitán Bernal. Estos dos oficiales riñeron en el tránsito, y su gente se dividió en dos bandos que estuvieron muchas veces á pique de venir á las manos, hasta que llegaron á Umbra, en donde acababa de fundarse la villa de San Juan ó Santana de los Caballeros, conocida hoy con el nombre de Anserma, aunque en distinto paraje. Allí se incorporaron aquellos soldados entre los de Robledo. Súpose que Vadillo pasó á Panamá; preso allí y conducido á Cartagena, fué remitido á España con el proceso, y murió pobre en Sevilla, sin terminarse su causa.

(1)  Toda es tierra muy hermosa de campiñas (dice el licenciado Anda goya que la visitó algunos meses después de Aldana) y ríos de mucha pesquería y alguna caza de venados y conejos. Esta tierra, en obra de treinta leguas que es la que se despobló, era la más bien poblada, fértil y abundosa de maíz y de frutas y de patos; y cuando yo llegué, estaba y la hallé tan despoblada, que no se halló en toda la tierra un pato para poder criar; y donde había en estas treinta leguas sobre cien mil casas, no hallé diez mil hombres por visitación. Y la principal causa de su destrucción fué que se les hicieron tantos malos tratamientos sin les guardar verdad ni paz que con ellos se asentase. Y como en Popayán los cristianos no sembrasen en todo el tiempo que allí estuvieron, teniendo loe indios sus maíces para coger, los cristianos se los iban á coger y tomar, y echar los caballos y puer­cos con ellos, determinaron dé no sembrar; y como allí tarda en venir el maíz ocho meses, hubo tanta hambre, que se comieron unos á los otros ó murieron de ella, fuera de los que Belalcázar llevó en servicio del ejército.(Colección de Navarrete, tomo 3° p 440.) Hoy, como en casi toda región caliente de América en donde se extinguió la raza indígena, predomina la raza africana en este espacio á que alude el licenciado Andagoya.  (Regresar a 1)  
(2)  Castellanos dice que la salida de Vadillo fué en 1589; Herrera, y Piedrahita que copia á este, aseguran que la expedición se verificó en Febrero, fecha que no cuadra ni con la llegada de Vadillo á Caly, en 1539, después de 1537, de un año de viaje, en que todos convienen, ni con el tiempo de la  residencia de  Vadillo en Cartagena, duración de la expedición de César, y período necesario para que el nombramiento de juez de residiencia llegase á los oídos de Vadillo. La opinión de Fray Pedro Simón es la que me parece más racional, porque no está en contradicción con ninguno  de los sucesos que inmediatamente precedieron y  siguieron esta trabajosísima jornada. Algunas semanas después de su salida celebraron la fiesta de la Purificación que es casi seguro fue la del 2 de febrero de 1538. (Regresar a 2)
(3) Era valle de grande circuito  
De espesas y bien puestas poblaciones; 
Mas número de chinches infinito 
Hay por allí contrarios en faicoines. 
Llámense pitos, tienen las costumbres 
De chinches, y aun mayores pesadumbres.  
CASTELLANOS.  (Regresar a 3)
(4)  Decia César a Vadillo: 
Ansí que, como falten los caballos 
Tengo por imposible subyectarlos. 
Y es esta que tenemos retraída 
Según por experiencia vimos antes 
Gente desesperada y atrevida. 
Con miembros y estaturas de gigantes 
Tienen una feroz arremetida, 
Y en ella firmes, fuertes y constantes; 
Son sobre doce mil, á lo que pienso, 
Y el número de tiros es inmenso 
CASTELLANOS.(Regresar a 4)
(5) Y por diversas partes los caudillos 
Buscaban los metales amarillos.           
 CASTELLANOS.  (Regresar a 5)
(6)  Y el indio mostró grave continente. 
Era de grandes miembros, Gentilhombre, 
Y ninguno se acuerda do su nombre.        
CASTELLANOS. (Regresar a 6)  
(7)    La tierra por do van es abundante, 
Y dan tercera vez en el gran río, 
De muchas sementera y de villas 
Crecida población en las orillas. 
Graciosa vista y espacioso seno, 
Do vieron tantos campo cultivados 
Que quedaron confusos y admirados.
CASTELLANOS(Regresar a 7)
(8)   No hemos podido averiguar en donde se dió por la primera vez el nombre de Cauca a este caudaloso río, que Cieza llama de Santa Marta. F. P. Simón cree que es probable haya tomado origen en el nombre de algún cacique de sus orillas; mas todo esto es conjetura.(Regresar a 8)

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